Mi hermana necesitaba ayuda ya que estaba de mudanza. Tras separarse de mi cuñado, tuvo que cruzar toda la ciudad para dejar atrás todos los recuerdos y cosas que la vinculaban al pelotudo de Juan.
Contrató una empresa de mudanza en la que trabajaron tres personas. Un conductor y dos peones. El conductor, un veterano con pinta de turbio (y de habermelo cruzado en alguna noche). Los dos peones, uno con acento caribeño, posiblemente cubano y otro más de África.
Luego de trabajar arduamente, llegó la hora de pagar y mi hermana lo iba a hacer con tarjeta. Hay un problema, le da error. Intentamos con la mía, también. Era domingo y mi transferencia no llegaría hasta el otro día.
El veterano dice que se queden los dos peones, y se retira bastante enojado de ahí, dejándolos como garantía. Se pone espesa la situación y comenzó la discusión.
De pronto uno, por la fuerza, se lleva a mi hermana al cuarto y cuando voy a intervenir, el otro me tira al piso, a punto de pegarme me levanta por los aires al grito de "van a tener que pagar".
Yo quedo shockeado, en el sillón, mientras veo a los dos ir desnudando a mi hermana, que no paraba de gritar. Intervine de nuevo y me pegó una piña cruzada que me knockeó. Me desperté a los minutos y cuando abro los ojos, veo a los dos morochos cogiendose a mi hermana.
Esta vez, mi hermana se reía, estaba más suelta. Mientras uno se la garchaba de perrito, el otro le hundía la pija en la garganta. Mientras salía un montón de saliva. Uno de ellos, al verme despertar, me grita que me quede quieto. Tuve que hacerle caso, no quería otra piña o que me rompiera el orto.
Mi hermana seguía disfrutando, hasta el punto de gritar "Si, así, rompanme toda", mientras uno se la cogia por abajo, mi hermana daba sentones y se golpeaba la verga del otro negro en la cara.
Me dió una sensación de querer matarlos, pajearme, unirme, pero estaba bajo amenaza.
Hasta que no aguanté, cuando intentaron hacerle doble penetración y ví cómo la concha de ella se abría. Yo viendo todo en primer plano. Ahí me empecé a masturbar. "Que enfermo que sos", me decía, mientras los negros se reían.
Su concha hinchada se empezaba a abrir cada vez más por la arremetida de los negros, mientras no paraba de abrir la boca y gritar.
En esa misma posición, uno de ellos empezó a largar una carga de leche inimaginable. A los segundos, el otro también. Mientras mi hermana no paraba de pajearse aún con la pija de los negros adentro.
Mi hermana me empezó a gritar "Dale pelotudo", pidiéndome que le llenara de leche también la concha, así que me paré, fui y lo hice.
Los morenos se pararon, sin dar muchos comentarios, se limpiaron, vistieron y se fueron de la casa.
Mi hermana, estaba re feliz, con la concha satisfecha, yo con la nariz hinchada e intentando asimilar lo sucedido.
Cuando veo a mi hermana reírse, no entendía. Me empezó a explicar que fue todo armado. Si bien la mudanza era tal, los negros eran contratados por ella, ya que quería desquitarse de mi ex cuñado. El viejo era efectivamente uno de los que trabaja en una de las whiskerias que conozco. Tenía esa fantasía con negros y conmigo, por lo que decidió forzarla.
Quedé perplejo, pero ahí nomás, la tomé a la fuerza a ella, mientras se reía y me la cogí de nuevo.
Tremenda puta mi hermana.
Contrató una empresa de mudanza en la que trabajaron tres personas. Un conductor y dos peones. El conductor, un veterano con pinta de turbio (y de habermelo cruzado en alguna noche). Los dos peones, uno con acento caribeño, posiblemente cubano y otro más de África.
Luego de trabajar arduamente, llegó la hora de pagar y mi hermana lo iba a hacer con tarjeta. Hay un problema, le da error. Intentamos con la mía, también. Era domingo y mi transferencia no llegaría hasta el otro día.
El veterano dice que se queden los dos peones, y se retira bastante enojado de ahí, dejándolos como garantía. Se pone espesa la situación y comenzó la discusión.
De pronto uno, por la fuerza, se lleva a mi hermana al cuarto y cuando voy a intervenir, el otro me tira al piso, a punto de pegarme me levanta por los aires al grito de "van a tener que pagar".
Yo quedo shockeado, en el sillón, mientras veo a los dos ir desnudando a mi hermana, que no paraba de gritar. Intervine de nuevo y me pegó una piña cruzada que me knockeó. Me desperté a los minutos y cuando abro los ojos, veo a los dos morochos cogiendose a mi hermana.
Esta vez, mi hermana se reía, estaba más suelta. Mientras uno se la garchaba de perrito, el otro le hundía la pija en la garganta. Mientras salía un montón de saliva. Uno de ellos, al verme despertar, me grita que me quede quieto. Tuve que hacerle caso, no quería otra piña o que me rompiera el orto.
Mi hermana seguía disfrutando, hasta el punto de gritar "Si, así, rompanme toda", mientras uno se la cogia por abajo, mi hermana daba sentones y se golpeaba la verga del otro negro en la cara.
Me dió una sensación de querer matarlos, pajearme, unirme, pero estaba bajo amenaza.
Hasta que no aguanté, cuando intentaron hacerle doble penetración y ví cómo la concha de ella se abría. Yo viendo todo en primer plano. Ahí me empecé a masturbar. "Que enfermo que sos", me decía, mientras los negros se reían.
Su concha hinchada se empezaba a abrir cada vez más por la arremetida de los negros, mientras no paraba de abrir la boca y gritar.
En esa misma posición, uno de ellos empezó a largar una carga de leche inimaginable. A los segundos, el otro también. Mientras mi hermana no paraba de pajearse aún con la pija de los negros adentro.
Mi hermana me empezó a gritar "Dale pelotudo", pidiéndome que le llenara de leche también la concha, así que me paré, fui y lo hice.
Los morenos se pararon, sin dar muchos comentarios, se limpiaron, vistieron y se fueron de la casa.
Mi hermana, estaba re feliz, con la concha satisfecha, yo con la nariz hinchada e intentando asimilar lo sucedido.
Cuando veo a mi hermana reírse, no entendía. Me empezó a explicar que fue todo armado. Si bien la mudanza era tal, los negros eran contratados por ella, ya que quería desquitarse de mi ex cuñado. El viejo era efectivamente uno de los que trabaja en una de las whiskerias que conozco. Tenía esa fantasía con negros y conmigo, por lo que decidió forzarla.
Quedé perplejo, pero ahí nomás, la tomé a la fuerza a ella, mientras se reía y me la cogí de nuevo.
Tremenda puta mi hermana.
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