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La realidad superó nuestra ficción parte 1(relato cornudo)

Este relato no es mío pero es de lo mejor que he visto escrito de la temática cuckold


Hola, me llamo Manuel, tengo 27 años, soy un tipo normal, buena gente, con un trabajo estable, me gusta cuidarme e ir al gym y digamos tengo una vida ordenada. Aún vivo en casa de mis padres, pero espero que pronto podamos mi novia y yo vivir juntos.

 Estamos muy enamorados, ella es preciosa, morenita con media melena y pelo liso, delgadita pero con curvas, unos pechitos deliciosos con unos pezones muy sensibles y un culito de infarto. Su boca es divina y sus labios son un sueño.

 La amo con toda mi alma, pero muchas veces cuando estamos follando, siento que necesita más, y desde hace meses me ronda la cabeza y fantaseo con que me gustaría que otro tío se la follara.

 
 Cada vez que follamos, la idea se me retuerce en la cabeza y cada vez la fantasía va a mayores y la imagino con algún tío cerdo mayor que la seduce y la usa delante de mí y la hace gozar como yo nunca podré.

 Poco a poco, en nuestras folladas, empecé a sugerirle sutilmente que me gustaría verla gozar aún más, que deseaba ver cómo se quedaba agotada follando, e incluso llegué a decirle que imaginara cómo sería follar con otro tío más dotado y con más aguante que yo. Un tío follador y golfo que le diera mucha caña. Notaba cómo ella se ponía aún más caliente, y la putada es que yo al notarlo me corría antes de tiempo, notando cómo a pesar de sus palabras de calma, se quedaba con muchas ganas de seguir.

 Yo cada vez estaba más obsesionado con ello. Poco a poco ella entró también, siguiéndome la fantasía. El problema era que yo cada vez me corría antes y me tocaba comerle el coño mientras ella se pajeaba para poder dejarla satisfecha, o casi, ya que a pesar de sus palabras, notaba que quería más.

 Llegó la época de vacaciones. Yo estaba deseando poder dormir todas la noches con ella y que pudiéramos follar a diario.

 Habíamos cogido una casita tipo bungalow en un camping en El Palmar, Cádiz. Nos habían hablado muy bien de esa zona y de lo maravilloso de sus playas, incluso había zona nudista. Nosotros nunca habíamos hecho nudismo, pero solo el morbo de pensar que otros tíos la podían mirar si la convencía, me ponía súper cachondo.

 Llegamos a mediodía del lunes, metimos el coche para descargar y colocamos todo en el bungalow. Teníamos ganas de ver la playa, así que nos pusimos los bañadores. Yo uno tipo bóxer surfero y mi chica estrenó un bikini blanco súper pequeño con lacitos en los laterales y pequeños triángulos cubriendo sus divinas tetas. Se lo colocó bien para que no se viera ningún pelito de su arreglado y recortado coñito. Me gustaba el pelito corto de su divino coño, me gustaba correrme en él.

 Nada más salir, fui a quitar el coche y llevarlo a la zona de parking, pero otro coche me lo impedía, era un taxi de Madrid. Traté de buscar con la mirada al dueño, pero al no verlo pité.

 
 Mi chica estaba al lado del taxi, mirando si tal vez la puerta estaba abierta, cuando del bungalow pegado al nuestro salió un tipo de unos cincuenta y tantos años, haciendo gestos con las llaves y diciendo:

- Ya vaaa, ya vaaa, tranquilo vecinito.

 El tío era grandón, con bastante barriga, llevaba un short corto amplio y una camisa hawaiana abierta enseñando el pecho y la panza.

 Al acercarse a la puerta de su taxi y ver a mi novia, el cabrón la recorrió a gusto con la mirada y con mucho descaro mirándola fijamente a las tetinas se mordió el labio y le guiñó un ojo.

 Mi novia se quedó perpleja por el descaro y me miró ruborizada. Yo le hice un gesto para que no le hiciera caso y quitamos los coches.

 Ella se fue hacia la puerta del camping y yo volví al bungalow a dejar las llaves del coche y a cerrar la puerta. Según estaba en ello, el taxista salió del suyo y, dándome una palmada, en la espalda con todo el morro del mundo me soltó:

 - Vaya bomboncito rico que tienes macho, y encima te la vas a estar quilando aquí al lado, que se oye todo. Me vais a dar las vacaciones mártir, jajaja.

 No supe qué decirle, solo sonreí y añadí de sobrado:

 - No hombre, tranquilo, sabiendo que lo vas a pasar mal, me la follaré despacio.

 A lo que el cabrón añadió:

 - Así os pasa a los jóvenes de ahora, que folláis despacio y al final acabamos los puretas dándoles lo suyo. Por cierto, me llamo Pablo.

 Ofreciéndome la mano, se la estreché diciéndole mi nombre, y de nuevo sonriendo con cara de bobo por sus directas palabras. Tenía las manos grandes, rudas, me apretó fuerte, era un tío seguro de sí mismo. Con un 'encantado' se volvió para su bungalow.

 Me quedé algo aturdido, su actitud y sus palabras retumbaban en mi cabeza e, inconscientemente, no sé por qué, en mi polla. Ya me estaba imaginando follando con mi chica y el cerdo pajeándose oyéndonos.

 Corrí hasta mi novia, y de la mano bajamos a la playa. Ella me dijo:

 - Vaya cerdete el taxista, me ha mirado que me violaba el guarro, y encima se muerde el labio en plan sexy. Me ha dado un ascazo...

 No quise añadir leña al fuego y traté de quitar hierro:

 - Nooo mujer, es normal, estás muy buena y un tío así de gañan, al ver un bomboncito como tú, normal que se revolucione.

 Mi novia sonrió y asintiendo con la cabeza me dijo:

 - Lo dices porque tú estabas en el coche y no lo has visto, pero según me miraba se ha tocado sus partes y debía ir sin calzoncillos, porque se ha agarrado una cosa bastante gorda.

 Me quedé de piedra. El cabrón había ido a muerte, pero sobre todo cómo mi novia se había fijado en qué se cogía, y si era o no grande, y si tenía o no calzoncillos.

 No atiné a decir nada, pero un escalofrió recorrió mi espalda, llegando a mi polla, que se puso dura en un segundo.

