A mis queridos cuatro lectores:
Para entender la trama de este relato, es conveniente leer sus tres primeras partes acá:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6102801/El-motivo-relato-gay.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6423502/El-motivo-2-relato-gay.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6425308/El-motivo-3-relato-gay.html
Martín se prendió en el acto a mi invitación, nunca había hecho un trio, y la idea de coger con los dos amigos de los que Luis, el puto de su vida, el primero que se había comido su pija, le había hablado siempre tan bien, le encantaba. También tenía ganas de pija, me dijo, pero su gran poronga lo condenaba muchas veces a escuchar la frase de Luisito: "Hoy no tengo ganas, la próxima te cojo". Francamente, su culito le pedía, y a veces le daba un poco de bronca andar rogando para que se la metan un poco. Tomé nota. Quedamos para el día siguiente, a eso de las 3 de la tarde, por supuesto en casa de Juan.
Conversé mucho con mi primo sobre el encuentro. Juan iba a ser el primero en comerse la boa constrictora, eso ni se discutía. ¿Pero la lencería? No, decidimos que eso quedaba para compartir entre nosotros dos nada más ¿Y cómo lo recibíamos a Martín?
-Che Juan, ¿te parece que hagamos algo parecido a cuando vos me recibiste a mi? Le abrimos por el portero, sin llaves en las puertas y que cuando llegue acá nos encuentre a los dos desnudos y boca abajo sobre la cama mostrando los culitos?-
- Naaa, eso es de re trolo, no quiero que se la crea que somos dos putos regalados-
-Bueno si, no somos tan maricas, pero vas a ver cuando te comas la de Martín cómo te vas a poner loquita-
-Espero bancármela-
-Si querés te preparo un poco-, le dije mientras le acariciaba el muslo-
-¿Con ésta me vas a preparar?- Juan empezó a manosearme la pija.
-Siiiiiiiiiiiii- La boca de Juan no esperó, empezó a lamer, empezó a chupar mi glande, me puso el culo en la cara, mi saliva lo lubricó, mi lengua lo dilató y en un par de minutos volví a llenar el culito rico de mi primo, entre gemidos, chapoteos y nalgas chocando contra pubis.
-Ay Lu, nunca voy a dejar tu pija primo, por más grande que la tenga Martín, soy tuyo Lu, cogeme, haceme sentir todo lo puto que soy, por vos primoooo-
-Nunca voy a dejar la tuya Juan, ni tu culo que me enseñó a coger, ni los besos que ahora te animaste a darme. Tomá primo, tomaaaaaaaa-
Juan acabó en las sábanas, yo lo más adentro del culo de mi primo que pude. Si Martín había cambiado para siempre mi culo e iba a cambiar el de Juan de la misma manera, esa semana entera que pasamos con mi primo en la cama, sin la menor noción del tiempo, sin más ropa que la piel, y alguna bombachita, nos cambió para siempre, asumimos totalmente y para siempre nuestra homosexualidad y comenzamos a vernos como mucho más que primos que se cogen, la vida y el coraje para salir del armario terminarían de unirnos cuando fuera el momento.
Luego del polvo terminamos de acordar todo. Juan iba a estar desnudo en la cama sentado contra el respaldo. Yo me iba poner una camiseta del Dibu que me llegaba a medio muslo y debajo, nada. Con eso le iba a ir a abrir la puerta a Martín. Lo que pasara en el camino de la puerta al dormitorio ya era asunto mío y de Martín...
Llegaron las 3, riiing, re puntual. Le abrí con mi sonrisa más sensual. Él estaba serio, lo tomé de la cintura y le besé los labios.
-Che, ¿estamos seguros acá?-
-Si Martín, tranquilo, seguros totales, si no me creés mirá- Me subí la camiseta y le quebré la cola. Giré mi cabeza, vi su sonrisa, comencé a refregarle mis nalgas por el bulto, ahí nomás me estampó contra la pared del pasillo y me empezó a apoyar mientras me besaba el cuello.
