Groncho siguió empujando con mucho cuidado, pero firme. Centímetro a centímetro, su verga gruesa y venosa desaparecía dentro del ano virgen y apretado de Juana. La nenita ya tenía más de la mitad adentro y el dolor se volvía cada vez más intenso.
Juana sufría visiblemente. Su carita se contraía, las lágrimas rodaban por sus mejillas y gemía con voz quebrada y aniñada:
— ¡Aaaahhh… duele… duele mucho más ahora… me está estirando demasiado…!
Groncho gruñó bajito, sudando, pero no se detuvo. Siguió metiendo la verga hasta que, con un último empujón suave pero decidido, la enterró por completo. Sus huevos sucios quedaron pegados contra el coñito de Juana. El ano de la nenita estaba completamente abierto alrededor de la verga gruesa del viejo.
Juana soltó un sollozo fuerte, el cuerpo temblando de dolor. El ardor era casi insoportable, como si la estuvieran partiendo por dentro.
Miranda, que no se había separado ni un segundo, se acercó más a la cara de su hija. Le tomó suavemente la mejilla con una mano y comenzó a darle besitos tiernos en la boca, intentando calmarla.
—Shhh… mi nenita… mamá está acá… respirá conmigo… besame… dejá que mamá te calme…
Al principio los besos fueron suaves y consoladores: labios contra labios, besitos cortos y cariñosos. Miranda le besaba la boca con ternura, limpiándole las lágrimas con los pulgares mientras Groncho se quedaba quieto dentro de ella, dejando que se adaptara.
Pero poco a poco, los besos fueron volviéndose más intensos y morbosos.
Miranda empezó a meterle la lengua suavemente, buscando la de su hija. Los besos se volvieron más profundos, más húmedos, más apasionados. Madre e hija se besaban con lengua, intercambiando saliva, mientras Juana gemía dentro de la boca de Miranda por el dolor de la penetración anal.
Los besos se volvieron cada vez más sucios y morbosos: lenguas enredándose, labios chupándose, saliva corriendo por las barbillas. Miranda besaba a su hija con una mezcla de amor maternal y un morbo profundo, intentando distraerla del dolor mientras Groncho comenzaba a moverse muy despacio dentro de su ano.
—Besame, mi nenita… —susurraba Miranda entre beso y beso—. Mamá te está besando… relajá el culito… dejá que Groncho entre… sos una nena muy valiente… mamá te ama… besame más fuerte…
Juana, entre lágrimas y gemidos de dolor, respondía al beso cada vez con más intensidad. Besaba a su mamá con desesperación, buscando consuelo en su boca mientras sentía cómo su ano era estirado al límite por la verga gruesa de Groncho.
Groncho seguía moviéndose con mucho cuidado, sacando solo un poco y volviendo a entrar, dejando que el cuerpo de Juana se adaptara. Mientras tanto, madre e hija seguían besándose de forma cada vez más morbosa: lenguas profundas, saliva intercambiada, gemidos compartidos.
Miranda le susurraba contra los labios:
—Así… besame rico… sentís cómo te llena el culo… duele… pero mamá te está besando… sos mi nenita buena… vas a aprender a disfrutar esto… besame más… dejá que mamá te calme con su boca…
Juana gemía dentro del beso, las lágrimas todavía cayendo, pero el dolor comenzaba a mezclarse con una sensación extraña y caliente gracias al consuelo constante de su mamá.
Groncho, al ver la escena, gruñó de placer y siguió penetrándola lentamente, mientras madre e hija seguían besándose de forma intensa y morbosa, convirtiendo el momento de desvirgación anal en algo extrañamente íntimo y familiar.
La “clase” de sexo anal seguía… pero ahora con un componente emocional y perverso muy fuerte entre madre e hija.
Los besos entre Miranda y Juana se volvieron cada vez más intensos y asquerosos. Madre e hija se besaban con lengua profunda, intercambiando saliva de forma húmeda y ruidosa. Los labios de ambas estaban hinchados y brillantes, y gruesos hilos de saliva conectaban sus bocas cada vez que se separaban un segundo para respirar.
Mientras tanto, Groncho seguía penetrando el ano de Juana con mucho cuidado. Al principio la nena se quejaba y lloraba bajito dentro de la boca de su mamá, pero poco a poco el dolor anal fue disminuyendo. El ardor intenso se transformaba en una sensación de plenitud caliente y profunda. Juana ya no gemía de dolor… ahora gemía de una mezcla extraña entre molestia y placer.
Cuando Miranda sintió que su hija ya no se quejaba tanto y que su cuerpo se relajaba, le susurró contra los labios:
—Así… mi nenita… ya estás aguantando mejor… besame más rico… mamá te está calmando…
Groncho, al notar que Juana ya no se tensaba tanto, comenzó a aumentar el ritmo. Sus embestidas se volvieron más fuertes y profundas. Ya no era solo meterla despacio… ahora follaba el ano de la nenita con arremetidas firmes, sacando casi toda la verga y volviéndola a clavar hasta el fondo.
Juana soltó un gemido más fuerte dentro de la boca de su mamá, pero ya no era solo de dolor. El placer empezaba a ganar terreno.
Beto (que estaba observando todo desde un costado de la cama) no pudo quedarse callado y empezó a decir groserías con voz ronca y excitada:
—Miren a estas dos putas… madre e hija besándose como lesbianitas mientras el viejo le rompe el culito virgen a la nenita… ¡Qué familia de degeneradas!
—Besense más sucio… métanse la lengua hasta la garganta… mientras Groncho le abre el culo a la colegiala…
—Mirá cómo tiembla la nenita… pero sigue besando a su mamá… qué puta más obediente…
Miranda y Juana seguían intercambiando besos cada vez más asquerosos y apasionados. Sus lenguas se enredaban, se chupaban los labios, se babeaban mutuamente. Miranda le metía la lengua hasta el fondo a su hija, consolándola y excitándola al mismo tiempo, mientras Groncho follaba el ano de Juana con arremetidas cada vez más intensas.
Juana gemía dentro de la boca de su mamá, el cuerpo sacudido por las embestidas. El dolor ya casi había desaparecido y ahora solo quedaba una sensación caliente, llena y profunda que la hacía gemir más fuerte.
Beto seguía lanzando groserías mientras miraba el espectáculo:
— ¡Qué rico se ven besándose! La mamá puta enseñándole a su hija cómo recibir verga por el culo… besense más baboso… que se escuche cómo se chupan la lengua mientras la nenita es follada como una perra…
Miranda separó un segundo los labios de los de su hija, un hilo grueso de saliva conectándolos, y le susurró con voz ronca de placer:
—Besame más, mi nenita… sentís cómo te follan el culo… ya no duele tanto, ¿verdad?… besá a mamá mientras te abren… sos una nena muy buena…
Juana, ya entregada al placer que empezaba a crecer, besó a su mamá con más pasión, metiendo la lengua y gimiendo dentro de su boca mientras Groncho la follaba con ritmo constante y fuerte.
El contraste era abrumador: madre e hija besándose de forma sucia y morbosa, mientras la nenita era desvirgada analmente por un viejo apestoso y dominante.
La “clase” de sexo anal se había convertido en algo mucho más íntimo y pervertido entre madre e hija.
Juana ya no gemía de dolor. El ardor intenso del principio había desaparecido casi por completo y había sido reemplazado por un placer profundo, caliente y adictivo que nacía desde lo más adentro de su ano.
Groncho seguía follándola con embestidas firmes y constantes. Su verga gruesa entraba y salía del culo de la nenita, haciendo que su cuerpo diminuto se sacudiera con cada golpe. Juana ya no lloraba. Ahora gemía de placer, con la boca abierta y los ojos entrecerrados.
— ¡Aaaahhh… sí… se siente rico…! —gemía con voz aniñada y entrecortada—. Más… mi macho… metémela más profundo…
Miranda, que seguía besando a su hija de forma intensa y morbosa, notó el cambio inmediatamente. Sonrió contra los labios de Juana y le susurró con voz ronca:
—Así, mi nenita… ya estás disfrutando… el culo te está dando placer… besame mientras te cogen… mamita te está besando…
Juana, cada vez más entregada, respondió al beso de su mamá con más pasión. Sus lenguas se enredaban de forma sucia, intercambiando saliva abundantemente. Mientras Groncho la follaba por el ano, Juana levantó una mano y, sin pensarlo dos veces, metió dos dedos en el coño de su mamá.
Miranda soltó un gemido fuerte dentro del beso cuando sintió los deditos de su hija entrando en su coño mojado.
— ¡Ahhh… sí… meteme los deditos, mi amor…!
Juana comenzó a mover los dedos dentro del coño de su mamá, follándola mientras Groncho la follaba a ella por el culo. Los tres formaban un trío incestuoso y lésbico: madre e hija besándose con lengua profunda y babosa, Juana penetrando el coño de su mamá con los dedos, y Groncho penetrando el ano de Juana con su verga gruesa.
La habitación estaba llena de gemidos, sonidos húmedos de carne contra carne y besos babosos.
Groncho gruñía de placer al ver la escena:
— ¡Qué putas más ricas… madre e hija besándose y metiéndose los dedos mientras yo le rompo el culito a la nenita… seguí metiéndole los deditos a tu mamá, Juana… hacela gemir mientras te follo!
Miranda gemía dentro de la boca de su hija, moviendo las caderas para recibir mejor los dedos de Juana:
—Así… mi nenita… follá el coño de mamá… mientras Groncho te folla el culo… qué familia más pervertida… me encanta… besame más sucio…
Juana, ya completamente entregada al placer anal, gemía fuerte y movía los dedos con más rapidez dentro del coño de su mamá. Su propio ano apretaba la verga de Groncho con cada embestida, disfrutando la sensación de estar llena por detrás mientras follaba a su mamá con los dedos.
Los besos entre madre e hija eran cada vez más asquerosos y apasionados: lenguas profundas, saliva corriendo por las barbillas, gemidos compartidos.
El trío incestuoso se volvía más intenso: Groncho follaba el ano de Juana, Juana follaba el coño de Miranda con los dedos, y madre e hija se besaban de forma sucia y desesperada.
Groncho gruñía excitado:
— ¡Qué rico… la nenita ya disfruta que le rompan el culo… y al mismo tiempo le mete los deditos a su mamá… qué familia de putas!
Miranda y Juana seguían besándose con lengua profunda, gimiendo dentro de la boca de la otra, mientras el placer anal y el incesto lésbico se mezclaban en una escena cada vez más depravada.
Juana ya no sufría… ahora disfrutaba plenamente el sexo anal, gimiendo de placer mientras era follada por su macho y al mismo tiempo daba placer a su mamá.
La noche se estaba convirtiendo en un trío incestuoso y lésbico completamente descontrolado.
Beto follaba el culo de Carla con fuerza salvaje, embistiéndola sin piedad. Sus gemidos y los gritos ahogados de la colegiala llenaban la habitación. Finalmente, con un gruñido animal, Beto apretó con fuerza las caderas de Carla y se corrió profundamente dentro de su ano.
Chorros calientes y espesos de semen inundaron el interior de Carla. Ella sintió el calor intenso llenándola por completo, lo que le provocó un gemido largo y tembloroso.
