Capítulo 4 - “Volveré y seré millones”
El lunes siguiente Nicolás se despertó como siempre y como todo el mundo: queriendo dormir más. Pero no podía. La oficina lo esperaba, como todos los lunes. Valentina ya se había levantado. En el aire se olía esa mezcla particular del departamento que compartían: la mezcla de aromas de mate para ella y café para él. Nicolás no lo había sentido en ningún otro lugar. Solo en su casa. Se preparó el desayuno, se despidió de Valentina que ya estaba con el celular en la cocina, revisando mensajes en el Instagram de Fondo Liso y se fue a eso de las ocho y media.
Y a eso de las nueve, al departamento cayó Tavo. El portero eléctrico sonó en la cocina, Valentina le dijo que ya bajaba. Por un segundo, por una fracción de segundo, Valentina pensó directamente en bajarle las cajas. Que no subiera. Pero la calentura pudo más. La calentura y la excitación de pensar cómo se podía desbocar todo en la soledad del departamento con Tavo.
Al abrir la puerta de calle le sonrió al gordo, se dieron un beso en la mejilla y caminaron juntos al ascensor.
“Que haces, Tavito, buen dia”, le sonrió ella.
“Que hace’ tetamanti”, se rio el.
Valentina se entró a reír, “No empieces che, tengamos la fiesta en paz, querés?”
“Seh, seh…”
“Vas a querer un mate antes de salir?”
“Si, obvio. Nunca viene mal”
Una vez en el departamento se fueron a la cocina.
“Hacételo vos, Tavito. Ahí está el agua, está caliente todavía”
“Dale…”
“Te voy a buscar las cajas y eso”
“Si, reina, sin apuro.”
Valentina no se había vestido sugerente para nada. Remera, pantalón de jogging de entrecasa y zapatillas. Igual ese cuerpazo no se podía esconder de ninguna manera y Tavo, que ya venía por demás caliente de lo del sábado, la fichó largo y tendido cuando desapareció yendo al living. Valentina volvió y dejó las cajas en la mesa, eran tres, de tamaño mediano y listas para ser entregadas. Ella estaba haciendo lo posible para disimular lo caliente que también venía y lo excitada que estaba de tenerlo ahí, después de todo lo que se habían dicho (y mostrado) por chat.
“Acá tenés. Te pasé la dirección por el chat”, le dijo mientras él se tomaba el mate de parado en la cocina, “No hace falta que te apures, pero con que entregues antes del mediodía está bien.”
“Si, tranqui. Si total en media hora ‘toy ahí”, asintió el.
“Si, mas o menos es eso hasta allá”, respondió ella y se sentó en una silla de la cocina.
Hubo un ratito de silencio, solo roto por las chupadas de mate de Tavo, hasta que él fue el que habló.
“Y?”, le preguntó con una sonrisita
“Y qué?”, respondió ella.
“No te haga’ la boluda”, se rio él. Valentina solo suspiró bajito, mirándolo. El gordo siguió, “Ya se fué tu novio?”
“Y si, vos lo ves?”
“No, pero por ahí ‘ta en el baño, que se yo”
“No, ya se fué a la oficina”, respondió Valentina.
“Que bien. Que tipo laburante”, dijo Tavo con una sonrisita.
“No lo jodas, che. Nico no tiene nada que ver.”
“Nada que ve’ con qué?”
“Ya sabés”
“No, no sé. Nada que ver con…?”, preguntó él, con un tonito medio desafiante.
Valentina lo miró fijo, “Me vas a hacer decirlo? O te vas a seguir haciendo el pelotudo?”
Tavo se rio, “Hacerme el pelotudo e’ lo que mejor hago, reina. Pero sí, te voy a hace’ decirlo”, terminó con otra risa.
Valentina miró para arriba, “Sos jodido, eh?”
“Nah, soy fácil yo. La jodida so’ vo’”
“Ah si? Y por qué soy la jodida yo?”, preguntó ella, apoyándose con el codo en la mesa.
“La verda’? Y.. porque el sábado por el celu te hace’ la picante, manda’ foto, todo eso… y ahora parece que arruga’”, le dijo Tavo.
“Yo nunca arrugué en mi vida, gordo.”, le contestó Valentina.
“‘Tonce? Quere’ o no quere’?”
“Uf, Tavo, no es tan fácil…”, resopló ella.
El gordo se terminó el mate hasta el fondo y lo apoyó en la mesada al lado de la pileta, mirando a Valentina sentada ahí a unos pocos pasos.
