Este probablemente es el texto más honesto que voy a publicar en mi blog.
No descubrí que me gustaba el fetiche cornudo viendo porno o leyendo foros. En mi caso no empezó como una fantasía. Empezó con una historia real, con mi propia relación y con algo que pasó mucho antes de que yo siquiera estuviera con mi novia.
Mi novia se llama María.
Cuando la conocí ya había tenido relaciones antes, como cualquier persona. Eso nunca fue un problema para mí. Lo que terminó marcando mi mente fue una situación muy específica relacionada con uno de sus ex.
Ese ex se llama Samuel.
Al principio Sanuel era solo un nombre más del pasado de mi novia. Pero poco a poco empecé a darme cuenta de que no era un ex cualquiera. Había una especie de historia alrededor de él.
María había estado muy enamorada de él. Mucho más de lo que él lo estuvo de ella.
Y durante esa relación pasaron cosas que terminaron teniendo consecuencias incluso años después.
Una de ellas fueron unas fotos.
En algún momento de su relación, mi novia le envió fotos íntimas. Fotos que en teoría eran privadas. Fotos que se suponía que solo iban a ver dos personas.



Pero Samuel no las mantuvo privadas.
Las mostró.
Primero a algunos amigos. Luego a más personas. Con el tiempo esas fotos empezaron a circular entre conocidos. No como una filtración masiva de internet, sino como algo que pasaba de celular en celular.
Y yo me fui enterando poco a poco.
Un comentario aquí.
Una broma allá.
Una vez alguien me preguntó directamente si yo tenía esas fotos.
Otra vez una amiga me escribió diciendo que un conocido suyo había visto una foto de las tetas de María.
Para ella eso es algo horrible. Algo que le dolió mucho y que todavía le incomoda.
Pero lo que ella no sabe es lo que empezó a pasar dentro de mi cabeza cuando me enteré de todo eso.
Porque mientras una parte de mí sentía celos, incomodidad o tristeza… otra parte empezó a sentir algo completamente distinto.
Excitación.
Eso me confundió muchísimo al principio.
Recuerdo una vez que un amigo hizo un comentario sobre las tetas de mi novia. Fue un comentario cualquiera, pero a mí me afectó tanto que tuve que ir al baño.
Estuve varios minutos allí tratando de procesarlo.
Terminé llorando.
Pero después de imaginar lo que él había dicho… después de pensar que había visto el cuerpo de mi novia… empecé a excitarme.
Y terminé masturbándome pensando en eso.
Ese fue probablemente el momento en que entendí que algo raro estaba pasando en mi cabeza.
Con el tiempo empecé a notar que Samuel aparecía cada vez más en mi imaginación.
No solo por las fotos.
También por lo que representaba.
Samuel es uno de esos tipos que naturalmente llaman la atención. Es alto, atractivo, muy seguro de sí mismo y tiene fama de ser alguien extremadamente sexual.
Y hay otro detalle que empezó a influir mucho en mi mente.
Su tamaño.
Varios amigos que se han cambiado con él en vestuarios o fiestas alguna vez comentaron lo mismo: que tiene un pene enorme. Según lo que dicen, alrededor de 24 cm.

Yo mido aproximadamente 15 cm.

La primera vez que escuché ese tipo de comentarios no fue algo que me dijeran para provocarme. Ni siquiera sabían lo que pasaba por mi cabeza.
Pero inevitablemente mi mente hizo la comparación.
Ese era el hombre que estuvo con mi novia antes que yo.
El hombre que la sedujo.
El hombre que tuvo acceso a su cuerpo antes que yo.
El hombre que vivió con ella cosas que yo nunca viví en ese momento.
Y cuanto más pensaba en eso, más aparecía en mi imaginación.
A veces mientras estoy con mi novia me vienen pensamientos que ella ni siquiera imagina.
Por ejemplo, a veces pienso algo como:
“Esto que estoy sintiendo ahora… él ya lo sintió antes.”

O cuando estoy admirando su cuerpo me pasa por la cabeza que es algo que otros hombres ya han visto, deseado o comentado.
Hay algo más que siempre me ha parecido irónico.
Mi novia nunca me ha enviado una foto íntima


Llevamos cuatro años juntos y nunca lo ha hecho a pesar de que yo sé lo he pedido.
En cambio otros hombres si pueden tener fotos de ella pero yo que soy su novio no.
Ese contraste alimenta mucho mi imaginación.
Porque mientras yo estoy con ella en el presente, sé que existen hombres que ya conocieron su cuerpo antes, que lo recuerdan o que alguna vez hablaron de él entre ellos.
Y en el centro de toda esta historia siempre está Samuel.
El hombre que estuvo antes que yo.
El hombre con el que inevitablemente termino comparándome.
El hombre que le quitó la virginidad a mi novia.
Y aunque suene extraño decirlo, esa idea también me genera una especie de fascinación.
Con el tiempo entendí que ahí estaba el origen de mi fetiche.
No nació de la fantasía.
Nació de algo que realmente pasó.
Hoy sé que no soy el único al que le pasa algo así. Hay muchos hombres que descubren que les excita imaginar a su pareja siendo deseada por otros o pensar en historias del pasado.
Por eso también escribo esto.
Porque me gusta saber que hay más personas que sienten algo parecido.
Si tú también descubriste que te excita algo así, me gustaría leer tu historia.
Puedes contar en los comentarios cómo te diste cuenta o qué situaciones te llevaron a descubrirlo.
También puedes escribirme por privado si quieres compartir fotos de tu novia o tuyas no importa que tu género.
Voy a seguir escribiendo sobre esto y subiendo más contenido a Poringa.
Porque muchas veces las cosas que creemos que solo nos pasan a nosotros… en realidad le pasan a muchas más personas de las que imaginamos.
No descubrí que me gustaba el fetiche cornudo viendo porno o leyendo foros. En mi caso no empezó como una fantasía. Empezó con una historia real, con mi propia relación y con algo que pasó mucho antes de que yo siquiera estuviera con mi novia.
Mi novia se llama María.
Cuando la conocí ya había tenido relaciones antes, como cualquier persona. Eso nunca fue un problema para mí. Lo que terminó marcando mi mente fue una situación muy específica relacionada con uno de sus ex.
Ese ex se llama Samuel.
Al principio Sanuel era solo un nombre más del pasado de mi novia. Pero poco a poco empecé a darme cuenta de que no era un ex cualquiera. Había una especie de historia alrededor de él.
María había estado muy enamorada de él. Mucho más de lo que él lo estuvo de ella.
Y durante esa relación pasaron cosas que terminaron teniendo consecuencias incluso años después.
Una de ellas fueron unas fotos.
En algún momento de su relación, mi novia le envió fotos íntimas. Fotos que en teoría eran privadas. Fotos que se suponía que solo iban a ver dos personas.



