Me quedé helado durande varios segundos que se sintieron eternos. No podía creer lo que estaba viendo en mi celular...
Era una foto que enfocaba solamente sus piernas al descubierto, estando de pie. Pero entre ellas se encontraban solo las braguitas ligeramente bajadas, dejando ver una pequeña mancha en la parte delantera.
No hizo falta quebrarme el cerebro tratando de adivinar de qué se trataba.
No supe cómo, ni qué responder a eso. Dejé el mensaje en visto hasta que ella volvió a escribirme:
-Estás ahí???? - Junto a un sticker de gatito triste.
-¿Por qué me envías esto? - Texteé rápidamente.
-Pensé que te gustaría...
-No dije que no... Es solo que me sorprendiste.
-Ah, vale...
-¿Es la primera vez que haces esto?
-Sí. No sabía muy bien cómo tomarla. Te gustó?
-Me parece una buena foto. Estás en tu baño?
-Sipi.
Acto seguido me envió una selfie sonriendo como boba a la cámara. Me fijé en que no llevaba nada puesto en sus hombros. Estuve unos segundos admirando la bella redondez de su carita, los cachetitos tiernos y sus labios naturalmente sonrosados.
-Te ves linda ❤️ - Le mandé.
-Lo sé, jijiji. Y tú qué haces? Aparte de ser un torpe gracioso y pervertido...
Me puso nervioso y algo avergonzado. Nuevamente sentía culpa por lo que le hice en lugares inapropiados. Pero quizás ahora podía permitirme ser más explícito, dado que ella se encontraba en la soledad de su baño. Tenía que aprovecharlo (como si no lo hubiera hecho antes, ja).
-Estaba pensando en ti. En eso que hicimos en tu cocina... y detrás de los muros. - Traté de hacerme el chulo.
-Yo también lo recuerdo, pero...
En ese momento se me subieron los huevos hasta la garganta. No tenía idea lo que diría. Tardó un momento en enviar su mensaje; borraba y escribía un nuevo antes de mandarlo.
-Eso es algo que deben hacer los novios... No crees?
-Ah... Pues sí... ¿Quieres que... seamos novios?
Me dejó en visto. Esperé un rato más para ver si enviaba algo, pero nada de nada.
-Yo soy mucho mayor que tú. Tus padres no lo aceptarían...
-No tienen que enterarse. Ellos no me importan, solo tú... - Me escribió al instante, añadiendo un sticker de perrito con un corazón a su alrededor.
En retrospectiva, era increíble que una muchacha como ella, aparentemente inexperta, llevara las riendas de la conversación. Me hacía ver como un pelele que no sabía de relaciones.
Finalmente, me envió un último mensaje:
-Piénsalo... <3
Luego de eso me envió otra foto. Era de sus pechitos desnudos, pálidos y con los pezoncitos rosas algo duros.
Logré descargar ambas imágenes antes de que ella misma los borrara al cabo de un rato. Supuse que no era por arrepentimiento, sino por temas legales de la aplicación.
Chica lista...
...
Lo pensé durante toda la noche.
Si eso es lo que ella esperaba de mí, yo tenía la posibilidad de cumplírselo, aun con el riesgo que incluía aquello. De verdad quería ser alguien importante para Vane, ser su mejor experiencia, porque realmente lo merecía. Más allá de la calentura, sentía verdadero aprecio por ella.
Desde siempre hemos pasado buenos y divertidos momentos juntos. Incluso luego de desaparecer un tiempo por el barrio, regresó a mí con tanta confianza como antes.
Claro que con un cambio de actitud y vestimenta. Ella había crecido, y era evidente.
Lo único que me seguía dando vueltas en la cabeza era la madurez que había logrado tan rápido, o tan temprano.
¿Probablemente yo no era el primer hombre en su vida?
Según dijo, era la primera vez que se tomaba y enviaba ese tipo de fotos picantes. Y cuando estuvimos a solas, todo lo que había en ella era timidez, como si fuese una primeriza. Lo sé porque yo pasé por eso.
Entonces, ¿Sabía Vane lo que hacía? ¿Podía entender realmente lo que sentía por mí? Estas cuestiones son inherentes de los seres humanos, cuando apenas comenzamos a vivir. A mí me habían llegado hace mucho, pero para ella podían ser recientes.
Tenía el ego y la incertidumbre inflados al mismo nivel. Me gustaba que ella gustase de mí; pero también sentía que no debía meterme en más problemas.
