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Compendio II


😅

¡Hola a todos!

Hace tiempo que quería escribir, pero hay tanto que contar que les pido paciencia.

XD

¿Por dónde empiezo?

Bueno, primero celebramos nuestro 12° aniversario de bodas (¡Yay!) y mi cumpleaños número 31 (¡Aww!), pero no pudimos festejarlo ese día.

Este año, mi cumpleaños/aniversario cayó en viernes, pero también coincidió con un evento importante para nosotros.

😮

Bastián, mi hijastro, por fin entró al equipo de natación de su escuela.

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Su mamá y yo queremos a nuestros hijos como si todos fueran nuestros.

Bastián es igual que mi esposo: calladito, pensativo, de buen corazón y extrañamente popular con las niñas (su mamá dice que ahora son siete compañeras de curso …y dos nadadoras mayores las que no lo dejan en paz XD).

😂

Así que me enorgulleció mucho cuando la entrenadora le dio un puesto oficial en el equipo.

Mi hijastro había entrenado duro por dos años, así que todos estábamos contentos por él.

Y bueno, nuestro valiente niño le pidió a su padre una carrera, igual que hizo mi esposo frente a él hace dos años.

😤

Obviamente, mi marido aceptó.

XD

Todas las mamás de la asociación de padres se agolparon junto a la piscina.

No lo habían visto en dos años, así que cuando se quitó la camiseta...

0.0

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Juro que casi se les salen los ojos de las órbitas...

😋

O sea, yo duermo con él todas las noches y es tan musculoso, enorme, increíble...

Bueno, bueno. Volviendo a la historia…

XD

Cuando comenzó la carrera, mi marido notó que mi hijastro nadaba lo más rápido que podía. Así que se detuvo, agarró sus gafas para nadar y se las lanzó a su hijo para hacerlo parar.

😕

Bastián parecía un cachorro confundido, pero mi esposo le ladró la lección, explicando que esta no era ese tipo de carrera.

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Era una "carrera de resistencia".

😮

Le dijo que no le importaba si era el nadador más rápido del equipo o no...

(Algo que enfureció a la estricta entrenadora hindú, que cruzó los brazos)

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... porque él siempre estaría orgulloso de su hijo, sino que se trataba de que cumpliera las metas que se había fijado.

😍

Mi esposo le contó que, dos años atrás, cuando Bastián lo vio nadar por primera vez en la piscina olímpica de su escuela, su papá le había prometido que nadaría un kilómetro entero.

En ese entonces, mi marido no estaba tan en forma como ahora.

😕

Pero le había dado su palabra a su hijo, así que, a pesar de los calambres en las piernas, el agotamiento y sentir su cuerpo pesado como plomo, siguió hasta terminarlo.

😆

Me sentí orgullosa. Mi mejor amigo es un hombre de carácter. Y reiniciaron la carrera.

Le dijo a Bastián que no tenía que nadar un kilómetro entero, solo esforzarse al máximo.

Nuestro pequeño pececito nadó siete vueltas antes de colapsar exhausto, pero su padre, una vez más, cumplió su palabra.

Aun así, como buen papá, lo felicitó por dar su mejor esfuerzo, despeinándole el pelo.

😂

Pero eso no fue todo lo que pasó estas vacaciones de verano.

Me di cuenta de que nuestra pequeña Alicia veía anime sin subtítulos.

😳

Le pregunté y me dijo que no los necesitaba.

Dijo que era súper divertido tener un lenguaje secreto entre nosotras, "mamá e hija".

Así que se lo conté a mi esposo...

😏

Y al día siguiente, él le pregunta a Alicia si lo que me dijo era cierto.

Como prueba, mi mejor amigo le pidió a Alicia que dijera "¡Te quiero, papá!" en japonés.

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Pero nuestra Alicia, siendo nuestro pequeño manojo de alegría, no solo dijo que amaba a su papá, sino también a su mamá, sus hermanos, e incluso a Harold (nuestro cerezo) y Bob (el pájaro anidado en Harold).

