Aquella mañana salí de casa al gimnasio, después de dejar a nuestras hijos en la escuela.
Mis lcalzas negros remarcaban perfectamente mis nalgas, amoldándose a ellas de manera perfecta.
Mi top, negro también, deja que mis pezones se marquen, mientras mis lindas tetas rebotan al paso de mi trote en la cinta
Mientras corro, puedo sentir la mirada morbosa de Octavio, un tipo que lleva días tratando algo conmigo en el gym.
No me desagrada del todo; es un tipo fuerte, moreno, de brazos bien marcados, piernas muy bien trabajadas,
Después de un rato paso a hacer poleas para hacer un poco de brazo. Octavio, al ver mi poca experiencia en ese aparato, se acerca para ayudarme, colocándose detrás de mí para ayudarme a levantar el peso. En un movimiento calculado, puedo sentir su enorme paquete cargándose en mi trasero.
Ambos hicimos como si no hubiese pasado nada y continuamos la rutina.
Al terminar me despedí y salí con dirección al estacionamiento, aún caliente por el ejercicio y por la sensación que ese animal había dejado en mi culo.
Al llegar a la camioneta vi una de las llantas totalmente desinflada; al parecer se había pichado . Justo en ese momento aparece Octavio nuevamente,
Octavio se puso a quitar el neumático y lo subió a su baul Nos dirigimos a la gomeria .
no bajé, solo bajó él a dejar la llanta, aunque esta vez el mecánico parecía tener bastante trabajo, así que tendríamos que esperar.
Tras unos minutos sonó mi celular: eran de paquetería y estaban en mi domicilio. ¡Pff, lo que me faltaba!
Octavio — ¿Todo bien?
Sí, solo que he hecho un pedido que necesito y justo ahora me ha llegado.
Octavio — Si no vives lejos, podemos ir para que lo recibas.
No, cómo crees, ya sería un abuso.
Tú dime por dónde.
Arrancó el auto, y se puso en marcha.
No vivo tan lejos, así que llegamos rápido. Recibí el paquete y le ofrecí un vaso de agua, a lo que él accedió sin pensar.
Entré con la caja en las manos, sintiendo su mirada en mi cola, aún sudada por el ejercicio previo.
La tienes muy linda.
¿Disculpa?
Tu casa, es muy bonita.
Me reí y le agradecí.
Se sentó en el sofá, con las piernas abiertas.
Preparé una jarra de agua y me dirigí hacia él. Un juguete tirado de mi hija pequeña hizo que tropezara, vertiendo el agua sobre sus piernas y mojándole la verga.
Discúlpame.
No te preocupes, ¿estás bien?
Sí, solo que tropecé. Voy por un trapo.
Al regresar él estaba de pie, sacudiéndose el agua. Yo me agaché frente a él para levantar el vaso que cayó al piso; al subir la mirada pude ver cómo me miraba las tetas, que se asomaban perfectamente al estar agachada.
Nos quedamos mirando unos segundos, como sabiendo lo que iba a pasar.
¿Quieres que te la seque?
A eso vine.
Me arrodillé frente a él pasando el trapo por su miembro, que de inmediato se puso duro.
¿Por qué no mejor lo sacas para secarlo bien?
Tomé su pantalon de la cintura y lo bajé despacio. Mientras bajaba, aquel animal enorme emergía totalmente erecto para mí.
Estaba enorme, de al menos unos 20 cm, con la cabeza colorada
Le pasé el trapo por encima.
¿Así está bien?
Ahora quiero que le hagas encerado, putita…
Abrí los labios lentamente mientras lo miraba fijamente a los ojos. Mi lengua tocó la punta, girando en círculos alrededor de ella; comencé a bajar recorriendo todo el tronco de su verga
Me encanta cómo la lames.
Como una puta.
Abrí la boca y empecé a tragar como desesperada. Esta vez era yo misma la que me ahogaba, colocando mis manos en su cadera y empujando mi boca contra él hasta tragármela por completo.
Colocó su mano en mi nuca y comenzó a cogerme la boquita a su modo, cada vez más fuerte, haciendo que salivara como una perra.
Me levantó el rostro para restregarme su vergota en la cara.
De un tiron me bajó el top dejando mis tetas al aire.
¡Mira qué ricas las tienes, puta!
¿Te gustan?
Me encantan,
Colocó su miembro entre mis tetas y me obligó a masturbarlo con ellas.
Octavio — ¡Ah, qué rico, puta!
Son tuyas, papi.