Cualquiera con una mente intacta sabría lo absurdo y estúpido que es preguntarse todo esto. Era obvio que debía mantenerme al margen, plantarme en mi estatus de mayor responsable y negarme.
Pero yo no he madurado... Se me escaparon los años de entre mis manos, y no hice nada por aprovecharlos. Hoy soy tan imbécil como ayer.
Dentro de todo ese espiral de pesimismo, surgió una gotita de esperanza.
Recordé el pequeño esfuerzo que dediqué por aprender sobre la carrera de Educación e impresionar a sus padres, y pensé que tal vez podría lograr estudiarla hasta el final. No porque me creyera muy capaz o inteligente, sino por transformarme en una mejor versión de mí... por ella.
Solo yo conocía lo patético que era, el punto profundo de la piscina al que había llegado, y en la que me ahogaba voluntariamente. Debía salir pronto.
...
A la mañana siguiente, decidí salir a dar una vuelta. Sabía que de nuevo estaban los chiquillos jugando en la calle.
Nada más abrir la puerta, la vi de espaldas, en posición para atrapar un balón que estaban a punto de patear. El muchacho golpeó con todas sus fuerzas la pelota y salió disparada hacia Vane; asustándola mucho y esquivando apenas para evitar el daño. Evidentemente quien recibió el balonazo fui yo; todos los demás se carcajearon como nunca antes. Me quedé inmóvil, procesando lo que acababa de ocurrir, además de calmar mi enojo.
Ella se giró en un segundo, mirándome asustada y algo apenada. Me dijo apresuradamente: ¡Perdón! ¿Estás bien..?
-Sí, tranquila. No fue tu culpa. - Aguantándome las ganas de llorar de dolor. Sentí que la sangre iba brotando de mi nariz. Los chicos pararon de reír, y su expresión cambió a una de pánico. Se gritaban e insultaban por ver quién era menos culpable de todos.
-Ven, vamos a mi casa. Mamá tiene un botiquín que puede servirte. - Ella tomó con fuerza mi brazo y me guió hasta su casa, directo al cuarto de Doña Eva, su gorda y fofa progenitora.
Pensé en lo que sus amigos vecinos podrían imaginar sobre nosotros. Suelen ser unos alucines irritantes, creyéndose en la potestad de adueñarse la calle... presumir sobre romances y ligues que muy probablemente jamás tuvieron. Pero tenían conocimientos sobre esos temas, para mi desgracia.
Vane tuvo mucho cuidado al tratarme el sangrado nasal. Me hablaba con extrema dulzura para que moviese la cabeza o sostuviese el algodón empapado en alcohol. Todo lo que podía hacer era sonreír mientras me atendía preocupada.
-No tienes que hacer todo esto. - Le dije.
-Fue mi culpa, debí atajar la pelota. Pero me dio mucho miedito. Perdóname... - Volvía a suplicarme, con sus ojos llorosos.
-Hey... no te preocupes. Son cosas que pasan. No te odio por eso...
Siguió acongojada, parada delante de mí, con el algodón entre sus manos. Seguí hablando:
-¿No me crees?
Negó con su cabecita. Su coleta le azotó débilmente el rostro.
-Acércate... Súbete aquí. - Le palmeé mis muslos para que se sentase allí.
Obedeció tímida y terminó sobre mi pierna izquierda, como alguien que va a pedirle regalos a Papá Noel.
Levanté mis brazos para sostenerla y darle tranquilidad con un abrazo largo y gentil.
Su cabeza quedó apoyada bajo mi barbilla; y su cuerpo apegado al mío, escondiéndose nuevamente de mí.
Continué pasando mi mano derecha por sus mejillas, limpiando las pequeñas lágrimas que caían.
-¿Piensas que estoy enojado contigo? Es solo un accidente... Aunque hayan estado jugando literalmente frente a mi puerta. Debieron pensarlo mejor... Pero no te culpo por ello.
Esperé alguna respuesta, pero hubo silencio.
-Estuve pensando en lo que me dijiste anoche... Lo decías en serio?
Ella solo entrelazaba sus dedos, sin atreverse a contestar o mirarme. Finalmente, agarró mi remera y asintió levemente.
-Pues creo que ya lo decidí. - Seguí hablando.
Pude sentir nuestros corazones latir a máximo pulso. No podía creer lo que estaba a punto de decir...
