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La fiesta que lo cambió todo

Saludos a quienes estéis leyéndome. Soy Celeste, aunque para nada soy escritora erótica me da mucho morbo escribir sobre lo que me está pasando en los últimos meses.



Estamos en una página de relatos eróticos, así que voy a ir directa al grano describiéndome físicamente. Para bien o para mal cumplo con algunos clichés: soy madura, atractiva, rubia, tetona y con culazo. Y ese es mi físico real.



Soy cincuentona, nací en octubre de 1970, así que tengo 55 años, muy bien llevados según la gente, me dicen que aparento ser más joven y que soy una mujer muy guapa y atractiva con muchas curvas.



Soy rubia, sí rubia teñida, pero rubia al fin y al cabo (mi color natural es el castaño). Tengo ojitos vivarachos de color marrón oscuro y llevo el pelo en media melena lisa, muchas veces me hago flequillo, es algo que me gusta mucho.



Y soy tetona, muy tetona, una 95/K es mi talla actual de sujetador. Desde jovencita he tenido las tetas muy grandes y voluminosas, pero con la menopausia he ganado algunos kilos y las tetas me han crecido todavía más en tamaño y volumen, lo mejor es que han crecido sin descolgarse. Esto es lo único bueno que me ha traído la menopausia, porque el resto es un auténtico fastidio.



No tengo vientre liso ni mucho menos cintura de avispa. Mido 1,70 y mis medidas son 115/72/98 con algún kilito que sobra. Estoy muy orgullosa de mi cuerpo, sobre todo de mis tetas, me encanta lo grandes y voluminosas que son y lo poco caídas que están para su gran tamaño y mi edad, son una auténtica bendición de la genética. Tienen una bonita forma de gota, con volumen ya nada más empezar el canalillo, nacen casi juntas para ir separándose y creciendo hacia abajo y hacia los lados. Están coronadas por unas areolas intensamente rosadas y grandes como galletas maría y por unos pezones de color rosado, grandes y abultados que apuntan siempre al frente.



Tengo un buen culo, redondeado y bastante firme y compacto todavía. Y en el medio un agujerito estriado de color marrón clarito.



En el pubis tengo una mata de pelo oscuro y rizado que hace un llamativo contraste con mi melena rubia. Nunca me ha gustado depilarme por completo ahí porque luego tengo muchos picores y tampoco me gusta esa sensación de chochito de niña. Si abro las piernas se ve un coño rosa oscuro, con una raja alargada y un clítoris prominente que siempre está a la vista aunque no esté excitada.



Ahora os cuento algo de mi historia sexual. No me desvirgué hasta los 23 años con mi tercer novio (tres años mayor que yo). No estuvo nada mal mi primera vez, aunque no llegué al orgasmo tuve sensaciones placenteras y apenas me dolió la penetración. A partir de ese día tuvimos relaciones con frecuencia y pronto llegaron mis primeros orgasmos. No tuvimos sexo oral.



Yo tenía 25 años cuando cortamos la relación y en pocos meses me salió otro novio (de mi misma edad). Este tío era muy activo y dominante en la cama, tanto que a veces se pasaba. Realmente era demasiado intenso para mí, pero tenía ese algo que tienen los malotes que te engancha. La primera polla que me comí fue la de él y en poco tiempo aprendí a hacer muy buenas mamadas. Y este sí que me comía el coño, y joder qué bien me lo comía. Era capaz de provocarme varios orgasmos en poco tiempo follándome o comiéndome el coño. Aunque no todo eran orgasmos, a veces se pasaba de intenso y como tiene una picha muy grande me hacía daño al penetrarme, y si yo me quejaba, se enfadaba y me dejaba a medias.



Cuando quería metérmela por el culo yo nunca me negaba si me lo hacía con cuidado. Pero era demasiado intenso y siempre me ponía a cuatro patas y me enculaba sin ningún miramiento. Total, que me dolía y apenas aguantaba unos segundos con su pollón tan grande dentro del culo. Y ya teníamos otro motivo para que se enfadara y me dejara de lado. Solía burlarse de mí diciéndome que su polla siempre me vencería y que yo era poca mujer para tanta polla. Eso hizo que cada vez me gustara menos follar con él.



Y otra cosa que tampoco me gustaba nada es cuando se corría dentro de mi boca sin avisarme, primero se reía de mí, pero terminaba cabreado porque yo escupía enseguida su leche y no me tragaba nada. Al final terminé cogiéndole un asco tremendo a las corridas en la boca y a tragar semen (aunque nunca llegué a tragarlo), desde entonces que no le permití a ningún tío correrse en mi boca.



Decidí cortar la relación con este tío. Yo tenía 28 años y entonces opté por olvidarme de novios y disfrutar la vida. Fueron unos años muy locos en los que salía de juerga con mis amigas solteras todos los fines de semana y fiestas de guardar. Conocí a una gran variedad de chicos (no todos eran malotes) y follé con algunos de ellos. Lógicamente hubo de todo: polvos buenos, polvos normalitos, auténticos polvazos, y también polvos para olvidar. Cada vez mamaba mejor las pollas y me decidí a volver probar el sexo anal, ahora sí que disfrutaba la mayoría de las veces que me follaban por el culo, algunos tíos saben hacerlo muy bien.



El caso es que me encontraba muy bien soltera y sin compromiso, de fiesta y disfrutando del sexo. El mes de agosto de 2002 fue todo un desmadre, alquilé un apartamento todo el mes en Benidorm junto con tres compañeras solteras del trabajo y no se nos ocurrió otra cosa que picarnos para ver quién follaba más, con premio especial para la que lograra follar todos los días, la que lo consiguiera no pagaría su parte del alquiler del apartamento. Pues lo creáis o no yo fui la ganadora, follé todos y cada uno de los 31 días de agosto, algunas veces también por el culo, y hubo un día muy caliente (el día 23) en el que follé tres veces con tres tíos diferentes (de buena mañana en la playa, a mediodía en una calita y por la noche en el apartamento).



Tras esas desmadradas vacaciones volvimos a la rutina diaria. Pocos días después en una comida familiar bebí bastante y se me soltó la lengua con una prima, muy beata por cierto, y le conté mis aventuras sexuales, sobre todo las más recientes en Benidorm. Ella se escandalizó muchísimo y me echó un interminable sermón que se resume en que yo era una “promiscua” y una “pecadora” a disposición del vicio de cualquier hombre, que usaba muy mal y en exceso mi vagina y, lo que era mucho peor, usaba mi boca y mi ano para tener sexo de manera totalmente contraria a la natural. Que así ningún hombre decente se fijaría en mí ni me tomaría en serio y que acabaría con algún macarra impresentable.



Al principio me lo tomé a risa y la mandé a esparragar. Pero los días siguientes, no sé por qué, empecé a darle demasiadas vueltas a lo que me había dicho y acabé rayándome mucho. Fui entrando en una espiral de “moralidad y corrección”, me sentía mal por lo que había hecho en vacaciones y cuando follaba con un tío acababa con una sensación de indecencia y culpabilidad que cada vez me dejaba disfrutar menos del sexo.



