
Esto sucedió hace ya varios años. Yo tenía 22 apenas y en esa época trabajaba como empleada en una conocida casa de comidas del shopping mas grande que hay en la Ciudad de Neuquén.
Vale decir que no hacía mucho que me había casado pero mi relación rápidamente se había vuelto aburrida, monótona y muy poco satisfactoria en la intimidad.
Hacía unos pocos meses que había comenzado a trabajar en ese lugar y tenía más compañeros varones que mujeres.
Entre todos los chicos nuevos que conocí en la chamba había uno que me atraía bastante. Se llamaba Javier y tenía un año más que yo. Todos sabían que era casada allí porque yo misma se los había dicho. Pero este chico siempre estuvo interesado en mi desde el primer momento.
El punto es que después de un tiempo a Javier lo cambiaron justo a mi turno así que empezamos a tener mucho más trato que antes y a conocernos cada vez mejor. La verdad que con el pasar de los días noté que él me gustaba cada vez más. Pero al mismo tiempo sentía mucho miedo y culpa porque sentía que me estaba portando mal con mi esposo.
Un día estábamos solos en el depósito del trabajo buscando para reponer las gaseosas y cervezas y sin querer nos rozamos las manos y quedamos frente a frente. El me abrazo y me beso en los labios. Yo la verdad que me derretía cuando lo tenía al lado así que ni hablar de probar su boca. No me resistí y le correspondí a su beso. Fue solo eso, pero internamente sentía un cosquilleo en el estómago y una adrenalina que me hicieron como renacer una parte de mi muerta. Esa noche al volver a casa, porque yo salía muy tarde del trabajo, mi marido no estaba en casa porque le tocó trabajar y con Javier estuvimos escribiendonos hasta casi el amanecer. Coincidimos en que a los dos nos gustó el beso pero mi situación de mujer casada impedía cualquier otra cosa entre nosotros dos. Pasaron casi dos semanas que no nos vimos porque a él lo cambiaron de horario temporalmente para cubrir las vacaciones de otro compañero. Pero una tarde volvió a mi turno y nos vimos al llegar, ambos íbamos en bicicleta a trabajar, nos saludamos pero de manera rápida y nerviosa. Eran las 17 horas y estuvimos hasta el fin de la jornada laboral, a las 12 de la noche. En el transcurso de aquella tarde no parábamos de mirarnos cuando podíamos. Yo podía ver en sus ojos el deseo y como me comía con la mirada. Yo por dentro luchaba y trataba de reprimir ese sentimiento prohibido que me atravesaba por completo como mujer y me estremecía.
Ni bien termino la jornada recuerdo que fui al baño y me acomode un poco el pelo, me puse perfume, agarre mi mochila y me diriji a buscar mi bicicleta para volver a casa. Al salir a la playa de estacionamiento del shopping cuando me iba a subir lo veo que sale Javi y se vino rápido donde yo estaba.
-Te acompaño bonita?- me dijo. Yo muy nerviosa, al verlo, no supe que decirle, así que asentí con la cabeza. Salimos juntos, no andaba nadie ya a esa hora, íbamos conversando en el camino. Pedaleamos unos trescientos metros. Cuando llegamos a un cruce para doblar hacia la avenida que nos llevaba hacia el centro de la ciudad, él frenó, se detuvo y me hizo señas para desviarnos por otro camino. Era un descampado muy grande que pertenecía a los cuarteles del ejército pero que estaba desierto y muy desolado. Había árboles, piedras, estos de paredes y yuyos muy altos. Yo lo mire y con la mirada nos dijimos todo. No era solo un desvío. Ambos intuimos lo que se venía venir. Así que accedí y nos adentramos en ese lugar. Estaba muy oscuro. Apenas llegaba un destello de luces y más que nada de la luna. Anduvimos unos metros más y Javi se detuvo y yo también. Dejamos las bicicletas contra un árbol y me tomo la mano y me llevó hacia un paredón que habia alli. Yo me moría de los nervios. Parecía que el corazón se me iba a salir del pecho. Pero por dentro mío pensaba: ya estoy acá, no hay vuelta atrás.
