

Las dos amigas estaban sentadas en el patio, con una copa de vino blanco en la mano y el sol dorado iluminando sus escotes. Lucy, siempre más directa, no tardó en ir al grano.

—Así que… sabes que debes contarme. ¿Quién es y cómo está el tío que los está visitando?
Alexa sonrió con picardía y dio un sorbo antes de responder.

—Es Jason, un amigo de Eddie. Está pasando unos días en casa. Es un negrazo, amiga… Tiene unos músculos tremendos, hombros anchos, brazos que parecen troncos. Cuando se quita la camisa se le marcan todas las venas. Es una bestia.
Lucy levantó las cejas, claramente interesada.
—¿Y ya lo has visto bien?
Alexa, entre risas, sacó su celular y le mostró algunas fotos que había tomado discretamente, mientras el amigo de su esposo hacía ejercicio en la casa de ellos. En una de las imágenes se le veía sin camiseta, sudado después de entrenar. Las dos se quedaron mirando la pantalla en silencio unos segundos.
—Madre mía… —susurró Lucy—. Te imaginas con qué fuerza te podría embestir… Uufff.

Alexa sintió un calor subirle por el vientre.
—Sí, sin dudarlo. Debe ser… uuuyyy. Creo que no podría soportarlo —admitió con sinceridad, mordiéndose el labio inferior.
El entusiasmo de Lucy era contagioso. Se inclinó hacia adelante, con los ojos brillantes.
—¿Y si entre las dos nos lo cogemos?

Alexa soltó una risa nerviosa.
—No, Lucy… ¿Estás loca?
—Anda... Please, please, please… —suplicó su amiga, haciendo pucheros exagerados.

—No, no debería. Es muy amigo de Eddie, casi como hermanos. ¿Qué tal si se niega y se lo cuenta?
Lucy negó con la cabeza.

—Ay, amiga, los hombres son hombres. Lo que les importa es meterla en una vagina rica y caliente. Además, mi esposo está de viaje por negocios toda la semana, la casa es solo nuestra. Podemos traerlo, aquí podemos hacer y deshacer.
Alexa seguía dudando.
Lucy se inclinó un poco, bajando la voz aunque estaban solas.
—¿No te acuerdas cuando fuimos en parejas a aquel hotel en la playa hace dos años? La verga de ese camarero era gruesa, venosa... ¿te acuerdas? Y estaba completamente dura. Nos arrodillamos frente a él y se la chupamos con ganas, tú le lamías los huevos mientras yo le pasaba la lengua por el glande. Nos turnábamos, ¿te acuerdas? Besándonos con la verga en medio. Podría ser algo así.
Ambas amigas se miraban a los ojos con complicidad encendida y sucia.
—Eddie ni siquiera se dio cuenta cuando lo besé que hacía unos minutos se habían venido en mi boca.
Las dos rieron.
Alexa suspiró, rendida.
—Okey… Pero vas a tener que comprarme una fina lencería para provocarlo.
—Trato hecho —respondió Lucy con una sonrisa triunfal.
A la mañana siguiente, en cuanto su marido salió a trabajar, Alexa se preparó con cuidado. Se puso el conjunto de lencería Lucy le había comprado, se miró al espejo, respiró hondo y bajó al gimnasio de su casa.

Jason estaba allí, haciendo mancuernas. El sudor le corría por el pecho y los abdominales marcados. Distraído en lo suyo, tardó en darse cuenta de la presencia de Alexa.
Cuando levantó la vista y vio a la esposa de su amigo vestida de esa forma, se quedó congelado.
—¿Qué pasa? —preguntó, intentando mantener la compostura.
Alexa se le acercó lentamente, pegando su cuerpo al de él por detrás. Sus manos recorrieron los músculos duros de su abdomen y bajaron sin vergüenza hasta su entrepierna.

—Sabes… Eddie no vuelve hasta la noche —susurró en su oído.
—No creo que... no creo que debamos hacer esto.
Luego la fémina le dio un lengüetazo en su espalda, mientras metía la mano dentro del pantalón corto. Sintió cómo la vergota de Jason comenzaba a endurecerse en su palma.


—Siento cómo crece tu verga en mi mano… —murmuró, excitada.
Ya no había duda. Jason no podía negar lo que sentía. Se giró, la tomó con fuerza por la cintura y la besó con hambre, apretando una de sus nalgas con posesión. Sus lenguas se enredaron mientras él la levantaba sin esfuerzo contra su cuerpo.