😂

Entonces mi esposo me miró y dijo: "¿Quieres ir a Japón?", como si me preguntara si quería café en el desayuno.

0_0

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Me dijo que no habíamos estado en Japón en una década y que nuestros hijos ya tenían edad para comer okonomiyaki (que fue la razón principal por la que él fue a Japón la primera vez).

Pero también dijo que sentía haber pasado tanto tiempo con esa chica, Kat, ayudando a domar a su tremendo perrazo, Titan, así que quería compensarnos.

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XD

En resumen (quizás un poco tarde... XD), llegamos a Tokio, compramos ropa, visitamos Akihabara (a nuestras tres niñas les encantó tanto como a nosotros) ...

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(¡Ah! Y también, para no estresar a nuestra Alicia mágica, le dijo que, si podía ayudarnos para hablar, bien. Pero si no podía, pues nosotros nos la arreglábamos, ya fuera conmigo hablando o él, usando traductores digitales. Así que súper 😉)

Yo pensé que nos quedaríamos en Tokio. Eso lo habría hecho el viaje perfecto para mí.

🤔

Pero mi esposo, como siempre, tuvo otra gran sorpresa...
:o

¡Iríamos a Osaka en un viaje por carretera para bañarnos en un onsen!

😵 😲

Me quedé... boquiabierta.

Hace años, eso hubiera sido imposible.

XD

Lo gracioso fue que mi mejor amigo creyó que tardaríamos dos días en llegar, pero en realidad llegamos en seis horas.

Pero visitamos templos, comimos comida deliciosa (mi marido aprendió nuevas recetas 0o0), leímos mucho manga y vimos montones de anime.

Y bueno, llegamos a la razón por la que estoy escribiendo esto...

😕

Osaka era hermosa de noche.

No con el frenético pulso de neón de Tokio, sino con algo más cálido, más suave.

Las niñas se durmieron casi al instante después de un día de templos y comida callejera, sus futones ordenados en su habitación.

Mi esposo se estiró sobre el tatami, los músculos de sus hombros flexionándose bajo el yukata mientras ajustaba la delgada almohada.

Entonces lo noté de nuevo: ese dolor punzante en los dedos de mis pies.

😕

O sea, conozco mis rarezas.

La forma en que tarareo al limpiar la casa a solas, cómo reorganizo obsesivamente los mangas por color cuando estoy súper nerviosa y (lo más vergonzoso) que mis piernas se convierten en bolas de demolición inquietas en cuanto me duermo demasiado tensa.

😰

Mi esposo lo ha soportado por años: los moretones a medianoche, los gritos sorprendidos cuando mi pie golpea sus costillas, su suspiro resignado antes de jalarme contra él diciendo:

“¡Solo duérmete, Ruiseñor!”

😔

¿Pero esto? Esto era nuevo.

No sentía dolor en los dedos desde aquella patada desastrosa contra la pared cuando era chica.

Y si yo lo sentía, mi esposo...

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😟

Intenté disimular, aflojando mi yukata lo suficiente para que la tela se deslizara de un hombro y tratar de verme sexy.

La seda se atascó en mi codo, dejándola colgar ahí, consciente de cómo la luz de la linterna de papel atravesó el material delgado.

La mirada de mi amor bajó (solo un segundo) antes de que su rostro adoptara una expresión exasperantemente neutra.

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😑

Me estiré, arqueando la espalda contra el tatami, y mis nudillos se volvieron blancos cuando agarré su rodilla.

"Amor, ¿Puedo consultarte algo?" Le dije en un tono seductor.

XD

Normalmente, me burlaría de su formalidad.

Como cuando él pregunta "¿Puedo besarte?" cuando llego del colegio, o "¿Me permites?" antes de desabotonarme al desvestirme...

😍

Pero ahí, arrodillada en el silencioso ryokan del onsen con el pulso acelerado, lo entendí.

La cortesía no es debilidad; es su armadura contra el miedo para cruzar líneas de las que no te puedes echar atrás.