-Pará, pará, paraaaaaaaaá, que nos espera mi primo. Desvestite dale, así entramos los dos en bolas- Martín en un santiamén se quitó la remera y el jean, el muy trolo no traía bóxer, yo me quité la camiseta, dejamos todo tirado en el piso y tomados de la mano entramos al dormitorio. El muy puto de mi primo estaba sentado contra el respaldo y jugando con los deditos en su esfínter.
-Hola Martín, al fin!-
-Hola Juan, ¿siempre así recibís a tus conocidos?-
-Jajaaaaaaaaaaaa- Nos reímos todos.
Nos sentamos los tres en la cama, charlamos un rato, nos manoseamos un poco, nos contamos cosas de putos, recuerdos de Luis y de qué bueno que mi vocación de Sherlock me haya llevado a conocerlo y algo más. Llegó el silencio, miré a Juan, me miró, sonreímos y nuestras manos fueron a buscar esa poronga enorme que los dos deseábamos. Nos paramos a un costado de la cama, los dos primos trolos nos arrodillamos uno a cada lado de la pija de Martín y nuestras lenguas comenzaron a lamer ese delicioso caramelo de carne. Juan enseguida se lo metió en la boca mientras yo le lamía la raíz y las bolas. Martín nos acariciaba la cabeza y sonreía. Seguro se imaginaba que otra vez su culo no comería pija.
-Así mis putitos, prepárenmela bien así les rompo el culito-
En dos minutos los 25 cm de Martín quedaron al palo, nos alzamos y nos besamos, Juan en un minuto estaba en el borde de la cama abriéndose las nalguis, yo se la chupé un poco más y después le di una chupada larga al culito de mi primo para prepararlo, mientras Martín me la frotaba por la rayita y me hacía mear de calentura. Me subí a la cama, con mis rodillas a la altura de la cabeza de Juan, agarré la pija de Martín, la chupé un poquito y la llevé al agujerito mojado y tembloroso de mi primo. Martín lo tomó de la cadera y dio el primer empujón, el grito de mi primo se oyó en toda la casa, comenzó a lagrimear, mordió la almohada, recibió el segundo empujón. Yo le acariciaba la espalda, la cabeza, las nalguis, le decía "tranqui primo falta poco", pero veía todavía 20 cm de pija fuera de las nalguitas de Juancito. Tercero, cuarto, quinto, al fin el pubis de Martín golpeó contra las nalguis de mi primo, le di un besito a Juan, le comí la boca a Martín, meneando las nalgas como una putita me fui a la cocina a hacerme un café y los dejé solitos. Mientras me preparaba el café escuchaba los gritos de dolor de Juan, mientras lo tomaba, los gritos fueron desapareciendo y los gemidos y los susurros de los dos empezaron a decirme que los dos trolos ya estaban gozando a lo loco. Pajeándome fui al dormitorio. Martín con las manos en las caderas de Juan lo empernaba furiosamente, a veces lo levantaba en el aire y caía junto a él en la cama, que golpeaba contra la pared. Juan me miró.
-Ay primo, esto es lo máx!!!-
-Lo se Ju, lo seee-
Recordé la queja de Martín. Me puse detrás de él, le abrí las nalguis y comencé a chuparle el ojetito. Esa vez en el telo ni se lo había visto, ese ratito que se la puse fue porque él me había cabalgado, ni le vi el ojete. Ahora mi lengua lo acariciaba, cerradito, tibio, oscuro.
-Me van a hacer sanguchito?- Siiiiii, le dije, se la apoyé y le di el primer empujón.
-Ay brutooo, lubricame- gritó, sin dejar de bombear a Ju. Mi primo estaba en el cielo recibiendo pija, mejor no preguntarle, fui a la cocina, vi el aceite, pensé que iba a enchastrar, abrí la heladera, vi la margarina untable, me llevé la cajita, me embadurné la pija con la crema amarilla esa y le metí un dedo encremado en el culito. Se la mandé de una, genial la margarina. Gritó, dejó de coger a Juan, pero yo ya lo tenía bien agarrado de la cadera y con mi pubis contra sus nalgas. Juancito se dio cuenta y empezó a cogerlo con el culito, subiendo y bajando su cadera.
