Esta es la historia de la segunda vez que nos vimos con Juan, y también de nuestro segundo trío, ya que con él habíamos debutado en este ambiente unos meses antes. Nos conocimos en vacaciones, y si bien la idea de sumar a alguien era una fantasía ya hablada, siempre se mantuvo en ese plano de fantasía y nunca buscamos concretarla. Pero apareció Juan, nos pareció un buen candidato para llevarla a cabo, y el resultado fue más que satisfactorio. Debido a la distancia, pensamos que iba a tratarse de una experiencia de una sola vez, lo cual también nos pareció bien para hacerlo, pero igualmente decidimos mantener el contacto. Aun así, fue una sorpresa cuando recibimos un mensaje suyo diciendo que venía a pasar unos días a Buenos Aires. Sin darle demasiadas vueltas, y aún con el recuerdo de esa primera experiencia, acordamos todo para volver a vernos.
Nos encontramos en un bar, esta vez sin los nervios típicos de la primera vez, y ya todos conscientes de lo que iba a pasar en las próximas horas. La previa también fue distinta, más que preguntas sobre qué podía pasar eran recuerdos los que se me venían a la cabeza. Cuando la vi a Laura lista para salir, se me hizo un nudo en el estómago, pero también tenía la certeza de que estábamos haciendo lo correcto y que ambos lo íbamos a disfrutar. Al llegar al lugar ya nos esperaba Juan, y nos saludamos como si fuéramos viejos conocidos. Pedimos algunas bebidas, la charla fluía, y yo no podía dejar de mirar a Lau, que estaba radiante y se la veía muy a gusto con la situación de estar nuevamente con un “invitado” a la pareja. No hizo falta esperar mucho más hasta que Juan nos invitó a que lo acompañáramos al hotel donde se estaba alojando.
Todo ese ambiente relajado quedó atrás en el bar, y apenas entramos al lugar ya se podía sentir la tensión que había en el aire. La habitación era pequeña pero cómoda, y de pronto estábamos los tres al borde de la cama viendo quien daba el primer paso. Sin más preámbulos, Juan la tomó de la cintura y la besó, yo observaba desde cerca. La agarré de su mano y en ese momento me buscó para besarme a mi también. A partir de entonces todo fue subiendo de intensidad. Juan se encargó de su cuello, y Lau empezaba a manifestar los primeros signos del placer que sentía. A cuatro manos recorríamos un poco torpemente su cuerpo por encima de la ropa, hasta que Juan le quitó por encima su blusa, dejando al descubierto el precioso corpiño de encaje que había elegido para la ocasión. Antes de que pudiéramos hacer nada, mi esposa nos indicó que nos recostemos en la cama, dispuesta ella a llevar el control de la situación.
Ya los dos acostados uno al lado del otro, vimos el espectáculo de mi esposa terminando de quitarse la ropa para nosotros, primero lentamente el pantalón y luego el corpiño, liberando sus hermosas tetas. Nuestro instinto fue ir a besarla, pero nos hizo permanecer ahí e indicó que nosotros también teníamos que sacarnos lo nuestro. Con bastante menos delicadeza, en unos segundos ya estábamos desnudos en la cama y ella arrodillada, lista. Con una pija en cada mano, nos empezó a masturbar mientras nos miraba, hasta que se decidió a chupar a Juan. A pesar de ya haberlo visto una vez, no podía dejar de mirar cómo le comía la pija a nuestro invitado. Luego fue mi turno mientras no dejaba de pajearlo a él, era todo muy caliente. Fue cambiando de uno al otro hasta tenernos duros como piedras. Juan se levantó y fue directo a comerle las tetas, ella lo tenía firmemente agarrado de la verga. Cuando lo soltó, terminó de quitarse la tanga que aún tenía puesta, y se subió arriba mío para que la comiera también.
Nos pusimos haciendo un 69, aunque debo decir que no era de lo más convencional, ya que Juan estaba parado al borde de la cama y Lau alternaba chupándonos a los dos. Estar en esa posición y no poder ver lo que hacía con él me calentaba demasiado, solo podía escuchar e imaginar lo que estaba pasando, mientras me dedicaba a su concha que a esa altura ya estaba bien húmeda. Estuvimos así un buen rato hasta que cambiamos y se acostó al lado mío, era Juan quien le chupaba la concha ahora. Con sus manos, Lau lo empujaba más y más contra su entrepierna, Juan le arrancaba los primeros gemidos y yo veía cómo disfrutaba plenamente. Se arqueaba dejando que Juan la recorriera toda, y me pidió que le comiera las tetas. Empecé a besarla con desesperación, al tiempo que él seguía con su tarea y sus gemidos ganaban volumen e intensidad. Cuando vi que se estiró para buscar en el cajón un preservativo supe que llegaba el momento que los tres estábamos esperando.