"¡Claro, Marisol! ¿Qué te preocupa?" Su voz sonó grave, áspera por el cansancio, pero atenta: como siempre cuando detecta mis nervios.

😊

El yukata se le entreabría en su pecho de superhéroe al inclinarse, revelando esos abdominales que me hacen babear...

🤤

Pero ese no era momento para pensar en eso.

¿O sí?

🤔

Intenté concentrarme en el reflejo parpadeante de la linterna sobre las aguas del onsen tras la ventana, pero mis dedos latían súper tensos.

"¿Te estoy pateando otra vez dormida?" Las palabras salieron antes de poder detenerlas.

😰

O sea, estábamos en un hotel hermoso en Osaka, con vista y todo.

De esos donde el tatami huele a paja calentada por el sol y las puertas corredizas dan a un onsen privado rodeado de piedras.

Y mi cuerpo, una vez más, se volvía loco al dormir.

😣

Me sentí fatal.

😕

Él solo... me sonrió.

Esa sonrisa lenta y cómplice donde un lado de su boca se eleva más que el otro, la que hacía temblar mis rodillas cuando éramos pololos.

😍

La luz de la linterna iluminó la cicatriz sobre su ceja (esa que se hizo al rescatar a ese gatito cuando limpiábamos las canaletas de nuestra primera casa) mientras me confirmaba:

"Sí, lo haces."

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😳

Mis mejillas ardían más que las linternas exteriores.

"¿O sea que... te pateé? ¿Repetidamente? ¿En este ryokan hermoso?" Mis dedos se enredaron en la seda del yukata. "¡Dios! ¡Arruiné nuestra primera noche en Osaka!"

😵

Sentí mi labio temblar.

De todos los momentos para que mis estúpidas piernas me traicionaran...

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😭

Cuando por fin teníamos unas vacaciones reales, cuando las niñas dormían en la habitación del lado, cuando se suponía que haríamos el amor en un momento poético bañado de luz de linternas...

Mis piernas traidoras decidieron convertirse en molinos de viento.

😩

"¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste?" Hice un puchero, ajustándome el yukata como si pudiera esconder mi vergüenza ardiente.

La luz parpadeante iluminó el rostro de mi amor, resaltando las arruguitas divertidas en sus ojos.

"Bueno, porque ya estoy acostumbrado." Se encogió de hombros.

🤷

Un encogimiento real, normal.

"Te pones 'pateadora' cuando estás demasiado emocionada." me dijo, alisando un mechón de mi pelito detrás de la oreja. Sus dedos me hicieron cariñito en mi mejilla candente. "Y este viaje te tiene pateando como si fueras Messi."

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😊

Me puse colorada.

Como cada vez que me mira con esos ojitos lindos.

😍

Los que todavía hacen que mi estómago se dé volteretas como si fuéramos solo buenos amigos y vecinos.

Me convertía en un tomate con patas.

😊

Trece años juntos, y mi mejor amigo puede reducirme a un lío de nervios con una sola mirada en mis ojitos lindos de gata.

"Debes pensar que estoy defectuosa..." gemí, enterrando mi cara entre las manos.

😭

Las fibras del tatami pinchaban mis rodillas mientras me encogía chiquitita, súper consciente de cada patada nocturna que le había propinado al hombre que amo.

XD

Él solo se rió.

Esa risa profunda que nace en su pecho y vibra en mí como un diapasón.

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"¿Tú? ¿Con tus piernas turboalimentadas? ¡Esa es tu función especial secreta!" bromeó.

Un ataque de risa se me escapó antes de poder detenerlo.

😂

Jacintito se revolcó dormido, girándose sobre su pancita con un suspiro satisfecho desde la cuna.

El sonido me aterrizó, sacándome del borde de la espiral de nervios que tenía en la cabeza.

😕

"¿Por qué no me lo dijiste?" pregunté, entre ganas de ahorcarlo y de reírme histéricamente.

😰

Mis dedos apretaron la seda de mi yukata, imaginando papeles de divorcio con "MOTIVO: KÁRATE NOCTURNO EXCESIVO" en letras rojas, solo por arruinar nuestras vacaciones.

