Pablo empezó a sobar y pellizcar los pezones de mi novia y le metía el dedo en la boca para que ella se lo chupara.
- Así, nena, chúpalos bien. Tú, nene, ven a desnudarla.
Me levanté y quité mi camiseta a mi chica para después bajarle el short y dejarla en pelotas. Me daba apuro que la puerta estuviera abierta. Si había alguien o pasara alguien podría verlo desde un lado de la entrada.
- Qué cosita más rica eres, nunca me había follado una perrita así de joven y tan putita como tú.
Sus caricias y sus palabras estaban encendiendo a mi chica. El cabrón empezó a dedearla y a sobarle la raja del culo, hurgándole también en el ano.
- Ya estás empapada, zorrita, estás preparada para correrte como nunca y obedecerme.
Coral había cerrado los ojos gozando las vastas caricias del cerdo del taxista, y casi suspirado dijo un sí muy leve y sensual, que no convenció a Pablo, que dándole un manotazo fuerte de refilón en los pezones, la hizo gritar un aaayyyy diciéndole:
- Que se entere todo el mundo, cojones, siempre igual. ¿Vas a ser mi puta delante de tu novio o no?
Coral tomó aire y gritó:
- Siii, voy a ser tu puta y voy a cumplir mi promesa delante de mi novio.
- Muy bien putita, ponte de rodillas y mama.
Coral se arrodilló mientras él se bajaba el pantalón, saltando el pollote a la altura de la frente de mi niña. No sé, pero me pareció más gorda y grande esta vez y ya estaba durísima.
Mi delicada novia empezó a lamerle la polla pasando su lengua por todos los lados y tratando de tragarla lo más hondo posible, desencajando la boca. Pablo, cogiéndola de la barbilla para que le mirara a la cara, le guiñó un ojo y dijo:
- Hamid, pasa para dentro y cierra la puerta, que mi nena ya está con ganas de pollas gordas.
Miré hacia la puerta y con parsimonia y chulería, un chaval jovencito de unos 18 o 19 años, con un pantalón y una camiseta del barsa y una gorra en la cabeza dada la vuelta, entró mirando con chulería y sonriendo. El niñato se tocaba con descaro la polla por encima del pantalón, y se mordía el labio mirando a mi novia.
Miré hacia Coral, tratando de que ella me insinuara algo con su mirada o buscando un atisbo de disgusto, pero no lo encontré. Estaba impasible, de rodillas con sus manos en los talones de sus preciosos pies, mientras chupaba el palo duro del taxista mirando hacia el nuevo invitado. Ni siquiera me buscó con la mirada.
- Qué pensabas, que te estaba vacilando ¿no? (Dijo Pablo al chico.)
Y mirándome a mí en modo presentación soltó:
- Manu, este es Hamid, un camello de aquí al que le compro de vez en cuando hachís para fumarme unos petardos. Le he dicho que si sabía quién me conseguía unas viagras, que quería reventar a pollazos a una zorrita jovencita delante de su noviete y no se lo creía. El pringao se ha apostado que si era verdad no me cobraba el costo ni las viagras, y acaba de palmar la apuesta.
El niñato me dio la mano, y con descaro se acercó hacia mi novia para mirarla bien.
El puto taxista así venía con la polla como el acero, se había tomado una viagra el muy cabrón. Pablo ejerció de jefe haciéndole un gesto al chico:
- Tócala, cojones, que no muerde. Esta nenita es mía, me lo ha prometido.
Coral seguía mamando recreándose con la lengua y poniéndole cara de golfa al camello.
El morito se agachó detrás de mi chica. Le sobaba las tetas con poca delicadeza, como si fuera género. Pasó sus dedos y manos por todos los rincones de mi novia. Se entretuvo en su coño, que al notar el roce de su mano le hizo escaparse un gemido ahogado. Pablo notó que Coral ya estaba a punto de caramelo:
- Quieto, niño, no se lo toques, que se corre ya mismo y a ésta le queda noche.
Apartó la polla de la boca de mi novia y la puso de pie. Agarrándola de la cintura se la acercó al chaval:
- Vamos, nene, que en tu puta vida te vas a ver en otra igual. Fóllatela a gusto.
