Lo siguiente ocurrió el 2 de enero.
La semana de fin de año, como ya es costumbre, la pasamos en San Justo, en familia. Con Tommy habíamos quedado en vernos después de las fiestas, pero ya habiendo pasado pocas horas del nuevo año, empezó a acribillarme a mensajes. Que cuando nos veíamos, que me tenía ganas, que no dejaba de pensar en mí, que se moría por ponérmela de nuevo.
Hasta me enviaba fotos de su pija parada, chorreando de calentura, como para refrendar lo que me decía con palabras.
Yo trataba de tranquilizarlo, diciendo que espere, que ya nos íbamos a encontrar, pero el tema es que al día siguiente nos íbamos de vacaciones, y la verdad es que no se me antojaba esperar 15 días para echarme un buen polvo, así que se me ocurrió hacerme una escapadita.
Tenía muchas ganas de coger... ¡Muchísimas! Así que no lo pensé demasiado, me inventé que me habían llamado de la Compañía para una inspección que solo yo podía realizar, no solo por mi experiencia, sino también porque estaba cerca.
-No creo demorarme más de un par de horas...- le expliqué a mi marido mientras me alistaba.
Ese día mis hermanos iban a llevar a mis sobrinos y a mis hijos a la pileta, así que iban a estar entretenidos. En ese aspecto no me sentí culpable por dejarlos para irme a encamar con un tipo.
Me subí al auto y me puse en marcha. Con Tommy quedamos en encontrarnos a mitad de camino, para ganar tiempo, considerando que ambos dejábamos a nuestras familias con excusas que hasta podían resultar endebles.
Apenas salimos, nos mandamos ubicación, con la dirección del albergue transitorio, por lo que nos vimos llegando de frente, casi al mismo tiempo.
Primero entro yo, y luego él, por detras mío. Estacionamos, cada cuál en su respectiva cochera, bajamos, y sin darnos tiempo a nada, nos abalanzamos el uno sobre el otro, para besarnos con una pasión que refrendaba, por sí misma, cada uno de los mensajes que estuvimos intercambiando hasta un rato antes.
La habitación ya estaba reservada, así que subimos directamente, sin dejar de besarnos y acariciarnos. Si hubiera sido por nosotros, cogíamos ahí mismo, en la escalera, de tan calientes que estábamos.
Entramos, y antes de que se escuchara incluso el portazo, empezamos a desvestirnos, revoleando la ropa entre besos y chupones, ávidos de saborearnos, de sentirnos.
Ya desnudo, exhibiendo un cuerpo fibroso, habitue de gimnasio, Tommy se echa de espalda en la cama, quedando ante mí con la pija bien parada, las venas marcadas a presión, la cabeza hinchada y enrojecida.
No me tiene que pedir que se la chupe, el anhelo ya está implícito en sus modos, en sus gestos. Me subo a la cama, también desnuda, y empiezo besándole las piernas, subiendo por los muslos a puro lengüetazo, y aunque todavía me falta un trecho para llegar, puedo sentir su olor, esa fragancia exquisita que me envuelve y atrae, como si fuera una droga.
Tommy levanta una pierna, y me ofrece toda esa cálida espesura que se extiende por debajo de los huevos. Hundo la cara ahí, soplando y resoplando, oliéndolo, embriagándome con su más íntimo y recóndito aroma.
Le chupo la pija en toda su extensión, arriba y abajo, por los lados, barnizándola con mi saliva. Le paseo las tetas por encima y por pedido expreso...
-¡Aplastámela con las gomas...!-
...le hago una turca, dejándola vibrando enloquecida.
Me siento encima de su cabeza, frotándole la concha por toda la cara, haciéndole probar la mielcita que me sale de adentro.
Le pongo entonces un forro, me ubico con una pierna a cada lado de su cuerpo, y maniobrando yo misma tremendo chotazo, me lo acomodo en dónde ya tanto lo necesito.
Los dos estallamos en gemidos de gozo y placer, soltando eso que teníamos contenido, aguantado, y que ya nos urgía liberar.
