Desperté con Sofi en mí pecho. Sentía su respiración sobre mí.
No me quería mover para no despertarla, era muy dulce durmiendo.
Era de noche, no sabía la hora y sentía bastante confusión por la pérdida de la noción del día de ayer.
Busqué el teléfono intentando moverme lo menos posible, estiré mí brazo manteniendo firme el resto de mí cuerpo, logré alcanzarlo y prendí con una mano la pantalla.
5:56hs.
Había dormido gran parte de la tarde/noche.
Tenía mil notificaciones y mensajes. Aunque indudablemente, mis ojos se fueron directo a uno que no esperaba.
Era un mensaje de Instagram, "Lu".
"A vos y a tu cámara les conseguí un trabajo"
Reaccioné con un corazón porque era lo único que me permitía mí mano libre.
Una parte de mí se sintió genuinamente agradecida. Después de todo, Lu había sido quien me empujó a meterme en fotografía.
Aunque, algo en mí se había paralizado al ver su nombre, no sé que otro tipo de mensaje esperaba ni cómo lo manejaría, pero si puedo admitir que aceleró mí corazón recibirlo.
Mi vista volvió a Sofi. Seguía descansando sobre mí. Le di un beso en la frente y volví a cerrar los ojos.
Intenté nuevamente volverme a dormir, pero me costó demasiado, mis pensamientos no ayudaban para nada.
Tampoco ese cuerpo desnudo sobre mí. Con mí otra mano fui acariciando su espalda, primero suavemente y luego bajando a su cola. Ahí mantuve sus caricias un largo rato mientras cada vez volvía más frecuentes mis visitas a la zona baja de sus glúteos.
Sentía el calor que emanaba su sexo y mis dedos empezaron a visitar su entrepierna entre mimos a su cola.
Ella empezó a despertar, tomé eso como una oportunidad para que mis dedos empiecen a jugar en su rayita.
Sofi despertó sonriendo y con su cara aún en mí pecho me dijo dulcemente en voz baja "mmm... Qué lindo despertarme así...buen día...mmm... mi amor".
Nos dimos un beso mientras mis falanges tomaban terreno dentro de ella. Ya estaba empezando a mojarse.
Su lengua comenzó a recorrer mí cuello y fué bajando por mí cuerpo, sentí como llegaba a la zona baja y sobre el final, volvía a subir como buscando provocarme.
Mis dedos se movían cada vez más rápido en venganza por esto. Ella lejos de sentirse victimizada, gozaba con mí decisión.
"Me muero por estar arriba tuyo ahora mismo, puedo?"
Su mirada pedía permiso, como si hubiese existido posibilidad de que me niegue...
No respondí pero sí la agarré de la cintura y la subí encima mío. Ella se fué encargando del resto, un hilo de baba cayó sobre mí miembro y con su mano fué guiando a la entrada de su conchita.
Dejó caer su cuerpo sobre el mío, cruzó sus brazos detrás de mí cuello y entre risas me besó mientras su frente se apoya a en mí, nuestra miradas se cruzaban, en simultáneo, su cintura seguía bajando y dejaba caer mayor peso sobre mí.
Sus gemidos se fueron acelerando, sus cachetes empezaron a tener un color rojizo, los "mmm" de Sofi invadían la habitación.
Cada vez sus saltitos eran más cortos y rápidos sobre mí.
La agarré de la cola con la fuerza habitual y le dí una nalgada bien fuerte, casi como desafiandola a subir el ritmo. Ella respondió como buena yegua, aceleró su ritmo y cada vez con movimientos más profundos.
"Plaf"
Volví a pegarle.
Ella levantó su torso y apoyó sus manos sobre mí pecho. Buscó una posición que le permita montarme con mayor vehemencia.
Gemía mientras saltaba encima de mí verga que sin tregua.
"PLAFF"
"AHHHHHHH" fué su reacción.
Otro azote más. Esta vez, más fuerte aún que todos los anteriores. Mí mano quedó ardiendo. Su grito justificado.
Sin embargo, su ritmo seguía acelerando, casi sintiéndose en necesidad de una obediencia debida.
Me encantaba tenerla así, manejaba su cuerpo con manos en su cintura.
No tardó en acabarse y caer rendida sobre mí. Me dedique a mí bombear su conchita mientras a pesar de su falta de aire, liberaba gritos de placer.
Seguí cogiéndola de forma intensa hasta que empecé a venirme dentro de Sofi. Ella me agarró de los cachetes y me dió un beso mientras yo aún seguía descargando dentro de ella.
Lo siguiente que les puedo contar, era que ese mismo lunes a la tarde noche, ya estaba rumbo a la Universidad.
Qué universidad dirán? Si no estudiaba nada.
Lu me había dicho que su docente, una profesora extranjera brasileña había ganado una beca en la University of California, debido a un trabajo doctoral. Honestamente, poco entendía, pero sí sabía que eso para mí se traducía en un trabajo importante alejado de las fiestas infantiles y casamientos familiares de siempre.
Debía ayudar a su profesora, con unas fotos para enviar a la revista de aquella Universidad cuando anunciaran su beca.
Realmente por mí inexperiencia y a su vez, por no defraudar a Lu, no había preguntando nada de ella, "la modelo".
Me sorprendí al llegar a un aula vacía, las clases habían terminado y estaba solo ella, una brasileña de 35/38 años aproximadamente. "Elena".
Honestamente, era despampanante. Lo hermosa de ella te atropellaba, una tez morena perfecta, una sonrisa radiante, su pelo extremadamente ondulado y salvaje pero con una caída sexy.
Su cuerpo? Tenía algo imposible de ignorar incluso antes de abrir la boca.
Realmente era preciosa. Me quedé helado, no sabía cómo empezar, no estaba realmente preparado para semejante mujer.
"Empezamos?" Dijo con un acento portugués que me derritió.
Lu me miraba actuar sentada en un banco, quizás el que solía usar ella para las clases.

