El detonante: Un "no" que me dejó con las ganas
Todo empezó en unas vacaciones en Villa Gesell. Yo soy de salir a caminar o pedalear temprano, y una mañana encaré directo para la zona del faro. Sabía que por ahí había una playa nudista. Cuando llegué, el paisaje era único: una playa solitaria, el mar de fondo y apenas un par de personas, algunas completamente desnudas y otras con unas tetas hermosas al aire. Me agarró un impulso, me saqué todo y me quedé en bolas sintiendo el viento y la libertad. Volví al departamento re manija.
Cuando entré, encontré a mi mujer en la cama. Estaba completamente desnuda, tapada apenas por una sábana de hilo finita que no escondía nada: se le dibujaban perfectas esas tetas hermosas que tiene, con los pezones bien marcados, duros por el frío del aire acondicionado. Me volví loco. Era casi media mañana y la convencí de ir a dar una vuelta. En mi cabeza ya me la imaginaba con la colita llena de arena, el pelo revuelto y las tetas y la conchita mojadas con el agua de mar. Me explotaba la cabeza.
Pero el destino nos jugó una mala pasada: el camino a esa playa estaba cortado. Terminamos en una playa común. Tomando unos mates, y se l atire de una: "Gorda, ¿qué onda si vamos a una playa nudista?". Su respuesta fue un "NO" rotundo, seco y sin anestesia. Decepción total. Me tuve que guardar las ganas.
Una siesta de invierno y la confesión que cambió todo
Pasaron los meses. Una tarde de invierno crudo, de esas con llovizna finita en las que no dan ganas de salir, nos quedamos en la cama con la única idea fija de coger todo el día. En plena siesta, el ambiente ya estaba hirviendo. Ella se me subió encima, empezó a besarme el cuello y a acariciarme con una calentura que no le conocía. Nosotros solemos fantasear en la cama con meter a una tercera, a ella la re calienta la idea de verme con otra mujer.
De golpe, se me pegó al oído, con la voz entrecortada por la respiración, y me soltó: "No sabés lo que me calienta acordarme de lo que me propusiste... No paro de imaginarme verte en bolas por la playa, meternos al mar y terminar cogiendo en la arena".
Muchachos, en ese segundo la pija me exploto. Tenía que mover las fichas rápido.
Destino: Tanti y la libertad absoluta
Me puse a investigar como loco algún lugar cerca para hacer nudismo. Me acordé de un campo nudista en las Sierras de Córdoba, cerca de Tanti. Busqué el Instagram, les clavé 'seguir' y me quedé esperando manija total a que abrieran la temporada en diciembre. Apenas publicaron la apertura, le armé la propuesta: "Tenemos unos días libres, te voy a llevar a un lugar que te va a encantar. Vamos, miramos, y si no nos sentimos cómodos, pegamos la vuelta". Esta vez, no dijo que no.
Llegamos al complejo con los nervios lógicos de la primera vez. El lugar, impresionante, metido en el medio de la naturaleza serrana, paz total. Una pareja divina nos recibió, nos explicó las normas de convivencia y nos dijo que había un rato de adaptación, pero que después la regla era estar sin ropa.
Fuimos hasta el auto y ahí mi señora me sorprendió: sin pensarlo dos veces, se sacó la remera, el short y la bombacha. Se quedó ahí parada, completamente desnuda, con ese lomo tremendo al aire libre, los pezones apuntando al cielo por el aire de la sierra y la conchita depilada expuesta al sol. Una locura visual. Yo me saqué todo atrás de ella, ya con la pija queriendo ponerse firme.
El río, el voyeurismo y una pregunta directa al hueso
Salimos a caminar por los senderos, sintiendo el aire en todo el cuerpo. A la orilla del río divisamos a otra parejita. Estaban muy mimosos: se besaban, se tocaban las partes y se notaba que la estaban pasando de puta madre. Al vernos llegar se quedaron tranquilos, cero timidez. Nos sentamos en unas piedras a una distancia prudencial y armamos un mate.