Cogemos con ímpetu, con furia, rebotando el uno contra el otro, enérgicos, apasionados, haciendo valer cada segundo de esa nueva trampa en la que volvemos a ser cómplices.
Con sus manos me tiene bien agarrada del culo, guiándome en esa cabalgata infernal que nos tiene completamente poseídos, en cuerpo y alma.
De repente me suelta las nalgas, dejando que sea yo la que se mueva, arriba y abajo, con todas mis ganas, mientras él recorre con firmeza mi cintura, me estruja los pechos, y subiendo hasta mi cuello, lo rodea con sus dedos. Me mira fijo por un instante, como preguntándome, y tras un leve, sutil consentimiento de mi parte, cierra las manos en derredor, y aprieta, ahorcándome, a la vez que empieza a bombearme desde abajo, brutal, frenético, imparable. El estruendo de nuestros cuerpos chocando el uno contra el otro resulta ensordecedor.
PLAP... PLAP... PLAP... PLAP... PLAP...!!!!!
Sé que va a dejarme marcas, que voy a terminar con la piel enrojecida y llena de moretones, pero no me importa, ya que así me gusta, duro, violento. Además, no será la primera ni la última vez que vuelva a casa molida a pijazos...
Cuando finalmente me suelta, trato de recuperar de golpe todo el aire, quedándome ahí, con el pecho subiendo y bajando, el corazón desbocado golpeándome en los oídos, la piel ardiendo donde sus manos apretaron.
Sus dedos siguen apoyados en mi cuello, pero ya no aprietan; apenas rozan, como pidiendo permiso para quedarse un segundo más.
Me bajo de encima suyo, le saco el forro y le vuelvo a chupar la pija, sintiendo cómo vibra, como se estremece ante el asedio de mis labios.
Me pongo en cuatro, abierta y ansiosa, metiéndome los dedos para mostrarle cómo estoy de mojada. Tengo un volcán en erupción adentro.
Tommy se pone por detrás, y me penetra con un envión firme, enérgico, refrendando con cada empuje posterior, su completo y absoluto dominio sobre mi sexo.
Todo mi cuerpo es pura emoción, un entramado de sensaciones que se mezclan y potencian, preparándose para el mejor final.
Le pido que no pare, que siga dándome así de fuerte, incluso le pido más, mucho más, sintiendo como el orgasmo ya está al acecho, imponente e inevitable.
Y Tommy cumple, me garcha bien garchada, arrancándome, en una de esas últimas embestidas, un polvo que casi me deja en estado de coma.
Tardo en reponerme, en sentir que me vuelve el alma al cuerpo, y que mi físico me responde en la forma adecuada. Él me sigue cogiendo, contagiándose de mi placer, sintiéndose también pleno y satisfecho al hacerme gozar de esa manera.
-¡Quiero acabarte en el culo, Mary, quiero dejarte algo mío adentro...!- me pide, como si fuera un deseo que debe y quiere cumplir.
No me opongo. Un suspiro es más que suficiente respuesta para hacerle saber que yo también quiero algo suyo adentro... Algo más...
Se saca el forro, y con la pija en modo fierrazo, enfila por la retaguardia. Esos primeros empujes me vuelven loca, son los que más disfruto, cuando el esfínter va cediendo su resistencia ante la virilidad que se impone, vigorosa, implacable.
Mis quejidos van en aumento a medida que profundiza sus intentos, con más ímpetu cada vez, abriendo, dilatando, mientras yo lo acompaño sacudiéndome enloquecida el clítoris.
Cuando por fin cumple su cometido, que es meterme toda la pija en el culo, el placer se bifurca, se extiende, abrasivo y lacerante, por todo mi cuerpo.
-¡Es como si te estuviera cogiendo otra conchita...!- me dice en un susurro excitado, sin dejar de culearme.
Levanto aun más el culo, para acoplarme a su ritmo, sintiendo cómo mi anillo de cuero se contrae, acogotándole la verga, apretando para exprimirle hasta lo último que tenga hirviendo en los huevos.