Y así estaba cuando el día que cumplía 32 años me volví a encontrar en un restaurante con un chico al que ya había conocido unas semanas antes de mis locas vacaciones en Benidorm, el que hoy es mi marido, Toni (de mi misma edad), y que no tenía nada de malote, por cierto. Fue un flechazo por parte de ambos y en cuestión de menos de 3 años empezamos a salir, nos casamos y tuvimos nuestro primer hijo, el segundo nació pocos años después.



Con Toni todo fue muy bien desde el primer día, lógicamente tenemos nuestros altibajos como pareja después de 23 años juntos. Nuestra vida sexual ha sido siempre activa, aunque muy tranquila y convencional. Toni era bastante moderado en el sexo y nunca quise confesarle cómo era mi vida sexual antes de conocernos. Por ejemplo, el sexo anal se nos quedó en el cajón porque me daba vergüenza confesarle que no era virgen por el culo y que me gustaba hacerlo por ahí, nunca quise que pensara algo malo de mí… el sermón que me echó mi prima estuvo resonando en mi cabeza durante demasiados años.



No sorprenderé a nadie si digo que, por parte de los dos, nuestra actividad sexual fue a menos con los años. Y eso se agravó desde finales de 2023 hasta el verano de 2025, en ese momento mi subconsciente y mi cuerpo empezaron a rebelarse.



Coincidiendo con la llegada del verano de 2025 comencé a tener casi todas noches sueños eróticos de todo tipo, algunos muy subidos de tono. Uno que se repetía mucho es este: yo totalmente desnuda y rodeada de un montón de tíos malotes que no pueden parar de masturbarse al verme y que acababan haciendo cola para follarme, estoy toda la noche follando porque me los paso por la piedra a todos. Muchas veces me despertaba totalmente sudada y con el coño chorreando y tenía que masturbarme dos o tres veces seguidas para calmarme.



Otro sueño que también se repetía es uno en el que veo la picha de aquel novio dominante y malote que tuve, ese pollón me folla el coño a saco o se mete dentro de mi culo hasta el fondo y me lo deja bien abierto. En algunos sueños se pone a escupir semen sin parar como si fuera una manguera, hasta que se queda todo en blanco y yo me siento totalmente sumergida en el semen, ¡qué agobio! Cuando me despertaba en medio de uno de estos sueños, además de masturbarme el clítoris también me metía un dedo o dos por el culo hasta correrme. No sé por qué sueño tanto con el pollón de mi ex, si ese cipote me dio más disgustos que alegrías en la vida real.



No sabía qué me estaba pasando, el porqué de esos sueños, no sabía si era por algún desbarajuste de hormonas provocado por la menopausia, o porque necesitaba más sexo, o por alguna otra cosa. El caso es que eso pasaba casi todas las noches. Mi marido no llegó a darse cuenta de nada y me sabía muy mal por él, sentía como que lo estaba engañando sin ningún motivo, pero era como si mi subconsciente y mi cuerpo fueran totalmente a su bola. Y la verdad es que no sabía cómo contárselo a Toni, me daba mucha vergüenza.



********************************************************



Un día de principios del mes de julio, y en plena pelea con el calor, yo estaba trabajando en mi negocio de floristería. En eso que viene Maribel, una de mis clientas, para decirme que en unos días cumple 56 años y que estamos invitados a la fiesta que ha montado para celebrarlo. «Estupendo, una fiesta siempre viene bien para romper la rutina de la semana», pensé.



«Y ¿cómo es eso que celebras los 56 con una fiesta? Normalmente la gente celebramos los 50, los 60, los 40…» le pregunté



«Ya sé que no es lo habitual, pero mira, los 50 los celebré a lo grande en 2019, luego vino el puto covid y no pude celebrar nada ni en 2020 ni en 2021. Cuando en 2022 se normalizó la cosa celebré los 53 con una fiesta, y a partir de ahí decidí que todos los años montaría un fiestón para celebrar mi cumple. Tal y como está el mundo hay que celebrarlo todo, que no sabemos qué puede pasar mañana»



«Pues tienes toda la razón, me parece muy bien eso de celebrarlo todo, que nos quiten lo “bailao”. Cuenta con nosotros para tu cumple» le respondí ilusionada.



Llegó el día de la celebración en un restaurante para eventos y allá que fui con mi marido y mis hijos. Lo estábamos pasando muy bien y me extrañó que Maribel y su marido apenas tenían contacto, él estaba siempre charlando y bebiendo con sus amigos y ella iba a la suya conversando con todo el mundo. Terminó la cena y empezó la discomóvil, hubo un momento en que mi marido y Maribel estaban bailando animadamente, me acerqué y me uní a su baile.



«Una fiesta estupenda la que has montado, Maribel» le dije



«Gracias ¿Lo estáis pasando bien?»



«De maravilla, ¿no ves a Toni lo bien que se lo pasa contigo?, ja-ja-ja»



«Sí, tu marido lo está dando todo, ja-ja-ja»



Al decirme esto aproveché para preguntarle:



«Y el tuyo… ¿por dónde anda? Casi que no le he visto el pelo en toda la fiesta»



«Pufffff… yo qué sé. Estará por ahí bebiendo cubatas con sus amigotes, que es lo que más le gusta hacer en las fiestas, eso y pasar de mí»



«Ya, pero es tu fiesta de cumpleaños. Igual es meterme donde no me importa, pero creo que debería prestarte más atención» me atreví a decirle



«Claro que sí, pero ya te habrás dado cuenta de que tiene otras prioridades»



Entonces intervino Toni en la conversación:



«Pues bastante tonto es con la mujer de bandera que tiene. Con la cantidad de tíos que hay por aquí y en la fiesta de la otra parte del restaurante, más de uno te va a tirar la caña… y él no va a estar para impedirlo, ja-ja-ja»



«Muchas gracias, Toni, eres un sol. Tu mujer también está de bandera, ¿qué digo?… de bandera y media, así que tú vigila no sea cosa que también le tiren la caña, ja-ja-ja. Que las mujeres cincuentonas estamos en nuestro mejor momento, ja-ja-ja»



«Desde luego que sí, vaya par de cincuen-tetonas que estáis hechas, ja-ja-ja, sois la envidia de todas las mujeres que hay aquí, ninguna tiene vuestras tetazas» dijo Toni un poco achispadillo ya.



«Toni, no digas tonterías, que te haces dos cubatas y te vienes arriba enseguida.» le dije a mi marido un poco sorprendida porque de normal él es bastante cortado, pero los cubatas y el baile con Maribel parece que lo habían animado.



«Tienes toda la razón, Toni, tu mujer y yo estamos buenísimas. Y estoy segura de que podemos follarnos al tío que queramos. ¿Tú cómo lo ves?» preguntó Maribel con un tono que me pareció más de morbo que de broma y que me dejó muy sorprendida, ya que la tenía por una chica reservada y tradicional.



