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Miranda y su cornudito 29-mama le enseña a su hija sexo anal

Miranda se había convertido en el centro emocional y educativo de esta nueva familia pervertida. No solo era la madre biológica de Carla, Juana y Camilita; también era la guía sexual y moral de todas sus hijas en su despertar como “nenitas sumisas”.
Su rol maternal era único: combinaba el amor protector más tierno con una instrucción sexual cruda, explícita y sin filtros. Para Miranda, ser una buena mamá significaba preparar a sus hijas para el mundo real de los “machos de verdad” —hombres sucios, groseros, viejos y dominantes como Dogoberto, Beto o Groncho— y enseñarles a disfrutar de su rol como hembras sumisas.
Cómo Miranda ejercía su rol maternal
1. Amor incondicional + guía sexual sin límites
Miranda nunca juzgaba a sus hijas por excitarse con lo “asqueroso”. Al contrario, las abrazaba, las besaba en la frente y les decía con ternura:
“Mi nenita… está bien que te dé asco. El asco es parte del placer. Mamá también lo sintió al principio. Pero una mamá buena te enseña a convertir ese asco en excitación.”
Cuando Carla llegó llorando después de su primera noche con Beto, Miranda la abrazó fuerte, le limpió las lágrimas y le dijo:
“Llora todo lo que necesites, mi amor. Mamá está aquí. Pero también quiero que me cuentes cómo te sentiste cuando te rompió el culo… porque ese dolor es lo que te está convirtiendo en una mujer de verdad.”
2. Enseñanzas prácticas y explícitas
Miranda no hablaba en eufemismos. Sus lecciones eran directas y detalladas:


“Cuando te meta la verga en el culo y te duela, no pidas que pare. Gemí y decí ‘duele… pero seguí, mi macho’. Las nenas buenas aguantan el dolor por complacer a su hombre.”
“Si la verga sale embarrada con tu propia caca, abrís la boca sin dudar. Chupás hasta dejarla limpia. Aunque te dé arcadas. Aunque el sabor sea horrible. Eso es sumisión de verdad.”
“Aunque él huela a pies sucios y axilas sudadas, vos olés rico. Ese contraste es lo que lo vuelve loco. No intentes cambiarlo… resaltalo.”


Les enseñaba posturas, cómo relajar el ano, cómo agradecer después del sexo, cómo besar con lengua aunque la boca del macho sea asquerosa, y cómo hablar sucio para excitarlos.
3. Normalización del contraste sucio/limpio
Miranda repetía constantemente:
“Vos sos la parte limpia y delicada. Él es la parte sucia y bruta. Esa diferencia es sagrada. Cuanto más apeste él, más limpia y perfumada tenés que estar vos. Cuando te bese con su boca podrida, abrí la boca y dejá que te llene de saliva. Cuando te folle después de no bañarse, abrí bien las piernas y dejá que su olor te envuelva. Ese contraste es lo que te hace sentir verdaderamente femenina.”
4. Apoyo emocional durante el dolor y la humillación
Cuando veía a sus hijas sufriendo (como cuando Beto le dio palmadas fuertes a Carla o cuando Groncho rompió el himen de Juana), Miranda se acercaba, les acariciaba el cabello y les susurraba:
“Llora si necesitás, mi amor… pero seguí abriendo las piernas. Mamá está orgullosa de que aguantes. El dolor pasa… la sensación de ser poseída por un macho de verdad se queda. Sos una nenita valiente.”
5. Visión a largo plazo
Miranda les explicaba que este no era un juego temporal:
“Esto no es solo por unos días. Beto y Groncho son sus machos ahora. Van a tener que aprender a vivir con su olor, con su rudeza, con su dominio. Una buena novia se despierta antes que su macho, le lleva el desayuno, se deja usar cuando él quiera y le agradece después. Esa es la vida que eligieron al aceptar ser novias de hombres como ellos.”
Al final de cada conversación, Miranda siempre terminaba abrazándolas fuerte y diciéndoles con amor:
“Mamá las ama más que a nada. Por eso les enseño todo esto. Quiero que sean felices siendo lo que son: nenitas sumisas de machos brutos y sucios. Y quiero que sepan que siempre pueden venir a contarme todo… sin vergüenza.”