Tommy acelera las embestidas, golpeándome cada vez más fuerte con sus caderas, mientras que yo también acelero los golpes en mi clítoris, buscando los dos lo mismo, un final compartido.
En uno de los espejos, alcanzo a ver, así, de refilón, su cuerpo sobre el mío, moviéndose como electrizado, full descargas, sodomizándome a mansalva.
El culo ya me estaba empezando a arder de tanta fricción, cuando, en medio de un excitado jadeo, Tommy se queda clavado adentro, llenándome de leche a morir.
Nos frotamos, y rodamos el uno sobre el otro, abotonados, quedando yo encima, dándole la espalda. Me levanto un poquito, y cuando la pija sale de mi culo... ¡PLOP!...le sigue un borbotón de semen que cae pesado y grumoso sobre la cama.
-¡Uffffff... Mary... Que culeada...!- exclama Tommy, gustoso, complacido.
Tras el polvo, nos quedamos un rato abrazados, besándonos, disfrutando esa sensación de placer, de bienestar, que ya se estaba empezando a diluir.
Le digo de mis vacaciones, que no nos vamos a poder ver por un tiempo. Me dice que va a esperarme, y agarrándose los huevos, exclama:
-¡Ni te imaginás como van a estar éstos para cuando vuelvas!-
-Sí que me imagino...- le digo, tocándoselos -¿Y sabés qué? La próxima te quiero acá...- repongo, tocándome con la otra mano la concha.
-¿Es una promesa?- se entusiasma
-¡Es una promesa!- le confirmo.
Y así, chocando las manos, sellamos el pacto.
Todavía no me iba de vacaciones, y ya quería estar de vuelta...
PD: Cuando volví a la casa de mis viejos, me tiré directo a dormir una siesta. Mi marido y los chicos todavía no habían vuelto de la pileta, así que pude descansar largo y tendido.
Cuando me desperté, casi una hora después, me seguía saliendo leche del culo...☺️
La semana de fin de año, como ya es costumbre, la pasamos en San Justo, en familia. Con Tommy habíamos quedado en vernos después de las fiestas, pero ya habiendo pasado pocas horas del nuevo año, empezó a acribillarme a mensajes. Que cuando nos veíamos, que me tenía ganas, que no dejaba de pensar en mí, que se moría por ponérmela de nuevo.
Hasta me enviaba fotos de su pija parada, chorreando de calentura, como para refrendar lo que me decía con palabras.
Yo trataba de tranquilizarlo, diciendo que espere, que ya nos íbamos a encontrar, pero el tema es que al día siguiente nos íbamos de vacaciones, y la verdad es que no se me antojaba esperar 15 días para echarme un buen polvo, así que se me ocurrió hacerme una escapadita.
Tenía muchas ganas de coger... ¡Muchísimas! Así que no lo pensé demasiado, me inventé que me habían llamado de la Compañía para una inspección que solo yo podía realizar, no solo por mi experiencia, sino también porque estaba cerca.
-No creo demorarme más de un par de horas...- le expliqué a mi marido mientras me alistaba.
Ese día mis hermanos iban a llevar a mis sobrinos y a mis hijos a la pileta, así que iban a estar entretenidos. En ese aspecto no me sentí culpable por dejarlos para irme a encamar con un tipo.
Me subí al auto y me puse en marcha. Con Tommy quedamos en encontrarnos a mitad de camino, para ganar tiempo, considerando que ambos dejábamos a nuestras familias con excusas que hasta podían resultar endebles.
Apenas salimos, nos mandamos ubicación, con la dirección del albergue transitorio, por lo que nos vimos llegando de frente, casi al mismo tiempo.
Primero entro yo, y luego él, por detras mío. Estacionamos, cada cuál en su respectiva cochera, bajamos, y sin darnos tiempo a nada, nos abalanzamos el uno sobre el otro, para besarnos con una pasión que refrendaba, por sí misma, cada uno de los mensajes que estuvimos intercambiando hasta un rato antes.
