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Culo desvirgado

Culo desvirgado
Mi novio.


Cuando era jovencito, 16 añitos, un vecino adulto me invitó a su casa a ver porno. Acepté la invitación porque él era un hombre, un macho como a mi me gustaban y me inspiraba confianza. Me lo imaginaba un gran culeador y lo quería adentro mio, yo andaba muy caliente. Musculoso y fuerte, peinaba unas hermosas canas. Yo lo veía como un cincuentón bien exitante, un calentón muy capaz de abusar de un menor como yo lo era y de someterlo para hacerlo su puta. Era un macho perfecto, justo lo que yo anhelaba.
Él no sabía mi nombre y yo tampoco el suyo, paro si sabíamos que yo seria su putito. Para él yo estaba rico y él para mí era el cielo.

Una vez, estando yo esperando para ser atendida en una tienda, lo sorprendí observando mis piernas depiladas y mi cola parada y hasta me largó un piropo, en ese momento supe que era un degenerado y que me entregaría a él para ser desvirgada. Yo seria su novia o su amante para deslecharlo cuando a él se le antoje. Quiero ser usada, sometida por este macho, pensé.

Fui a su casa una tarde de verano. Necesitaba una excusa para estar con un hombre en su casa donde vivía solo y a solas con él siendo yo un menor de edad algo afeminado. La excusa perfecta era ir con un cuaderno escolar para que me prepare en matemáticas ya que esté señor era profesor en la materia.

En realidad nos reunimos para que me desvirgue y ambos lo sabiamos y deseamos hacerlo. La excusa que él improvisó era la de ver una película porno. Un recurso previsible para una mente obsesionada con el sexo sádico como era la de este macho y eso a mi me volaba la cabeza. No me importaba que fuera un bruto. Ya tenía a mi desvirgador asegurado.

Al final estábamos sentados en un sillón viendo una película que era de naturaleza hetero anal, con mujeres de tremendos culos tragando pija en forma brutal. Anos abiertos que tiraban leche a borbotones. Yo estaba muy exitada, (me encanta referirme a mi como a una chica), y él tenía las pupilas de sus ojos verdes dilatadas. Estábamos viendo una escena donde una hermosa puta chupaba una pija enorme de rodillas ante el macho. Él comentó lo puta que era esa mujer y yo agregué que era hermosa y dije: "así se chupa una pija" acto seguido sacó su verga. Me asombró su tamaño, era enorme, muy larga y muy gruesa. Yo nunca había visto un macho real, era descomunal. Quedé con la boca abierta y mis ojos asombrados y mis manitos juntas bajo mi mentón. Él reía y dijo: "¿Te gusta? Putito" yo embelezada baje la mirada y sonreí como una geisha gustosa.
"¿Me demostrarías como se chupa esta, putito?" dijo.

Quedé deslumbrada con esa invitación tan descarada a un niño como yo. Degenerado inmundo, pensé. Le miré a los ojos y acariciando aquel monstruo perfecto que era su pene le dije con la voz más afeminada que pude "hijo de puta, rompe culos maldito" palabras que solía fantasear le diría al primer chico que la tenga clavada en mi culo, pero este no era un chico y mi fantasía estaba siendo superada. Él sonrió con agrado al oir mi juicio pues estas palabras las tomó como un elogio pues lo eran para la psicología de un depravado y a mí me gustaba este monstruo del sexo. Me arrodillé entre sus piernas musculosas y él permanecía tirado cómodamente en el sillón. Le quité el pantalón, no traía ropa interior. Tomé su verga, la note compacta y pesada, mi mano era chica para tomarla entera, acerque mi cara a esa masa de carne que sostenida erecta ante mi rostro no me dejaba ver el suyo. La recorri lentamente con la lengua desde los huevos hasta el borde de la cabezota. Le recorrí mucho el borde del glande sin tocarlo todavía con mi lengua. Ese borde de la cabeza de la pija siempre es tentador besarlo, recorrerlo con la lengua y chuparlo pues siempre es brillante y bello.

No podía creer que al fin estuviera sucediendo esto. Desplacé su enorme pija a un costado y le dije: "primero me como sus bolas", me gustaba tratarlo de usted, él soltó una sonrisa y dijo para sí: "hermoso putito me ligué" y a mis oídos esa palabras sonaban a un gran elogio, "mi amor" me dije en un suspiro y así comencé a oler esos huevazos hermosos. Los olía y ese olor fuerte a macho me transportó a las nubes.

Me saque el pantalón y la blusa rápido y me coloque nuevamente entre esas piernas como dos columnas de músculos duros. Su verga permanecía erecta, dura, apenas inclinada hacia su vientre, la tome para acariciarla y besarla con ternura en toda su extensión, él suspiraba de placer mientras mi lengua le recorría su hombría erecta, luego me entregué a la faena de comer sus bolas. !Que rico olor a macho tiene usted!! le dije. Nunca imaginé tuviera un hombre un olor así de fuerte, me embriagó ese aroma. No era olor a sucio, eran sus feromonas que golpeaban mi cerebro. Comencé a chupar un huevo pues ambos no entraban en mi boca. Lo saboreaba bien, lentamente, acariciándolo en mi boca con la lengua. Luego comía el otro mientras lo escuchaba suspirar al macho. Solo esto ya era divino.