Miranda no solo era la madre… era la arquitecta de la perversión familiar. Educaba con amor, guiaba con morbo y protegía con firmeza. Sus hijas estaban creciendo bajo su ala… y cada día se volvían más sumisas, más obedientes y más excitadas por el mundo que su mamá les estaba revelando.




La tarde avanzaba tranquila en la casa. Groncho, después de haber descansado un rato, se acercó a Miranda en la cocina mientras ella preparaba la merienda. Con su voz ronca y directa, le dijo sin rodeos:
—Miranda… quiero desvirgar analmente a Juana. Ya es mi novia y quiero estrenarle el culito. Pero la nenita está asustada. Dice que el sexo anal duele mucho y tiene miedo.
Miranda dejó el cuchillo sobre la mesada y miró a Groncho con una sonrisa comprensiva pero práctica.
—Es normal que tenga miedo. Es su primera vez y el culo duele bastante al principio, sobre todo con una verga como la tuya. Pero no quiero que mi hija pase por ese miedo sola.
Hizo una pausa y propuso con naturalidad:
—Te propongo algo mejor. Vos podés penetrarme analmente a mí mientras Juana mira de cerca. Así le muestro que se puede aguantar el dolor, que después viene el placer, y que no tiene que tener tanto miedo. Va a ser como una clase de sexo anal en vivo. ¿Te parece bien?
Groncho sonrió ampliamente, mostrando sus pocos dientes torcidos, claramente complacido con la idea.
—Me parece perfecto. Me va a gustar cogerte el culo delante de tu hija. Y si ella ve cómo lo aguantás… seguro se anima más rápido.
Miranda asintió con una sonrisa serena.
—Entonces está decidido. Vamos a decírselo a Juana ahora.
Las dos fueron al living, donde Juana estaba sentada mirando televisión. Miranda se sentó a su lado y le habló con voz suave pero directa:
—Juana, hijita… Groncho me contó que quiere desvirgarte el culito, pero que tenés miedo porque duele. Mamá entiende tu miedo. Por eso le propuse que primero me folle el culo a mí mientras vos mirás de cerca. Así ves cómo se hace, cómo se aguanta el dolor y cómo después puede sentirse rico. Va a ser como una clase práctica. ¿Te parece bien?
Juana se sonrojó intensamente, pero asintió con timidez.
—Está… está bien, mami… si vos decís que ayuda… yo miro.
Miranda le acarició el cabello con cariño y le dijo:
—Esa es mi nenita buena. No tengas miedo. Mamá va a estar ahí para explicarte todo mientras Groncho me usa. Vas a aprender mucho.
Groncho sonrió satisfecho y añadió:
—Vamos a la habitación entonces. Quiero que mi nenita vea cómo se coge un culo de verdad.
Los tres subieron al dormitorio principal. Miranda se quitó la ropa con naturalidad y se puso en cuatro patas sobre la cama, levantando el culo hacia Groncho. Juana se sentó en una silla cerca de la cama, nerviosa pero con los ojos muy abiertos.
Miranda miró a su hija y le dijo con voz tranquila:
—Mirá bien, Juana. Mamá te va a mostrar cómo se hace. Aunque duela, una nenita buena aguanta y después disfruta. Observá todo.
Groncho se colocó detrás de Miranda, escupió en su verga y comenzó a penetrarla analmente con embestidas firmes. Miranda gemía, pero mantenía la calma para explicarle a su hija:
—Ves, hijita… al principio duele… pero respirás profundo… y dejás que entre… después el dolor se mezcla con placer…
Juana miraba todo con atención, las mejillas rojas, aprendiendo de su mamá en tiempo real.
La “clase práctica” de sexo anal acababa de comenzar.
Miranda y su cornudito 29-mama le enseña a su hija sexo anal


Miranda estaba en cuatro patas sobre la cama matrimonial, con el culo levantado y las rodillas separadas. Groncho, de pie detrás de ella, había escupido en su verga gruesa y ya la tenía a medio enterrar en el ano de Miranda. El viejo empujaba con embestidas firmes y profundas, haciendo que el cuerpo de Miranda se sacudiera ligeramente con cada golpe.
