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La visita Conyugal/Cap1

La visita Conyugal/Cap1

 CAPÍTULO  1


madre e hijo











⚠️ ADVERTENCIA DE CONTENIDO
Esta es una obra de ficción que contiene escenas de contenido sexual sin consentimiento, incesto, coerción y abuso. Está destinada únicamente a fines narrativos y de entretenimiento.

El contenido presentado no pretende justificar, romantizar ni promover este tipo de conductas, las cuales son inaceptables en la vida real. No intentes reproducir ni practicar ninguna de las situaciones descritas.

Lo que estás a punto de leer puede resultar perturbador, impactante o difícil de olvidar. Este contenido no es apto para todas las personas. Se recomienda discreción al lector.








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Me senté en el centro de visitantes sintiéndome completamente fuera de lugar, paredes de hormigón con pequeñas ventanas de cristal grueso y barrotes de metal que dejaban pasar una luz tenue, complementada por la luz fluorescente del techo. Varios niños se inquietaban, gritaban o se movían nerviosamente alrededor de mujeres que probablemente eran sus abuelas, tías, madres, hermanas, etc.













Otros hombres y mujeres estaban sentados en las pequeñas mesas rectangulares atornilladas al suelo de hormigón. Guardias, hombres y mujeres, estaban en la salida, con las armas bien visibles y el rostro permanentemente entrecerrado, observándonos a cada uno en busca de problemas. Todo muy serio.











De una en una o de dos en dos, las mujeres entraban por otra puerta, escoltadas por guardias femeninas de aspecto severo, con cortes de pelo masculinos o moños apretados que les tensaban el cabello.











Las mujeres a las que escoltaban vestían vestidos caqui azules sin forma o pantalones caqui azules y camisas azules. Todas miraban a su alrededor con recelo y, al ver a algún familiar, sus rostros se transformaban en expresiones de amor o vergüenza, y a veces ambas.













- Visita para Julissa Sánchez...!! —gritó una guardia de complexión robusta, rompiendo la tensión del lugar y haciendo pasar a una mujer a través de la puerta metálica!! A pesar de los años y de la pesada sombra que la había consumido, era ella; su melena rubia conservaba un destello impecable, irradiando una luz extraña y magnética que parecía iluminar por completo aquel frío espacio.













Me puse de pie, con el corazón latiéndome con fuerza, y apoyé una mano en la mesa para estabilizarme. La guardia me señaló mientras la mujer que la acompañaba me miraba con cierta preocupación o confusión. Negó con la cabeza y miró con curiosidad a la guardia, quien puso los ojos en blanco y dijo algo que la hizo moverse, acercándose a mí con lentitud y cautela.















Vestía el vestido sin forma que parecían llevar la mayoría de las prisioneras, era el uniforme de las presas, pero a ella no le quedabs tan holgado como a la mayoría. Intenté reconocer su rostro tal como lo recordaba, aunque eran pocos. Una mujer de 32 años, que parecia de una edad mucho menor, facil unos 28 o 26, con el pelo rubio, largo. Tenía mucho más peso del que yo recordaba, o al menos eso creo!













Su rostro conservaba esa forma redondeada pero de trazos finos, y su busto se mostraba desproporcionadamente abultado, tensando con fuerza en la tela del vestido hasta confirmar que cada uno de mis recuerdos era exacto. Tenía memoria de aquel volumen inabarcable; de hecho, había seguido mamando de su pecho durante mis primeros años de primaria, un detalle que a mi padre le causaba un fastidio. sus piernas eran largas, con los tobillos algo gruesos y unas pantorrillas firmes y bien musculadas, como si fueran unas piernotas echas en gimanasio













Se acercó y entonces sus ojos se abrieron de par en par, mostrándome que eran de un azul tan brillante como los recordaba, al darse cuenta de quién era yo. Se detuvo al otro lado de la mesa y, con una voz que, aunque más áspera de lo que recordaba, reconocí, y dijo.