-M-me gustaría ser tu... novio. Podríamos intentarlo y ver qué pasa... Tú también me gustas.
¡ESO NI SIQUIERA LO HABÍA PLANEADO! ¿De dónde salió?? Ella jamás me había contado o sugerido algo como eso. No tan explícitamente. Quise morirme en ese instante, no aguantaba la presión de haber dicho semejante barbaridad.
Sin embargo, Vane lo tomó de otra manera. Dejó de jugar con sus dedos, para levantar la cabeza poco a poco y hacer contacto visual. Ahora tenía los ojos abiertos de par en par, brillosos por las lágrimas de antes. Vi que en sus labios se iba dibujando una sonrisa de felicidad.
Yo a duras penas podía sostener la mirada.
Entonces, pegó un chillido de emoción y se abalanzó sobre mí. Casi caemos de la silla.
Me estaba abrazando con todas sus fuerzas, casi arrancándome la cabeza. Sus piernas ahora descansaban abiertas sobre las mías, mientras que yo no sabía qué hacer exactamente.
Por fin me decidí a corresponderle su muestra de cariño y la sostuve de la cintura, aferrándome.
Sentí que aquel momento duró minutos. Ninguno dejó su posición durante todo este tiempo.
Después se me ocurrió pasar mi mano sobre su cabello y acariciarla, hacerle ver que todo estaba bien entre los dos. Ella finalmente se depegó unos centímetros y quedamos nuevamente cara a cara.
No pude aguantarme y comencé a darle besitos por toda la cara. Esto la hizo soltar risillas.
Seguí llenándole de mimos por toda su frente y mejillas sin parar. Noté que a veces parecía seguir la dirección de mis labios con los suyos, queriendo toparlos en algún momento...
Me reí de aquello y le dije en voz baja:
-Si quieres un beso, solo pídemelo... Ahora somos novios ¿no?
Al instante le agarré con firmeza su mentón con mi índice y pulgar derechos, pasando a mirarla fijamente. Lentamente la acerqué y fui notando cómo cerraba sus ojitos para recibirlo. Cerré los míos y dejé que el resto fluyera...
Esta vez los besos fueron más pausados. Había una intención de probar con detenimiento el sabor y tacto de nuestros labios. Por toda la habitación se escuchaban ruidos de chapes y respiraciones entrecortadas.
La pasión del momento iba aumentando, así como nuestros cuerpos en ferviente frotación...
Ella estaba dando pequeños movimientos circulares con la cintura, sentada sobre mi pelvis.
Se dio cuenta de lo duro que me iba poniendo, y eso la excitó.
El roce entre ambos era constante e intenso, el bulto entre mis piernas se amoldaba a la suavidad de sus labios vaginales, ocultos bajo sus shorts de mezclilla.
Ahora mis manos la sostenían con fuerza por detrás, para sentirlo todo aun mejor.
Las yemas de mis dedos recorrían con cautela su delicada espalda, erizándole la piel y motivándola a dar pequeños saltitos arriba mío.
Nuevamente nos encontrábamos al borde del sexo... como la primera vez después que acabase su fiesta de cumpleaños, solos en la cocina. Como la segunda vez, resguardados en el patio amurallado de una casa abandonada.
Me faltó valor para escalar la situación a ese nivel.
Pero ocurrió algo inesperado. Ella dejó de abrazarme por encima de los hombros y bajó con tranquilidad sus manos hasta posarlas sobre mi hinchada entrepierna.
De inmediato me recorrió un escalofrío y casi la detuve.
Sin perder el hilo de la situación, siguió besándome mientras desabrochaba torpemente mis pantalones.
Cuando por fin lo logró, dejó a la vista mis bóxers azules. Sentí cómo deslizaba sus dedos y las palmas de sus finas manos por toda esa zona. Se notaban sus ganas de apoderarse de lo que había debajo...
Así estubo unos segundos hasta que jaló mi prenda interior y un palpitante pene asomó, listo para recibir cariño...
Lo tomó con ambas manos, dejando sobresalir el glande y parte del tronco. Su piel era tan suave...
A pesar de la emoción del momento, mantuvo la compostura como una delicada dama, y despacio fue masajeándolo...
El agarre de sus dedos era firme, pero cauteloso. Se enrollaban alrededor del tronco, para estirar mi piel y vencer la sensibilidad del miembro...