 ¿Qué me estaba pasando? Una lucha interna en mi mente peleaba por dar rienda suelta a mis fantasías, pero por otra parte pensaba, joder, ¿con un cerdo así?

 Traté de liberarme de mis pensamientos y paseamos por la playa a ver dónde nos poníamos.

 Llegamos a la zona nudista y tiramos las tollas, había mucha gente desnuda y otras que no, así que no desentonamos.

 Al ver a todas las chicas en topless no me resultó difícil convencer a mi chica que ella también se pusiera.

 Nos relajamos comiendo algo y bebiendo unas cervecitas. No solemos beber habitualmente, así que el alcohol nos pone juguetones.

 Nos calentamos bien dándonos cremita, primero ella a mí y luego yo a ella. Al terminar, mi empalme era notable, así que fui a darme un baño. El agua estaba muy retirada, ya que había marea
baja.

 Me metí un buen rato para bajar el empalme y el calor. Al rato de estar disfrutando del baño, miré hacia donde estábamos situados.

 Para mi sorpresa, nuestro vecino estaba de pie frente a mi novia hablando con ella, con los brazos en jarras. Ella estaba tumbada apoyada en sus codos y con la mano en la frente para que el sol no le diera en los ojos. Me mosqueé un poco y decidí salir del agua y ver qué se contaba.

 Según fui avanzando, me paré en seco. En la distancia, el taxista metía su pierna entre las piernas de mi novia y a la altura de los gemelos, la movía de un lado a otro para que ella abriera las piernas. Mi novia se dejaba hacer y se espatarraba delante de él.

 Me hice el disimulado, la historia me estaba poniendo muy caliente. Ver a ese gorila viejo delante de mí delicada novia en esa postura me había puesto a mil. El taxista avanzó un poco más e interpuso sus dos pies a la altura de las rodillas de mi chica y seguía hablándole. Fuera lo que fuera que le dijera, a ella le gustaba, si no ya le habría mandado a tomar por culo.

 De repente el tío se agachó un poco y vi cómo la cogía de los pezones, se los tocaba suave. Decidí avanzar, me sentía mal. Cuando ya estaba a medio camino, él le dio un apretón fuerte que le hizo dar un respingo en busca de sus manos, y con paso ligero se fue hacia el chiringuito que había en la zona de atrás de la playa.

 Mi novia estaba roja como un tomate, me miró con mucha vergüenza, ya que sabía que había visto todo. Se fijó en mi empalme poniendo gesto raro.

 Con tranquilidad, me senté a su lado y, serena y disimuladamente, le dije:

 - ¿Qué ha pasado? ¿Qué quería el vecino? Se ha quedado flipando contigo.

 Ella, con sorpresa, me miró:

 - ¿Que qué ha pasado? Si lo has visto todo... Pero vamos, que te lo cuento:

 Según ibas para el agua, ha pasado como disimulando, pero creo que nos estaba buscando. Me ha mirado, se ha acercado y me ha dicho: "ahhh, oye bomboncito, perdona por lo de antes... lo de mirarte así con cara de guarro, pero es que con la cantidad de tías buenas que hay aquí siempre, nunca había visto una nena tan rica como tú, y como sospechaba, mira ¿ves? Las tetitas más ricas de toda la playa", señalándome el cerdo las tetas y, le he dicho: Creo que se está usted pasando, y haga el favor de irse o llamo a mi novio y le montamos un pollo por guarro.

 Pero, lejos de darse por aludido, me responde: "¿Tu novio? pero si lo está viendo todo desde el agua, es más, cuando ha ido a dejar las llaves del coche le he dicho de manera sutil que me encantaría follarte bien follada y darte bien de rabo, que te he notado falta, y el cabrón se ha empalmado, que se lo he notado. Es más, bien que te has fijado cuando me he agarrado esto.

 Y se ha sacado la polla por encima del short. Y ha seguido:

 Que sepas que él quiere que te folle, y estoy seguro que tú también ya. Y me ha separado las piernas y amor, cuando me ha dicho que tú se lo habías dicho, he pensado que lo habías pactado con él y al verte pararte según te acercabas, me he dejado llevar, y claro, mira cómo tengo la braguita, empapada. Y cuando me ha cogido los pezones, solo tocándomelos y mirándote a ti, me he corrido justo cuando me ha pellizcado.

 Un calor insoportable me desbordaba, el hijo de puta me había calado bien. Pero mi novia... ¿correrse solo con un tirón de pezones?

 La situación me desbordaba. Lo que tanto había fantaseado estaba cumpliéndose, pero no sabía cómo acabaría, me acojonaba un poco todo, aunque el morbo era el ganador.

 - ¿Entonces qué, te la ha enseñado? ¿te gustaría seguir el juego? No sé, hacemos lo que tú quieras. Para mí es una fantasía compartirte con otro y que goces el máximo, y la verdad, aunque el tío no es lo que yo tenía en mente, si a ti te vale...

 Atiné a decir como si yo manejara la situación. Ella fue sincera y sensata:

 - No sé, Manu, estas cosas me dan miedo, me da miedo que se rompa nuestra relación por algo así. Yo te amo y te seré fiel hasta la muerte. Por otra parte, si es una fantasía tuya verme con otro tío, si te soy sincera, prefiero un tío con experiencia y que no busque nada más que sexo, que al fin y al cabo es lo que tú quieres, verme gozar mucho sexualmente. Yo lo que tú me digas hacemos.

 Lo que tanto había soñado, aquí lo tenía, pero ella tenía razón, no podíamos poner en peligro nuestro amor, así que yo tenía que estar a la altura.

 - Tranquila mi vida, tú goza, y libérate. Yo estoy contigo y esto se queda aquí entre tú y yo, sin reproches ni mierdas.

 Mi novia me besó apasionadamente, y nos dijimos "te quiero".

 Volví a la realidad del momento:

 - ¿Qué te ha dicho? ¿Ha quedado en algo o seguimos a nuestro rollo y ya veremos?

 Mi chica, mirando hacia el chiringuito en busca del taxista, me dijo:

 - Me ha dicho que iba a por unos mojitos y que venía ahora, que seguro que teníamos que hablar de lo sucedido y que según viera él al traer lo mojitos hacía.

 De nuevo me sorprendía la actitud del tío. Este sabía lo que hacía y nos había calado al segundo de vernos.