-Ahhhh- exclamó Martín, se fue dilatando de a poco y al ratito ya era tan putito y comilón como nosotros dos, gemía cuando yo se la clavaba, gemía cuando Juan levantaba y bajaba la cadera, No duró mucho, en minutos, gimiendo a lo loco y gritando "siiiiiii", le llenó de leche el culito a mi primito. Yo no pude aguantar mucho más y al fin lo preñé de verdad por primera vez. Martín cayó rendido sobre Juan, mi pija se salió, le abrí la colita y vi que mi leche empezaba a escurrírsele, me puse orgulloso como si fuera el re macho pijudo, celu y foto para el recuerdo.
Nos acostamos, Martín en el centro, curiosamente boca abajo y con una sonrisa de oreja a oreja, Ju y yo a ambos costados, con nuestras piernas sobre sus muslos, mirándonos felices y acariciándole la cola y la espalda a Martín. Nos quedamos en silencio, en unos minutos sentimos unos ronquidos, nuestro macho pijudo se había quedado dormido, de nuevo me sentí el super macho, jeje. Le pregunté casi por señas a mi primo por su culito, sonrió, se incorporó y me mostró, enorme, Juan era ahora casi un culo roto como yo, le metí dos dedos, jeje, la pija se le empezó a parar, con los ojos le mostré el culito de Martín que seguía durmiendo. Sonreímos, se acomodó y le fue clavando la pija, Martín se despertó, sonrió, nos dijo "los amo primos" y apoyando la cabeza de costado, levantó la colita para gozar más de la segunda pija en su culito. No se podía quejar. Hasta le puse un almohadón debajo de la boa para que no se perdiera ni un cm de la pija de Juan.
Los dejé coger tranquilos, me puse de costado y me dediqué a mirar cómo la pija de mi primo entraba y salía de ese culito chiquito, un poco más morocho que los nuestros, sin un solo pelito. Qué lindo estaba saliendo todo! Martín me miraba, me tiraba besitos. Se me ocurrió devolverle la frase de Luis
-Martín, no nos vayas a decir ahora lo de "Hoy no tengo ganas, la próxima te cojo", no?-, sonrió.
-No se, nunca me echaron dos polvos, en un rato te digo-
Cosa loca!, el que había venido a destruirnos los culos, era el que más se la estaba comiendo. Nuestra conchita trasera no perdona, la pija se adueña de nosotros, y por más versátiles, activos o lo que nos queramos creer que somos, una pija en el culo nos puede y nos hace gozar más que ninguna otra cosa. Mi primo lo había tomado de los pechos y lo cogía furiosamente, Martín gemía como el putito que era, como Juan, como yo, sus nalgas se enrojecían por el golpeteo de las caderas de Juan, Juancito le decía guarradas, tomá tomá putazo, que te creías que íbamos a adorar tu pija?, tomá, tomá, te vamos a llenar el culo de leche, puto!
Y entre gemidos nuestro pija de burro le respondía "ay si primos, llénenme de leche, háganmelo concha, lo necesitoooo!
¿Yo me podía quedar mirando?, nooo. Lo reacomodamos a Martín y empecé a recogerle la boca a lo loco. No se cuanto duró, el primer que acabó fue Martín, que le enchastró la panza de leche a mi primo, después Juan, que se la sacó y le acabó en la cara y en mi pija que estaba en su boca, y después yo, que se la saqué y también le acabé en la cara. El que venía a rompernos el culo quedó con dos polvos en la cara, como el más puto, el más sumiso, el más entregado de los trolos.
Quedamos los tres rendidos, nos fuimos relajando, nos fuimos calmando. Martín siempre en el medio, Juan y yo a sus costados.
Con mis dedos tomé un poco de semen de la cara de Martín y se lo llevé a la boca.
-Che, no era que vos venías para dejarnos el culo destruido con tu maxi poronga?- Nos reímos los tres
Juancito con sus dedos me ayudó y de a poco Martincito se fue tomando toda la leche que tenía en la cara.
