Sonaba el tecno entre los haces de luz que se repartían sin orden aparente entre la sala donde una chica tatuada pinchaba.
Hombres y mujeres vestidos de negro, cuero, cadenas o desnudas y desnudos bailaban danzando como una manada de zombis entregados a un placer interior descontrolado.
Una chica alta de unos veinte y pocos años desnuda, con sus grandes pechos y su pelvis salvaje, danzaba levantando los brazos mientras gritaba a coro los gritos de otro joven, cuyo pecho tatuado con un alfil negro estaba desnudo


Conocí este lugar secreto gracias a una chica de pelo rizado que hablaba de más en la casa de un tipo que nos invitó a una fiesta privada en Chamberí.
Aquella chica relató con todo detalle como práctico sexo anal durante horas en un cuarto oscuro junto a la mesa de un dj conocido.
Al parecer solo se podía entrar en este lugar con invitación. Me llamó la atención la facilidad con la que hablaba de consumos de ghb y cocaína para follar sin parar durante días.
Eso me motivó a conocer aquel lugar. Indagué por Instagram y descubrí el sitio. Muchas fotos de chicas y chicos practicando BDSM. Pero aún así me fue muy difícil ver qué sucedía allí en verdad ya que prohibían meter móviles.
Fue un par de meses después cuando un amigo me comentó que salía con una relaciones de un club BDSM. Me interesó conocer más y esto acabo llevándome a este lugar secreto. Así que decidí visitarlo con ellos.
Nada más entrar me ofrecieron un cóctel de drogas entre ellas una que te daba ganas de follar como un actor porno GHB, de la que ya hablé antes
En cosa de minutos estaba empalmado a lo bestia y bailaba rodeado de gente sin ningún tipo de apego físico.
Una hora más tarde penetraba a dos mujeres por detrás como un poseso entre jadeos, sudores y gritos.

Entonces la vi pinchando. Medio desnuda, con sus senos pequeños y firmes y su pelvis rasurada. Sus labios eran pura seducción. No sé porque razón, sin ser muya atractiva me entró un deseo incontrolable de penetrarla...
Seguirá.
¿Has sentido alguna vez esa loca sensación de hablar el vacío, sin mente, sin conciencia... Poseído por un placer adictivo que te empuja a penetrar una vagina o un ano? Acerando tú cuerpo, tu musculatura tensa, en un viaje imantado hacia alguna parte que se convierte en tu única misión...
La clavaba una y otra vez, martilleando si frágil y sudoroso cuerpo... Gemia con ansia, sus ojos perdidos, los párpados caídos y sus labios entreabiertos con cada embestida atrapada en un placer enfermizo que la convertía en esclava en aquella oscuridad de la que no sabía ni deseaba salir.
Saqué mi enorme nabo, inflado, electrificado y lo llevé a su rostro de perdida. Cómo un animal que busca su madriguera la metí en su boca. El ansia me poseía, y el deseo de alcanzar más placer la hacia entregarse a aquel remolino de sensaciones salvajes.
La metí hasta el fondo. Su bocaa húmeda luchaba por encontrar un hueco donde convivir con mi sable en lo más profundo de su garganta.
Aún recuerdo su cara sumisa y su desnudo cuerpo moviéndose con espasmos de placer... Me abrí paso a empujones entre los hombres desnudos que buscaban su pareja como zombis ansiosos y cogiéndola del pelo la aparte hacia el lado derecho de los sofás. La puse a cuatro patas. Era delgada , con un culo pequeño pero firme y enorme tatuaje.
Cómo una marca de ganado su espalda la distinguía del resto. Un tatuaje enorme negro que seguramente, pensé sería una marca de algún grupo o manada a la que pertenecía fiel y obediente.
Marcada como digo, me coloque tras ella y busque con dificultad su pequeño ano que penetré con rabia. Dolía, me dolía y le dolía. Pero ambas sensaciones intuía fueron distintas. La manera de gritar de ella y la mía no sé parecían mucho.
Senti por segundo ese momento mágico en que el esfínter cede tras un gran esfuerzo y entonces mi nabo es absorbido por su entregado ano.
Genial con ansia, con locura mientras la embestía sin piedad. Me adentraban húmedo, saliendo y volviendo con la clara de conger tanto placer, que la había poseído y ella, por fin, se había rendido.
Necesitaba el dolor al igual que yo necesitaba ofrecérselo como un amo cruel.
Y allí entre las sombras y personas desnudas que follaban, bailaban o solo gritaban al son de cada golpe del tecno, ambos cabalgabamos sin importar hacia donde.
El placer era tan adictivo que nuestra mente olvidó por horas si nos observaban o estábamos en el mismo infierno.
Yo quería sentir mi nabo en su agujero, atravesando ese estrecho canal, dirigiéndome sin control hacia ese mágico momento en el que todo deja de existir... Y a la vez sientes que tocas toda la existencia... Pero a la vez alejaba la idea de correrme ya. Ese poder era una droga que no estaba dispuesto a abandonar.
Hombres y mujeres vestidos de negro, cuero, cadenas o desnudas y desnudos bailaban danzando como una manada de zombis entregados a un placer interior descontrolado.
Una chica alta de unos veinte y pocos años desnuda, con sus grandes pechos y su pelvis salvaje, danzaba levantando los brazos mientras gritaba a coro los gritos de otro joven, cuyo pecho tatuado con un alfil negro estaba desnudo