Varias veces dejé escapar gemidos entre besos, haciéndola sonreír de orgullo. Continuó con más impulso y determinación, apretujándolo entre sus palmas, buscando exprimir hasta la última gota...
Las piernas me comenzaron a temblar, poniéndose tensas involuntariamente, levantándome un poco de la silla y queriendo penetrar profundo antes de la eyaculación.
-A-ah... No puedo m-más... - Quise avisarle de la sorpresa inminente.
Esto solo la hizo aumentar el ritmo, hasta que no pudiese más...
En un segundo, ocurrió una liberación consistente de semen sobre sus manos, escapándose a su playera roja que vestía. Yo no paraba de temblar y tener ligeros espasmos. Mis manos estaban tiesas sobre sus glúteos blanditos y redondos. Tragaba bocanadas de aires para intentar recuperar el aliento antes de desmayarme.
Con unos últimos besos en mi mejilla, se separó unos centímetros más de mí para observar el desastre que habíamos hecho... Tenía una expresión de picardía, orgullo y curiosidad.
Se miró las manos durante unos segundos y yo apenas pude decirle que la ayudaría a limpiarse... No me hizo caso y se las pasó por los shorts, manchándose la ropa aun más. No me dio el aliento para regañarla.
Sin decir una sola palabra, se bajó de mis piernas y pasó a sentarse en la cama de su madre. No paraba de sonreírme.
Levanté como pude mi entumecido y exhausto cuerpo, con el pene todavía fuera, volviendo a su tamaño original.
-¿Me prestas tu baño? -pregunté.
Ella solo señaló contenta hacia su derecha.
Al cabo de un rato volví más relajado, y algo cohibido. Ella ya se había cambiado de ropa, solo que ahora vestía una larga polera que la cubría hasta las rodillas. Era de su padre, me dijo.
Me invitó un vaso de agua y después salimos de su casa para seguir jugando con sus vecinos. Como si nada hubiese ocurrido otra vez en esa casa...
...
En la noche, recibí un mensaje suyo, era otra foto.
Estaba de nuevo encerrada en el baño, frente al espejo, levantándose la polera y mostrando que no llevaba puesta ninguna otra prenda...
¿Desde hace cuánto hizo eso?
Era una foto que enfocaba solamente sus piernas al descubierto, estando de pie. Pero entre ellas se encontraban solo las braguitas ligeramente bajadas, dejando ver una pequeña mancha en la parte delantera.
No hizo falta quebrarme el cerebro tratando de adivinar de qué se trataba.
No supe cómo, ni qué responder a eso. Dejé el mensaje en visto hasta que ella volvió a escribirme:
-Estás ahí???? - Junto a un sticker de gatito triste.
-¿Por qué me envías esto? - Texteé rápidamente.
-Pensé que te gustaría...
-No dije que no... Es solo que me sorprendiste.
-Ah, vale...
-¿Es la primera vez que haces esto?
-Sí. No sabía muy bien cómo tomarla. Te gustó?
-Me parece una buena foto. Estás en tu baño?
-Sipi.
Acto seguido me envió una selfie sonriendo como boba a la cámara. Me fijé en que no llevaba nada puesto en sus hombros. Estuve unos segundos admirando la bella redondez de su carita, los cachetitos tiernos y sus labios naturalmente sonrosados.
-Te ves linda ❤️ - Le mandé.
-Lo sé, jijiji. Y tú qué haces? Aparte de ser un torpe gracioso y pervertido...
Me puso nervioso y algo avergonzado. Nuevamente sentía culpa por lo que le hice en lugares inapropiados. Pero quizás ahora podía permitirme ser más explícito, dado que ella se encontraba en la soledad de su baño. Tenía que aprovecharlo (como si no lo hubiera hecho antes, ja).
-Estaba pensando en ti. En eso que hicimos en tu cocina... y detrás de los muros. - Traté de hacerme el chulo.
-Yo también lo recuerdo, pero...
En ese momento se me subieron los huevos hasta la garganta. No tenía idea lo que diría. Tardó un momento en enviar su mensaje; borraba y escribía un nuevo antes de mandarlo.
-Eso es algo que deben hacer los novios... No crees?
-Ah... Pues sí... ¿Quieres que... seamos novios?
Me dejó en visto. Esperé un rato más para ver si enviaba algo, pero nada de nada.
-Yo soy mucho mayor que tú. Tus padres no lo aceptarían...