Beto se quedó unos segundos más dentro de ella, vaciándose hasta la última gota, antes de sacar lentamente la verga. Cuando salió, la verga estaba manchada: cubierta de semen blanco, restos marrones de caca de Carla y un poco de sangre de la desvirgación anal.
Beto miró a Miranda, que seguía observando todo desde el borde de la cama, y le dijo con voz ronca:
—Mirá cómo quedó… tu hija me dejó la verga sucia.
Miranda sonrió con morbo maternal y miró a Carla, que todavía estaba en cuatro patas, jadeando y con el culo rojo y abierto.
—Es hora de limpiar, hijita —le dijo con voz suave pero firme—. Una buena novia limpia la verga de su macho después de que la use. Aunque esté manchada con tu propia caca y sangre.
Carla, todavía temblando y con lágrimas en los ojos, se dio la vuelta y se arrodilló frente a Beto. Miró la verga sucia con una mezcla de asco y sumisión. Miranda se acercó, se arrodilló al lado de su hija y le acarició el cabello.
—Las dos vamos a limpiarla —dijo Miranda—. Mamá te va a enseñar cómo se hace.
Madre e hija se inclinaron al mismo tiempo. Miranda fue la primera en lamer la verga de Beto, pasando la lengua por la cabeza y recogiendo semen, restos de caca y sangre. Luego miró a Carla y le dijo:
—Ahora vos, hijita… chupá todo… no dejes nada.
Carla, obediente a pesar del asco, abrió la boca y metió la verga sucia dentro. El sabor era fuerte y repugnante: salado, amargo, terroso, con el gusto metálico de la sangre y el sabor de su propia caca. Sintió arcadas, pero se obligó a seguir chupando, moviendo la cabeza y pasando la lengua por toda la longitud.
Miranda lamía al mismo tiempo desde el lado, compartiendo la verga con su hija. Ambas lenguas se rozaban mientras limpiaban la verga manchada de Beto.
—Así… buena nenita… chupá todo… probá tu propia suciedad… eso es ser una buena novia —le susurraba Miranda a su hija entre lamidas.
Beto gemía de placer, mirando hacia abajo cómo madre e hija le chupaban la verga sucia juntas.
—Qué putas más ricas… madre e hija limpiando mi verga llena de mierda y semen… seguí chupando, nenita… tragá todo lo que salga…
Carla y Miranda seguían lamiendo y chupando con devoción, limpiando cada resto de la verga de Beto. El sabor y el olor eran intensos, pero ambas obedecían, cumpliendo su rol de hembras sumisas.
Miranda miró a su hija con orgullo y morbo mientras compartían la verga:
—Estás aprendiendo rápido, mi amor… mamá está orgullosa de vos.
La escena era profundamente depravada: madre e hija arrodilladas, chupando juntas la verga sucia y embarrada de Beto después de que este desvirgara analmente a Carla.
La noche seguía avanzando… y la familia continuaba hundiéndose en su nueva dinámica perversa.
Despues de un dia agotador, beto y groncho quedaron exaustos.
Después de que Groncho y Beto se durmieran
Groncho y Beto finalmente se habían quedado dormidos, roncando pesadamente en las habitaciones de las chicas. Miranda, todavía desnuda y con el cuerpo marcado por la noche, salió al pasillo y llamó suavemente a Carla y Juana.
—Hijitas… vengan un momento a mi habitación. Los machos ya están dormidos. Mamá quiere estar un rato a solas con ustedes.
Carla y Juana, todavía sonrojadas y con el cuerpo sensible por todo lo vivido, se levantaron y siguieron a su mamá. Las tres entraron al dormitorio principal y Miranda cerró la puerta con llave.
La luz era tenue. Miranda se sentó en el centro de la cama grande y abrió los brazos.
—Vengan… acérquense a mamá.
Las dos hermanas se subieron a la cama y se acurrucaron contra ella, una a cada lado. Miranda las abrazó con ternura, acariciándoles el cabello y la espalda.
—Esta noche han dado pasos muy importantes… pero mamá quiere que también exploremos algo más entre nosotras. El incesto lésbico es parte de nuestra familia ahora. No es solo para complacer a los machos… también es para que nosotras, las mujeres, nos demos placer entre nosotras. Es amor… es cariño… y es muy excitante.
Miranda besó primero a Carla en los labios, un beso suave que rápidamente se volvió profundo. Su lengua entró en la boca de su hija mayor, explorándola con cariño y deseo. Carla respondió tímidamente al principio, pero pronto se dejó llevar, besando a su mamá con lengua.
Luego Miranda se giró hacia Juana y la besó de la misma forma, metiendo la lengua con más intensidad. Juana gemía bajito dentro de la boca de su mamá, todavía sensible por lo que había vivido con Groncho.
—Besame como me besabas mientras Groncho te follaba el culo —le susurró Miranda a Juana.
Los besos entre las tres se volvieron más intensos y sucios. Miranda besaba alternadamente a sus hijas, y en un momento las tres se besaron al mismo tiempo: lenguas enredándose, saliva compartida entre madre e hijas. Era un beso triple, baboso y morboso.
Miranda se separó un segundo y les dijo con voz ronca pero maternal:
—Ahora quiero que se besen entre ustedes… como hermanas que se desean.
Carla y Juana se miraron con vergüenza, pero la excitación ganó. Se acercaron y comenzaron a besarse. Al principio fue tímido, pero pronto se volvió apasionado: lenguas profundas, labios chupándose, saliva corriendo por sus barbillas. Miranda las observaba con orgullo y morbo, acariciándoles la espalda.
—Así… besense rico… hermanas que se aman y se desean… qué lindo verlas.
Mientras se besaban, Miranda bajó la mano y comenzó a tocarles el coño a las dos al mismo tiempo. Sus dedos expertos acariciaban los clítoris y se metían suavemente en sus entradas todavía sensibles.
—Sentí cómo se mojan mis nenitas… —susurró—. Les gusta besarse entre hermanas mientras mamá las toca… eso es incesto lésbico… amor puro entre mujeres de la misma sangre.
Juana gemía dentro de la boca de Carla mientras su mamá le metía un dedo en el coño. Carla hacía lo mismo, respondiendo al beso de su hermana con más pasión.
Miranda siguió hablando mientras las masturbaba:
—Una mamá buena no solo enseña a complacer a los machos… también enseña a sus hijas a darse placer entre ellas. Cuando los machos no estén… o cuando queramos un momento solo de mujeres… nos besamos, nos tocamos, nos lamemos… y nos hacemos sentir bien. Eso fortalece el lazo familiar.
Miranda se inclinó y comenzó a lamer el coño de Carla mientras Juana seguía besándola. Luego cambió y lamió el coño de Juana mientras Carla besaba a su hermana. Las dos hermanas gemían y se besaban, mientras su mamá las lamía alternadamente, saboreando sus jugos jóvenes y frescos.
—Qué rico saben mis nenitas… —murmuraba Miranda entre lamidas—. Tan dulces… tan diferentes al sabor de los machos sucios…
El incesto lésbico se volvió más intenso. Miranda les enseñaba a tocarse mutuamente: cómo meter los dedos, cómo lamer el clítoris, cómo chuparse los pezones. Carla y Juana, cada vez más liberadas, se besaban con pasión mientras se tocaban y dejaban que su mamá las lamiera.
Miranda, entre beso y lamida, les susurraba palabras sucias y maternales:
—Besense más sucio… métanse la lengua… son hermanas que se desean… mamita está orgullosa de verlas tan putitas entre ustedes… toquen el coño de su hermana… metan los deditos… así… muy bien… esta es nuestra forma de amarnos…
La habitación se llenó de gemidos suaves, sonidos húmedos de lenguas y dedos, y susurros de amor y perversiones entre madre e hijas.
El incesto lésbico entre las tres se estaba volviendo una parte importante y natural de su dinámica familiar.

Miranda se levantó de la cama con una sonrisa suave pero dominante. Fue hasta el cajón de la mesita de noche y sacó un arnés más pequeño, con un consolador de 15 cm, realista pero no tan intimidante como el que usaba con Eduardo. Se lo colocó con calma alrededor de la cintura, ajustándolo bien. El consolador quedó apuntando hacia adelante, listo para usar.
Miranda miró a sus dos hijas, que estaban desnudas y todavía jadeando en la cama después de los besos y toques lésbicos.
—Ahora mamá les va a enseñar otra parte importante de nuestro amor entre mujeres —dijo con voz cariñosa pero firme—. Voy a penetrarlas con el arnés. Quiero que sientan cómo es ser follada por mamá… y que aprendan a disfrutar siendo penetradas por una mujer que las ama.
Carla y Juana se miraron entre sí, nerviosas pero excitadas. Miranda se subió a la cama y comenzó con Juana primero.
Hizo que Juana se pusiera en cuatro patas, levantó la falda imaginaria (aunque ya estaba desnuda) y apoyó la punta del consolador contra su coño todavía sensible.
—Relajate, mi nenita… mamá va a ir despacio al principio.
Empujó lentamente. El consolador de 15 cm entró poco a poco en el coño de Juana. La nenita soltó un gemido largo, sintiendo cómo la llenaba su propia mamá.
— ¡Ahhh… mami… se siente… raro… pero rico…!
Miranda comenzó a moverse con embestidas suaves y profundas, follándola en la posición de cuatro patas mientras le acariciaba la espalda.
—Así… mi nenita… sentís cómo mamá te folla… esto es amor entre madre e hija… gemí para mamá…
Después cambió a Carla. La puso boca arriba, le levantó las piernas y la penetró en posición de misionero, cara a cara. Mientras la follaba, Miranda se inclinó y la besó en la boca con lengua profunda y maternal.
—Besame mientras te follo, hijita… sentís cómo mamá te llena el coñito… sos mi nenita hermosa…
Carla gemía dentro del beso de su mamá, las piernas temblando alrededor de la cintura de Miranda.
Miranda alternaba entre las dos, follándolas en varias poses:
En cuatro patas (para que sintieran la dominación por detrás)
Sentadas encima de ella (amazona, para que ellas controlaran un poco el ritmo)
De lado, abrazadas, follándolas mientras les besaba el cuello y les susurraba palabras de amor
Mientras las penetraba, Miranda les hablaba con voz suave y sucia a la vez:
—Miren cómo mamá las folla… esto es parte de nuestro incesto lésbico… una mamá buena también penetra a sus hijas… para enseñarles placer… para unirlas más… gemí para mamá… decime que te gusta que tu mamá te folle el coñito…
Juana gemía bajito mientras era follada:
— Sí… mami… me gusta… se siente lleno… caliente…
Carla, entre gemidos, respondía:
—Fóllame más fuerte, mamá… me gusta que seas vos quien me penetre…
Miranda aumentaba el ritmo cuando sentía que sus hijas ya estaban disfrutando, follándolas con embestidas más profundas y constantes, mientras las besaba y les susurraba palabras de amor y perversiones:
—Mis nenitas putitas… mamá las ama… y también las folla… esto es nuestra forma de querernos… sin machos… solo nosotras tres…
La habitación se llenó de gemidos suaves y femeninos, del sonido húmedo del consolador entrando y saliendo de los coños jóvenes de Carla y Juana, y de los besos apasionados entre madre e hijas.
