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Ana, Luz y yo 3

Me escribió preguntando la hora a la que tenía que ir a mí casa, acordamos que sea tipo 3, yo quería invitarla desde temprano y que almorcemos juntos, pero ella ya tenía un asado planeado con su familia y debía asistir. Le dije que iba a pasar a buscarla, pero prefirió que no “me tomo un Uber, no te hagas problema. Espérame en tu casa”, vino con helado y gaseosa, ahora si es un domingo de pelis, me dijo.
Venía vestida con una calza corta y una musculosa, mucho más sencilla que el otro día, pero aún así, seguía siendo tremendamente sexy, y más porque la calza tenía el calce perfecto de esas que levantan las nalgas y muestran prácticamente como quedan las tangas, impresionante.
Mientras preparábamos todo, algún que otro beso se nos escapaba, a ambos nos estaba gustando todo esto. Nos acomodamos en el sillón y prendí el aire, para tratar de que me pida una sabanita y nos traemos, acurrucados.
No tardó mucho en llegar algún que otro beso, y seguíamos viendo la película, al rato lo mismo. La tenía abrazada y mí mano se apoyó en sus nalgas, sonrió lejos de molestarle, con su cabeza apoyada en mí pecho. 15 minutos más de película bastaron, para que gire su cabeza y busqué mí boca, ahora sí, inundandonos en un beso más profundo, más cercano ya tenía tintes sexuales, y Luz, para no dejar nada a la libre interpretación, me agarró la verga por sobre el short. El beso se volvía cada vez más caliente y el toqueteo le esquivaba a lo furtivo, en el momento que decidió sacar de sobre nuestros cuerpos la sabana, se subió encima de mí, mientras una de mis manos buscaba desesperadamente tocar sus pechos y la otra, como si tuviera mente propia no se despegaba de sus nalgas.
Entre besos se sacó la musculosa y yo ayude con su corpiño, bese sus pechos, mientras ella con ambas manos me sujetaba la nuca para que no escape de ese lugar. Me alejo y se paró entre mis piernas “sacate la remera” ordenó, al terminar de hacerlo vi que ella ya se había sacado la calza y estaba aprontandose para hacer lo mismo con mí short y boxer, ayude moviéndome un poco, se arrodilló y acercó mí verga a su cara, dando pequeños golpecitos en ella, para después empezar con un trabajo oral, exquisito.
Me incorporé un poco para verle el culo, y fue una excelente decisión, tanga roja, solo se veía el triángulo al terminar su cola. Agarre sus pelos y al contrario de su madre, a ella si le gustaba, me miró, escupió mí verga por última vez y se incorporó, trepando por mí cuerpo para sentarse arriba, corrió su tanga y se escuchó un Aaaaah… ella la necesitaba, quería sentirme adentro suyo y yo no me iba a poner, poco a poco fue aumentando el ritmo pero nada desesperado, como sintiendo que aunque fuera despacio, mí verga tocaba todo su interior. Toque su cola y se sentía todo mojado, su ano parecía pedir que por favor me introduzca en el también, empecé a acariciarlo por fuera masajeando en círculo y de arriba abajo, escupí mí dedo y al parecer se dio cuenta de mí intención.

La: Seguí jugando como lo hacías, pero no me metas el dedo, tengo la cola virgen todavía.

Ustedes ya saben, lo que significa que le digan eso a un hombre, mí calentura era demasiada y se dio cuenta.

L:¿Te calienta saber eso? Me dijo al oído.
Yo: No te imaginas cuánto, nena.
L: Si soy una nena, por eso tengo la colita virgen. Pero bueno, si te portas bien, capaz algún día sea tuya.
Yo: No me digas esas cosas, me vas a hacer acabar.
L: Me encanta decírtelo, me calienta mucho. Yo también quiero acabar.
Yo: Acaba vos primero nena, Acabame toda la verga.
L: No doy más, ya viene, ya viene. No sé cómo voy a soportar terrible verga en la cola, no voy a poder mí amor.
Yo: Si soy tu amor, te vas a tener que entregar completamente a mí.
L: Si, si lo voy a hacer mí amor, ahí viene, ahí viene. Aaaaaahhhhh
Yo: Ahora me toca a mí

Separe un poco su cuerpo del mío, levantándola de las nalgas, para darme un poco de espacio y poder bombearla, le di y le di, el sonido de mí cuerpo chocando con sus nalgas carnosas, era demasiado excitante. Ella volvió a gemir rápido apoyando su frente contra la mía “Si seguís así, voy a acabar de nuevo”, yo estaba al límite no aguantaba más, pero si la hacía acabar de nuevo, sería una cogida sublime. Logro acabar de nuevo y me pidió “Por favor acaba, no aguanto más” esas palabras fueron la llave que necesitaban mis huevos para descargarse, salió de encima mío acercándose a mis rodillas, aún sentada sobre mí. Algo de leche fue a su abdomen y pechos, otra parte cayó sobre mi, y al terminar cayó rendida sobre mí, no nos importaba, estar sucios solo necesitábamos recuperar el aliento, traje algo de papel para limpiarnos y nos quedamos así, yo desnudo y ella en tanga.