 Apareció con una nevera diciendo que pasaba de dar de comer a esos cabrones careros y sacó vasos, hielo, ron y limón exprimido y azúcar. Preparó unos mojitos bien cargados y dándonos uno a cada uno tomamos un poco.

 Se sentó al lado de mi novia quedando ella en medio, y subiendo las copas brindamos. Nada más dar un primer buen trago, Pablo dijo:

 - Veo que habéis hablado y noto que nos lo vamos a pasar muy bien, sobre todo tú bomboncito. Tú, amiguete, mira y fíjate bien a ver si aprendes algo, que por lo menos te sirva para tener atendida a tu novia y que sepas tratarla en la cama, porque no sé si sabes que estas mosquitas muertas luego son las más putas.

 La expresión ruborizó a mi novia, que se sintió molesta y a mí me dio un subidón. El mamón metió su pierna entre las de mi novia y, tirando hacia él, la obligó a espatarrarse de nuevo. Cogió el bañador por la parte delantera, metiendo sus dedazos y me dijo:

 - ¿Te ha enseñado cómo lo tiene empapado de correrse? Y eso que solo le he dado un tirón en los pezones, aunque yo creo que lo que más le ha puesto ha sido ver el rabo que le voy a meter por todos lados, ¿verdad bomboncito?

 Miré a mi novia, estaba con los ojos cerrados. Los toqueteos de Pablo por encima de la tela y el efecto del ron la habían encendido. Él rio:

 - ¿Ves lo que he dicho? Las más putas.

 Y dándome la copa en la mano para que la sujetara, se giró sobre mi preciosa e indefensa novia y le dio un beso obsceno en la boca sacando la lengua y lamiéndole los labios.

 Metió sus dedos en el bañador y, agitándola en una paja violenta que la movía entrera, mi chica se corrió de nuevo dando temblores y espasmos en medio de la playa, y diciendo siii ahogadamente en la boca de Pablo.

 Ella se tumbó con los ojos cerrados. Él, sonriendo de nuevo, me dijo:

 - ¿Ves? Tú no la has hecho correrse así de fuerte y rápido en tu vida.

 El hijo de puta tenía razón, ya no había vuelta atrás, ella era suya y yo quería ver hasta dónde la llevaba.

 Pablo se levantó. El bulto sobre el pantalón daba miedo. Yo quería ver el rabo que le iba a meter a mi chica. Me lo debió ver en la cara.

 - Bomboncito, ven, vamos al agua, que te voy a follar un poco para ir preparándote para esta noche.

 Y sacando por un lado el pollón, me quedé acojonado viéndosela. Mediría fácil 20 o 21 cm, pero lo peor es que era muy gorda, como un vaso de tubo. Mi polla a su lado era un pirulí.

 Dio la mano a mi novia para ayudarla a levantarla, y de la  mano se fueron al agua. Mi chica se giró:

 - Ven, corre, y así vemos la puesta de sol en el agua los tres.

 No lo dudé y me fui con ellos. Entramos jugando los tres, echándonos agua y disfrutando del baño. Mi novia se me subió encima rodeándome con la piernas.

 - Estás todo el rato empalmado, amor, ¿quieres follarme un poquito ahora?

 Estamos besándonos. Yo estaba como loco con el calentón, metiéndole mano y restregándole la polla.

 Pablo se acercó por detrás de ella y mi novia dio un respingo:

 - ¿Qué te pasa, zorrita? ¿Nunca te han metido un dedito en el culito? Lo tienes muy prieto.

 Efectivamente, nunca había jugado con su ano, ella siempre rechazó las caricias en esa zona, y por supuesto nunca le metí nada ahí.

 Mientras yo le comía la boca, él, pegado atrás, le mordisqueaba el cuello y la orejas. Yo la tenía encima de mí sujetándola por las nalgas y Pablo le metía mano por todos los sitios.
Mientras, le susurraba al oído:

 - Me gustan los culitos vírgenes y prietos, verás que buenas corridas vas a tener cuando te lo folle bien. Y esta noche cuando vaya a vuestro bungalow a follarte, esos pelos que tienes en el coñito y el culito te los afeitas o no voy a follarte, porque quieres que vaya ¿verdad?

 Mi chica de nuevo en éxtasis, con los ojos cerrados, despegó su boca de la mía y dijo un tímido "siii".

 Él, insatisfecho, insistió:

 - Solo un siii, eso no me vale, quiero que tu novio escuche claro qué quieres y qué vas a ser para mí.

 Mi novia, con los ojos rojos de deseo ante el roce con mi polla y las manos del taxista hurgando por todos los lados, dijo:

 - Quiero que me hagas muy puta y me folles hasta que no pueda más.

 - Y voy a hacer de ti lo que quiera delante del cornudo de tu novio, y tú solo vas a dejarte hacerte hacer como buena zorrita, ¿verdad?

 - Sí, vas a hacerme lo que quieras y solo voy a gozar para que lo vea Manu.

 Y agarrándola de las axilas, me la quitó de encima poniéndosela él. Ella le abrazó con piernas y brazos mientras le daba un morreo. Pablo metió las manos debajo para hacer a un lado los bañadores, y apartando la boca de mi novia, dijo:

 - Mira bien su cara, cornudito, porque hoy le van a meter una polla de verdad a tu novia.

 Y con un gesto, abrazó a mi chica fuerte, que puso cara de asombro y miedo al notar cómo entraba semejante rabo por el coño.

 Con fuerza, se la clavó entera. Mi novia se mordía el labio y gesticulaba con la cabeza. Él dio un tirón fuerte hacia abajo:

 - Ya no le entra más a tu zorra, casi se la clava entera.

 Empezó a bombear muy despacio, haciéndola sentir el enorme pepino bien clavado. Solo atiné a decir a mi novia:

 - ¿Estás, bien cariño?

 Ella, con cara desencajada y aguantando la lentas pero profundas clavadas de Pablo, contestó entrecortada:

 - Mi amor, me llena, me roza todo, me corro.

 Y con los ojos en blanco, mi novia se volvía a correr buscando la boca del taxista con desesperación.

 - ¿Has visto, Manolito? Ya se ha corrido tres veces en un rato, y aún ni he empezado con ella. Cómo sabía que esta putita necesitaba macho.

