A mediados de julio volvimos a San Luis, está vez con Ceci, para disfrutar de la casa de las sierras. Al llegar fue todo hilarante, cómo siempre es la convivencia con mis hermanos y mis hermanastros. Mis hermanos vivían discutiendo por toda la casa, cómo de costumbre. Cami la más chica de mis hermanastros pasaba el día encerrada como siempre en su habitación con su teléfono y computadora. Y Joaquín el mayor de los hijos de Sonia se empalmaba viendo a Ceci con su culito y esas tetas grandes, duras y paradas asomarse entre los remerones y musculosas.
Sonia, que veía a Ceci desfilar provocativamente por todas partes, perspicaz me hizo el comentario "Pobre Joaco ya no da más de tanta paja". Así fue, hasta que comenzaron a irse de a poco, al final solo quedábamos cinco: Papá y Sonia, Ceci y yo, y Camila.
Ceci había comenzando con su plan. Estaba íntima con Sonia, conversaban todo el tiempo, iban juntas al sauna y hasta cocinaban.
- A que no sabías que Sonia es pastelera profesional. ¡No sabes el tiramisú que hizo! Te vas a caer de culo, gordo. Además no sabías que el papá de los chicos la dejo cuando eran chiquitos, te la imaginas. Por eso es tan fuerte ella, la re luchó gordo.
- No sabía tanto de tu nueva amiga. Mira vos...
- Y no sabes la ropa hermosa que tiene, no te das una idea del placard que tiene. Ayer nos probamos unos vestiditos de fiesta divinos. Ella diosa, la piel que tiene. Ese orto, con razón tu papá está como loco con ella.
- Basta gorda, te estás pasando de mambo.
- No, para nada. Me encanta Sonia, me gusta, no es con animo de nada.
Al otro día mientras cogíamos por la mañana vi la puerta entreabierta, pero no hice caso. La cogida fue infernal cómo siempre, está vez motivada por Ceci y su calentura con mí madrastra. Al mediodía mientras charlábamos en familia, Sonia de manera socarrona hizo el comentario, bien fiel a su estilo, pero esta vez delante de mí padre.
-Cuánto ruido sale de esa habitación, chicos, se ve que hay pasión ahí. -Dijo riéndo-.
- Bueno Sonia -acota mí padre-. Perdón Dieguito, es que la puerta estaba prácticamente abierta.
- A mí no me molesta Dieguito, sabes que te lo digo en broma, y no me la voy a dar de conservadora, me gusta que la pasen bien.
- Que se yo Diego, creo que tendrían que cerrar. Sobre todo por su propia intimidad.
- Bueno Papá, a nosotros tampoco nos molesta y hablo por Ceci también. No va a volver a pasar, pero que se yo. Es un mañanero, además todo nos inspira a eso, el aire fresco y las montañas.
- Bueno hijo...
Esa tarde, fuimos con mi viejo y Camila al pueblo, a comprar algunas cosas y de paso a ayudarla en su práctica de manejo. Obviamente, toda la situación parecía manipulada por Ceci, para quedarse a solas con mi madrastra. Tardamos tres horas, lo suficiente para ella. Al llegar de regreso a casa, Ceci estaba sola en el sauna. Empapada y con su ropa toda tirada en el vestidor.
- Si gorda, ya se, no me digas nada. Te la cogiste...
- No, ella me cogió. Me agarró en la cocina apenas se fueron ustedes, lavando los platos, me agarró por detrás, sin preámbulo, gordo. Me dio un beso por atrás y me empezó a meter mano, a meterme saliva. Me puso contra la mesada, me terminó de bajar el short y me sacó la remera. De pronto estaba totalmente en bolas en el medio de la cocina, acorralada contra la mesada y me penetró con los dedos por detrás. Me sacó un orgasmo de la nada y me trajo totalmente desnuda al sauna. Primero se desnudó ella, dejando esos rulos rubios sueltos sobre su cuerpo, las pecas en su pecho, las tetas gigantes y ese culo enorme. Me acostó en el banco largo, me llenó de aceite el cuerpo, acariciándome toda, agarrando toda mi vulva con sus dos manos, en un masaje circular. Las manos me acariciaban toda, ella sabía donde tocarme. Hasta que llegó con su lengua a mis tetas. De ahí comenzó a bajar hasta que me encontró la vagina y fue directo al grano. Mientras me metía un par de dedos, su lengua hacía maravillas con mi clítoris, me transpiraba todo y yo no podía parar de jadear. Me temblaban las piernas. Sentía que se acercaba, la cabeza me explotaba y aunque le pedía que pare, ella seguía. Y seguía y después la concha se me llenó de jugo hasta que exploté.
