Buenas gentes!!!
Como sabrán, ayer se cayó la página, y no me dejó subir el post.
Gracias por la paciencia.
Ya saben, si les gusta esta parte dejen sus comentarios, puntúen y compartan, si llegamos a: 800pts y 10 comentarios, 15 comentarios O 1000pts, subo la continuación.
Vuelvo a agradecerles por no soltarme la mano.
Gracias TOTALES
Si no vieron el capítulo anterior:

Capítulo VI:
El vuelo no tuvo complicaciones. Llegamos al hotel y, al pedir la reserva, me preguntaron qué relación tenía con mí acompañante ya que solo figuraba mí nombre “+1”. Mí madre, muy tranquila contestó con total normalidad “Soy su esposa” mientras me tomaba de la mano. El recepcionista le pidió los datos y nos dió las dos tarjetas-llave y el maletero nos guió a nuestra habitación. Ya los dos solos nos fundimos en un beso que, claramente, terminó en una sesión de sexo. Nos fuimos sacando la ropa mientras nos besábamos por todos lados, nos abrazamos desnudos, mí miembro estaba haciendo presión contra la pelvis de mí madre y nos dejamos caer en la cama. Al momento de subirme arriba de ella para penetrarla recuerdo que no teníamos condones, ella me mira y me dice “Mí amor, acá soy tu esposa, no necesitamos eso. Vení con mami”. Nuevamente la besé mientras volvía a entrar en ella. Estuvimos un rato con la posición del misionero y luego, mí madre, puso sus piernas en mis hombros para sentirme más profundo, mientras la penetraba estimulaba su clítoris mientras que con otra mano le pellizcaba los pezones. Al cabo de un tiempo estaba llegando a mí límite y ella también. Increíblemente, cuando estuvimos por acabar, Liliana se abrió de piernas y con ellas se aferró a mí cintura impidiendo que me separe de ella y haciendo que eyacule dentro de mí propia madre mientras ella llegaba a su clímax. Las piernas de mí progenitora se aflojaron, yo me desplomé a su lado. Nos miramos, nos besamos y luego nos dormimos ya que todo el ajetreo nos dejó cansados.



A la mañana siguiente nos despertamos completamente desnudos y destapados, mí mamá aún tenía gotas de mí semen saliendo de su vagina. Eso me excitó de tal manera que, sin pensarlo, comencé a besarla por el cuello mientras me colocaba encima de ella. Liliana, aún dormida, se movía por instinto y separó sus piernas. No podía soportar más así que la acomodé lo mejor que pude y la penetré lentamente. Claramente estaba pasada de sueño ya que ella no es de tener el sueño tan pesado pero eso no me detuvo ya que, somnolienta como estaba, empezó a soltar pequeños gemidos. De a poco fui intensificando el ritmo, sentir que mí madre se humedecía (aunque estuviera dormida), sumado a la humedad por mis fluidos que dejé la noche anterior, era algo altamente excitante. Me costaba controlarme, estaba desaforado, y empecé a embestirla más profundo. Sus gemidos iban en aumento y eso me ponía más caliente así que aumenté la fuerza, ya no resistí más y di la última embestida lo más fuerte y profundo que pude para acabar. Mí madre se despertó en el momento preciso en el que comencé a depositar en su interior mí primer carga de semen del día. En cambio de enojarse y alejarme me abrazó tiernamente besándome en los labios mientras que envolvía mis caderas con sus piernas. Con hasta la última gota de mí semen dentro de su vagina, mí madre me soltó, no sin decirme “Que hermosa manera de despertar mí primer día como tu esposa, ahora… no es justo que vos hayas acabado y yo no ¿No?” así que, aprovechando que mí miembro no se había bajado por completo, continué con el mete y saca pero Liliana me dijo que no era tan necesario que haga movimientos más suaves pero que use mis dedos mágicos y así hice. Con movimientos suaves seguía con el vaivén pero con la yema de mí dedo gordo estimulaba su clítoris. Mí mamá se movía, casi sin fuerza, por el estado de somnolencia, pero agarraba la almohada o se acariciaba mientras se mordía los labios mientras se le escapaban unos gemidos. No fue mucho lo que tardó en acabar, ahí se le aflojaron más las piernas y brazos, así que saqué mí pene del interior de la vagina que me había parido.
L: Vení, tráeme esa pija para acá que tengo que saludarla – dijo Liliana con una voz muy adormecida.
N: Dejá mamá, no es necesario, está toda llena de leche.
L: Ay, como si nunca te la hubiera chupado y tragado además, en esa leche no dejan de estar mis nietos jaja – tenía razón así que dirigí la cabeza de mí chota a su boca con la que se prendió y comenzó a chupar y limpiar –. Bueno, ya está limpia, vamos a vestirnos, quiero ir a la playa y tenemos que desayunar para recuperar fuerzas.

