You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

La Cura Prohibida Cap. 11 - El camino al pueblo

Al día siguiente de partir el auto se quedó sin combustible en medio de una carretera secundaria.

No había más opciones. El pequeño grupo empujó el vehículo hasta una casa abandonada a un costado del camino: dos pisos, ventanas rotas, pero con puertas que aún cerraban y un sótano que podía servir de refugio. Revisaron el perímetro, bloquearon las entradas y se instalaron lo mejor que pudieron.

La Cura Prohibida Cap. 11 - El camino al pueblo

En cuanto la noche cayó, el calor volvió a golpear a Camila y a Sofía casi al mismo tiempo.

Carlos las llevó a la habitación del piso de arriba. Renata se quedó afuera, sentada en el pasillo con la espalda contra la pared, escuchando sin intervenir.

Dentro, no hubo preámbulos.

Camila se desvistió primero y se puso a cuatro patas sobre el colchón polvoriento. Carlos le separó las nalgas, escupió sobre su entrada trasera y empujó la polla hasta el fondo de un solo movimiento. Ella gemió alto, empujando hacia atrás. Mientras la follaba con embestidas profundas y firmes, Sofía se quitó la ropa y se colocó delante de Camila, ofreciéndole el coño. Camila lo lamió con hambre, chupando el clítoris mientras su hijo le cogía el culo sin piedad.
Después cambiaron.


relatos

Sofía se montó a horcajadas sobre Carlos y se bajó sobre su verga, el gran trasero aplastándole la pelvis. Camila se sentó sobre la cara de Sofía y se frotó contra su boca. Carlos embestía hacia arriba, follando el culo de Sofía con fuerza, mientras veía cómo su madre se corría sobre la lengua de ella. Los gemidos se mezclaban. El olor a sexo llenaba la habitación. Carlos las alternó varias veces: un rato dentro de Sofía, un rato dentro de Camila, siempre por detrás, siempre profundo. Se corrió primero en el culo de su madre y terminó de vaciarse en el de Sofía. Las dos quedaron temblando, el semen resbalándoles por los muslos.

incesto

Cuando por fin se calmaron, Renata empujó la puerta y entró.

Los tres la miraron. Ella cerró detrás de sí y se quedó de pie un segundo, la respiración un poco agitada.

—¿Hay algo para mí también?

madre e hijo

Carlos se incorporó. Todavía estaba semiduro. Renata se acercó, se quitó la ropa sin prisa y se subió a la cama. Se arrodilló entre sus piernas y se llevó la polla a la boca, saboreando el sabor de las otras dos mujeres. Lo chupó con ganas, bajando hasta la base, la lengua girando.

Después se montó. Guió la verga hasta su coño —esta vez por delante— y se la bajó despacio, sintiéndolo estirarla. Empezó a cabalgarlo con ritmo constante, el gran trasero golpeándole los muslos. Carlos le sujetó las caderas y le embistió desde abajo.

Camila y Sofía observaban desde un lado, todavía desnudas y sudorosas. En un momento Sofía se acercó y le chupó un pecho a su hija mientras esta se movía. Camila le acarició el cabello corto. Renata se corrió primero, el cuerpo tensándose, un gemido largo escapándosele.

Carlos la siguió poco después, vaciándose dentro de ella con un gruñido.
Los cuatro quedaron en la cama, respirando agitados, el silencio de la casa abandonada rodeándolos. Afuera solo se oía el viento. Dentro, por esa noche, el pequeño grupo había encontrado otra forma de seguir adelante.

madre

Pasó cerca de una semana hasta que lograron llegar al pueblo.

Caminaron la mayor parte del trayecto, evitando carreteras principales, durmiendo en casas abandonadas o en el interior de vehículos volcados. El cansancio era constante, pero las noches de sexo no pararon. El calor de Camila y Sofía volvía con regularidad, y Renata no se quedaba atrás.
Una de las primeras noches

madura

Encontraron un motel derruido. Carlos se acostó en el colchón más limpio que hallaron. Camila se le montó de inmediato, se bajó sobre su polla y se la cabalgó con urgencia, las tetas pesadas rebotando. Sofía se colocó detrás de Camila, le separó las nalgas y le lamió el culo mientras su hijo la follaba. Después Sofía tomó el lugar: se puso a cuatro patas y recibió embestidas profundas y firmes, el gran trasero chocando contra la pelvis de Carlos. Renata se unió al final, chupándole los testículos a Carlos mientras él terminaba dentro de Sofía.

milf

Otra noche, en una casa de campo

Carlos se quedó a solas con su madre primero. La penetró de lado, una pierna de Camila levantada, entrando profundo mientras le frotaba el clítoris. Ella gemía contra su boca, pidiendo más. Cuando se corrieron, Sofía entró y se lo llevó a la habitación de al lado. Lo montó de espaldas, el culo trágandosele la verga hasta el fondo, rebotando con fuerza hasta que ambos terminaron. Más tarde Renata lo buscó. Se arrodilló, se lo chupó hasta dejarlo duro otra vez y se dejó follar contra la pared, una pierna enganchada en su cadera, gimiendo en su oído.

La Cura Prohibida Cap. 11 - El camino al pueblo

Noche de tormenta

Se metieron los cuatro en la caja de una camioneta abandonada para protegerse de la lluvia. El espacio era reducido. Carlos folló a Camila en posición de misionero, lento y profundo, mirándola a los ojos. Después volteó a Sofía y le dio por detrás con embestidas rápidas y fuertes. Renata se sentó sobre la cara de Carlos y se frotó hasta corrarse mientras él todavía estaba dentro de Sofía. Terminaron enredados, sudorosos, el sonido de la lluvia afuera mezclándose con sus respiraciones.

relatos

Última noche antes de llegar

En un granero. Carlos se turnó entre las tres sin casi descanso. Primero Renata, cabalgándolo despacio, casi tierno. Después Sofía, que pidió que la usara más duro; él la puso a cuatro patas y se la cogió sin contención. Al final Camila, que lo recibió de lado y después se montó hasta que ambos se vaciaron. Las tres se quedaron dormidas a su alrededor, el olor a sexo impregnando la paja.

incesto

Cuando por fin llegaron al pueblo, el silencio fue absoluto.

Calles vacías, puertas abiertas, algunos cuerpos secos en las aceras. Nadie vivo. Todos habían muerto o huido hacía mucho. Encontraron la casa de los abuelos de Carlos al final de un camino de tierra: dos pisos, pozo propio, un pequeño terreno detrás. Las cerraduras todavía respondían a las llaves que él había guardado desde el principio. Entraron, revisaron cada habitación y, por primera vez en semanas, sintieron que podían bajar la guardia un poco.

madre e hijo

Esa misma tarde, mientras descargaban lo poco que traían, Renata los reunió en la cocina.

Estaba pálida, pero la voz le salió firme.

madre

—Tengo un retraso. De más de dos semanas.

Probablemente estoy embarazada.

El silencio que siguió fue distinto a todos los anteriores. Afuera el pueblo muerto no hacía ruido. Dentro de la casa, el futuro acababa de volverse más pesado… y más real.

0 comentarios - La Cura Prohibida Cap. 11 - El camino al pueblo