Y besando a mi novia en un hombro le dijo:
- Pórtate bien y despacha rápido a mi amigo.
Mi novia sonrió con cara de zorra a Pablo. Agarró la polla por encima del pantalón al moro y le estampó un morreo con lengua. El chaval la agarraba con fuerza el culo.
Pablo me cogió del brazo y guiñándome un ojo me dijo:
- Siéntate, vamos a ver el espectáculo.
Nos sentamos en el sofá. Coral y Hamid estaban encendidos, no parecía que estuviéramos allí mirando.
El moro se bajó el pantalón, mostrando un buen rabo. No llegaba al pollón de Pablo, pero sí era más grande que el mío y sobre todo más cabezón.
Agarró a mi novia y la puso a cuatro con el cuerpo apoyado en la mesa. Apuntó el cabezón y de un golpe de riñones se la clavó entera por el coñito de mi chica. Coral aguantó el primer enviste gimiendo un "ayyyy" que oyó todo el camping. El cabrón le daba duro.
Pablo, que no dejaba de tocarse el pollón, intervino:
- No te vayas a correr dentro de su coño que te meto dos ostias. Escupe fuera, que la zorrita solo tiene que recibir mi leche.
El moro seguía a lo suyo, bombeando como una puta máquina, hasta que sacó la polla y gritando algo en su idioma empezó a escupir chorros de leche en la espalda y el culo de mi niña, que para entonces ya se había corrido tres veces.
Pablo se incorporó. Al levantarse, su polla quedó cerca de mi cara. La verdad es que la tenía más dura y me parecía incluso más gorda aún, por el efecto de la puta viagra. Me hizo temer por mi niña.
- Nena, a la ducha, y repásate el coño, que pincha un poco. Tráete el aceite a la que te vienes.
Mi novia, como una autómata, se levantó y sin mirarnos a ninguno se fue a la ducha.
Pablo le dio papel al chaval para que se limpiara.
- Te ha gustado, ¿no cabronazo? Dame otro trozo anda, y tira. Ojo, como me diga Manu que se te ocurre molestarlos o decirle algo a la niña si los ves por ahí, te reviento a palos, ¿te enteras?
El chico, metiendo la mano en el bolsillo, sacó un trozo de hachís y se lo dio a Pablo diciéndole en un castellano escaso:
- Tranquilo senior Pablo, yo buen amigo tuyo. Yo no dice nada a nadie, ni a chico ni chica ni nadie. Gracias senior Pablo, tu puta muy rica, yo no follado nunca españiola ni mujer ase di guapa, con conio tan estrecho.
Y dándonos la mano, se fue cerrando fuerte la puerta.
- Vaya putita tenías en casa y sin saberlo ¿eh amiguete? Si ya te lo dije. Eso sí, hoy te la voy a dejar reventada, mira cómo me tiene el rabo la puta viagra. Te vas a dar buenos pajotes mirando, cornudín.
Coral apareció envuelta en la toalla y con el bote de aceite de almendras en la mano.
Pablo, con la mano, le dijo que se acercara. Ella cayó rendida en sus brazos fundiéndose en un beso lascivo. Aún me daba reparo ver a mi linda, pija y delicada novia en los brazos de un puto barrigón feo y gordo y peludo tío que babeaba por ella literalmente.
Levantó en vilo a mi niña y, dejándola en pelotas, la tumbó boca arriba en la mesa. Se recreó abriéndola y mirándole el coño diciéndole:
- Joder, qué coñito más rico que tienes, y ese agujerito del culo tan rosita, jodeerrrr.
Y hundiendo su boca le empezó a comer el culo y coño con tal ansia que mi niña empezó a chorrear sin control, disfrutando de la cerda comida que ese tío, que podría ser nuestro padre, le estaba dando.
Coral se flotaba en el orgasmo casi continuo, el hijo de puta era un maestro con la boca, sorbía y succionaba como si fuera un aspirador.
Se incorporó y agarrándose el palo le dijo:
- Mira cómo me tiene solo de comértelo, apuntito de correrme.
Aparte de enorme y llena de venas, tenía el capullo empapado de líquido seminal, incluso goteaba.
Levantó las piernas de mi niña, juntándoselas dobladas, dejando expuesto su coño y su culo a su antojo. Frotaba el capullón por la raja del culo y el coñito mientras con la lengua y la boca lamía los pies y los dedos de mi nena.