Mientras los mirábamos de reojo, mi mujer me miró fijo, con los ojos brillosos de la lujuria, y me tiró al hueso: —¿Te gustaría cogerte a esa mina? Me quedé helado, con el mate a mitad de camino. —Me encantaría ver cómo te la cogés, cómo te chupa la pija... ¿Qué te parece? —insistió ella, re desatada. —Me volvería loco... Y después de romperle el culo a ella, te agarro a vos —le contesté con la pija como un garrote de madera, doliéndome de lo dura que estaba.
El encuentro: Chupadas, roces y cuatro cuerpos en el río
En medio de esa tensión, la pareja se levantó y se nos acercó a charlar. Mi señora, que ya estaba en modo ninfómana total, les soltó sin filtro: "Estaban muy calientes cuando llegamos, disculpen si los interrumpimos". El pibe, un tipo alto y sonriente, miró las tetas de mi mujer y contestó: "Para nada. ¿A ustedes les incómoda ver coger a otras parejas?". "Nunca tuvimos la experiencia, pero nos encantaría ver... o participar, ¡quién sabe!", retrucó mi mujer guiñándole un ojo.
Ahí se pudrió todo. El flaco agarró a su pareja de la cintura y la empezó a besar con locura, mientras ella le bajaba la mano a la pija, que ya era una vena inflada y gigante. Mi mujer se me tiró a la boca y me susurró: "¿Te animás a cogértela?". Acto seguido, mi señora se acercó a la otra mina y empezó a acariciarle la cola y a meterle los dedos en la conchita, que ya estaba chorreando.
La mina se separó del novio, se empezó a besar los labios con mi mujer en un terrible chape lésbico y después encaró directo hacia mí. "Es toda tuya", me dijo mi mujer.
La mina se arrodilló sobre la arena húmeda. Me agarró la pija con las dos manos, me miró desde abajo y abrió la boca para tragársela completa. Me la devoraba con unas ganas espectaculares, haciéndome sentir el calor de su garganta, mientras yo miraba de reojo cómo el otro tipo ya tenía a mi señora abrazada, besándole el cuello y metiéndole los dedos. Mi mujer estaba entregada al placer de otra pija.
El clímax serrano y una noche inolvidable
No aguantamos más el roce. Las pusimos en cuatro patas, una al lado de la otra, frente al río. Las dos colas altas, mojadas y entregadas. El otro tipo se acomodó detrás de mi mujer y yo me calcé detrás de la suya.
Le abrí bien los cachetes del culo, apoyé la punta de mi glande caliente en su concha empapada y se la mandé de un solo viaje hasta el fondo. La mina tiró la cabeza para atrás y soltó un gemido que retumbó en las piedras del río. Al mismo tiempo, vi cómo el flaco le hundía la pija a mi mujer, que gritaba de la calentura mientras se agarraba de la arena de la orilla. Empezamos a darles sin parar, un bombardeo cruzado de carne, sudor, gemidos y el ruido húmedo de los cuerpos chocando. Cambiamos de posición, nos tocamos entre todos, hasta que el placer nos desbordó y les acabamos, dejándolas llenas de leche.
Terminamos los cuatro flotando en el río, exhaustos y con los cuerpos temblando. Volvimos a la zona de acampe, armamos la carpa y los invitamos a cenar. Después de unas tiras de asado y un par de tragos fuertes, el frío de la noche nos obligó a meternos dentro de la carpa... pero terminamos los cuatro apretados adentro de la carpa.
Lo que pasó esa noche bajo el techo de lona, con los cuerpos calientes y el cansancio de la tarde, me lo guardo para la próxima parte. ¡Un debut nudista y swinger que no nos vamos a olvidar en la vida!
