El silencio que dejó Mateo al irse era tan pesado que casi podía tocarlo. Me quedé tirada en la cama, con el cuerpo temblando todavía por el orgasmo y la adrenalina, sintiendo cómo el semen de Lucas y Camilo se enfriaba y resbalaba por mis muslos. Mi mente no estaba en la culpa, ni en Santiago. Estaba en esa mirada de Mateo. "Mañana hablamos tú y yo", había dicho. Y ese "mañana" se sentía como una sentencia de muerte... o como el inicio de mi verdadera vida.
Lucas: *(Jadeando, todavía apoyado en mi hombro)* ¿Estás bien, preciosa? Te quedaste como en blanco...
Camilo: *(Sentado al borde de la cama, limpiándose el sudor de la frente)* Estás temblando, Valeria. ¿Fue demasiado?
Valeria: *(Con una voz que no reconozco, más profunda y decidida)* No ha sido suficiente.
Miré a los dos hermanos. Estaban exhaustos, creyéndose los dueños de mi cuerpo porque me habían llenado por ambos lados. Qué estúpidos. No sabían que en ese momento, mientras sentía el ardor en mi culo y el vacío en mi vientrer, algo en mi cabeza se había roto para siempre. Ya no quería que ellos decidieran cuándo tocarme. Yo quería ser la que los acorralara.
Valeria: *(Mirando fijamente a Camilo)* Mañana no quiero que esperen a que yo pase por su lado. Mañana, yo voy a ir a buscarlos. Y no quiero que sean gentiles.
Jueves
Me desperté con una sensación de poder que nunca había experimentado. Me miré al espejo y no vi a la novia aburrida de Santiago; vi a una mujer que estaba planeando un festín. Pasé el día en la casa casi sin ropa, moviéndome con una confianza obscena. Me quedé en tanga por la casa, dejando que el aire frío rozara mi piel sensible, sabiendo que en cualquier momento uno de ellos podría verme. Me gustaba la idea de que me vieran así: expuesta, lista y hambrienta.
Fui a la habitación de Lucas por la tarde. entré. Llevaba solo una camiseta de él que apenas cubría mis nalgas y mi tanga de encaje.

Valeria: *(Caminando hacia él con un contoneo lento)* ¿Me extrañaste, Lucas? ¿O vas a seguir fingiendo que no tienes ganas de comerme?
Lucas: *(Levantando la vista, con los ojos clavados en mis piernas)* Valeria... Dios mío. ¿Qué te pasa? Estás... diferente.
Valeria: *(Sentándome en su regazo, sintiendo su verga endurecerse contra mi coño instantáneamente)* Me he vuelto lo que ustedes querían que fuera. Una puta. Y una puta sabe que no puede esperar a que la llamen.

Me bajé la camiseta y lo obligué a ver mis pezones erectos. Me arrodillé frente a él y le abrí la bragueta con desesperación. Quería sentir su sabor. Metí mi boca en su verga con una voracidad que lo dejó sin aliento. Lo mamé con fuerza, succionando cada gota de su placer mientras mis dedos jugaban con sus huevos.



Lucas: *(Gruñendo y echando la cabeza hacia atrás)* ¡Mierda, Valeria!... ¡Mamela así, puta! ¡Así!
Me encantaba el control que tenía sobre él. Lo llevé a la cama y me puse en cuatro. Sentí cómo su verga entraba en mi coño con una estocada violenta.

Valeria: *(Gritando mientras sentía cómo me abría)* ¡Aaaaaah...! ¡Sí, Lucas!... ¡Rómpeme así!... ¡Dame más fuerte!... ¡Soy tu puta!... ¡Mmmmmmm!

Lo hicimos en misionero después, con sus piernas sobre mis hombros, permitiéndome sentir cada centímetro de su grosor golpeando mi cuello uterino. Me sentía tan llena, tan usada, y lo más excitante era saber que esto era solo el principio.
Viernes
El martes fue el turno de Camilo. Mi mente ya estaba trabajando en el rompecabezas. Necesitaba que los dos estuvieran en su punto más alto para cuando Mateo apareciera. Fui a buscarlo mientras él estaba en la cocina. Me acerqué por detrás y le apreté sus testículos con suavidad antes de deslizar mi mano por su bragueta.