Esto era nuevo para nosotros. Coral de deshacía de gusto al notar su boca caliente y su lengua pasando por sus pies, y entre sus dedos, y cómo le rozaba todo con el pollote.
Ella sujetó sus piernas para seguir dándole a mamar sus pies, mientras él con sus manazas abría bien.
- ¿Dónde quieres que tu macho te la entierre? ¿por dónde la quieres?
Coral derretida de gusto, susurró:
- Donde quieras, Pablo, no me importa, solo fóllame, métemela toda.
El hijo de puta me miró con cara de chulo, agarró el bote de aceite sin dejar de chuparle los pies y embadurnó bien el mástil, echando chorros de aceite en el culo y el coño de mi dulce y zorra novia.
Apunto el capullón a su culo y, con mucho esfuerzo y paciencia, se la fue clavando.
No aguanté más, y me corrí vaciándome mi leche en mi mano.
Mi niña resoplaba y movía su cabeza hacia todos los lados mientras el palo seguía ganando terreno. Me levanté para verlo más de cerca.
Pablo dio un arreón más, y victorioso dijo:
- Muy bien, nena. Mira, ahora sí te la he clavado entera.
Efectivamente, le había clavado todo, hasta el fondo, en esa postura.
Coral se sonreía con una risa nerviosa. Estaba claro que le gustaba, pero le dolía.
La tuvo enterrada un buen rato, dejando que dilatara, sin dejar de comerle los pies y sobarle el coño y tetitas.
Como a una muñeca, cogiéndola por debajo y sin desclavársela, la desplazó a un lado, dejándole la cabeza fuera.
Pablo me hizo un gesto con la cabeza diciendo:
- Métesela bien en la boca que te la va a levantar, y no quiero que grite mucho, que ya es muy tarde.
Mi niña fue obediente, y abriendo la boca le metí mi polla flácida en ella. Le entraba toda sin problema, y ella puso empeño en comérmela en esa difícil postura.
- Nene, métesela bien. Que no grite.
Agarré a Coral la cabeza y se la metí bien. Miré a Pablo. Le levantó las piernas juntándoselas con las manos y empezó a bombear, sacándola y metiéndola entera.
Coral empezó a gemir y sollozar. Yo le taponaba la boca con mi polla. Le daba duro, muy duro. Mi polla se recuperaba ante la escena y la boca de mi niña, que ya desbocada metió una mano entre sus piernas. Con la otra se pellizcaba los pezones.
Pablo, al ver su gesto, dijo:
- Biennnn, así, así, córrete mientras te reviento el culo, putaaaa.
Y clavándosela de nuevo con extrema violencia, empezó a convulsionarse inundando el interior del intestino de mi dulce niña, que al notarlo se fundió en un terrible orgasmo, apartando su cara de mi polla y temblando y gritando:
- CABRÓNNN, JODERRRR, ME MUEROOOO, DIOOOSSSSS QUÉ GUSTOOO.
Pablo, abriendo sus piernas, cayó encima de ella, aún clavado, sin sacársela. Yo me retiré con la polla como una piedra de nuevo.
Coral agarró a Pablo del pelo y, girándole la cabeza, le buscó la boca con ansia.
Había sido el mejor orgasmo de la vida de mi querida novia sin ninguna duda, y estaba agradecida. Él le devolvió el largo beso, y apartándose de su boca le dijo:
- Tranquila, putita, aún no se me ha pasado el efecto de la viagra, y aún me queda algo de leche.
Coral sonrió, aunque sinceramente, su cara era de estar echa polvo ya. Quise ver la salida del titan y si verdaderamente seguía empalmado poniéndome al lado de él.
Efectivamente, seguía igual de dura y grande. Con cuidado se la fue sacando. Al desclavarse, cayeron al suelo restos de semen, aceite y otras cosas. El empalamiento fue muy profundo. El ojo del culo de mi novia estaba en carne viva y con un diámetro escandaloso.
Pablo cogió un papel y se limpió un poco, y agarrando a Coral del pelo le dijo:
- No te doy una ostia porque te estás portando, pero ¿qué tienes que hacer siempre?