-No tienen que enterarse. Ellos no me importan, solo tú... - Me escribió al instante, añadiendo un sticker de perrito con un corazón a su alrededor.
En retrospectiva, era increíble que una muchacha como ella, aparentemente inexperta, llevara las riendas de la conversación. Me hacía ver como un pelele que no sabía de relaciones.
Finalmente, me envió un último mensaje:
-Piénsalo... <3
Luego de eso me envió otra foto. Era de sus pechitos desnudos, pálidos y con los pezoncitos rosas algo duros.
Logré descargar ambas imágenes antes de que ella misma los borrara al cabo de un rato. Supuse que no era por arrepentimiento, sino por temas legales de la aplicación.
Chica lista...
...
Lo pensé durante toda la noche.
Si eso es lo que ella esperaba de mí, yo tenía la posibilidad de cumplírselo, aun con el riesgo que incluía aquello. De verdad quería ser alguien importante para Vane, ser su mejor experiencia, porque realmente lo merecía. Más allá de la calentura, sentía verdadero aprecio por ella.
Desde siempre hemos pasado buenos y divertidos momentos juntos. Incluso luego de desaparecer un tiempo por el barrio, regresó a mí con tanta confianza como antes.
Claro que con un cambio de actitud y vestimenta. Ella había crecido, y era evidente.
Lo único que me seguía dando vueltas en la cabeza era la madurez que había logrado tan rápido, o tan temprano.
¿Probablemente yo no era el primer hombre en su vida?
Según dijo, era la primera vez que se tomaba y enviaba ese tipo de fotos picantes. Y cuando estuvimos a solas, todo lo que había en ella era timidez, como si fuese una primeriza. Lo sé porque yo pasé por eso.
Entonces, ¿Sabía Vane lo que hacía? ¿Podía entender realmente lo que sentía por mí? Estas cuestiones son inherentes de los seres humanos, cuando apenas comenzamos a vivir. A mí me habían llegado hace mucho, pero para ella podían ser recientes.
Tenía el ego y la incertidumbre inflados al mismo nivel. Me gustaba que ella gustase de mí; pero también sentía que no debía meterme en más problemas.
Cualquiera con una mente intacta sabría lo absurdo y estúpido que es preguntarse todo esto. Era obvio que debía mantenerme al margen, plantarme en mi estatus de mayor responsable y negarme.
Pero yo no he madurado... Se me escaparon los años de entre mis manos, y no hice nada por aprovecharlos. Hoy soy tan imbécil como ayer.
Dentro de todo ese espiral de pesimismo, surgió una gotita de esperanza.
Recordé el pequeño esfuerzo que dediqué por aprender sobre la carrera de Educación e impresionar a sus padres, y pensé que tal vez podría lograr estudiarla hasta el final. No porque me creyera muy capaz o inteligente, sino por transformarme en una mejor versión de mí... por ella.
Solo yo conocía lo patético que era, el punto profundo de la piscina al que había llegado, y en la que me ahogaba voluntariamente. Debía salir pronto.
...
A la mañana siguiente, decidí salir a dar una vuelta. Sabía que de nuevo estaban los chiquillos jugando en la calle.
Nada más abrir la puerta, la vi de espaldas, en posición para atrapar un balón que estaban a punto de patear. El muchacho golpeó con todas sus fuerzas la pelota y salió disparada hacia Vane; asustándola mucho y esquivando apenas para evitar el daño. Evidentemente quien recibió el balonazo fui yo; todos los demás se carcajearon como nunca antes. Me quedé inmóvil, procesando lo que acababa de ocurrir, además de calmar mi enojo.
Ella se giró en un segundo, mirándome asustada y algo apenada. Me dijo apresuradamente: ¡Perdón! ¿Estás bien..?
-Sí, tranquila. No fue tu culpa. - Aguantándome las ganas de llorar de dolor. Sentí que la sangre iba brotando de mi nariz. Los chicos pararon de reír, y su expresión cambió a una de pánico. Se gritaban e insultaban por ver quién era menos culpable de todos.
-Ven, vamos a mi casa. Mamá tiene un botiquín que puede servirte. - Ella tomó con fuerza mi brazo y me guió hasta su casa, directo al cuarto de Doña Eva, su gorda y fofa progenitora.