¡Las tienes bien duritas,
Sí, es que así se ponen cuando me usan…
Octavio — ¡Qué puta eres, samanta
Lo sé… ¡cogeme —le dije mirándolo a los ojos.
Me tiro del pelo para levantarme, poniéndome en cuatro sobre el sofá. Apenas me bajólas calzas y la tanga , sentí su verga entrando dentro de mí,
Una vez entró completa, empezó a arremeter contra mí con todas sus fuerzas, tanto que el sofá comenzó a avanzar con nosotros.
Sentía su verga metiéndose sin piedad alguna dentro de mí una y otra vez, haciéndome chorrear toda.
¿Así te gusta, puta?
¡Sí, así, cógeme duro!
Te gusta que te traten como a una puta, ¿verdad?
Sí,
Empezó a cogerme más duro, tomándome del pelo y haciéndome gemir como perra en celo. Estoy segura de que mis vecinos podían escuchar mis jadeos.
Me tomó del pelo, arrojándome contra el piso.
te voy a coger como lo que eres…
Sujetó mis brazos con su mano, mientras la otra empujaba su pija en mi cola
Me sentía tan dominada y tan puta… sentir a un macho de verdad encima de mí hizo que poco a poco cediera.
Su verga dura empezó a enterrárseme en la cola. Aquí no hubo delicadeza, no dejó que mi culito se adaptara: me lo reventó de una. Su verga entraba y salía como si fuera su casa.
Él estaba como en cuclillas, cogiéndome la colita, mientras yo estaba tirada en el suelo totalmente sometida, …
Tienes un culo de diosa,
Me estaba dando como un toro; yo no podía ni hablar, apenas me quedaba aire para gemir.
Solo imaginar esa escena en tu propia sala: tu esposa en el suelo donde juegan tus hijas, siendo montada por un macho de verdad,
Tomó mi cadera y aumentó aún más las embestidas contra mi cuerpo. Yo ya no podía, me había venido no sé cuántas veces, era solo un trapo siendo utilizado…
Sus huevos gordos chocaban con mis nalgas mientras yo sentía que semejante pedazo de carne me partía llegando hasta lo más profundo de mí. Sentí su última estocada con toda su fuerza mientras se derramaba dentro de mi colita; j
Yo me quedé en el suelo sin fuerzas, sabiendo lo que era ser una puta de verdad.
Mis lcalzas negros remarcaban perfectamente mis nalgas, amoldándose a ellas de manera perfecta.
Mi top, negro también, deja que mis pezones se marquen, mientras mis lindas tetas rebotan al paso de mi trote en la cinta
Mientras corro, puedo sentir la mirada morbosa de Octavio, un tipo que lleva días tratando algo conmigo en el gym.
No me desagrada del todo; es un tipo fuerte, moreno, de brazos bien marcados, piernas muy bien trabajadas,
Después de un rato paso a hacer poleas para hacer un poco de brazo. Octavio, al ver mi poca experiencia en ese aparato, se acerca para ayudarme, colocándose detrás de mí para ayudarme a levantar el peso. En un movimiento calculado, puedo sentir su enorme paquete cargándose en mi trasero.
Ambos hicimos como si no hubiese pasado nada y continuamos la rutina.
Al terminar me despedí y salí con dirección al estacionamiento, aún caliente por el ejercicio y por la sensación que ese animal había dejado en mi culo.
Al llegar a la camioneta vi una de las llantas totalmente desinflada; al parecer se había pichado . Justo en ese momento aparece Octavio nuevamente,
Octavio se puso a quitar el neumático y lo subió a su baul Nos dirigimos a la gomeria .
no bajé, solo bajó él a dejar la llanta, aunque esta vez el mecánico parecía tener bastante trabajo, así que tendríamos que esperar.
Tras unos minutos sonó mi celular: eran de paquetería y estaban en mi domicilio. ¡Pff, lo que me faltaba!
Octavio — ¿Todo bien?
Sí, solo que he hecho un pedido que necesito y justo ahora me ha llegado.
Octavio — Si no vives lejos, podemos ir para que lo recibas.
No, cómo crees, ya sería un abuso.
Tú dime por dónde.
Arrancó el auto, y se puso en marcha.
No vivo tan lejos, así que llegamos rápido. Recibí el paquete y le ofrecí un vaso de agua, a lo que él accedió sin pensar.
Entré con la caja en las manos, sintiendo su mirada en mi cola, aún sudada por el ejercicio previo.
La tienes muy linda.
¿Disculpa?
Tu casa, es muy bonita.
Me reí y le agradecí.