-No se, me parece que "hoy no tengo ganas, la próxima los cojo", mejor, no? - Nos recagamos de risa los tres.
Fuimos a bañarnos, tomamos unos mates, comentamos qué distinto a los planes había salido, Martín nos dijo lo feliz que estaba por la cogida que le habíamos dado, y que le encantaba caminar sintiendo el culo tan abierto. Nos miramos con Juan, porque a nosotros también nos encantaban todas esas sensaciones que nos daba el culo por varias horas después que nos cogíamos. El placer anal no termina en el polvo y en la cama, te acompaña un lindo rato.
Lo dejamos a Martín en la cocina lavando el mate y con mirada cómplice nos fuimos con Juan a la cama. Cuando él llego, nos vio a los dos, lado a lado, pies en el piso, pancita en la cama, margarina a un costadito. Lo miramos de costado con la mejor cara de trolo que teníamos. No hacía falta más.
-Chupen putos!-, nos dijo. Y qué podíamos hacer?, nos lanzamos a su verga, se la dejamos al palo y re mojada y volvimos a nuestra pose. Los dedos de Martín con margarina entraron a mi colita, entraron a la de mi primo, Juan y yo, nos mirábamos y nos tirábamos picos ¿con quién empezaría? Conmigo , siiii!
Sentí el dolor lacerante de su boa abriendo mi cola, mordí la sabana, grité con cada pujada, pero al fin sentí la tibieza del pubis de Martín sobre mi cola y el de su pecho sobre mi espalda, di gracias por ser puto, miré con amor a Juan y cerré los ojos para gozar ese placer inenarrable que sólo los putos conocemos, le tomé la mano fuerte a Juan y fui un ser de luz flotando en el espacio, un cuerpo etéreo en una nube de placer, ni cuerpo siquiera, era sólo sensaciones, sólo mi concha y su pija, mi leche salía de a gotas, mi cola mojaba más que vagina, era un orgasmo sin fin. Juan me sacó del ensueño con un beso.
-Ay primo primo yo también quiero!-
Lo miramos a Martín, que sonrió, me la sacó entera y de un solo golpe la clavó a fondo en el culito de Juan, que seguía dilatado. Y Juan gozó y, lo sé, voló como yo en esa nube de placer y fue feliz y me besó mientras Martín le destrozaba el culo y por primera vez, llorando me dijo "Lu, te amo".
La leche fue para los dos, al momento de acabar, la sacó del culo de Juan y nos enchastró las nalgas a los dos.
Martín se quedó a dormir con nosotros, le llenamos el culo de leche hasta saciarlo y él nos destrozó el culo y nos lo dejó más abierto de lo que jamás lo hubiéramos imaginado tener. Nada fue igual desde entonces.
... Acordamos con Juan que apenas él cumpliera 18 (Juan es un par de meses más chico que yo), el mismo día y a la misma hora íbamos a contar en nuestras casas.
Y llegó el día y llegó la hora. Después del último wsp para darnos coraje, comenzamos. "Ma, Pa, tengo algo importante que decirles, soy gay", sin vueltas, sin anestesia. Mi vieja lloró un poco y me abrazó, mi viejo no me habló por una semana. A Juan, si no salía la hermana a defenderlo, lo rajaban de la casa, pero zafó también.
Decidimos no estirar demasiado la cuerda, no contamos que fue Juan quien hizo florecer mi homosexualidad, que fui yo quien hizo florecer la suya, y que cada semana regábamos esas flores con la abundante leche de nuestros huevos, para no agrandar el escándalo con la moralina pelotuda del "incesto entre primos". Que ellos sacaran sus conclusiones. Igual, había que poner distancia para vivir sin miradas de reproche. Cuando con el laburo pudimos ahorrar unos mangos alquilamos un monoambiente cerca de la Universidad y nos mudamos juntos. A veces nos visita Martín. Hay que evitar que lo abierto se cierre, vio?