Mí mamá entró al baño mientras yo me ponía la malla (tipo bermuda) y cuando salió con su bikini… bueno, volví a empalmarme. Ella se rió y me dijo que guarde esas ganas para la vuelta ya que no podemos estar todo el día a puro sexo en la habitación, se puso un pareo y fuimos a desayunar.

El resto del día lo pasamos como una pareja normal, fuimos a la playa y caminamos por la orilla, muchos hombres se daban vuelta para ver a mí mamá pero, en vez de molestarme, paseaba y la mostraba con orgullo. En un momento paré repentinamente la tomé de la nuca y le di un beso en la boca mientras que, con la otra mano, le agarraba una nalga y la apretaba contra mí pelvis para que sintiera como me tenía. Luego de eso nos metimos al agua y jugamos un poco.
Ya se estaba haciendo la hora del almuerzo y, si bien en el hotel nos daban la comida, decidimos ir a buscar algún lugar medio típico para comer. Encontramos un restaurante familiar, parecía que hicieron el local en el garaje de la casa, la comida no podía ser más rica y casera. Con el estómago lleno decidimos salir a pasear y caminar por ahí. No se los voy a hacer mucho más largo, recorrimos las calles tomados de la mano como una pareja de enamorados. Al volver al hotel subimos a la habitación para bañarnos y después bajar a cenar pero esa ducha, a diferencia de la de nuestra casa, era especial. No sabría decir qué tenía pero aumentó nuestra libido sexual ya que, mientras me estaba bañando, ella entró en la ducha y comenzó a besarme.


Nos empezamos a acariciar mientras nuestras bocas tenían un combate de lenguas, rápidamente mí miembro se irguió y hacía presión contra la pelvis de mí progenitora quien, sin inmutarse, se arrodilló y comenzó a chuparmela. Luego de un tiempo la puse de pie y le separé las piernas para ahora ser yo quién se agache y le dé sexo oral. Liliana esbozó algunos gemidos suaves pero, aunque le gustaba lo que le estaba haciendo me dijo que le resultaba incómodo así que me paré, la volví a besar y ella, instintivamente, se dió vuelta dándome la espalda. Mí verga, toda dura, se incrustaba entre las nalgas de mí madre quien movía sus caderas para volverme más loco, yo la presioné contra mí y así poder manosearla mientras besaba su cuello. Los juegos solo hacían que nos desesperemos más. Mí mamá se inclinó hacia adelante poniendo las manos en la pared y levantando la cadera invitándome a ingresar nuevamente en ella. No desaproveché tal invitación y coloqué la cabeza de mí verga en la entrada de la cobcha de mí madre, la movía para hacer que la deseara más y, lentamente, fui introduciendo mí miembro en la vagina que años atrás me dió a luz. Fue una sensación rara ya que el agua quitaba un poco de lubricación de mí madre pero se sentía muy bien, el ruido de los chapoteos, que se generaban por el choque de mí pelvis con el culo de mí madre, solo eran opacados por sus gemidos. Mí mamá no pudo aguantar mucho y llegó al clímax, eso la aflojó, la sujeté de su cadera para que no se cayera y seguí penetrándola sin ningún tipo de compasión hasta que, no mucho después, comencé a bombear todo mí semen dentro de su útero. Volvimos a ser dos y nos besamos bajo la ducha mientras, de su vagina, salían gotas mí esperma recién depositado que recorrían sus muslos.





Nos terminamos de bañar, fue difícil sin volver a caer en la tentación pero lo conseguimos y, ya vestidos, fuimos a cenar. En el comedor preguntamos por algunos lugares para ir de noche, nos recomendaron algunos bares y lugares de espectáculos. Nos decidimos por un bar cercano para tomar algo y volvimos a nuestra habitación donde, obviamente, terminamos la noche con un último polvo, claro que este fue muy simple dado el día movido que tuvimos.
El día siguiente fue muy similar. Un mañanero, desayuno, playa, almuerzo, sexo, un poco más de playa, cena, bar, sexo y dormir. Ya el tercer día nos tocó una tormenta brutal así que no hubo playa, pero eso no detuvo nuestro festejo ya que nos la pasamos todo el día con el mete y saca en la habitación. Parábamos para descansar, dormir un poquito y recuperar fuerzas, para ir a comer o ir al baño. Bueno, claro que no fue solo sexo, hubo caricias, charlas y esas cosas.