- No deberías estar aquí, Nicolás. - Sus ojos, de un azul tan intenso, comenzaron a llenarse de lágrimas.

Sentí que me escocían los ojos mientras respondía, con la voz repentinamente.











- Hola, madre!!









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El 19 de agosto de 2010, mi madre asesinó a mi padre, vaciándole el cargador de una pistola automática reglamentaria mientras la golpeaba y abusaba de ella... Yo tenía doce años y no lo presencié, pero ella confesó libremente a la policía cuando llegaron. Creo que los disparos me despertaron y recuerdo estar sentado junto a mi madre en mi cama mientras ella lloraba, abrazándome fuerte con un brazo mientras la pistola tirada, tenia el ojo morado y con la boca ensangrentada, con marcas en su cuerpo, no desnuda pero mostrando partes intimas. Creo recordar vagamente haber comprendido que algo le había pasado a mi padre, pero no me sentí realmente afectado ni en lo mas minimo.

















El peso de aquellos recuerdos, guardados en la memoria como fragmentos dolorosos y oscuros, mantenía viva una sombra difícil de borrar. Él era cruel conmigo y con mi madre... Escuchar los gritos desde la cocina, con el cuerpo tenso y escondido en las sombras, había dejado una huella profunda, convirtiendo aquellas escenas de violencia y abuso en imágenes tan enfermas y morbosas que la mente reproducía una y otra vez, atrapada entre el rencor hacia la crueldad del padre y el eco de un pasado que costaba dejar atrás.















Tenia algunas escenas tan marcada... Una de ellas recuerdo seguía grabada a fuego en mi mente, presenciado de principio a fin desde la oscuridad de las sombras. Eran las doce y media de la noche cuando mi padre había llegado tomado, arrastrando los pasos con torpeza. Cuando le marcaba que iria como siempre, mi madre lo esperaba en la cocina con la comida caliente lista sobre la mesa, temblando en silencio esperando hasta que llegara no importa la hora siempre tenia que esperarlo.















Llegó tambaleándose, con la camisa a media desabotonada y la botella de licor colgando floja de los dedos, directo hacia la cocina como siempre que llegaba noche. Mi madre lo esperaba de sentada junto a la mesa, llevaba puesto uno de esos vestidos cerrados que le llegaban más abajo de las rodillas, porque él nunca le había permitido usar nada que insinuara o mostrara demasiado. Pero ni las telas más recatadas lograban ocultar lo inevitable: sus pechos enormes, de una proporción casi impensable, se marcaban con fuerza, tensando y deformando la tela del vestido en la parte superior, contrastando de forma brutal con sus caderas muy amplias y la sumisión temblorosa con la que aguardaba su llegada.















Apenas se acercó a la mesa, mi madre intentó pronunciar una palabra para recibirlo, pero antes de que pudiera terminar, él le soltó una cachetada brutal y seca que resonó en toda la estancia. El impacto fue tan violento que hizo temblar con furia los descomunales pechos que tenia... juraría que, por un segundo, la fuerza del golpe casi hizo que se le salieran de la tela. Aunque el vestido era cerrado y sin escote aparente, el tamaño monstruoso de sus tremendas chichotas estiraba y abombaba la tela de tal manera que creaba un mega escote natural y desbordante. Con el mismo impulso del golpe, ella se fue de lado!! tambaleándose, pero él la agarró del cabello con rabia, la levantó sin contemplaciones y la empujó de golpe contra la barra de la cocina.













Desde mi escondite en la orilla hasta el fondo, el corazón me latía con fuerza mientras veia todo. Él se había colocado justo a sus espaldas, aprisionándola contra la fría superficie de la barra de la cocina. Le hablaba muy cerca, pegando la boca a su oído con un murmullos, arrastrado y gangoso por el alcohol, de modo que sus palabras se confundían en un balbuceo incomprensible.