El incesto lésbico entre las tres se volvía cada vez más intenso y natural.
Miranda seguía penetrando a sus hijas en diferentes posiciones, enseñándoles con el cuerpo y con palabras lo que significaba el amor sexual entre madre e hijas. El trio termino y se fueron con sus machos.
Esa misma noche – Antes de dormir
Miranda y Eduardo se acostaron en su cama después de un día intenso. La casa estaba en silencio. Dogoberto y Camilita dormían en su cuarto, y las chicas ya se habían retirado.
Miranda se acurrucó contra su esposo, desnuda, y le susurró al oído con voz suave y cargada de morbo:
—Mi amor… hoy pasó algo hermoso. Después de que los machos se durmieron, llevé a Carla y Juana a nuestra habitación… y las tres hicimos un trío lésbico. Las besé, las toqué, las lamí… y después las penetré con el arnés. Fue tan íntimo… tan sucio… tan nuestro. Las vi gemir mientras mamá las follaba… y ellas se besaban entre hermanas mientras yo las penetraba. Fue precioso.
Eduardo sintió un latigazo de excitación. Su jaula de castidad se apretó dolorosamente. Sonrió con felicidad genuina y la abrazó más fuerte.
—Estoy muy feliz… me encanta que hayas compartido ese momento con ellas. Nuestro incesto lésbico está creciendo. Imaginarte follándolas mientras se besan… me pone muy caliente. Mañana por la noche quiero estar presente. Quiero verlas… quiero ver cómo te besan, cómo te tocan… y cómo las follás. Quiero que seamos un cuarteto: vos, yo, Carla y Juana.
Miranda sonrió con morbo y ternura, besándolo en los labios.
—Perfecto. Mañana por la noche haremos nuestro primer cuarteto familiar. Les voy a decir a las chicas que vas a estar presente. Va a ser una noche muy especial.
Se besaron con pasión, imaginando lo que vendría.
A la mañana siguiente
Miranda esperó a que Dogoberto y Camilita salieran a dar una vuelta (como solían hacer algunas mañanas). Cuando se quedaron solos en la casa, llamó a Carla y Juana a la sala.
Las dos hermanas bajaron todavía con sueño, pero curiosas.
Miranda las sentó en el sofá y les habló con voz suave pero directa:
—Hijitas… anoche, después de que se durmieron sus machos, mamá tuvo un momento muy lindo con ustedes. El trío lésbico que hicimos fue hermoso. Mamá las penetró, las besó y las tocó… y vio cómo ustedes se besaban entre hermanas. Fue una forma de unirnos más como mujeres.
Carla y Juana se sonrojaron, pero sonrieron tímidamente.
Miranda continuó:
—Esta noche vamos a dar un paso más. Papá quiere estar presente. Vamos a hacer un cuarteto familiar: mamá, papá, Carla y Juana. Papá va a mirar… y probablemente también va a participar de alguna forma. Quiero que sepan que esto es amor… es confianza… y es placer entre nosotros. ¿Están de acuerdo?
Carla y Juana se miraron entre sí. Después de un momento, ambas asintieron, con una mezcla de nervios y excitación.
—Sí, mami… —dijo Carla—. Queremos hacerlo.
Juana añadió bajito:
—Va a ser raro… pero también me gusta la idea de que papá esté ahí.
Miranda las abrazó a las dos con cariño.
—Esa es mi nenitas buenas. Esta noche va a ser especial. Mamá y papá las aman mucho… y queremos compartir esto con ustedes. Ahora vayan a prepararse para el día. Esta noche… nos vamos a entregar a nuestro amor familiar.
Carla y Juana subieron las escaleras, el corazón latiéndoles fuerte de anticipación. La idea de hacer un cuarteto incestuoso con sus padres las ponía muy nerviosas… pero también muy calientes.
La noche prometía ser inolvidable para toda la familia.
La noche del cuarteto
Después de la cena, la casa quedó en relativa calma. Dogoberto, con su olor característico, se llevó a Camilita a su habitación, murmurando que quería “usar a su nenita antes de dormir”. Beto, el macho dominante de Carla, se quedó en la sala con Eduardo viendo un partido de fútbol. Ambos hombres hablaban en voz alta, riéndose y bebiendo cerveza.
Miranda miró a sus dos hijas mayores y les hizo una seña discreta con la cabeza.
—Suban, mis nenitas. Es hora.
Carla y Juana subieron las escaleras con el corazón acelerado. Miranda las siguió. Eduardo, al verlas subir, sintió un nudo de excitación en el estómago y se excusó con Beto diciendo que iba al baño. En realidad, subió rápidamente detrás de su esposa e hijas.
Los cuatro entraron al dormitorio principal y Miranda cerró la puerta con llave. La luz era tenue, solo una lámpara de noche iluminaba la habitación.
Miranda fue la primera en hablar, con voz suave pero cargada de morbo maternal:
—Esta noche somos solo nosotros cuatro. Sin machos sucios. Solo familia. Vamos a empezar despacio… con besos.
Se acercó primero a Carla y la besó en la boca con ternura. Pronto el beso se volvió profundo, con lengua. Carla respondió, metiendo su lengua en la boca de su mamá. Mientras tanto, Miranda tomó la mano de Juana y la acercó.
Eduardo se acercó a su hija menor. Con timidez pero excitación, besó a Juana en los labios. Juana, todavía nerviosa, abrió la boca y dejó que su papá la besara. El beso entre padre e hija se volvió más intenso.
Los cuatro formaron un círculo de besos incestuosos.
Miranda besaba a Carla con pasión, luego se giraba y besaba a Eduardo, metiéndole la lengua. Eduardo besaba a su esposa y luego volvía a besar a Juana, cada vez más profundo. Juana besaba a su papá y luego se acercaba a su hermana Carla, besándola con lengua. Carla besaba a su mamá, a su papá y a su hermana.
Los besos se volvieron cada vez más sucios y babosos. Se escuchaban sonidos húmedos de lenguas enredándose, saliva intercambiada y gemidos suaves.
Miranda tomó la iniciativa y susurró:
—Besémonos todos juntos…
Los cuatro acercaron sus caras. Se formó un beso cuádruple: lenguas de madre, padre, hija mayor y hija menor enredándose al mismo tiempo. Era un beso desordenado, baboso y profundamente pervertido. Saliva corría por las barbillas. Miranda gemía dentro del beso mientras acariciaba el culo de Carla. Eduardo besaba a Juana con más intensidad, metiendo la lengua hasta el fondo mientras su mano temblaba sobre el pecho pequeño de su hija.
Miranda separó un poco los labios y dijo con voz ronca:
—Así… besen a su familia… besen a mamá… besen a papá… besen a su hermana… esta noche todo está permitido entre nosotros.
Carla besó a su papá con lengua, algo que nunca había hecho. Juana besó a su mamá con más pasión, recordando cómo se habían besado la noche anterior. Eduardo, excitado y con la jaula apretada, besaba alternadamente a sus dos hijas y a su esposa.
Los besos se volvían cada vez más intensos y morbosos. Las manos empezaban a tocarse: Miranda acariciaba los pechos de sus hijas, Eduardo tocaba tímidamente el culo de Juana, Carla metía la mano entre las piernas de su mamá.
Miranda sonrió con orgullo y morbo, mirando a su familia entregada al incesto:
—Qué lindo se ven besándose… papá besando a sus nenitas… hermanas besándose… mamá besando a todos… esta noche vamos a disfrutar mucho juntos.
El cuarteto familiar acababa de comenzar con un intercambio de besos sucios, babosos y profundamente incestuosos.
Miranda se levantó de la cama con una sonrisa dominante y maternal. Fue hasta el cajón, sacó el arnés con el consolador de 25 cm y se lo colocó con calma alrededor de la cintura. El pene de silicona quedó apuntando hacia adelante, listo para usar.
Eduardo, ya desnudo y con su jaulita de castidad apretando su pene pequeño e inútil, se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndole el culo a su esposa. Sabía perfectamente cuál era su rol esa noche.
Miranda se arrodilló detrás de él, escupió en el consolador y apoyó la punta contra el ano de su marido cornudo.
—Miren, nenitas… mamá va a follar al mariquita de papá mientras ustedes participan —dijo con voz ronca y cariñosa.
Empujó lentamente y el consolador entró en el culo de Eduardo. Él soltó un gemido bajo y tembloroso.
—Ahhh… sí… fóllame, mi amor…
Miranda comenzó a penetrarlo con embestidas suaves pero firmes, moviendo las caderas y follándolo como a una puta.
Mientras lo penetraba, miró a sus hijas y dio órdenes claras:
—Carla… vení y besá en la boca a tu padre. Besalo rico, con lengua, como una buena hija.
Carla, nerviosa pero excitada, se acercó a su papá. Eduardo giró la cabeza y madre e hija se miraron un segundo. Carla acercó su boca a la de su padre y lo besó profundamente. Padre e hija comenzaron a besarse con lengua, de forma cada vez más sucia y apasionada. Eduardo gemía dentro de la boca de su hija mientras su esposa le follaba el culo.
Miranda sonrió con morbo y siguió follando a su marido con ritmo constante.
—Así… besá a papá… metele la lengua… que sienta cómo su hija lo besa mientras mamá le rompe el culo…
Luego miró a Juana y le dio la siguiente orden:
—Juana, mi nenita… ponete detrás de tu hermana y metele los deditos en el ano a Carla. Follale el culito con los dedos mientras ella besa a su papá.
Juana obedeció. Se colocó detrás de Carla, le separó las nalgas y empezó a meter un dedito despacio en el ano de su hermana mayor. Carla soltó un gemido dentro de la boca de su padre cuando sintió el dedo de Juana entrando en su culo.
—Así… muy bien, Juana —la animó Miranda mientras seguía penetrando a Eduardo con embestidas más profundas—. Meté los deditos en el culito de tu hermana… follala mientras ella besa a papá… esta es nuestra familia perfecta…
La escena era completamente depravada:
Miranda follaba el culo de su marido cornudo con el arnés, embistiéndolo con ritmo.
Carla besaba apasionadamente a su padre en la boca, intercambiando saliva y gemidos.
Juana, detrás de Carla, le metía los dedos en el ano, follándola analmente con los deditos mientras veía todo.
Eduardo gemía dentro del beso de su hija:
—Hija… qué rico besás… papá te ama…
Miranda aumentó el ritmo, follando más fuerte a su marido mientras hablaba sucio y maternal:
—Miren qué lindo… papá siendo follado por mamá… besando a su hija mayor… y la hija menor follándole el culo a su hermana… Esto es lo que somos ahora… una familia de putos y putas incestuosas.
Carla gemía dentro del beso de su papá, sintiendo los dedos de Juana moviéndose dentro de su ano. Juana, con la carita roja, seguía metiendo los dedos, cada vez más profundo, excitada por obedecer a su mamá.
Miranda seguía penetrando a Eduardo sin parar, mirándolo todo con orgullo y morbo.