T.T

Pero no, él solo me sonrió y me calmó.

😇

"¡Marisol, me pateas dormida al menos cuatro veces al mes!" me dijo, tan casual como si hablara de la lluvia. "Especialmente cuando nuestras series favoritas terminan en suspenso."

Su pulgar acarició la parte trasera de mi rodilla donde asomaba un moretón desvanecido.

😦

Probablemente del final de “Attack on Titan” del año pasado.

😕

"¿Y te parece bien?" Mi voz se quebró mientras gesticulaba hacia sus piernas, dejando que el yukata resbalara más de mi hombro.

"¿Te pateo la espalda? ¿Las costillas? ¿Qué tan fuerte?"

😵

El espiral de nervios se aceleró: visiones de facturas hospitalarias y citas con el quiropráctico destellaban tras mis párpados.

ToT

"¡Me pateas mayormente en los tobillos!" dijo, girándose de lado para que la luz dorara su barbita incipiente. "Cuando estás muy, muy tensa… como cuando estás con estrés laboral… pateas más alto."

Sus dedos me hicieron cosquillas en mi rodilla... justo donde el yukata se había subido.

😈

"¿La temporada cuando tienes reuniones de apoderados? Pienso que sería fascinante que pudieras doblar la pierna de esa manera estando despierta." Su sonrisa era pícara.

XD

"¡Pero por eso me casé contigo!" La linterna atrapó el brillo de sus ojos al tomar mi pie inquieto, sus dedos rodeándome el arco. "¡Marisol, eres tan rara!"

😶

Tenía que decirlo.

Esa palabra que me hace hacer pucheros.

Pero su pulgar acarició mi pómulo antes de que replicara, deteniéndose en mi rubor.

😍

"¡Eres la única mujer que se emociona igual que yo al visitar Japón!" Me susurró con ese tono grave y paterno que me derrite la columna.

El que usa al prometerme cosas en el cuello a las 2 AM, o al sacarme de corregir exámenes para bailar en la cocina.

😆

"¡Te encanta el anime y el manga!" susurró entre besos, sus labios rozando la esquina de mi boca donde sentía una de mis lágrimas.

"¡Y no te quejas cuando te arrastro a ver cada película de superhéroes!" Sus dedos se enredaron en mi pelo, inclinando mi rostro hacia el suyo...

😘

Esa mirada. La que siempre me deshace.

"¡Lo más importante!" destacó, deslizando su pulgar bajo mi párpado para atrapar otra lágrima rebelde. "Es que nunca me juzgaste por necesitar volar doce horas solo para comer okonomiyaki."

😂

Me reí de eso.

Siempre ha sido así.

😆

Pero al verme aún triste y llorona, comenzamos a besarnos, acercándonos más.

Sus labios sabían a té verde que tomamos horas antes (un poquito amargo, pero tibiecito), anclándome con sus manos al deslizarse por mis muslos: sin presión, solo presencia.

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😚

El yukata se abrió por completo esa vez, arremolinándose en mi cintura mientras lo cabalgaba, pero por una vez en mi vida, el calor en mis mejillas no era vergüenza.

Más allá de los biombos de papel, el agua del onsen goteaba sobre piedras a un ritmo más antiguo que nosotros.

😩 😖

Sus labios encontraron los míos con la misma facilidad de siempre con la que saca un tomo de manga favorito de nuestro estante…

Sabiendo exactamente dónde demorarse, cómo saborear.

😩 😲

La seda del yukata resbaló de mis hombros por completo, acumulándose en mis caderas como el vapor del onsen exterior.

Sentí su corazón a través de la tela delgada de su propio yukata, rápido pero constante como un cronometro midiendo el espacio entre nuestros respiros.

😫 😖

Nuestro Jacinto dormía profundamente, su pechito infantil subiendo y bajando con el agotamiento típico de su edad.

Ni siquiera se agitó cuando las manos de su padre subieron por mis muslos desnudos bajo la seda.