A la distancia, oculto en las sombras, yo solo alcanzaba a ver cómo la sujetaba con violencia del cabello, obligándola a arquear el cuello mientras mi madre, con el rostro desencajado y tembloroso, giraba lentamente la cabeza para mirarlo, atrapada entre el miedo y la sumisión absoluta a la que la tenía sometida.













Bajo la sombras apenas rota por la luz de la luna que se filtraba a través de la ventana y cortinas, alcancé a distinguir el brillo de las lágrimas contenidas en los ojos de mi madre. Hilario, con movimientos bruscos y autoritarios, comenzó a besarle el cuello, recorriéndolo con la lengua de manera posesiva hasta llegar a su oreja y, finalmente, forzarla a recibir sus labios.

En un instante, le propinó una fuerte cachetada en sus nalgas, muy violenta que resonó con fuerza en el silencio de la casa.











- PLASH!!!! - El sonido hizo que mi madre soltara un gemido ahogado por el impacto.









- AAGHH!!! - Con el latigazo del golpe, el peso de sus enormes pechos se sacudió con violencia hacia el frente, estirando al límite el escote del vestido hasta hacerla ceder. Desde mi posición los veia de lado, casi, la escena era inconfundible: la fuerza del movimiento hizo que casi se le salieran por completo. Su piel blanca resplandecía con un brillo pálido en la poca luz, lo que permitía distinguir con total claridad la enorme y oscura silueta de la areola y el pezón asomándose al borde de la tela desbordada.















Con una mano rápida, lo vi bajar el cierre de su pantalón mientras con la otra seguía aprisionando el cuello de mi madre desde atrás, las manos de mama estaban recargadas en la barra. Aunque el largo vestido de ella estorbaba y ocultaba parcialmente la escena, en cuanto se inclinó y le levantó la tela con violencia hasta la altura de las caderas de nadie lo agarra por el tamaño de las caderas y su cintura pequeña solita se quedaba la tela ahi, quedó al descubierto un volumen increiblemente grande de culoo.... las enormes y carnosas nalgotas de mi madre se veian totalmente ante mis ojos, unas nalgas de proporciones inmensas, que brillaba toda esa carne entre la oscuridad!!!













En ese instante, su miembro erecto se distinguió con claridad, desde mi perspectiva se veia muy gordo, con una cabeza muy grande, su miembro parecia del tamaño de una coca cola de lata, presionado y pegado directamente contra una de sus nalgas. Ella llevaba puesta una lencería tipo cachetero, pero debido al tamaño tan abrumador de su trasero, la prenda se le había metido por completo en la rayota que formaba su culote, transformándose visualmente en una tanga ajustada al límite!!













Pude ver cómo Hilario saciaba su mirada, pasando la lengua por los labios con deleite mientras abarcaba toda esa extensión de carne, antes de soltarle otra nalgada feroz que hizo eco en el silencio.











- Ugggr...! — gruñó mi madre, con un sonido sordo y ahogado por el golpe, que esta ves sonaba distinto. mando su mano a su nalga para ella misma sobarse y solo apoyarse de una en la barra. - No me la metas.... por favor....!!!!











El impacto provocó que el gigantesco trasero de mi madre temblara con una vibración tan intensa y bastante obscena.

De inmediato, él le bajó las bragas con brusquedad, las piernas de mi madre eran tan macizas e imponentes que la prenda quedó atrapada y enredada a mitad de sus anchos muslos, sirviendo apenas de traba antes de que, con un escupitajo rápido que lubricó la zona de su glande que era muy grande, Hilario dio un movimiento de cadera y, con un solo movimiento, terminó por introducir por completo su miembro dentro de ella.













- Uuuuyyy...!!! — gimió mi madre, apretando los labios con fuerza mientras las lágrimas brotaban y corrían por sus mejillas. Con la primer estancada salieron sus enormes tetotas del escote!!!













A pesar del dolor y de la brutalidad de la escena, la expresión en su rostro comenzó a transformarse de manera distinta era evidente; el sufrimiento se mezclaba y mutaba en una mueca de placer inconfundible. Desde mi escondite, lo sabía bien: aquella cara era completamente distinta, justo la cara que ponia cuándo estaba con otro hombre que no era mi padre...













