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Revolcadas Nocturnas con mi Madre | Cap. II

Revolcadas Nocturnas con mi Madre | Cap. II

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Algunas personas me preguntaron si tenía Patreon. Es este Annie Zarel


* * *

Estaba observando en medio de la oscuridad, aquella figura curvilínea quedé pie, permanecía bajo el marco de la puerta de mi dormitorio. No podía dejarde mirarla, era como un encantamiento, como si estuviera hechizado. Tampocopodía ver su rostro, pero sabía que tenía la mirada fija en mí.



Era extraño, como si estuviera en otra dimensión. No podía verla bien, eracomo una sombra, pero a pesar de eso, esa figura, y esas curvas, se me hacíanfamiliares…



¿Acaso…?



¿Acaso era…?



De repente se movió. Había comenzado a acercarse lentamente, muylentamente. Pensé en encender la lámpara de mi mesita de noche, pero mi cuerpono respondía, era como si estuviera paralizado. No podía dejar de mirarla, cadavez más cerca.



Observé el reloj y vi que eran casi las dos de la mañana. Volví mi mirada aesa encantadora figura. Dentro del lapso en el que estaba, comencé a recorrerlacon la vista.



Esas curvas tan familiares, exuberantes. Comencé a sentir cómo un grandeseo se despertaba en mí. Observaba la silueta de esas piernas, gruesas,torneadas. De esas caderas anchas y redondeadas. Su angosta cintura.



Conforme se acercaba, la luz de la luna me iba permitiendo distinguirla,poco a poco. Comencé a distinguir el color de sus piernas desnudas, me dicuenta que traía puesto un diminuto camisón claro y transparentoso, que apenascubría ese triángulo, el cual, sabía que habría un delicioso tesoro.



Subí la mirada, recorriendo con mis ojos ese hermoso cuerpo, deleitándomede esa bella y provocativa figura femenina. Descubrí unos grandes pechos, quecasi se escapaban por el gran escote de aquel pequeño camisón. Lo ajustado desu camisón resaltada bastante sus senos, rellenos. La luz de la luna mepermitió notar incluso la aureola de esos hermosos senos, tan grandes yredondos, y que asomaban en gran proporción en su escote, ya que lo delgada dela tela, la hacía traslucirse. Descubrí que el color del camisón era celeste,tenía encajes en los bordes, y parecía de una tela suave y muy liviana, comouna segunda piel.



Subí la mirada más…



Y vi sus ojos… mirándome.



Pero de repente fuertes golpeteos comenzaron a sonar.



Era la puerta.



—¡Despierta!



Abrí mis ojos de golpe.



—¡Se te va hacer tarde! —era la voz de mi madre llamándome.



Era un sueño…



Miré el reloj, eran las seis de la mañana. Recordé que había Quiz en laprimera clase, a las siete. Así que rápidamente me puse de pie para ir abañarme. Pero había un inconveniente, un gran inconveniente. Tenía tremendacarpa en mi pantalón, por la terrible erección que tenía. Pensé en bajarla“manualmente” o salir rápido así, igual el baño quedaba al lado ahí afuera enel pasillo.



Cuando de repente se abre la puerta.



¡Era mi madre!



Fue inevitable que viera el gran “inconveniente” que tenía en ese momento.Yo ahí de pie, con esa carpa, y ella ahí, de pie bajo el marco de la puerta,observándola, sorprendida.



Inmediatamente me la cubrí con las manos. Ella bajo rápido la miradaponiéndose colorada. No sabía ni qué decir ¡ni siquiera pensar en disimular!Cuando ella, así, con el rostro todo colorado y sin mirarme, me dice que bajaraa desayunar. Le digo que bueno agachando la mirada, la voz casi ni me sale dela vergüenza.


* * *



El día estaba lluvioso, así que con mis amigos preferimos quedarnos en elsalón de clases, a la hora del descanso. En la cafetería no había las arepasrellenas de huevo revuelto que siempre compraba, tuve que comer otra cosa, hacíabastante hambre porque no había desayunado…


Intenté olvidarlo otra vez, pero no podía, todavía sentía mucha vergüenza.


¿Qué habrá pensado de mí?