No mucho después, ambos ya estaban en casa de Lucy.
—¿Entonces? ¿Dónde está? —preguntó Lucy ansiosa, ya vestida solo con ropas menores.
—Mírate, toda ansiosa —rio Alexa—. No desesperes, está abajo, bañándose. Dijo que se quería duchar, es que estaba haciendo ejercicio. ¿Quieres verlo?
Las dos se asomaron discretamente al baño. Jason estaba bajo la ducha, enjabonando su cuerpo musculoso. Cuando se giró, su enorme polla colgaba pesada entre sus piernas. Lucy se llevó las manos a la boca.
Mientras estaban arriba, esperándolo, no dejaron de hablar de él.
—Su verga es tan enorme… —decía Lucy, mientras hacía ademán de largueza con ambas manos para indicar el tamaño.

—Sí, ¡imagínatelo! Va a ser tan increíble —respondió Alexa toda emocionada, mordiéndose el labio.
—Shh, shh, ahí viene.
Jason entró en la habitación con solo una toalla en la cintura. Se paró frente a ellas, las miró un segundo y dejó caer la toalla.
Su verga gruesa, larga y negra quedó completamente expuesta y apuntando hacia las dos mujeres.

Las caras de ambas lo decían todo: deseo puro.
Alexa fue la primera en tomarle del badajo. Lo tomó y en comparación con su mano era enorme.

Sonrió sin poder ocultar su excitación. Se arrodilló y comenzó a lamerla desde la base hasta la punta. Lucy no tardó en unírsele. Las dos se turnaron para chupársela con ganas al azabache, lamiendo, succionando y besándose entre ellas con la polla de Jason en medio.
Luego Lucy se colocó detrás, separó las nalgas duras del macho y le comió el ano con lengua experta mientras Alexa seguía mamándosela con dedicación.
—Joder… —gruñó Jason, agarrando el cabello de Alexa.
Llegó el momento que esperaban. Lucy fue la primera en recibirlo. Se acostó en el centro de la cama, abrió las piernas bien amplias y flexionó las rodillas como si fuera a dar a luz, ofreciéndose sin vergüenza. Su coño brillaba de excitación.
Jason se colocó entre sus muslos y frotó la gruesa cabeza de su verga contra los labios húmedos de Lucy.

—Dios mío… mírala —susurró Alexa detrás de su amiga, contemplando todo desde cerca—. No jodas, Lucy, es tan enorme…
—Despacio al principio —gimió Lucy, mordiéndose el labio.
Jason empujó con cuidado. El grosor de su verga abría la entrada de Lucy poco a poco. Ella arqueó la espalda y soltó un gemido largo.
—Aguanta, amiga… ya casi tienes todo dentro —la animaba Alexa, acariciándole el cabello y los pechos—. Respira… así, buena chica.
—Joder… me está partiendo en dos —jadeó Lucy, con la voz entrecortada.
Jason empezó a bombear suave y profundo, dejando que su coño se adaptara.
Poco a poco aumentó el ritmo, haciendo que sus huevos pesados chocaran contra el culo de Lucy. Los golpes se volvieron más duros, más violentos. La cama crujía con cada embestida.
Después de varios minutos, Jason sacó su pedazo brillante y miró a Alexa.
—Tu turno.
Alexa se colocó en la misma posición, piernas bien abiertas, panocha hinchada y palpitante. Jason frotó su verga contra ella y empujó.
—Ay, mierda… —gimió Alexa apenas entró la cabeza—. Tenías razón, Lucy… se siente como si me estirara al máximo la vagina. Siento que no va a caber toda…
—Claro que cabe, amor. Aguanta… tú puedes —la animó Lucy, besándole el cuello y acariciándole los pechos—. Relájate y déjalo entrar, Jason va a ser paciente... ¿verdad?
El otro asintió.
Y al principio lo fue, pero pronto sus embestidas se volvieron fuertes y profundas. El sonido húmedo de su pene entrando y saliendo llenaba la habitación.
—Mmm… Jason… —jadeó Alexa entre gemidos—. Ya te tenía ganas desde que Eddie te presentó en casa… te imaginaba culeándome así… con toda tu fuerza.
Jason gruñó excitado y aumentó la potencia.
Lucy, sentada a un lado, no pudo evitar preguntar con una sonrisa traviesa:
—¿Qué se siente cogerte a la mujer de tu mejor amigo?
—Es una puta delicia —respondió Jason con voz ronca, sin dejar de fornicar a Alexa—. Su coño está más rico de lo que imaginaba.
Luego tomó a Alexa con fuerza, la giró y la puso en cuatro sobre la cama. Apoyó sus grandes manos en ambas nalgas y la embistió con todo.