—Seguí besando a papá, Carla… meté más la lengua… y vos, Juana, meté dos deditos en el culito de tu hermana… que sienta cómo su hermanita la folla…
El cuarteto incestuoso estaba en pleno desarrollo, cada vez más sucio y entregado.
Escena 1: Miranda follando a Eduardo mientras las hijas lo besan y tocan
Miranda tenía a Eduardo en cuatro patas en el centro de la cama. El consolador de 15 cm entraba y salía de su ano con embestidas firmes y profundas. Eduardo gemía como una puta, la cara roja de vergüenza y placer, mientras su pene pequeño permanecía encerrado e inútil dentro de la jaula de castidad.
—Miren cómo se deja follar el mariquita de papá… —decía Miranda con voz maternal y dominante—. Este es su lugar: recibiendo verga de su esposa mientras sus hijas lo miran.
Carla y Juana se acercaron. Miranda ordenó:
—Carla, besá a tu papá en la boca. Juana, acariciále las tetillas y besale el cuello.
Carla se puso frente a su padre y lo besó profundamente, metiendo la lengua con pasión. Eduardo gemía dentro de la boca de su hija mientras Miranda lo follaba más fuerte. Juana, a su lado, le lamía el cuello y le pellizcaba las tetillas, susurrándole:
—Papá… qué rico te ves siendo follado por mamá…
Miranda aceleraba las embestidas, haciendo que el cuerpo de Eduardo se sacudiera.
—Gemí más fuerte, mariquita… deciles a tus hijas cuánto te gusta que mamá te rompa el culo mientras ellas te besan.
Eduardo, entre gemidos y besos babosos con Carla, lograba decir:
—Hijas… me encanta… soy el cornudito pasivo de mamá… me gusta que me follen mientras ustedes me tocan…
Miranda sonreía satisfecha, follándolo sin piedad, mientras sus hijas besaban y acariciaban al padre sumiso.
Escena 2: Miranda penetrando a Carla mientras Eduardo lame el ano de su hija
Miranda cambió de posición. Hizo que Carla se pusiera en cuatro patas al borde de la cama y la penetró por el coño con el arnés, follándola con embestidas profundas y constantes.
—Miren cómo mamá folla a su hija mayor… —gemía Miranda—. Eduardo, vení acá, mariquita. Ponete debajo de Carla y laméle el ano mientras yo la follo.
Eduardo, obediente y excitado en su rol pasivo, se acostó boca arriba debajo de su hija. Desde abajo, empezó a lamer el ano de Carla con devoción, mientras Miranda seguía penetrándola por delante.
Carla gemía fuerte:
— ¡Ahhh… papá… me estás lamiendo el culo… mientras mamá me folla…!
Miranda le daba palmadas en el culo a Carla y le hablaba sucio:
—Sentí cómo tu padre cornudo te lame el ano como la puta que es… él solo sirve para limpiar y lamer mientras mamá folla a las nenitas de la casa.
Juana miraba todo muy cerca, tocándose el coño. Miranda le ordenó que besara a su hermana mientras ella la follaba. Carla y Juana se besaban con lengua profunda, babeándose mutuamente, mientras Eduardo seguía lamiendo el ano de su hija mayor con la lengua bien metida y Miranda la penetraba sin parar.
Escena 3: Miranda penetrando a Juana mientras Eduardo besa y lame los pies de su hija
Miranda puso a Juana boca arriba, le levantó las piernas y la penetró profundamente con el consolador. La nenita gemía de placer, sintiendo cómo su mamá la follaba cara a cara.
—Mirá a tu hermanita, Carla… mirá cómo mamá le rompe el coñito —dijo Miranda.
Luego miró a Eduardo:
—Mariquita, vení y besale los pies a tu hija mientras yo la follo. Lamelos bien, como la puta sumisa que sos.
Eduardo se acercó obediente, tomó uno de los piecitos de Juana y empezó a besarlo y lamerlo con devoción. Le chupaba los dedos, pasaba la lengua por la planta, todo mientras Miranda follaba a Juana con ritmo constante.
Juana gemía de placer:
—Papá… me estás lamiendo los pies… se siente tan raro… pero me gusta…
Miranda sonreía y follaba más fuerte:
—Ese es tu lugar, cornudito… lamiendo los pies de tus hijas mientras mamá las penetra. Decile a Juana cuánto te gusta ser su putita.
Eduardo, con la voz entrecortada y la jaula apretada, respondía:
—Juana… papá ama lamerte los pies… soy el mariquita de la familia… me encanta verte siendo follada por mamá…
Carla se acercó y empezó a besar a su hermana Juana en la boca mientras Miranda seguía penetrándola.
Escena 4: Miranda haciendo que las hijas se sienten sobre la cara de Eduardo mientras ella las folla por detrás
Miranda ordenó la posición final más humillante para su marido:
—Eduardo, acostate boca arriba en el centro de la cama.
Cuando estuvo listo, hizo que Carla se sentara sobre la cara de su padre, enfrentando hacia los pies de él. Carla bajó su coño sobre la boca de Eduardo, que empezó a lamerla obedientemente.
Miranda se colocó detrás de Carla y la penetró por el culo con el arnés, follándola mientras su hija mayor montaba la cara de su propio padre.
—Lamé bien el coño de tu hija, mariquita… —ordenaba Miranda mientras embestía.
Luego hizo que Juana se sentara también sobre la cara de Eduardo, pero de frente a su hermana. Las dos hermanas quedaron una frente a la otra, besándose con lengua mientras Miranda alternaba: follaba el culo de Carla y luego el coño de Juana, todo sobre la cara del padre cornudo.
Eduardo apenas podía respirar, sofocado bajo los coños y culos de sus hijas, lamiendo todo lo que podía mientras su jaula goteaba inútilmente.
Miranda follaba con fuerza, alternando entre sus dos hijas, y les decía:
—Besense rico, mis nenitas… mientras mamá las folla y su padre les lame el coño y el culo… esta es nuestra familia perfecta… un mariquita cornudo debajo y tres putas arriba.
Los gemidos de las tres mujeres llenaban la habitación mientras Eduardo, completamente sometido, lamía y tragaba todo lo que le caía encima.
Escena 5: Miranda follando a Carla en amazona mientras Eduardo lame el consolador
Miranda se sentó en el borde de la cama y ordenó a Carla que se subiera encima de ella en posición de amazona. Carla obedeció, bajando lentamente hasta que el consolador de 15 cm desapareció por completo en su coño. Empezó a cabalgar a su mamá con movimientos suaves al principio, luego más rápidos.
—Así, hijita… montá la verga de mamá… mostrale a tu padre cómo te gusta que te follen —decía Miranda, agarrando las caderas de Carla y ayudándola a subir y bajar.
Eduardo estaba arrodillado al lado de la cama, mirando todo muy cerca. Miranda lo miró con una sonrisa perversa:
—Mariquita, vení y lamé el consolador cada vez que salga del coño de tu hija. Limpiá los jugos de Carla mientras ella me folla.
Eduardo se acercó obediente, sacó la lengua y empezó a lamer el consolador cada vez que Carla se levantaba. Lamía los jugos frescos de su hija mayor, mezclados con la saliva de Miranda. Carla gemía fuerte al sentir la lengua de su padre rozando el consolador y su coño.
—Papá… estás lamiendo donde mamá me está follando… qué vergüenza… pero no pares…
Miranda aceleraba los movimientos de Carla, follándola desde abajo con embestidas fuertes mientras Eduardo seguía lamiendo como un perro fiel, la jaula de castidad goteando inútilmente.
Escena 6: Miranda penetrando a Juana por el ano mientras Eduardo besa los pies de su esposa
Miranda puso a Juana en cuatro patas y la penetró analmente con el arnés, yendo despacio pero profundo. Juana gemía con esa mezcla de dolor y placer que ya empezaba a conocer.
—Relajá el culito, mi nenita… mamá te está abriendo el ano…
Mientras follaba a su hija menor por el culo, Miranda miró a Eduardo:
—Mariquita cornudo, vení y besale los pies a mamá mientras yo le rompo el culo a tu hija. Chupame los dedos de los pies como la puta sumisa que sos.
Eduardo se acostó boca abajo al lado de la cama y empezó a besar y chupar los pies de su esposa. Le lamía los dedos uno por uno, pasaba la lengua por las plantas, todo mientras escuchaba los gemidos de Juana siendo follada analmente por su mamá.
Miranda gemía de placer por las lamidas en sus pies y follaba más fuerte a Juana:
—Miren cómo papá lame los pies de mamá mientras yo le follo el culito a su hijita… este es tu lugar, Eduardo… sirviendo a tu esposa mientras ella convierte a tus hijas en putas.
Juana gemía:
—Mami… duele… pero se siente rico… y papá está lamiendo tus pies…
Escena 7: Miranda haciendo que Carla y Juana se besen mientras ella folla a Eduardo y obliga a las chicas a tocarse
Miranda volvió a penetrar a su marido. Lo puso boca arriba, le levantó las piernas y lo follaba en posición de misionero, mirándolo a los ojos.
—Gemí para tus hijas, mariquita… deciles cuánto te gusta que mamá te folle el culo.
Mientras follaba a Eduardo, ordenó a las chicas:
—Carla y Juana, pónganse una frente a la otra y bésense con lengua. Mientras se besan, métanse los dedos mutuamente en el coño.
Las dos hermanas se besaron apasionadamente, lenguas enredadas y babosas, mientras se metían los dedos en el coño. Miranda follaba a Eduardo con fuerza, haciendo que su jaula se moviera con cada embestida.
—Miren a sus hijas besándose como lesbianitas mientras yo te follo como a una puta… deciles lo que sos, Eduardo.
Eduardo gemía entrecortado:
—Hijas… papá es un mariquita cornudo… me gusta que mamá me folle mientras ustedes se besan y se tocan… soy el pasivo de la familia…
Miranda sonreía y aumentaba el ritmo, follándolo más duro mientras las chicas seguían besándose y tocándose frente a él.
Escena 8: Miranda penetrando a Carla y Juana al mismo tiempo (doble penetración lésbica) mientras Eduardo lame
Miranda se puso el arnés y ordenó a Carla y Juana que se pusieran en cuatro patas una al lado de la otra, culos levantados.
—Ahora mamá va a follar a sus dos nenitas al mismo tiempo.
Empezó penetrando a Carla por el coño, dándole varias embestidas fuertes, luego sacó el consolador y lo metió en el ano de Juana. Alternaba entre las dos, follándolas por diferentes agujeros mientras ellas gemían y se besaban de lado.
—Eduardo, mariquita… ponete debajo y lamé todo lo que puedas. Lamé el consolador cuando salga, lamé los coños y anos de tus hijas.
Eduardo se metió debajo de las chicas como pudo y empezó a lamer todo: lamía el consolador cuando Miranda lo sacaba, lamía el coño de Carla, el ano de Juana, tragando jugos y saliva. Su cara quedaba empapada.
Miranda follaba con ritmo constante, alternando entre sus dos hijas:
—Miren cómo papá lame como un perro mientras mamá folla a sus hijas… este es el rol perfecto para el cornudito de la casa.
Carla y Juana gemían fuerte, besándose y diciendo entrecortado:
—Mami… fóllanos más… papá nos está lamiendo todo…
Miranda, sudada y dominante, seguía penetrando a sus hijas mientras su marido cornudo lamía obedientemente debajo de ellas.