- Aayyy, las tienes muy... gordaa...!!! No te mueves, deja que se lubrique mi vagina... POR.... FAVOR.... mmmmgg...!! —balbuceó ella, mordiéndose los labios con desesperación mientras sentía el grosor desmedido ocupando cada rincón de su interior, conteniendo el aliento en un intento por adaptarse a aquella presión inabarcable.










mama chichona












Hilario no le dio tregua ni le permitió terminar la frase... de inmediato, arremetió con movimientos totalmente bruscos, desatando una serie de embestidas salvajes y rítmicas que hacían eco con un sonoro













- Plas, plash!!! - en toda la cocina.

Desde mi escondite, mis ojos no se podian apartar de la escena, era terrible pero no podia dejar de mirar... cada golpe de cadera hacía que las enormes nalgas de mi madre temblaran con violencia, por lo mismo de las dimensiones que tenia de tamaño, tenia una que otra celulitis en su gigantesco culo, eso era el toque perfecto de belleza.













Incluso el peso de sus testículos de hilario se distinguía con claridad, golpeando y rebotando contra los muslos de ella, parecían dos enormes canicas golpeando un colchón, las piernas de mama permanecían semicerrados y aprisionando el ritmo implacable de la embestida.













Levantó la vista. Julissa estaba disfrutando y desnuda hasta la cintura, pude ver cómo se entregaba por completo a aquella vorágine de sensaciones, dejaba escapar gestos de disfrute. Sus grandes y carnosos senos colgaban pesadamente de su pecho, sacudiéndose y balanceándose con una libertad tan morbosa como hipnótica a cada golpe seco de cada maldita embestidas. La tenue luz que se filtraba por la ventana acariciaba su piel, perfilando los volúmenes y haciendo que sus pechos se vieran aún más imponentes y mega magnéticos en medio de la oscuridad.














mama tetona












El ritmo del vaivén era tan frenético e intenso que parecía que Hilario iba a desmayarse en cualquier momento; su respiración se volvía un silbido ronco y entrecortado, con el rostro desencajado y la mirada completamente perdida y gimiendo como un violador, no solo por los efectos del alcohol, sino por el frenesí absoluto del momento!! A pesar de quedarse sin aire, continuaba penetrándola con una furia implacable, muy rapido, como si aquella fuera la primera y la última vez que pudiera poseerla.















El cuerpo voluptuoso de mi madre, July, respondía y se acoplaba al compás con una entrega total, moviendo las caderas a la par mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y dejaba escapar gemidos descarados, entregada por completo a la escena. Sus enormes pechos no dejaban de rebotar y agitarse con cada sacudida violenta.











- Ayyy...!! Me lastimas... cabron!!! más despacio... laaa...... tienes muy.... gorda...!!! Aaahhhggg!!! — clamaba entre suspiros desbordados de gozó. — Sacala.....!!!! por favor malditoooo..... AAhhhh!!!











A cada embestida implacable, Hilario intercalaba golpes secos con la palma de la mano abierta sobre ambas nalgas, haciendo que aquella inmensa masa de carne vibrara y se estremeciera con furia aún mayor en la cocina.













Aquel espectáculo se había convertido en una pesadilla espantosa que me costaba soportar con los ojos abiertos, pero que, de manera perturbadora y retorcida, despertaba en mí sensaciones físicas totalmente nuevas que jamás había experimentado. Sonaba enfermizo, repugnante incluso de admitir, pero una parte oscura de mí sentía una extraña fascinación por presenciarlo, como si el horror y una extraña excitación prohibida se fundieran en un mismo pulso.