Mi nena se arrodilló y empezó de nuevo a comérsela. Coral ya era una autómata, estaba agotada. Él controlaba la mamada moviéndole la cabeza, hasta que ayudándola a levantarse le dijo:
- Te corres otra vez conmigo y te dejo descansar.
Le comió la boca y, sin dejar de besarla, la levantó en vilo, y de pie se la clavó por el coño. Mi novia, al metérsela, no pudo evitar retirar la boca para alzar la cabeza con gesto de placer y dolor a la vez, a lo que Pablo contestó con un sonoro y fuerte manotazo en el culo que Coral entendió perfectamente, buscándole los labios con su lengua de nuevo.
La bombeaba duro, moviéndola como si no pesara. Mi chica empezaba de nuevo a coger temperatura, ya que él se encargaba de que en cada subida y bajada, además de abrirla bien en canal, le rozara bien el clítoris con el pubis de él. Pero el taxista, temiendo correrse antes que ella y dejarla sin disfrutar este último orgasmo, me dijo:
- Vamos cabrón, que no tienes sangre ahí pajeándote. Clávasela por detrás y dale duro, vaaaamos.
Me puse detrás de mi niña y como pude se la clavé.
Notaba la holgura aún de su culo, pero notaba más aún el roce en la paredes internas del pollón de Pablo.
Coral se iba a correr al notarme a mí en su culito. Mi polla resbalaba y con la fricción seguía cayendo leche del cerdo de Pablo.
De pronto, se la clavó con fuerza y bramando como un toro empezó a correrse en el interior del precioso coño de mi novia. Con la maniobra, yo le seguí, clavándome como pude hasta dentro y vaciando mis huevos también, y Coral se derrumbó en los brazos de pablo sufriendo también un corto pero intenso orgasmo.
La ayudó a ponerse en el suelo. Se le doblaron las piernas, cayendo de rodillas ante él, que aprovechando agarró el nabo y se lo dio a limpiar, cosa que mi chica hizo con desgana, pero con interés para no recibir castigo.
Yo me fui al baño a lavarme. Hice que cerraba la puerta, pero dejé una rendija. No me quería perder si pasaba algo. Me lavé rápido y me puse a mirar sin ser visto.
Coral seguía mamándole la polla, que ya estaba morcillona menguando. Él la apartó de su nabo y la besó en los labios tiernamente.
La ayudó a levantarse y, abrazándola por detrás, empezó a besarle el cuello y las orejas. Ella se dejaba hacer, cerrando los ojos. El taxista empezó a susurrarle:
- Te has portado muy bien, nena, me has dado mucho gusto. Eres una zorrita muy rica y caliente, y sabes que solo conmigo te vas a poder correr así tantas veces y tan rico. Me voy a quedar a dormir aquí con vosotros, por si me apetece follarte luego, pero ahora ya no quiero que sea por tu promesa, que ya la has cumplido, estás liberada de ella, ahora tiene que ser porque tú quieras, por de lo zorra y puta que eres quieras que me queda para follarte si me apetece.
Un escalofrió recorrió mi espalda. El cabrón quería seducirla más allá del deseo ya consumado. Eran la 1 de la mañana y llevábamos tres horas de sexo desenfrenado y entrega que le habíamos dado, sobre todo mi novia.
A mí se me había pasado ya el calentón, estaba cansado y me apetecía intimidad y tranquilidad con mi novia, abrazarla y quererla, descansando solos.
Esto me sobrepasaba. Pensé en salir y cortar el rollo, pero creo que mis cuernos me pesaron más, y esperé a la reacción de Coral, que girándose y apoyando sus manos en el pecho peludo y sudoroso del taxista, que la tenía abrazada, le dijo con cara de niña buena:
- Vale, pero le dices a Manu que aún no está cumplida la promesa y que por eso te quedas, y que además duermes conmigo en la cama y él aquí en el sofá.
Me quedé de piedra. Mi niña, mi amor, quería más sexo, y además quería a solas.
Una sensación terrible me invadió, pero inconscientemente mi polla se despertaba. Que sea lo que Dios quiera, pensé.
Y salí del baño cambiando el gesto y tratando de estar por encima de la situación diciendo:
- Bueno Pablo, ya es muy tarde, por mí, si te quieres quedar, no hay problema. Yo ya estoy molido, e igual tenéis más ganas de jaleo vosotros. Yo me quedo aquí en el sofá, e iros a la cama si queréis.