Juana sufría visiblemente. Su carita se contraía, las lágrimas rodaban por sus mejillas y gemía con voz quebrada y aniñada:
— ¡Aaaahhh… duele… duele mucho más ahora… me está estirando demasiado…!
Groncho gruñó bajito, sudando, pero no se detuvo. Siguió metiendo la verga hasta que, con un último empujón suave pero decidido, la enterró por completo. Sus huevos sucios quedaron pegados contra el coñito de Juana. El ano de la nenita estaba completamente abierto alrededor de la verga gruesa del viejo.
Juana soltó un sollozo fuerte, el cuerpo temblando de dolor. El ardor era casi insoportable, como si la estuvieran partiendo por dentro.
Miranda, que no se había separado ni un segundo, se acercó más a la cara de su hija. Le tomó suavemente la mejilla con una mano y comenzó a darle besitos tiernos en la boca, intentando calmarla.
—Shhh… mi nenita… mamá está acá… respirá conmigo… besame… dejá que mamá te calme…
Al principio los besos fueron suaves y consoladores: labios contra labios, besitos cortos y cariñosos. Miranda le besaba la boca con ternura, limpiándole las lágrimas con los pulgares mientras Groncho se quedaba quieto dentro de ella, dejando que se adaptara.
Pero poco a poco, los besos fueron volviéndose más intensos y morbosos.
Miranda empezó a meterle la lengua suavemente, buscando la de su hija. Los besos se volvieron más profundos, más húmedos, más apasionados. Madre e hija se besaban con lengua, intercambiando saliva, mientras Juana gemía dentro de la boca de Miranda por el dolor de la penetración anal.
Los besos se volvieron cada vez más sucios y morbosos: lenguas enredándose, labios chupándose, saliva corriendo por las barbillas. Miranda besaba a su hija con una mezcla de amor maternal y un morbo profundo, intentando distraerla del dolor mientras Groncho comenzaba a moverse muy despacio dentro de su ano.
—Besame, mi nenita… —susurraba Miranda entre beso y beso—. Mamá te está besando… relajá el culito… dejá que Groncho entre… sos una nena muy valiente… mamá te ama… besame más fuerte…
Juana, entre lágrimas y gemidos de dolor, respondía al beso cada vez con más intensidad. Besaba a su mamá con desesperación, buscando consuelo en su boca mientras sentía cómo su ano era estirado al límite por la verga gruesa de Groncho.
Groncho seguía moviéndose con mucho cuidado, sacando solo un poco y volviendo a entrar, dejando que el cuerpo de Juana se adaptara. Mientras tanto, madre e hija seguían besándose de forma cada vez más morbosa: lenguas profundas, saliva intercambiada, gemidos compartidos.
Miranda le susurraba contra los labios:
—Así… besame rico… sentís cómo te llena el culo… duele… pero mamá te está besando… sos mi nenita buena… vas a aprender a disfrutar esto… besame más… dejá que mamá te calme con su boca…
Juana gemía dentro del beso, las lágrimas todavía cayendo, pero el dolor comenzaba a mezclarse con una sensación extraña y caliente gracias al consuelo constante de su mamá.
Groncho, al ver la escena, gruñó de placer y siguió penetrándola lentamente, mientras madre e hija seguían besándose de forma intensa y morbosa, convirtiendo el momento de desvirgación anal en algo extrañamente íntimo y familiar.
La “clase” de sexo anal seguía… pero ahora con un componente emocional y perverso muy fuerte entre madre e hija.
Los besos entre Miranda y Juana se volvieron cada vez más intensos y asquerosos. Madre e hija se besaban con lengua profunda, intercambiando saliva de forma húmeda y ruidosa. Los labios de ambas estaban hinchados y brillantes, y gruesos hilos de saliva conectaban sus bocas cada vez que se separaban un segundo para respirar.
Mientras tanto, Groncho seguía penetrando el ano de Juana con mucho cuidado. Al principio la nena se quejaba y lloraba bajito dentro de la boca de su mamá, pero poco a poco el dolor anal fue disminuyendo. El ardor intenso se transformaba en una sensación de plenitud caliente y profunda. Juana ya no gemía de dolor… ahora gemía de una mezcla extraña entre molestia y placer.
Cuando Miranda sintió que su hija ya no se quejaba tanto y que su cuerpo se relajaba, le susurró contra los labios:
—Así… mi nenita… ya estás aguantando mejor… besame más rico… mamá te está calmando…
Groncho, al notar que Juana ya no se tensaba tanto, comenzó a aumentar el ritmo. Sus embestidas se volvieron más fuertes y profundas. Ya no era solo meterla despacio… ahora follaba el ano de la nenita con arremetidas firmes, sacando casi toda la verga y volviéndola a clavar hasta el fondo.
Juana soltó un gemido más fuerte dentro de la boca de su mamá, pero ya no era solo de dolor. El placer empezaba a ganar terreno.
Beto (que estaba observando todo desde un costado de la cama) no pudo quedarse callado y empezó a decir groserías con voz ronca y excitada:
—Miren a estas dos putas… madre e hija besándose como lesbianitas mientras el viejo le rompe el culito virgen a la nenita… ¡Qué familia de degeneradas!
—Besense más sucio… métanse la lengua hasta la garganta… mientras Groncho le abre el culo a la colegiala…
—Mirá cómo tiembla la nenita… pero sigue besando a su mamá… qué puta más obediente…
Miranda y Juana seguían intercambiando besos cada vez más asquerosos y apasionados. Sus lenguas se enredaban, se chupaban los labios, se babeaban mutuamente. Miranda le metía la lengua hasta el fondo a su hija, consolándola y excitándola al mismo tiempo, mientras Groncho follaba el ano de Juana con arremetidas cada vez más intensas.
Juana gemía dentro de la boca de su mamá, el cuerpo sacudido por las embestidas. El dolor ya casi había desaparecido y ahora solo quedaba una sensación caliente, llena y profunda que la hacía gemir más fuerte.
Beto seguía lanzando groserías mientras miraba el espectáculo:
— ¡Qué rico se ven besándose! La mamá puta enseñándole a su hija cómo recibir verga por el culo… besense más baboso… que se escuche cómo se chupan la lengua mientras la nenita es follada como una perra…
Miranda separó un segundo los labios de los de su hija, un hilo grueso de saliva conectándolos, y le susurró con voz ronca de placer:
—Besame más, mi nenita… sentís cómo te follan el culo… ya no duele tanto, ¿verdad?… besá a mamá mientras te abren… sos una nena muy buena…
Juana, ya entregada al placer que empezaba a crecer, besó a su mamá con más pasión, metiendo la lengua y gimiendo dentro de su boca mientras Groncho la follaba con ritmo constante y fuerte.
El contraste era abrumador: madre e hija besándose de forma sucia y morbosa, mientras la nenita era desvirgada analmente por un viejo apestoso y dominante.
La “clase” de sexo anal se había convertido en algo mucho más íntimo y pervertido entre madre e hija.
Juana ya no gemía de dolor. El ardor intenso del principio había desaparecido casi por completo y había sido reemplazado por un placer profundo, caliente y adictivo que nacía desde lo más adentro de su ano.
Groncho seguía follándola con embestidas firmes y constantes. Su verga gruesa entraba y salía del culo de la nenita, haciendo que su cuerpo diminuto se sacudiera con cada golpe. Juana ya no lloraba. Ahora gemía de placer, con la boca abierta y los ojos entrecerrados.
— ¡Aaaahhh… sí… se siente rico…! —gemía con voz aniñada y entrecortada—. Más… mi macho… metémela más profundo…
Miranda, que seguía besando a su hija de forma intensa y morbosa, notó el cambio inmediatamente. Sonrió contra los labios de Juana y le susurró con voz ronca:
—Así, mi nenita… ya estás disfrutando… el culo te está dando placer… besame mientras te cogen… mamita te está besando…
Juana, cada vez más entregada, respondió al beso de su mamá con más pasión. Sus lenguas se enredaban de forma sucia, intercambiando saliva abundantemente. Mientras Groncho la follaba por el ano, Juana levantó una mano y, sin pensarlo dos veces, metió dos dedos en el coño de su mamá.
Miranda soltó un gemido fuerte dentro del beso cuando sintió los deditos de su hija entrando en su coño mojado.
— ¡Ahhh… sí… meteme los deditos, mi amor…!
Juana comenzó a mover los dedos dentro del coño de su mamá, follándola mientras Groncho la follaba a ella por el culo. Los tres formaban un trío incestuoso y lésbico: madre e hija besándose con lengua profunda y babosa, Juana penetrando el coño de su mamá con los dedos, y Groncho penetrando el ano de Juana con su verga gruesa.
La habitación estaba llena de gemidos, sonidos húmedos de carne contra carne y besos babosos.
Groncho gruñía de placer al ver la escena:
— ¡Qué putas más ricas… madre e hija besándose y metiéndose los dedos mientras yo le rompo el culito a la nenita… seguí metiéndole los deditos a tu mamá, Juana… hacela gemir mientras te follo!
Miranda gemía dentro de la boca de su hija, moviendo las caderas para recibir mejor los dedos de Juana:
—Así… mi nenita… follá el coño de mamá… mientras Groncho te folla el culo… qué familia más pervertida… me encanta… besame más sucio…
Juana, ya completamente entregada al placer anal, gemía fuerte y movía los dedos con más rapidez dentro del coño de su mamá. Su propio ano apretaba la verga de Groncho con cada embestida, disfrutando la sensación de estar llena por detrás mientras follaba a su mamá con los dedos.
Los besos entre madre e hija eran cada vez más asquerosos y apasionados: lenguas profundas, saliva corriendo por las barbillas, gemidos compartidos.
El trío incestuoso se volvía más intenso: Groncho follaba el ano de Juana, Juana follaba el coño de Miranda con los dedos, y madre e hija se besaban de forma sucia y desesperada.
Groncho gruñía excitado:
— ¡Qué rico… la nenita ya disfruta que le rompan el culo… y al mismo tiempo le mete los deditos a su mamá… qué familia de putas!
Miranda y Juana seguían besándose con lengua profunda, gimiendo dentro de la boca de la otra, mientras el placer anal y el incesto lésbico se mezclaban en una escena cada vez más depravada.
Juana ya no sufría… ahora disfrutaba plenamente el sexo anal, gimiendo de placer mientras era follada por su macho y al mismo tiempo daba placer a su mamá.
La noche se estaba convirtiendo en un trío incestuoso y lésbico completamente descontrolado.
Beto follaba el culo de Carla con fuerza salvaje, embistiéndola sin piedad. Sus gemidos y los gritos ahogados de la colegiala llenaban la habitación. Finalmente, con un gruñido animal, Beto apretó con fuerza las caderas de Carla y se corrió profundamente dentro de su ano.
Chorros calientes y espesos de semen inundaron el interior de Carla. Ella sintió el calor intenso llenándola por completo, lo que le provocó un gemido largo y tembloroso.