Estuve mucho tiempo dedicada a sus bolas y luego acercó su boca a la mía y me besó profundamente, casi acariciaba mi garganta con su lengua. Cuando terminó su largo y dulce beso volvió a su posición. Yo ya estaba embelesada de amor y comencé a acariciar esa pija con la lengua otra vez. Metí con dificultad su glande en mi boca que por suerte logré introducir y parte de su tronco y así comencé una suerte de lento bombeo, riquísimo. Luego la sacaba de mi boca y comenzaba a besarla en toda su extensión recogiendo la saliva que le chorreaba. El macho me regalaba todos los elogios por mi dedicada labor. Ja! Que puto soy!! Estaba orgullosa de mi. Si me viera mi gente, pensé feliz.

Venía con mi colita dilatada pero virgen de hombres. Traía en ese momento colocado un dildo grande, hermoso con un botón de perlas rojas. Tambien había adoptado el sano hábito de jugar con mis dedos estimulando mi ano antes de masturbarme y colocarme botellitas de refrescos, pepinos finos y gruesos. Otras veces cuando iba la cama me llevaba un pepino bien grueso enfundado en un preservativo. Lubricaba bien mi ano y me lo metía todo o también lo hacía hasta la parte más ancha para ejercitar así mi culito y dormía una siesta con una verga imaginaria preparándome para mi futuro hombre sabiendo que esa sería toda mi dote para ofrecer, pero a pesar de ese previo entrenamiento tenía miedo.
Me puse de pie y gire para ofrecerle mi culo al macho y este al ver así mi culo lo colmó de elogios por su belleza. Me incliné hacía adelante y al abrirse un poco mis nalgas se alcanzo a ver el botón grande del dildo que me había marcado con los bordes del botón el culo próximo al ano. El hilo de mi tanguita apenas cubría el botón rojo de mi dildo introducido. Al ver este espectáculo el macho soltó un suspiro profundo y dijo: "este putito es perfecto". Me hizo feliz escuchar ese elogio y suspiré de amor. Me tomó por mis caderas y acercó mi culo a su rostro, separó el hilo de la bombacha sobre una nalga y con su boca extrajo el dildo de mi culito dilatado, lo arrojó a un costado y comenzó a darme un largo y profundo beso anal, ¿Así se dice? Ji ji.
Su lengua penetraba profundo entre mis nalgas abiertas con sus enormes manos, luego recorría a lo largo de mi raya para introducir nuevamente su lengua en mi ano. Le gustaba mi olor a culo. Era un extasis sentir como estrujaba mis nalgas.
Mi calentura estaba a mil y ya ansiaba probar su macizo en mi ano y para ello le alcancé el lubricante que supongo él había colocado sobre la mesa. Sin levantarse y yo parada con mis piernas entre las suyas ofreciendo mi culito tomaba la crema y la introducía en mi ano y la pasaba por mis nalgas supongo para verlas brillosas. Dejó la crema y yo me preparé para sentarme sobre su caño duro que para mí gran asombro su glande gigante, ancho, entró fácilmente en mi colita. Sentí una inmensa felicidad pues para ello me había entrenado con esmero.
Él no dejaba de llamarme puto y una serie de groserías que lejos de molestar me agradaba y calentaba escuchar.
Después de bombear un ratito mi culo solo sobre su glande sentí que la dilatación era la suficiente y comencé a sentarme con más fuerza y profundidad en el bombeo hasta que al fin mis nalgas se estrellaban contra su cuerpo musculoso. Una barra de carne ancha y dura de unos 25 cm de largo, de pronto la tenía toda adentro mio y con escaso dolor, ¡Lo había logrado!!
Allí puse mis manos en sus gruesos y musculosos muslos y comencé un bombeo amplio y sistemático por un tiempo larguísimo. No podía parar pues el placer era infinito y cada tanto me brotaba un profundo "ay..." de sublime placer y dolor. Cuando hacía él movimiento hacia afuera era como esa sensación que tenía cuando hacía caca dura y gruesa. Ay... que bello... Que hermoso... pensé.
Mis sentones se hicieron cada vez más fuertes y seguros, me dejaba caer con fuerza sobre mi macho y rebotaban con fuerzas mis nalgas gorditas. Él cada tanto me daba nalgadas y no ahorraba obscenidades que eran para mí, maravillosos halagos. Estaba haciendo feliz a un hombre con solo realizar disciplinados sentones. Su tranca se sentía más dura y mis movimientos continuaban constantes hasta escuchar gemidos de profundo placer en mi hombre y sentí que de mi ano brotaba crema blanca caliente. Mi macho había acabado.
Seguí bombeando un ratito más pues el sonido era encantador cuando mis nalgas chocaban contra su piel mojada de semen, ese sonido húmedo es exitante. Me levanté y al sacar esa pija dura mi culo produjo un sonido muy exitante, como revolver un hueco lleno de crema.

