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Mi novia y los compañeros del trabajo (parte 3)

Aquí dejo la tercera parte. No os olvidéis de dejar vuestros puntos


Mi novia y los compañeros de trabajo (3)
Notaba miradas y cuchicheos extraños por parte de César, Carlos y Javi, incluso también parecía que Ernesto sabía algo. El trato conmigo era normal, alguna broma que otra sobre mi falta de habilidad para el baile y muchos comentarios sobre lo guapa, simpática e incansable que era Isa.
También vi, que mi novia y César se trataban más en el el trabajo, cuando antes solo se encontraban a la salida y la entrada, ahora no era raro que Isa bajase por el taller y mi compañero encontrase cualquier excusa para hablar con ella.
-Mucha confianza tienes con César ¿No?- le pregunté un día en el coche de vuelta a casa.
-Es lo que tiene compartir bailes, da mucha complicidad-
-Ya veo- respondí irónico 
-¿Estás celoso?-
-No, para nada-
-No parecía que te molestase su acercamiento el sábado, de hecho disfrutaste de él - dijo haciendo el gesto de una paja con la mano
Me sonrojé por la vergüenza y ella se echó a reír.
-Solo hablamos, es muy agrdable-
-Creo que el tiene otras intenciones más que hablar-
-Sí, eso es cierto. No tengo duda de que está deseando meter su enorme polla por debajo de mi falda-
Me recoloque incómodo en el asiento mientras conducía. Isa estiró su mano y tocó mi polla, que se había puesto dura.
-¿De verdad? A ver si no es César el único que quiere que pase-
-No, yo....-
-¿Tú qué? ¿Que vas a decir? Mira como te has puesto en un segundo-
-Es solo fantasía-
-Ya. Solo fantasía. Para el coche ahí- me dijo señalando un aparcamiento aún dentro del polígono, que estaba vacío.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres?- pregunté mientras conducía el coche hacia donde ella me había pedido.
Isa no dijo nada hasta que aparqué. Entonces, se puso sobre mi en el asiento y empezó a besarme mientras con sus manos desabrochaba mi pantalón. Nunca había hecho algo así, en un sitio público y a pleno día. Yo me dejé hacer aceptando sus besos y llevado por un morbo increíble.
-Isa pueden vernos- dije como una apreciación más que una queja.
-Calla- me dijo ella entre besos.
Se quitó el pantalón que llevaba y puso su coño, aún dentro del tanga, sobre mi polla.
-Mira como la tienes- me dijo agarrando mi polla con los dedos.
-Sí, estoy muy cachondo- dije.
-Es una pena que no sea grande y gorda como la de César- dijo frotando su coño por ella 
-Mmm sí- Dije
-Se notaba mucho mejor la suya en mi culo. Parecía que podía hasta sentir sus venas, su calor- gimió en mi oído.
-Ya imagino- gemí de nuevo.
Isa hizo a un lado su tanga y se sentó en la punta de mi polla pero sin metérsela.
-¿Te gustaría que hubiese pasado algo más con él?- me preguntó moviendo su cadera.
-Sí- dije
-Eres un cerdo- me dijo clavándose mi polla.
-Oh joder- gemí 
Desde luego Isa había cambiado, algo estaba desatado en ella. Hace apenas quince días era imposible que hubiese pasado algo como lo que estábamos haciendo en un parking a pleno día.
-Dime que quieres que me folle a César-
-Sí, quiero que lo hagas-
-Lo voy hacer- dijo botando cada vez más rápido sobre mi
-Sí, hazlo- 
-Pidemelo-
-Por favor, folllate a César-
-Cerdo- me dijo besándome.
-Sí, lo soy-
-Me mo voy a follar. Me va a meter su enorme polla donde ahora está la tuya-
-Vi como se la tocabas el otro dia- dije
-Lo se ¿Por eso te fuiste verdad? Porque eres un cobarde y querias que yo decidiese que hacer. Pero no quiero que sea así, quiero que seas tú quien lo pida como has hecho ahora-
-Sí, te lo pido-
-Me ha dicho de quedar esta misma tarde- me dijo aún restregando su coño en mi polla 
-¿Está tarde?- pregunté
-Sí, le he dicho que me lo tenía que pensar. Pero lo único que quiero es estar segura de que tengo tú aprobación-
Me quedé en silencio unos segundos. Ahora me estaba pidiendo permiso de verdad, ya no era fantasía. Si decía que sí, Isa quedaría con César esa misma tarde.
Finalmente asentí.
-Hazlo, queda con él - dije
-¿Seguro? Si quedo con él sabes lo que va a pasar. No voy a tomar un café, voy a que me folle-
-Lo se, hazlo- dije
Nuestros cuerpos se habían parado, ella seguía encima y nos mirábamos a los ojos.