(comentar por favor)
Para entender la trama de este relato, es conveniente leer sus tres primeras partes acá:
https://www.poringa.net/posts/relatos/6102801/El-motivo-relato-gay.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6423502/El-motivo-2-relato-gay.html
https://www.poringa.net/posts/relatos/6425308/El-motivo-3-relato-gay.html
Martín se prendió en el acto a mi invitación, nunca había hecho un trio, y la idea de coger con los dos amigos de los que Luis, el puto de su vida, el primero que se había comido su pija, le había hablado siempre tan bien, le encantaba. También tenía ganas de pija, me dijo, pero su gran poronga lo condenaba muchas veces a escuchar la frase de Luisito: "Hoy no tengo ganas, la próxima te cojo". Francamente, su culito le pedía, y a veces le daba un poco de bronca andar rogando para que se la metan un poco. Tomé nota. Quedamos para el día siguiente, a eso de las 3 de la tarde, por supuesto en casa de Juan.
Conversé mucho con mi primo sobre el encuentro. Juan iba a ser el primero en comerse la boa constrictora, eso ni se discutía. ¿Pero la lencería? No, decidimos que eso quedaba para compartir entre nosotros dos nada más ¿Y cómo lo recibíamos a Martín?
-Che Juan, ¿te parece que hagamos algo parecido a cuando vos me recibiste a mi? Le abrimos por el portero, sin llaves en las puertas y que cuando llegue acá nos encuentre a los dos desnudos y boca abajo sobre la cama mostrando los culitos?-
- Naaa, eso es de re trolo, no quiero que se la crea que somos dos putos regalados-
-Bueno si, no somos tan maricas, pero vas a ver cuando te comas la de Martín cómo te vas a poner loquita-
-Espero bancármela-
-Si querés te preparo un poco-, le dije mientras le acariciaba el muslo-
-¿Con ésta me vas a preparar?- Juan empezó a manosearme la pija.
-Siiiiiiiiiiiii- La boca de Juan no esperó, empezó a lamer, empezó a chupar mi glande, me puso el culo en la cara, mi saliva lo lubricó, mi lengua lo dilató y en un par de minutos volví a llenar el culito rico de mi primo, entre gemidos, chapoteos y nalgas chocando contra pubis.
-Ay Lu, nunca voy a dejar tu pija primo, por más grande que la tenga Martín, soy tuyo Lu, cogeme, haceme sentir todo lo puto que soy, por vos primoooo-
-Nunca voy a dejar la tuya Juan, ni tu culo que me enseñó a coger, ni los besos que ahora te animaste a darme. Tomá primo, tomaaaaaaaa-
Juan acabó en las sábanas, yo lo más adentro del culo de mi primo que pude. Si Martín había cambiado para siempre mi culo e iba a cambiar el de Juan de la misma manera, esa semana entera que pasamos con mi primo en la cama, sin la menor noción del tiempo, sin más ropa que la piel, y alguna bombachita, nos cambió para siempre, asumimos totalmente y para siempre nuestra homosexualidad y comenzamos a vernos como mucho más que primos que se cogen, la vida y el coraje para salir del armario terminarían de unirnos cuando fuera el momento.
Luego del polvo terminamos de acordar todo. Juan iba a estar desnudo en la cama sentado contra el respaldo. Yo me iba poner una camiseta del Dibu que me llegaba a medio muslo y debajo, nada. Con eso le iba a ir a abrir la puerta a Martín. Lo que pasara en el camino de la puerta al dormitorio ya era asunto mío y de Martín...
Llegaron las 3, riiing, re puntual. Le abrí con mi sonrisa más sensual. Él estaba serio, lo tomé de la cintura y le besé los labios.
-Che, ¿estamos seguros acá?-
-Si Martín, tranquilo, seguros totales, si no me creés mirá- Me subí la camiseta y le quebré la cola. Giré mi cabeza, vi su sonrisa, comencé a refregarle mis nalgas por el bulto, ahí nomás me estampó contra la pared del pasillo y me empezó a apoyar mientras me besaba el cuello.