«100% de acuerdo contigo, ja-ja-ja» respondió mi marido sin dudarlo.



«Y… ¿también estarías 100% de acuerdo en follar conmigo o en que tu mujer follara con otros tíos? Te digo más… ¿te gustaría ver cómo otro tío se folla a Celeste y la hace gozar como una perra?» preguntó Maribel a bocajarro, poniendo cara de viciosa y dejándome muy descolocada.



«Pueeeesss… ufffff… no sé, eso es una cosa que hasta que no pasa… yo qué sé. Mierda, vaya preguntas que me haces…» titubeó Toni



«¿Cómo que no sabes?, ¿es que quieres que eso pase?, ¿quieres follarte a Maribel? ¿te gustaría verme en la cama con otro tío?, ¿estás tonto o qué?» ametrallé a Toni con mis preguntas, bastante enfadada con él por no responder a Maribel que “no” con rotundidad.



Entonces Maribel me cogió del brazo, me apartó de Toni y le sugirió que fuera a pedirse otro cubata, cosa que mi marido hizo a la velocidad del rayo para desaparecer de mi vista.



«No te pongas así con tu marido y dale un poquito de cancha, que va algo tocado por el alcohol… entre eso y nuestras tetas el pobre no puede pensar con claridad, ja-ja-ja. Míralo, si está con un puntito la mar de gracioso.»



«No lo defiendas, no lo defiendas, que este te sigue la broma y dirá alguna burrada más. Y a ti… ya te vale con la bromita» contesté un poco molesta.



«Venga, Celeste, no te lo tomes así. Y no, no estoy de broma. ¿De verdad que nunca has pensado que con lo buena que estás te podrías follar al tío que tú quisieras? ¿No te gustaría enrollarte con otro tío para follar más duro que con tu marido? Solamente sexo intenso y pasarlo bien, nada de complicaciones»



«Bueno, alguna vez sí. A ver, pensamientos y sueños de esos todas tenemos, pero solo son eso, sueños y fantasías que no van a pasar de ahí»



«Ay cabrona, ves como sí que piensas en eso.»



«Sí, la verdad es que últimamente tengo unos sueños muy fuertes…» se me escapó casi sin darme cuenta y me callé de golpe para no decir nada más, yo también había bebido y el alcohol siempre me hace hablar más de la cuenta.



Pero Maribel se las arregló para sonsacarme y le conté con todo detalle los sueños tan húmedos que estaba teniendo en las últimas semanas. Se me soltó la lengua del todo y también le conté cómo era mi vida sexual de soltera. Eso sí, le dejé bien claro que en el tema del sexo estaba muy feliz con mi marido.



«Pues qué bien que estés contenta con tu marido, el mío no me toca un pelo desde hace meses. Ya lo has visto, casi que no he estado con él en toda mi fiesta de cumpleaños.» dijo Maribel un poco rabiosa



«Pues, chica, no lo entiendo. Eres guapísima, simpática, inteligente, tienes un cuerpazo… no sé qué más quiere tu marido.» contesté tratando de animarla.



«Yo tampoco sé lo que quiere, pero te voy a decir lo que quiero yo… ¡Quiero follar! ¡Ahora mismo me muero de ganas de que me echen un buen polvo! ¡Y alguien que no sea mi marido!»



«Baja la voz, loca, que te van a oír»



«Me importa un bledo si me oyen. Y para que veas que tengo razón voy a follarme al tío que me dé la gana. Y tú te vienes conmigo a zorrear, que por lo que me has contado está claro que tu coño necesita mucha más caña de la que le das»



«¿Te has vuelto loca?» solo pude decir eso antes de que Maribel me cogiera del brazo y me arrastrara con ella hacia el sitio donde más gente había.



Las dos nos pusimos a bailar en medio de la gente. En cada baile Maribel se arrimaba todo lo que podía a los tíos, aunque yo estaba tranquila porque todos eran familiares o amigos suyos y estaba claro que nada iba a pasar.



«Aquí no tenemos nada que hacer, vayamos a la otra fiesta. Mira… veo que hay dos grupitos de tíos y no conozco a ninguno. Te dejo a ti que elijas con quienes zorreamos, ja-ja-ja» me dijo Maribel.



Yo tendría que haberle quitado esa locura de la cabeza, pero entre lo que había bebido y lo excitante de la situación, mis defensas bajaron y le seguí la corriente, pensando que al final no podía pasar nada serio.



«A ver, ese grupito que está más cerca son unos críos, si hasta podríamos ser sus mamás.» dije



«¡Pues mejor, con el par de domingas que tenemos, les damos teta y más energía tendrán para follarnos! ja-ja-ja» respondió Maribel eufórica.



«¡Calla, loca! Creo que el grupito que está al fondo del todo cuadra más con nosotras, y además es el más apartado del resto de la gente. Ay, no sé por qué te estoy haciendo caso, nos vamos a meter en un lío.»



«¡De eso se trata… de meterse en un lío, pero con ellos, ja-ja-ja!» vociferaba Maribel, bastante eufórica ya.



Me había fijado en ese grupo porque, aparte de no haber nadie más alrededor y de no ser chavales (tendrían sobre treinta y pocos años), algunos tenían pinta de malotes, una de mis debilidades. Dicho y hecho, Maribel me cogió de la mano y allá que fuimos las dos sin que yo hiciera nada por impedírselo. Sinceramente creía que esos tíos iban a pasar de nosotras y fue todo lo contrario, nos presentamos y el grupito de malotes nos recibió de maravilla, no paraban de mirarnos de arriba abajo, sobre todo no nos quitaban ojo de las tetas, eso nunca falla, da igual la edad o la personalidad de los tíos.



Unos minutos después nos quedamos hablando de cosas sin importancia con dos de estos tíos hasta que uno de ellos, Juancar, dijo:



«¿Y cómo es que os habéis venido a nuestra fiesta?»



«Bueno, igual es que nos aburríamos un poco en la otra» contestó Maribel



«No me creo que dos pedazo de tías como vosotras se aburran en una fiesta. ¿Qué pasa con los hombres de esa fiesta?» siguió Juancar



«Pues que no nos dan la caña que nos hace falta… ¿verdad? Celeste» dijo Maribel de forma provocativa y lanzándome una mirada para que yo lo confirmara.



Al oír a Maribel y ver las sonrisas de los dos chicos se me cayó el mundo encima, desvié la mirada hacia otro lado y no dije nada.



«Vaya, vaya, sois dos maduritas que os va la caña, ¿eh?» dijo otro malote (Kiko)



«¡Claro!, ¡y cuanta más, mejor!» gritaba Maribel alborotada, mientras yo, muerta de vergüenza, seguía mirando para otro lado.



Entonces Juancar vino por detrás, me cogió de la cintura con las dos manos, se arrimó a mí y empezamos a bailar bastante juntos. Kiko hizo lo mismo con Maribel. Mi cabeza intentaba separarme un poco de Juancar, pero mi cuerpo me pedía lo contrario, y más difícil se me puso la cosa cuando Juancar se pegó a mí y a través de sus vaqueros pude notar un gran bulto sobre mis nalgas. Madre mía, el tío se había empalmado y su polla tiesa y dura me recorría las nalgas y toda la parte baja de la espalda por encima de mi vestido morley largo de tirantes.