Saqué mis primeras fotos y Elena interrumpió.
"Espera, esto no me combina y parezco una docente de escuela pública" todos reímos.
Me pidió que me giré un segundo, cuando me avisó, me encontré que había sacado su top blanco de abajo de la camisa. Quedando meramente con su camisa y un escote hipnotizante.
Seguí pidiéndole cosas muy casuales, improvisaba mientras buscaba cómo llevar la situación con profesionalismo.
Elena parecía una experta, tenía carácter, sonreía en el momento justo, sus ojos atravesaban mí lente y parecía que ella me fotografiaba a mí con la mirada.


Se fué soltando, fué siendo cada vez más sensual, más libre. Se notaba su naturaleza brasilera.
Fuimos sacando fotos "clásicas", inclusive, ella se arrimó al pizarrón simulando que escribía. Yo gatillaba todas las fotos que mis dedos permitían.

Como una película erótica barata. Su tiza se partió, no esperé que ella se agache tan rápido a buscarla ni de esa forma. Saqué una foto perfecta a su cola, majestuosa.
Ella rió notando mí nerviosismo por haber disparado esa toma sin darme cuenta, notó mis pómulos rojos.
"Perdón, fué un acto reflejo" me dijo ella, pero bien podría haber sido yo que tome el valor de decirlo.
"Al menos quedó linda?" Dijo acercándose a mí en búsqueda de ver mí cámara.
"Me voy a comprar café para los 3 al kiosco de la vuelta" dijo Lu. Abandonando el aula repentinamente.
Yo tenía a Elena encima mío prácticamente mientras miraba la foto con su culazo en primer plano. Su perfume, su pose, su confianza, te hacía sentir un niño más allá de los años que me llevaba.
"Wow, sos bueno" eligió mientras seguía viendo otras fotos.
"Aunque siento que la camisa me hace ver muy clásica"
Se giró a buscar el top que inicialmente se había sacado y de espaldas a mí, empezó a desabrocharse la blusa.
Sin tapujos se desnudó frente mío, intentaba mirar para otro lado pero mis ojos estaban poseídos y se movían solos hacía la simple e inocente vista de una espalda al descubierto.
Se puso el top y apenas giró sus dientes blancos se exhibían en una sonrisa llena de seguridad.
"Probemos algunas más"
Posó de una forma arrolladora, casi transformada.


Me costaba reconocer el carácter científico de estas últimas tomas pero por nada del mundo me detendría honestamente.
Me fui acercando a ella para retratar esa mirada, cualquiera que viese esos ojos de cerca sería prisionero de pura lujuria.

