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Distraida en la ofi

Me llamo Ro.
Soy ingeniera, morocha y bastante tímida. Vivo por Caballito, estoy casada y, hasta hace poco, llevaba una vida bastante ordenada. De esas vidas en las que una sabe más o menos qué va a hacer mañana, a qué hora sale para el laburo y cuánto tarda en llegar a la planta de Mataderos.
Pero después de aquella noche, algo había cambiado.
Al día siguiente me costó concentrarme.
Desde mi oficina veía el movimiento habitual de la planta: gente yendo y viniendo, teléfonos que sonaban, el ruido metálico de las máquinas. Todo seguía igual. Solamente yo sentía que tenía un secreto enorme escondido atrás de una expresión de absoluta normalidad.
Él estaba ahí también.
Mi compañero. Un tipo que, hasta hacía poco, era simplemente alguien con quien compartía el bondi, problemas de producción y algún que otro café apurado.
Ahora me alcanzaba con cruzármelo por un pasillo para sentir un cosquilleo incómodo en el estómago.
Mi celular vibró sobre el escritorio.
Era él.
“¿Te acordás de mí o ya volviste a ser la ingeniera seria?”
Sonreí sola.
Miré hacia la puerta antes de contestar.
“Estoy trabajando.”
La respuesta llegó enseguida.
“Yo también. Pero estoy pensando en vos.”
Me mordí apenas el labio.
No debería gustarme.
Y, sin embargo, me gustaba.
Un segundo mensaje:
“Mandame una foto en tetas.”
Fruncí el ceño, aunque ya podía imaginarme esa sonrisa suya.
“¿Para qué?”
“Quiero verte.”
Me quedé quieta.
Afuera, la planta seguía con su ruido de siempre. Adentro de mi oficina, en cambio, parecía haberse hecho un silencio absoluto.
Me acomodé el pelo frente al reflejo oscuro de la ventana. La camisa de trabajo, el pelo suelto, esa expresión que intentaba hacer pasar por seria.
Saqué una foto.
Nada demasiado evidente. Solamente yo, sentada frente al escritorio, con una sonrisa tímida que no había conseguido disimular.
La miré dos veces.
Después la mandé.
Me arrepentí durante exactamente tres segundos.
El celular vibró.
“Qué linda que estás.”
Sentí que me ardían las mejillas.
Apoyé el teléfono boca abajo y respiré hondo.
Entonces levanté la vista.
Él estaba al otro lado del vidrio.
No hizo ningún gesto. No podía. Éramos compañeros, estábamos en el trabajo y cualquiera podía estar mirando.
Solamente sostuvo mi mirada durante un par de segundos.
Después volvi a la computadora.
Y yo entendí que aquello recién empezaba.
La peor parte era que, mientras pensaba en el viaje de vuelta a Caballito, en mi marido y en todo lo que debería estar sintiendo, una parte de mí ya estaba esperando el próximo mensaje.

Distraida en la ofi


Infidelidad

AmorProhibido

1 comentarios - Distraida en la ofi

Gatto1750
uffff que ricos pezones tenés 🤤