You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Mi abuelo embaraza a mi novia

El sonido de los gemidos me detuvo en seco frente a la puerta del dormitorio de mi abuelo. Era una voz que reconocería en cualquier parte: la de Sabrina, mi novia. Pero esos sonidos no eran los que yo había provocado nunca en ella. Eran más guturales, más desesperados, como si estuviera siendo desgarrada desde adentro. Mi mano tembló mientras acercaba la oreja a la madera gastada de la puerta.

—¡Sí, viejo asqueroso! ¡Métemela toda! —gritaba Sabrina entre jadeos.

Mi estómago se revolvió. La puerta estaba entreabierta, solo un resquicio que me permitía ver el reflejo en el espejo del vestidor. Allí estaba mi abuelo, un hombre de setenta y tantos años con el vientre protuberante y el pecho peludo, montado sobre mi novia como un animal salvaje. Sus manos arrugadas agarraban las caderas perfectas de Sabrina, hundiéndose en su carne blanca y suave mientras la embestía con una ferocidad que me heló la sangre.

—¿Te gusta cómo te la mete este viejo cerdo, huh? —gruñía él, salpicando su pecho con sudor—. ¿Te gusta más que la pollita de mi nieto?

—¡Sí! ¡Más! ¡Más fuerte, viejo marrano! —respondió ella, arqueando la espalda de una manera que nunca había hecho conmigo.

Mis nudillos se pusieron blancos contra el marco de la puerta. Observaba cómo mi abuelo la tomaba por detrás, sus testículos golpeando el clítoris hinchado de Sabrina con cada embestida. Ella goteaba sobre las sábanas blancas de su cama, un charco de humedad que crecía con cada minuto. Sus pechos, que yo había acariciado tantas veces con ternura, rebotaban salvajemente mientras él la jalaba del cabello.

—¡Mira qué cerda eres! —le escupió él, dándole una bofetada en el culo que dejó una marca roja instantánea—. Pidiéndole a un viejo como yo que te folle como si fueras una puta de barrio.

—¡Soy tu puta! —gritó ella, mirándolo por encima del hombro con ojos vidriosos de lujuria—. ¡Soy tu cerda personal!

Mi abuelo aceleró el ritmo, sus caderas moviéndose con una fuerza que no creía posible en un hombre de su edad. El olor a sudor, a sexo y a algo más primitivo se filtraba por la rendija de la puerta, mezclándose con el perfume de Sabrina que todavía impregnaba mi propia piel. Observé cómo sus dedos se hundían en los muslos de ella, dejando marcas moradas que sabría reconocer después.

—¡Estoy a punto de correrme dentro de tu coño de zorra! —rugió él, apretando la mandíbula.

—¡HAZLO! ¡CÓRRETE DENTRO DE MÍ! —suplicó gritando ella, empujando sus caderas hacia atrás para recibirlo más profundo—. ¡PERO QUIERO MÁS! ¡QUIERO QUE ME EMBARACES, VIEJO ASQUEROSO! ¡QUIERO TU LECHE DENTRO DE MI VIENTRE! ¡HAZME UN HIJO, MALDIO VIEJO SUCIO!

Esas palabras golpearon mi pecho como un puño. Mi abuelo sonrió, mostrando sus dientes amarillentos, y con un rugido gutural se hundió hasta el fondo en ella. Vi cómo sus testiculos se contraían, cómo su cuerpo se tensaba completamente. Sabrina gritó, un sonido que mezclaba dolor y éxtasis, mientras él la llenaba con su semen. El líquido blanco comenzó a derramarse de ella, corriendo por sus muslos hasta manchar las sábanas.

Pero entonces ocurrió algo que me rompió por dentro. Sabrina, con movimientos rápidos y precisos, recogió con sus dedos el semen que se escapaba de su vagina. Lo llevó a su boca, mirándolo a los ojos mientras se lo tragaba con avidez. Luego volvió a meter los dedos dentro de sí, como si quisiera asegurarse de que ni una sola gota se perdiera.

—Toda dentro, mi amor —susurró mi abuelo, acariciándole el cabello—. Toda dentro de ese vientre de puta joven. Ahora estás preñada por un viejo, y como buena prostituta que eres, cargarás a mi hijo mientras yo sigo follándote sin descanso.

Me retiré de la puerta con las piernas temblando. Me encerré en mi cuarto, donde el olor a Sabrina todavía impregnaba mis sábanas. Me masturbé pensando en lo que acababa de ver, llorando mientras el orgasmo me sacudía con la fuerza de un terremoto.

Tres días después, Sabrina llegó a casa con una sonrisa radiante. Sus ojos brillaban de una manera que no había visto antes.

—Tengo noticias —dijo, tomando mis manos entre las suyas—. Estoy embarazada. Vamos a tener un hijo.

La miré fijamente, buscando en su rostro alguna señal de engaño, de culpa. Solo encontré felicidad pura.

—¿Estás segura? —logré decir, mi voz apenas un susurro.

—Hice la prueba esta mañana —respondió, besándome suavemente—. Es positivo. Seremos padres.

La abracé, inhalando el perfume de su cabello, el mismo que había olido en la habitación de mi abuelo. Sentí su vientre plano contra mi cuerpo, sabiendo que dentro crecía el fruto de esa traición.

—Estoy tan feliz —susurró ella en mi oído—. Nuestro hijo.

Yo sonreí, besé su frente y le dije que yo también estaba feliz. Pero mientras la abrazaba, sabía que ese niño no era mío. Sabía que cada vez que yo estuviera trabajando, mi abuelo estaría allí, llenándola otra vez con su semen viejo y corrupto. Y lo peor de todo es que una parte de mí, una parte oscura y retorcida, anhelaba volver a espiar detrás de esa puerta.

0 comentarios - Mi abuelo embaraza a mi novia