L: Te molesta si me ducho ?
Yo: Para nada, yo pensaba hacer lo mismo. Ahora te traigo una toalla

Entró a la ducha mientras yo buscaba una toalla, golpee la puerta y me dijo que pase, estaba casi de frente a mí bajo el agua con las manos en su cuello y los codos tapando un poco sus pezones, aún con su tanga puesta y subió los elásticos de los costados por encima de los huesos de la cadera, hacían que su figura se luzca más aún. Deje la toalla cerca de ella y me di vuelta, aunque tenía demasiadas ganas de quedarme y admirarla tal vez la incomodaba, di dos o tres pasos y escuché un “¿No venís a ducharte?” en esa fracción de segundo antes de darme vuelta, fueron incontables las veces que le agradecí a Dios. Al girarme, ella estaba de espalda mirándome por sobre su hombro y apuntando el culo hacia mí, terriblemente entangado.

Yo: Si me invitas, claro que quiero ducharme.
L: No hace falta que te invite, es tu casa. Podes hacer lo que vos quieras.
Yo: Lo que yo quiera ? Segura ?
L: Obvio.

Giro su rostro y no me miró más aunque seguía de espalda hacia mí, la invitación era clara y no la iba a desaprovechar. Entre a la ducha y apoye mí cuerpo contra ella, acaricié sus hombros y brazos, hasta llegar a sus manos, intento ser algo romántico lo juro, pero todos tenemos una parte más salvaje también, o al menos su mayoría y si hubieran visto lo mismo que yo no sé cuántos se resistirian.
Agarre sus manos y las apoye en la pared casi a la altura de su frente, baje desde sus manos a sus hombros, continúe por el costado de su cuerpo, seguí por el abdomen y subí a sus pechos, los masajee, apreté y jugué con sus pezones suavemente. Después mientras que una de mis manos seguía apretando suave uno de sus pechos, la otra bajo hasta su concha, evadiendo su tanga para poder mimar su clítoris y labios, bajo una de sus manos para agarrar la mía, que tenía en la vagina. Rápidamente se la volví a subir, junto a la otra “Si sacas las manos de la pared, perdes. Y el juego de termina” me miró y asintió. Continúe con lo mismo, pero cada vez apretaba más fuerte sus pechos y acariciaba su vagina, escuchaba unos suspiros tenues, la corrí de abajo de la regadera pero que siga en la misma posición.

Me arrodille, su culo quedó a la misma altura que mí cara, despacio fui sacando su tanga que lentamente parecía irse destrabando de lo más profundo de sus nalgas, la nalguee y desde abajo le separé las nalgas, por primera vez tenía su ano a la vista, le pase la lengua y lo chupe por un rato, ella gemía y apoyó el rostro de costado sobre sus manos, me deleite con el y la verga me dolía de tan dura que estaba. Me levanté y apoye mí mano izquierda sobre su cara, con la otra hice que se quede bien empinada y ayude a mí verga a buscar su concha, que cuando encontró la entrada no tardó en estar completamente adentro, mí mano derecha había quedado libre así que afirme su cadera en la posición que necesitaba que se quede, y sin tener piedad empecé un mete y saca bastante duro, el baño se inundó de sonidos de todo tipo, el agua de la ducha, mí pelvis chocando con sus nalgas, el agua que se juntaba entre sus nalgas y mí cuerpo que con cada embestida salía disparada, algunas nalgadas y su gemido cada vez más fuerte. Saque la verga y la apoye en su cola para acabar, la dejé completamente bañada en leche, mientras recuperamos el aliento ella no podía despegar su cara de sus manos, diciéndome que le temblaban las piernas, se dio vuelta y apoyada en la pared estiró sus brazos para que la abrace.

L: que cogida que me pegaste, te sacaste las ganas, no puedo más.
Yo: Tenía unas ganas terribles de agarrarte así.
L: Espero que no sea la última vez.

Cómo pudimos terminamos de secarnos y cambiarnos, ya se había hecho tarde así que pedí algo para comer y luego la lleve a su casa, me comió la boca antes de bajar del auto y me dijo “Debo ser una pendeja boluda para vos, pero no me despedí y ya te estoy extrañando”. Quédate tranquila que pasa lo mismo, respondí. En la semana nos vemos.

Pasó un rato y me escribió para darme las buenas noches y sorprendido gratamente por lo que acompañaba su despedida. Una foto de ella en tanga mostrándome su hermosa cola “Es la primera vez que mando una foto así, espero que te guste. Me dejaste loca, no sé si me voy a poder levantar mañana”. Me enloqueces pendeja, respondí, espero que te recuperes bien para nuestra próxima cita.

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