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Juego psicológico 2

Sábado por la tarde. Julián estaba de pie en el marco de la puerta del vestidor, contemplando en silencio a Sofía. Ella llevaba un vestido rojo pasión, ceñido al cuerpo como una segunda piel, los labios pintados de un rojo brillante y húmedo, el cabello recogido con elegancia y unas gafas de sol sobre la cabeza. Se veía despampanante, letal.
Mientras se miraba al espejo, Sofía tomó el dobladillo del vestido y se subió la falda apenas unos centímetros para acomodarse el ajuste en los muslos. En ese segundo, Julián vio el destello: un encaje negro, diminuto, provocativo y casi totalmente transparente.
Juego psicológico 2

Julián: —¿Y ese vestido, Sofía?... ¿Y esa lencería de abajo? No me dijiste que saldríamos hoy.
Sofía se bajó la falda despacio, con una calma exasperante. Tomó su perfume y se aplicó un aroma dulce y penetrante en el cuello, mirándolo a través del espejo con absoluta serenidad.
Sofía: —No vamos a salir nosotros, mi amor. Quedé de verme con las chicas y con Cami para tomar algo y hablar de un proyecto.
Julián: —¿Te vas vestida así, con ese vestido rojo y esa lencería negra, a tomar algo con tu amigo y tus amigas? ¡Sofía, por Dios! ¡Te vestiste como para una cita de hotel!
Sofía se volteó de frente, ajustando la tela sobre sus caderas. Caminó hacia él con paso lento, le tomó la mano a Julián y se la pasó suavemente por la pierna, por encima de la tela ajustada, acercando sus labios a un centímetro de los de él. Su respiración olía a menta.
Sofía: —Mira cómo me puse... también para que me veas guapa. Pero como tú prefieres pelear, dudar de mí y juzgarme en vez de disfrutarme, me voy.
Julián: —¡No me cambies el tema! ¡Esa lencería no es para ir a tomar un café con amigos!
Sofía retiró su mano con frialdad y suspiró con fastidio, cruzándose de brazos.
Sofía: —¿Tú te estás escuchando la ridiculez que estás diciendo, Julián? ¡Ahora resulta que tengo que pedirte permiso para la ropa interior que me pongo! ¡Eres un enfermo de celos! Si tú ves morbo o coqueteo en que yo salga arreglada con mi amigo de toda la vida y mis amigas, el que necesita terapia eres tú. Me tienes harta con tus shows.
Sofía tomó su bolso, se acomodó las gafas sobre la cabeza y caminó hacia la puerta. Al pasar junto a él, le dio un beso seco en la mejilla, dejándolo con la mano vacía, la boca amarga y la sangre ardiendo.
Sofía: —Te amo a ti y en la cara de todos digo que eres mi novio lindo. Pero si sigues con esta persecución, vas a arruinar lo nuestro tú solo. No me esperes despierto.
El golpe seco de la puerta al cerrarse retumbó en la sala como un disparo. Julián se quedó solo, sintiendo un nudo sofocante en el pecho y la angustia quemándole por dentro.
Media hora después, la atmósfera en el apartamento de Camilo era opuesta. Camilo abrió la puerta y se quedó mudo al verla. Ella entró sin pedir permiso, quitándose las gafas con lentitud y regalándole una sonrisa cargada de una picardía obscena.
Camilo: —Miren a esta mujer... Te viniste vestida para matarme hoy, Sofi. Ese rojo te queda peligroso.
Sofía: —Te dije que hoy venía a sorprenderte, Cami... A ver si valoras lo guapa que me puse "para mis amigos"...
El bolso de diseñador cayó al suelo con un ruido sordo. Sofía caminó hacia él con paso felino y le rodeó el cuello con los brazos. Camilo no esperó más; la tomó con brutalidad por la cintura, pegándola a su cuerpo. Con un movimiento ágil y hambriento, le subió la falda del vestido rojo hasta la cadera. El roce áspero de sus manos masculinas contra la delicada tela del encaje negro arrancó el primer sonido de la garganta de ella.
Sofía: —¡Ah!… Cami… mmm… despacio, que acabo de llegar…
infiel

Inclinó la cabeza hacia atrás, dejando escapar un suspiro entrecortado y húmedo mientras Camilo hundía su rostro en el cuello de ella, devorándole la piel con besos calientes, dejando una estela de saliva y deseo sobre el perfume que Julián había olido minutos antes.
Camilo: —Hueles delicioso... —murmuró contra su oído, con la voz ronca, mientras una mano bajaba para acariciarla descaradamente por encima del encaje—. ¿Y tu novio qué? ¿No te montó drama por salir así de la casa?
Sofía: —Mmm... ay, Cami... ni me lo menciones... —gimió, restregándose instintivamente contra él—. Me hizo tremendo show por el vestido y por la lencería. Que por qué me arreglo tanto para ver a un "amigo"... ahh... Es de un canzón insoportable. Él no entiende nada... uf.
Camilo soltó una risa oscura, apretando con fuerza uno de sus glúteos y deslizando un dedo por el borde de la tela transparente.
Camilo: —Ese pobre infeliz se está volviendo loco en la casa pensando que estás en un café —se burló, desabrochándose el cinturón con una mano—. Sabe perfectamente que venías a que tu "amiguito" te acomodara las ideas.
Sofía: —¡Ah!… no digas eso, Cami… nhh… —jadeó Sofía, cerrando los ojos al sentir la carne caliente de él buscando la entrada—. Julián tiene que entender que entre tú y yo solo hay… mmm… ¡ah!… mucha confianza… Es que él es un cerrado… no entiende que los amigos también se consienten así… ahh, sí, así!
El amigo de mi novia

