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Casi me cacha mi esposo en plena cogida

Cuando conocí a mi esposo todo era maravilloso pero con el tiempo el dejó de prestarme atención, se enfocaba más en su trabajo y en sus cosas. Lo entiendo y se lo agradezco pero si ha descuidado mucho nuestra relación al igual que nuestra vida sexual se fue muriendo, él cumplía como si de un trámite tratará y yo me quedaba con hambre de algo que me hiciera vibrar de verdad. Pero todo cambió el día que llegaron a dejar material de construcción a mi casa para una remodelación que íbamos a hacer. Ahí apareció Steven, el ayudante cargador, un joven de 24 años, alto y con unos brazos fuertes llenos de venas saltadas que me pusieron a pensar cosas prohibidas a mis 33 años. De ahi por un pretexto técnico con un número de cuenta, pasamos a los mensajes por WhatsApp. Steven resultó ser un terco coquetísimo al principio me escribió casualmente y poco a poco me fué haciendo plática y como a mí me resultó atractivo le seguí el juego y poco a poco fue escalando hasta piropear mis atributos, no dejaba de decirme que mis piernas y mis pompis eran grandes, me decía que eran su debilidad. No puedo negar que desde que leí ese mensaje senti un calorcito que ya no recordaba jajaja, me gustaba que el me coqueteara por mensaje y más porque si bien no era guapo pues tenía buen cuerpo.
Después de dos semanas de mensajes, nos vimos, me invitó a salir y yo acepté. Aunque esa primera cita solo terminó en besos y toqueteos en un carro que el habia prestado esos besos me dejaron el cuerpo encendido y el coqueteo después se volvió mucho más sucio y directo por mensaje, yo si quería dar el siguiente paso jajaja.
Lo más fuerte era que, cuando llegaba mi marido de la calle, yo me le abalanzaba encima con unas ganas locas, aunque el intentara rechazarme diciendo que estaba exhausto del trabajo, a veces accedía y cuando llegábamos al punto de tener sexo yo cerraba los ojos e imaginaba que eran los brazos, el cuerpo, el sudor y la verga de Steven los que me apretaban las nalgas y que era su verga la que me llenaba por completo. Terminaba gritando y viniéndome como loca, pero todo era por Steven, mientras mi esposo se sentía el gran semental sin saber que en mi mente yo estaba entregada totalmente al chavo que me hacía sentir deseada de verdad, el cargador que nos trajo el material.
Esa doble vida me tenía alerta, despierta y a la vez caliente aunque al principio no puedo negar que era un mar de nervios pero poco a poco fui disfrutando cada vez que más. Así pasaron dias hasta que llegó el dia que por fin quedamos en ir a un lugar tranquilo, está vez decidida a entregar mis nalgas a Steven y si me llevo a un motel.
Recuerdo que ese día logré escaparme dejando a mi hijo con mi mamá y me recogió por mi casa, fuimos directo a un motel discreto, de esos donde nadie pregunta nada. Entramos al cuarto y Steven tiró la puerta con un azotazo que me hizo brincar, echándole seguro de una vez. No hubo ni un segundo de paz. Él se volteó hacia mí y se me abalanzó y me plantó un beso con lengua que me supo a gloria. Sus manos grandes y rudas se me clavaron en la cintura, apretando mi cintura con una posesión que me volvió loca.
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No pude más y me le solté para empezar a encuerarlo. Estaba desesperada por ver lo que había debajo de esa ropa. Le desabotoné la camisa a tirones, respirando agitada, y cuando por fin cayó al suelo, me quedé muda.
¡Hijo de su madre, qué cuerpo! Era exactamente lo que había soñado, pero mejor. Frente a mí tenía un torso perfecto, esculpido con una definición irreal. Cada cuadrado de su abdomen estaba tallado, y sus pectorales eran duros como piedras. Me quedé anonadada, hipnotizada por la perfección de ese cuerpo frente a mis 33 años.

Recuerdo que pasé mis manos temblorosas por sus brazos. Estaban hinchados, llenos de venas saltadas que recorrían toda su musculatura, desde el hombro hasta suss manos grandes que me agarraban con fuerza. Era pura potencia, puro músculo listo para usar y cogerme muy duro.