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😘 😩

Las yemas callosas de mi amor recorrieron el interior de mi rodilla, ese punto sensible que había mapeado en doce años de matrimonio, y me estremecí con el aire fresco del invierno (Japón está en invierno… XD) que colaba por los shoji entreabiertos.

La luz de la linterna iluminó sus clavículas deliciosas mientras mis dedos se enredaban en su yukata, tirando hasta que el nudo cedió.

🤤

Pero entonces, volvió a golpearme: Pateo a mi esposo dormida.

ToT

"¡Pero te despierto!" Lloraba ahora un río, la voz apenas un suspiro mientras Jacinto se movía dormido.

La revelación de que mi cuerpo me traicionaba noche tras noche, que mi marido había soportado en silencio mis patadas durante una década, me apretó la garganta como un nudo.

😭

"Bueno..." respondió con una risita suave, su pulgar siguiendo el rastro de una lágrima. "¡Es casi tan divertido como cuando hablas dormida!"

0.0

"¿Yo... qué?" pregunté, casi ahogándome.

😵

Su risa vibró en mí al atraerme, el calor de su pecho traspasando la delgada seda entre nosotros.

"¡Sí, ruiseñor! Hablas de chocolate o dulces. Pero a veces…" su voz bajó a un suspiro, labios rozando mi oreja. "…dices lo que te preocupa."

T.T

"Hablas de las niñas o tu trabajo." susurró mi mejor amigo, sus labios rozando mi oreja mientras sus manos ascendían por mi espalda, deshaciendo nudos de tensión. "El año pasado, decías que extrañabas a tu mamá y hermanas. Por eso, terminamos viajando."

Su risa resonó contra mi clavícula.

😆

"Es prácticamente un programa nocturno. A diferencia de mí..." Mordisqueó juguetón mi hombro. "Que ronco como motosierra en un aserradero."

XD

Reí suavemente mientras imitaba sus propios ronquidos: un estruendo exagerado que hizo a Jacinto agitarse un momento antes de volver a dormirse.

Lo absurdo de nosotros me golpeó de nuevo: aquí estábamos en este ryokan perfecto, semidesnudos y susurrando sobre hábitos de sueño como adolescentes compartiendo secretos bajo las sábanas.

😍

"¿Qué debo hacer entonces? ¿Ir al médico?" pregunté, enrollando un hilo suelto de su yukata en mi dedo.

"¡Ojalá no lo hicieras!" Respondió con ese tono reflexivo que siempre me cortaba la respiración.

El que usaba al trazar constelaciones en mis hombros desnudos a medianoche.

💗
Sus dedos envolvieron mi tobillo inquieto, el pulgar presionando el arco justo ahí, de esa manera perfecta que me deshace.

"¡No me molesta! Nunca lo ha hecho. Y sé de dónde viene. Todas esas noches que pasaste despierta escuchando los pasos de los amigos de tu padre, tensándote como una gata furiosa y defendiendo a tus hermanas..."

😕

¡Dios, qué suerte tengo de haberme casado con mi mejor amigo!

😇

"Además, mi papá arrastra traumas militares que nunca superó." continuó mi amor, su pulgar todavía masajeando mi tobillo. "Ni las pastillas cambiaron su sueño. No creo que a ti te sirvan."

"Entonces... no hay muchas opciones."

😧

Mis dedos seguían retorciendo la seda de su yukata, ahora mojada con mi sudor nervioso.

Mi confesión quedó ahí entre nosotros: que mi cuerpo había registrado cada sombra de la infancia, cada miedo nocturno que creí haber superado.

😕

Pero mi mejor amigo no lo dijo como un chiste.

Lo dijo con ese brillo particular en sus ojos.

😍

El mismo que hacía que mis libros se cayeran de mi regazo cuando recién empezábamos a salir y él me ayudaba a estudiar para la universidad.

😉

Ya saben...

Cuando ambos creíamos que necesitábamos urgentemente un "descanso para estudiar".