Los descuadré completamente. Noté cómo se miraron y él fue también directo y práctico:
- Pues sí, chiqui, me voy a quedar, que aún aquí tu zorra no me ha dejado del todo satisfecho, y una promesa es una promesa. Venga, tira para la ducha, nos damos un agua y a la cama.
Y dándole un azote en el culo, Coral de acercó a mí y me dio un pico y un abrazo, diciéndome al oído: "Gracias mi amor, te quiero".
Se ducharon juntos. Pablo se metió en la habitación y Coral entornó la puerta dejando una rendija y guiñándome un ojo.
No conseguía quedarme dormido. Me levanté sigiloso y miré en la habitación.
Estaban dormidos. Pablo tumbado boca arriba roncando y Coral encima de su brazo, acorrucada hacia su pecho, con una mano en su mejilla y la otra ¡agarrándole la polla!
Qué viciosa, pensé. Me tumbé de nuevo y caí en brazos de Morfeo.
Un gemido me despertó. Miré el reloj. Eran la 7 de la mañana...
Medio aturdido me levanté. Provenía de la habitación. Me acerqué con sigilo para mirar y ver qué estaba pasando.
Coral, despatarrada completamente, y Pablo con la cabeza metida en su entrepierna dándole una comida de infarto. Ella le sujetaba la cabeza apretándosela y le decía:
- Asiii, fuerte, fuerte, chupa fuerte, uffff... me corro otra vez, no pares por favor, sigueee, uhmmmm...
Coral se retorcía de gusto con la boca del cerdo de Pablo. Cuando mi novia terminó, él, dándole un manotazo en el muslo, se tumbó boca arriba con la polla como un mástil.
- Sube, nena, a ver cómo cabalgas en un rabo de verdad.
Mi chica se abrió de piernas, y colocando el pollón en la entrada de su coño, fue clavándose centímetro a centímetro hasta que comentó:
- No entra más, Pablo, en esta postura no me cabe más, la noto en el útero, me llena por completo, uhmmmm.
Pablo, mordiéndose el labio, le dio un manotazo en las tetitas y con su tono dominante dijo:
- Vamos zorra, cabalga.
La agarró de los muslos y empezó un frenético vaivén. Él alzaba la cadera para meterla más, y ella botaba hacia arriba al recibir el envite.
- Tócate zorra, quiero que te corras como la perra que eres.
Pablo la soltó. Mi niña ya había puesto la directa. Se movía desbocada, cabalgando sobre el palo mientras ella misma se pellizcaba un pezón con una mano y con la otra se frotaba el clítoris. El cabrón se dejó hacer poniendo sus manos en la nuca, como mirando el espectáculo.
- Dime qué te gusta, dime que me necesitas, que necesitas mi rabo.
Mi novia, desenfrenada en el mástil, gritó:
- FÓLLAME TODOS LOS DÍAS, RÓMPEME Y DAME ESTE GUSTO, DIOOOSSS, ME CORROOOO, AHHHH, SI, SII, SIIII.
Dando espasmos y temblando, cayó rendida en el pecho del taxista, que la abrazó y dándole un beso en la frente le dijo:
- Has puesto perdida la cama. Te corres como una puta de verdad. Venga, levántate y prepara un buen desayuno, que yo voy a dormir un ratito más, estos polvos matinales me agotan.
Coral, mirándole con carita de nena mala, dijo:
- ¿No quieres correrte? ¿no me vas a dar tu leche? Si me la das, me corro otra vez.
Dándole un azote en el culo:
- Pero qué zorra estás hecha. Venga, tira a lo que te he dicho, no me gusta correrme tan pronto, y hazle una paja a tu novio para que se quede a gusto, que ahí le tienes de mirón escondido.
Me dio vergüenza saber que él sabía que estaba de mirón, pero tenía razón, mi polla pedía guerra.
Coral se puso de pie, dando un beso y un lametón en la polla a Pablo. Él se quedó tumbado en la cama, y cuando Coral abrió la puerta, ahí estaba yo con la polla en la mano.