No había podido ni concentrarme en el Quiz, lo más seguro es que lo hayaperdido. Y fuera de eso no había asistido Diana, porque había amanecido conresfriado, según sus amigas. Con el día tan frio que hacía, no lo dudo.


¡Vaya día el de hoy!


¿Vas a entrenar hoy? —me preguntó uno de mis amigos.


Siendo honesto, no tenía ánimos de ir, el día estaba siendo una completa mierda.Pero del otro lado, me sentía todavía un poco incómodo de lo de esta mañana. Notenía cara para ver a mi madre de frente.


Si… Apenas terminemos clases.


Ok. Entonces nos veremos, yo también voy.


La campana había sonado.La clase que seguía era Historia, una de las materias que más me costaba porqueno tenía buena habilidad para memorizar tantos datos a la vez de un mismo tema,como las fechas, los autores de cada acontecimiento, etc. Preferiría Física,aunque también fuera de memorización, pero se me hacía más fácil, que loslargos acontecimientos de Historia. En fin, creo que iba a ser un día bastantelargo.

* * *



Abrí la puerta de mi casa. Y era de noche.


Después de salir del gym, con mis amigos fuimos aun centro comercial, a caminar un rato y jugar con las maquinas, y de pasocomer algo.


A media tarde me había escrito mi mamá parasaber ver si iba a ir a almorzar, le había respondido que no, que iba a comeralgo con mis amigos, y llegaba más tarde.


Pasé por el pasillo, volteé a mirar hacia la sala, no había alguien. Asíque subí directo a mi cuarto. Estaba todo oscuro ya, no me había dado cuenta dela hora, eran las nueve y media, debían estar acostados todos.


Dejé la maleta. Había sido un día largo, estaba muy cansado, y tambiéntenía mucha hambre. Sólo comimos comida chatarra por ahí. Me cambié de ropa ybajé a la cocina a ver qué había para comer.


La cocina estaba envuelta en una penumbra acogedora a esa hora de la noche,solo iluminada por la tenue luz de la luna. Un casi absoluto silencio, rotosolamente por el tic-tac del reloj de pared que había en el comedor. Hacía unpoco de frio en la cocina, y además estaba descalzo, para que mis pisadasfueras suaves y así no hacer ruido. No quería despertar a alguien.


Estaba buscando algo para preparar, encontré pan, jamón en la nevera,queso, así que me iba a preparar unos sándwiches. Tampoco es que fuera el súperchef como para preparar algo mucho más elaborado, la otra opción era cerealescon leche. Estaba en eso cuando de repente siento una presencia en la entradade la cocina. Volteé a mirar…


No lo podía creer…


Era la figura con la que había soñado…


No había encendido la luz porque igual entraba un poco por las ventanas.Pero era la misma. Esa figura curvilínea, no podía creerlo. Sinceramente fuemás el susto.


¿Acaso era mi mente la que me estaba jugando una mala pasada? ¿era unfantasma?


Esta casa tenía espíritus, creo que tendría que hablar con mi padre deesto. Definitivamente, ya estaba enloqueciendo, hasta alucinaciones tenía.


Vi que la figura se movió y se encendió la luz…


¿Por qué llegas a esta hora? me dijo mi madre—. Y veo que ni hascomido nada. Estabas con esos buenos para nada, ¿no? ¡Por eso es que no megusta que salgas con ellos! ¡Porque siempre llegas hasta las tantas! –


Eeeh… Perdón, se me hizo un poco tarde.


¿¡Un poco!? ¿Sabes qué hora es? —me respondió bastantealterada.


Si, perdón, no va volver a pasar.


Eso espero. Creo, que voy a poner mis ojos más puestos enti —fue una amenaza, o unaadvertencia—. Ahora ven, que yo te preparo algo.


No te preocupes, yo lo hago.


¡No! ¡Lo hago yo! —se puso a abrir los cajones y comenzó a sacar cosas.


Después del susto, ya podría relajarme y pensar con claridad.Afortunadamente me di cuenta que no estaba enloqueciendo. Pero también noté queno llevaba puesto ese diminuto camisón como en mi sueño, llevaba una batalarga, que sin embargo no disimulaba sus encantos.