-Esta bien- dijo, me besó y se quitó de encima.
-¿Pero no seguimos?- pregunté señalando mi polla totalmente dura.
-Tengo que reservarme para está tarde- dijo sonriendo- Puede que cuando vuelva a casa tenga algo para tí, aunque no sé si me quedarán ganas después de que me metan una polla tan grande-
Lejos de quejarme, gemí levemente, me subí el pantalón y conduje hasta casa.
Isa fue directa a prepararse nada más llegar a casa, había quedado en tan solo un par de horas. Se metió en el baño a maquillarse y depilarse para que otro se la follase. No podía estar quieto de la cantidad de sentimiento encontrados que me golpeaban. Quería decirle que no lo hiciese, que era demasiado, que solo eran fantasías. También quería masturbarme, dudaba poder aguantar hasta su vuelta sin hacerlo, quería cumplir esas fantasías. Quería ser un cornudo.
Cuando Isa salió del baño estaba espectacular, no daba lugar a duda de sus intenciones. Llevaba una camiseta verde, suelta y muy escotada, con sus tetas libres de sujetador que podían verse desde los lados. Debajo, una falda negra, también suelta y que llegaba poco más allá de su culo, no hizo falta que llevara mi mano a su entrepierna para saber que iba sin bragas. Aún así lo hizo y pude sentir lo mojada que estaba antes incluso de salir de casa.
-Estas muy sexy- le dije.
-Lo se ¿Crees que dejo claro a lo que voy?- me dijo.
-Muy claro. No creo que tarde en tirarse encima de ti-
-Eso espero- dijo Isa que aparte de la excitación, no podía ocultar ciertos nervios- Pues me marcho a ponerte los cuernos-
Asentí tragando saliva.
-Disfruta. Te quiero-
-Lo hare. Yo más - dijo besándome.
Pasaron las horas, más de cuatro sin tener noticias de Isa. No pude cenar, tenía cerrado el estómago por los nervios. Daba vueltas por la casa, solo me sentaba para bajar mi pantalón y agarrame la polla, pero me detenía antes de correrme, quería esperala para eso.
Por fin escuché el ruido de sus llaves en la puerta y entró. Traía el pelo revuelto, se le había ido el pintalabios y tenía corrida la linea de los ojos. No había duda de que había echado un buen polvo.
-¿Que... Que tal?- pregunté nervioso.
Isa se acercó y me besó.
-Ha sido increíble. Hacia años que no me corría así y tantas veces-
-Cuentame- le pedí.
-Sientate- me respondió.
Los dos nos sentamos en el sofá, me bajó el pantalón y colocó su mano sobre mi boxer.
-¿Llevas así todo el rato?- preguntó notando mi erección 
-Sí, no he querido correrme pero me he tocado varias veces-
-Pero querías esperar a que te contase como me han follado para correrte ¿Verdad?-
-Sí- Admití 
-Quitate el boxer- me dijo.
Al instante me lo bajé hasta los tobillos.
-Estoy destrozada y he tenido polla bastante por hoy. Aunque tampoco creo que tú aguantes un polvo ahora ¿No?- dijo acariciando mi polla
-Lo dudo- 
Ella se rió y me agarró la polla.
-No te corras hasta que te cuente toda la historia-
Asentí y ella empezó a mover su mano muy despacio y a contarme lo que había ocurrido.
Fui directa a su casa. Me recibió en la puerta, no se había arreglado, tan solo llevaba un pantalón corto en el que se notaba todo su bulto y estaba sin camiseta. Me sentí ridícula por haberme preparado tanto para él y que me recibiese con la ropa de andar por casa.
-Estas preciosa- me dijo agarrandome y acercando mucho mi cuerpo al suyo para darme dos besos.
-Gracias. Veo que tú no te has arreglado mucho- dije mirando su cuerpo.
-Yo me arreglo para conquistar a una mujer y a ti ya te tengo conquistada- me dijo con una sonrisa prepotente.
-Las conquistan también pueden perderse- 
-No lo creo, no hubiese dejado a tu novio en casa para venir así vestida a verme si no lo tuviese hecho-
-Eres un idiota-
-Puede, pero no quita que tengo razón-
Aún me tenía sienta por la espalda con su mano. Se acercó a mí y me besó mordiendo mis labios.
-¿Lo ves?- me dijo al ver que le seguía el beso e iniciando otro.
-Idiota- le dije tras ese segundo y más apasionado beso
Me siguió besando mientras me llevaba hasta el sofá, donde nos sentamos sin dejar los besos. Sobre la mesa del salón tenía dos copas de vino ya preparadas. Pero yo no quería vino, quería beber de él.