-Pará, pará, paraaaaaaaaá, que nos espera mi primo. Desvestite dale, así entramos los dos en bolas- Martín en un santiamén se quitó la remera y el jean, el muy trolo no traía bóxer, yo me quité la camiseta, dejamos todo tirado en el piso y tomados de la mano entramos al dormitorio. El muy puto de mi primo estaba sentado contra el respaldo y jugando con los deditos en su esfínter.
-Hola Martín, al fin!-
-Hola Juan, ¿siempre así recibís a tus conocidos?-
-Jajaaaaaaaaaaaa- Nos reímos todos.
Nos sentamos los tres en la cama, charlamos un rato, nos manoseamos un poco, nos contamos cosas de putos, recuerdos de Luis y de qué bueno que mi vocación de Sherlock me haya llevado a conocerlo y algo más. Llegó el silencio, miré a Juan, me miró, sonreímos y nuestras manos fueron a buscar esa poronga enorme que los dos deseábamos. Nos paramos a un costado de la cama, los dos primos trolos nos arrodillamos uno a cada lado de la pija de Martín y nuestras lenguas comenzaron a lamer ese delicioso caramelo de carne. Juan enseguida se lo metió en la boca mientras yo le lamía la raíz y las bolas. Martín nos acariciaba la cabeza y sonreía. Seguro se imaginaba que otra vez su culo no comería pija.
-Así mis putitos, prepárenmela bien así les rompo el culito-
En dos minutos los 25 cm de Martín quedaron al palo, nos alzamos y nos besamos, Juan en un minuto estaba en el borde de la cama abriéndose las nalguis, yo se la chupé un poco más y después le di una chupada larga al culito de mi primo para prepararlo, mientras Martín me la frotaba por la rayita y me hacía mear de calentura. Me subí a la cama, con mis rodillas a la altura de la cabeza de Juan, agarré la pija de Martín, la chupé un poquito y la llevé al agujerito mojado y tembloroso de mi primo. Martín lo tomó de la cadera y dio el primer empujón, el grito de mi primo se oyó en toda la casa, comenzó a lagrimear, mordió la almohada, recibió el segundo empujón. Yo le acariciaba la espalda, la cabeza, las nalguis, le decía "tranqui primo falta poco", pero veía todavía 20 cm de pija fuera de las nalguitas de Juancito. Tercero, cuarto, quinto, al fin el pubis de Martín golpeó contra las nalguis de mi primo, le di un besito a Juan, le comí la boca a Martín, meneando las nalgas como una putita me fui a la cocina a hacerme un café y los dejé solitos. Mientras me preparaba el café escuchaba los gritos de dolor de Juan, mientras lo tomaba, los gritos fueron desapareciendo y los gemidos y los susurros de los dos empezaron a decirme que los dos trolos ya estaban gozando a lo loco. Pajeándome fui al dormitorio. Martín con las manos en las caderas de Juan lo empernaba furiosamente, a veces lo levantaba en el aire y caía junto a él en la cama, que golpeaba contra la pared. Juan me miró.
-Ay primo, esto es lo máx!!!-
-Lo se Ju, lo seee-
Recordé la queja de Martín. Me puse detrás de él, le abrí las nalguis y comencé a chuparle el ojetito. Esa vez en el telo ni se lo había visto, ese ratito que se la puse fue porque él me había cabalgado, ni le vi el ojete. Ahora mi lengua lo acariciaba, cerradito, tibio, oscuro.
-Me van a hacer sanguchito?- Siiiiii, le dije, se la apoyé y le di el primer empujón.
-Ay brutooo, lubricame- gritó, sin dejar de bombear a Ju. Mi primo estaba en el cielo recibiendo pija, mejor no preguntarle, fui a la cocina, vi el aceite, pensé que iba a enchastrar, abrí la heladera, vi la margarina untable, me llevé la cajita, me embadurné la pija con la crema amarilla esa y le metí un dedo encremado en el culito. Se la mandé de una, genial la margarina. Gritó, dejó de coger a Juan, pero yo ya lo tenía bien agarrado de la cadera y con mi pubis contra sus nalgas. Juancito se dio cuenta y empezó a cogerlo con el culito, subiendo y bajando su cadera.