Estaba mirándola, aprovechando que estaba de espaldas a mí. Definitivamente,era muy voluptuosa, que pedazo de trasero se le marcaba en esa bata. La telatan liviana, que se marcaba la hendidura de entre sus nalgas.


¡Vaya mujerón que tenía en casa, y no me había dado cuenta!


Pero también observé algo más. Ella se había quedado quieta, ahí de pie sinhacer nada.


¿Qué habrá pasado? ¿Será que cambió de parecer de lo que me iba a preparar,y decidió prepararme mejor otra cosa?


Subí la mirada, y vi su rostro en el reflejo de un vidrio de uno de losarmarios de la cocina.
¡Me estaba mirando!


¡Pero que pedazo de imbécil soy, por Dios!


Ella estaba de pie frente a un estante con puertas de vidrio donde seguarda alacena, me estaba mirando por el reflejo del vidrio. Inmediatamente lequité la mirada y tomé las bolsas de pan y el resto de cosas que había sacadopara volverlas a guardar, y disimular un poco.


¡No guardes el queso porque lo necesito!


Lo dejé ahí donde estaba.


No sabía qué hacer. De nuevo había metido la pata. Ella continuópreparándome algo para comer, mientras yo me quedaba ahí, quieto, como unautómata, o un NPC de algún video juego. Al parecer me iba a prepararmacarrones con queso, parece ser que eso fue lo que almorzaron y había quedadoun poco, también estaba haciendo una ensalada. Pero además noté movimientosbruscos en ella, la miré a su cara y estaba seria, de hecho, estaba haciendomala cara.


La había jodido, otra vez. ¿Y ahora qué?


Últimamente me he descuidado mucho, me he dejado llevar por los deseos, yeso me puede hacer cometer grandes errores, como ahora. Y si no lograbacontrolar estas cosas, entonces me podría meter en serios problemas. Lo bueno,es que todavía estaba a tiempo. O eso creía.


Estaba pensando y divagando con la mirada baja, recostado en la encimeracentral de la cocina, cuando mi madre terminó de prepararme la cena. Me paso elplato en la mano, pero…


Ya, aquí está tu cena. Come y te subes a dormir.


Ni siquiera me miraba, me lo dijo con una seriedad y frialdad poco común enella. Así que simplemente tomé el plato y me quedé ahí hundiéndome en lavergüenza, mientras escuchaba sus pasos alejarse.



Definitivamente, teníaque aprender a controlarme.


* * *


Había amanecido, era sábado ya. Estábamos a mediados de la primavera, peroel día estaba oscuro. Parece que iba a llover. No tenía planes para ese día,pensé en llamar a mis amigos para ver qué podríamos hacer.


Escuche ruido en la casa. Ya se habían levantado, mire el reloj, eran casilas diez. Me quedé un rato en la cama. La verdad, no tenía muchos ánimos dehacer nada. Me acordé de lo de anoche. Me daba vergüenza bajar y ver a mimadre.


¡Toc toc toc!


Abrieron la puerta.


¿Es que no piensas bajar a desayunar? ¿te vas a quedarahí todo el día?


Era mi madre, ya estaba arreglada.


Nosotros nos vamos con tu padre y los niños, vamos alcumpleaños del hijo de Cristina, mi amiga —me dijo.Continuó—. Abajo está eldesayuno, también está hecho el almuerzo. Nosotros llegamos en la noche.


Ok.


Se despidió y se fue. Creo que todavía seguía molesta, siempre se despedíade beso.


En fin. Le escribí a uno de mis amigos para ver qué hacer más tarde.Quedamos en vernos con los otros e ir a la casa de uno de ellos a jugarvideojuegos y pasar el rato. Así que me levanté y me fui a duchar.


Pensaba que iba a ser algo tranquilo, pero llevaron alcohol. También fueronun par de chicas, amigas de uno de mis amigos, y a quienes otros de mis amigosflirtearon. En fin, entre trago y trago pasó el día. Nos divertimos bastante,jugamos con la consola, mientras unos jugaban otros hablaban con las chicas,pusieron música, etc.


Aproximadamente a las nueve de la noche llegué a casa. Me di cuenta que nohabía nadie, todavía no habían llegado, así que me preparé algo de comer, habíapollo en la nevera, eso me ayudaría a bajar un poco el alcohol.