Elena se acercó incluso más a mí, podía sentir su respiración y me quedé quieto creyendo que algo sucedía.
Sus ojos dejaron de apuntar al lente y se enfocaron directo en mí. Otra vez, quería hablar pero no lo lograba.
Se apoyó sobre mí cuerpo y tomando mí muñeca, se acercó aún más quedando cerca de mí rostro.
"A ver las últimas fotos?"
Sola empezó a mirarlas sin apartarse de mí cuerpo.
"Me encantan estas últimas... y se nota que a vos también."
Elena sonrió apenas.
No dijo nada al principio. Solo dejó caer los dedos sobre la cámara y después bajó lentamente la vista.
"Creo que las últimas fotos no fueron lo único que salió bien."
Elena giró despacio hasta quedar de espaldas contra uno de los bancos.
Sus dedos jugaron con el borde de su escote mientras me sostenía la mirada.
"Vení."
No fue una orden fuerte.
Peor.
Fue suave.
Y justamente por eso me resultó imposible no acercarme.
Cuando quedé frente a ella, Elena apoyó una mano sobre mi pecho.
Ni siquiera me estaba tocando con intención sexual todavía.
Pero sentía la presión de sus dedos como si me estuviera desarmando de a poco.
"Relajate..." dijo sonriendo apenas.
Después miró la cámara colgando de mi cuello.
"Seguís trabajando demasiado."
Y lentamente me la quitó para dejarla sobre el banco de atrás.
Cuando soltó la cámara, mis manos quedaron libres pero yo me sentía todavía más atrapado.
Elena volvió a acercarse despacio hasta que nuestras respiraciones se mezclaron. Sus ojos bajaron apenas a mi boca y después volvieron a mirarme como si estuviera que yo tomara una decisión que en realidad ya había nunca tuve oportunidad de decidir.
"No necesitás pensar tanto..." murmuró con esa calma peligrosa que tenía para decir las cosas.
Y entonces sus dedos subieron lentamente por mi cuello, perdiéndose detrás de mi nuca mientras ella misma terminaba de acortar la distancia entre los dos.
El primer beso fue suave.
Demasiado suave para toda la tensión que fui acumulando.
Ella besaba como alguien que sabía perfectamente el efecto que causaba. Sin apuro. Sin dudas. Haciendo que fuese yo quien terminara inclinándose más contra su cuerpo, buscando profundizar algo que claramente ya se nos había ido de las manos.
Mis manos empezaron a buscar tocar sus tetas, levantando toscamente su top mientras bajé con mis besos a su cuello.
Elena puso un dedo sobre mí boca.
Susurrando casi deslizó un "tranquilo... Acá me tenés".
Mis latidos no lograron desacelerarse, pero sí mis manos.
Ella bajó ese mismo dedo por todo mí pecho hasta llegar a mí pelvis. En un freno calculado, tiró para arriba mí remera dejando mí torso al descubierto.
Inmóvil, vi como bajo nuevamente, esta vez eran sus dos manos, haciendo contacto con sus uñas en mí piel, casi afilando sus garras.
En esta ocasión, mí bajo vientre no fué el final de su recorrido, sino el botón de mí pantalón. Lo desabrochó mientras cruzó miradas conmigo, sentía su respiración caliente en mis labios que aún tenían su sabor.
Ya me encontraba sólo en boxer ante ella. Mí arrebato de ansiedad me llevó a quedar prácticamente desnudo frente a Elena, que ahora volvió a besarme dulcemente mientras escurría su mano por mí única prenda de ropa restante.
Sus dedos empezaron a jugar con mí miembro al mismo ritmo que su lengua daba vueltas con la mia.
Con una presión mínima de su mano sobre mi pecho, terminó de acostarme contra el banco.
Ella seguía de pie entre mis piernas mientras me masturbaba lentamente, disfrutando cada gesto de desesperación que intentaba disimular.