Todo empezó en unas vacaciones en Villa Gesell. Yo soy de salir a caminar o pedalear temprano, y una mañana encaré directo para la zona del faro. Sabía que por ahí había una playa nudista. Cuando llegué, el paisaje era único: una playa solitaria, el mar de fondo y apenas un par de personas, algunas completamente desnudas y otras con unas tetas hermosas al aire. Me agarró un impulso, me saqué todo y me quedé en bolas sintiendo el viento y la libertad. Volví al departamento re manija.
Cuando entré, encontré a mi mujer en la cama. Estaba completamente desnuda, tapada apenas por una sábana de hilo finita que no escondía nada: se le dibujaban perfectas esas tetas hermosas que tiene, con los pezones bien marcados, duros por el frío del aire acondicionado. Me volví loco. Era casi media mañana y la convencí de ir a dar una vuelta. En mi cabeza ya me la imaginaba con la colita llena de arena, el pelo revuelto y las tetas y la conchita mojadas con el agua de mar. Me explotaba la cabeza.
Pero el destino nos jugó una mala pasada: el camino a esa playa estaba cortado. Terminamos en una playa común. Tomando unos mates, y se l atire de una: "Gorda, ¿qué onda si vamos a una playa nudista?". Su respuesta fue un "NO" rotundo, seco y sin anestesia. Decepción total. Me tuve que guardar las ganas.
Una siesta de invierno y la confesión que cambió todo
Pasaron los meses. Una tarde de invierno crudo, de esas con llovizna finita en las que no dan ganas de salir, nos quedamos en la cama con la única idea fija de coger todo el día. En plena siesta, el ambiente ya estaba hirviendo. Ella se me subió encima, empezó a besarme el cuello y a acariciarme con una calentura que no le conocía. Nosotros solemos fantasear en la cama con meter a una tercera, a ella la re calienta la idea de verme con otra mujer.
De golpe, se me pegó al oído, con la voz entrecortada por la respiración, y me soltó: "No sabés lo que me calienta acordarme de lo que me propusiste... No paro de imaginarme verte en bolas por la playa, meternos al mar y terminar cogiendo en la arena".
Muchachos, en ese segundo la pija me exploto. Tenía que mover las fichas rápido.
Destino: Tanti y la libertad absoluta
Me puse a investigar como loco algún lugar cerca para hacer nudismo. Me acordé de un campo nudista en las Sierras de Córdoba, cerca de Tanti. Busqué el Instagram, les clavé 'seguir' y me quedé esperando manija total a que abrieran la temporada en diciembre. Apenas publicaron la apertura, le armé la propuesta: "Tenemos unos días libres, te voy a llevar a un lugar que te va a encantar. Vamos, miramos, y si no nos sentimos cómodos, pegamos la vuelta". Esta vez, no dijo que no.
Llegamos al complejo con los nervios lógicos de la primera vez. El lugar, impresionante, metido en el medio de la naturaleza serrana, paz total. Una pareja divina nos recibió, nos explicó las normas de convivencia y nos dijo que había un rato de adaptación, pero que después la regla era estar sin ropa.
Fuimos hasta el auto y ahí mi señora me sorprendió: sin pensarlo dos veces, se sacó la remera, el short y la bombacha. Se quedó ahí parada, completamente desnuda, con ese lomo tremendo al aire libre, los pezones apuntando al cielo por el aire de la sierra y la conchita depilada expuesta al sol. Una locura visual. Yo me saqué todo atrás de ella, ya con la pija queriendo ponerse firme.
El río, el voyeurismo y una pregunta directa al hueso
Salimos a caminar por los senderos, sintiendo el aire en todo el cuerpo. A la orilla del río divisamos a otra parejita. Estaban muy mimosos: se besaban, se tocaban las partes y se notaba que la estaban pasando de puta madre. Al vernos llegar se quedaron tranquilos, cero timidez. Nos sentamos en unas piedras a una distancia prudencial y armamos un mate.