Al rato llegaron todos, llegaron alegres, se ve que la pasaron bien.


Hola amor ¿cómo estás? —mesaludó mi madre, parece queya no estaba molesta. Me saludó con un beso en la mejilla.


Hola ma, bien.


¿Y qué hiciste? No había notado el olor a trago, creo que la comida lohabía disimulado.


Nada raro, salí un rato con mis amigos.


Mi padre después de saludarme se fue a su habitación. Mis hermanos sequedaron en la sala viendo TV.


Mira, trajimos algo para comer, amor.


Mi madre se puso a preparar unos bocadillos para comer. Pese a que ya habíacomido algo pensé que unos bocadillos no vendrían mal. Así que me quedé allí.


Todavía estaba un poco entonado por el alcohol, aunque no se notaba mucho.Observaba a mi madre, estaba muy hermosa, se había arreglado muy bien para ir aese cumpleaños, tenía un pantalón que le quedaba bien ajustado.


No sé por qué no me había fijado antes en ella, era muy distraído, perodesde esa vez, que la vi en el baño.


¡Uff!


Comencé a recordar ese momento. Cómo estaba inclinada con esos shorts, ¡conese trasero justo al frente mío!


Este pantalón resaltaba mucho su culo, se veían un buen par de nalgas,abundantes y bien paraditas. Comencé a excitarme, fue inevitable. Parece que loque aún me quedaba de alcohol me desinhibía un poco. Pero mientras la observabatambién vi que mi madre hacia movimientos un poco raros, como que a veces nocoordinaba bien sus movimientos.


¡Qué extraño! ¿Será que también bebió algo?


El saber que ella también debía estar un poco entonada me prendió más. Ellacasi no toma, es muy recatada y siempre está guardando las formas. Por lo queverla así, y más los tragos que tenía en la cabeza, aumentó más mi excitación.Y tuve el impulso de hacer algo que en mis cabales no hubiese hecho.


Ven te ayudo.


Me puse atrás de ella para “ayudarle”. La tomé de la cintura y con la otramano tomé una crema de leche que le estaba aplicando a los platos. Continué yoel trabajo. Mientras le iba ayudando, mientras iba tomando los platos y demásutensilios, la iba rozando.


Al principio como que no se daba cuenta y se reía. Pero conforme ibanaumentando los roces, apretándome un poco más contra su culo, acariciándole lacintura, notando su piel desnuda, aprovechando que la blusa que traía era unpoco corta, noté que se estaba poniendo nerviosa. Ya no se reía, sólo miraba alfrente, notando cada vez más mi descaro, y la dureza de mi miembro queprácticamente lo recorría contra su nalga. Detuvo lo que estaba haciendocolocando sus manos sobre la encimera mientras yo terminaba de preparar losbocadillos.


Y cuando ya terminé, me puse bien detrás de ella abrazándola fuertementepor la cintura, apretándola con fuerza, y haciéndole notar al máximo mienvergadura en ese gran culo que se cargaba. Notando también con el abrazo elcomienzo de sus pechos.


Listo mamá, ya acabamos —le dije dándole un beso en el cuello, y me fui.


Inmediatamente vi por el rabillo del ojo como ella, completamente alteradase giraba hacia mí. Pero fui más rápido que el posible reclamo, y entre al bañodel primer piso.


Esperé un rato hasta que escuché a mi madre decirles a los niños que sesubieran, subiendo ella también. Me asomé, no vi a nadie, así que salí. Miré enla cocina si me habían dejado postre, y efectivamente ahí estaba un plato, lotomé y subí en silencio, abriendo la puerta de mi cuarto cuidadosamente.


¡Uff!
* * *

Trascurrieron los días, en los cuales mi madre se mostró muy seria conmigo.La observaba perturbada, nerviosa, cada vez que nos cruzábamos me percataba decómo le temblaban los ojos. No me miraba directamente, o por lo menos no cuandosabía que la estaba mirando, porque si notaba que me miraba de reojo. Apenas mehablaba para lo necesario.