Al instante, una ola de culpa profunda y corrosiva me devoraba por dentro, haciéndome sentir un asco absoluto de mí mismo. Cómo era posible? Cómo mi mente, atrapada en aquel infierno, había sido capaz de sentir un destello de deseo, una chispa de atracción mientras contemplaba con mis propios ojos cómo aquel monstruo violaba brutalmente a mi progenitora? atrapado en un laberinto mental donde no sabía cómo describir ni procesar lo que mi propio cuerpo y mente estaban sintiendo.













Con una mano aferrada con fuerza salvaje a su cabello, tirando de él hacia atrás sin interrumpir ni un solo segundo el ritmo vertiginoso de sus embestidas, Hilario inclinó el torso sobre ella, escupiéndole palabras cargadas de una furia desatada y posesiva!













- Eres la más puta de toda la ciudad...!! Tu pepa es la mejor del pinche mundo y es completamente mía...!!! Siempre serás mi puta chichona... solo mia!!! — bramaba, trabándose entre jadeos roncos, pesados y ahogados que brotaban sin control de su boca.











El eco de su voz se mezclaba con el sonido de los golpes y con los gritos desesperados y agudos que mi madre lanzaba al aire, atrapada por completo en el torbellino de aquella agresión desbocada.












mama culona










Sus gritos se confundían entre el dolor punzante y un ardor inconfundible que le recorría por dentro, haciendo que cada fibra de su cuerpo se estremeciera.











- Ayyyy... Dios mío, ya... para, me duele...!!!! hhhuuummm...!!!!! —balbuceaba jadeando fingiendo un llanto desgarrador. le quemaba las entrañas, obligándola a arquear la espalda y entregarse por completo a su fuerza.















La escena se volvía cada vez más cruda y desquiciante. Mientras la penetraba con furia, aquel miembro grueso que brillaba, goteando los fluidos de la intimidad de la vagina. Las manos de Hilario, toscas y violentas, se estrellaban contra sus senos colgados, abofeteándolos y apretándolos con fuerza. Era un espectáculo de tetas... a pesar de tener las manos grandes, le era físicamente imposible contener todo aquel tetamen, toda la masa de las enormes putas chichotas se le desbordaba entre los dedos.

En el rostro de mamá, atrapada en medio del suplicio, los gestos se cruzaban en una mueca indescifrable donde el dolor y el placer se fundían en un mismo grito sofocado.













Mis manos, ocultas en la oscuridad de aquel pasillo, se apretaron con tanta fuerza contra las paredes que los nudillos me dolían. El contraste entre el horror de lo que estaba presenciando y la forma en que mi cuerpo reaccionaba me generaba un nudo en la garganta, una mezcla de repulsión y un calor repentino que me quemaba por dentro, recordándome que ya no había forma de borrar estas imágenes de mi cabeza.











Aquel espectáculo no solo desafiaba toda lógica moral, sino que se clavaba en la mente como una condena perpetua; ver a una mujer de formas tan exuberantes, con unas caderas y unas nalgas descomunales y unos pechos tan enormes que se agitaban sin compasión.... En verdad unas tremendas chichotas tan gigantes que parecían planetas de tetas!!! gimiendo con desesperación mientras las lágrimas surcaban su rostro encendido y sonrojado, era una imagen tan aberrante.















Era el retrato crudo de la humillación, donde la fuerza bruta y los golpes dictaban el ritmo de un dolor que se entrelazaba de forma enfermiza con el éxtasis. Pero el verdadero horror, el abismo definitivo del que ninguna psique humana sale indemne, radicaba en la verdad de la sangre: comprobar que el cuerpo sometido en aquel suplicio era el de tu propia madre, y que el salvaje que la poseía sin piedad era el hombre al que estaba obligado a llamar padre. Una estampa de depravación absoluta que dejó el alma rota y atrapado para siempre.











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Mi último recuerdo de mamá es de ella extendiendo la mano hacia mí, sollozando y gritando mi nombre mientras un policía me llevaba, intentando ocultarme la vista de una sábana blanca sobre el sofá, manchada de un rojo oscuro.