Mi chica me dio un morreo de infarto y, cogiéndome de la polla, me llevó hacia el sofá, pero antes de llegar, Pablo gritó:
- Eh vosotros, mejor venid aquí, que la zorra de tu novia sigue caliente y quiero que siga así. Vente aquí a hacerle la paja. No quiero que la zorra te folle.
Entramos a la habitación. Me puse de cara a Pablo en la cama. Coral se colocó detrás mío.
Me chupaba la oreja y el cuello por detrás y empezó a pajearme. Pasé mis manos hacia atrás para tocarla, pero de nuevo Pablo organizó:
- Quietecito o te quedas sin paja. Las manitas donde las pueda yo ver, que esta zorrita se corre con nada.
Puse mis manos encima de mis muslos, impasible. Mi chica, comiéndome la oreja, sus manitas pajeándome, y el cerdo mirando. Fue insoportable y en menos de dos minutos escupí mi leche, que cayó al suelo en forma de cuajarones. Casi se me doblan las piernas del gusto.
- Hay que joderse... Si es que los jóvenes no valéis para nada. Venga, prepara un buen desayuno con todo, sorpréndeme zorrita, avísame cuando esté.
Pablo se quedó tumbado, girándose en la cama. Coral y yo salimos, cerrando la puerta. Nada más salir, mi niña se giró y buscó mi boca.
- Joder nena, cómo estás de caliente ¿no? Con la follada que te acabas de pegar con el mamón este...
- Sí mi amor, uffff, no sé que me pasa que necesito correrme más, y me he corrido 4 veces ahora mismo, pero comerte a ti mientras te la tocaba y que Pablo lo estuviera viendo me ha puesto que ufff.
Estaba salidísima. Se puso de rodillas y me empezó a comer con ansia.
- Te la pongo dura y me follas tú, por favor, que necesito que me folles como tú sabes, mi vida.
Mamaba con mucho interés, pero yo no soy de los que se recupera pronto y, la verdad, la paja de hacía unos minutos me dio un gusto enorme. Mi polla no reaccionaba.
- Mi amor, no puedo, no se me pone, esperamos un rato y lo intentamos otra vez.
Resignada, Coral de levantó, me besó con pasión y me dijo:
- Ven, ayúdame, que vamos a hacer un buen desayuno para que te recuperes. Pablo igual no se levanta ya hasta mediodía. Que por mucho macho que se crea, es mayor ya y tendrá que recuperarse de la mierda esa que se tomó ayer.
Me sorprendió con la rotundidad que habló. Cogió mi camiseta de tirantes y se la puso.
La verdad es que el cabrón del taxista tenía razón. Le llegaba justo a la altura de su rajita de niña pequeña, por detrás se le veía la raja del culito y sus tetitas se marcaban o se salían cada vez que se movía. Era hipnotizante mirarla.
Nos pusimos manos a la obra. Durante la elaboración nos olvidamos de todo, estuvimos como siempre. Preparamos un copioso desayuno estilo inglés con huevos, bacon, pan tostado, zumo de naranja. Le echamos bastante rato, casi una hora y media. Pusimos todo en la mesa. Yo me senté y Coral se fue a la cocina a por las servilletas.
- Aviso a pablo, (le dije.)
- No, déjale que duerma, a ver si ni se despierta y me follas tú un poquito, please.
La sonreí, me gustaba que quisiera que yo la follara mientras el otro dormía.
Comimos muy bien, dejando desayuno para Pablo.
Recogimos algunos cacharros y, al dejarlos en la pila, mi Coral me agarró la polla y empezó a besarme.
- Venga, fóllame, necesito que me folles ya.
Toqué su coño, lo tenía empapado. Cogió mi mano y se la llevó a la boca para chupar sus jugos de mis dedos. Sin ninguna duda, esta ya era otra mujer, y eso me encantaba.
Se agachó de pie a comérmela de espaldas a la puerta. Mi polla se resistía a ponerse a tope, y Coral ponía el máximo interés y además se tocaba.
Un escalofrió recorrió mi espalda cuando se abrió el dormitorio y apareció Pablo.
Con un gesto, me dijo que me callara. Se acercó con sigilo. Mi polla reaccionó endureciéndose por fin. Y mi chica, sacándosela de la boca, dijo:
- Ahora sí, mi amor, ahora ya está durita, ¿me vas a follar antes de que se despierte el cerdo de Pablo?