Se sentó en el sofá, con las piernas abiertas.
Preparé una jarra de agua y me dirigí hacia él. Un juguete tirado de mi hija pequeña hizo que tropezara, vertiendo el agua sobre sus piernas y mojándole la verga.
Discúlpame.
No te preocupes, ¿estás bien?
Sí, solo que tropecé. Voy por un trapo.
Al regresar él estaba de pie, sacudiéndose el agua. Yo me agaché frente a él para levantar el vaso que cayó al piso; al subir la mirada pude ver cómo me miraba las tetas, que se asomaban perfectamente al estar agachada.
Nos quedamos mirando unos segundos, como sabiendo lo que iba a pasar.
¿Quieres que te la seque?
A eso vine.
Me arrodillé frente a él pasando el trapo por su miembro, que de inmediato se puso duro.
¿Por qué no mejor lo sacas para secarlo bien?
Tomé su pantalon de la cintura y lo bajé despacio. Mientras bajaba, aquel animal enorme emergía totalmente erecto para mí.
Estaba enorme, de al menos unos 20 cm, con la cabeza colorada
Le pasé el trapo por encima.
¿Así está bien?
Ahora quiero que le hagas encerado, putita…
Abrí los labios lentamente mientras lo miraba fijamente a los ojos. Mi lengua tocó la punta, girando en círculos alrededor de ella; comencé a bajar recorriendo todo el tronco de su verga
Me encanta cómo la lames.
Como una puta.
Abrí la boca y empecé a tragar como desesperada. Esta vez era yo misma la que me ahogaba, colocando mis manos en su cadera y empujando mi boca contra él hasta tragármela por completo.
Colocó su mano en mi nuca y comenzó a cogerme la boquita a su modo, cada vez más fuerte, haciendo que salivara como una perra.
Me levantó el rostro para restregarme su vergota en la cara.
De un tiron me bajó el top dejando mis tetas al aire.
¡Mira qué ricas las tienes, puta!
¿Te gustan?
Me encantan,
Colocó su miembro entre mis tetas y me obligó a masturbarlo con ellas.
Octavio — ¡Ah, qué rico, puta!
Son tuyas, papi.
¡Las tienes bien duritas,
Sí, es que así se ponen cuando me usan…
Octavio — ¡Qué puta eres, samanta
Lo sé… ¡cogeme —le dije mirándolo a los ojos.
Me tiro del pelo para levantarme, poniéndome en cuatro sobre el sofá. Apenas me bajólas calzas y la tanga , sentí su verga entrando dentro de mí,
Una vez entró completa, empezó a arremeter contra mí con todas sus fuerzas, tanto que el sofá comenzó a avanzar con nosotros.
Sentía su verga metiéndose sin piedad alguna dentro de mí una y otra vez, haciéndome chorrear toda.
¿Así te gusta, puta?
¡Sí, así, cógeme duro!
Te gusta que te traten como a una puta, ¿verdad?
Sí,
Empezó a cogerme más duro, tomándome del pelo y haciéndome gemir como perra en celo. Estoy segura de que mis vecinos podían escuchar mis jadeos.
Me tomó del pelo, arrojándome contra el piso.
te voy a coger como lo que eres…
Sujetó mis brazos con su mano, mientras la otra empujaba su pija en mi cola
Me sentía tan dominada y tan puta… sentir a un macho de verdad encima de mí hizo que poco a poco cediera.
Su verga dura empezó a enterrárseme en la cola. Aquí no hubo delicadeza, no dejó que mi culito se adaptara: me lo reventó de una. Su verga entraba y salía como si fuera su casa.
Él estaba como en cuclillas, cogiéndome la colita, mientras yo estaba tirada en el suelo totalmente sometida, …
Tienes un culo de diosa,
Me estaba dando como un toro; yo no podía ni hablar, apenas me quedaba aire para gemir.
Solo imaginar esa escena en tu propia sala: tu esposa en el suelo donde juegan tus hijas, siendo montada por un macho de verdad,
Tomó mi cadera y aumentó aún más las embestidas contra mi cuerpo. Yo ya no podía, me había venido no sé cuántas veces, era solo un trapo siendo utilizado…
Sus huevos gordos chocaban con mis nalgas mientras yo sentía que semejante pedazo de carne me partía llegando hasta lo más profundo de mí. Sentí su última estocada con toda su fuerza mientras se derramaba dentro de mi colita; j
Yo me quedé en el suelo sin fuerzas, sabiendo lo que era ser una puta de verdad.
1 comentarios - mi esposa entregada