Los ojos de mamá habrían estado muy rojos de tanto llorar de no ser por los moretones que casi le cerraban los ojos, moretones que prácticamente le cubrían la cara. Su largo cabello rubio le caía sobre el rostro, impidiéndome verla por última vez.















El 1 de febrero de 2011, Julissa Sanchez fue condenada a 15 años de prisión por el asesinato de su pareja, Hilario Montenegro. Julissa, o july como la llamaban, tenía 25 años. Los esfuerzos de su abogado defensor por lograr la absolución basándose en la contundencia de las pruebas de maltrato físico, o al menos una reducción de los cargos, fueron en vano, no tan vano ya que la familia del fallecido buscaba darle minimo 40 años de carcel. Cuando uno asesina al hijo de una familia con dinero y metido en la politica, se enfrenta a graves consecuencias. ya que por lo que habia pasado era para que no tuviera ni si quiera un año ya que fue en defensa personal por maltrato.

La familia del abuelo era tan poderosa que incluso en la actualidad que tenian mas derechos las mujeres, con ellos no era posible.













Para entonces, por supuesto, yo ya estaba bajo la tutela del estado, sin saber que el politoco de mi abuelo Don Anselmo Montenegro había decidido borrar cualquier conexión conmigo entre su difunto hijo considerandome como un bastardo y, como él diría más tarde, "esa miserable escoria y perra blanca de la madre que salió del lado equivocado de la vida y su bastardo deshonrado, esa mujer que solo sirve para complacer al hombre".















Hilario no la había conquistado de forma común; la había arrebatado de su vida cuando ella apenas era una niña de doce años y él apenas tenía diecisiete. Con la ventaja aplastante de venir de una familia con dinero y posición, mientras July crecía en la carencia y la vulnerabilidad más absoluta, la había engatusado fácilmente con promesas vacías y regalos, atrapándola en una trampa de la que jamás pudo escapar. Aquel noviazgo no era más que una condena firmada desde el día en que la compró con falsas ilusiones, convirtiéndola en la sombra sumisa y prisionera de el.













A los primeros meses de orfanato, fui adoptado por una pareja mayor, que por entonces rondaba los cincuenta años y no tenía hijos desde mediados de la década, cuando su único hijo murió. Fabian y Ana villa se convirtieron en mis padres adoptivos y me sacaron de la ciudad a un pequeño pueblo del oeste, donde continue con mi vida feliz como cualquiera podría desear. pero sin sacarme todas las escenas tan perversas y morbosas que habia visto con mi padre y madre.













Ambos eran personas maravillosas. Papá, tras su apariencia ruda y gruñona, era un padre estupendo que me enseñó con su ejemplo a ser un buen hombre. Mamá era como una mujer muy amable, pero adaptada al mundo moderno: compaginaba su trabajo como maestra con la crianza de su familia. Me sentía querido y lo sabía, y yo también los quería muchísimo a ambos.













Aquellos meses fugaces que pasé atrapado en el orfanato me demostraron que la podredumbre no era exclusiva de mi sangre, sino un virus que infectaba a todos por igual. Convivir con chicos de mi misma edad me abrió los ojos a una realidad desoladora: tenían la cabeza completamente podrida, obsesionados de forma enfermiza con cualquier mujer que cruzara la puerta y tuviera caderas prominentes o un busto generoso.

Las enfermeras y cuidadoras que intentaban mantener el orden en la clínica no podían dar un solo paso sin ser devoradas por miradas lascivas, susurros sucios y un morbo generalizado que lo manchaba absolutamente todo, recordándome que el mundo exterior era solo un reflejo amplificado del mismo infierno del que venía.















Los años pasaron arrastrando los recuerdos de aquella época, borrando los detalles cotidianos y dejando que el pasado se desvaneciera en el olvido. Sin embargo, había algo que ni el tiempo ni la distancia lograron arrancar de mi jodida memoria: el rostro de mi madre. Pese a la sombra de aquella vida de sumisión y a los fantasmas que la envolvían, en mi mente siempre perduró intacta, imaginándola eternamente hermosa, demasiado bella con ese tono tan blanco y cabello rubio natural, con una belleza tan profunda y magnética, pero marcada para siempre por una tristeza inabarcable que jamás pudo apagar del todo.