😈

La luz de la linterna atrapó las canas en sus sienes al inclinarse, su aliento caliente en mi oreja.

"¿Sabes lo que dicen los estudios médicos sobre el síndrome de piernas inquietas?" Sus dedos trazaron la curva de mi cintura donde el yukata se había desatado. "El mejor tratamiento es actividad física vigorosa antes de dormir."

XD

Sí, se inventó esa frase cursi.

😏

Pero estábamos en Osaka y él estaba siendo muy convincente.

"¿Ah, sí?" Seguí el juego, aunque recordaba que cuando hacíamos mucho el amor, mis piernas se calmaban.

😈

"¡En serio!" Respondió con ese tono serio, inteligente y paternal que usa con las niñas. "Como dije, todo viene de tu ansiedad... así que la única forma de eliminarla es cansarte..."

Sus dedos subieron más por mi muslo, rozando la piel sensible donde la seda se había arremolinado.

;F

"¡Y estoy dispuesto a sacrificarme para agotarte de la mejor manera posible!"

"¡Tengo muchas ganas de eso!" Respondí, abrazándolo mientras comenzaba a desvestirlo.

XD

Aunque agradecía el viaje, tanto turismo, comida y tiempo con los niños no nos dejó momentos para intimar.

Llegábamos al hotel súper agotados.
😕

Pero ahora era más consciente de que nuestra vida sexual también era clave para mi estrés.

🤤

(¡Sí! Hacer el amor tres veces al día tiene ese efecto.)

😂

Así que empezamos a desnudarnos…

🤤

Mi esposo estaba súper delicioso: más atlético, músculos de superhéroe y esos ojos inteligentes que siempre me humedecían.

Pero yo también le atraía: mis pechos habían crecido, le encanta mi trasero (y a mí, el sexo anal como una puta XD).

😈

Empezamos a besarnos, sus labios devorándome con hambre posesiva.

Sus manos encontraron su lugar favorito (¡Mis pechos! XD), masajeándome a través de la seda del yukata.

😩 😖

El calor de su piel traspasaba la tela, y me arqueé contra él, mordiendo su labio hasta hacerlo gemir.

¡Sí, le vuelvo loco!

😫

El “cañón de carne” en mis manos se sentía enorme…

XD

No noté cuando su mano bajó a mi cintura...

Hasta que sus dedos presionaron justo ahí, a través de la seda húmeda, y mi visión se nubló por un segundo.

😵

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Doce años de matrimonio, y aún sabe exactamente cómo tocarme para derretirme.

Sus dedos hacían círculos, las callosidades de años de ocupar sus manos trabajando en la casa raspando deliciosamente mi piel sensible bajo el yukata.

😩😫

"¡Amor!..." Jadeé contra su boca, pero él tragó mi protesta con otro beso, profundizándolo mientras sus dedos bajaban más.

XP

Su erección latía contra mi palma, caliente e insistente como un segundo corazón... palpitando como un cable vivo envuelto en terciopelo.

😩 😲

No es que pudiera concentrarme en nada más allá del amasado implacable de sus manos.

Mi esposo trabajaba mis pechos con la misma intensidad que su masa para pan casero, sus pulgares trazando círculos tensos en mis pezones a través de la seda hasta que la tela se pegaba húmeda a cada curva.

😫 😖

Me arqueé contra él gimiendo loca y desesperada, nuestras lenguas enredadas en un ritmo más antiguo que nuestro matrimonio.

La imagen de Jacinto durmiendo en su moisés mientras sus padres se enredaban a metros debería haberme calmado.

😕

Pero cuando los dedos de mi esposo se deslizaron bajo mi yukata, trazando la curva de mi cintura, la culpa se evaporó como el vapor del onsen.
😩😫

Doce años me enseñaron esto: cuando mi esposo me toca así (medio adorándome, medio poseyéndome), resistirme era tan inútil como detener los pétalos de sakura en primavera.

Aunque ambos queremos darle un hermanito o hermanita a Jacinto este año, si Dios quiere.