No recuerdo si fue el cuarto, quinto o sexto día donde Liliana me despertó con una chupada de pija hermosa. Pero, a diferencia de otros días, está vez sólo lo hizo para despertarme dado que ella ya tenía su bikini puesto. Me dejó con la verga a media asta, no erguida y dura ni pequeña y flácida, me ordenó que me vista y vayamos a desayunar, que se nos hacía tarde. Yo no entendía nada, mí mamá solo me decía que tenía una sorpresa para mí. Terminamos de desayunar y nos fuimos a la playa. Luego de tomar un poco de sol, mientras mirábamos el paisaje, mí madre me propuso ir a caminar, a lo cual no me opuse. Íbamos de la mano como un matrimonio común y corriente, bajamos al agua y comenzamos con juegos (tirarnos agua, ver quién pasaba mejor las olas, esas cosas). De repente mí madre me abrazó y comenzó a besarme, seguíamos siendo como dos adolescentes enamorados pero más parecíamos una pareja recién casada. Mí mujer no se separaba de mí, al contrario, estaba cada vez más pegada y, como dice el dicho “entre beso y beso, se asoma la sin hueso”. Mí miembro estaba erectándose y mí mamá lo sentía. Liliana sonrió, miró alrededor y al ver que no había nadie cerca metió su mano en el agua para liberar mí pene ya duro y se me subió como un koala aferrándose con sus piernas. En un movimiento de caderas, que desconozco, mí madre hizo que mí pene entrara en su vagina para comenzar con el coito. Como estábamos en el agua el peso era menor así que pude sostener el cuerpo de mí madre rebotando en mí pelvis.
La sensación es muy distinta al sexo en la piscina o bañera ya que el agua es salada y vuelve un poco más áspero todo pero la situación era muy excitante. Luego de unos minutos mí madre me dijo al oído “sos lo mejor que me pasó en la vida, te amo Nahu, no me dejes nunca”, fue entonces cuando mis manos apretaron más sus nalgas y presionaron para que su pelvis no se separe de la mía haciendo que descargue todo mí semen dentro del útero de la mujer que me había dado la vida. Mí madre se aferró bien fuerte a mí, tanto que clavó sus uñas en mí espalda. Con los huevos vacíos y la vagina de mí madre llena nos fuimos soltando, el agua ayudó a que no sea una caída sino un suave descenso. Ella se acomodó su bikini mientras yo me acomodaba mí short para salir del agua y caminar un poco más por la arena.
Seguimos un poco más por la costa hasta llegar a unos médanos, allí, más en privado, volvimos a besarnos y amarnos. La arena hacía que el tacto fuera diferente pero eso no impidió que nos besáramos con locura, aún estábamos un poco húmedos por el “chapuzón” de hacía rato así que los granos de arena se nos iban pegando en varias partes de nuestros cuerpos. Nada de eso nos iba a detener, teníamos nuestros deseos a flor de piel, jamás me había pasado algo tan fuerte y creo que a ella tampoco. Por las dudas que alguien nos pueda ver no nos desvestimos, hicimos como en el agua, con la diferencia que, en esta ocasión, mí mamá continuó con el trabajo que empezó al despertarme, bajó a mí entrepierna y me hizo una chupada de pija hermosa, quería acabar y llenarle la boca de sus “nietos” pero ella me pidió que no, que aguante un poco más. Me tendí en la arena y mí progenitora, corriendo la parte inferior de su bikini se sentó encima de mí introduciéndose mí pija por completo. Mí madre me cabalgaba como una profesional del amor, bufaba y se mordía los labios para no hacer tanto ruido. Yo no me resistía y le masajeaba las tetas, le pellizcaba los pezones, estaba en éxtasis, no sabía qué más hacer hasta que llegó el momento. La tomé fuerte de la cadera y presioné contra mí pelvis para que, en un engaño de instintos, mí verga entrara más en mí madre y depositara más profundo mí semen. Ella, por su parte, tuvo unos espasmos por su orgasmo. Al finalizar se desplomó sobre mí y nos abrazamos, aún unidos por nuestros genitales, quedándonos dormidos. Minutos después nos despertamos y, luego de unos besos, nos separamos y acomodamos nuestros trajes de baño para volver al hotel pero antes nos detuvimos en un parador a almorzar frente al mar.