Beto se quedó unos segundos más dentro de ella, vaciándose hasta la última gota, antes de sacar lentamente la verga. Cuando salió, la verga estaba manchada: cubierta de semen blanco, restos marrones de caca de Carla y un poco de sangre de la desvirgación anal.
Beto miró a Miranda, que seguía observando todo desde el borde de la cama, y le dijo con voz ronca:
—Mirá cómo quedó… tu hija me dejó la verga sucia.
Miranda sonrió con morbo maternal y miró a Carla, que todavía estaba en cuatro patas, jadeando y con el culo rojo y abierto.
—Es hora de limpiar, hijita —le dijo con voz suave pero firme—. Una buena novia limpia la verga de su macho después de que la use. Aunque esté manchada con tu propia caca y sangre.
Carla, todavía temblando y con lágrimas en los ojos, se dio la vuelta y se arrodilló frente a Beto. Miró la verga sucia con una mezcla de asco y sumisión. Miranda se acercó, se arrodilló al lado de su hija y le acarició el cabello.
—Las dos vamos a limpiarla —dijo Miranda—. Mamá te va a enseñar cómo se hace.
Madre e hija se inclinaron al mismo tiempo. Miranda fue la primera en lamer la verga de Beto, pasando la lengua por la cabeza y recogiendo semen, restos de caca y sangre. Luego miró a Carla y le dijo:
—Ahora vos, hijita… chupá todo… no dejes nada.
Carla, obediente a pesar del asco, abrió la boca y metió la verga sucia dentro. El sabor era fuerte y repugnante: salado, amargo, terroso, con el gusto metálico de la sangre y el sabor de su propia caca. Sintió arcadas, pero se obligó a seguir chupando, moviendo la cabeza y pasando la lengua por toda la longitud.
Miranda lamía al mismo tiempo desde el lado, compartiendo la verga con su hija. Ambas lenguas se rozaban mientras limpiaban la verga manchada de Beto.
—Así… buena nenita… chupá todo… probá tu propia suciedad… eso es ser una buena novia —le susurraba Miranda a su hija entre lamidas.
Beto gemía de placer, mirando hacia abajo cómo madre e hija le chupaban la verga sucia juntas.
—Qué putas más ricas… madre e hija limpiando mi verga llena de mierda y semen… seguí chupando, nenita… tragá todo lo que salga…
Carla y Miranda seguían lamiendo y chupando con devoción, limpiando cada resto de la verga de Beto. El sabor y el olor eran intensos, pero ambas obedecían, cumpliendo su rol de hembras sumisas.
Miranda miró a su hija con orgullo y morbo mientras compartían la verga:
—Estás aprendiendo rápido, mi amor… mamá está orgullosa de vos.
La escena era profundamente depravada: madre e hija arrodilladas, chupando juntas la verga sucia y embarrada de Beto después de que este desvirgara analmente a Carla.
La noche seguía avanzando… y la familia continuaba hundiéndose en su nueva dinámica perversa.
Despues de un dia agotador, beto y groncho quedaron exaustos.
Después de que Groncho y Beto se durmieran
Groncho y Beto finalmente se habían quedado dormidos, roncando pesadamente en las habitaciones de las chicas. Miranda, todavía desnuda y con el cuerpo marcado por la noche, salió al pasillo y llamó suavemente a Carla y Juana.
—Hijitas… vengan un momento a mi habitación. Los machos ya están dormidos. Mamá quiere estar un rato a solas con ustedes.
Carla y Juana, todavía sonrojadas y con el cuerpo sensible por todo lo vivido, se levantaron y siguieron a su mamá. Las tres entraron al dormitorio principal y Miranda cerró la puerta con llave.
La luz era tenue. Miranda se sentó en el centro de la cama grande y abrió los brazos.
—Vengan… acérquense a mamá.
Las dos hermanas se subieron a la cama y se acurrucaron contra ella, una a cada lado. Miranda las abrazó con ternura, acariciándoles el cabello y la espalda.
—Esta noche han dado pasos muy importantes… pero mamá quiere que también exploremos algo más entre nosotras. El incesto lésbico es parte de nuestra familia ahora. No es solo para complacer a los machos… también es para que nosotras, las mujeres, nos demos placer entre nosotras. Es amor… es cariño… y es muy excitante.
Miranda besó primero a Carla en los labios, un beso suave que rápidamente se volvió profundo. Su lengua entró en la boca de su hija mayor, explorándola con cariño y deseo. Carla respondió tímidamente al principio, pero pronto se dejó llevar, besando a su mamá con lengua.
Luego Miranda se giró hacia Juana y la besó de la misma forma, metiendo la lengua con más intensidad. Juana gemía bajito dentro de la boca de su mamá, todavía sensible por lo que había vivido con Groncho.
—Besame como me besabas mientras Groncho te follaba el culo —le susurró Miranda a Juana.
Los besos entre las tres se volvieron más intensos y sucios. Miranda besaba alternadamente a sus hijas, y en un momento las tres se besaron al mismo tiempo: lenguas enredándose, saliva compartida entre madre e hijas. Era un beso triple, baboso y morboso.
Miranda se separó un segundo y les dijo con voz ronca pero maternal:
—Ahora quiero que se besen entre ustedes… como hermanas que se desean.
Carla y Juana se miraron con vergüenza, pero la excitación ganó. Se acercaron y comenzaron a besarse. Al principio fue tímido, pero pronto se volvió apasionado: lenguas profundas, labios chupándose, saliva corriendo por sus barbillas. Miranda las observaba con orgullo y morbo, acariciándoles la espalda.
—Así… besense rico… hermanas que se aman y se desean… qué lindo verlas.
Mientras se besaban, Miranda bajó la mano y comenzó a tocarles el coño a las dos al mismo tiempo. Sus dedos expertos acariciaban los clítoris y se metían suavemente en sus entradas todavía sensibles.
—Sentí cómo se mojan mis nenitas… —susurró—. Les gusta besarse entre hermanas mientras mamá las toca… eso es incesto lésbico… amor puro entre mujeres de la misma sangre.
Juana gemía dentro de la boca de Carla mientras su mamá le metía un dedo en el coño. Carla hacía lo mismo, respondiendo al beso de su hermana con más pasión.
Miranda siguió hablando mientras las masturbaba:
—Una mamá buena no solo enseña a complacer a los machos… también enseña a sus hijas a darse placer entre ellas. Cuando los machos no estén… o cuando queramos un momento solo de mujeres… nos besamos, nos tocamos, nos lamemos… y nos hacemos sentir bien. Eso fortalece el lazo familiar.
Miranda se inclinó y comenzó a lamer el coño de Carla mientras Juana seguía besándola. Luego cambió y lamió el coño de Juana mientras Carla besaba a su hermana. Las dos hermanas gemían y se besaban, mientras su mamá las lamía alternadamente, saboreando sus jugos jóvenes y frescos.
—Qué rico saben mis nenitas… —murmuraba Miranda entre lamidas—. Tan dulces… tan diferentes al sabor de los machos sucios…
El incesto lésbico se volvió más intenso. Miranda les enseñaba a tocarse mutuamente: cómo meter los dedos, cómo lamer el clítoris, cómo chuparse los pezones. Carla y Juana, cada vez más liberadas, se besaban con pasión mientras se tocaban y dejaban que su mamá las lamiera.
Miranda, entre beso y lamida, les susurraba palabras sucias y maternales:
—Besense más sucio… métanse la lengua… son hermanas que se desean… mamita está orgullosa de verlas tan putitas entre ustedes… toquen el coño de su hermana… metan los deditos… así… muy bien… esta es nuestra forma de amarnos…
La habitación se llenó de gemidos suaves, sonidos húmedos de lenguas y dedos, y susurros de amor y perversiones entre madre e hijas.
El incesto lésbico entre las tres se estaba volviendo una parte importante y natural de su dinámica familiar.

Miranda se levantó de la cama con una sonrisa suave pero dominante. Fue hasta el cajón de la mesita de noche y sacó un arnés más pequeño, con un consolador de 15 cm, realista pero no tan intimidante como el que usaba con Eduardo. Se lo colocó con calma alrededor de la cintura, ajustándolo bien. El consolador quedó apuntando hacia adelante, listo para usar.
Miranda miró a sus dos hijas, que estaban desnudas y todavía jadeando en la cama después de los besos y toques lésbicos.
—Ahora mamá les va a enseñar otra parte importante de nuestro amor entre mujeres —dijo con voz cariñosa pero firme—. Voy a penetrarlas con el arnés. Quiero que sientan cómo es ser follada por mamá… y que aprendan a disfrutar siendo penetradas por una mujer que las ama.
Carla y Juana se miraron entre sí, nerviosas pero excitadas. Miranda se subió a la cama y comenzó con Juana primero.
Hizo que Juana se pusiera en cuatro patas, levantó la falda imaginaria (aunque ya estaba desnuda) y apoyó la punta del consolador contra su coño todavía sensible.
—Relajate, mi nenita… mamá va a ir despacio al principio.
Empujó lentamente. El consolador de 15 cm entró poco a poco en el coño de Juana. La nenita soltó un gemido largo, sintiendo cómo la llenaba su propia mamá.
— ¡Ahhh… mami… se siente… raro… pero rico…!
Miranda comenzó a moverse con embestidas suaves y profundas, follándola en la posición de cuatro patas mientras le acariciaba la espalda.
—Así… mi nenita… sentís cómo mamá te folla… esto es amor entre madre e hija… gemí para mamá…
Después cambió a Carla. La puso boca arriba, le levantó las piernas y la penetró en posición de misionero, cara a cara. Mientras la follaba, Miranda se inclinó y la besó en la boca con lengua profunda y maternal.
—Besame mientras te follo, hijita… sentís cómo mamá te llena el coñito… sos mi nenita hermosa…
Carla gemía dentro del beso de su mamá, las piernas temblando alrededor de la cintura de Miranda.
Miranda alternaba entre las dos, follándolas en varias poses:
En cuatro patas (para que sintieran la dominación por detrás)
Sentadas encima de ella (amazona, para que ellas controlaran un poco el ritmo)
De lado, abrazadas, follándolas mientras les besaba el cuello y les susurraba palabras de amor
Mientras las penetraba, Miranda les hablaba con voz suave y sucia a la vez:
—Miren cómo mamá las folla… esto es parte de nuestro incesto lésbico… una mamá buena también penetra a sus hijas… para enseñarles placer… para unirlas más… gemí para mamá… decime que te gusta que tu mamá te folle el coñito…
Juana gemía bajito mientras era follada:
— Sí… mami… me gusta… se siente lleno… caliente…
Carla, entre gemidos, respondía:
—Fóllame más fuerte, mamá… me gusta que seas vos quien me penetre…
Miranda aumentaba el ritmo cuando sentía que sus hijas ya estaban disfrutando, follándolas con embestidas más profundas y constantes, mientras las besaba y les susurraba palabras de amor y perversiones:
—Mis nenitas putitas… mamá las ama… y también las folla… esto es nuestra forma de querernos… sin machos… solo nosotras tres…
La habitación se llenó de gemidos suaves y femeninos, del sonido húmedo del consolador entrando y saliendo de los coños jóvenes de Carla y Juana, y de los besos apasionados entre madre e hijas.