😩 😖

Su cabeza entre mis piernas se sentía enorme.

No es que pudiera quejarme después de tantos años.

Mi amor empujó lentamente, el estiramiento aún suficiente para hacerme morder su hombro de legionario romano.

😩 😲

Cuatro partos, miles de noches enredados, y ese primer centímetro siempre me roba el aliento como si volviera a tener dieciocho en mi habitación de la adolescencia.

"¡Necesitaba esto! ¡Gracias!" Jadeé cuando entró por completo, mis clavículas enterrándose en sus hombros mientras el ardor familiar se expandía.

El aire húmedo de la noche se pegaba a nuestra piel, amplificando cada roce de seda contra carne sudorosa.

😆

"¡Yo también!" Mi esposo me respondió contra mi cuello, sus caderas pegadas a las mías al hundirse hasta el fondo.

😫 😖

Aún ardía delicioso: trece años después de darnos nuestras virginidades, ese empujón profundo seguía rizándome los dedos de los pies y sacándome el aliento.

"¡Tus mamadas matutinas son increíbles!" me calentó terrible, arrastrando sus dientes por mi clavícula. "Pero hacerte el amor es otra dimensión."

😳

Me hizo ruborizar de nuevo.

XO

Al inicio, el ritmo de nuestros cuerpos se sincronizó con el goteo lejano del onsen.

La humedad resaltaba cada gemido, cada desplazamiento de tela sobre piel brillante.

japon

😩😫

Acá en casa, el sexo es frenético: choque de calor entre corregir tareas y empacar almuerzos.

Pero ahí, en ese ryokan de puertas de papel, era como vivir uno de sus manga shoujo viejos.

😇

Algo sagrado.

Empezó a hincharse, sintiéndose más duro dentro de mí con cada embestida lenta.

😖😲

Mis colegas aún sonríen cuando les cuento del tamaño de mi mejor amigo...

Como si exagerara por presumir.

¡Dios! Si supieran…

😕

Pero antes de que pudiera protestar, esas mismas manos callosas se deslizaron hacia abajo, agarrando mis caderas con posesión.

Un pulgar trazó la curva de mi espalda mientras el otro amasaba mi trasero, los dedos presionando lo suficiente para hacerme arquearme hacia él.

😫

"Ruiseñor, aquí sigues tan suave..." me dijo contra mi cuellito, los dientes rozando mi piel mientras sus dedos bajaban más.

XO

Y entonces, su dedo encontró mi pequeño y estrecho agujero: ese lugar que siempre me hace gemir.

😱

Gimoteé contra su hombro, mis muslos apretándose alrededor de su cintura mientras su dedo me tentaba haciendo círculos, justo como él sabe que me gusta.

Sentí mi frustración crecer: Japón es hermoso, pero ¿tres semanas sin sexo anal? ¡Eso es el infierno!

😈

Su dedo presionó contra mi ano despacito y a propósito, ese exasperante jueguito circular que siempre con mi colita que me hace retorcerme.

"¡Amor!..." Jadeé de nuevo, pero él tragó mi protesta con otro beso profundo, su lengua deslizándose contra la mía sin importarle cómo la presión de sus deditos me tenían por abajo.

El estiramiento ardía riquísimo, rozando con el dolor, mientras introducía el primer dedo.

😩😫

Babeé de verdad cuando empujó el segundo dedo, ese estiramiento exquisito haciéndome apretar su pene dentro de mí como una bufanda en invierno.

Mi mejor amigo gimió contra mi cuello, su aliento caliente y agitado mientras sus caderas se mecían alocadas, prueba de que incluso después de todos estos años, aún perdía el control cuando yo le apretaba así alrededor de él.

😖😲

Su pene enorme se sentía como el martillo de Thor, grueso e implacable, y el modo en que sus dedos se curvaban dentro de mi colita tenía mis muslos temblando si estuviera en un maratón.

El segundo dedo giró más hondo, ese estirón tremendo y despacito que siempre me nubla la visión.