Maribel y Kiko sí que bailaban totalmente pegados y ella no hacía absolutamente nada por despegarse, es más, le tocaba sin disimulo la polla a Kiko por encima del pantalón mientras él le apretaba las nalgas con una mano y le sobaba descaradamente las tetas con la otra mano.



Entonces Juancar se echó un poco hacia atrás, me cogió una mano, la puso encima del bulto de su pantalón y movió nuestras dos manos juntas para que la mía le frotara la picha de arriba abajo. Aunque estaba cubierta por el pantalón, yo podía sentir perfectamente aquella polla, que parecía ser muy grande.



«¿Qué?... ¿no te pone cachonda el tamaño de lo que estás tocando?» Me susurró Juancar al oído lamiéndome la oreja.



Todo eso hizo que me excitara al instante y, sin pensar lo que decía, respondí:



«Uffff… siiiiií… ¡cómo la noto! ¡menudo cipote calzas, tío!» susurré



«Y más que la vas a notar cuando lo tengas todo dentro. Es grande y gorda, igual que tus tetonas, y te va a volver loca.» me respondió, otra vez lamiéndome la oreja, pero ahora apretándome una teta con una mano. El fuerte apretón que le dio a mi teta me hizo volver a la realidad y recuperar un poco el sentido común.



«Seguro que tu picha es increíble y vuelve loca a cualquier mujer, pero yo soy bastante mayor que tú, estoy casada y mi marido y mis hijos están aquí al lado en la otra fiesta, esto no… no puede ser» le dije intentando no perder el control.



Pensaba que Juancar aceptaría mi argumento y que todo terminaría enseguida, pero él era un malote y su respuesta no fue la que yo esperaba.



«Vaya, ahora ha salido la mamá casada y decente. Vienes aquí con tu amiga buscando polla y cuando te la voy a dar te haces la estrecha. Conmigo eso no cuela, en el fondo te mueres de ganas de que te empotre. No vayas de señora, que seguro que tienes mucho vicio dentro, solo déjalo salir» me susurró Juancar mordisqueando mi oreja y sobándome ya sin ningún disimulo las dos tetas con sus manos. Y yo me estaba dejando llevar sin oponerle ninguna resistencia.



Ese cabronazo malote me estaba deshaciendo por momentos. Mi respiración a cada segundo era más intensa y agitada, notaba el chocho mojado y mis pezones poniéndose muy gordos y duros. Puse mis manos encima de las de Juancar para que me soltara las tetas, pero lo único que conseguí es que mis manos acompañaran a las suyas sobándome las domingas.



Estaba hecha un lío: deseaba enrollarme con Juancar y quería salir corriendo de allí a partes iguales. Me giré hacia Maribel buscando su ayuda, pero en ese momento estaba ocupada dándose un húmedo beso de tornillo con Kiko. Juancar no paraba de restregar su picha por mi culo, de sobarme las tetas y de besarme en el cuello. Y eso no me ayudaba nada a salir de allí.



Pasaron unos minutos más hasta que Maribel dijo:



«Hey, aunque estamos en el fondo del local estamos dando el cante y al final alguien se va a dar cuenta… Por allí va la encargada, vuelvo enseguida»



Maribel se despegó de Kiko para ir a hablar con la encargada del restaurante, Juancar y yo también nos despegamos y eso alivió un poco mi calentón. Maribel regresó enseguida muy contenta, agitando unas llaves con su mano.



«¡Ya está! Como conozco bastante a la encargada le he preguntado si había algún sitio para que pudiéramos estar más tranquilas. Y me ha dado las llaves del almacén que está al fondo, allí no nos molestará nadie, ji-ji-ji. Vamos “p’allá”.



«¡Definitivamente se te ha ido la olla!» exclamé



Con la mirada le dije a Maribel que no fuéramos al almacén, pero ella, con cara de viciosa, negó con la cabeza y me hizo señas de ir. Kiko y Juancar nos cogieron de la mano y nos dirigimos hacia el almacén, en el caso de Maribel era ella la que iba delante y tiraba decidida de Kiko, pero mi caso era diferente y hasta cómico: Juancar iba delante tirando de mí, yo le seguía con un pie mientras con el otro intentaba dar marcha atrás, ya digo, algo cómico y puede parecer hasta absurdo, pero en este tipo de situaciones cualquier reacción, por extraña o ridícula que parezca, es posible.



Juancar cogió las llaves y abrió la puerta del almacén y, tras dejarla cerrada de nuevo, nos dirigimos hacia adentro, había cajas de bebidas, un par de armarios grandes, algunas mesas y varias sillas apiladas. Kiko y Maribel enseguida se metieron más adentro, yo seguía avanzando con un pie y retrocediendo con el otro mientras Juancar se reía y me arrastraba con fuerza, hasta que conseguí dar un fuerte tirón hacia atrás y soltarme de su mano.



«Que no, que no, que esto no lo tengo nada claro» le dije a Juancar.



Entonces él me empujó contra una pared y comenzó a morrearme intensamente, metiéndome también toda la lengua, recorriendo con ella el interior de mi boca y buscando mi lengua. Yo le correspondí, comenzamos a comernos la boca a saco y a jugar con nuestras lenguas dentro de mi boca. Me fue bajando poco a poco los tirantes del vestido y sacándolos por mis brazos, yo seguía dejándome hacer y cuando me di cuenta ya me había bajado el vestido hasta el ombligo. Enseguida me bajó los tirantes del sujetador y tiró de él hacia abajo, dejando las copas por debajo de mis tetas que quedaron completamente a la vista de Juancar. El sujetador me molestaba colocado de esa manera, así que tuve que desabrocharlo y quitármelo del todo.



«¡Vaya par de melones que tienes! ¡Qué tetas tan grandotas y, hostia, qué bien puestas! ¡Son increíbles estas peras!» gritó eufórico.



Aunque estaba muy caliente ya, instintivamente intenté taparme las tetas con las manos, pero él uso las suyas para impedirlo y de paso darles a mis tetas un buen magreo. Hacía mucho tiempo que no me las sobaban así.



«¡Y menudos pezones, gordos y duros como pedrolos! ¡Ya quisiera yo que mi mujer tuviera unas tetas y unos pezonacos así!»



Madre mía, él también estaba casado, ¿dónde me estaba metiendo?



Juancar se lanzó a comerme las tetas y a chuparme los pezones, cada vez con más ganas, y sin parar de magreármelas al mismo tiempo. Me hacía sentir cada vez más placer.



«Para, Juancar, para por favor. Somos personas casadas y esto no puede ser… bueno… está claro que sí puede ser, pero no debemos seguir adelante…» ya no sabía qué decirle para salir de esta.

parte 2: Saludos a quienes estéis leyéndome. Soy Celeste, aunque para nada soy escritora erótica me da mucho morbo escribir sobre lo que me está pasando en los últimos meses.