El incesto lésbico entre las tres se volvía cada vez más intenso y natural.
Miranda seguía penetrando a sus hijas en diferentes posiciones, enseñándoles con el cuerpo y con palabras lo que significaba el amor sexual entre madre e hijas. El trio termino y se fueron con sus machos.
Esa misma noche – Antes de dormir
Miranda y Eduardo se acostaron en su cama después de un día intenso. La casa estaba en silencio. Dogoberto y Camilita dormían en su cuarto, y las chicas ya se habían retirado.
Miranda se acurrucó contra su esposo, desnuda, y le susurró al oído con voz suave y cargada de morbo:
—Mi amor… hoy pasó algo hermoso. Después de que los machos se durmieron, llevé a Carla y Juana a nuestra habitación… y las tres hicimos un trío lésbico. Las besé, las toqué, las lamí… y después las penetré con el arnés. Fue tan íntimo… tan sucio… tan nuestro. Las vi gemir mientras mamá las follaba… y ellas se besaban entre hermanas mientras yo las penetraba. Fue precioso.
Eduardo sintió un latigazo de excitación. Su jaula de castidad se apretó dolorosamente. Sonrió con felicidad genuina y la abrazó más fuerte.
—Estoy muy feliz… me encanta que hayas compartido ese momento con ellas. Nuestro incesto lésbico está creciendo. Imaginarte follándolas mientras se besan… me pone muy caliente. Mañana por la noche quiero estar presente. Quiero verlas… quiero ver cómo te besan, cómo te tocan… y cómo las follás. Quiero que seamos un cuarteto: vos, yo, Carla y Juana.
Miranda sonrió con morbo y ternura, besándolo en los labios.
—Perfecto. Mañana por la noche haremos nuestro primer cuarteto familiar. Les voy a decir a las chicas que vas a estar presente. Va a ser una noche muy especial.
Se besaron con pasión, imaginando lo que vendría.
A la mañana siguiente
Miranda esperó a que Dogoberto y Camilita salieran a dar una vuelta (como solían hacer algunas mañanas). Cuando se quedaron solos en la casa, llamó a Carla y Juana a la sala.
Las dos hermanas bajaron todavía con sueño, pero curiosas.
Miranda las sentó en el sofá y les habló con voz suave pero directa:
—Hijitas… anoche, después de que se durmieron sus machos, mamá tuvo un momento muy lindo con ustedes. El trío lésbico que hicimos fue hermoso. Mamá las penetró, las besó y las tocó… y vio cómo ustedes se besaban entre hermanas. Fue una forma de unirnos más como mujeres.
Carla y Juana se sonrojaron, pero sonrieron tímidamente.
Miranda continuó:
—Esta noche vamos a dar un paso más. Papá quiere estar presente. Vamos a hacer un cuarteto familiar: mamá, papá, Carla y Juana. Papá va a mirar… y probablemente también va a participar de alguna forma. Quiero que sepan que esto es amor… es confianza… y es placer entre nosotros. ¿Están de acuerdo?
Carla y Juana se miraron entre sí. Después de un momento, ambas asintieron, con una mezcla de nervios y excitación.
—Sí, mami… —dijo Carla—. Queremos hacerlo.
Juana añadió bajito:
—Va a ser raro… pero también me gusta la idea de que papá esté ahí.
Miranda las abrazó a las dos con cariño.
—Esa es mi nenitas buenas. Esta noche va a ser especial. Mamá y papá las aman mucho… y queremos compartir esto con ustedes. Ahora vayan a prepararse para el día. Esta noche… nos vamos a entregar a nuestro amor familiar.
Carla y Juana subieron las escaleras, el corazón latiéndoles fuerte de anticipación. La idea de hacer un cuarteto incestuoso con sus padres las ponía muy nerviosas… pero también muy calientes.
La noche prometía ser inolvidable para toda la familia.
La noche del cuarteto
Después de la cena, la casa quedó en relativa calma. Dogoberto, con su olor característico, se llevó a Camilita a su habitación, murmurando que quería “usar a su nenita antes de dormir”. Beto, el macho dominante de Carla, se quedó en la sala con Eduardo viendo un partido de fútbol. Ambos hombres hablaban en voz alta, riéndose y bebiendo cerveza.
Miranda miró a sus dos hijas mayores y les hizo una seña discreta con la cabeza.
—Suban, mis nenitas. Es hora.
Carla y Juana subieron las escaleras con el corazón acelerado. Miranda las siguió. Eduardo, al verlas subir, sintió un nudo de excitación en el estómago y se excusó con Beto diciendo que iba al baño. En realidad, subió rápidamente detrás de su esposa e hijas.
Los cuatro entraron al dormitorio principal y Miranda cerró la puerta con llave. La luz era tenue, solo una lámpara de noche iluminaba la habitación.
Miranda fue la primera en hablar, con voz suave pero cargada de morbo maternal:
—Esta noche somos solo nosotros cuatro. Sin machos sucios. Solo familia. Vamos a empezar despacio… con besos.
Se acercó primero a Carla y la besó en la boca con ternura. Pronto el beso se volvió profundo, con lengua. Carla respondió, metiendo su lengua en la boca de su mamá. Mientras tanto, Miranda tomó la mano de Juana y la acercó.
Eduardo se acercó a su hija menor. Con timidez pero excitación, besó a Juana en los labios. Juana, todavía nerviosa, abrió la boca y dejó que su papá la besara. El beso entre padre e hija se volvió más intenso.
Los cuatro formaron un círculo de besos incestuosos.
Miranda besaba a Carla con pasión, luego se giraba y besaba a Eduardo, metiéndole la lengua. Eduardo besaba a su esposa y luego volvía a besar a Juana, cada vez más profundo. Juana besaba a su papá y luego se acercaba a su hermana Carla, besándola con lengua. Carla besaba a su mamá, a su papá y a su hermana.
Los besos se volvieron cada vez más sucios y babosos. Se escuchaban sonidos húmedos de lenguas enredándose, saliva intercambiada y gemidos suaves.
Miranda tomó la iniciativa y susurró:
—Besémonos todos juntos…
Los cuatro acercaron sus caras. Se formó un beso cuádruple: lenguas de madre, padre, hija mayor y hija menor enredándose al mismo tiempo. Era un beso desordenado, baboso y profundamente pervertido. Saliva corría por las barbillas. Miranda gemía dentro del beso mientras acariciaba el culo de Carla. Eduardo besaba a Juana con más intensidad, metiendo la lengua hasta el fondo mientras su mano temblaba sobre el pecho pequeño de su hija.
Miranda separó un poco los labios y dijo con voz ronca:
—Así… besen a su familia… besen a mamá… besen a papá… besen a su hermana… esta noche todo está permitido entre nosotros.
Carla besó a su papá con lengua, algo que nunca había hecho. Juana besó a su mamá con más pasión, recordando cómo se habían besado la noche anterior. Eduardo, excitado y con la jaula apretada, besaba alternadamente a sus dos hijas y a su esposa.
Los besos se volvían cada vez más intensos y morbosos. Las manos empezaban a tocarse: Miranda acariciaba los pechos de sus hijas, Eduardo tocaba tímidamente el culo de Juana, Carla metía la mano entre las piernas de su mamá.
Miranda sonrió con orgullo y morbo, mirando a su familia entregada al incesto:
—Qué lindo se ven besándose… papá besando a sus nenitas… hermanas besándose… mamá besando a todos… esta noche vamos a disfrutar mucho juntos.
El cuarteto familiar acababa de comenzar con un intercambio de besos sucios, babosos y profundamente incestuosos.
Miranda se levantó de la cama con una sonrisa dominante y maternal. Fue hasta el cajón, sacó el arnés con el consolador de 25 cm y se lo colocó con calma alrededor de la cintura. El pene de silicona quedó apuntando hacia adelante, listo para usar.
Eduardo, ya desnudo y con su jaulita de castidad apretando su pene pequeño e inútil, se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndole el culo a su esposa. Sabía perfectamente cuál era su rol esa noche.
Miranda se arrodilló detrás de él, escupió en el consolador y apoyó la punta contra el ano de su marido cornudo.
—Miren, nenitas… mamá va a follar al mariquita de papá mientras ustedes participan —dijo con voz ronca y cariñosa.
Empujó lentamente y el consolador entró en el culo de Eduardo. Él soltó un gemido bajo y tembloroso.
—Ahhh… sí… fóllame, mi amor…
Miranda comenzó a penetrarlo con embestidas suaves pero firmes, moviendo las caderas y follándolo como a una puta.
Mientras lo penetraba, miró a sus hijas y dio órdenes claras:
—Carla… vení y besá en la boca a tu padre. Besalo rico, con lengua, como una buena hija.
Carla, nerviosa pero excitada, se acercó a su papá. Eduardo giró la cabeza y madre e hija se miraron un segundo. Carla acercó su boca a la de su padre y lo besó profundamente. Padre e hija comenzaron a besarse con lengua, de forma cada vez más sucia y apasionada. Eduardo gemía dentro de la boca de su hija mientras su esposa le follaba el culo.
Miranda sonrió con morbo y siguió follando a su marido con ritmo constante.
—Así… besá a papá… metele la lengua… que sienta cómo su hija lo besa mientras mamá le rompe el culo…
Luego miró a Juana y le dio la siguiente orden:
—Juana, mi nenita… ponete detrás de tu hermana y metele los deditos en el ano a Carla. Follale el culito con los dedos mientras ella besa a su papá.
Juana obedeció. Se colocó detrás de Carla, le separó las nalgas y empezó a meter un dedito despacio en el ano de su hermana mayor. Carla soltó un gemido dentro de la boca de su padre cuando sintió el dedo de Juana entrando en su culo.
—Así… muy bien, Juana —la animó Miranda mientras seguía penetrando a Eduardo con embestidas más profundas—. Meté los deditos en el culito de tu hermana… follala mientras ella besa a papá… esta es nuestra familia perfecta…
La escena era completamente depravada:
Miranda follaba el culo de su marido cornudo con el arnés, embistiéndolo con ritmo.
Carla besaba apasionadamente a su padre en la boca, intercambiando saliva y gemidos.
Juana, detrás de Carla, le metía los dedos en el ano, follándola analmente con los deditos mientras veía todo.
Eduardo gemía dentro del beso de su hija:
—Hija… qué rico besás… papá te ama…
Miranda aumentó el ritmo, follando más fuerte a su marido mientras hablaba sucio y maternal:
—Miren qué lindo… papá siendo follado por mamá… besando a su hija mayor… y la hija menor follándole el culo a su hermana… Esto es lo que somos ahora… una familia de putos y putas incestuosas.
Carla gemía dentro del beso de su papá, sintiendo los dedos de Juana moviéndose dentro de su ano. Juana, con la carita roja, seguía metiendo los dedos, cada vez más profundo, excitada por obedecer a su mamá.
Miranda seguía penetrando a Eduardo sin parar, mirándolo todo con orgullo y morbo.
—Seguí besando a papá, Carla… meté más la lengua… y vos, Juana, meté dos deditos en el culito de tu hermana… que sienta cómo su hermanita la folla…
El cuarteto incestuoso estaba en pleno desarrollo, cada vez más sucio y entregado.