La habitación ya estaba reservada, así que subimos directamente, sin dejar de besarnos y acariciarnos. Si hubiera sido por nosotros, cogíamos ahí mismo, en la escalera, de tan calientes que estábamos.
Entramos, y antes de que se escuchara incluso el portazo, empezamos a desvestirnos, revoleando la ropa entre besos y chupones, ávidos de saborearnos, de sentirnos.
Ya desnudo, exhibiendo un cuerpo fibroso, habitue de gimnasio, Tommy se echa de espalda en la cama, quedando ante mí con la pija bien parada, las venas marcadas a presión, la cabeza hinchada y enrojecida.
No me tiene que pedir que se la chupe, el anhelo ya está implícito en sus modos, en sus gestos. Me subo a la cama, también desnuda, y empiezo besándole las piernas, subiendo por los muslos a puro lengüetazo, y aunque todavía me falta un trecho para llegar, puedo sentir su olor, esa fragancia exquisita que me envuelve y atrae, como si fuera una droga.
Tommy levanta una pierna, y me ofrece toda esa cálida espesura que se extiende por debajo de los huevos. Hundo la cara ahí, soplando y resoplando, oliéndolo, embriagándome con su más íntimo y recóndito aroma.
Le chupo la pija en toda su extensión, arriba y abajo, por los lados, barnizándola con mi saliva. Le paseo las tetas por encima y por pedido expreso...
-¡Aplastámela con las gomas...!-
...le hago una turca, dejándola vibrando enloquecida.
Me siento encima de su cabeza, frotándole la concha por toda la cara, haciéndole probar la mielcita que me sale de adentro.
Le pongo entonces un forro, me ubico con una pierna a cada lado de su cuerpo, y maniobrando yo misma tremendo chotazo, me lo acomodo en dónde ya tanto lo necesito.
Los dos estallamos en gemidos de gozo y placer, soltando eso que teníamos contenido, aguantado, y que ya nos urgía liberar.
Cogemos con ímpetu, con furia, rebotando el uno contra el otro, enérgicos, apasionados, haciendo valer cada segundo de esa nueva trampa en la que volvemos a ser cómplices.
Con sus manos me tiene bien agarrada del culo, guiándome en esa cabalgata infernal que nos tiene completamente poseídos, en cuerpo y alma.
De repente me suelta las nalgas, dejando que sea yo la que se mueva, arriba y abajo, con todas mis ganas, mientras él recorre con firmeza mi cintura, me estruja los pechos, y subiendo hasta mi cuello, lo rodea con sus dedos. Me mira fijo por un instante, como preguntándome, y tras un leve, sutil consentimiento de mi parte, cierra las manos en derredor, y aprieta, ahorcándome, a la vez que empieza a bombearme desde abajo, brutal, frenético, imparable. El estruendo de nuestros cuerpos chocando el uno contra el otro resulta ensordecedor.
PLAP... PLAP... PLAP... PLAP... PLAP...!!!!!
Sé que va a dejarme marcas, que voy a terminar con la piel enrojecida y llena de moretones, pero no me importa, ya que así me gusta, duro, violento. Además, no será la primera ni la última vez que vuelva a casa molida a pijazos...
Cuando finalmente me suelta, trato de recuperar de golpe todo el aire, quedándome ahí, con el pecho subiendo y bajando, el corazón desbocado golpeándome en los oídos, la piel ardiendo donde sus manos apretaron.
Sus dedos siguen apoyados en mi cuello, pero ya no aprietan; apenas rozan, como pidiendo permiso para quedarse un segundo más.
Me bajo de encima suyo, le saco el forro y le vuelvo a chupar la pija, sintiendo cómo vibra, como se estremece ante el asedio de mis labios.
Me pongo en cuatro, abierta y ansiosa, metiéndome los dedos para mostrarle cómo estoy de mojada. Tengo un volcán en erupción adentro.
Tommy se pone por detrás, y me penetra con un envión firme, enérgico, refrendando con cada empuje posterior, su completo y absoluto dominio sobre mi sexo.