 Mi novia seguía abrazada a él, quería más, estaba claro por cómo me miraba, desencajada de gusto y rendida al macho.

 Él tiró de los laterales del bañador de mi chica y me lo dio, dejándola sin nada. Con sus manazas empezó a abrirle los cachetes del culo y a jugar con sus dedazos con el ano.

 Marcando él en todo momento el ritmo, empezó a darle más fuerte, sacando y metiendo el pollón entero. Mi novia volvía a buscarle la boca, pero él paró las embestidas y, metiéndole un dedo en el culo, le dijo:

 - Sabes que te voy a follar tu culo de zorrita virgen, ¿lo sabes, verdad? Y que te va doler mucho, pero morderás fuerte la almohada para no gritar. ¿A que sí, putita? Y lo estás deseando, estás deseando que te reviente por todos tus agujeros y que el cornudo de tu novio vea lo puta que eres, ¿verdad?

 Mi novia, ante sus palabras, tomó las riendas de la cabalgada. A cada frase de él, ella se estremecía más cada vez y aceleraba el ritmo. De repente, él agarrándola muy fuerte, paró la follada con el rabo clavado y le dijo:

 - O me dices que sí a todo o se acabó el polvo. ¿Lo entiendes, puta?

 Mi chica le asestó un morreo con ansia, levantó la cara, y me miró fijamente diciendo:

 - Fóllame lo que quieras, y reviéntame como quieras delante de Manu, pero por favor, no pares de follarme nuncaaaaa.

 Él, con furia, empezó a darle con todo, y de nuevo mi novia se derretía en sus brazos, corriéndose por cuarta vez, temblando, con escalofríos.

 Acariciándola como si fuera una niña, la desclavó del palo y mirándome con chulería dijo:

 - Ya has visto, amigo Manu, tengo vía libre para hacer de tu novia lo que me salga de los huevos, y tú lo vas a ver en primer plano.

 Salió un pelín hacia la orilla con mi chica de la mano. Yo iba detrás. Cuando el agua le llegaba a medio muslo, paró. Seguía con la polla durísima. Mi chica también se extrañó, pensó que el taxista se había corrido, pero con el agua ella creyó no darse cuenta.

 Se puso de espaldas a la arena y me indicó que me pusiera a su lado. Yo también estaba empalmadísimo.

 Con un gesto, mi chica se puso de rodillas:

 - A ver cómo comes polla, bomboncito. Cuidado con los dientes y abre bien la boquita, quiero que la tragues hasta donde te quepa. Tú, cornudín, pajéate, quiero ver cómo escupe leche ese pitito.

 Mi chica se puso a la faena. Él le manejaba la cabeza y la boca. Yo me pajeaba despacio, disfrutando del espectáculo.

 En un momento dado, la apartó de su polla y con un gesto le dijo que me la comiera a mí.

 Él se empezó a pajear, pellizcándole los pezones bastante fuerte. En uno de sus gemidos dolorosos, me corrí en la boca de mi chica. Nunca lo había hecho. Ella, al notarlo, se echó para atrás con una arcada y mis últimas gotas cayeron al agua.

 Giró de nuevo a mi novia hacia él, que seguía pajeando el monstruo, y agarrándola de la barbilla le dijo:

 - Como una sola gota mía caiga al agua, se te acabó la fiesta, ¿lo tienes claro?

 Mi novia no dijo nada, solo abrió la boca y sacó la lengua tratando de chupársela mientras él la agarraba del pelo y gemía:

 - Ya la tienes, tómala toda, zorra, toma leche de macho.

 Y gritando empezó a escupir semen, que mi novia tragaba con dificultad. Por instinto, puso sus manos en forma de cazo alrededor de su barbilla para que no cayera nada mientras tragaba. El hijo de puta parecía una fuente.

 Cuando terminó, bastante cantidad había caído en las manos de mi novia, que seguía tragando la viscosa leche de Pablo.

 Él la besó en la frente y dijo:

 - Toda es toda.

 Y mi chica lamió sus manos y engulló lo que en ellas había caído.

 La ayudó a levantarse y mirándome me dijo:

 - Buenos chicos, ¿nos vamos para el camping o qué? Que ya es casi de noche.

 Efectivamente, eran las 21h de la noche. Habíamos dado un espectáculo en la playa, pero la gente no parecía habernos prestado demasiada atención, es más, creo que motivamos a más de dos parejas, que se les veía en el agua abrazados, evidentemente follado también.

 Salimos del agua y Pablo nos dijo:

 - Yo voy tirando para allá, que reservé una cosa en el restaurante. En una hora u hora y media nos vemos. Duchaos y haz lo que te dicho. Venga, hasta luego.

 Recogimos las cosas. Estábamos algo abrumados por todo y mi novia, además, estaba fundida. En su vida la habían follado así ni nunca se había corrido tantas veces seguidas.

 Caminado hacia el camping, cogidos de la mano, le pregunté:

 - ¿Todo bien, mi amor? ¿Seguimos con el rollo o corto?

 Ella me sonrió:

 - ¿Quieres cortar?, ¿estás seguro que no quieres ver cómo me follan aún más?

 Fue acabar la frase y mirarme el paquete. Otra vez me empalmaba.

 - Es que me pone tanto amor verte gozar así que mira mi polla otra vez.

 - Ya te veo, ya, mi vida, pero sabes que le he dicho que me voy a dejar hacer todo lo quiera y esa polla es gigante, y que nunca nadie me ha hecho nada en el culo. Me da pánico.

 - Bueno, pues se lo digo y ya está, que te haga lo que quiera menos eso.

 - ¿Y si se mosquea y nos deja tirados?

 - Hacemos una cosa: él que siga a su rollo, y si yo veo que te está jodiendo de verdad, corto el rollo y punto.

 - Vale, si tú ves que me hace demasiado daño, cortas el rollo y ya está.

 Ella se quedó más tranquila y a mí me dio algo más de confianza saber que en cierto modo aún podía yo elegir algo en esto y ser protagonista, aunque fuese secundario.

 Llegamos al bungalow, dejamos los bártulos y pasamos a la ducha.

 Nos duchamos juntos. Yo estaba a dos mil y ella seguía muy receptiva, imagino expectante por el polvo que le iban a echar en un rato.