Pero Samuel no las mantuvo privadas.
Las mostró.
Primero a algunos amigos. Luego a más personas. Con el tiempo esas fotos empezaron a circular entre conocidos. No como una filtración masiva de internet, sino como algo que pasaba de celular en celular.
Y yo me fui enterando poco a poco.
Un comentario aquí.
Una broma allá.
Una vez alguien me preguntó directamente si yo tenía esas fotos.
Otra vez una amiga me escribió diciendo que un conocido suyo había visto una foto de las tetas de María.
Para ella eso es algo horrible. Algo que le dolió mucho y que todavía le incomoda.
Pero lo que ella no sabe es lo que empezó a pasar dentro de mi cabeza cuando me enteré de todo eso.
Porque mientras una parte de mí sentía celos, incomodidad o tristeza… otra parte empezó a sentir algo completamente distinto.
Excitación.
Eso me confundió muchísimo al principio.
Recuerdo una vez que un amigo hizo un comentario sobre las tetas de mi novia. Fue un comentario cualquiera, pero a mí me afectó tanto que tuve que ir al baño.
Estuve varios minutos allí tratando de procesarlo.
Terminé llorando.
Pero después de imaginar lo que él había dicho… después de pensar que había visto el cuerpo de mi novia… empecé a excitarme.
Y terminé masturbándome pensando en eso.
Ese fue probablemente el momento en que entendí que algo raro estaba pasando en mi cabeza.
Con el tiempo empecé a notar que Samuel aparecía cada vez más en mi imaginación.
No solo por las fotos.
También por lo que representaba.
Samuel es uno de esos tipos que naturalmente llaman la atención. Es alto, atractivo, muy seguro de sí mismo y tiene fama de ser alguien extremadamente sexual.
Y hay otro detalle que empezó a influir mucho en mi mente.
Su tamaño.
Varios amigos que se han cambiado con él en vestuarios o fiestas alguna vez comentaron lo mismo: que tiene un pene enorme. Según lo que dicen, alrededor de 24 cm.

Yo mido aproximadamente 15 cm.

La primera vez que escuché ese tipo de comentarios no fue algo que me dijeran para provocarme. Ni siquiera sabían lo que pasaba por mi cabeza.
Pero inevitablemente mi mente hizo la comparación.
Ese era el hombre que estuvo con mi novia antes que yo.
El hombre que la sedujo.
El hombre que tuvo acceso a su cuerpo antes que yo.
El hombre que vivió con ella cosas que yo nunca viví en ese momento.
Y cuanto más pensaba en eso, más aparecía en mi imaginación.
A veces mientras estoy con mi novia me vienen pensamientos que ella ni siquiera imagina.
Por ejemplo, a veces pienso algo como:
“Esto que estoy sintiendo ahora… él ya lo sintió antes.”

O cuando estoy admirando su cuerpo me pasa por la cabeza que es algo que otros hombres ya han visto, deseado o comentado.
Hay algo más que siempre me ha parecido irónico.
Mi novia nunca me ha enviado una foto íntima


Llevamos cuatro años juntos y nunca lo ha hecho a pesar de que yo sé lo he pedido.
En cambio otros hombres si pueden tener fotos de ella pero yo que soy su novio no.
Ese contraste alimenta mucho mi imaginación.
Porque mientras yo estoy con ella en el presente, sé que existen hombres que ya conocieron su cuerpo antes, que lo recuerdan o que alguna vez hablaron de él entre ellos.
Y en el centro de toda esta historia siempre está Samuel.
El hombre que estuvo antes que yo.
El hombre con el que inevitablemente termino comparándome.
El hombre que le quitó la virginidad a mi novia.
Y aunque suene extraño decirlo, esa idea también me genera una especie de fascinación.
Con el tiempo entendí que ahí estaba el origen de mi fetiche.
No nació de la fantasía.
Nació de algo que realmente pasó.
Hoy sé que no soy el único al que le pasa algo así. Hay muchos hombres que descubren que les excita imaginar a su pareja siendo deseada por otros o pensar en historias del pasado.
Por eso también escribo esto.
Porque me gusta saber que hay más personas que sienten algo parecido.
Si tú también descubriste que te excita algo así, me gustaría leer tu historia.
Puedes contar en los comentarios cómo te diste cuenta o qué situaciones te llevaron a descubrirlo.
También puedes escribirme por privado si quieres compartir fotos de tu novia o tuyas no importa que tu género.
Voy a seguir escribiendo sobre esto y subiendo más contenido a Poringa.
Porque muchas veces las cosas que creemos que solo nos pasan a nosotros… en realidad le pasan a muchas más personas de las que imaginamos.
0 comentarios - La historia real de cómo descubrí mi fetiche cornudo