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Reencuentro...

Las dos semanas de vacaciones, terminaron convirtiéndose en casi un mes. Imagínense como volví, me trepaba por las paredes. El sexo con mi marido, como siempre, me resultó insuficiente, y aunque llegué a albergar un mínimo de esperanza de encamarme con algún o algunos desconocidos, no hubo nada extraconyugal. La familia demandó todo mi tiempo.
Ya antes de emprender el regreso le había escrito a Tommy:
"El lunes estoy en Baires". No cabía agregar nada más. Ambos sabíamos muy bien lo que sucedería una vez que estuviésemos a muy poca distancia el uno del otro.
Apenas llegamos, el lunes por la tarde, le mandé un mensaje:
"¡Quiero verte! ¡Now!".
Aunque estaba en casa, con mi marido y mis hijos, no dejaba de pensar en como escaparme unas horas para encontrarme con Tommy.
No podía esperar hasta el otro día, quería que me cogiera YA... RIGHT NOW...
Pedimos un delivery, cenamos, y mientras levanto la mesa y lavo los platos, recibo su respuesta :
"Dale, en el mismo lugar". Obviamente se refiere al telo en el que nos encontramos la última vez.
Ya casi eran las ocho de la noche, y aunque todavía no se me había ocurrido ninguna excusa, sabía que no me iba a poder aguantar.
"En media hora", le confirmo.
Termino en la cocina, mi marido está en el sofá de la sala, con el Ro de un lado, Romi del otro, mirando la tele, me acerco sin saber todavía que decirle. Pero cuando ya sos tramposa por naturaleza, no hace falta inventar nada, las excusas salen por sí solas.
-Voy un rato a la oficina, hace unos días me mandaron unos mensajes que no respondí y quiero ver qué pasó con eso...-
-¿No lo podés dejar para mañana?- me pregunta.
-Mañana quiero hacer compras y limpiar la casa, ahora no va a haber nadie, así que no me van a poder enganchar para atender alguna urgencia...- le planteo.
-Bueno, yo acuesto a los chicos, pero cuando vuelvas traé helado...- me condiciona.
-Dale...-
Me despido de mis hijos, dándole un beso a cada uno, instándolos a qué le hagan caso a "papá", un pico a mi marido, y salgo a encontrarme con mi amante.
No me cambio ni me arreglo, voy tal como llegué del viaje.
Cómo la vez anterior, la habitación ya está reservada a nuestro nombre. Llego yo primero, así que lo espero en ropa interior, ansiosa, desesperada, con hambre de pija.
Recostada en la cama, me toco mientras aguardo su llegada. 
PIN... Un mensaje... Estoy cerca...
PIN... Otro... Ya estoy llegando...
Le mando una foto de mi concha, soltando espuma...
PIN... Un último mensaje... Llegué...
Unos segundos después golpea la puerta. Me levanto y le abro, dejando la bombacha y el corpiño por el camino. Me mira fascinado, como si no me hubiera visto nunca desnuda. Entra y me abraza, besándome en una forma que delata que había padecido todo ese tiempo tanto como yo.
-¡Las ganas que tengo de cogerte!- me confirma, manteniéndome bien agarrada, pegada a su cuerpo, haciéndome sentir la dureza entre sus piernas.
-No tengo mucho tiempo...- le confío, dejando que me meta los dedos, explorándome por dentro.
-Yo también me escapé un rato...- coincide -No podía esperar...-
Los dos estábamos ansiosos, desesperados, esperar tan solo unas horas sabiendo que estábamos tan cerca, nos hubiera devastado.
Caigo de espalda sobre la cama, y abriendo las piernas, me acaricio la brecha, ya abierta, jugosa, anhelante. Sin desvestirse todavía, me la chupa con avidez, metiendo la lengua y los dedos tan adentro que me hace enloquecer.
-¡Estás riquísima...!- me asegura, con la cara empapada de flujo vaginal.
-¡Cogeme Tommy... Necesito que me cojas...!- le reclamo, moviéndome como si estuviera recibiendo una descarga eléctrica.
Ahora sí, se pone en bolas y con una erección superlativa, de esas que hace que parezca que tiene un martillo entre las piernas, se me echa encima, y me penetra. 
¡¡¡Ahhhhhhhhhhh... Qué placer...!!!
Había esperado tanto tiempo para tener eso clavado, que al tenerlo y sentirlo, llenándome, atravesando mi cuerpo, no puedo aguantarme, y acabo con un orgasmo demoledor, un polvo que había estado latiendo en mi sexo hasta ese preciso momento.