😵 😲

Más allá de los shoji, el arroyo del onsen rompía el aire invernal con su agua mágica y vaporosa, calmándome aún más junto al aliento de mi amor en mi cuello: caliente, desigual, deliciosamente humano.

Su pene palpitaba dentro de mí, espeso y sin piedad, cada empujón tremendo enviando chispas por mi columna.

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😩😫

La magia de Japón flotaba en el aroma a tatami, en las campanas de viento lejanos... pero en esos momentos, solo pensaba en cómo sus dedos me llenaban…

En lo sinvergüenza que es mi cuerpo doblándose, pidiendo más.

Cuando el tercer dedo entró, ya volaba en ese éxtasis que solo él me da.

😲

En casa, hemos intentado replicarlo con un consolador de silicona imitando la doble penetración mientras su pene me abría.

(Porque no, jamás querría otro hombre dentro... a menos que mi esposo usara un clon de sombra como Naruto. 🤤 ¿Cómo se sentiría que me follara en grupo... solo él? XD).

Pero nada iguala el modo en que sus dedos reales se enroscan en mí: vivos, urgentes, el ardor más caliente.

Más real.

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😫 😖

Su pene llegó al fondo con ese estiramiento maravilloso que me roba el aliento...

No solo me llenaba, sino que me recontra llenaba: la cabeza hinchada de su pene golpeando mi matriz con cada embestida hasta que mi visión se nublaba y hasta veo luces de colores.

😩 😲

Detrás de mis párpados estallaban hanabis enteros, no las chispitas tímidas de recién casados, sino los cohetes que sacudían la tierra después de doce años estudiando nuestros cuerpos como textos sagrados.

Mi esposo gimió contra mi cuello, sus caderas lanzándose con la precisión de un arquero, cada movimiento calculado para arrastrar su largo palote contra ese punto dulce dentro de mí.

Su pene comenzó a temblar.

😩 😖

Ese palpitar rico contra mis paredes...

Sabía exactamente lo que significaba.

😵 😲

Tras correrme cuatro veces, mi cuerpo estaba blando y dócil, pero todavía caliente.

El pobrecito había aguantado tanto, torturándome con empujones lentos mientras sus dedos me abrían la colita.

😩😫

Pero ahí, mientras su ritmo fallaba y su aliento se quebraba contra mi garganta, algo salvaje despertó en mí.

💦 💦 💦 💦 💦

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Cada explosión dentro de mí sentía como una bomba: oleadas espesas y ardientes que inundaban mi matriz con tanta fuerza que juré sentirlas chapotear contra mi vientre.

XO

Mis caderas se sacudieron, los dedos de los pies enroscándose en el tatami cuando la quinta ola llegó, más caliente que las demás...

Y entendí por qué esto era la solución definitiva a mis patadas al dormir:

Había bombardeado mi conchita fuera de órbita.

😵

"¡Dios, necesitaba esto!" Gimió satisfecho, su aliento agotado contra mi garganta.

Mientras tanto, yo yacía como atropellada por el tren Shinkansen... dos veces.

😂

Nuestros cuerpos seguían fusionados, su pene hinchado palpitando ocasionalmente, enviando nuevas tiras de semen dentro de mí.

La sensación hizo que mis muslos tiritaran sin control.

"¿Te sientes mejor?" me preguntó con verdadera preocupación, apartando mechones húmedos de mi frente.

"¡Sí!... me dejaste tan deshecha que dudo que patearé esta noche." logré responder contra su hombro, aun sintiendo las réplicas del placer en mis muslos.

Mis dedos abrazaron el sudor en su espalda, contando los latidos que de poquito se iban calmando contra mi pecho.

😍

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En medio de mi alivio, empecé a sacar cuentas:

Segunda semana de febrero, ovulación a lo mejor el día anterior…

😅

Y me pregunté si el calor en mi vientre era solo su semen... o el inicio de algo más lindo.

XD

Pero, en fin, después de eso (y de encontrar energía para hacerlo cada noche), no volví a patear en todo lo que quedó el viaje...

😉


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