Mientras los mirábamos de reojo, mi mujer me miró fijo, con los ojos brillosos de la lujuria, y me tiró al hueso: —¿Te gustaría cogerte a esa mina? Me quedé helado, con el mate a mitad de camino. —Me encantaría ver cómo te la cogés, cómo te chupa la pija... ¿Qué te parece? —insistió ella, re desatada. —Me volvería loco... Y después de romperle el culo a ella, te agarro a vos —le contesté con la pija como un garrote de madera, doliéndome de lo dura que estaba.
El encuentro: Chupadas, roces y cuatro cuerpos en el río
En medio de esa tensión, la pareja se levantó y se nos acercó a charlar. Mi señora, que ya estaba en modo ninfómana total, les soltó sin filtro: "Estaban muy calientes cuando llegamos, disculpen si los interrumpimos". El pibe, un tipo alto y sonriente, miró las tetas de mi mujer y contestó: "Para nada. ¿A ustedes les incómoda ver coger a otras parejas?". "Nunca tuvimos la experiencia, pero nos encantaría ver... o participar, ¡quién sabe!", retrucó mi mujer guiñándole un ojo.
Ahí se pudrió todo. El flaco agarró a su pareja de la cintura y la empezó a besar con locura, mientras ella le bajaba la mano a la pija, que ya era una vena inflada y gigante. Mi mujer se me tiró a la boca y me susurró: "¿Te animás a cogértela?". Acto seguido, mi señora se acercó a la otra mina y empezó a acariciarle la cola y a meterle los dedos en la conchita, que ya estaba chorreando.
La mina se separó del novio, se empezó a besar los labios con mi mujer en un terrible chape lésbico y después encaró directo hacia mí. "Es toda tuya", me dijo mi mujer.
La mina se arrodilló sobre la arena húmeda. Me agarró la pija con las dos manos, me miró desde abajo y abrió la boca para tragársela completa. Me la devoraba con unas ganas espectaculares, haciéndome sentir el calor de su garganta, mientras yo miraba de reojo cómo el otro tipo ya tenía a mi señora abrazada, besándole el cuello y metiéndole los dedos. Mi mujer estaba entregada al placer de otra pija.
El clímax serrano y una noche inolvidable
No aguantamos más el roce. Las pusimos en cuatro patas, una al lado de la otra, frente al río. Las dos colas altas, mojadas y entregadas. El otro tipo se acomodó detrás de mi mujer y yo me calcé detrás de la suya.
Le abrí bien los cachetes del culo, apoyé la punta de mi glande caliente en su concha empapada y se la mandé de un solo viaje hasta el fondo. La mina tiró la cabeza para atrás y soltó un gemido que retumbó en las piedras del río. Al mismo tiempo, vi cómo el flaco le hundía la pija a mi mujer, que gritaba de la calentura mientras se agarraba de la arena de la orilla. Empezamos a darles sin parar, un bombardeo cruzado de carne, sudor, gemidos y el ruido húmedo de los cuerpos chocando. Cambiamos de posición, nos tocamos entre todos, hasta que el placer nos desbordó y les acabamos, dejándolas llenas de leche.
Terminamos los cuatro flotando en el río, exhaustos y con los cuerpos temblando. Volvimos a la zona de acampe, armamos la carpa y los invitamos a cenar. Después de unas tiras de asado y un par de tragos fuertes, el frío de la noche nos obligó a meternos dentro de la carpa... pero terminamos los cuatro apretados adentro de la carpa.
Lo que pasó esa noche bajo el techo de lona, con los cuerpos calientes y el cansancio de la tarde, me lo guardo para la próxima parte. ¡Un debut nudista y swinger que no nos vamos a olvidar en la vida!
3 comentarios - Nuestra primera vez nudista y swinger
te comparto te comprato otra https://www.poringa.net/posts/relatos/6359185/Eramos-dos-y-se-sumo-su-amiga-en-las-Sierras.html