Mi estallido, se prolonga, intenso, brutal, electrizante, mientras él me sigue garchando, imparable, mazazo tras mazazo, guiándome hacia otro disfrute.
Lo rodeo con brazos y piernas, pegándome a su cuerpo, y me muevo con él, igual de agresiva, sintiendo que esas ganas que tenía acumulada, se diluyen con cada suspiro.
En un momento me saca la pija, y así, toda cubierta de espumita, me la pone en la boca. Le paso la lengua a todo lo largo, saboreando esa mezcla de mis propios fluidos con su líquido preseminal. Y cuando separo los labios, me la mete hasta lo más profundo de la garganta.
Me ahogo, porque me golpea fuerte la tráquea, pero aún así se la chupo con avidez, con entusiasmo.
Luego de una buena mamada, se pone de nuevo encima mío y me penetra ahora por el culo. Sin ningún trabajo previo, sin lubricar ni nada, me la manda así, en seco. Está toda mojada de saliva, así que la pija resbala firme y segura, hasta clavarse en mis intestinos.
Al mismo tiempo que él me bombea el culo, yo me bombeo la concha con los dedos, siguiéndole el ritmo, sintiendo un torbellino en mi interior que se intensifica más y más con cada ensarte.
El placer no tiene límite, crece y crece hasta terminar en un nuevo orgasmo.
¿Me creen si digo que es más fuerte, más intenso y hasta más demoledor que el anterior?
Me quedo un buen rato fuera de mí, como desmayada, disfrutando de esas puñaladas de éxtasis entre plácidos suspiros, mientras Tommy me sigue culeando, duro, bien armado, lejos todavía de su punto cúlmine.
Le pongo una mano en el pecho y dándole un empujoncito, le pido que me dé un momento. Necesito respirar, sentir que me vuelve el alma al cuerpo.
Sale de mí y se tiende de espalda a mi lado. La pija se le mantiene erecta, apuntando al espejo del techo, en el cuál nos miramos y nos sonreímos.
No puedo resistir mucho más sin tener eso dentro de mi cuerpo, así que ahora soy yo la que se monta sobre su cuerpo.
Me clavo en ese trozo divino y lo empiezo a cabalgar, agitada, enloquecida, las tetas moviéndose arriba y abajo, sintiendo cómo se enciende de nuevo el fuego en mi interior.
Me acaba adentro, espeso, caudaloso, pero no paro, me sigo moviendo, manteniéndolo duro, durísimo, pese a la descarga.
Los dos estallamos en jadeos compartidos cuando el orgasmo se renueva, aunque esta vez acabamos juntos. 
De nuevo fluye dentro mío, cálido, efusivo, cargado, volviendo a someter a mi cuerpo a las sensaciones más intensas y subyugantes.
Nos quedamos fundidos el uno en el otro, respirando agitadamente, recuperando de a poco la compostura.
Miro la hora, ya son casi las once.
-Me tengo que ir...- le digo, levantándome de golpe, con su semen resbalando por entre mis piernas.
Me doy una ducha rápida, cuando salgo, él ya está vestido. Bajamos juntos a la cochera, y antes de subir cada quién a su auto, nos besamos en una forma que confirma que para ninguno de los dos, lo que acabamos de hacer, constituye un error.
Salgo primero yo, luego él, tomando rumbos distintos. Ya estoy cerca de casa, cuando me acuerdo del helado, por suerte paso por una heladería que todavía está abierta.
Cuando llego, los chicos ya están en la cama, así que con mi marido nos tomamos el helado, en el sofá, mirando una película.
En algún momento le pido que ponga pausa, para ir al baño, ya que el semen de Tommy se sigue filtrando. Me enjuago la concha y me pongo una toallita íntima, para evitar un nuevo derrame.
Vuelvo y seguimos viendo la peli, con la esencia íntima de mi amigo amante aún hirviendo en mis entrañas...











Reencuentro...

8 comentarios - Reencuentro...

Loza_Kyle
Dios siempre tan hermosa y exuberante q afortunados aquellos q puedan apreciar todo eso!!!
gerardoriker
lastima que no tomaste una foto o video de tu concha chrreando leche envidio a tu amigo
fito555
Maritaaaaa..!!
Sos un fuego bombon.. perrisima...
kellcito
quien pudiera tener tanta suerte, de llenarte la concha de leche