—¿Te gusta lo que ves? —me susurró al oído, pegando su cuerpo caliente al mío.
De ahi le bajé los pantalones a toda prisa y quedo en bóxer. No se como cuanto tiempo me quede mirando ese cuerpo perfecto, que Steven con un movimiento rápido y bruto, me jaló del brazo y me plantó un beso que casi me saca el aire. Me comió la boca entera, metiéndome la lengua hasta el fondo. Yo sentía el roce áspero de su barbilla en mi cara y el calor de su cuerpo contra el mío, poniéndome a mil.
Steven no paro de besarme ni un segundo mientras me empujaba hacia atrás. Sentí el borde del colchón en mis piernas y caímos juntos a la cama. Él encima mío, con todo su cuerpo desnudo aplastándome contra las sábanas. Me siguío besando como un animal, desistiendo casi arrancándome la boca.
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De ahi, bajó a mi cuello. Empezó a darme mordiscos y chupetones que me hacían gemir. Yo sentía sus respiraciones agitadas en mi oído, calientes y húmedas. Al mismo tiempo, sus manos grandes y callosas, bajaron directo a mi colita y me apretó.
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Me apretaba tan duro que casi me dolía, pero ese dolor me prendía más. Sentí cómo acomodaba su cuerpo entre mis piernas, y separandose de mí se levantó y vi como su bóxer ya reflejaba que tenia un vergon y cuando se lo bajo quedé atónita. Su verga o mas bien vergon era como un garrote, venudo, grueso y grande muy grande jajaja parecía macana, apuntaba hacia adelante. Era mucho más impresionante de lo que me había imaginado en mis fantasías cochinas con el obviamente no se compraba con el de mi esposo está si era una verga muy muy rica. En ese rato me sentí pequeña y vulnerable ante semejante semental, pero a la vez, senti un cosquilleo en mi vagina que ya quería probarla.

De ahi recuerdo como se puso en medio de mi y su verga dura chocaba contra mi vagina a través de mi tanguita. Estaba a merced de ese semental de 24 años y me encantaba verlo con su vergón a full.
Steven sin parar de besarme empezó a jalarme la ropa con si le estorbara la vida. Me quitó la blusa de un tirón y se quedó un segundo mirando mis tetas, que se asomaban pesadas y calientes. Me las agarró y les dio un apretón que me hizo arquear la espalda y gemir bastante fuerte. Luego, me bajó el pantalón de mezclilla y la tanguita hasta los tobillos, dejándome totalmente encuerada y abierta de piernas frente a él.
Yo no podía dejar de mirar su verga: estaba ahí, frente a mi, hinchada, venuda y palpitando de puro deseo. Y entre jadeos de los dos, Steven me agarró de los muslos con fuerza, enterrando sus dedos en mis piernas, y me jaló hacia la orilla de la cama. Yo sentía el corazón en la garganta mientras el se puso entre mis piernas y, con un empujón lento pero firme, sentí cómo la cabeza de su verga empezaba a abrirse paso en mi vagina que ya estaba súper mojada.

—¡Ay, cabrón! —se me escapó cuando sentí lo grueso que era.

Él no se detuvo. Me miró fijo a los ojos y dio un empujón seco, enterrándome toda la verga hasta el fondo de un solo golpe. Sentí que me llenaba por completo con una sensación muy fuerte de placer y de dolor, estirándome de una forma que nunca había sentido. Mi vagina palpitaba alrededor de él, apretándolo con fuerza por el grosor de su pene, y Steven soltó un gruñido de satisfacción mientras empezaba a bombearme. Sentir esa verga en mi vagina por primera vez fue extraordinario...
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Ese dia Steven me dio verga como nunca mi esposo pudo darme. Me agarraba las nalgas con una fuerza, y cada vez que empujaba, sentía sus huevos chocando contra mi culo. El dolorcito rico de la estirada se mezclaba con un placer que me recorría hasta la punta de los pies. Me sentía viva despues de mucho tiempo y ademas que sus besos eran como una droga; me devoraba la boca de una manera que me hacía perder la cabeza, mezclando el sabor de su saliva con mi respiración agitada. Pero lo que me tenía ida era la sensación de plenitud.

Esa verga enorme y venuda me llenaba hasta el último rincón, sentía cómo cada centímetro de su grosor se deslizaba dentro de mi vagina, haciéndome vibrar por completo.Abrí los ojos un momento y me quedé hipnotizada viendo su cuerpo en movimiento sobre mí. Era como ver una máquina perfecta trabajando. Con cada estocada, sus abdominales se tensaban y se marcaban todavía más , y el sudor empezaba a brillar en su pecho y sus hombros, haciendo que su piel morena se viera más sexy. Incluso me encantaba ver como sus venas se hinchaban por el esfuerzo, y yo no podía evitar estirar mis manos para tocar ese relieve.