Alexa apenas podía sostenerse, sus brazos temblaban por el terrible peso depositado en ella.
—Está a punto de caerse —rio Lucy—. Vamos amiga, tú puedes.
Lucy colocó una almohada gruesa debajo de la cadera de Alexa para que tuviera mejor apoyo. Alexa suspiró aliviada.
—Gracias... así está perfecto.
Ahora era el turno de Lucy en cuatro. Jason la penetró con violencia, agarrándola fuerte de las caderas. Alexa se colocó delante de su amiga, acariciándole el rostro y besándola con cariño.
—Así, Lucy… disfrútalo —le susurraba.
Lucy gemía como una puta con cada embestida profunda.
—Gracias… gracias por cumplirme este deseo, Alexa. Por traerme a este semental…Alexa le sonrió con ternura y lujuria:
—
Ojalá pudiera verte esa cara de satisfacción cumplida toda la noche… estás preciosa siendo follada así —dijo Alexa, acariciando el rostro sudoroso de su amiga mientras Jason seguía embistiéndola con fuerza desde atrás.
Lucy, con los ojos entrecerrados de placer y una sonrisa traviesa, jadeó:
—Pues hagámoslo…
Jason ralentizó sus movimientos, aún enterrado profundamente dentro de ella. Lucy giró la cabeza hacia él.
—Tú no te detengas. Quedémonos así toda la noche. Los tres. Sin prisa, sin tener que correr. Quiero que nos folles hasta que no podamos más.
Alexa soltó una risita nerviosa pero excitada.
—¿Estás segura?
—Completamente. —Lucy extendió la mano hacia la mesita de noche—. Pásame el teléfono, por favor.
Alexa le acercó el móvil. Lucy, todavía con la venosa verga gruesa de Jason dentro de ella, marcó el número de Eddie mientras mordía su labio inferior para no gemir.
—Hola... Sí, todo bien. Oye, sólo para decirte que Alexa se va a quedar a dormir conmigo esta noche… Sí, ya sabes, está un poco tomada y mejor que no maneje… Exacto. No te preocupes, mañana la llevo temprano. Saludos, bye.
Colgó y soltó una carcajada baja, apretando su coño alrededor de la verga de Jason.
—Listo. Eddie contento y sin sospechas.
—¿Y Jason...? —preguntó Alexa, mirando el pecho sudado del hombre.
Lucy volteó hacia Jason con una sonrisa llena de lujuria.
—Tú te vas a quedar también, ¿verdad?
Jason, sonriendo con esa arrogancia típicamente masculina, le dio una fuerte embestida que hizo gemir a Lucy.
—No se apuren por mí. Yo ya soy niño grande. Si pregunta le diré que salí de juerga con amigos y ya. Tengo toda la noche para follarme a las dos.
—Muy bien —aulló Lucy—. Ahora sigue follándome fuerte… y después nos vamos a turnar a mamarte la verga... hasta que amanezca.
Jason no necesitó más palabras. Agarró las caderas de Lucy con más fuerza y empezó a bombearla con golpes profundos y brutales, haciendo que sus gemidos llenaran la habitación otra vez. Alexa se colocó delante, besando a su amiga y acariciándole los pechos mientras Jason la destrozaba.
—Esta noche eres nuestro, Jason —dijo Alexa.
Al día siguiente, las dos amigas desayunaban en casa de Alexa, aún con el pelo revuelto y sonrisas cómplices.
—Yo creí que no podría aguantar… de verdad pensé que me iba a romper —confesó Alexa riendo—. Cuando me puso en cuatro casi me desmayo.
—Estabas tan mojada que se te escurría por los muslos —se burló Lucy.
—Y tú qué dices, si parecías una perra en celo.
En medio de las carcajadas de ambas llegaron Eddie y Jason.
—¿De qué se ríen tanto? —preguntó Eddie con curiosidad.
—Nada, cosas de mujeres —respondió Lucy, conteniendo la risa.
Eddie negó con la cabeza.
—Mujeres… Por cierto, Jason, te presento a Lucy, la amiga de Alexa.
Jason extendió la mano con una sonrisa inocente.
—Ay, ya nos conocimos. Nos presentó Alexa —dijo Lucy y en vez de darle la mano lo besó en la mejilla.
—Nos conocemos más de lo que crees —murmuró Alexa por lo bajo, mirando a Jason con picardía.
Los tres (Lucy, Alexa y Jason) soltaron una carcajada al mismo tiempo. Eddie los miró confundido, sin entender nada.
—¿Qué carajos les pasa a todos hoy? ¿Qué me he perdido? —preguntó con inocencia y encogiéndose de hombros.
Las dos amigas solo se miraron y volvieron a reír, con el secreto ardiendo deliciosamente entre sus piernas (ardiendo literalmente, pues se la habían cogido con una fuerza nunca antes padecida).

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