Me encontraba en el salón de clases, estábamos realizando un cuestionariosobre La Revolución Industrial. Sólo se escuchaba el tic-tac del reloj depared. El profesor sentado en su escritorio mirando unos papeles. Todos losdemás en silencio, concentrados en responder. Sin embargo, yo estaba absorto enmis pensamientos, de por sí esta asignatura no se me daba muy bien, intentabaconcentrarme, pero me era un poco difícil.


Ana, mi madre…


Suspiré.


¿Qué era lo que me estaba pasando?


Una cosa es que me llame la atención y que me deleite mirando su hermosocuerpo. Pero otra muy diferente es hacer lo que estaba haciendo. Esos roces,que fueron absolutamente atrevidos. Además, que a veces mis miradas eran muydescaradas, al punto que ella se percataba de eso.


Ahora que lo pensaba bien, la idea era que ella no se diera cuenta de ello,de lo que me pasaba con respecto a ella, de lo que estaba comenzando a sentir.


Era extraordinario. Cómo de un momento a otro, le pueden cambiar a uno losacontecimientos y los pensamientos, porque antes no tenía este tipo de dilemasen mi mente. Pero fue hasta ese maldito día en el que la vi en el baño, a suculazo y su cuerpazo en esas “fachas”, y desde ahí todo cambio en la manera dever a mi madre.


Se supone que uno como hijo, no debería tener este tipo de pensamientos consu madre, no deberían ni siquiera pasar por la mente. Pero uno no es ciego, y aveces la tentación es demasiado fuerte.


Además, sentía que mi libido estaba en aumento. No sé, pero desde esa vezmi deseo se ha aumentado considerablemente, al punto de tener que desahogarmetodos los días, e incluso hasta dos o tres veces al día. Pensaba que de prontoera por la actividad física que siempre hacía, la buena alimentación, lasproteínas, etc. Además, siempre los adultos decían que en la adolescencia lashormonas, por lo general, estaban en una muy alta actividad. Debe ser por todoeso.


Pero desde ese día, todo ha cambiado bastante para mí. Incluso el deseo quehe sentido por Diana ya no lo sentía tan fuerte como antes, exactamente desdeque me fijé en mi madre.


Y aunque me pese, debo reconocer que la he estado viendo como mujer, comouna tremenda mujer. Y también debo reconocer que el mezclar el hecho de que seami madre, y también la tremenda mujer y hembra que es, me produce un aumento enmis deseos carnales que nunca había experimentado, ni siquiera cuando perdí lavirginidad. Es algo incomparable.


Sonó la campana.


Mierda.


Intenté terminar lo más rápido que pude. Tenía que mencionar 3 causas de laRevolución Industrial. Bueno, sabía que lógicamente una era el crecimiento einversión de las fábricas en maquinarias y ese tipo de cosas. Por ende, sepodría deducir que otra era el crecimiento económico, o sea el aspectocomercial. Me faltaba una, ¿cuál podría ser?


Iba a escribir la primera tontería que se me había acorrido, cuando frentea mi hoja apareció la mano del profesor.


Rayos. Se había terminado el tiempo.


Mientras esperábamos al otro profesor para la siguiente clase, quisedistraerme un poco con mis amigos. Estaban hablando sobre una competencia, deskateboarding, decían que iba a ser una gran competencia porque iban a venirunos competidores reconocidos, y mucha gente. Pues uno de mis amigos le gustabaese deporte y lo practicaba, decía que se iba a inscribir para participar. Nosalegramos por él y le deseamos suerte.


Las clases pasaron sin novedad alguna. Ya estaba entrando por el portal demi casa. No estaba mi madre, ni mis hermanos pequeños, a lo mejor no tardaban,ellos salían más temprano que yo, y mi madre iba a recogerlos.


Así que me serví el almuerzo que ya estaba preparado. Me dispuse a almorzarcuando recibí un mensaje en mi móvil. Era Diana, me decía si podría acompañarlaal centro de la ciudad, necesitaba averiguar unas cosas. Por supuesto, le dijoque sí.


* * *



¡Oye! Así que para eso me trajiste.