Estamos en una página de relatos eróticos, así que voy a ir directa al grano describiéndome físicamente. Para bien o para mal cumplo con algunos clichés: soy madura, atractiva, rubia, tetona y con culazo. Y ese es mi físico real.



Soy cincuentona, nací en octubre de 1970, así que tengo 55 años, muy bien llevados según la gente, me dicen que aparento ser más joven y que soy una mujer muy guapa y atractiva con muchas curvas.



Soy rubia, sí rubia teñida, pero rubia al fin y al cabo (mi color natural es el castaño). Tengo ojitos vivarachos de color marrón oscuro y llevo el pelo en media melena lisa, muchas veces me hago flequillo, es algo que me gusta mucho.



Y soy tetona, muy tetona, una 95/K es mi talla actual de sujetador. Desde jovencita he tenido las tetas muy grandes y voluminosas, pero con la menopausia he ganado algunos kilos y las tetas me han crecido todavía más en tamaño y volumen, lo mejor es que han crecido sin descolgarse. Esto es lo único bueno que me ha traído la menopausia, porque el resto es un auténtico fastidio.



No tengo vientre liso ni mucho menos cintura de avispa. Mido 1,70 y mis medidas son 115/72/98 con algún kilito que sobra. Estoy muy orgullosa de mi cuerpo, sobre todo de mis tetas, me encanta lo grandes y voluminosas que son y lo poco caídas que están para su gran tamaño y mi edad, son una auténtica bendición de la genética. Tienen una bonita forma de gota, con volumen ya nada más empezar el canalillo, nacen casi juntas para ir separándose y creciendo hacia abajo y hacia los lados. Están coronadas por unas areolas intensamente rosadas y grandes como galletas maría y por unos pezones de color rosado, grandes y abultados que apuntan siempre al frente.



Tengo un buen culo, redondeado y bastante firme y compacto todavía. Y en el medio un agujerito estriado de color marrón clarito.



En el pubis tengo una mata de pelo oscuro y rizado que hace un llamativo contraste con mi melena rubia. Nunca me ha gustado depilarme por completo ahí porque luego tengo muchos picores y tampoco me gusta esa sensación de chochito de niña. Si abro las piernas se ve un coño rosa oscuro, con una raja alargada y un clítoris prominente que siempre está a la vista aunque no esté excitada.



Ahora os cuento algo de mi historia sexual. No me desvirgué hasta los 23 años con mi tercer novio (tres años mayor que yo). No estuvo nada mal mi primera vez, aunque no llegué al orgasmo tuve sensaciones placenteras y apenas me dolió la penetración. A partir de ese día tuvimos relaciones con frecuencia y pronto llegaron mis primeros orgasmos. No tuvimos sexo oral.



Yo tenía 25 años cuando cortamos la relación y en pocos meses me salió otro novio (de mi misma edad). Este tío era muy activo y dominante en la cama, tanto que a veces se pasaba. Realmente era demasiado intenso para mí, pero tenía ese algo que tienen los malotes que te engancha. La primera polla que me comí fue la de él y en poco tiempo aprendí a hacer muy buenas mamadas. Y este sí que me comía el coño, y joder qué bien me lo comía. Era capaz de provocarme varios orgasmos en poco tiempo follándome o comiéndome el coño. Aunque no todo eran orgasmos, a veces se pasaba de intenso y como tiene una picha muy grande me hacía daño al penetrarme, y si yo me quejaba, se enfadaba y me dejaba a medias.



Cuando quería metérmela por el culo yo nunca me negaba si me lo hacía con cuidado. Pero era demasiado intenso y siempre me ponía a cuatro patas y me enculaba sin ningún miramiento. Total, que me dolía y apenas aguantaba unos segundos con su pollón tan grande dentro del culo. Y ya teníamos otro motivo para que se enfadara y me dejara de lado. Solía burlarse de mí diciéndome que su polla siempre me vencería y que yo era poca mujer para tanta polla. Eso hizo que cada vez me gustara menos follar con él.



Y otra cosa que tampoco me gustaba nada es cuando se corría dentro de mi boca sin avisarme, primero se reía de mí, pero terminaba cabreado porque yo escupía enseguida su leche y no me tragaba nada. Al final terminé cogiéndole un asco tremendo a las corridas en la boca y a tragar semen (aunque nunca llegué a tragarlo), desde entonces que no le permití a ningún tío correrse en mi boca.



Decidí cortar la relación con este tío. Yo tenía 28 años y entonces opté por olvidarme de novios y disfrutar la vida. Fueron unos años muy locos en los que salía de juerga con mis amigas solteras todos los fines de semana y fiestas de guardar. Conocí a una gran variedad de chicos (no todos eran malotes) y follé con algunos de ellos. Lógicamente hubo de todo: polvos buenos, polvos normalitos, auténticos polvazos, y también polvos para olvidar. Cada vez mamaba mejor las pollas y me decidí a volver probar el sexo anal, ahora sí que disfrutaba la mayoría de las veces que me follaban por el culo, algunos tíos saben hacerlo muy bien.



El caso es que me encontraba muy bien soltera y sin compromiso, de fiesta y disfrutando del sexo. El mes de agosto de 2002 fue todo un desmadre, alquilé un apartamento todo el mes en Benidorm junto con tres compañeras solteras del trabajo y no se nos ocurrió otra cosa que picarnos para ver quién follaba más, con premio especial para la que lograra follar todos los días, la que lo consiguiera no pagaría su parte del alquiler del apartamento. Pues lo creáis o no yo fui la ganadora, follé todos y cada uno de los 31 días de agosto, algunas veces también por el culo, y hubo un día muy caliente (el día 23) en el que follé tres veces con tres tíos diferentes (de buena mañana en la playa, a mediodía en una calita y por la noche en el apartamento).



Tras esas desmadradas vacaciones volvimos a la rutina diaria. Pocos días después en una comida familiar bebí bastante y se me soltó la lengua con una prima, muy beata por cierto, y le conté mis aventuras sexuales, sobre todo las más recientes en Benidorm. Ella se escandalizó muchísimo y me echó un interminable sermón que se resume en que yo era una “promiscua” y una “pecadora” a disposición del vicio de cualquier hombre, que usaba muy mal y en exceso mi vagina y, lo que era mucho peor, usaba mi boca y mi ano para tener sexo de manera totalmente contraria a la natural. Que así ningún hombre decente se fijaría en mí ni me tomaría en serio y que acabaría con algún macarra impresentable.



Al principio me lo tomé a risa y la mandé a esparragar. Pero los días siguientes, no sé por qué, empecé a darle demasiadas vueltas a lo que me había dicho y acabé rayándome mucho. Fui entrando en una espiral de “moralidad y corrección”, me sentía mal por lo que había hecho en vacaciones y cuando follaba con un tío acababa con una sensación de indecencia y culpabilidad que cada vez me dejaba disfrutar menos del sexo.