"Así me gusta..." murmuró apenas.
Después se mordió el labio observando cómo reaccionaba mi cuerpo.
La diferencia de edad, su seguridad, el aula vacía... todo volvía la situación todavía más irreal.
Y entonces Elena hizo algo que terminó de destruirme la cabeza.
Agarró mi cámara del banco.
La encendió.
Y apuntándome directamente desde arriba, sonrió.
"Ahora sí estás saliendo lindo."
Yo mientras tanto me encontraba mirando al techo, el aroma del ambiente se había vuelto invadido por el perfume de esa mujer como si tuviese la capacidad de manejarlo a gusto, se escuchaban los gemidos de ambos y sentía la aceleración de su mano que recorría de punta a punta mí falo.
Mí mente empezó a viajar del mismo modo que la lengua de Elena tomó rumbo por mí entrepierna, ignorando completamente lo que más deseaba y fué subiendo por mí cuerpo hasta mis tetillas.
Pequeños mordiscos me hacían dar saltos mientras ella aún me tocaba.
Sobre esa mesa desnudo de universidad, no era más que otro ensayo que ella resolvía con maestría.
Sin darme cuenta del momento en el que se movió, sentí su cálida lengua haciendo contacto con mí pija.
La envolvió con su boca y empezó a succionar abandonando cualquier serenidad previa.
Sentí por primera vez en ella, un acto desesperado, de deseo incontrolable. Lo pude reconocer dado que fué el mismo que tuvo Lu a empezar con su pete la otra noche.
Elena frotaba mí pija por su cara y volvía a tragarla como si de ello dependiera su respiración.
Sus manos se agarraban a mí cadera para ganar impulso en ese constante vaivén de su cabeza.
No sabía la hora, no sabía cómo terminamos así, solo que ella parecía querer robarme el alma en ese momento.
Mí espalda arqueada del cúmulo de placer que sentía en esos momentos.
Elena disfrutaba verme desarmarme.
Pero había algo más.
Cada vez que volvía a envolverme con la boca, sus movimientos dejaban de ser tan calculados.
Como si incluso alguien como ella estuviera empezando a perder el ritmo por culpa de lo que tenía enfrente.
Varias veces creí que me acabaría, pero como si ella manejase mí cuerpo a voluntad, cambiaba de ritmos para estirar ese momento.
Elena se levantó y rodeó la mesa.
Su mano fué recorriendo desde mí pierna hasta mí cara.
Me dió un beso muy pasional, distinto a los anteriores. Lamió mis labios y parte de mí mentón.
En un movimiento rápido, cruzó una pierna por encima mío, apoyó sus rodillas a los costados de mí cabeza y se sentó sobre mí cara.
Sentí su conchita húmeda sobre mis labios y su culazo rodeaba toda mí cara.
Su sexo inundaba mí boca.
Escuchaba sus gemidos mientras meneaba sobre mí decidiendo a dónde caerían mis lamidas.
Sus uñas clavas en mí panza que le daban el equilibrio para mantenerse.
Ese perfume de mujer me extasiaba.
Estaba concentrado en mis labores -ya no profesionales- buscando ser un amante a la altura de esa esbelta brasileña.
Sentí su saliva caer, su mano se encargaba de esparcir y masajear su próximo objetivo.
Una lamida inesperada hizo temblar mi cuerpo y apretar la boca contra sus labios vaginales.
Elena rotó y esta vez quedamos frente a frente. Me comió la boca en intercambiamos sabores entre nosotros. Un beso súper pasional, obsceno, grotesco, la brasileña mordía mi labio inferior, su lengua bailaba con la mía.
Entre todo ese momento, su mano aprovechó de buscar mi miembro que apuntó hacia su conchita. Con la puntita ya clavada, empezó a bailar sobre mí, la sensualidad hecha mujer, sambaba sobre este afortunado narrador.
Apretaba sus tetas.
Sus manos recorrían su cuerpo.
Jugaba con su pelo.
Mordía sus dedos.
Derrochaba sensualidad.
Yo tomaba imágenes mentales que no borraría jamás.
Aceleró su ritmo sin dejar de moverse en círculos sobre mi cuerpo.
Sentía su cola chocar contra mis piernas mientras buscaba desaparecer toda mí pija dentro de ella.
Instantáneamente me quedé helado, escuché un ruido.
En shock y sin poder abstraerme de lo que estaba pasando, vi a...
Lu!?!?
Ella miraba, sentada cómoda en un banco otra vez, como cuando disfrutaba de la sesión de fotos.

Esta vez, era una sesión sexual.
No parecía nerviosa. Ni incomoda.
Inclusive, yo la tenía a metros detrás mío, pero Elena de frente suyo, miraba para el lado de la puerta.
No sabía hace cuánto tiempo estaba, solo estaba seguro que la brasileña no estaba para nada preocupada por la situación.