Javi me tomo de la cintura y me apretó contra su cuerpo, nos besamos bien profundo. Mucha lengua y el deseo que estaba latente y palpitaba en nuestros cuerpos. Yo sentía un calor y una excitación que hace rato no sentía y al mismo tiempo pensaba en que no debería estar en ese lugar besándome con otro hombre que no fuera mi esposo. El solo me decía que me deseaba un montón y que no le importaba que fuera casada y al mismo tiempo metía sus manos en mi jean acariciando mis nalgas. Yo estaba inmóvil, solo disfrutaba de sus besos y su lengua dentro de mi boca.
-Que hermosa cola tenés bebe- me decía él mientras me manoseaba el trasero y metia su mano en mi tanga. Yo podía sentir su erección a través del pantalon.

El me levanto y saco la remera que tenía, desprendió el corpiño y libero mis pechos. Me los besaba y acariciaba y yo la verdad me estaba empezando a exitar mal. A esas alturas tenía mi vagina empapada. Pero era muy tímida y no me animaba a tocar su paquete. El se dio cuenta parece y llevo mi mano dentro de su pantalón. Alli pude sentir y tocar ese pedazo de carne caliente por primera vez. Me parecía grande y grueso como el de mi marido. El se bajó bien el pantalón y el boxer y saco su miembro, me hizo arrodillar y me dijo: -dale mamita chupalo. Lo tenía frente a mi boca y lo tome con las dos manos. Estaba durísimo y sin decir nada me lo metí en la boca. El gemía de placer y yo sentía como un río en mi tanguita. Tengo que ser sincera y decir que en esa época no hacía casi nunca petes así que no era la experta que soy hoy. Así que como pude se la chupe por unos minutos nomás.
El muy caliente me hizo parar de nuevo, me desprendió el pantalón de jean, me lo bajo bruscamente y comenzó a besarme de nuevo y a meterme los dedos en mi cuevita. -Que mojada que está tu conchita Andrea- me decía -queres ser mía bebe? Como no dije nada el me apoyo contra una piedra gigante q había al lado de la pared, separó bien mis piernas, me corrió la tanguita y me penetró. Yo le decía que se pusiera forrito que no quería quedar embarazada. Pero el me dijo que no tenía y que quería sentirme al natural. Yo le dije que no quería así, que me la sacará pero el me empezó a bombear cada vez más rápido mientras me apretaba las tetas contra la pared y yo que ya estaba bastante calentita me dije: a la mierda el forro! Que me siga cojiendo! Así que seguimos así un rato. Después me dio vuelta y me puso frente a el, me levanto una pierna y me volvió a penetrar. Y siguió dándome bien duro mientras me decía: -te gusta bebota? Te gusta mi pija?. Yo le decía que si que lo estaba disfrutando y que hacía mucho no me hacían el amor de esa manera. El me chupaba y mordía los pezones hasta hacerme los doler y se puso muy loco. Me levanto la otra pierna, me alzó en el aire y me sento sobre la piedra sin sacarme su verga. Yo gemia y gemía de placer y le decía: -Si mi amor haceme tuya, quiero ser tu mujer!
Parece que esas palabras lo hicieron exitar mucho más porque aumento el ritmo del bombeo, golpeando mi conchita con su pelvis en cada embestida hasta que al fin consiguió hacerme acabar y gritar su nombre entre gemidos. Javi siguio un rato más, me hizo parar de nuevo, me puso de espaldas contra el paredón, me metió de nuevo su pene y me dio asi por unos segundos más hasta q el también logro acabar descargando todo su semen dentro mio.
A continuación me puse el corpiño, la remera, me acomode la bombachita como pude en el oscuro y me subí el jean. Nos besamos una vez más mientras le decía que realmente lo había disfrutado mucho, aunque sabía que estaba mal y que no le podía prometer otro encuentro. El solo me escucho y me apretó contra su pecho. Acto seguido: Cada uno tomo su bicicleta y nos fuimos de allí.
Diez minutos después llegué a mi casa y estaba mi marido esperándome con la cena lista. Cuando lo vi le di un piquito nomás. No quería ni mirarlo a los ojos. Me sentía súper culpable por lo que acababa de hacer. Unas ganas de llorar tenía que quería estar sola nomas.
En fin. Fue una mezcla de sentimientos en mi interior. Por un lado me sentía mal por mi esposo Juan, que dentro de todo me quería; y por el otro lado me sentía una mujer deseada y viva otra vez.
Por un lado la culpa y por otro lado sentía como el semen de Javi caia de mi conchita manchando mi tanguita roja...Ese día, por primera vez en mi vida sentí que me había convertido en una mujer infiel.
3 comentarios - El día que me convertí en infiel