Juana estaba sentada en una silla muy cerca de la cama, con los ojos muy abiertos, las manos sobre las rodillas y la cara roja de vergüenza y excitación. No podía apartar la vista de cómo la verga de Groncho entraba y salía del ano de su mamá.
Miranda, a pesar del placer y el esfuerzo, trataba de mantener la compostura para dar una “clase” clara y educativa. Su voz salía entrecortada por las embestidas, pero intentaba sonar calmada y maternal:
—Mirá bien, Juana… aaaahhh… esto es el sexo anal… al principio duele… porque el ano es muy apretado… pero si respirás profundo… y empujás un poquito hacia atrás… el músculo se relaja… y la verga puede entrar más fácil…
Groncho gruñó y le dio una embestida más fuerte. Miranda soltó un gemido más agudo, pero siguió hablando:
—Preguntame lo que quieras, hijita… no tengas vergüenza…
Juana, con voz temblorosa, hizo la primera pregunta:
—Mami… ¿duele mucho cuando te la meten toda? Se ve tan grande… y tu ano se abre tanto…
Miranda jadeó cuando Groncho aceleró el ritmo, pero respondió con esfuerzo:
—Duele… sí… al principio es un ardor fuerte… como si te estuvieran estirando y quemando… pero mirá… yo estoy respirando… y relajando… y ya está casi toda adentro… después el dolor baja… y queda una sensación de estar muy llena… muy usada… eso es lo que muchas nenitas terminan disfrutando…
Juana tragó saliva y preguntó otra cosa, mirando cómo la verga entraba y salía:
—¿Y… cómo hacés para no llorar? Yo lloré mucho cuando Groncho me desvirgó el coño…
Miranda gimió más fuerte cuando Groncho le dio una palmada en el culo, pero mantuvo la compostura lo mejor que pudo:
—Al principio… sí se llora… es normal… pero una mamá buena… o una nenita buena… aprende a convertir el llanto en gemidos… mirá… yo estoy gimiendo… porque aunque duele… también se siente rico… profundo… como si te llenaran un lugar que nadie más toca…
Groncho aceleró las embestidas, follándola con más fuerza. Miranda tuvo que agarrarse mejor a las sábanas, la voz se le entrecortaba más, pero seguía explicando:
—Otra pregunta, mi amor… no te quedes callada…
Juana, con la cara ardiendo, preguntó bajito:
—¿Y… el semen… cuando te lo echan adentro del culo… se siente muy caliente? ¿Te gusta que te llenen por ahí?
Miranda soltó un gemido largo cuando Groncho empujó hasta el fondo y se quedó allí un momento, girando las caderas.
—Se siente… muy caliente… como un chorro espeso que te llena por dentro… después, cuando sacan la verga… chorrea… y te sentís marcada… poseída… a mí me gusta mucho… porque significa que mi macho me usó completamente… que dejó su semen en el lugar más íntimo…
Groncho empezó a follarla más rápido, sus huevos golpeando contra Miranda. Ella ya no podía mantener la voz tan estable, pero seguía intentando dar la clase:
—Preguntame más… hijita… mientras mamá… aaaahhh… recibe la verga…
Juana, cada vez más excitada por lo que veía y escuchaba, preguntó:
—¿Y si… duele demasiado… qué hago? ¿Pido que pare?
Miranda negó con la cabeza, jadeando:
—No… no pedís que pare… gemís… decís “duele… pero seguí, mi macho”… porque las nenas buenas… aguantan por complacer a su hombre… el dolor pasa… y después viene el placer… mirá cómo mamá está gimiendo ahora… ya no solo duele… también se siente rico…
Groncho gruñó y le dio varias palmadas fuertes en el culo mientras la follaba con fuerza. Miranda soltó un gemido más alto, pero siguió hablando con esfuerzo:
—Ves… aunque me pegue… aunque me folle duro… yo sigo aquí… explicándote… porque una mamá buena… enseña incluso mientras la están usando…
Juana miraba todo con los ojos muy abiertos, las piernas apretadas y la bombachita claramente mojada. Su mamá estaba siendo follada analmente frente a ella, gimiendo, explicando y manteniendo la compostura lo mejor posible… y eso la estaba excitando muchísimo.