Los orígenes de mi madre eran tan frágiles como el resto de su vida; ella no venía de una familia con apellidos importantes, fortunas ni redes de apoyo que la protegieran. Lo poco que alcanzaba a recordar de su pasado familiar se reducía a retazos lejanos: su propia madre, mi abuela, de quien se decía que un día simplemente se fue, desapareciendo sin dejar rastro, sin que mi madre volviera a saber absolutamente nada de ella ni a recibir una sola noticia suya.













Aparte de ese vacío desolador, apenas quedaban en su memoria los nombres de unas primas algo lejanas, Lourdes y Renata, con quienes el lazo familiar se había roto hacía tanto tiempo que su existencia parecía más un mito que una realidad. Aparte de que vivian en otra ciudad... Estaba completamente sola en el mundo, flotando a la deriva antes de ser atrapada en las redes de la familia Montenegro, sin nadie que la rescatara del infierno en el que terminó convirtiéndose su vida.













Todos los recuerdos, aparte del de ella sollozando mientras intentaba aferrarse a mí en aquel último instante, era el de nosotros dos en un picnic, comiendo siendo felices ambos.

A veces, la memoria es un territorio peligroso que decide rescatar los fragmentos más puros para mezclarlos con los más oscuros....











La recordaba así, con una luz cálida y natural que parecía abrazarla, extendiendo la manta en el suelo con una sonrisa suave en sus gruesos labios, ajena al mundo y a la condena silenciosa que la consumía cada día. Era una mujer de una belleza arrebatadora, casi irreal; su melena rubia y larga enmarcaba un rostro de facciones perfectas, coronado por unos ojos de un azul tan intenso y brillante que perforaban el alma.













Pero lo que más me carcomía por dentro, lo que convertía cada uno de estos recuerdos en una fuente de profunda de culpa y asfixia, era reconocer que mi mirada adolescente no solo veía el dolor o la dulzura de madre, sino una atracción física innegable hacia su cuerpo voluptuoso.

Saberlo y admitirlo en la intimidad de mis pensamientos, me mataba muy lentamente por dentro, haciéndome sentir que estaba tan corrompido como la propia casa en la que vivíamos.











Recuerdo abrazos y besos, y ella persiguiéndome mientras yo reía hasta quedarme sin aliento. Al final, todo lo que me quedaba era el recuerdo de que me amaba a toda costa y era lo unico que le quedaba.....











Y cuando cumplí diecinueve años y mi padrastro Fabián Villa decidió que ya era lo suficientemente mayor para conocer las verdades que se ocultaban bajo la alfombra de la familia, me sentó frente a él y me reveló la historia completa.

Fue un relato crudo, exacto y sin filtros sobre Hilario Montenegro.













Todo lo que Fabián me contó encajaba a la perfección con la sombra oscura que habitaba en mis recuerdos: Hilario era un hombre violento, alcohólico y empedernido mujeriego que se perdía en los vicios y en las faldas de cuanta mujer se cruzara en su camino.













Pero lo que salió a la luz superaba cualquier límite de la depravación. Su historial familiar estaba manchado por el horror absoluto!! se decía que había violado a su propia hermana mayor de 5 años, Salomé Montenegro. Hilario era el menor de los hermanos, y en la cúspide de esa dinastía corrupta estaba el mayor, el intachable y honorable Gonzalo Montenegro. En total eran 3 hermanos, se llevaban por 5 años cada uno.









CONTINÚA 






ME VOLVIERON A BLOQUEAR LA CUENTA Y ME BORRARON EL CAP DE SCORT NO SE CUANTO TIEMPO ESTE ASI.


YA ME ACTIVARON LA CUENTA, NO SE QUE PASO. PERO SI BORRARON LOS CAPITULOS DE LACTANCIA Y SCORT.



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