—Estás bien apretadita, me encanta cómo aprietas se siente muy rico y muy caliente tu vagina—me decia al oído sin parar de cogerme y mientras aceleraba el ritmo.

Yo solo podía arquear la espalda y agarrarme de sus hombros, sintiendo cómo el placer me subía por las piernas y me nublaba la vista. Estar ahí, bajo ese cuerpo, sintiéndome tan llena y tan deseada, era todo lo que necesitaba para olvidar el mundo exterior.
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Luego Steven me agarró de la cintura con fuerza y, de un solo movimiento, me dio la vuelta para que yo quedara arriba. Sentarme sobre él fue como tocar el cielo: ahí lo tenía, tendido en la cama, con todo ese cuerpo estirado frente a mis ojos. Sus abdominales se marcaban como piedras y su pecho subía y bajaba agitado por el esfuerzo que estaba haciendo de cogerme.
Me acomodé sobre su verga y sentí cómo volvía a entrar completita y mi vagina lo recibía extasiada del tamaño que tenía y por el placer que nos daba, llenándome hasta el fondo mientras me sentaba en ella no pude evitar gemir.
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Una vez que estaba encima de el y sentada con su vergón hasta el fondo empecé a moverme, disfrutando de tener el control, pero Steven no es de los que se quedan quietos. Mientras yo subía y bajaba, él levantó sus brazos y me agarro las tetas. Me las apretaba con ganas, hundiéndome los dedos en la piel, haciéndome sentir cada vez más caliente o me tomaba de las caderas y me empujaba para clavarme más adentro su pito.
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—¡Dale más duro, mami! —me gritó, y de repente, ¡zas!, me soltó un manazo en el culo que retumbó en todo el cuarto.

El golpe me ardió rico y me hizo dar un brinco que clavó su verga todavía más adentro mientras yo di un grito de placer y a la vez del ardor. No paró ahí; mientras yo seguía el ritmo, él me seguía dando manazos en las nalgas, dejando su marca en mi piel. Sentir el contraste de su mano dura chocando contra mi carne suave me volvía loca, así que yo seguía cabalgando frenéticamente mientras el me nalgueaba muy duro mientras yo no paraba de gemir...
Yo me agarraba de sus pecho tensos, viendo cómo sudaba y cómo se le marcaba cada músculo de la cara mientras me disfrutaba desde abajo. Me sentía una reina absoluta, dueña de ese semental de 24 años que no dejaba de maltratarme las nalgas y estrujarme los senos mientras me llenaba por completo con su gran verga.

Pero Steven no me dejó estar arriba mucho tiempo; me agarró de la cintura y me dio la vuelta de un tirón, poniéndome en cuatro con mi culo empinado dándole la vista perfecta de mi vagina abierta y de mi culito que si el decidia que quería penetrar yo se lo daba. Él se acomodó detrás de mí y, sin avisar, me enterró toda la verga de un solo viaje, haciéndome soltar un grito que seguramente oyeron hasta en la recepción jajaja.

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—¡Mira nada más qué nalgas, suertudo tu esposo perrita! —me gruñó mientras empezaba a darme con una fuerza brutal.
Cada estocada de Steven era un golpe seco que me sacudía entera. Yo sentía cómo sus abdominales marcados y sudados chocaban contra mis pompis en cada vaivén. Sus manos no se quedaron quietas; me agarraba fuerte de las caderas y de vez en cuando me soltaba unas nalgadas bastante fuertes que me ponían la piel al rojo vivo y me hacían gemir más fuerte.
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Estuvimos así un buen rato, con él dándome como si no hubiera un mañana, llenándome por completo en cada entrada. Yo sentía mi vagina ardiendo y palpitando alrededor de su vergota. Y en una de esas me gire y vi como Steven estaba empapado en sudor, con los músculos de los brazos y abdomen en tensión total, dándolo todo para dejarme bien servida y conplacida.
De repente, sentí el agarrón de pelo con suavidad pero con firmeza para echarme la cabeza hacia atrás y el seguía taladrando hasta que empecé a gemir como una loca pidiendo más así que el aceleró el paso y me empecé a correr con su verga adentro, sentí como mi vagina empezó a expulsar mis juguitos mientras yo gemia eufóricamente sentía muy muy rico ahhhhh me estaba corriendo y, con un último empujón profundo, se salió de un tirón.
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Sentí el calor de su leche sobre mis pompis, bañándome la piel que él tanto me había estado castigando con nalgadas. Me quedé ahí, jadeando, sintiendo cómo su leche escurría por mis nalgas mientras él se dejaba caer encima de mí, agotado pero satisfecho.