-Ahhhh- exclamó Martín, se fue dilatando de a poco y al ratito ya era tan putito y comilón como nosotros dos, gemía cuando yo se la clavaba, gemía cuando Juan levantaba y bajaba la cadera, No duró mucho, en minutos, gimiendo a lo loco y gritando "siiiiiii", le llenó de leche el culito a mi primito. Yo no pude aguantar mucho más y al fin lo preñé de verdad por primera vez. Martín cayó rendido sobre Juan, mi pija se salió, le abrí la colita y vi que mi leche empezaba a escurrírsele, me puse orgulloso como si fuera el re macho pijudo, celu y foto para el recuerdo.
Nos acostamos, Martín en el centro, curiosamente boca abajo y con una sonrisa de oreja a oreja, Ju y yo a ambos costados, con nuestras piernas sobre sus muslos, mirándonos felices y acariciándole la cola y la espalda a Martín. Nos quedamos en silencio, en unos minutos sentimos unos ronquidos, nuestro macho pijudo se había quedado dormido, de nuevo me sentí el super macho, jeje. Le pregunté casi por señas a mi primo por su culito, sonrió, se incorporó y me mostró, enorme, Juan era ahora casi un culo roto como yo, le metí dos dedos, jeje, la pija se le empezó a parar, con los ojos le mostré el culito de Martín que seguía durmiendo. Sonreímos, se acomodó y le fue clavando la pija, Martín se despertó, sonrió, nos dijo "los amo primos" y apoyando la cabeza de costado, levantó la colita para gozar más de la segunda pija en su culito. No se podía quejar. Hasta le puse un almohadón debajo de la boa para que no se perdiera ni un cm de la pija de Juan.
Los dejé coger tranquilos, me puse de costado y me dediqué a mirar cómo la pija de mi primo entraba y salía de ese culito chiquito, un poco más morocho que los nuestros, sin un solo pelito. Qué lindo estaba saliendo todo! Martín me miraba, me tiraba besitos. Se me ocurrió devolverle la frase de Luis
-Martín, no nos vayas a decir ahora lo de "Hoy no tengo ganas, la próxima te cojo", no?-, sonrió.
-No se, nunca me echaron dos polvos, en un rato te digo-
Cosa loca!, el que había venido a destruirnos los culos, era el que más se la estaba comiendo. Nuestra conchita trasera no perdona, la pija se adueña de nosotros, y por más versátiles, activos o lo que nos queramos creer que somos, una pija en el culo nos puede y nos hace gozar más que ninguna otra cosa. Mi primo lo había tomado de los pechos y lo cogía furiosamente, Martín gemía como el putito que era, como Juan, como yo, sus nalgas se enrojecían por el golpeteo de las caderas de Juan, Juancito le decía guarradas, tomá tomá putazo, que te creías que íbamos a adorar tu pija?, tomá, tomá, te vamos a llenar el culo de leche, puto!
Y entre gemidos nuestro pija de burro le respondía "ay si primos, llénenme de leche, háganmelo concha, lo necesitoooo!
¿Yo me podía quedar mirando?, nooo. Lo reacomodamos a Martín y empecé a recogerle la boca a lo loco. No se cuanto duró, el primer que acabó fue Martín, que le enchastró la panza de leche a mi primo, después Juan, que se la sacó y le acabó en la cara y en mi pija que estaba en su boca, y después yo, que se la saqué y también le acabé en la cara. El que venía a rompernos el culo quedó con dos polvos en la cara, como el más puto, el más sumiso, el más entregado de los trolos.
Quedamos los tres rendidos, nos fuimos relajando, nos fuimos calmando. Martín siempre en el medio, Juan y yo a sus costados.
Con mis dedos tomé un poco de semen de la cara de Martín y se lo llevé a la boca.
-Che, no era que vos venías para dejarnos el culo destruido con tu maxi poronga?- Nos reímos los tres
Juancito con sus dedos me ayudó y de a poco Martincito se fue tomando toda la leche que tenía en la cara.