Elena giró apenas la cabeza.
Sonrió.
Una sonrisa mínima.
Casi soberbia.
Y volvió a bajar sobre mí cuerpo lentamente, hundiéndome otra vez dentro de ella mientras sostenía la mirada con Lu.
Creo que ese fue el momento exacto donde dejé de entender qué estaba pasando.
Porque Lu no se fue.
Tampoco habló.
Solo se mordió apenas el labio mientras jugaba nerviosamente con el vaso de café entre las manos.
Y yo, atrapado abajo de Elena, terminé sintiendo que las dos me estaban observando de maneras completamente distintas.
Elena aceleró apenas el movimiento de su cintura, sin dejar de mirar a Lu.
No era una sorpresa para ella, pero notó mí sorpresa. Parecía querer demostrarme que a ella nada la iba a avergonzar. Era una mujer disfrutando.
Saltaba encima mío.
Seguía apretando sus tetas entre gemidos cada vez menos disimulables.
Una fuerte bajada y su espalda arqueada inmediatamente. Llegó a exclamar algo en portugués que no entendí, pero por su rostro, un intenso orgasmo inundó su cuerpo.
Su cuerpo tensionado aprezaba mi pija, ella cayó encima mío con su cabeza reposada contra el hombro.
Suavecito siguió moviéndose invitándome a continuar, aquella felina brasilera quería su recompensa final.
Agarrando fuerte sus nalgas, empecé a bombear con un extra encantador de sus flujos sobre mí.
La sentía gimiendo en mi oído mientras yo buscaba impresionarlas a ambas con fuertes embestidas.
Me comió la boca casi que buscando alguna forma de ahogar sus gritos.
Toda la situación me excitó muchísimo, ella sintió que me iba a acabar por la forma en que me retorcía, cómo empecé a hundir más la verga contra ella, es
to hizo que se levante y apuntó para que unos gruesos chorros blancos caigan sobre la raya de su culo.
Después de todo ese enchastre, recibí un piquito de aprobación.
Lu se levantó en ese momento, se acercó a mí que aún tenía la transpiración y el olor de Elena sobre el cuerpo, me besó en la frente y me dijo "te espero afuera así te cambias, no te olvides la cámara".
No me quería mover para no despertarla, era muy dulce durmiendo.
Era de noche, no sabía la hora y sentía bastante confusión por la pérdida de la noción del día de ayer.
Busqué el teléfono intentando moverme lo menos posible, estiré mí brazo manteniendo firme el resto de mí cuerpo, logré alcanzarlo y prendí con una mano la pantalla.
5:56hs.
Había dormido gran parte de la tarde/noche.
Tenía mil notificaciones y mensajes. Aunque indudablemente, mis ojos se fueron directo a uno que no esperaba.
Era un mensaje de Instagram, "Lu".
"A vos y a tu cámara les conseguí un trabajo"
Reaccioné con un corazón porque era lo único que me permitía mí mano libre.
Una parte de mí se sintió genuinamente agradecida. Después de todo, Lu había sido quien me empujó a meterme en fotografía.
Aunque, algo en mí se había paralizado al ver su nombre, no sé que otro tipo de mensaje esperaba ni cómo lo manejaría, pero si puedo admitir que aceleró mí corazón recibirlo.
Mi vista volvió a Sofi. Seguía descansando sobre mí. Le di un beso en la frente y volví a cerrar los ojos.
Intenté nuevamente volverme a dormir, pero me costó demasiado, mis pensamientos no ayudaban para nada.
Tampoco ese cuerpo desnudo sobre mí. Con mí otra mano fui acariciando su espalda, primero suavemente y luego bajando a su cola. Ahí mantuve sus caricias un largo rato mientras cada vez volvía más frecuentes mis visitas a la zona baja de sus glúteos.
Sentía el calor que emanaba su sexo y mis dedos empezaron a visitar su entrepierna entre mimos a su cola.
Ella empezó a despertar, tomé eso como una oportunidad para que mis dedos empiecen a jugar en su rayita.
Sofi despertó sonriendo y con su cara aún en mí pecho me dijo dulcemente en voz baja "mmm... Qué lindo despertarme así...buen día...mmm... mi amor".
Nos dimos un beso mientras mis falanges tomaban terreno dentro de ella. Ya estaba empezando a mojarse.
Su lengua comenzó a recorrer mí cuello y fué bajando por mí cuerpo, sentí como llegaba a la zona baja y sobre el final, volvía a subir como buscando provocarme.
Mis dedos se movían cada vez más rápido en venganza por esto. Ella lejos de sentirse victimizada, gozaba con mí decisión.
"Me muero por estar arriba tuyo ahora mismo, puedo?"
Su mirada pedía permiso, como si hubiese existido posibilidad de que me niegue...
No respondí pero sí la agarré de la cintura y la subí encima mío. Ella se fué encargando del resto, un hilo de baba cayó sobre mí miembro y con su mano fué guiando a la entrada de su conchita.
Dejó caer su cuerpo sobre el mío, cruzó sus brazos detrás de mí cuello y entre risas me besó mientras su frente se apoya a en mí, nuestra miradas se cruzaban, en simultáneo, su cintura seguía bajando y dejaba caer mayor peso sobre mí.
Sus gemidos se fueron acelerando, sus cachetes empezaron a tener un color rojizo, los "mmm" de Sofi invadían la habitación.
Cada vez sus saltitos eran más cortos y rápidos sobre mí.
La agarré de la cola con la fuerza habitual y le dí una nalgada bien fuerte, casi como desafiandola a subir el ritmo. Ella respondió como buena yegua, aceleró su ritmo y cada vez con movimientos más profundos.
"Plaf"
Volví a pegarle.
Ella levantó su torso y apoyó sus manos sobre mí pecho. Buscó una posición que le permita montarme con mayor vehemencia.
Gemía mientras saltaba encima de mí verga que sin tregua.
"PLAFF"
"AHHHHHHH" fué su reacción.
Otro azote más. Esta vez, más fuerte aún que todos los anteriores. Mí mano quedó ardiendo. Su grito justificado.
Sin embargo, su ritmo seguía acelerando, casi sintiéndose en necesidad de una obediencia debida.
Me encantaba tenerla así, manejaba su cuerpo con manos en su cintura.
No tardó en acabarse y caer rendida sobre mí. Me dedique a mí bombear su conchita mientras a pesar de su falta de aire, liberaba gritos de placer.
Seguí cogiéndola de forma intensa hasta que empecé a venirme dentro de Sofi. Ella me agarró de los cachetes y me dió un beso mientras yo aún seguía descargando dentro de ella.
Lo siguiente que les puedo contar, era que ese mismo lunes a la tarde noche, ya estaba rumbo a la Universidad.
Qué universidad dirán? Si no estudiaba nada.
Lu me había dicho que su docente, una profesora extranjera brasileña había ganado una beca en la University of California, debido a un trabajo doctoral. Honestamente, poco entendía, pero sí sabía que eso para mí se traducía en un trabajo importante alejado de las fiestas infantiles y casamientos familiares de siempre.
Debía ayudar a su profesora, con unas fotos para enviar a la revista de aquella Universidad cuando anunciaran su beca.
Realmente por mí inexperiencia y a su vez, por no defraudar a Lu, no había preguntando nada de ella, "la modelo".
Me sorprendí al llegar a un aula vacía, las clases habían terminado y estaba solo ella, una brasileña de 35/38 años aproximadamente. "Elena".
Honestamente, era despampanante. Lo hermosa de ella te atropellaba, una tez morena perfecta, una sonrisa radiante, su pelo extremadamente ondulado y salvaje pero con una caída sexy.
Su cuerpo? Tenía algo imposible de ignorar incluso antes de abrir la boca.
Realmente era preciosa. Me quedé helado, no sabía cómo empezar, no estaba realmente preparado para semejante mujer.
"Empezamos?" Dijo con un acento portugués que me derritió.
Lu me miraba actuar sentada en un banco, quizás el que solía usar ella para las clases.

