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La negra de concha hirviendo

Dicen que las negras y las brasileñas son fogosas en la cama. Para mí era una boludez hasta que conocí a María, hija de brasileños pero uruguaya.

Ex compañera de trabajo, arrancó desde muy pendeja en la atención al cliente de la empresa en la que estaba yo. Hasta que en una despedida de año agarramos confianza y decidimos salir por la nuestra, sin la presencia de compañeros.

En una noche que salimos a comer, estaba caluroso y pude verla de manera más relajada de vestimenta. Pude descubrir que debajo de su ropa de trabajo había un cuerpo monumental. Un orto y tetas a la medida, su cuerpo si bien era delgado, su altura era ideal para en mis pensamientos, levantarla en la pija de manera más fácil.

La noche terminó en baile y en el baile luego de un beso de lengua que duró un buen rato, me dejó la verga lista para ir a un telo a terminar lo que se había arrancado.

Llegamos y lo primero que hizo fue ir al baño, cuando salió, casi me acabé arriba: lencería de color blanco que contrastaba con su piel oscura y un baile erótico que me voló las dos cabezas.

Se me fue acercando y meneando por encima de mi boxer que a esa altura ya estaba todo melado por ver semejante belleza. No lo dude más, y luego de unos besos profundos, la tiré boca arriba y empecé a desnudarla de a poco.

Llegué a su concha rosada, dónde comencé a lamer y jugar con su clitoris, con movimientos circulares, escuchándola gemir por primera vez. Estaba haciendo un esfuerzo enorme para no venirme encima.

Con su concha bien jugosa y lista, ella se dió vuelta y empezó a chuparme la pija. Pasaba la lengua por la cabeza, por el costado, iba hasta el fondo, mientras se le caían lágrimas. Me miraba y me decía "Que dura que está", mientras se la golpeaba en la cara.

"Acostate que quiero cabalgar esa pija gruesa" me dijo, mientras me empujaba sobre la cama. Se subió encima mío y empezó a moverse frotando su concha sin entrar.

Cuando entró, con preservativo obviamente, se fue para dentro con todo, con lo mojada que estaba. Ahí empezó a gemir, sus movimientos preveían que me dejaría seco.

Luego de un rato así, opté por cogerla en cuatro mientras jugaba con su ano. Me pedía por favor que no la cogiera por atrás y es verdad, su ano estaba muy cerrado, no sería la ocasión para hacerlo.

Era verdad, son fogosas y calientes, ya que el calor de su concha atravesaba el forro y parecía que lo iba a derretir.

En determinado momento, me pide para ir arriba, porque le gustó, pero se sentó está vez mirándome de frente, para jugar con sus tetas.

Luego de cabalgar un buen rato, me queda mirando, me saca el forro y se la vuelve a colocar en la concha. Ahí no aguanté más. Su vagina hervía, los gemidos eran cada vez más grandes, la cantidad de fluidos mezclados formaban charcos y sus sentones con ese orto hermoso, hacían chapotear la zona de mi pelvis.

No pude aguantar más y cuando me estaba haciendo una rusa, explotó mi verga en sus tetas con una carga de leche impresionante. Ella quedó feliz e intentando llevar sus tetas a la boca, pudo lamer mi semen recién salido caliente.

Si bien el dicho de lo fogoso es una boludez al decirlo, yo que lo experimenté al menos esta vez, fue verdad.


La negra de concha hirviendo
caliente

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