- Es una hija de puta -le dije mientras la pija se me paraba-.
- Y después me pidió que le chupe la concha... ¡Que concha!
- Dulce y salada, jugosa y bien carnosa, parece una pendeja...
- Siii, que te voy a contar a vos. Ay boludo, me pidió que le meta un par de dedos y más se deshacía de placer. Así mientras ella me metía los dedos en la concha y me hizo acabar una y otra vez. Así hasta que quedé exhausta, toda destrozada de placer. Ella super tranqui se levantó y se fue a bañar como si nada...
Justo mi padre entró al sauna interrumpiendo el relato de Ceci.
- ¡Perdón! -dijo papá, tapándose los ojos-.
- No pasa nada suegro, abra los ojos.
Mi papá abrió grandes los ojos, disculpándose, sin poder quitar la mirada de las tetotas de Ceci. La escena era algo absurda, yo sabía que mi padre no sólo había visto desnuda a Ceci sino que la había cogido por todos los agujeros posibles.
- Dale, papá. No hay drama.
- Vuelvo cuando desocupen el sauna -decía mientras no podía dejar de mirar a Ceci y sus tetas paradas.-
- Dale, pasá que ya nos vamos.
Mi papá se sentó y seguimos charlando, Ceci desnuda, y nosotros con toallas encima. Ceci en silencio y extenuada por la experiencia con mi madrastra, nos escuchaba atenta y reía. Yo no podía contenerme ni concentrarme con semejante tensión sexual. Sentía que en cualquier momento nos íbamos a terminar cogiendo a Ceci, mi papá y yo. Hasta que ella se levantó para ir a bañarse. Le dio un beso a mi papá y un beso a mi.
CONTINUARÁ...
Sonia, que veía a Ceci desfilar provocativamente por todas partes, perspicaz me hizo el comentario "Pobre Joaco ya no da más de tanta paja". Así fue, hasta que comenzaron a irse de a poco, al final solo quedábamos cinco: Papá y Sonia, Ceci y yo, y Camila.
Ceci había comenzando con su plan. Estaba íntima con Sonia, conversaban todo el tiempo, iban juntas al sauna y hasta cocinaban.
- A que no sabías que Sonia es pastelera profesional. ¡No sabes el tiramisú que hizo! Te vas a caer de culo, gordo. Además no sabías que el papá de los chicos la dejo cuando eran chiquitos, te la imaginas. Por eso es tan fuerte ella, la re luchó gordo.
- No sabía tanto de tu nueva amiga. Mira vos...
- Y no sabes la ropa hermosa que tiene, no te das una idea del placard que tiene. Ayer nos probamos unos vestiditos de fiesta divinos. Ella diosa, la piel que tiene. Ese orto, con razón tu papá está como loco con ella.
- Basta gorda, te estás pasando de mambo.
- No, para nada. Me encanta Sonia, me gusta, no es con animo de nada.
Al otro día mientras cogíamos por la mañana vi la puerta entreabierta, pero no hice caso. La cogida fue infernal cómo siempre, está vez motivada por Ceci y su calentura con mí madrastra. Al mediodía mientras charlábamos en familia, Sonia de manera socarrona hizo el comentario, bien fiel a su estilo, pero esta vez delante de mí padre.
-Cuánto ruido sale de esa habitación, chicos, se ve que hay pasión ahí. -Dijo riéndo-.
- Bueno Sonia -acota mí padre-. Perdón Dieguito, es que la puerta estaba prácticamente abierta.