Conocí este lugar secreto gracias a una chica de pelo rizado que hablaba de más en la casa de un tipo que nos invitó a una fiesta privada en Chamberí.
Aquella chica relató con todo detalle como práctico sexo anal durante horas en un cuarto oscuro junto a la mesa de un dj conocido.
Al parecer solo se podía entrar en este lugar con invitación. Me llamó la atención la facilidad con la que hablaba de consumos de ghb y cocaína para follar sin parar durante días.
Eso me motivó a conocer aquel lugar. Indagué por Instagram y descubrí el sitio. Muchas fotos de chicas y chicos practicando BDSM. Pero aún así me fue muy difícil ver qué sucedía allí en verdad ya que prohibían meter móviles.
Fue un par de meses después cuando un amigo me comentó que salía con una relaciones de un club BDSM. Me interesó conocer más y esto acabo llevándome a este lugar secreto. Así que decidí visitarlo con ellos.
Nada más entrar me ofrecieron un cóctel de drogas entre ellas una que te daba ganas de follar como un actor porno GHB, de la que ya hablé antes
En cosa de minutos estaba empalmado a lo bestia y bailaba rodeado de gente sin ningún tipo de apego físico.
Una hora más tarde penetraba a dos mujeres por detrás como un poseso entre jadeos, sudores y gritos.

Entonces la vi pinchando. Medio desnuda, con sus senos pequeños y firmes y su pelvis rasurada. Sus labios eran pura seducción. No sé porque razón, sin ser muya atractiva me entró un deseo incontrolable de penetrarla...
Seguirá.
¿Has sentido alguna vez esa loca sensación de hablar el vacío, sin mente, sin conciencia... Poseído por un placer adictivo que te empuja a penetrar una vagina o un ano? Acerando tú cuerpo, tu musculatura tensa, en un viaje imantado hacia alguna parte que se convierte en tu única misión...
La clavaba una y otra vez, martilleando si frágil y sudoroso cuerpo... Gemia con ansia, sus ojos perdidos, los párpados caídos y sus labios entreabiertos con cada embestida atrapada en un placer enfermizo que la convertía en esclava en aquella oscuridad de la que no sabía ni deseaba salir.
Saqué mi enorme nabo, inflado, electrificado y lo llevé a su rostro de perdida. Cómo un animal que busca su madriguera la metí en su boca. El ansia me poseía, y el deseo de alcanzar más placer la hacia entregarse a aquel remolino de sensaciones salvajes.
La metí hasta el fondo. Su bocaa húmeda luchaba por encontrar un hueco donde convivir con mi sable en lo más profundo de su garganta.
Aún recuerdo su cara sumisa y su desnudo cuerpo moviéndose con espasmos de placer... Me abrí paso a empujones entre los hombres desnudos que buscaban su pareja como zombis ansiosos y cogiéndola del pelo la aparte hacia el lado derecho de los sofás. La puse a cuatro patas. Era delgada , con un culo pequeño pero firme y enorme tatuaje.
Cómo una marca de ganado su espalda la distinguía del resto. Un tatuaje enorme negro que seguramente, pensé sería una marca de algún grupo o manada a la que pertenecía fiel y obediente.
Marcada como digo, me coloque tras ella y busque con dificultad su pequeño ano que penetré con rabia. Dolía, me dolía y le dolía. Pero ambas sensaciones intuía fueron distintas. La manera de gritar de ella y la mía no sé parecían mucho.
Senti por segundo ese momento mágico en que el esfínter cede tras un gran esfuerzo y entonces mi nabo es absorbido por su entregado ano.
Genial con ansia, con locura mientras la embestía sin piedad. Me adentraban húmedo, saliendo y volviendo con la clara de conger tanto placer, que la había poseído y ella, por fin, se había rendido.
Necesitaba el dolor al igual que yo necesitaba ofrecérselo como un amo cruel.
Y allí entre las sombras y personas desnudas que follaban, bailaban o solo gritaban al son de cada golpe del tecno, ambos cabalgabamos sin importar hacia donde.
El placer era tan adictivo que nuestra mente olvidó por horas si nos observaban o estábamos en el mismo infierno.
Yo quería sentir mi nabo en su agujero, atravesando ese estrecho canal, dirigiéndome sin control hacia ese mágico momento en el que todo deja de existir... Y a la vez sientes que tocas toda la existencia... Pero a la vez alejaba la idea de correrme ya. Ese poder era una droga que no estaba dispuesto a abandonar.
2 comentarios - Un club sado en Madrid