Miranda, con la voz entrecortada por las embestidas, miró a su hija y le dijo con una sonrisa temblorosa:
—¿Alguna pregunta más… antes de que tu macho se corra dentro de mamá…?
La “clase de sexo anal” seguía en vivo… y Juana estaba aprendiendo más de lo que jamás imaginó.

Miranda estaba en cuatro patas sobre la cama, con el culo bien levantado. Groncho la penetraba analmente con embestidas firmes y profundas, haciendo que su cuerpo se sacudiera con cada golpe. A pesar del placer y el esfuerzo, Miranda mantenía la voz lo más clara posible para seguir instruyendo a su hija.
—Juana, hijita… prestá mucha atención… mamá te va a explicar sobre el placer anal mientras Groncho me lo da…
Groncho gruñó y aceleró un poco el ritmo. Miranda soltó un gemido más largo, pero continuó hablando:
—El ano es un lugar muy sensible… al principio duele porque es estrecho y no está acostumbrado… pero tiene muchos nervios de placer. Cuando la verga entra profundo y roza las paredes internas… sentís una presión caliente que se expande… como si te llenaran por completo. Ese es el placer anal… no es como el del coño… es más profundo, más interno… casi como un calor que sube por la espalda.
Groncho le dio una palmada fuerte en el culo. Miranda gimió, pero siguió explicando:
—Mirá… cuando me da palmadas… el dolor se mezcla con el placer… eso hace que todo se intensifique. Una nenita buena aprende a respirar con el dolor… a empujar un poquito hacia atrás cuando entra la verga… así el ano se abre mejor y el placer llega más rápido.
Juana, sentada muy cerca, preguntaba con voz temblorosa:
—Mami… ¿y si duele demasiado… cómo hago para que se convierta en placer?
Miranda jadeó cuando Groncho empujó hasta el fondo y se quedó allí, girando las caderas.
—Respirás profundo… relajás el culito… y pensás que estás siendo usada por tu macho… que tu cuerpo está hecho para complacerlo… El dolor es solo la puerta… detrás está el placer de sentirte completamente poseída… llena… marcada por dentro con su semen…
Groncho empezó a follarla con más fuerza. Miranda tuvo que agarrarse mejor a las sábanas, pero siguió dando la lección:
—Otro secreto… cuando te la meten muy profundo y te rozan esa zona de adentro… sentís como una electricidad que sube por la columna… algunas nenitas hasta pueden tener orgasmos solo por el culo… sin tocarse el coño… Por eso es importante que no te tenses… que dejes que entre todo… aunque al principio arda.
Juana estaba fascinada y excitada, mirando cómo la verga de Groncho entraba y salía del ano de su mamá.
—¿Y… el semen… cuando te lo echan adentro… se siente muy diferente al del coño?
Miranda gimió más fuerte, la voz entrecortada por las embestidas:
—Se siente… más caliente… más espeso… porque queda atrapado dentro… después, cuando sacan la verga… chorrea lento… y te sentís llena durante mucho rato… como si tu macho te hubiera marcado por dentro… A mamá me gusta mucho esa sensación… me hace sentir suya… poseída… usada…
Groncho aceleró aún más, follándola con ritmo salvaje. Miranda ya no podía mantener la voz tan estable, pero seguía intentando enseñar:
—Último consejo… después de que te corran adentro… no te limpies enseguida… dejá que el semen se quede un rato… movete un poco… sentilo chorrear… eso refuerza la sumisión… y te hace sentir más hembra…
Juana miraba todo con los ojos muy abiertos, las piernas apretadas y la bombachita claramente mojada.
Miranda, jadeando y gimiendo mientras Groncho la follaba sin parar, miró a su hija con una sonrisa temblorosa:
—¿Entendiste, mi amor…? El placer anal… se aprende… con dolor… con paciencia… y con mucha sumisión… ¿querés preguntarme algo más antes de que tu macho se corra dentro de mamá…?
La “clase práctica” de sexo anal seguía en vivo, con Miranda intentando mantener la compostura mientras era penetrada analmente delante de su hija menor.

Groncho dio unas últimas embestidas profundas y brutales dentro del ano de Miranda. Con un gruñido ronco y animal, se corrió fuertemente, llenándole el culo de chorros calientes y espesos de semen. Miranda soltó un gemido largo y tembloroso, sintiendo cómo su interior se inundaba.