Y así estaba cuando el día que cumplía 32 años me volví a encontrar en un restaurante con un chico al que ya había conocido unas semanas antes de mis locas vacaciones en Benidorm, el que hoy es mi marido, Toni (de mi misma edad), y que no tenía nada de malote, por cierto. Fue un flechazo por parte de ambos y en cuestión de menos de 3 años empezamos a salir, nos casamos y tuvimos nuestro primer hijo, el segundo nació pocos años después.



Con Toni todo fue muy bien desde el primer día, lógicamente tenemos nuestros altibajos como pareja después de 23 años juntos. Nuestra vida sexual ha sido siempre activa, aunque muy tranquila y convencional. Toni era bastante moderado en el sexo y nunca quise confesarle cómo era mi vida sexual antes de conocernos. Por ejemplo, el sexo anal se nos quedó en el cajón porque me daba vergüenza confesarle que no era virgen por el culo y que me gustaba hacerlo por ahí, nunca quise que pensara algo malo de mí… el sermón que me echó mi prima estuvo resonando en mi cabeza durante demasiados años.



No sorprenderé a nadie si digo que, por parte de los dos, nuestra actividad sexual fue a menos con los años. Y eso se agravó desde finales de 2023 hasta el verano de 2025, en ese momento mi subconsciente y mi cuerpo empezaron a rebelarse.



Coincidiendo con la llegada del verano de 2025 comencé a tener casi todas noches sueños eróticos de todo tipo, algunos muy subidos de tono. Uno que se repetía mucho es este: yo totalmente desnuda y rodeada de un montón de tíos malotes que no pueden parar de masturbarse al verme y que acababan haciendo cola para follarme, estoy toda la noche follando porque me los paso por la piedra a todos. Muchas veces me despertaba totalmente sudada y con el coño chorreando y tenía que masturbarme dos o tres veces seguidas para calmarme.



Otro sueño que también se repetía es uno en el que veo la picha de aquel novio dominante y malote que tuve, ese pollón me folla el coño a saco o se mete dentro de mi culo hasta el fondo y me lo deja bien abierto. En algunos sueños se pone a escupir semen sin parar como si fuera una manguera, hasta que se queda todo en blanco y yo me siento totalmente sumergida en el semen, ¡qué agobio! Cuando me despertaba en medio de uno de estos sueños, además de masturbarme el clítoris también me metía un dedo o dos por el culo hasta correrme. No sé por qué sueño tanto con el pollón de mi ex, si ese cipote me dio más disgustos que alegrías en la vida real.



No sabía qué me estaba pasando, el porqué de esos sueños, no sabía si era por algún desbarajuste de hormonas provocado por la menopausia, o porque necesitaba más sexo, o por alguna otra cosa. El caso es que eso pasaba casi todas las noches. Mi marido no llegó a darse cuenta de nada y me sabía muy mal por él, sentía como que lo estaba engañando sin ningún motivo, pero era como si mi subconsciente y mi cuerpo fueran totalmente a su bola. Y la verdad es que no sabía cómo contárselo a Toni, me daba mucha vergüenza.



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Un día de principios del mes de julio, y en plena pelea con el calor, yo estaba trabajando en mi negocio de floristería. En eso que viene Maribel, una de mis clientas, para decirme que en unos días cumple 56 años y que estamos invitados a la fiesta que ha montado para celebrarlo. «Estupendo, una fiesta siempre viene bien para romper la rutina de la semana», pensé.



«Y ¿cómo es eso que celebras los 56 con una fiesta? Normalmente la gente celebramos los 50, los 60, los 40…» le pregunté



«Ya sé que no es lo habitual, pero mira, los 50 los celebré a lo grande en 2019, luego vino el puto covid y no pude celebrar nada ni en 2020 ni en 2021. Cuando en 2022 se normalizó la cosa celebré los 53 con una fiesta, y a partir de ahí decidí que todos los años montaría un fiestón para celebrar mi cumple. Tal y como está el mundo hay que celebrarlo todo, que no sabemos qué puede pasar mañana»



«Pues tienes toda la razón, me parece muy bien eso de celebrarlo todo, que nos quiten lo “bailao”. Cuenta con nosotros para tu cumple» le respondí ilusionada.



Llegó el día de la celebración en un restaurante para eventos y allá que fui con mi marido y mis hijos. Lo estábamos pasando muy bien y me extrañó que Maribel y su marido apenas tenían contacto, él estaba siempre charlando y bebiendo con sus amigos y ella iba a la suya conversando con todo el mundo. Terminó la cena y empezó la discomóvil, hubo un momento en que mi marido y Maribel estaban bailando animadamente, me acerqué y me uní a su baile.



«Una fiesta estupenda la que has montado, Maribel» le dije



«Gracias ¿Lo estáis pasando bien?»



«De maravilla, ¿no ves a Toni lo bien que se lo pasa contigo?, ja-ja-ja»



«Sí, tu marido lo está dando todo, ja-ja-ja»



Al decirme esto aproveché para preguntarle:



«Y el tuyo… ¿por dónde anda? Casi que no le he visto el pelo en toda la fiesta»



«Pufffff… yo qué sé. Estará por ahí bebiendo cubatas con sus amigotes, que es lo que más le gusta hacer en las fiestas, eso y pasar de mí»



«Ya, pero es tu fiesta de cumpleaños. Igual es meterme donde no me importa, pero creo que debería prestarte más atención» me atreví a decirle



«Claro que sí, pero ya te habrás dado cuenta de que tiene otras prioridades»



Entonces intervino Toni en la conversación:



«Pues bastante tonto es con la mujer de bandera que tiene. Con la cantidad de tíos que hay por aquí y en la fiesta de la otra parte del restaurante, más de uno te va a tirar la caña… y él no va a estar para impedirlo, ja-ja-ja»



«Muchas gracias, Toni, eres un sol. Tu mujer también está de bandera, ¿qué digo?… de bandera y media, así que tú vigila no sea cosa que también le tiren la caña, ja-ja-ja. Que las mujeres cincuentonas estamos en nuestro mejor momento, ja-ja-ja»



«Desde luego que sí, vaya par de cincuen-tetonas que estáis hechas, ja-ja-ja, sois la envidia de todas las mujeres que hay aquí, ninguna tiene vuestras tetazas» dijo Toni un poco achispadillo ya.



«Toni, no digas tonterías, que te haces dos cubatas y te vienes arriba enseguida.» le dije a mi marido un poco sorprendida porque de normal él es bastante cortado, pero los cubatas y el baile con Maribel parece que lo habían animado.



«Tienes toda la razón, Toni, tu mujer y yo estamos buenísimas. Y estoy segura de que podemos follarnos al tío que queramos. ¿Tú cómo lo ves?» preguntó Maribel con un tono que me pareció más de morbo que de broma y que me dejó muy sorprendida, ya que la tenía por una chica reservada y tradicional.



«100% de acuerdo contigo, ja-ja-ja» respondió mi marido sin dudarlo.