De ahi, nos quedamos ahí tirados, jadeando, con el olor a sexo llenando todo el cuarto y el sudor de Steven pegándose a mi piel. Yo todavía sentía los latidos del corazón en la garganta y mi vagina palpitando por la estirada que me acababa de dar. Pero de repente, entre la nube de placer, me cayó el veinte. Me miré las piernas todas mojadas por mi orgasmo, miré las nalgas bañadas en su leche y se me heló la sangre.

—¡Steven, no usamos condón! —grité incorporándome de un salto.
El pánico me invadió por completo. Me imaginé a mi esposo, a mi hijo, a mi vida entera desmoronándose por un descuido de calentura. Sentía que el mundo se me venía encima y los ojos se me llenaron de lágrimas de puro susto. Steven, con calma, se me acercó despacio. Lo vi ahí, sentado en la cama, con todo su cuerpo todavía brillando por el sudor, se veía tan sexy, tan varonil con el pelo revuelto, que hasta en medio del miedo me daban ganas de volver a agarrarlo.Se acercó a mí y me tomó la cara con sus manos, dándome un beso tierno pero cargado de esa picardía que me volvía loca.

—Perdóname, mami... de verdad —me susurró —. Estaba tan emocionado de tenerte así, de sentir esas nalgas y de estar adentro de ti, que a mí también se m olvidó. Pero no te asustes, yo me encargo, de infecciones estás a salvo porque me cuido bastante. Pero lo que si es que te puedo dejar preñada, aunque si me gustaría que tengas un hijo mío pero ahorita mismo salimos y te compro la pastilla del día después, no va a pasar nada a menos que tú quieras que preñada de mi.
La verdad me dió morbo quedarme así y quedar preñada y luego coger con mi esposo y decirle que era suyo al fin quería otro hijo.

Me miró fijo a los ojos y me dio otro beso, esta vez más largo, saboreándome todavía. Al verlo así, mis defensas se cayeron al piso.

Olvidé el susto, olvidé el riesgo y me le colgué del cuello, devolviéndole el beso con la misma hambre de antes. Nos vestimos sin bañarnos sin limpiarnos los fluidos del otro, el con mis juguitos en su verga y su abdomen y yo con su semen en mis pompis y en mis piernas y de ahi subirnos al carro fue como volver a la realidad de golpe, pasamos por una farmacia de esas que están en las esquinas discretas. Steven se bajó casi trotando, lo vi a través del vidrio: alto, con su camiseta marcándole la espalda ancha y esos hombros de acero y no creía que me había tenido sometida hacía apenas unos minutos gimiendo como perra en celo.
Me tomé la pastilla, sintiendo un alivio que me recorrió el cuerpo, pero también una punzada de nostalgia porque sabía que el tiempo se nos acababa. Cuando nos acercamos a un par de cuadras de la casa de mi mamá, Steven orilló el carro.

Ya sabes dónde encontrarme, ¿verdad? —me soltó, acercándose para darme un último beso y me bajé del carro con las piernas temblorinas por tanta verga que me había dado y caminé hacia la casa de mi mamá.

Después de ese primer susto con la pastilla, en lugar de frenar, las ganas se nos desataron. Mis encuentros con Steven fueron en aumento; ya no era una aventura de una vez, era una necesidad que me quemaba por dentro. Cada vez que mi marido salía por trabajo o lo mandaban a trabajar a alguna ciudad cercana, yo ya tenía el plan armado. Dejaba a mi hijo con mi mamá y me iba volada con Steven a los moteles, buscando revivir esa sensación de plenitud que solo su vergon me daba.

Pero el verdadero morbo empezó cuando me atreví a meterlo en mi propia casa. Había algo en el aire, el riesgo de que mi esposo llegara antes de tiempo, que a Steven lo ponía como un animal. Parecía que estar en la cama de otro hombre le daba una fuerza extra. Ahí, en mi propia habitación en la cama que compartia con mi marido, era donde mejores cogidas me metía.
Continúa...

2 comentarios - Casi me cacha mi esposo en plena cogida

Redfenix_
y después? que paso después