Pensé en lo que sus amigos vecinos podrían imaginar sobre nosotros. Suelen ser unos alucines irritantes, creyéndose en la potestad de adueñarse la calle... presumir sobre romances y ligues que muy probablemente jamás tuvieron. Pero tenían conocimientos sobre esos temas, para mi desgracia.
Vane tuvo mucho cuidado al tratarme el sangrado nasal. Me hablaba con extrema dulzura para que moviese la cabeza o sostuviese el algodón empapado en alcohol. Todo lo que podía hacer era sonreír mientras me atendía preocupada.
-No tienes que hacer todo esto. - Le dije.
-Fue mi culpa, debí atajar la pelota. Pero me dio mucho miedito. Perdóname... - Volvía a suplicarme, con sus ojos llorosos.
-Hey... no te preocupes. Son cosas que pasan. No te odio por eso...
Siguió acongojada, parada delante de mí, con el algodón entre sus manos. Seguí hablando:
-¿No me crees?
Negó con su cabecita. Su coleta le azotó débilmente el rostro.
-Acércate... Súbete aquí. - Le palmeé mis muslos para que se sentase allí.
Obedeció tímida y terminó sobre mi pierna izquierda, como alguien que va a pedirle regalos a Papá Noel.
Levanté mis brazos para sostenerla y darle tranquilidad con un abrazo largo y gentil.
Su cabeza quedó apoyada bajo mi barbilla; y su cuerpo apegado al mío, escondiéndose nuevamente de mí.
Continué pasando mi mano derecha por sus mejillas, limpiando las pequeñas lágrimas que caían.
-¿Piensas que estoy enojado contigo? Es solo un accidente... Aunque hayan estado jugando literalmente frente a mi puerta. Debieron pensarlo mejor... Pero no te culpo por ello.
Esperé alguna respuesta, pero hubo silencio.
-Estuve pensando en lo que me dijiste anoche... Lo decías en serio?
Ella solo entrelazaba sus dedos, sin atreverse a contestar o mirarme. Finalmente, agarró mi remera y asintió levemente.
-Pues creo que ya lo decidí. - Seguí hablando.
Pude sentir nuestros corazones latir a máximo pulso. No podía creer lo que estaba a punto de decir...
-M-me gustaría ser tu... novio. Podríamos intentarlo y ver qué pasa... Tú también me gustas.
¡ESO NI SIQUIERA LO HABÍA PLANEADO! ¿De dónde salió?? Ella jamás me había contado o sugerido algo como eso. No tan explícitamente. Quise morirme en ese instante, no aguantaba la presión de haber dicho semejante barbaridad.
Sin embargo, Vane lo tomó de otra manera. Dejó de jugar con sus dedos, para levantar la cabeza poco a poco y hacer contacto visual. Ahora tenía los ojos abiertos de par en par, brillosos por las lágrimas de antes. Vi que en sus labios se iba dibujando una sonrisa de felicidad.
Yo a duras penas podía sostener la mirada.
Entonces, pegó un chillido de emoción y se abalanzó sobre mí. Casi caemos de la silla.
Me estaba abrazando con todas sus fuerzas, casi arrancándome la cabeza. Sus piernas ahora descansaban abiertas sobre las mías, mientras que yo no sabía qué hacer exactamente.
Por fin me decidí a corresponderle su muestra de cariño y la sostuve de la cintura, aferrándome.
Sentí que aquel momento duró minutos. Ninguno dejó su posición durante todo este tiempo.
Después se me ocurrió pasar mi mano sobre su cabello y acariciarla, hacerle ver que todo estaba bien entre los dos. Ella finalmente se depegó unos centímetros y quedamos nuevamente cara a cara.
No pude aguantarme y comencé a darle besitos por toda la cara. Esto la hizo soltar risillas.
Seguí llenándole de mimos por toda su frente y mejillas sin parar. Noté que a veces parecía seguir la dirección de mis labios con los suyos, queriendo toparlos en algún momento...
Me reí de aquello y le dije en voz baja:
-Si quieres un beso, solo pídemelo... Ahora somos novios ¿no?
Al instante le agarré con firmeza su mentón con mi índice y pulgar derechos, pasando a mirarla fijamente. Lentamente la acerqué y fui notando cómo cerraba sus ojitos para recibirlo. Cerré los míos y dejé que el resto fluyera...
Esta vez los besos fueron más pausados. Había una intención de probar con detenimiento el sabor y tacto de nuestros labios. Por toda la habitación se escuchaban ruidos de chapes y respiraciones entrecortadas.