“Mira, negra, todo bien con vo’, eso lo sabe’”, dijo, “Pero a mi no me gusta que me boludeen…”
“Pará, Tavo, nada que ver…”
“O que me hagan calenta’ la pava al pedo”, siguió el, “Si me ‘taba jodiendo el sábado, bueh, pero decímelo de frente. Si vas a quere’, veni. Y si no decime, agarro las caja’ y sigo viaje. Corta la bocha.”
“Tavo…”, empezó ella pero él la cortó.
“Quere’ que la saque? Eh?”, se rió, “Por ahí la ve’ y te decidi’?”
“No quiero coger, gordi…”, dijo Valentina.
“Por?”
“Porque no. Hoy no. No da”, respondió ella. Por supuesto que quería coger, pensó Valentina mientras decía que no. Pero también sentía miedo. Miedo de caer de nuevo en todo lo que pensaba que había dejado atrás.
“Bueh… ‘ta bien. Quere’ chuparmela un poquito?”, sonrio Tavo.
“Gordo…”
“Dale, si tu novio no ‘ta. No pasa nada. Vo’ quere’, yo también. La pasamo’ bien un rato, linda. Qué problema hay?”
Valentina suspiro y lo miró, “La verdad que tengo miedo, Tavo”
“Miedo? De mi? Me ‘tas jodiendo? Qué te hice yo? Que te voy a hace’ que no quieras?”, preguntó él, extrañado.
Valentina negó con la cabeza, “No, amor. No hiciste nada, no sos vos. No te persigas. Tengo miedo… la verdad… miedo de que me guste y hacer cagadas de nuevo.”
Tavo largó una carcajadita, “Flaca, la cagada ya te la mandaste el sábado, no joda'. Ya a tu novio le metiste lo’ cuerno’ aunque no hayas tocado ni una pija”.
Valentina lo miró fijo. Tenía razón. En la cabeza de ella, aunque fuera sólo ahí, los cuernos ya se los había puesto. Con lo del sábado. Con las pajas que se mandaba estando sola en casa, pensando en el tipo que ahora tenía delante, pensando en otros monchos del pasado y en esas vergas hermosas.
“Mira, vamo’ a hacer así…”, sonrió Tavo y caminó hasta sentarse en otra de las sillas de la cocina. Se empezó a deshacer el cinturón y desabrochar el pantalón, con algo de esfuerzo por su panza en el medio.”
“Para, Tavo… que….”
El gordo la interrumpió mientras seguía luchando con el cierre del pantalón, “Yo la saco. Vo’ hace lo que quiera’. Ma’ fácil, no?”
Valentina iba a contestar algo, pero los ojos se le fueron a la entrepierna de Tavo. El se bajó los pantalones y desde abajo del boxer que llevaba sacó la verga. Valentina la miró, con un éxtasis que no podía explicar y no quería anunciar. Gruesa, grande, marrón, dura y hermosa.
El gordo le sonreía, mirando a Valentina como tenía los ojos fijos en su pija. Se llevó una mano abajo hacia el miembro y lo rodeó con sus dedos, frotando despacio, moviendo la piel arriba y abajo, “Y… te gusta, bichi?”
“... si”, dijo Valentina sin dejar de mirar. Sintió que la concha se le estrujaba debajo del pantalón.
Tavo le sonrió, “Mostrame esas tetas lindas, dale.”
Valentina lo miró y sin decir nada se sacó la remera por encima de la cabeza, y luego el top deportivo que llevaba abajo, agarrándolo del borde y subiéndolo hasta que sus pechos cayeron, naturales y pesados.
“Mirá lo que son… vení…”, le dijo el gordo.
Valentina se levantó y caminó los tres pasos hasta quedar parada frente a él. Tavo llevó las dos manos y le acunó las tetas, estrujándolas despacito, sintiendo la carne natural y blanda vencida dulcemente por la presión de sus dedos.

“Que buena que ‘ta, Vale… puta madre…”
Valentina suspiro ante el toque de las manos del gordo. Ya no podía más de calentura. Sentía los pezones que se le erizaban despacito, más aún cuando Tavo los frotaba.
“Ufff… chupame la pija, linda, dale. No puedo ma’.”, susurró Tavo.
Valentina sonrió y finalmente se venció sola. Se arrodilló frente a las piernas medio abiertas de Tavo y con esa verga hermosa frente a la cara, nada más cerró los ojos y se la mandó dentro de la boca. Chupando la cabeza dentro de su boca, degustando, lamiendo.
“Ahhh.. la puta madre que lo pario… seeee…”, Tavo gruño, sintiendo el calor de la boca de Valentina alrededor de su pija.