Todo mi cuerpo es pura emoción, un entramado de sensaciones que se mezclan y potencian, preparándose para el mejor final.
Le pido que no pare, que siga dándome así de fuerte, incluso le pido más, mucho más, sintiendo como el orgasmo ya está al acecho, imponente e inevitable.
Y Tommy cumple, me garcha bien garchada, arrancándome, en una de esas últimas embestidas, un polvo que casi me deja en estado de coma.
Tardo en reponerme, en sentir que me vuelve el alma al cuerpo, y que mi físico me responde en la forma adecuada. Él me sigue cogiendo, contagiándose de mi placer, sintiéndose también pleno y satisfecho al hacerme gozar de esa manera.
-¡Quiero acabarte en el culo, Mary, quiero dejarte algo mío adentro...!- me pide, como si fuera un deseo que debe y quiere cumplir.
No me opongo. Un suspiro es más que suficiente respuesta para hacerle saber que yo también quiero algo suyo adentro... Algo más...
Se saca el forro, y con la pija en modo fierrazo, enfila por la retaguardia. Esos primeros empujes me vuelven loca, son los que más disfruto, cuando el esfínter va cediendo su resistencia ante la virilidad que se impone, vigorosa, implacable.
Mis quejidos van en aumento a medida que profundiza sus intentos, con más ímpetu cada vez, abriendo, dilatando, mientras yo lo acompaño sacudiéndome enloquecida el clítoris.
Cuando por fin cumple su cometido, que es meterme toda la pija en el culo, el placer se bifurca, se extiende, abrasivo y lacerante, por todo mi cuerpo.
-¡Es como si te estuviera cogiendo otra conchita...!- me dice en un susurro excitado, sin dejar de culearme.
Levanto aun más el culo, para acoplarme a su ritmo, sintiendo cómo mi anillo de cuero se contrae, acogotándole la verga, apretando para exprimirle hasta lo último que tenga hirviendo en los huevos.
Tommy acelera las embestidas, golpeándome cada vez más fuerte con sus caderas, mientras que yo también acelero los golpes en mi clítoris, buscando los dos lo mismo, un final compartido.
En uno de los espejos, alcanzo a ver, así, de refilón, su cuerpo sobre el mío, moviéndose como electrizado, full descargas, sodomizándome a mansalva.
El culo ya me estaba empezando a arder de tanta fricción, cuando, en medio de un excitado jadeo, Tommy se queda clavado adentro, llenándome de leche a morir.
Nos frotamos, y rodamos el uno sobre el otro, abotonados, quedando yo encima, dándole la espalda. Me levanto un poquito, y cuando la pija sale de mi culo... ¡PLOP!...le sigue un borbotón de semen que cae pesado y grumoso sobre la cama.
-¡Uffffff... Mary... Que culeada...!- exclama Tommy, gustoso, complacido.
Tras el polvo, nos quedamos un rato abrazados, besándonos, disfrutando esa sensación de placer, de bienestar, que ya se estaba empezando a diluir.
Le digo de mis vacaciones, que no nos vamos a poder ver por un tiempo. Me dice que va a esperarme, y agarrándose los huevos, exclama:
-¡Ni te imaginás como van a estar éstos para cuando vuelvas!-
-Sí que me imagino...- le digo, tocándoselos -¿Y sabés qué? La próxima te quiero acá...- repongo, tocándome con la otra mano la concha.
-¿Es una promesa?- se entusiasma
-¡Es una promesa!- le confirmo.
Y así, chocando las manos, sellamos el pacto.
Todavía no me iba de vacaciones, y ya quería estar de vuelta...
PD: Cuando volví a la casa de mis viejos, me tiré directo a dormir una siesta. Mi marido y los chicos todavía no habían vuelto de la pileta, así que pude descansar largo y tendido.
Cuando me desperté, casi una hora después, me seguía saliendo leche del culo...☺️
10 comentarios - Amigo amante...
Otro amigo-amante. Y van...
Que puta divina que sos...