«Y… ¿también estarías 100% de acuerdo en follar conmigo o en que tu mujer follara con otros tíos? Te digo más… ¿te gustaría ver cómo otro tío se folla a Celeste y la hace gozar como una perra?» preguntó Maribel a bocajarro, poniendo cara de viciosa y dejándome muy descolocada.



«Pueeeesss… ufffff… no sé, eso es una cosa que hasta que no pasa… yo qué sé. Mierda, vaya preguntas que me haces…» titubeó Toni



«¿Cómo que no sabes?, ¿es que quieres que eso pase?, ¿quieres follarte a Maribel? ¿te gustaría verme en la cama con otro tío?, ¿estás tonto o qué?» ametrallé a Toni con mis preguntas, bastante enfadada con él por no responder a Maribel que “no” con rotundidad.



Entonces Maribel me cogió del brazo, me apartó de Toni y le sugirió que fuera a pedirse otro cubata, cosa que mi marido hizo a la velocidad del rayo para desaparecer de mi vista.



«No te pongas así con tu marido y dale un poquito de cancha, que va algo tocado por el alcohol… entre eso y nuestras tetas el pobre no puede pensar con claridad, ja-ja-ja. Míralo, si está con un puntito la mar de gracioso.»



«No lo defiendas, no lo defiendas, que este te sigue la broma y dirá alguna burrada más. Y a ti… ya te vale con la bromita» contesté un poco molesta.



«Venga, Celeste, no te lo tomes así. Y no, no estoy de broma. ¿De verdad que nunca has pensado que con lo buena que estás te podrías follar al tío que tú quisieras? ¿No te gustaría enrollarte con otro tío para follar más duro que con tu marido? Solamente sexo intenso y pasarlo bien, nada de complicaciones»



«Bueno, alguna vez sí. A ver, pensamientos y sueños de esos todas tenemos, pero solo son eso, sueños y fantasías que no van a pasar de ahí»



«Ay cabrona, ves como sí que piensas en eso.»



«Sí, la verdad es que últimamente tengo unos sueños muy fuertes…» se me escapó casi sin darme cuenta y me callé de golpe para no decir nada más, yo también había bebido y el alcohol siempre me hace hablar más de la cuenta.



Pero Maribel se las arregló para sonsacarme y le conté con todo detalle los sueños tan húmedos que estaba teniendo en las últimas semanas. Se me soltó la lengua del todo y también le conté cómo era mi vida sexual de soltera. Eso sí, le dejé bien claro que en el tema del sexo estaba muy feliz con mi marido.



«Pues qué bien que estés contenta con tu marido, el mío no me toca un pelo desde hace meses. Ya lo has visto, casi que no he estado con él en toda mi fiesta de cumpleaños.» dijo Maribel un poco rabiosa



«Pues, chica, no lo entiendo. Eres guapísima, simpática, inteligente, tienes un cuerpazo… no sé qué más quiere tu marido.» contesté tratando de animarla.



«Yo tampoco sé lo que quiere, pero te voy a decir lo que quiero yo… ¡Quiero follar! ¡Ahora mismo me muero de ganas de que me echen un buen polvo! ¡Y alguien que no sea mi marido!»



«Baja la voz, loca, que te van a oír»



«Me importa un bledo si me oyen. Y para que veas que tengo razón voy a follarme al tío que me dé la gana. Y tú te vienes conmigo a zorrear, que por lo que me has contado está claro que tu coño necesita mucha más caña de la que le das»



«¿Te has vuelto loca?» solo pude decir eso antes de que Maribel me cogiera del brazo y me arrastrara con ella hacia el sitio donde más gente había.



Las dos nos pusimos a bailar en medio de la gente. En cada baile Maribel se arrimaba todo lo que podía a los tíos, aunque yo estaba tranquila porque todos eran familiares o amigos suyos y estaba claro que nada iba a pasar.



«Aquí no tenemos nada que hacer, vayamos a la otra fiesta. Mira… veo que hay dos grupitos de tíos y no conozco a ninguno. Te dejo a ti que elijas con quienes zorreamos, ja-ja-ja» me dijo Maribel.



Yo tendría que haberle quitado esa locura de la cabeza, pero entre lo que había bebido y lo excitante de la situación, mis defensas bajaron y le seguí la corriente, pensando que al final no podía pasar nada serio.



«A ver, ese grupito que está más cerca son unos críos, si hasta podríamos ser sus mamás.» dije



«¡Pues mejor, con el par de domingas que tenemos, les damos teta y más energía tendrán para follarnos! ja-ja-ja» respondió Maribel eufórica.



«¡Calla, loca! Creo que el grupito que está al fondo del todo cuadra más con nosotras, y además es el más apartado del resto de la gente. Ay, no sé por qué te estoy haciendo caso, nos vamos a meter en un lío.»



«¡De eso se trata… de meterse en un lío, pero con ellos, ja-ja-ja!» vociferaba Maribel, bastante eufórica ya.



Me había fijado en ese grupo porque, aparte de no haber nadie más alrededor y de no ser chavales (tendrían sobre treinta y pocos años), algunos tenían pinta de malotes, una de mis debilidades. Dicho y hecho, Maribel me cogió de la mano y allá que fuimos las dos sin que yo hiciera nada por impedírselo. Sinceramente creía que esos tíos iban a pasar de nosotras y fue todo lo contrario, nos presentamos y el grupito de malotes nos recibió de maravilla, no paraban de mirarnos de arriba abajo, sobre todo no nos quitaban ojo de las tetas, eso nunca falla, da igual la edad o la personalidad de los tíos.



Unos minutos después nos quedamos hablando de cosas sin importancia con dos de estos tíos hasta que uno de ellos, Juancar, dijo:



«¿Y cómo es que os habéis venido a nuestra fiesta?»



«Bueno, igual es que nos aburríamos un poco en la otra» contestó Maribel



«No me creo que dos pedazo de tías como vosotras se aburran en una fiesta. ¿Qué pasa con los hombres de esa fiesta?» siguió Juancar



«Pues que no nos dan la caña que nos hace falta… ¿verdad? Celeste» dijo Maribel de forma provocativa y lanzándome una mirada para que yo lo confirmara.



Al oír a Maribel y ver las sonrisas de los dos chicos se me cayó el mundo encima, desvié la mirada hacia otro lado y no dije nada.



«Vaya, vaya, sois dos maduritas que os va la caña, ¿eh?» dijo otro malote (Kiko)



«¡Claro!, ¡y cuanta más, mejor!» gritaba Maribel alborotada, mientras yo, muerta de vergüenza, seguía mirando para otro lado.



Entonces Juancar vino por detrás, me cogió de la cintura con las dos manos, se arrimó a mí y empezamos a bailar bastante juntos. Kiko hizo lo mismo con Maribel. Mi cabeza intentaba separarme un poco de Juancar, pero mi cuerpo me pedía lo contrario, y más difícil se me puso la cosa cuando Juancar se pegó a mí y a través de sus vaqueros pude notar un gran bulto sobre mis nalgas. Madre mía, el tío se había empalmado y su polla tiesa y dura me recorría las nalgas y toda la parte baja de la espalda por encima de mi vestido morley largo de tirantes.