Recogí todo su esperma con mi boca. No conocía su sabor y confieso que me asqueaba pero estaba dispuesta a tragar hasta la última gota. Limpié sus huevos con mi boca, sus piernas y el asqueroso me besó tiernamente. Me estaba enamorando de este hombre que no sabía ni su nombre. Yo no había acabado por eso mi calentura andaba por las nubes.

Luego se levantó y me obligó a ponerme en cuatro apoyando mi pecho en la alfombra. Así quedaba yo en pompa. Tomó una toalla y me limpio las nalgas y el ano. Luego comenzó a chuparme el culo con pasión, me daba nalgadas con fuerza y no dejaba de llamarme "puto de mierda" "mariquita". Yo me giraba y le decía que era un "asqueroso hijo de puta" "maldito asqueroso" le repetía.
Me embelesaba su simpleza brutal, su habilidad para gozar de mí con violencia y gestos brutales de macho. Me daba nalgadas fuertes con sus pesadas manos y elogiaba su consistencia "rico putito" o "mariquita afeminado" me repetía mientras me pegaba duro. Yo me giraba y entre gemiditos de puta le decía "usted es un macho maldito" "desgraciado" o le repetía "hijo de puta" porque ya mis nalgas me dolían mucho de tanta paliza.
Lubricó bien mi ano y mis nalgas, apoyó su bestia a las puertas de mi agujero y en un empuje brutal la tenía toda adentro, grité de dolor y él disfrutaba dichoso. Me encanta verlo gozar así, pensé.
Comenzó a bombear con fuerza estallando mis nalgas contra sí. Era una dicha enorme para mí, me dolía y a la vez me proporcionaba enorme placer, yo no paraba de gemir e insultarle. Giré hacía él para verlo a la cara y le pronuncie mi conjuro "maldito macho pijudo, démela duro, con fuerza" le miraba a los ojos y no paraba de insultarle, "hijo de puta" le decía con furia y calentura.
Yo siempre estaba girada hacia él, me gustaba observar su pecho, sus brazos musculosos disfrutando con fuerza de mí. Le pedí que me escupiera, que me castigara por ser tan putito, abrí grande mi boca, él se acercó cuánto pudo sin dejar de bombear en mi culo, recogió saliva desde su garganta y escupió con fuerza al interior de mi boquita. Sentí a la vez mucho asco y placer, tragué todo casi al borde del vómito. Tragué y me gustó, pude sentir mi plena sumisión, mi entrega absoluta al macho. Luego cada unas bombeadas me escupía fuerte en mi rostro "si... Papi, dame duro" yo le decía y podía notar cómo se enardecía su calentura. ¡Que rico por dios!!!
Me llenaba de elogios, me dijo que era muy putito, que sería siempre su hembrita mientras seguía bombeando en mi culo dilatado. La sacaba y se inclinaba un poco para propinar una fuerte escupida que entraba por mi ano, la volvía a meter sin piedad y seguía bombeando duro.
Cada vez se estrellaba contra mi más fuerte, el aplauso de mis nalgas contra su cuerpo y mis ayes de dolor y goce ya se escucharían desde la calle y pensar eso me llevaba de dicha y placer.

"Que todo el mundo sepa lo macho que es mi hombre y lo puto que soy, mi dios" me decía yo en mi dicha infinita.
Me hubiese encantado estar rodeado de gente que nos observe o que sea filmado en directo para que todos vean como se comen a este puto y que quede grabado para yo volver a verlo siempre y que algo tan sublime como mi debut personal con un macho hermoso no lo devorara el tiempo, que quedará en un borroso recuerdo.

De pronto su pija se puso dura como un palo y quedó clavado en mis entrañas de puto, en la profundidad del agujero abierto entre mis nalgas. Había acabado. La sacó produciendo ese hermoso sonido a culo roto. Se puso de pie y yo de rodillas me giré y comencé a limpiar esa tranca llena de semen, con manchitas de sangre y caca. Ese era el sabor del macho verdadero, sabor a semen, a sangre de culo roto, a saliva y a caca de puto. Ay... Que dicha enorme invadió mi ser, mi dios...

Salí a la calle y no sé si era mi impresión o realmente eso estaba sucediendo pero veía que todos me miraban con cierta atención. Tal vez me escucharon gritar y el aplauso de mis nalgas contra el macho, mis ayes... Si esto era así yo estaba llena de orgullo. Feliz de darle placer infinito a un macho pijudo y dominante. Me sentia una chica muy puta y me fui caminando moviendo el culo. ¡Que felicidad!!!...


Fin.

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