 Me dio la cuchilla y la depilé por completo. Me encantó el tacto de su sexo totalmente afeitado, y ver cómo abría su rosado y pequeño ano para que no quedara ni un solo pelito. No pude resistirme y le comí el culo. Nunca se lo había hecho. Ella se dejó hacer:

 - Joder, Manu, cómo me pone que me hagas eso, ¿por qué no me lo has hecho antes?

 - Cariño, pensé que no te gustaba.

 Y seguí dándole lengua a su ano y su coñito por detrás. Me incorporé para clavársela, no podía y más, pero Pablo aporreó la puerta.

 - Ehh, Manolito, a ver si te vas a venir arriba y vas a hacerte ahora el machote. No se te ocurra tocarla sin mi permiso, y tú, zorrita, que no te toque que como me entere se te acabó el rollo.

 Ni siquiera hizo el ademán de entrar, oímos cómo abrió y cerró la puerta de su bungalow.

 Me cortó todo el rollo, pero seguía empalmado. Agarré a mi chica para seguir, pero ella separándose de mí me dijo:

 - Manu no, por favor, ya le has oído, a ver si se va a dar cuenta y se nos jode la noche. Aguanta un poco.

 Y se fue para el baño de nuevo. Me dejó pasmado, no supe qué decir. Mi calentura ahora incluso más que antes por su actitud conmigo.

 Me senté a ver la tele. Mi chica se estuvo alisando el pelo y arreglándose. A 22:30h llamó a la puerta Pablo. Le abrí. Venía con unas pizzas y dos botellas de lambrusco rosado. Me las dio para meter al frigo, y puso las dos pizzas en la mesa.

 - Bomboncito, ¿dónde estás? Ven para acá, que vamos a coger fuerza para esta noche.

 Mi novia salió del baño. Se había puesto una camiseta corta y un short muy ajustado. Pablo se levantó, se puso delante de ella con cara de cerdo salido y le estampó un morreo sucio y vulgar en los carnosos labios de mi novia.

 Le levantó los brazos y le sacó la camiseta. Bajó su manos y le quitó el pantalón, dejándola en pelotas total. La miró como el que mira el género que se va a comer hoy y, tocándola vulgarmente el coñito y el culo, dijo:

 - Muy bien, putita, muy bien, así me gusta.

 Pablo se puso de rodillas y le dio la vuelta. Con poca delicadeza, le abrió los cachetes del culo y empezó a chupar.

 Mi novia se estremeció con su lengua y resopló, él notó el subidón caliente de ella y, abriéndole los cachetes aún más, vi como metía su gorda lengua dentro del pequeño y rosado ano de mi amada. Mi chica se iba a correr otra vez y Pablo al notarlo paró su juego.

 - Venga zorra, que ya ibas a correrte solo comiéndote el culo, mira que sois putas las nenitas pijas. Vamos a cenar algo.

 Mi novia estaba ida, deseosa de correrse, su cara era un poema de sexo.

 Yo, empalmadísimo, no sabía cómo poder tocarme.

 Pablo se desnudó por completo, dejando al aire el pollón, y me indicó que hiciera lo mismo.

 Se sentó e indicó a mi novia que se sentara en su regazo, encima de su pierna. Yo me puse enfrente de ellos.

 Empezamos a comer, él no dejaba de sobarla y magrearla entre bocado y bocado. Constantemente le llenaba la copa de vino. Acabamos de cenar, nos habíamos bebido las dos botellas y nuestro pedillo era evidente, sobre todo el de mi novia.

 Él le estampó un morreo intenso. Con la mano me indicó que me pusiera a un lado para poder mirar mejor.

 Hizo a mi chica abrir sus piernas mientras estaba sentada en sus muslos. Él metió uno de sus dedazos en el encharcado coño de mi novia, sacándolo empapado, y mirándola a los ojos se lo dio a chupar. La escena me provocaba más morbo que cualquier cosa que hubiera visto nunca. Mi chica le agarró la mano y se recreó chupándole el dedo, sacando incluso la lengua.

 Volvió a repetir la jugada, esta vez con dos dedos, y ella los lamió con ansia. Una vez bien ensalivados, le hizo avanzar un poco el culito y metió el dedo corazón en el anito de mi chica, se lo clavó entero, mi chica puso cara de disgusto pero se dejó hacer. Sacó el dedo después de hurgar un rato y se lo llevó de nuevo a la boca. Ella chupó el dedo como si de un manjar se tratara:

 - Muy bien, bomboncito, veo que has aprendido bien la lección. Vamos, ponte de rodillas y pónmela a tope.

 Mi novia se arrodilló sumisa ante Pablo. El pollón estaba morcillón, pero hacia abajo. Mi chica fue a cogerlo para metérselo en la boca, pero Pablo le dio un bofetón suave:

 - Nooo putita, no. Las manitas apoyadas en tus piernas, mi polla solo con tu boca.

 Mi novia, como pudo, se agachó para meterse el rabazo en la boca. Succionaba con fuerza y apretaba los labios para que no se le saliera.

 La escena era dantesca. Mi dulce novia, una niña educada, fina, guapísima, delicada, de rodillas mamando un pollón enorme y feo a un tío de 52 años que podía ser su padre, gordo, feo y con cara de hijo de puta redomado.

 Poco a poco empezó a ponerse duro. Tan cerca como yo estaba, me parecía imposible que ese rabo fuera de verdad.

 Mi novia ponía todo de su parte, hasta que Pablo la paró.

 - Aprendes rápido, putita, me vas a hacer correr.

 La puso de pie. La levantó en vilo como si de una muñeca se tratara y la tumbó boca arriba en la mesa. Se agachó y le empezó a da una comida de coño y culo brutal, y estrujándole una teta le gritó:

 - Vamos, puta, grita, quiero que gimas y grites de gusto. Que todo el camping de entere que te están follando como te mereces.

 Y mi novia se liberó del todo:

 - SIII, SIGUE POR FAVOR, SIGUE, ME VOY A CORRER MUY FUERTE, SIGUE, NO PARES.

Y el hijo de puta, justo cuando mi novia fue a agarrarle la cabeza para apretarle y correrse, quitó la cabeza de su coño y le dio un manotazo en el culo que seguro sonó en todo el camping, haciendo que se le cortara de golpe y que se la saltaran las lágrimas del dolor. Yo me quedé estupefacto, no me espera una reacción así. Pablo, guiñándome un ojo, le dijo:

 - Tranquila zorrita, ha sido por tu bien, confía en mí.