Je je je,. No te quejes que cuando terminemos te invitoalgo —me decía Diana—.Además, ¿no que haces mucho ejercicio, que nada te queda grande? ja ja ja


Estaba con varias cajas sosteniéndolas en mis manos, eran varias telas ydemás materiales. Me dijo que con una prima suya iban a confeccionar variosvestidos. Su prima ya estaba en la universidad y estudiaba diseño de modas. Entoncesiba a fabricar varios modelos que ya había diseñado junto con Diana, a quientambién le gustaba eso. Y le había pedido el favor de comprar algunosmateriales, le había dado una lista con las cosas exactas que debía comprar, yaque estaba un poco ocupada con el estudio y esto sólo era un proyecto personal.Idea de ellas.


Estábamos recorriendo toda la principal del centro, ella iba de aquí paraallá, mirando absolutamente todo, se veía que estaba muy emocionada, parece quele hacía mucha ilusión ese proyecto con su prima.


Se detuvo a ver unos vestidos que había en un escaparate. Eran tres,largos, un poco ajustados, me llamó mucho la atención uno azul. Era muy similaral que había usado mi madre una vez, en una de nuestras cenas. Me acordé decómo le quedaba, como un guante en su piel, y como le resaltaba su cuerpo.


Observé a Diana, también es muy hermosa. Pero mi madre es más voluptuosa.Bueno, era obvio, a lo mejor Diana con el tiempo se pondría así. Recordé a sumadre, y aunque sólo la había visto de pasada, si me había fijado que tambiéntenía un buen cuerpo, aunque una vez le escuché decir a las amigas de Diana queestaba operada.


En fin, terminamos de hacer las compras. Me invitó un helado. Entre charlay charla ya estábamos bajo el portal de su casa.


Gracias… Por acompañarme.


No hay problema, cuando quieras vuelvo a ser tu cargadorpersonal —ledije, provocando su risa.


Entonces…


Que ojos tan hermosos, azules, resaltando mucho con la luz del sol. No mehabía dado cuenta, pero nos habíamos acercado mucho frente.


Chao…


La estaba mirando fijamente. Hipnotizado. Ella tampoco desviaba su miraba.De repente y que lo notara, me fui acercando hacia ella. Ella había comenzado acerrar sus ojos, yo igual. Pero justo en el momento en el que nuestros labiosse iban a pegar, pasó un vendedor ofreciéndonos cosas.


Nos miramos divertidos, y nos despedimos como siempre.


* * *



Atravesé el portal de mi casa, de nuevo. Ya estaba anocheciendo.


¡Me sentía genial! ¡Estuve a punto viejo!


De probar esos labios, gruesos, y rojitos, que deben saber a fresa. Y ellaal parecer también estaba dispuesta.


Entré, estaban todos en la sala, excepto mi padre, como ya era costumbre.Mis hermanos estaban jugando y mirando TV. Mi madre estaba en la cocina. Mishermanos me saludaron felices, preguntándome dónde estaba, yo también lossaludé feliz, ¡cómo no estarlo!


Entré a la cocina a saludar a mi madre.


Estaba tan emocionado, que me olvidé por completo de su molestia conmigo.Me sentía un completo galán. Las mujeres no me van a rechazar. No señor. Esahermosura de ojos claros y cabello rubio. Ya prácticamente, había conquistadosu corazón.


Pero vi ese enorme culazo que se gastaba mi madre, bien ajustado en esospantalones de sastre, con ese par de nalgas bien paradas. Y con el exceso deconfianza que tenía, no me pude contener. No me aguanté las ganas.


Ya tenía a una prácticamente conquistada, y esta mujer no iba a ser laexcepción.


Así que sin que pudiera reaccionar la saludé abrazándola por la cintura.


¡Hola mamá! —le di un beso en la mejilla.


Pero también bajé mi mano de su cintura a su culo. Y no me aguanté lasganas de acariciárselo, y darle un apretón a una de esas nalgotas hermosas. Peroinmediatamente me apartó de un empujón.


Pero ¡¿qué te pasa!? —me quedé de piedra—. ¡Soy tu mamá! ¡A ver si me respetas!


Estaba furiosa, creí que me iba a dar una bofetada.


¿¡Creesque no me he dado cuenta!? La manera en la que me miras ¡desvergonzado! ¡Ya tepasaste!


Y se subió a su cuarto.


Me quedé ahí, quieto. Y mientras escuchaba la algarabía de mis hermanosen la sala, mi mente estaba bloqueada.


Otra vez. La había cagado.



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