Camilo: *(Soltando un gruñido ronco)* Valeria... no es el momento.
Valeria: *(Susurrándole al oído mientras le muerdo el lóbulo)* Es el momento perfecto. Quiero que me des lo que Lucas me dio. Quiero que me dejes sin caminar.
Lo arrastré hasta el sofá. Me puse en cuatro y lo obligué a entrar por mi culo. El dolor fue agudo pero lo recibí con un grito de placer puro


Valeria: *(Gimiendo con fuerza mientras sus caderas golpeaban mis nalgas)* ¡Aaaaaah!... ¡Camilo!... ¡Sí!... ¡Mierda, qué grande estás!... ¡Mátame con esa verga!... ¡Mmmmmmm!

Me encantaba la sensación de ser invadida. Mientras él me embestía, mi mente volaba hacia el domingo. Sabía que Mateo nos estaba esperando. Me imaginaba su cara cuando nos viera a los tres en una cama, con mi cuerpo cubierto de los dos hermanos. La idea de que Mateo me reclamara después de haberme usado así me ponía tan empapada que mi coño goteaba en el sofá.
Sabado
El miércoles fue el día de la preparación final. No podía esperar más. Los reuní a los dos en la habitación. Estaban confundidos por mi cambio de actitud, pero cuando vieron mi mirada de hambre, supieron que no había vuelta atrás.
Valeria: *(De pie frente a ellos, solo en tanga y con los pezones tiesos por la excitación)* Los quiero a los dos. Ahora. Quiero que me preparen para el domingo. Quiero que me dejen tan abierta y tan sucia que cuando Mateo llegue, no pueda ver otra cosa que no sea mi entrega total.

Los obligué a que me hicieran un trío improvisado para calentar motores. Me puse en medio de ellos. Lucas me daba verga mientras Camilo me abría el culo.
Valeria: *(Gritando mientras sentía las dos vergas rozándome)* ¡Sí!... ¡Aaaaah!... ¡Los dos!... ¡Dénme todo!... ¡Quiero estar llena de los dos hermanos de mi novio!... ¡Soy su puta!... ¡Soy su perra de doble!... ¡Mmmmmmm!

Me sentía en la cima del mundo. Ya no era la chica que temía ser descubierta; era la mujer que estaba diseñando su propia ruina. Estaba lista para el domingo. Estaba lista para que Mateo viera lo que sus hermanos habían hecho conmigo y para que él terminara el trabajo.
Lucas: *(Jadeando, todavía apoyado en mi hombro)* ¿Estás bien, preciosa? Te quedaste como en blanco...
Camilo: *(Sentado al borde de la cama, limpiándose el sudor de la frente)* Estás temblando, Valeria. ¿Fue demasiado?
Valeria: *(Con una voz que no reconozco, más profunda y decidida)* No ha sido suficiente.
Miré a los dos hermanos. Estaban exhaustos, creyéndose los dueños de mi cuerpo porque me habían llenado por ambos lados. Qué estúpidos. No sabían que en ese momento, mientras sentía el ardor en mi culo y el vacío en mi vientrer, algo en mi cabeza se había roto para siempre. Ya no quería que ellos decidieran cuándo tocarme. Yo quería ser la que los acorralara.
Valeria: *(Mirando fijamente a Camilo)* Mañana no quiero que esperen a que yo pase por su lado. Mañana, yo voy a ir a buscarlos. Y no quiero que sean gentiles.
Jueves
Me desperté con una sensación de poder que nunca había experimentado. Me miré al espejo y no vi a la novia aburrida de Santiago; vi a una mujer que estaba planeando un festín. Pasé el día en la casa casi sin ropa, moviéndome con una confianza obscena. Me quedé en tanga por la casa, dejando que el aire frío rozara mi piel sensible, sabiendo que en cualquier momento uno de ellos podría verme. Me gustaba la idea de que me vieran así: expuesta, lista y hambrienta.
Fui a la habitación de Lucas por la tarde. entré. Llevaba solo una camiseta de él que apenas cubría mis nalgas y mi tanga de encaje.