De un tirón, Camilo la levantó. La llevo al cuarto le quitó la rota y la puso boca abajo. Los besos salvajes de Camilo le corrieron todo el labial rojo, manchándole la barbilla y la mejilla. El sonido húmedo del impacto de sus cuerpos marcaba un ritmo frenético. Plac… plac… plac…
cornudo

Camilo: —¿A todos tus "amigos" les abres el vestido así de rico, Sofi? —le susurró cerca del oído, moliéndole la cadera con cada embestida.
Sofía: —Mmm… solo a ti, Cami… ahh… porque tú sí sabes lo que me gusta… uf… ¡pero a él lo amo, ¿entiendes?!… ahh… a él le guardo el respeto… contigo solo es… ¡uf!… un ratito para desestresarme con mi mejor amigo… ¡ah, Cami, más fuerte!
novia infiel

En la mente de Sofía no existía la culpa, solo el placer ardiente de su propia mentira. La lógica era cínicamente perfecta: Julián tenía el título de novio, el respeto frente a los demás y el afecto tibio en la casa. Camilo tenía la piel, el sudor, la obscenidad y la pasión sin freno que solo un "amigo con mucha confianza" podía darle. Para ella no había infidelidad, solo un novio "demasiado complicado" que no sabía valorar la novia que tenía y un amigo que sí lo hacía.
Sofía miró de reojo el espejo del pasillo entre jadeo y jadeo. Vio su propio reflejo: el cabello completamente despeinado, el vestido en el piso ,su amigo encima de ella y el labial corrido en una mueca de puro placer y cinismo. Soltó una risita ahogada, inundada de morbo.
Sofía: —Uff… me dejas como te da la gana, Cami… ahh… A él le doy el título, sí… pero a ti te me entrego completica... ¡Ah!
En ese instante, sobre la mesa auxiliar de cuarto , el celular de Sofía comenzó a vibrar repetidamente. Bzzzz… bzzzz… Bzzzz… bzzzz… En la pantalla iluminada se leían las notificaciones de Julián: «Perdóname mi amor, no quiero pelear.» «Te amo, avísame cuando llegues con tus amigas.»
Camilo miró la pantalla sin dejar de sostenerla contra la pared y se rió entre dientes. Con pura malicia, le señaló los mensajes con la cabeza mientras le daba una nalgada sonora. ¡Plas!
Camilo: —Mira quién te escribe… tu "novio lindo".
Sofía, con el pecho subiendo y bajando erráticamente, la piel sudada y la voz entrecortada por la excitación, tomó el teléfono. Camilo, sabiendo exactamente lo que iba hacer , empezó con embestidas profundas y suaves mientras ella presionaba el ícono de grabar nota de voz.
Juego psicológico 2

Sofía contuvo la respiración, apretó los ojos de golpe al sentir el tacto íntimo que la hacía estremecer, y forzó el tono más dulce, inocente y angelical que fue capaz de fingir, mientras se mordía el labio para no soltar un gemido delator:
Sofía (en el mensaje de voz): —Ay, mi amor lindo... nhh... no te preocupes, yo también te amo mucho. Ya estoy aquí con las chicas... ah... hablando sabroso. Ahorita te escribo, un besito enorme... muac.
En cuanto soltó el botón de enviar, tiró el teléfono sobre el sofá y dejó escapar el gemido largo y sonoro que había estado conteniendo. —¡Aaaaaah!—
Se volteo Le tomó el rostro a Camilo con ambas manos, tirando de su cabello, y volvió a devorarle la boca con desesperación, entregándose al encuentro salvaje mientras el sudor y el perfume de su amante se le impregnaban para siempre en la tela del vestido rojo.
infiel

Mientras tanto, a kilómetros de allí, en una sala silenciosa, Julián se llevaba el celular al oído. Escuchaba la nota de voz: el tono dulce y tierno de Sofía, la pausa que él interpretó como cansancio, el sonido de fondo que creyó que eran risas lejanas. Se sintió el hombre más celoso, tóxico y culpable del mundo por haber dudado de ella, pidiéndole perdón en silencio a una mujer cuyo labial rojo ya estaba borrado y esparcido en el rostro de otro hombre que ella llamaba "amigo".

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