 Y tocándola levemente con el pulgar en el clítoris, mi novia dio un respingo con una cara de gusto increíble:

 - ¿Ves bomboncito? lo tienes a las puertas, pero es que ahora quiero que lo tengas ahí porque viene el plato fuerte, y quiero que seas tú dentro de un rato la que pida que te rompa viva a gritos.

 Pablo levantó las piernas de mi chica, que seguía tumbada boca arriba en la mesa. Me ordenó que me pusiera detrás y se las sujetara.

 Tiró un poco de ella para que su culo sobresaliera de la mesa, estaba claro que se lo iba a taladrar. Mi novia nos miraba con carita de cordero degollado. Pablo cogió aceite corporal del baño. Se untó generosamente en el pollon y con los dedos empezó a masajear el esfínter anal de mi novia. Sin prisa fue metiendo un dedo, luego dos, seguía aceitando todo. Empezó un mete y saca de los dedos profundo.

 Mi chica, con cara de disgusto, pero mordiéndose el labio, aceptaba las embestidas. En una clavada profunda de sus dedos apretando fuerte mi novia gimió un "ayyyy", y él con la otra mano la rozó fuerte en el clítoris a lo que ella dio un espasmo:

 - Ayyyy ¿so puta? Como te dé otro dedazo en la pipa te corres por la pata abajo con los dedos en el culo. Ya te dije, Manu, que estas son las más putas.

 Sacó los dedos y apuntó el misil al culito de mi novia. La verdad es que me resultaba complicado que esa polla le entrara.

 - Sujétale bien la piernas, que hoy va a ser mujer de verdad tu novia.

 Pablo empezó a empujar, despacio, milímetro a milímetro. Mi novia resoplaba, se mordía el labio y se agarraba a mis manos recibiendo el mástil. A mitad de rabo, dijo:

 - Ya está lo peor, bomboncito. Déjale las piernas y mira el espectáculo.

 Le solté las piernas y me puse a su lado. Quería ver en primer plano eso metido dentro del virginal culo de mi amada y recatada novia.

 Él, con el nabo medio dentro, la elevó un poco para empezar a besarla y pellizcarle las tetitas. Mi chica gemía entre sollozo y gusto.

 - ¿La sientes de dentro? ¿notas cómo mi polla llena tu culo? En un ratito me vas a gritar que te lo folle fuerte, ya verás. Tú relájate y deja que tu macho te haga sacar la puta que llevas escondida dentro.

 Con habilidad, escupió un montón de saliva en el coño de mi novia y con sus dedos gordos empezó a masajear su clítoris intensamente. Mi novia ya no sollozaba, solo respiraba cada vez más entrecortado y empezó suavemente a decir:

 - DIOS... DIOS... DIOS...

 Pablo empezó a dar ritmo a su rabo a la vez que no dejaba de pajearla.

 - ¿Ves zorra, ves? Vamos, pídemelo, pídemelo que se entere tu novio y el camping qué quieres.

 Y con desesperación mi chica empezó a gritar:

 - TODA CABRÓN TODAAA, ROMPEMELO PERO CLAVAMELA TODA.

 Y acelerando los pollazos como si de un animal se tratara, empezó a clavársela hasta lo más profundo de las entrañas mientras mi novia gritaba:

 - JODERR, OTRA VEZ ME CORRO, OTRA VEZ... DAME MÁS FUERTE... POR FAVOR, ME VIENEN SEGUIDOSSSS...

 No aguanté más, y con dos golpes me corrí como nunca, disparando leche por todos lados, mirando a mi novia reventada por el culo por un viejo cerdo.

 Mi chica seguía aguantando los embistes de Pablo, con los ojos cerrados, ida de tanto gusto. Él, dando dos golpes muy fuertes y metiéndosela de nuevo con violencia extrema hasta el mango, gritó:

 - TOMA MI LECHE PUTA, SIENTE CÓMO TE LLENO.

 Mi novia sintió la clavada hasta el alma y, al notar los calientes chorros del cerdo dentro, no pudo aguantar y gritó:

 - JODER MANU, ME CORRO OTRA VEZ, ME ESTÁ LLENANDO POR DENTRO DE LECHE CALIENTE, ME CORROOOO.

 Al acabar, él se quedó apoyado encima de ella con la polla aún dentro.

 - ¿Has visto bomboncito cómo me lo ibas a pedir tú? Y ahora, sé buena y sigue siendo obediente.

 Y dándole un pico, Pablo sacó y se agarró la polla, que aún seguía morcillona, llena de restos de semen, aceite y etc. Se fue hacia la cara de mi novia y se la acercó a la boca:

 - Veamos si de verdad eres un zorra, bomboncito.

 La escena era digna de la mejor película porno jamás soñada. Nunca pensé ver ese grado de sumisión en mi novia, que abriendo la boca se tragó el pollón con ansia, pasándole bien la lengua y dejándosela bien limpia.

 Tras dejársela reluciente, la puso de pie, le dio un beso en la frente y dijo:

 - Muy bien, bomboncito, ya está bien por hoy. Y tú, Manu, ya sabes lo que tienes en casa. Cuídalo.

 Cogió su ropa y se fue hacia su bungalow. Mi chica y yo nos abrazamos.

 - ¿Bien, cariño? ¿Te ha gustado?

 - Espectacular, mi amor, no sé cómo he podido hacer lo que he hecho, pero estoy destrozada y muerta de todas la veces que me he corrido, además el culito me arde.

 Se giró y se abrió las cachitas del culo. La visión de su ano dilatado y emanando semen hicieron que me empalmara. Ella me miro y sonrió. Se tumbó en la mesa boca abajo y, abriéndose el culo, me dijo:

 - Vamos amor, fóllamelo tú también, soy tu novia.

 Se la metí entera. Aún había holgura, pero notar que con cada metida entraba y salía semen del cerdo de Pablo me ponía a mil. Tardé poco en correrme, me dio un gusto increíble.

 Mi novia se dio la vuelta, nos fundimos en un beso profundo y nos dijimos te quiero. Nos duchamos juntos y caímos rendidos en la cama.