Valeria: *(Caminando hacia él con un contoneo lento)* ¿Me extrañaste, Lucas? ¿O vas a seguir fingiendo que no tienes ganas de comerme?
Lucas: *(Levantando la vista, con los ojos clavados en mis piernas)* Valeria... Dios mío. ¿Qué te pasa? Estás... diferente.
Valeria: *(Sentándome en su regazo, sintiendo su verga endurecerse contra mi coño instantáneamente)* Me he vuelto lo que ustedes querían que fuera. Una puta. Y una puta sabe que no puede esperar a que la llamen.

Me bajé la camiseta y lo obligué a ver mis pezones erectos. Me arrodillé frente a él y le abrí la bragueta con desesperación. Quería sentir su sabor. Metí mi boca en su verga con una voracidad que lo dejó sin aliento. Lo mamé con fuerza, succionando cada gota de su placer mientras mis dedos jugaban con sus huevos.



Lucas: *(Gruñendo y echando la cabeza hacia atrás)* ¡Mierda, Valeria!... ¡Mamela así, puta! ¡Así!
Me encantaba el control que tenía sobre él. Lo llevé a la cama y me puse en cuatro. Sentí cómo su verga entraba en mi coño con una estocada violenta.

Valeria: *(Gritando mientras sentía cómo me abría)* ¡Aaaaaah...! ¡Sí, Lucas!... ¡Rómpeme así!... ¡Dame más fuerte!... ¡Soy tu puta!... ¡Mmmmmmm!

Lo hicimos en misionero después, con sus piernas sobre mis hombros, permitiéndome sentir cada centímetro de su grosor golpeando mi cuello uterino. Me sentía tan llena, tan usada, y lo más excitante era saber que esto era solo el principio.
Viernes
El martes fue el turno de Camilo. Mi mente ya estaba trabajando en el rompecabezas. Necesitaba que los dos estuvieran en su punto más alto para cuando Mateo apareciera. Fui a buscarlo mientras él estaba en la cocina. Me acerqué por detrás y le apreté sus testículos con suavidad antes de deslizar mi mano por su bragueta.

Camilo: *(Soltando un gruñido ronco)* Valeria... no es el momento.
Valeria: *(Susurrándole al oído mientras le muerdo el lóbulo)* Es el momento perfecto. Quiero que me des lo que Lucas me dio. Quiero que me dejes sin caminar.
Lo arrastré hasta el sofá. Me puse en cuatro y lo obligué a entrar por mi culo. El dolor fue agudo pero lo recibí con un grito de placer puro


Valeria: *(Gimiendo con fuerza mientras sus caderas golpeaban mis nalgas)* ¡Aaaaaah!... ¡Camilo!... ¡Sí!... ¡Mierda, qué grande estás!... ¡Mátame con esa verga!... ¡Mmmmmmm!

Me encantaba la sensación de ser invadida. Mientras él me embestía, mi mente volaba hacia el domingo. Sabía que Mateo nos estaba esperando. Me imaginaba su cara cuando nos viera a los tres en una cama, con mi cuerpo cubierto de los dos hermanos. La idea de que Mateo me reclamara después de haberme usado así me ponía tan empapada que mi coño goteaba en el sofá.
Sabado
El miércoles fue el día de la preparación final. No podía esperar más. Los reuní a los dos en la habitación. Estaban confundidos por mi cambio de actitud, pero cuando vieron mi mirada de hambre, supieron que no había vuelta atrás.
Valeria: *(De pie frente a ellos, solo en tanga y con los pezones tiesos por la excitación)* Los quiero a los dos. Ahora. Quiero que me preparen para el domingo. Quiero que me dejen tan abierta y tan sucia que cuando Mateo llegue, no pueda ver otra cosa que no sea mi entrega total.

Los obligué a que me hicieran un trío improvisado para calentar motores. Me puse en medio de ellos. Lucas me daba verga mientras Camilo me abría el culo.
Valeria: *(Gritando mientras sentía las dos vergas rozándome)* ¡Sí!... ¡Aaaaah!... ¡Los dos!... ¡Dénme todo!... ¡Quiero estar llena de los dos hermanos de mi novio!... ¡Soy su puta!... ¡Soy su perra de doble!... ¡Mmmmmmm!

Me sentía en la cima del mundo. Ya no era la chica que temía ser descubierta; era la mujer que estaba diseñando su propia ruina. Estaba lista para el domingo. Estaba lista para que Mateo viera lo que sus hermanos habían hecho conmigo y para que él terminara el trabajo.
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