Maribel y Kiko sí que bailaban totalmente pegados y ella no hacía absolutamente nada por despegarse, es más, le tocaba sin disimulo la polla a Kiko por encima del pantalón mientras él le apretaba las nalgas con una mano y le sobaba descaradamente las tetas con la otra mano.



Entonces Juancar se echó un poco hacia atrás, me cogió una mano, la puso encima del bulto de su pantalón y movió nuestras dos manos juntas para que la mía le frotara la picha de arriba abajo. Aunque estaba cubierta por el pantalón, yo podía sentir perfectamente aquella polla, que parecía ser muy grande.



«¿Qué?... ¿no te pone cachonda el tamaño de lo que estás tocando?» Me susurró Juancar al oído lamiéndome la oreja.



Todo eso hizo que me excitara al instante y, sin pensar lo que decía, respondí:



«Uffff… siiiiií… ¡cómo la noto! ¡menudo cipote calzas, tío!» susurré



«Y más que la vas a notar cuando lo tengas todo dentro. Es grande y gorda, igual que tus tetonas, y te va a volver loca.» me respondió, otra vez lamiéndome la oreja, pero ahora apretándome una teta con una mano. El fuerte apretón que le dio a mi teta me hizo volver a la realidad y recuperar un poco el sentido común.



«Seguro que tu picha es increíble y vuelve loca a cualquier mujer, pero yo soy bastante mayor que tú, estoy casada y mi marido y mis hijos están aquí al lado en la otra fiesta, esto no… no puede ser» le dije intentando no perder el control.



Pensaba que Juancar aceptaría mi argumento y que todo terminaría enseguida, pero él era un malote y su respuesta no fue la que yo esperaba.



«Vaya, ahora ha salido la mamá casada y decente. Vienes aquí con tu amiga buscando polla y cuando te la voy a dar te haces la estrecha. Conmigo eso no cuela, en el fondo te mueres de ganas de que te empotre. No vayas de señora, que seguro que tienes mucho vicio dentro, solo déjalo salir» me susurró Juancar mordisqueando mi oreja y sobándome ya sin ningún disimulo las dos tetas con sus manos. Y yo me estaba dejando llevar sin oponerle ninguna resistencia.



Ese cabronazo malote me estaba deshaciendo por momentos. Mi respiración a cada segundo era más intensa y agitada, notaba el chocho mojado y mis pezones poniéndose muy gordos y duros. Puse mis manos encima de las de Juancar para que me soltara las tetas, pero lo único que conseguí es que mis manos acompañaran a las suyas sobándome las domingas.



Estaba hecha un lío: deseaba enrollarme con Juancar y quería salir corriendo de allí a partes iguales. Me giré hacia Maribel buscando su ayuda, pero en ese momento estaba ocupada dándose un húmedo beso de tornillo con Kiko. Juancar no paraba de restregar su picha por mi culo, de sobarme las tetas y de besarme en el cuello. Y eso no me ayudaba nada a salir de allí.



Pasaron unos minutos más hasta que Maribel dijo:



«Hey, aunque estamos en el fondo del local estamos dando el cante y al final alguien se va a dar cuenta… Por allí va la encargada, vuelvo enseguida»



Maribel se despegó de Kiko para ir a hablar con la encargada del restaurante, Juancar y yo también nos despegamos y eso alivió un poco mi calentón. Maribel regresó enseguida muy contenta, agitando unas llaves con su mano.



«¡Ya está! Como conozco bastante a la encargada le he preguntado si había algún sitio para que pudiéramos estar más tranquilas. Y me ha dado las llaves del almacén que está al fondo, allí no nos molestará nadie, ji-ji-ji. Vamos “p’allá”.



«¡Definitivamente se te ha ido la olla!» exclamé



Con la mirada le dije a Maribel que no fuéramos al almacén, pero ella, con cara de viciosa, negó con la cabeza y me hizo señas de ir. Kiko y Juancar nos cogieron de la mano y nos dirigimos hacia el almacén, en el caso de Maribel era ella la que iba delante y tiraba decidida de Kiko, pero mi caso era diferente y hasta cómico: Juancar iba delante tirando de mí, yo le seguía con un pie mientras con el otro intentaba dar marcha atrás, ya digo, algo cómico y puede parecer hasta absurdo, pero en este tipo de situaciones cualquier reacción, por extraña o ridícula que parezca, es posible.



Juancar cogió las llaves y abrió la puerta del almacén y, tras dejarla cerrada de nuevo, nos dirigimos hacia adentro, había cajas de bebidas, un par de armarios grandes, algunas mesas y varias sillas apiladas. Kiko y Maribel enseguida se metieron más adentro, yo seguía avanzando con un pie y retrocediendo con el otro mientras Juancar se reía y me arrastraba con fuerza, hasta que conseguí dar un fuerte tirón hacia atrás y soltarme de su mano.



«Que no, que no, que esto no lo tengo nada claro» le dije a Juancar.



Entonces él me empujó contra una pared y comenzó a morrearme intensamente, metiéndome también toda la lengua, recorriendo con ella el interior de mi boca y buscando mi lengua. Yo le correspondí, comenzamos a comernos la boca a saco y a jugar con nuestras lenguas dentro de mi boca. Me fue bajando poco a poco los tirantes del vestido y sacándolos por mis brazos, yo seguía dejándome hacer y cuando me di cuenta ya me había bajado el vestido hasta el ombligo. Enseguida me bajó los tirantes del sujetador y tiró de él hacia abajo, dejando las copas por debajo de mis tetas que quedaron completamente a la vista de Juancar. El sujetador me molestaba colocado de esa manera, así que tuve que desabrocharlo y quitármelo del todo.



«¡Vaya par de melones que tienes! ¡Qué tetas tan grandotas y, hostia, qué bien puestas! ¡Son increíbles estas peras!» gritó eufórico.



Aunque estaba muy caliente ya, instintivamente intenté taparme las tetas con las manos, pero él uso las suyas para impedirlo y de paso darles a mis tetas un buen magreo. Hacía mucho tiempo que no me las sobaban así.



«¡Y menudos pezones, gordos y duros como pedrolos! ¡Ya quisiera yo que mi mujer tuviera unas tetas y unos pezonacos así!»



Madre mía, él también estaba casado, ¿dónde me estaba metiendo?



Juancar se lanzó a comerme las tetas y a chuparme los pezones, cada vez con más ganas, y sin parar de magreármelas al mismo tiempo. Me hacía sentir cada vez más placer.



«Para, Juancar, para por favor. Somos personas casadas y esto no puede ser… bueno… está claro que sí puede ser, pero no debemos seguir adelante…» ya no sabía qué decirle para salir de esta.

parte 2: singlerelatos.blogspot.com/2026/04/la-fiesta-que-lo-cambio-todo-2.html

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