Saqué mis primeras fotos y Elena interrumpió.
"Espera, esto no me combina y parezco una docente de escuela pública" todos reímos.
Me pidió que me giré un segundo, cuando me avisó, me encontré que había sacado su top blanco de abajo de la camisa. Quedando meramente con su camisa y un escote hipnotizante.
Seguí pidiéndole cosas muy casuales, improvisaba mientras buscaba cómo llevar la situación con profesionalismo.
Elena parecía una experta, tenía carácter, sonreía en el momento justo, sus ojos atravesaban mí lente y parecía que ella me fotografiaba a mí con la mirada.


Se fué soltando, fué siendo cada vez más sensual, más libre. Se notaba su naturaleza brasilera.
Fuimos sacando fotos "clásicas", inclusive, ella se arrimó al pizarrón simulando que escribía. Yo gatillaba todas las fotos que mis dedos permitían.

Como una película erótica barata. Su tiza se partió, no esperé que ella se agache tan rápido a buscarla ni de esa forma. Saqué una foto perfecta a su cola, majestuosa.
Ella rió notando mí nerviosismo por haber disparado esa toma sin darme cuenta, notó mis pómulos rojos.
"Perdón, fué un acto reflejo" me dijo ella, pero bien podría haber sido yo que tome el valor de decirlo.
"Al menos quedó linda?" Dijo acercándose a mí en búsqueda de ver mí cámara.
"Me voy a comprar café para los 3 al kiosco de la vuelta" dijo Lu. Abandonando el aula repentinamente.
Yo tenía a Elena encima mío prácticamente mientras miraba la foto con su culazo en primer plano. Su perfume, su pose, su confianza, te hacía sentir un niño más allá de los años que me llevaba.
"Wow, sos bueno" eligió mientras seguía viendo otras fotos.
"Aunque siento que la camisa me hace ver muy clásica"
Se giró a buscar el top que inicialmente se había sacado y de espaldas a mí, empezó a desabrocharse la blusa.
Sin tapujos se desnudó frente mío, intentaba mirar para otro lado pero mis ojos estaban poseídos y se movían solos hacía la simple e inocente vista de una espalda al descubierto.
Se puso el top y apenas giró sus dientes blancos se exhibían en una sonrisa llena de seguridad.
"Probemos algunas más"
Posó de una forma arrolladora, casi transformada.


Me costaba reconocer el carácter científico de estas últimas tomas pero por nada del mundo me detendría honestamente.
Me fui acercando a ella para retratar esa mirada, cualquiera que viese esos ojos de cerca sería prisionero de pura lujuria.