Ella perdió la noción de todo. Del tiempo. Del espacio. De donde estaba y que estaba haciendo. Solo sentía la verga marrón del gordo llenandole dulcemente la boca entera. Y sólo sabía que quería más. Lo empezó a mamar con más ganas, la cabeza rubia empezando con el vaivén, disfrutando como la cabeza de esa poronga hermosa le presionaba el fondo de la boca. Sintió la manaza de Tavo acariciándole el pelo, y escuchó su voz por encima de ella.
“Mmm… si… mandatela toda… que linda boquita de puta que tene’...aaahh…”
Valentina le chupó la pija por un rato. Ella no sabía si fueron cinco minutos o veinte. Estaba embobada complaciendo a ese macho en su cocina. Sintió a Tavo mover el torso por encima de ella, entre sus dulces mamadas y gemidos nasales. Abrió los ojos y lo miró, por encima de la panza que tenía en primer plano. Tavo se había sacado la camisa y la había tirado al piso. Ella no sabía si él pensaba que iban a coger ahí mismo o que, pero no dijo nada. Solo siguió mamando verga. Se la sacó de la boca un momento para recuperar el aire, pero no pudo evitar pegársela a la cara y seguir complaciéndola, besándola, lamiéndola, mientras Tavo gruñía todo su placer.

Tavo le acariciaba la cabeza, a veces la presionaba porque quería meterla más profundo. Valentina, extasiada, lo complacía. Esa rendición que sentía por dentro, ese sentimiento inigualable, más las guarangadas que el gordo le decía dulcemente le estaban haciendo chillar el clítoris por debajo del pantalón. Se llevó una mano entre las piernas y se entró a frotar mientras seguía con la boca llena de esa pija villera increible.
“Mmmh… que linda que so’... petera… putita, con vo’ me caso…”
“Mmmph!”, solo podía contestar ella. No sabía que mierda contestar o que decir, solo transmitirle a su macho el placer que ella sentía también.
“Ahí va… ahhh… tragatela toda, puta… hasta las bola’...”
“MMM!”, gruñó Valentina. Tavo se había inclinado y con una mano que descendió le estaba estrujando una teta, con la otra le empujó mas la cabeza, esta vez con fuerza.
“Me vas a saca’ toda la leche, hija de puta! Ahh.. Seeeh…”
“Mmm!”
Tavo se rio bajito, mirandola mientras le presionaba la cabeza suavemente para que tragara mas profundo, “Que lindo que ‘e… hacer cornudo al puto de tu novio… jajajaj”
“Grrrkk….”, Valentina tosio una pequeña arcada al sentir el volumen de la cabeza de la poronga deslizarse un poco y bajarle apenas por la garganta. Tavo la retuvo por el pelo.
“Shhh… tragatela toda, mami… ahí va…”
“Grrrkkk!!!”
Tavo se tensó y le retuvo la cabeza más fuerte, “Mmh… te la vas a tragar, puta… te lleno la panza de leche….”
Valentina sacó la mano que tenía entre sus piernas y como un rayo la llevó a la verga de Tavo, agarrándola por la base y empezó a pajearlo, mientras su boca seguía chupando fuerte.
“Seeeh… mira como quere’ leche…”
“Mmmhhh”, asintió ella con la boca llena.
Pronto Valentina sintió la verga tensarse en su boca, escucho a Tavo largar un bramido suave y al fin eyaculó, chorro tras chorro de semen, espeso y caliente, esparciéndose amorosamente por toda su boca. Valentina casi sintió un orgasmo ahí mismo. Dejó que su boca se llenara un poco más y tragó, con un ruido nasal fuerte. Después tragó más. Y más aún, hasta que al final Tavo le vació los huevos en la boca y sacó su verga húmedecida.
Valentina lo miró desde abajo, recuperando el aire y sonriéndole, acariciando uno de sus muslos. Tavo también estaba recuperando un poco de aire, con una expresión de suave placer en el rostro.
“Que hermosa que so’, nena… ahhh…”
“Vos también”, dijo ella con la voz apenas rasposa.
“Te gustó?”
“Me encantó”, le sonríó, “Que pija hermosa”.
Tavo sonrió y le acarició el pelo rubio, “Va a se’ ma’ linda cuando te la meta toda en la conchita”
Valentina asintió, pero le dijo, “Hoy no, gordi. En serio. Otro día.”
Tavo asintió, “Bueno… dale… pero, negra… esa conchita ‘e para mi ahora, eh?”
Valentina se rió y se puso de pie, Tavo aprovecho para acariciar una de sus tetas, parada ahí, “Tavo no jodas… sabes que tengo novio.”
“Si ya sé. No digo eso. Cogételo si quere’, no me importa.”, le dijo, “Pero esa conchita y ese culito son mío’ también. Que lo sepa’, nada ma’”.