-No se, me parece que "hoy no tengo ganas, la próxima los cojo", mejor, no? - Nos recagamos de risa los tres.
Fuimos a bañarnos, tomamos unos mates, comentamos qué distinto a los planes había salido, Martín nos dijo lo feliz que estaba por la cogida que le habíamos dado, y que le encantaba caminar sintiendo el culo tan abierto. Nos miramos con Juan, porque a nosotros también nos encantaban todas esas sensaciones que nos daba el culo por varias horas después que nos cogíamos. El placer anal no termina en el polvo y en la cama, te acompaña un lindo rato.
Lo dejamos a Martín en la cocina lavando el mate y con mirada cómplice nos fuimos con Juan a la cama. Cuando él llego, nos vio a los dos, lado a lado, pies en el piso, pancita en la cama, margarina a un costadito. Lo miramos de costado con la mejor cara de trolo que teníamos. No hacía falta más.
-Chupen putos!-, nos dijo. Y qué podíamos hacer?, nos lanzamos a su verga, se la dejamos al palo y re mojada y volvimos a nuestra pose. Los dedos de Martín con margarina entraron a mi colita, entraron a la de mi primo, Juan y yo, nos mirábamos y nos tirábamos picos ¿con quién empezaría? Conmigo , siiii!
Sentí el dolor lacerante de su boa abriendo mi cola, mordí la sabana, grité con cada pujada, pero al fin sentí la tibieza del pubis de Martín sobre mi cola y el de su pecho sobre mi espalda, di gracias por ser puto, miré con amor a Juan y cerré los ojos para gozar ese placer inenarrable que sólo los putos conocemos, le tomé la mano fuerte a Juan y fui un ser de luz flotando en el espacio, un cuerpo etéreo en una nube de placer, ni cuerpo siquiera, era sólo sensaciones, sólo mi concha y su pija, mi leche salía de a gotas, mi cola mojaba más que vagina, era un orgasmo sin fin. Juan me sacó del ensueño con un beso.
-Ay primo primo yo también quiero!-
Lo miramos a Martín, que sonrió, me la sacó entera y de un solo golpe la clavó a fondo en el culito de Juan, que seguía dilatado. Y Juan gozó y, lo sé, voló como yo en esa nube de placer y fue feliz y me besó mientras Martín le destrozaba el culo y por primera vez, llorando me dijo "Lu, te amo".
La leche fue para los dos, al momento de acabar, la sacó del culo de Juan y nos enchastró las nalgas a los dos.
Martín se quedó a dormir con nosotros, le llenamos el culo de leche hasta saciarlo y él nos destrozó el culo y nos lo dejó más abierto de lo que jamás lo hubiéramos imaginado tener. Nada fue igual desde entonces.
... Acordamos con Juan que apenas él cumpliera 18 (Juan es un par de meses más chico que yo), el mismo día y a la misma hora íbamos a contar en nuestras casas.
Y llegó el día y llegó la hora. Después del último wsp para darnos coraje, comenzamos. "Ma, Pa, tengo algo importante que decirles, soy gay", sin vueltas, sin anestesia. Mi vieja lloró un poco y me abrazó, mi viejo no me habló por una semana. A Juan, si no salía la hermana a defenderlo, lo rajaban de la casa, pero zafó también.
Decidimos no estirar demasiado la cuerda, no contamos que fue Juan quien hizo florecer mi homosexualidad, que fui yo quien hizo florecer la suya, y que cada semana regábamos esas flores con la abundante leche de nuestros huevos, para no agrandar el escándalo con la moralina pelotuda del "incesto entre primos". Que ellos sacaran sus conclusiones. Igual, había que poner distancia para vivir sin miradas de reproche. Cuando con el laburo pudimos ahorrar unos mangos alquilamos un monoambiente cerca de la Universidad y nos mudamos juntos. A veces nos visita Martín. Hay que evitar que lo abierto se cierre, vio?
(comentar por favor)
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