La pasión del momento iba aumentando, así como nuestros cuerpos en ferviente frotación...
Ella estaba dando pequeños movimientos circulares con la cintura, sentada sobre mi pelvis.
Se dio cuenta de lo duro que me iba poniendo, y eso la excitó.
El roce entre ambos era constante e intenso, el bulto entre mis piernas se amoldaba a la suavidad de sus labios vaginales, ocultos bajo sus shorts de mezclilla.
Ahora mis manos la sostenían con fuerza por detrás, para sentirlo todo aun mejor.
Las yemas de mis dedos recorrían con cautela su delicada espalda, erizándole la piel y motivándola a dar pequeños saltitos arriba mío.
Nuevamente nos encontrábamos al borde del sexo... como la primera vez después que acabase su fiesta de cumpleaños, solos en la cocina. Como la segunda vez, resguardados en el patio amurallado de una casa abandonada.
Me faltó valor para escalar la situación a ese nivel.
Pero ocurrió algo inesperado. Ella dejó de abrazarme por encima de los hombros y bajó con tranquilidad sus manos hasta posarlas sobre mi hinchada entrepierna.
De inmediato me recorrió un escalofrío y casi la detuve.
Sin perder el hilo de la situación, siguió besándome mientras desabrochaba torpemente mis pantalones.
Cuando por fin lo logró, dejó a la vista mis bóxers azules. Sentí cómo deslizaba sus dedos y las palmas de sus finas manos por toda esa zona. Se notaban sus ganas de apoderarse de lo que había debajo...
Así estubo unos segundos hasta que jaló mi prenda interior y un palpitante pene asomó, listo para recibir cariño...
Lo tomó con ambas manos, dejando sobresalir el glande y parte del tronco. Su piel era tan suave...
A pesar de la emoción del momento, mantuvo la compostura como una delicada dama, y despacio fue masajeándolo...
El agarre de sus dedos era firme, pero cauteloso. Se enrollaban alrededor del tronco, para estirar mi piel y vencer la sensibilidad del miembro...
Varias veces dejé escapar gemidos entre besos, haciéndola sonreír de orgullo. Continuó con más impulso y determinación, apretujándolo entre sus palmas, buscando exprimir hasta la última gota...
Las piernas me comenzaron a temblar, poniéndose tensas involuntariamente, levantándome un poco de la silla y queriendo penetrar profundo antes de la eyaculación.
-A-ah... No puedo m-más... - Quise avisarle de la sorpresa inminente.
Esto solo la hizo aumentar el ritmo, hasta que no pudiese más...
En un segundo, ocurrió una liberación consistente de semen sobre sus manos, escapándose a su playera roja que vestía. Yo no paraba de temblar y tener ligeros espasmos. Mis manos estaban tiesas sobre sus glúteos blanditos y redondos. Tragaba bocanadas de aires para intentar recuperar el aliento antes de desmayarme.
Con unos últimos besos en mi mejilla, se separó unos centímetros más de mí para observar el desastre que habíamos hecho... Tenía una expresión de picardía, orgullo y curiosidad.
Se miró las manos durante unos segundos y yo apenas pude decirle que la ayudaría a limpiarse... No me hizo caso y se las pasó por los shorts, manchándose la ropa aun más. No me dio el aliento para regañarla.
Sin decir una sola palabra, se bajó de mis piernas y pasó a sentarse en la cama de su madre. No paraba de sonreírme.
Levanté como pude mi entumecido y exhausto cuerpo, con el pene todavía fuera, volviendo a su tamaño original.
-¿Me prestas tu baño? -pregunté.
Ella solo señaló contenta hacia su derecha.
Al cabo de un rato volví más relajado, y algo cohibido. Ella ya se había cambiado de ropa, solo que ahora vestía una larga polera que la cubría hasta las rodillas. Era de su padre, me dijo.
Me invitó un vaso de agua y después salimos de su casa para seguir jugando con sus vecinos. Como si nada hubiese ocurrido otra vez en esa casa...
...
En la noche, recibí un mensaje suyo, era otra foto.
Estaba de nuevo encerrada en el baño, frente al espejo, levantándose la polera y mostrando que no llevaba puesta ninguna otra prenda...
¿Desde hace cuánto hizo eso?
1 comentarios - Mi única amistad es la adorable hija del vecino. ep6