- A mí no me molesta Dieguito, sabes que te lo digo en broma, y no me la voy a dar de conservadora, me gusta que la pasen bien.
- Que se yo Diego, creo que tendrían que cerrar. Sobre todo por su propia intimidad.
- Bueno Papá, a nosotros tampoco nos molesta y hablo por Ceci también. No va a volver a pasar, pero que se yo. Es un mañanero, además todo nos inspira a eso, el aire fresco y las montañas.
- Bueno hijo...
Esa tarde, fuimos con mi viejo y Camila al pueblo, a comprar algunas cosas y de paso a ayudarla en su práctica de manejo. Obviamente, toda la situación parecía manipulada por Ceci, para quedarse a solas con mi madrastra. Tardamos tres horas, lo suficiente para ella. Al llegar de regreso a casa, Ceci estaba sola en el sauna. Empapada y con su ropa toda tirada en el vestidor.
- Si gorda, ya se, no me digas nada. Te la cogiste...
- No, ella me cogió. Me agarró en la cocina apenas se fueron ustedes, lavando los platos, me agarró por detrás, sin preámbulo, gordo. Me dio un beso por atrás y me empezó a meter mano, a meterme saliva. Me puso contra la mesada, me terminó de bajar el short y me sacó la remera. De pronto estaba totalmente en bolas en el medio de la cocina, acorralada contra la mesada y me penetró con los dedos por detrás. Me sacó un orgasmo de la nada y me trajo totalmente desnuda al sauna. Primero se desnudó ella, dejando esos rulos rubios sueltos sobre su cuerpo, las pecas en su pecho, las tetas gigantes y ese culo enorme. Me acostó en el banco largo, me llenó de aceite el cuerpo, acariciándome toda, agarrando toda mi vulva con sus dos manos, en un masaje circular. Las manos me acariciaban toda, ella sabía donde tocarme. Hasta que llegó con su lengua a mis tetas. De ahí comenzó a bajar hasta que me encontró la vagina y fue directo al grano. Mientras me metía un par de dedos, su lengua hacía maravillas con mi clítoris, me transpiraba todo y yo no podía parar de jadear. Me temblaban las piernas. Sentía que se acercaba, la cabeza me explotaba y aunque le pedía que pare, ella seguía. Y seguía y después la concha se me llenó de jugo hasta que exploté.
- Es una hija de puta -le dije mientras la pija se me paraba-.
- Y después me pidió que le chupe la concha... ¡Que concha!
- Dulce y salada, jugosa y bien carnosa, parece una pendeja...
- Siii, que te voy a contar a vos. Ay boludo, me pidió que le meta un par de dedos y más se deshacía de placer. Así mientras ella me metía los dedos en la concha y me hizo acabar una y otra vez. Así hasta que quedé exhausta, toda destrozada de placer. Ella super tranqui se levantó y se fue a bañar como si nada...
Justo mi padre entró al sauna interrumpiendo el relato de Ceci.
- ¡Perdón! -dijo papá, tapándose los ojos-.
- No pasa nada suegro, abra los ojos.
Mi papá abrió grandes los ojos, disculpándose, sin poder quitar la mirada de las tetotas de Ceci. La escena era algo absurda, yo sabía que mi padre no sólo había visto desnuda a Ceci sino que la había cogido por todos los agujeros posibles.
- Dale, papá. No hay drama.
- Vuelvo cuando desocupen el sauna -decía mientras no podía dejar de mirar a Ceci y sus tetas paradas.-
- Dale, pasá que ya nos vamos.
Mi papá se sentó y seguimos charlando, Ceci desnuda, y nosotros con toallas encima. Ceci en silencio y extenuada por la experiencia con mi madrastra, nos escuchaba atenta y reía. Yo no podía contenerme ni concentrarme con semejante tensión sexual. Sentía que en cualquier momento nos íbamos a terminar cogiendo a Ceci, mi papá y yo. Hasta que ella se levantó para ir a bañarse. Le dio un beso a mi papá y un beso a mi.
CONTINUARÁ...
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