Elena se acercó incluso más a mí, podía sentir su respiración y me quedé quieto creyendo que algo sucedía.
Sus ojos dejaron de apuntar al lente y se enfocaron directo en mí. Otra vez, quería hablar pero no lo lograba.
Se apoyó sobre mí cuerpo y tomando mí muñeca, se acercó aún más quedando cerca de mí rostro.
"A ver las últimas fotos?"
Sola empezó a mirarlas sin apartarse de mí cuerpo.
"Me encantan estas últimas... y se nota que a vos también."
Elena sonrió apenas.
No dijo nada al principio. Solo dejó caer los dedos sobre la cámara y después bajó lentamente la vista.
"Creo que las últimas fotos no fueron lo único que salió bien."
Elena giró despacio hasta quedar de espaldas contra uno de los bancos.
Sus dedos jugaron con el borde de su escote mientras me sostenía la mirada.
"Vení."
No fue una orden fuerte.
Peor.
Fue suave.
Y justamente por eso me resultó imposible no acercarme.
Cuando quedé frente a ella, Elena apoyó una mano sobre mi pecho.
Ni siquiera me estaba tocando con intención sexual todavía.
Pero sentía la presión de sus dedos como si me estuviera desarmando de a poco.
"Relajate..." dijo sonriendo apenas.
Después miró la cámara colgando de mi cuello.
"Seguís trabajando demasiado."
Y lentamente me la quitó para dejarla sobre el banco de atrás.
Cuando soltó la cámara, mis manos quedaron libres pero yo me sentía todavía más atrapado.
Elena volvió a acercarse despacio hasta que nuestras respiraciones se mezclaron. Sus ojos bajaron apenas a mi boca y después volvieron a mirarme como si estuviera que yo tomara una decisión que en realidad ya había nunca tuve oportunidad de decidir.
"No necesitás pensar tanto..." murmuró con esa calma peligrosa que tenía para decir las cosas.
Y entonces sus dedos subieron lentamente por mi cuello, perdiéndose detrás de mi nuca mientras ella misma terminaba de acortar la distancia entre los dos.
El primer beso fue suave.
Demasiado suave para toda la tensión que fui acumulando.
Ella besaba como alguien que sabía perfectamente el efecto que causaba. Sin apuro. Sin dudas. Haciendo que fuese yo quien terminara inclinándose más contra su cuerpo, buscando profundizar algo que claramente ya se nos había ido de las manos.
Mis manos empezaron a buscar tocar sus tetas, levantando toscamente su top mientras bajé con mis besos a su cuello.
Elena puso un dedo sobre mí boca.
Susurrando casi deslizó un "tranquilo... Acá me tenés".
Mis latidos no lograron desacelerarse, pero sí mis manos.
Ella bajó ese mismo dedo por todo mí pecho hasta llegar a mí pelvis. En un freno calculado, tiró para arriba mí remera dejando mí torso al descubierto.
Inmóvil, vi como bajo nuevamente, esta vez eran sus dos manos, haciendo contacto con sus uñas en mí piel, casi afilando sus garras.
En esta ocasión, mí bajo vientre no fué el final de su recorrido, sino el botón de mí pantalón. Lo desabrochó mientras cruzó miradas conmigo, sentía su respiración caliente en mis labios que aún tenían su sabor.
Ya me encontraba sólo en boxer ante ella. Mí arrebato de ansiedad me llevó a quedar prácticamente desnudo frente a Elena, que ahora volvió a besarme dulcemente mientras escurría su mano por mí única prenda de ropa restante.
Sus dedos empezaron a jugar con mí miembro al mismo ritmo que su lengua daba vueltas con la mia.
Con una presión mínima de su mano sobre mi pecho, terminó de acostarme contra el banco.
Ella seguía de pie entre mis piernas mientras me masturbaba lentamente, disfrutando cada gesto de desesperación que intentaba disimular.