Valentina le sonrió y se inclinó, para que se dieran unos lindos y largos besos de lengua, mientras Tavo le seguía acariciando las tetas.
Cuando terminaron, luego de un ratito de besos y caricias, Valentina le sonrió, “Andá, bolas, dale que se te va a hacer tarde”, le dijo y agarró su remera del piso. Se calzó de nuevo el top deportivo y se puso la remera encima. Tavo hizo lo mismo con sus boxers y el pantalón que había tirado por ahí.
“Si, si, patrona, ya va…”, se rió el gordo.
“Ay no digas eso. No seas gil”
“Que? Sos mi jefa”
“No. Trabajamos juntos, que es distinto. Es como una cooperativa, no sé. No sé bien que es”, se rió ella.
Finalmente Tavo tomó las cajas de la entrega, se besaron y se metieron mano un ratito más porque los dos seguían con hambre y se fué. Valentina bajó a abrirle y al volver al departamento tuvo que cambiarse la bombacha de lo mojada que estaba.
Así comenzó y siguió la rutina de Valentina y Tavo. El gordo iba cuando Valentina lo llamaba porque tenía alguna entrega, lo cual sucedía una vez por semana. Dos, como mucho, en las semanas de buenas ventas. Siempre algún ratito se hacían los dos, durante esas visitas para llevarse las entregas. Se tomaban unos mates. Charlaban.
El gordo siempre aunque sea se llevaba una linda mamada. A los dos les encantaba. A Tavo porque Valentina la chupaba de maravillas. Y a Valentina, quizás más, por lo mucho que le gustaba chupar pijas de moncho. Valentina siempre tenía tiempo para chuparle la verga. Y si no lo tenía, lo hacía. Le encantaba complacerlo. Regalarle (y regalarse) una buena mamada cada vez que Tavo iba, tragándose hambrienta todo lo que los huevos de Tavo le daban


Por supuesto que inevitablemente, ya en la segunda visita de Tavo, Valentina no aguanto más y empezaron a coger también. Más que las mamadas, para Valentina la primera vez que Tavo se la cogió resultó un quiebre. Un quiebre para bien. Todo se le vino de vuelta a la cabeza, entre dulces y violentos orgasmos. Todo. Todos los recuerdos de todas esas pijas villeras que se la habían cogido, tanto y tan dulce, años atrás. Todo volvió, como si nunca se hubiese ido.
Tavo se la garchaba de maravillas. Le daba lindo, duro y parejo a esa hembra, rubia, puta y hermosa que tenía como un regalo de la providencia. Así nomás, a pelo. Sin forro, como Dios manda. Sentirla acabar a esa rubia hermosa, sentir como la concha le apretaba la verga cuando orgasmeaba era la gloria misma. Sentirla gritar de placer al sentir la leche caliente que Tavo le dejaba siempre en el fondo de la concha o bien dentro del culo, mas aun.

Que puta hermosa era Valentina, pensaba Tavo, y que lindo cogía. Tetona, culona y bien puta, como a él le gustaba.
Valentina, por su parte, estaba en el verdadero cielo. Volver a disfrutar, y ser disfrutada, por un tipo así de nuevo, después de tanto tiempo, sólo le daba felicidad. Rápidamente en esas semanas se armó mentalmente la doble vida. Por las noches y durante los fines de semana, era Valentina, la novia de Nicolás. La de siempre, como siempre. A veces hasta cogían y todo. Y le gustaba. Nada había cambiado.
Pero durante esas mañanas en las que Tavo iba al departamento, todo cambiaba. Durante esas mañanas volvía a ser Monito, la puta de los villeros. En éste caso, de uno solo, de Tavo, pero con eso le alcanzaba y le sobraba para gozar y gozar. Esa verga hermosa y ese macho fuerte era todo lo que necesitaba para alcanzar la paz.
Las noches y los fines de semana eran de su Nicolás. Pero esas mañanas en las que Tavo iba a buscar cajas, Valentina era, gustosa y orgullosa, la concha y el culo del pueblo. Personificado, en ese caso, por Tavo. Dejaba de ser de Nicolas, por esos ratos mañaneros, y pertenecía al que quisiera poseerla. A Tavo. Al que la sociedad descartó y ella le dio todo. Valentina nunca se había armado un ranking, no era de hacer esas cosas, pero en la intimidad de su cabeza, si tuviera que armar uno, Tavo estaría ahí arriba. Peleando en punta como el macho que más la hizo gozar y sentirse más plena. Más mujer. Más hembra. Más como Evita, entregada en alma y corazón a la manada que la amaba.
Después de todo parecía que si, efectivamente, las dos vidas de Valentina podían coexistir. Y no existía ningún problema en eso.
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