 Coral se quedó dormida inmediatamente, estaba rota, yo tardé algo más. Todo lo ocurrido ese día me daba vueltas y vueltas en la cabeza, me gustaba la sensación de haberla visto gozar tanto, pero a la vez me daba miedo despertar en ella ese deseo y que luego no lo pudiese controlar. Con Pablo, más o menos, lo tenía claro, ya que a pesar de ser un crack con ella en la cama y tener esa polla, es alguien en el que ella nunca se fijaría para otra cosa que no fuese sexo conmigo, pero... ¿y si hubiera sido otro tío? ¿y si se despierta en ella un hambre sexual que no pueda controlar? No sé, imagino que son dudas que a todos nos surgen llegados estos casos.

 A las 10 de la mañana Coral me despertó. Había preparado el desayuno. Iba vestida solo con una camiseta mía de tirantes blanca. Sus rosados pezones se trasparentaban y por el borde la camiseta, cuando se movía, le veía su culito y casi su precioso coñito. La abracé y la besé con pasión. Su visión me había empalmado.

 - Uhmmmm, Manuuu, ¿cómo te levantas ya? ¿cómo tienes la pollita?

 Me agarró fuerte la polla con la mano. "¿La pollita?". Será cabrona, pensé. Claro, como había tenido pollón, yo ahora era pollita. El juego de palabras me hizo recordar cómo le habían dejado el culo anoche y me puse más cachondo aún.

 La subí a la encimera de la cocina remangándole la camiseta y me arrodillé a comerle el coñito. Coral me agarró fuerte la cabeza:

 - Ufff nene, lo tengo muy sensible, creo que me voy a correr.

 Efectivamente, estaba empapada nada más empezar a lamérselo. Aumenté el ritmo y justo cuando más me estaba empleando, llamaron a la puerta con dos golpes fuertes.

 - Chiquitos, buenos días, abrid que os traigo el desayuno.

 Me quedo todo cortado, y Coral roja como un tomate, a punto de correrse también. La miré como diciendo "¿Qué hago?" Y ella, con otro gesto, me indicó que abriera con una sonrisa pícara, que de primeras no entendí.

 Abrí la puerta y Pablo entró. Al ver a mi novia espatarrada con las piernas abiertas, exclamó:

 - Ya te decía, Manu, que esta chica es muy puta. Ya estabais liados sin mí.

 Entonces entendí la sonrisa de mi chica. La muy zorra quería provocar al cerdo de Pablo, que se fue hacia ella y le estampó un morreo baboso en los carnosos labios de ella. Mientras la morreaba, le metió uno de sus dedazos en el coñito y, escarbando dentro, la hizo correrse, resoplando y casi asfixiándose con la boca de él pegada a la suya.

 El hijo de puta recogía los frutos que yo había sembrado. Agarrándola del cuello, la puso de rodillas mirándola a los ojos:

 - Vamos putita, ya sabes lo que tienes que hacer.

 Coral se arrodilló delante de él, mirándolo con cara de zorra, y abriendo la boca con las manitas atrás engulló el rabo.

 Él manejaba su cabeza, haciendo que ella hasta se atragantara, y movía su polla para que se la chupara por todos los sitios. El muy cerdo puso su pierna encima de la silla, y metiendo su cabeza en su culo le ordenó:

 - Lame bien, zorra, hoy vas a aprender de verdad lo que es gozar hasta desmayarte, pero tienes que ser muy obediente y dejar que esa putita que tienes dentro sea libre para mí.

Yo estaba flipando de nuevo. Mi preciosa, pija y recatada novia estaba dándole lengua en el culo a un viejo barrigudo y asqueroso, y lo peor de todo era que ya ni siquiera me miraba a mí, estaba totalmente entregada al deseo de ese tío.

 Con la polla ya durísima, la levantó en brazos y la sentó en la encimera. La agarró de los pezones, pellizcando sus preciosas tetitas, y apuntando el misil a la entrada de su coñito, le dijo:

 - Cómo me pones de caliente, bomboncito, tócate tu botoncito, te quiero bien zorra. Manu, ven aquí, quiero que veas de cerca cómo parto a la putita que tienes de novia, y pajéate, que quiero que ella vea lo cornudo que eres y cómo te gusta que la reviente a pollazos.

 Me pegué a mi chica para no perder detalle y empecé a pajearme.

 Pablo apuntó con su mano al estrecho coño de mi novia, que no paraba de destilar caldito caliente. Metió la enorme cabezota del pollon y jugaba con ella en la entrada.

 - ¿La quieres dentro, putita? ¿quieres que te la meta toda?

 Coral, desencajada, tocándose fuerte su clítoris, dijo:

 - Sí, por favor, Pablo, métela, por favor, por favor.

 - Te la meto si me prometes que hoy harás todo lo que yo quiera sin rechistar, sea lo que sea, y que solo te preocuparás de satisfacer mis deseos y de correrte todo lo que tu cuerpo aguante. ¿Lo prometes? Di ¿lo prometes?

 El cabrón hizo ademán de ir a sacársela al ella tardar en contestar, pero ella, echándole mano al palo, me miró a mí con ojos de pena y le dijo:

 - Te lo prometo, sí, te lo prometo, pero fóllame por favor, métemela ya.

 El hijo de puta me miró sonriendo y haciéndome un gesto como diciendo "es lo que hay, amiguete". Y de un golpe de cadera, le clavó todo el pollón hasta donde pudo.

 Coral dio un grito entre dolor y placer que oyeron en todo Cádiz, y a la vez tembló con espasmos corriéndose nada más sentirse llena. Pablo empezó a embestir como una bestia y a resoplar, no iba a aguantar mucho.

 Ella parecía una muñeca de trapo en manos del puto taxista, que la meneaba como si nada dándole uno pollazos terribles. Mi chica encadenaba corrida con corrida sin dejar de tocarse, hasta que el cerdo la levantó en vilo y, de pie, clavándosela entera, bramó como un toro, escupiendo su viscoso y amarillento semen en lo mas profundo del coño de mi frágil novia.

 Al desclavarla, ella no se sostuvo en pie y cayó de rodillas delante de él. Estaba agotada del polvazo. Él se agarró la polla, pero ella no se dio cuenta, estaba cabizbaja recuperándose. Con la mano derecha, le dio un bofetón que la hizo reaccionar con cara de miedo y susto. Yo también me alarmé, pero no me dio tiempo a reaccionar.