Parado al borde de la cama, separó las piernas de Lau y se ubicó mejor para penetrarla. Yo sólo atiné a sostenerla de la mano para ese momento tan deseado. Cuando finalmente entró, mi nivel de calentura ya estaba en su punto máximo, viendo como mi esposa gozaba con su nuevo amante, que la tenía firmemente agarrada y en cada movimiento parecía que empujaba más y más, queriendo llegar bien hasta el fondo. Hasta ahí Lau seguía con su mano en la mía, y cuando vi que con su otra mano lo buscaba a él para traerlo más cerca, decidí alejarme un poco para dejarles ese momento a ellos y yo poder disfrutar sólo mirando. Me acomodé en un pequeño sillón al costado de la cama, y vi como Juan se subía arriba de ella, con todo su cuerpo encima, y mi esposa lo rodeaba con sus brazos. Vi cómo se besaban, pegados uno con el otro, y no pude evitar empezar a masturbarme ante esa escena.
Luego de unos minutos en esa posición, Juan la dio vuelta, y antes de empezar a darle desde atrás, la acomodó para que quedara frente a mí. Ese detalle me volvió loco. Lau me sonrió, y ver cómo cambiaba la expresión de su cara cuando Juan iba entrando fue uno de los momentos más calientes de la noche y que no me voy a olvidar jamás. Vi cómo cerraba los ojos de puro placer y cómo se mordía los labios mostrándome cuánto lo estaba disfrutando. Juan la tenía bien agarrada de atrás y empezó a penetrarla con más intensidad. En un momento, Lau me hizo señas para que me acercara y se puso a chuparme la pija. Era increíble sentir cómo ahogaba sus gritos por tener mi verga en su boca, y tuve que contenerme para no acabar, quería seguir disfrutando de ese espectáculo. Mientras él la seguía penetrando sin disminuir el ritmo, y de pronto Lau dejo de chuparme para largar todos esos gritos contenidos por la fenomenal cogida que le estaban dando. Me di cuenta de que ya no daba más, y así, en cuatro y apretándome la pija, acabó y cayó desplomada sobre la cama. Tras un breve momento de descanso, se levantó para ir al baño, y quedamos solos con Juan sobre la cama, él también agitado tras haberle sacado el primer orgasmo a mi esposa.
Hasta acá la primera parte, esperamos poder compartirles pronto la continuación de esta historia. Que la disfruten!
Nos encontramos en un bar, esta vez sin los nervios típicos de la primera vez, y ya todos conscientes de lo que iba a pasar en las próximas horas. La previa también fue distinta, más que preguntas sobre qué podía pasar eran recuerdos los que se me venían a la cabeza. Cuando la vi a Laura lista para salir, se me hizo un nudo en el estómago, pero también tenía la certeza de que estábamos haciendo lo correcto y que ambos lo íbamos a disfrutar. Al llegar al lugar ya nos esperaba Juan, y nos saludamos como si fuéramos viejos conocidos. Pedimos algunas bebidas, la charla fluía, y yo no podía dejar de mirar a Lau, que estaba radiante y se la veía muy a gusto con la situación de estar nuevamente con un “invitado” a la pareja. No hizo falta esperar mucho más hasta que Juan nos invitó a que lo acompañáramos al hotel donde se estaba alojando.
Todo ese ambiente relajado quedó atrás en el bar, y apenas entramos al lugar ya se podía sentir la tensión que había en el aire. La habitación era pequeña pero cómoda, y de pronto estábamos los tres al borde de la cama viendo quien daba el primer paso. Sin más preámbulos, Juan la tomó de la cintura y la besó, yo observaba desde cerca. La agarré de su mano y en ese momento me buscó para besarme a mi también. A partir de entonces todo fue subiendo de intensidad. Juan se encargó de su cuello, y Lau empezaba a manifestar los primeros signos del placer que sentía. A cuatro manos recorríamos un poco torpemente su cuerpo por encima de la ropa, hasta que Juan le quitó por encima su blusa, dejando al descubierto el precioso corpiño de encaje que había elegido para la ocasión. Antes de que pudiéramos hacer nada, mi esposa nos indicó que nos recostemos en la cama, dispuesta ella a llevar el control de la situación.