-¿Por qué no sigues lo que empezaste el otro día?- me dijo
Bajé entonces mi mano a su pantalón y recorri su polla desde los huevos hasta la punta. Aún la tenía blanda y aun así era mucho más larga y gorda que ninguna que haya tocado.
-Es enorme- le dije alucinada al poder recorrerla entera.
-¿Demasiado para una blanquita como tú?- me preguntó de nuevo con prepotencia.
Le bese tratando de coger las riendas y metí mi mano por dentro de su pantalón.
-Puedo con ella sin problema- dije 
Pero entonces la liberé, la miré y me entraron las dudas. Ese monstruo iba a destrozar mi coño.
-No pareces tan convencida- me dijo riendo.
-Nunca había visto una así - Admití asombrada sin dejar de mirarla.
-¿La del blanquito de tu novio no es tan grande?-
-No es ni la tercera parte- dije mientras trataba de comparar el tamaño de tu polla con mis dedos con el tronco de César.
-Pudes dejarlo si te parece demasiado-
Herida en el orgullo, la agarré con fuerza y empecé a masturbarle sintiendo como crecía aún más en mi mano.
-Pajas puedo hacerme solo. Usa esa boquita- me dijo autoritario.
Si tú me lo hubieses dicho así te habría mandado a la mierda. Sin embargo, al oírlo de él, me agaché en el sofá y puse mi cara junto a su polla para comprobar que era más grande que mi cabeza.
-Te queda bien, pero ahora empieza a chupar- me dijo.
Joder, sentí como me temblaban las piernas al escuchar como me daba una orden. Me levanté un poco y me la metí en la boca.
Más bien hice lo que pude, tenía que abrir tanto la mandíbula que apenas metía la cabeza en mi boca. Tardé en poder pasar más allá del capullo, mientras que la tuya la hago desaparecer por completo en la garganta, cariño.
-¿Ha eso le llamas hacer una mamada? Como se nota que no estás acostumbrada a follar con hombres de verdad-
Hice aún más esfuerzo por abrir mi boca y tragar más trozo de su polla. Me atragantaba y apenas tenía la mitad en la boca.
-Sera mejor que te ayude- dijo apretando mi cabeza contra su polla
Nunca me había dejado hacer eso y ni siquiera protesté. Dejé que me empujará de la nuca hasta que su polla hizo tope en mi garganta y sentía como me quedaba sin aire. Me aguantó ahí sin dejarme respirar, me agarré a su muslo y le arañe pero no trate de huir.
-Cabrón- dije cuando finalmente me soltó tras toser y escupir mucha saliva.
Él se echó a reír y me agarró del pelo para llevarme a su polla, de nuevo sin resistencia por mi parte.
-Esto es lo que venías a buscar. Para que te hagan el amor te hubieses quedado en casa con tu novio. Yo voy a follarte-
Sí, era justo lo que quería. Que me follase duro y sin sentimiento, violento y guarro. Lo contrario a lo que hacemos tú y yo.
Repitió un par de veces el ahogarme con su polla, cada una de ellas conseguí meterme un trozo más. No conseguí tragarla por completo, pero me sentí orgullosa y feliz.
La tercera vez que me soltó, me quitó la camiseta mientras yo trataba de recuperar mi aire.
-De rodillas. Usa esas tetas-
Dejé mi recuperación para otro momento. Me tiré de rodillas al suelo y puse su polla entre mis tetas. Podía masturbarle con ella y usar mi boca para chupar la cabeza. 
-Que bien te queda el negro entre esos melones-
-Sí, queda muy bien- dije moviendo mi cuerpo arriba y abajo masturbándole con los tetas.
-¿Te gusta el rabo negro?-
-Sí, me encanta el rabo negro-
-Desde luego esas tetas están hechas para rabos negros. La polla blanquita de tu novio se pierde entre ellas-
-Sí, mis tetas son para masturbar pollas negras grandes y no pollitas de blanquitos- dije ya muy cachonda.
-Las blanquitas como tú se vuelven adictas cuando prueban una buena polla negra en su coño ¿Estás segura que quieres?-
-Sí, lo estoy deseando. Quiero sentir tu polla negra en mi coño y quiero volverme adicta a ella-
-Piensa que después no serás capaz de sentir la pollita blanquita de tu novio-
-No importa, quiero la tuya. Quiero que me rompas que tú enorme polla-
-Pues adelante, puedes sentarte tú solita-
Estaba tan cachonda que casi salté sobre él. Abrí las piernas a su lado y agarre su polla con la mano. Lo deseaba con todas mis fuerzas, pero no puedo negar que tenía miedo, nunca había entrado nada ni siquiera parecido en mi coño.