Me bloqueé. No sabía cómo reaccionar. Ella se la volvió a meter en la boca.
Pablo, con gestos claros y sin emitir sonido, me dijo:
- Que siga mamando. Ponle los brazos atrás.
Así lo hice. La cogí de los brazos y se los crucé por detrás. Ella, al ver la jugada, colaboraba con el juego.
El taxista trajo un rollo de cinta, y con mucho sigilo me lo dio.
- Átale las manos.
Con cierta dificultad y la colaboración de Coral, le até las manos a la espalda.
Pablo, con un nuevo gesto vocal, dijo:
- Agárrala fuerte.
Agarré su cabeza. Ella, sacándosela de nuevo, me dijo:
- ¿Vas a ser malo conmigo, Manu? ¿me vas a castigar?
Se la volví a meter en la boca hasta el fondo, sujetándola.
Pablo se puso de rodillas detrás de ella, posó sus manazas en el culo de mi novia. Se lo abrió y metió su boca en él.
Coral dio un respingo del susto. Yo la sujeté con fuerza, y al notar la lengua húmeda y grande del taxista, no pudo más y gimió como una perra.
Pablo se recreó comiéndole el culo a conciencia. Coral se corría de nuevo con la boca del cerdo en su ano, que usaba sus dedos para abrírselo y meterle más adentro la lengua.
Pablo se puso de pie, tenía la polla a tope. Cogió con la mano un pegote de mantequilla y se lo metió a Coral en el culo, metiéndole los dedos sin piedad. Ya no me la mamaba, solo la tenía en su boca, expectante a la embestida.
Pablo, apuntando el nardo al culito estrecho de mi niña, dijo:
- Así que soy un cerdo ¿no? Aquí la única cerda que hay es la puta de tu novia, chaval, y le voy a reventar el culo por zorra caliente. Agárrala.
El cabrón cogió de las caderas a Coral y se la empezó a enterrar dándole duro. Mi chica se levantó un poco, abrazada a mí, aguantando la embestida. Yo la abracé. Su expresión era de dolor. Solo cortos y profundos AH AH AH se le escapaban a cada golpe de rabo.
Quise buscar sus ojos para ver si hacía yo algo, pero vi placer también en ellos.
Pablo se la enterró entera y empezó a darle con violencia.
- Joder, qué culo más estrecho, cómo me gusta tu zorra.
La sujetaba fuerte de los brazos por detrás, para manejarla a su antojo.
El dolor inicial se pasaba. Coral reculó hacia atrás y se metió mi polla en la boca.
No lo aguanté. Al metérsela, me corrí sin querer. Ella tragó lo que pudo.
Me retiré y Pablo la apoyó en la encimera. Metió su mano por debajo y agarró el chochito de mi niña con violencia. Coral se derretía de nuevo, y con la corrida se le doblaban las piernas.
Pablo dio dos pollazos hasta lo más profundo y gritó:
- TOMA LECHE, ZORRA, QUE SOLO QUIERES POLLA Y MÁS POLLA.
Y se vacío dentro del culito de mi chica.
No hizo falta recordar nada. Él sacó la polla llena de leche del coño híper dilatado de mi novia, y ella se tiró al suelo a limpiársela como la había enseñado.
Tras acabar, la desató, y con cariño la besó en la frente.
Coral y yo nos duchamos mientras Pablo desayunaba. No dijimos nada ninguno.
Al salir, nos sentamos con él y nos dijo:
- Bueno nenes, yo me voy ya en un rato. Me ha encantado conoceros. Tú, nene, a ver si te espabilas, o algún payaso te roba al bombón, y tú, nena, valora a tu novio, que no vas a encontrar un chaval tan majo y que te quiera como éste. Cuando necesitéis en taxi, ya tenéis mi teléfono, me llamáis a mí, y si necesitáis otras cositas, también.
Nos despedimos cordialmente de él, yo con un abrazo y Coral también.
Las vacaciones siguieron, ya nosotros solos disfrutando como nunca en todos los sentidos.
¿Llamaríamos alguna vez a un taxi?
1 comentarios - La realidad superó nuestra ficción parte 2 (relato cornudo)