Ya los dos acostados uno al lado del otro, vimos el espectáculo de mi esposa terminando de quitarse la ropa para nosotros, primero lentamente el pantalón y luego el corpiño, liberando sus hermosas tetas. Nuestro instinto fue ir a besarla, pero nos hizo permanecer ahí e indicó que nosotros también teníamos que sacarnos lo nuestro. Con bastante menos delicadeza, en unos segundos ya estábamos desnudos en la cama y ella arrodillada, lista. Con una pija en cada mano, nos empezó a masturbar mientras nos miraba, hasta que se decidió a chupar a Juan. A pesar de ya haberlo visto una vez, no podía dejar de mirar cómo le comía la pija a nuestro invitado. Luego fue mi turno mientras no dejaba de pajearlo a él, era todo muy caliente. Fue cambiando de uno al otro hasta tenernos duros como piedras. Juan se levantó y fue directo a comerle las tetas, ella lo tenía firmemente agarrado de la verga. Cuando lo soltó, terminó de quitarse la tanga que aún tenía puesta, y se subió arriba mío para que la comiera también.
Nos pusimos haciendo un 69, aunque debo decir que no era de lo más convencional, ya que Juan estaba parado al borde de la cama y Lau alternaba chupándonos a los dos. Estar en esa posición y no poder ver lo que hacía con él me calentaba demasiado, solo podía escuchar e imaginar lo que estaba pasando, mientras me dedicaba a su concha que a esa altura ya estaba bien húmeda. Estuvimos así un buen rato hasta que cambiamos y se acostó al lado mío, era Juan quien le chupaba la concha ahora. Con sus manos, Lau lo empujaba más y más contra su entrepierna, Juan le arrancaba los primeros gemidos y yo veía cómo disfrutaba plenamente. Se arqueaba dejando que Juan la recorriera toda, y me pidió que le comiera las tetas. Empecé a besarla con desesperación, al tiempo que él seguía con su tarea y sus gemidos ganaban volumen e intensidad. Cuando vi que se estiró para buscar en el cajón un preservativo supe que llegaba el momento que los tres estábamos esperando.
Parado al borde de la cama, separó las piernas de Lau y se ubicó mejor para penetrarla. Yo sólo atiné a sostenerla de la mano para ese momento tan deseado. Cuando finalmente entró, mi nivel de calentura ya estaba en su punto máximo, viendo como mi esposa gozaba con su nuevo amante, que la tenía firmemente agarrada y en cada movimiento parecía que empujaba más y más, queriendo llegar bien hasta el fondo. Hasta ahí Lau seguía con su mano en la mía, y cuando vi que con su otra mano lo buscaba a él para traerlo más cerca, decidí alejarme un poco para dejarles ese momento a ellos y yo poder disfrutar sólo mirando. Me acomodé en un pequeño sillón al costado de la cama, y vi como Juan se subía arriba de ella, con todo su cuerpo encima, y mi esposa lo rodeaba con sus brazos. Vi cómo se besaban, pegados uno con el otro, y no pude evitar empezar a masturbarme ante esa escena.
Luego de unos minutos en esa posición, Juan la dio vuelta, y antes de empezar a darle desde atrás, la acomodó para que quedara frente a mí. Ese detalle me volvió loco. Lau me sonrió, y ver cómo cambiaba la expresión de su cara cuando Juan iba entrando fue uno de los momentos más calientes de la noche y que no me voy a olvidar jamás. Vi cómo cerraba los ojos de puro placer y cómo se mordía los labios mostrándome cuánto lo estaba disfrutando. Juan la tenía bien agarrada de atrás y empezó a penetrarla con más intensidad. En un momento, Lau me hizo señas para que me acercara y se puso a chuparme la pija. Era increíble sentir cómo ahogaba sus gritos por tener mi verga en su boca, y tuve que contenerme para no acabar, quería seguir disfrutando de ese espectáculo. Mientras él la seguía penetrando sin disminuir el ritmo, y de pronto Lau dejo de chuparme para largar todos esos gritos contenidos por la fenomenal cogida que le estaban dando. Me di cuenta de que ya no daba más, y así, en cuatro y apretándome la pija, acabó y cayó desplomada sobre la cama. Tras un breve momento de descanso, se levantó para ir al baño, y quedamos solos con Juan sobre la cama, él también agitado tras haberle sacado el primer orgasmo a mi esposa.
Hasta acá la primera parte, esperamos poder compartirles pronto la continuación de esta historia. Que la disfruten!
4 comentarios - Nuestro segundo trío (Parte 1)