 - ¿Te corres unas cuantas veces y ya te crees que has acabado?

 Yo no me enteraba, pero ella lo cogió rápido.

 Se incorporó de rodillas, erguida, y se metió el pollón en la boca para limpiarlo de flujo y leche.

 Acariciándole el pelo y tocándole las mejillas con delicadeza, dijo:

 - ¿Ves cómo sabes, putita? Así, muy bien, déjamela bien limpita y levanta el culito, que vamos a dejar que tu noviecito se corra también.

 Coral se incorporó dejándome la visión de su coñito súper irritado y expulsando el corridón de Pablo, expuesto para mí.

 La agarré de las caderas y la embestí con furia. No tardé ni dos minutos en correrme dentro de mi novia, me dio un enorme placer esa corrida.

 Pablo, se subió el pantalón, abrazó a mi delicada y preciosa novia y le asestó otro morreo cerdo.

 - Me marcho fuera todo el día. Disfrutad de la playa o de lo que queráis, pero acuérdate bomboncito lo que has prometido, y tú, Manu, tranquilidad y a gozar del cuerpo. Deja descansar a tu putita y que se recupere, que esta noche vais a flipar ella y tú.

 Y dándole un pico y un fuerte azote en el culo, salió por la puerta.

 Mi novia sin mirarme se fue al baño. Noté que esta vez algo había ido distinto. Quise recomponerme y asimilar lo ocurrido sin agobiarla y sin agobiarme.

 Me senté a desayunar mientras Coral se duchaba. Cuando salió del baño se sentó, ya con otra expresión, y diciendo:

 - Buuff, qué hambre tengo.

 Estaba claro que le daba palo tratar lo ocurrido, incluso noté algo de vergüenza en su expresión. Me fui a la ducha y seguí cavilando. Si no hablamos de lo ocurrido, mal asunto, pensé.

 No quería agobiarla, así que cogimos los bártulos, algo de comer y nos fuimos a la playa. Volvimos a la zona nudista. Pasamos casi todo el día tranquilos, sin tratar el tema, disfrutando del sol y el agua.

 Al atardecer nos dimos un bañito más romántico. Jugueteando en el agua, momento ideal pensé, para tratar lo vivido en la mañana.

 - Cariño, ¿qué tal estás con los juegos estos con el taxista? Sabes que si quieres que lo dejemos, lo corto y punto, que lo hacemos para disfrutar los dos y que si te sientes mal lo
dejamos.

 Coral me besó apasionada y con firmeza respondió:

 - Lo que tú quieras, mi vida, de verdad. Yo me dejo llevar porque creo que a ti te gusta verlo, pero que si no estás a gusto, ya está, le decimos que no y fuera.

 No notaba verdad en sus palabras, aunque sabía que si decía hasta aquí, ella me apoyaría sin duda. Me gustó saber que ella decía que lo hacía por mí, aunque los dos sabíamos que la que más gozaba era ella. Aun así, quise profundizar más.

 - Mi amor, es que no sé, ¿y si te hace daño o te hace algo que no te guste y yo no sé reaccionar?

 - Bueno, no sé... si me hace algo que no me guste o se pasa, creo que yo se lo diría.

 - Ya, mi vida, pero te he visto tan entregada...

 - Y di la verdad, eso te ha puesto hipercachondo, verme así de entregada a ese cerdo, ¿verdad?

 Y agarrándome la polla se dio cuenta que estaba empalmadísimo con la conversación.

 - Si en el fondo estás deseando verme otra vez con él, ¿a que sí?

 No pude negarlo:

 - La verdad es que sí, nunca me había dado tanto gusto correrme ni había echado tanto semen.

 Y soltándome la polla y levantándose, dijo contundentemente:

 - Pues vamos yendo para el camping, que quiero descansar un poco y repasarme con la cuchilla, sabes que soy una niña de palabra y le he prometido que seré obediente y no voy a faltar a mi promesa.

 Esas palabras se me clavaron en el alma, estaba que me estallaba la polla del calentón, y quería ver ya qué iba a pasar esta noche. Recogimos todo y nos fuimos para el camping entre besos, risas y picardías.

 Coral se metió a la ducha mientras yo preparaba algo de comer. Se entretuvo repasándose su culito y coñito para tenerlo bien suave. Salió de la ducha y se embadurnó bien de aceite corporal de almendras para estar muy brillante e hidratada.

 Picoteamos algo, y estuvimos jugando un poquito. A mí no se me bajaba la polla del calentón, y ella, abriéndose de piernas, me decía:

 - Mira cómo tengo el coñito, estoy todo el rato mojada.

 Nos sentamos en el sofá a la espera del taxista. No decíamos nada, pero estábamos impacientes y algo nerviosos.

 A las 22.30h le oímos hablar entre risas y susurros:

 - Jajaja, que no, cojones, tú calla y ni hables, ya verás que lo que Pablo dice es verdad.

 Coral y yo nos miramos con cara de asombro y acojone. ¿Qué coño era esto? ¿con quién estaría el muy cabrón? Mi chica, que estaba en pelotas, se puso rápido un pantaloncito corto y mi camiseta de tirantes. Yo me puse el bañador a toda ostia.

 Llamó a la puerta. Mi chica, algo acojonada, me hizo un gesto para que abriera yo.

 - Hola Manu, machote. ¿Habéis descansado bien? ¿me has cuidado al bomboncito? Mira que hoy va a tener que ser una buena putita para mí.

 Apretándome fuerte la mano, giró la cabeza hacia mi novia, que estaba sentada en un pequeño sofá mirando con cara de niña asustada y forzando una sonrisa.

 - Cómo me pones con esa camiseta, ya te lo he dicho esta mañana, esas peritas ricas y esos penzoncitos tan duritos me ponen el rabo a mil.

 Al entrar fui a cerrar la puerta, pero poniendo la mano me dijo:

 - Espera Manu, entra y siéntate. Y tú, putita, ven aquí.

 Coral se levantó y fue hacia Pablo. Este la abrazó agarrándole el culo, estampándole un morreo intenso, y separándola mirándola a los ojos le dijo:

 - Vas a ser buena y obediente, y vas a cumplir tu promesa, ¿verdad, putita?

 Coral miró hacia donde estaba yo levemente, y de sus labios se escapó un leve "sí".

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