
Cuando terminé mi carrera, comencé a trabajar en un hospital infantil. Me asignaron al área de urgencias, donde el ritmo era sumamente movido; sin embargo, durante las noches ocurrían cosas increíbles. Mi horario consistía en dos turnos nocturnos seguidos por dos días de descanso. Una noche, al llegar a mi turno, noté a una enfermera nueva: era una joven de aproximadamente 19 años con un tremendo culo y unas tetas pequeñas pero llamativas.
Ella estaba reemplazando a una enfermera veterana. Cuando me la presentaron, me guiñó el ojo. El turno comenzó a las 7:00 p. m. y, para cuando dieron las 12:00 a. m., todo estaba más calmado. Éramos tres médicos en total y nos turnábamos para dormir; mi horario de descanso era de 12:00 a. m. a 3:00 a. m. Al entrar al cuarto de descanso médico, me llevé una sorpresa: la enfermera nueva estaba ahí.
La habitación tenía dos literas, pero estaban completamente ocupadas. El único espacio disponible era una colchoneta matrimonial en el suelo, y ahí estaba ella acostada. Me acomodé a su lado, con la mirada fija en el techo, pero no podía conciliar el sueño. De repente, ella me inició conversación y me preguntó cuántos años tenía. Le respondí que 22 años; estaba sorprendida porque me dijo que era el médico más joven de todo el hospital. Le dije que ella era la enfermera más joven y más sexy de todo el mundo. Se sonrojó. Me preguntó si tenía pareja; le dije que no, ella también estaba soltera. De repente se acostó de medio lado en posición fetal, y yo también, pero respetando la distancia.
De repente se rueda hacia atrás y pone su cola en mi pene. Sentí cómo la sangre se iba toda a mi pene y cómo se me prendía una erección. Ella lo notó y se iba moviendo lentamente. Me dijo: «Qué rico», y yo le pregunté qué pasó. Me dice: «La tienes grande». Yo solo me reía. Poco a poco se movía cada vez más.
Fui al baño, me lavé la cara, respiré profundo y, luego de salir del baño, me fijé que las dos enfermeras que estaban acostadas estuvieran durmiendo, y efectivamente estaban profundas. Apagué la luz, me acosté nuevamente en cucharita. Ella nuevamente mueve su culo y me da unos movimientos circulares en mis piernas. Me saqué el pantalón, quedé con mi verga al aire, le bajé su pantalón y ¡sorpresa!, sentí que tenía un hilo. Le susurré al oído: «Eres una bandida», y se reía.
Tomé mi pene y se lo pasaba por su vagina y ano, lentamente. Ella susurraba: «Qué rico, doctor, tiene la verga muy dura». Movía nuevamente mi verga por su vagina. Moví su hilo hacia la derecha para que pudiera entrar mi verga en su vagina, pero la pasaba por su vagina y luego por su clítoris, como cuando se usa una brocha para pintar. Dio un suspiro y me dijo: «Por favor, métela ya».
La metí poco a poco; estaba mojada. Sentí calor y una presión en mi verga, estaba muy cerradita. Empecé lento para no hacer ruido. Con mi mano le tapaba su boca para que no gritara; lo que hizo ella fue chuparme los dedos mientras le iba metiendo mi verga poco a poco. Aumenté la velocidad y sentía cómo se mojaba cada vez más, y ella misma aumentó el movimiento. Le estaba metiendo la verga de medio lado, estábamos en cucharita. Cada vez el movimiento fue más rápido; mientras metía mi verga en su vagina, le metí mi dedo índice en su ano. Le encantó.
Se sacó la verga, se quitó por completo su pantalón de pijama antifluido, se montó encima de mí y empezó a cabalgarme cada vez más rápido. Nos besamos con lengua mientras le metía mi verga dura y gorda. Sentía que se mojaba cada vez más. Me dijo al oído: «Me vengo». Le di durísimo, casi mis testículos entraban en su vagina. Ya el ruido era muy fuerte. Me dijo: «No aguanto más...». Estaba a punto de venirme tratando de aguantar, y me vine dentro de ella. Quedó temblando encima mío. Nos abrazamos y le di un beso superapasionado con lengua.
Nos metimos al baño, vi cómo le caía de su vagina mi leche. Se lavó su vagina solo con agua y yo también hice lo mismo: limpié mi verga con agua. Nos dimos un abrazo y se hicieron las 3:00 a. m.; ya se terminaba mi tiempo de descanso. Me tocaba seguir atendiendo pacientes y con ella. No tenía idea de lo que pasaría las próximas horas restantes del turno...
0 comentarios - La enfermera Adriana una completa perra, parte #1