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Me atraparon masturbandome Parte 7

Me atraparon masturbandome Parte 7
Pasaron dos días. No volví el viernes, ni el sábado. Me quedé en casa, intentando convencerme de que podía parar todo esto. Que el video no importaba tanto, que podía borrar mi vida de la oficina si hacía falta. Pero el domingo por la noche el teléfono vibró con un mensaje de número desconocido. Era un pantallazo del video: mi cara en primer plano, gemidos, el piso mojado. Y debajo, solo una frase: “Mañana, 8 pm. Baño del fondo. No llegues tarde, puta sucia”.
Llegué a las 8:02. Vestido gris perla, corto, ajustado. Tacones negros. Tanga blanca de encaje. Pelo suelto, maquillaje perfecto. Me temblaban las manos cuando entré al baño. Ella ya estaba ahí, apoyada en el lavabo, con esa misma bolsa negra en la mano.
Cerró la puerta con llave. Me miró de arriba abajo y sonrió con desprecio.
—Mirá qué linda llegaste, concheta. Vestidito caro, tanguita fina… todo para que yo te ensucie. Porque eso sos ahora: una puta sucia que se moja con que la traten como basura.
—No soy… —empecé a decir, pero me cortó con un dedo en los labios.
—Callate. Arrodillate y abrí la boca.
Me arrodillé. El piso frío me mordió las rodillas. Abrí la boca. Ella se acercó, se bajó los pantalones del uniforme y se sentó en el borde del lavabo. Abrió las piernas.
—Primero lameme el culo. Bien profundo. Quiero sentir tu lengua de cheta metida hasta el fondo.
Me quejé bajito, un gemido de asco y bronca.
—No… por favor, eso no…
—Lamé o mando el video a tu grupo de amigas. A tu mamá. A tu jefe. Elegí.
Tragué saliva. Me acerqué. Olía a ella, a sudor del día, a algo más fuerte. Cerré los ojos y metí la lengua. La pasé por el ano, despacio al principio. Ella suspiró.
—Más adentro, puta. Metela toda.
La metí. Sentí el sabor amargo, salado, asqueroso. Me dio arcadas. Me quejé contra su piel.
—Uy, qué delicada. La princesita no soporta el sabor real. Pero seguí. Lamé como si te fuera la vida en eso.
Seguí. Lamí, chupé, metí la lengua lo más profundo que pude. Ella gemía bajito, me agarraba el pelo y me empujaba más.
Después de unos minutos se levantó.
—Ahora al piso. Boca arriba.
Me tiré de espaldas. El piso helado contra mi espalda. Ella se paró sobre mí, una pierna a cada lado de mi cabeza.
—Abrí la boca grande.
Abrí. Ella se agachó un poco y empezó a escupirme. Primero en la boca. Saliva espesa que me llenó la lengua. Después en la cara. En los ojos. En la frente. Me chorreaba por las mejillas.
—Tragá, esclava. Tragá todo lo que te doy.
Tragué. El sabor salado me dio náuseas. Me quejé otra vez.
—Esto es asqueroso… por favor…
—Cállate y abrí las piernas.
Abrí. Ella se agachó entre mis piernas, me arrancó la tanga blanca de un tirón y la miró.
—Qué linda tanguita. Lástima que ya no la vas a necesitar.
La arrugó y me la metió en la boca entera. La tela se pegó al paladar, húmeda de mi propia excitación anterior.
—Ahora vas a limpiarte la concha con el piso.
Me empujó las caderas hacia arriba y me frotó la concha contra los azulejos fríos y sucios. Sentí el roce áspero, el frío, los restos de lo que sea que hubiera en el piso. Me quejé fuerte contra la tanga, pero ella siguió frotándome, adelante y atrás, hasta que la concha me ardía y estaba roja.
—Mirá qué puta sucia. Te frotás contra el piso como una perra en celo. Qué asco das.
Me soltó. Me quedé jadeando, la tanga en la boca, la cara empapada de saliva, la concha ardiendo.
Sacó de la bolsa un plug anal grande, negro, con base ancha. Lo untó con saliva y lo apoyó contra mi ano.
—No… eso es muy grande… —me quejé, voz amortiguada por la tanga.
—Callate.
Empujó. Dolor. Mucho dolor. El ano se abrió despacio, quemando. Grité contra la tela. Ella empujó más fuerte. Entró hasta la base. Me llenó el culo entero, me dejó abierta, expuesta, usada.
Se levantó y me miró desde arriba.
—Quedate así un rato, puta. Con el culo tapado, la boca llena de tu propia tanguita sucia y la cara bañada en mi saliva. Pensá en lo que sos ahora: una zorra barata que hace cualquier cosa por no perder su videíto.
Me dio una palmada fuerte en la concha. Me dolió y me excitó al mismo tiempo. Me quedé ahí tirada, temblando, el plug clavado en el culo, la tanga en la boca, el piso mojado debajo mío con mis jugos y su saliva.
Ella agarró la bolsa y salió sin decir más.
Me quedé media hora así. Después me saqué la tanga de la boca, escupí saliva y lágrimas mezcladas. Me levanté despacio, el plug todavía adentro, el ano ardiendo. Me miré al espejo: cara destruida, vestido arrugado y manchado, pelo pegado, ojos rojos.
No lloré fuerte. Solo unas lágrimas calientes.
Pero salí del baño con el plug puesto. Caminé por el pasillo vacío con él adentro, sintiendo cada paso cómo me recordaba lo que era ahora.
Su puta sucia.
Y lo peor: sabía que iba a volver mañana.
Porque aunque me quejara, aunque me diera asco, aunque odiara cada segundo… mi concha seguía mojada.
Y eso era lo que más odiaba de todo.

1 comentarios - Me atraparon masturbandome Parte 7

koopa2025
uff como me calientan la pija las chetas putas de mierda.