Cuando Groncho sacó lentamente la verga, un hilo grueso de semen blanco comenzó a chorrear del ano abierto de Miranda.
Juana, que había observado todo con los ojos muy abiertos, respiró hondo y miró a su mamá con determinación nerviosa.
—Mami… ahora estoy lista… quiero que Groncho me desvirgue el culo… ya vi cómo lo hacés vos… quiero intentarlo.
Miranda sonrió con orgullo y ternura. Se sentó en la cama, todavía con semen chorreando de su ano, y le acarició el cabello a su hija.
—Está bien, mi nenita valiente. Mamá va a estar aquí contigo todo el tiempo. No te voy a dejar sola.
Groncho, todavía jadeando, miró a Juana con deseo y le dijo con voz ronca pero más suave que de costumbre:
—Vení, mi nenita… ponete en cuatro sobre la cama… voy a ir lento… con mucho cuidado… pero va a doler un poquito al principio.
Juana, temblando de nervios y excitación, se subió a la cama y se puso en cuatro patas, levantando el culito. Su cuerpo diminuto, blanquito y delicado contrastaba fuertemente con el de Groncho, que se colocó detrás de ella.
Miranda se sentó al lado de la cabeza de su hija, le acarició el cabello y le tomó una mano.
—Respirá profundo, hijita… mamá está acá. Mirame a los ojos si necesitás. Relajá el culito lo más que puedas… empujá un poquito hacia atrás cuando él empuje… eso ayuda a que entre mejor.
Groncho escupió varias veces en su verga gruesa y la apoyó contra el ano virgen y apretado de Juana. Empezó a empujar muy despacio, con mucho cuidado, solo la cabeza al principio.
Juana soltó un gemido agudo de dolor cuando sintió cómo la estiraba. El ardor era intenso, como si la estuvieran abriendo por dentro.
— ¡Aaaahhh… duele… duele mucho, mami…!
Miranda le apretó la mano con fuerza y le habló con voz suave y consoladora, mirándola a los ojos:
—Shhh… lo sé, mi amor… duele porque es tu primera vez… pero respirá conmigo… inhalá… exhalá… relajá el culito… Groncho está yendo muy lento… estás siendo muy valiente, mi nenita… mamá está orgullosa de vos…
Groncho seguía empujando con mucho cuidado, centímetro a centímetro, sin meterla toda de golpe. El ano de Juana se abría lentamente alrededor de su verga gruesa.
Juana lloraba bajito, las lágrimas rodando por sus mejillas, pero no pedía que parara. Sentía cómo su ano era estirado al límite, una sensación de ardor y presión muy fuerte.
—Duele… es demasiado grande… me está estirando mucho… —gemía entre sollozos.
Miranda le besó la frente sudorosa y le siguió hablando con cariño:
—Estás haciendo todo muy bien, hijita… mirame… respirá… el dolor es normal… pero después viene esa sensación de estar llena… de estar completamente poseída por tu macho… aguantá un poquito más… mamá está acá… te estoy sosteniendo la mano… sos mi nenita valiente…
Groncho seguía metiendo la verga con mucho cuidado, murmurando ronco:
—Qué culito más apretadito tenés, mi nenita… voy despacio… no te voy a lastimar… respirá…
Juana seguía llorando, pero apretaba la mano de su mamá con fuerza y respiraba como le indicaba. El dolor era intenso, pero la presencia y las palabras de Miranda la ayudaban a soportarlo.
Miranda continuaba consolándola en primera persona, acariciándole el cabello y hablándole con ternura:
—Así… muy bien… estás dejando que entre… sos una nenita buena y obediente… mamá te ama mucho por ser tan valiente… cuando duela más fuerte, apretá mi mano… estoy aquí… no te voy a soltar…
Groncho ya tenía más de la mitad de su verga dentro del ano virgen de Juana. Seguía empujando con mucho cuidado, sin apurar, mientras Miranda seguía consolando y guiando a su hija en tiempo real.
La desvirgación anal de Juana estaba en pleno desarrollo… y Miranda estaba allí, como una mamá protectora y a la vez profundamente morbosa, acompañando cada segundo.

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