-¿A qué esperas? ¿Quieres volverte a casa con tu noviecito?- me dijo burlón 
Cogí aire y me senté sobre su polla. Pide sentir como cada centímetro me separaba en dos, me abría a la mitad, ardía, dolía, me desgarraba, pero nunca me había sentido tan llena. No me estuve hasta que mi culo tocó sus piernas.
-Eres la primera blanquita que se la mete entera. Enhorabuena- dijo sorprendido 
-Gracias- dije casi sin aire.
-Ahora empieza a botar, vamos- dijo azotandome una teta.
-Mmm- gemí empezando a moverme poco a poco arriba y abajo.
Tardé unos minutos en superar el dolor y empezar a sentir placer. Pero cuando empezó, superó con mucho el placer que había sentido jamás siendo penetrada.
-Oh joder. Me encanta- gemí ya cabalgando a bien ritmo.
-Pero que guarra eres. Como tragas- me dijo azotando ahora mismo dos tetas.
-Mmm sí, lo soy. Dame duro-
Cada vez botaba más rápido y fuerte. Llegaba casi a sacarme del todo su polla y caía de golpe hasta sus piernas si entiendo como me llenaga casi hasta la boca del estómago. 
Cuando ya no podía más, fue él quien me agarró con fuerza y empezó a moverme como si no fuera más que una muñeca con la que masturbaba su polla.
-No pares, zorra. Ha venido a por polla negra y te vas a ir sin caminar-
-Sí, dame más, más duro. Déjame rota- pedí fuera de mí 
-Me sorprendes. No eres la primera blanquita con novio que viene a por chocolate, pero si la primera a la que me puedo follar de verdad y sin quejas-
-Gracias- gemí 
-Creo que te estaba llamando zorra- me respondió riendo sin dejar de moverme
-Mmm Gracias- respondí de nuevo haciendo que se riese más 
Se puso de pie sin quitarme de encima y me empotró contra la pared besándome sin parar de follarme. Me aguantó así, como si no le pasase, follandome durante minutos. Hasta que finalmente me la sacó dejándome vacía y me tiró de nuevo al sofá.
-Ponte en cuatro-
Obedecí ofreciéndole el coño desde atrás.
-Metemela- pedí 
-Pero que zorra- me la clavó hasta el fondo. Tuve que morder el sofá, no quería que me escuchase gritar y quejarme, quería demostrarle lo zorra que era.
No me dió tregua, me folló con dureza desde la primera embestida. Tampoco la necesité, a la tercera metida ya estaba pidiendo más 
-!Oh dios! Voy a correrme- avisé 
-Correte, zorra pero no pienso parar-
-¡Ahhh!- grité al correrme
Como me había dicho no se detuvo, tan solo bajó un poco el ritmo. Mi vista se quedó en blanco, creí que me desmayaba. Fue la única vez que estuve apunto de pedirle clemenciam pero me aguanté mordiendo de nuevo el sofá, hasta que mi coño pidió guerra de nuevo 
-Follame- pedí 
-Joder que ganas tenía de una guarra como tú-
-Pues aquí me tienes, soy tuya. Follame duro, parteme- 
Me sacó el segundo orgasmo antes de ponerme boca arriba y seguir follandome. No sabía que un hombre podía aguantar tanto ni que yo podía correrme tres veces sin dejar de follar.
Por fin, tras más de una hora follandome, me hizo arrodillar en el suelo.
-Me corro, zorra. Me voy a correr en tu boca-
-Sí, dame toda la leche-
La corrida fue en proporción al tamaño de su polla, me inundó la boca, fueron cinco chorros, cinco golpes en mi garganta, era tan abundante que casi se me sale por la comisura de los labios.
Sabes que contigo nunca me la trago, me da asco. Pero sentí que se lo debía, que era lo que tenía que hacer. Me tragué su corrida y abrí la boca para demostrar que no había rastro de su leche.
-Buena chica- me dijo
Le di unas chupadas más para dejarle la polla limpia mirándole a los ojos arrodillada a sus pies.
-Muchas gracias- le dije y recogí mi ropa.
-Hasta la próxima- me dijo
Yo me había corrido dos veces mientras Isa me relataba lo ocurrido con mi polla en su mano.
-¿Piensas repetir?-
-Solo si tú estás de acuerdo- me dijo
Era difícil negarme con mi corrida de dos pajas en mi pelvis.
-Sí, yo quiero-
Isa me sonrió y se levantó del sofá.
-Por cierto, me crucé con Javi y Carlos al salir. No sabía que vivían juntos. Supongo que ya se habrán enterado de todo-
-Supongo- dije, aunque en ese momento no estaba como para preocuparme por eso.

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