Escena 1: Miranda follando a Eduardo mientras las hijas lo besan y tocan
Miranda tenía a Eduardo en cuatro patas en el centro de la cama. El consolador de 15 cm entraba y salía de su ano con embestidas firmes y profundas. Eduardo gemía como una puta, la cara roja de vergüenza y placer, mientras su pene pequeño permanecía encerrado e inútil dentro de la jaula de castidad.
—Miren cómo se deja follar el mariquita de papá… —decía Miranda con voz maternal y dominante—. Este es su lugar: recibiendo verga de su esposa mientras sus hijas lo miran.
Carla y Juana se acercaron. Miranda ordenó:
—Carla, besá a tu papá en la boca. Juana, acariciále las tetillas y besale el cuello.
Carla se puso frente a su padre y lo besó profundamente, metiendo la lengua con pasión. Eduardo gemía dentro de la boca de su hija mientras Miranda lo follaba más fuerte. Juana, a su lado, le lamía el cuello y le pellizcaba las tetillas, susurrándole:
—Papá… qué rico te ves siendo follado por mamá…
Miranda aceleraba las embestidas, haciendo que el cuerpo de Eduardo se sacudiera.
—Gemí más fuerte, mariquita… deciles a tus hijas cuánto te gusta que mamá te rompa el culo mientras ellas te besan.
Eduardo, entre gemidos y besos babosos con Carla, lograba decir:
—Hijas… me encanta… soy el cornudito pasivo de mamá… me gusta que me follen mientras ustedes me tocan…
Miranda sonreía satisfecha, follándolo sin piedad, mientras sus hijas besaban y acariciaban al padre sumiso.
Escena 2: Miranda penetrando a Carla mientras Eduardo lame el ano de su hija
Miranda cambió de posición. Hizo que Carla se pusiera en cuatro patas al borde de la cama y la penetró por el coño con el arnés, follándola con embestidas profundas y constantes.
—Miren cómo mamá folla a su hija mayor… —gemía Miranda—. Eduardo, vení acá, mariquita. Ponete debajo de Carla y laméle el ano mientras yo la follo.
Eduardo, obediente y excitado en su rol pasivo, se acostó boca arriba debajo de su hija. Desde abajo, empezó a lamer el ano de Carla con devoción, mientras Miranda seguía penetrándola por delante.
Carla gemía fuerte:
— ¡Ahhh… papá… me estás lamiendo el culo… mientras mamá me folla…!
Miranda le daba palmadas en el culo a Carla y le hablaba sucio:
—Sentí cómo tu padre cornudo te lame el ano como la puta que es… él solo sirve para limpiar y lamer mientras mamá folla a las nenitas de la casa.
Juana miraba todo muy cerca, tocándose el coño. Miranda le ordenó que besara a su hermana mientras ella la follaba. Carla y Juana se besaban con lengua profunda, babeándose mutuamente, mientras Eduardo seguía lamiendo el ano de su hija mayor con la lengua bien metida y Miranda la penetraba sin parar.
Escena 3: Miranda penetrando a Juana mientras Eduardo besa y lame los pies de su hija
Miranda puso a Juana boca arriba, le levantó las piernas y la penetró profundamente con el consolador. La nenita gemía de placer, sintiendo cómo su mamá la follaba cara a cara.
—Mirá a tu hermanita, Carla… mirá cómo mamá le rompe el coñito —dijo Miranda.
Luego miró a Eduardo:
—Mariquita, vení y besale los pies a tu hija mientras yo la follo. Lamelos bien, como la puta sumisa que sos.
Eduardo se acercó obediente, tomó uno de los piecitos de Juana y empezó a besarlo y lamerlo con devoción. Le chupaba los dedos, pasaba la lengua por la planta, todo mientras Miranda follaba a Juana con ritmo constante.
Juana gemía de placer:
—Papá… me estás lamiendo los pies… se siente tan raro… pero me gusta…
Miranda sonreía y follaba más fuerte:
—Ese es tu lugar, cornudito… lamiendo los pies de tus hijas mientras mamá las penetra. Decile a Juana cuánto te gusta ser su putita.
Eduardo, con la voz entrecortada y la jaula apretada, respondía:
—Juana… papá ama lamerte los pies… soy el mariquita de la familia… me encanta verte siendo follada por mamá…
Carla se acercó y empezó a besar a su hermana Juana en la boca mientras Miranda seguía penetrándola.
Escena 4: Miranda haciendo que las hijas se sienten sobre la cara de Eduardo mientras ella las folla por detrás
Miranda ordenó la posición final más humillante para su marido:
—Eduardo, acostate boca arriba en el centro de la cama.
Cuando estuvo listo, hizo que Carla se sentara sobre la cara de su padre, enfrentando hacia los pies de él. Carla bajó su coño sobre la boca de Eduardo, que empezó a lamerla obedientemente.
Miranda se colocó detrás de Carla y la penetró por el culo con el arnés, follándola mientras su hija mayor montaba la cara de su propio padre.
—Lamé bien el coño de tu hija, mariquita… —ordenaba Miranda mientras embestía.
Luego hizo que Juana se sentara también sobre la cara de Eduardo, pero de frente a su hermana. Las dos hermanas quedaron una frente a la otra, besándose con lengua mientras Miranda alternaba: follaba el culo de Carla y luego el coño de Juana, todo sobre la cara del padre cornudo.
Eduardo apenas podía respirar, sofocado bajo los coños y culos de sus hijas, lamiendo todo lo que podía mientras su jaula goteaba inútilmente.
Miranda follaba con fuerza, alternando entre sus dos hijas, y les decía:
—Besense rico, mis nenitas… mientras mamá las folla y su padre les lame el coño y el culo… esta es nuestra familia perfecta… un mariquita cornudo debajo y tres putas arriba.
Los gemidos de las tres mujeres llenaban la habitación mientras Eduardo, completamente sometido, lamía y tragaba todo lo que le caía encima.
Escena 5: Miranda follando a Carla en amazona mientras Eduardo lame el consolador
Miranda se sentó en el borde de la cama y ordenó a Carla que se subiera encima de ella en posición de amazona. Carla obedeció, bajando lentamente hasta que el consolador de 15 cm desapareció por completo en su coño. Empezó a cabalgar a su mamá con movimientos suaves al principio, luego más rápidos.
—Así, hijita… montá la verga de mamá… mostrale a tu padre cómo te gusta que te follen —decía Miranda, agarrando las caderas de Carla y ayudándola a subir y bajar.
Eduardo estaba arrodillado al lado de la cama, mirando todo muy cerca. Miranda lo miró con una sonrisa perversa:
—Mariquita, vení y lamé el consolador cada vez que salga del coño de tu hija. Limpiá los jugos de Carla mientras ella me folla.
Eduardo se acercó obediente, sacó la lengua y empezó a lamer el consolador cada vez que Carla se levantaba. Lamía los jugos frescos de su hija mayor, mezclados con la saliva de Miranda. Carla gemía fuerte al sentir la lengua de su padre rozando el consolador y su coño.
—Papá… estás lamiendo donde mamá me está follando… qué vergüenza… pero no pares…
Miranda aceleraba los movimientos de Carla, follándola desde abajo con embestidas fuertes mientras Eduardo seguía lamiendo como un perro fiel, la jaula de castidad goteando inútilmente.
Escena 6: Miranda penetrando a Juana por el ano mientras Eduardo besa los pies de su esposa
Miranda puso a Juana en cuatro patas y la penetró analmente con el arnés, yendo despacio pero profundo. Juana gemía con esa mezcla de dolor y placer que ya empezaba a conocer.
—Relajá el culito, mi nenita… mamá te está abriendo el ano…
Mientras follaba a su hija menor por el culo, Miranda miró a Eduardo:
—Mariquita cornudo, vení y besale los pies a mamá mientras yo le rompo el culo a tu hija. Chupame los dedos de los pies como la puta sumisa que sos.
Eduardo se acostó boca abajo al lado de la cama y empezó a besar y chupar los pies de su esposa. Le lamía los dedos uno por uno, pasaba la lengua por las plantas, todo mientras escuchaba los gemidos de Juana siendo follada analmente por su mamá.
Miranda gemía de placer por las lamidas en sus pies y follaba más fuerte a Juana:
—Miren cómo papá lame los pies de mamá mientras yo le follo el culito a su hijita… este es tu lugar, Eduardo… sirviendo a tu esposa mientras ella convierte a tus hijas en putas.
Juana gemía:
—Mami… duele… pero se siente rico… y papá está lamiendo tus pies…
Escena 7: Miranda haciendo que Carla y Juana se besen mientras ella folla a Eduardo y obliga a las chicas a tocarse
Miranda volvió a penetrar a su marido. Lo puso boca arriba, le levantó las piernas y lo follaba en posición de misionero, mirándolo a los ojos.
—Gemí para tus hijas, mariquita… deciles cuánto te gusta que mamá te folle el culo.
Mientras follaba a Eduardo, ordenó a las chicas:
—Carla y Juana, pónganse una frente a la otra y bésense con lengua. Mientras se besan, métanse los dedos mutuamente en el coño.
Las dos hermanas se besaron apasionadamente, lenguas enredadas y babosas, mientras se metían los dedos en el coño. Miranda follaba a Eduardo con fuerza, haciendo que su jaula se moviera con cada embestida.
—Miren a sus hijas besándose como lesbianitas mientras yo te follo como a una puta… deciles lo que sos, Eduardo.
Eduardo gemía entrecortado:
—Hijas… papá es un mariquita cornudo… me gusta que mamá me folle mientras ustedes se besan y se tocan… soy el pasivo de la familia…
Miranda sonreía y aumentaba el ritmo, follándolo más duro mientras las chicas seguían besándose y tocándose frente a él.
Escena 8: Miranda penetrando a Carla y Juana al mismo tiempo (doble penetración lésbica) mientras Eduardo lame
Miranda se puso el arnés y ordenó a Carla y Juana que se pusieran en cuatro patas una al lado de la otra, culos levantados.
—Ahora mamá va a follar a sus dos nenitas al mismo tiempo.
Empezó penetrando a Carla por el coño, dándole varias embestidas fuertes, luego sacó el consolador y lo metió en el ano de Juana. Alternaba entre las dos, follándolas por diferentes agujeros mientras ellas gemían y se besaban de lado.
—Eduardo, mariquita… ponete debajo y lamé todo lo que puedas. Lamé el consolador cuando salga, lamé los coños y anos de tus hijas.
Eduardo se metió debajo de las chicas como pudo y empezó a lamer todo: lamía el consolador cuando Miranda lo sacaba, lamía el coño de Carla, el ano de Juana, tragando jugos y saliva. Su cara quedaba empapada.
Miranda follaba con ritmo constante, alternando entre sus dos hijas:
—Miren cómo papá lame como un perro mientras mamá folla a sus hijas… este es el rol perfecto para el cornudito de la casa.
Carla y Juana gemían fuerte, besándose y diciendo entrecortado:
—Mami… fóllanos más… papá nos está lamiendo todo…
Miranda, sudada y dominante, seguía penetrando a sus hijas mientras su marido cornudo lamía obedientemente debajo de ellas.
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