"Así me gusta..." murmuró apenas.
Después se mordió el labio observando cómo reaccionaba mi cuerpo.
La diferencia de edad, su seguridad, el aula vacía... todo volvía la situación todavía más irreal.
Y entonces Elena hizo algo que terminó de destruirme la cabeza.
Agarró mi cámara del banco.
La encendió.
Y apuntándome directamente desde arriba, sonrió.
"Ahora sí estás saliendo lindo."
Yo mientras tanto me encontraba mirando al techo, el aroma del ambiente se había vuelto invadido por el perfume de esa mujer como si tuviese la capacidad de manejarlo a gusto, se escuchaban los gemidos de ambos y sentía la aceleración de su mano que recorría de punta a punta mí falo.
Mí mente empezó a viajar del mismo modo que la lengua de Elena tomó rumbo por mí entrepierna, ignorando completamente lo que más deseaba y fué subiendo por mí cuerpo hasta mis tetillas.
Pequeños mordiscos me hacían dar saltos mientras ella aún me tocaba.
Sobre esa mesa desnudo de universidad, no era más que otro ensayo que ella resolvía con maestría.
Sin darme cuenta del momento en el que se movió, sentí su cálida lengua haciendo contacto con mí pija.
La envolvió con su boca y empezó a succionar abandonando cualquier serenidad previa.
Sentí por primera vez en ella, un acto desesperado, de deseo incontrolable. Lo pude reconocer dado que fué el mismo que tuvo Lu a empezar con su pete la otra noche.
Elena frotaba mí pija por su cara y volvía a tragarla como si de ello dependiera su respiración.
Sus manos se agarraban a mí cadera para ganar impulso en ese constante vaivén de su cabeza.
No sabía la hora, no sabía cómo terminamos así, solo que ella parecía querer robarme el alma en ese momento.
Mí espalda arqueada del cúmulo de placer que sentía en esos momentos.
Elena disfrutaba verme desarmarme.
Pero había algo más.
Cada vez que volvía a envolverme con la boca, sus movimientos dejaban de ser tan calculados.
Como si incluso alguien como ella estuviera empezando a perder el ritmo por culpa de lo que tenía enfrente.
Varias veces creí que me acabaría, pero como si ella manejase mí cuerpo a voluntad, cambiaba de ritmos para estirar ese momento.
Elena se levantó y rodeó la mesa.
Su mano fué recorriendo desde mí pierna hasta mí cara.
Me dió un beso muy pasional, distinto a los anteriores. Lamió mis labios y parte de mí mentón.
En un movimiento rápido, cruzó una pierna por encima mío, apoyó sus rodillas a los costados de mí cabeza y se sentó sobre mí cara.
Sentí su conchita húmeda sobre mis labios y su culazo rodeaba toda mí cara.
Su sexo inundaba mí boca.
Escuchaba sus gemidos mientras meneaba sobre mí decidiendo a dónde caerían mis lamidas.
Sus uñas clavas en mí panza que le daban el equilibrio para mantenerse.
Ese perfume de mujer me extasiaba.
Estaba concentrado en mis labores -ya no profesionales- buscando ser un amante a la altura de esa esbelta brasileña.
Sentí su saliva caer, su mano se encargaba de esparcir y masajear su próximo objetivo.
Una lamida inesperada hizo temblar mi cuerpo y apretar la boca contra sus labios vaginales.
Elena rotó y esta vez quedamos frente a frente. Me comió la boca en intercambiamos sabores entre nosotros. Un beso súper pasional, obsceno, grotesco, la brasileña mordía mi labio inferior, su lengua bailaba con la mía.
Entre todo ese momento, su mano aprovechó de buscar mi miembro que apuntó hacia su conchita. Con la puntita ya clavada, empezó a bailar sobre mí, la sensualidad hecha mujer, sambaba sobre este afortunado narrador.
Apretaba sus tetas.
Sus manos recorrían su cuerpo.
Jugaba con su pelo.
Mordía sus dedos.
Derrochaba sensualidad.
Yo tomaba imágenes mentales que no borraría jamás.
Aceleró su ritmo sin dejar de moverse en círculos sobre mi cuerpo.
Sentía su cola chocar contra mis piernas mientras buscaba desaparecer toda mí pija dentro de ella.
Instantáneamente me quedé helado, escuché un ruido.
En shock y sin poder abstraerme de lo que estaba pasando, vi a...
Lu!?!?
Ella miraba, sentada cómoda en un banco otra vez, como cuando disfrutaba de la sesión de fotos.

Esta vez, era una sesión sexual.
No parecía nerviosa. Ni incomoda.
Inclusive, yo la tenía a metros detrás mío, pero Elena de frente suyo, miraba para el lado de la puerta.
No sabía hace cuánto tiempo estaba, solo estaba seguro que la brasileña no estaba para nada preocupada por la situación.

Elena giró apenas la cabeza.
Sonrió.
Una sonrisa mínima.
Casi soberbia.
Y volvió a bajar sobre mí cuerpo lentamente, hundiéndome otra vez dentro de ella mientras sostenía la mirada con Lu.
Creo que ese fue el momento exacto donde dejé de entender qué estaba pasando.
Porque Lu no se fue.
Tampoco habló.
Solo se mordió apenas el labio mientras jugaba nerviosamente con el vaso de café entre las manos.
Y yo, atrapado abajo de Elena, terminé sintiendo que las dos me estaban observando de maneras completamente distintas.
Elena aceleró apenas el movimiento de su cintura, sin dejar de mirar a Lu.
No era una sorpresa para ella, pero notó mí sorpresa. Parecía querer demostrarme que a ella nada la iba a avergonzar. Era una mujer disfrutando.
Saltaba encima mío.
Seguía apretando sus tetas entre gemidos cada vez menos disimulables.
Una fuerte bajada y su espalda arqueada inmediatamente. Llegó a exclamar algo en portugués que no entendí, pero por su rostro, un intenso orgasmo inundó su cuerpo.
Su cuerpo tensionado aprezaba mi pija, ella cayó encima mío con su cabeza reposada contra el hombro.
Suavecito siguió moviéndose invitándome a continuar, aquella felina brasilera quería su recompensa final.
Agarrando fuerte sus nalgas, empecé a bombear con un extra encantador de sus flujos sobre mí.
La sentía gimiendo en mi oído mientras yo buscaba impresionarlas a ambas con fuertes embestidas.
Me comió la boca casi que buscando alguna forma de ahogar sus gritos.
Toda la situación me excitó muchísimo, ella sintió que me iba a acabar por la forma en que me retorcía, cómo empecé a hundir más la verga contra ella, es
to hizo que se levante y apuntó para que unos gruesos chorros blancos caigan sobre la raya de su culo.
Después de todo ese enchastre, recibí un piquito de aprobación.
Lu se levantó en ese momento, se acercó a mí que aún tenía la transpiración y el olor de Elena sobre el cuerpo, me besó en la frente y me dijo "te espero afuera así te cambias, no te olvides la cámara".
0 comentarios - Mi peor pesadilla VII