Continuará...
Como sabrán, ayer se cayó la página, y no me dejó subir el post.
Gracias por la paciencia.
Ya saben, si les gusta esta parte dejen sus comentarios, puntúen y compartan, si llegamos a: 800pts y 10 comentarios, 15 comentarios O 1000pts, subo la continuación.
Vuelvo a agradecerles por no soltarme la mano.
Gracias TOTALES
Si no vieron el capítulo anterior:

Capítulo VI:
El vuelo no tuvo complicaciones. Llegamos al hotel y, al pedir la reserva, me preguntaron qué relación tenía con mí acompañante ya que solo figuraba mí nombre “+1”. Mí madre, muy tranquila contestó con total normalidad “Soy su esposa” mientras me tomaba de la mano. El recepcionista le pidió los datos y nos dió las dos tarjetas-llave y el maletero nos guió a nuestra habitación. Ya los dos solos nos fundimos en un beso que, claramente, terminó en una sesión de sexo. Nos fuimos sacando la ropa mientras nos besábamos por todos lados, nos abrazamos desnudos, mí miembro estaba haciendo presión contra la pelvis de mí madre y nos dejamos caer en la cama. Al momento de subirme arriba de ella para penetrarla recuerdo que no teníamos condones, ella me mira y me dice “Mí amor, acá soy tu esposa, no necesitamos eso. Vení con mami”. Nuevamente la besé mientras volvía a entrar en ella. Estuvimos un rato con la posición del misionero y luego, mí madre, puso sus piernas en mis hombros para sentirme más profundo, mientras la penetraba estimulaba su clítoris mientras que con otra mano le pellizcaba los pezones. Al cabo de un tiempo estaba llegando a mí límite y ella también. Increíblemente, cuando estuvimos por acabar, Liliana se abrió de piernas y con ellas se aferró a mí cintura impidiendo que me separe de ella y haciendo que eyacule dentro de mí propia madre mientras ella llegaba a su clímax. Las piernas de mí progenitora se aflojaron, yo me desplomé a su lado. Nos miramos, nos besamos y luego nos dormimos ya que todo el ajetreo nos dejó cansados.



A la mañana siguiente nos despertamos completamente desnudos y destapados, mí mamá aún tenía gotas de mí semen saliendo de su vagina. Eso me excitó de tal manera que, sin pensarlo, comencé a besarla por el cuello mientras me colocaba encima de ella. Liliana, aún dormida, se movía por instinto y separó sus piernas. No podía soportar más así que la acomodé lo mejor que pude y la penetré lentamente. Claramente estaba pasada de sueño ya que ella no es de tener el sueño tan pesado pero eso no me detuvo ya que, somnolienta como estaba, empezó a soltar pequeños gemidos. De a poco fui intensificando el ritmo, sentir que mí madre se humedecía (aunque estuviera dormida), sumado a la humedad por mis fluidos que dejé la noche anterior, era algo altamente excitante. Me costaba controlarme, estaba desaforado, y empecé a embestirla más profundo. Sus gemidos iban en aumento y eso me ponía más caliente así que aumenté la fuerza, ya no resistí más y di la última embestida lo más fuerte y profundo que pude para acabar. Mí madre se despertó en el momento preciso en el que comencé a depositar en su interior mí primer carga de semen del día. En cambio de enojarse y alejarme me abrazó tiernamente besándome en los labios mientras que envolvía mis caderas con sus piernas. Con hasta la última gota de mí semen dentro de su vagina, mí madre me soltó, no sin decirme “Que hermosa manera de despertar mí primer día como tu esposa, ahora… no es justo que vos hayas acabado y yo no ¿No?” así que, aprovechando que mí miembro no se había bajado por completo, continué con el mete y saca pero Liliana me dijo que no era tan necesario que haga movimientos más suaves pero que use mis dedos mágicos y así hice. Con movimientos suaves seguía con el vaivén pero con la yema de mí dedo gordo estimulaba su clítoris. Mí mamá se movía, casi sin fuerza, por el estado de somnolencia, pero agarraba la almohada o se acariciaba mientras se mordía los labios mientras se le escapaban unos gemidos. No fue mucho lo que tardó en acabar, ahí se le aflojaron más las piernas y brazos, así que saqué mí pene del interior de la vagina que me había parido.
L: Vení, tráeme esa pija para acá que tengo que saludarla – dijo Liliana con una voz muy adormecida.
N: Dejá mamá, no es necesario, está toda llena de leche.
L: Ay, como si nunca te la hubiera chupado y tragado además, en esa leche no dejan de estar mis nietos jaja – tenía razón así que dirigí la cabeza de mí chota a su boca con la que se prendió y comenzó a chupar y limpiar –. Bueno, ya está limpia, vamos a vestirnos, quiero ir a la playa y tenemos que desayunar para recuperar fuerzas.

Mí mamá entró al baño mientras yo me ponía la malla (tipo bermuda) y cuando salió con su bikini… bueno, volví a empalmarme. Ella se rió y me dijo que guarde esas ganas para la vuelta ya que no podemos estar todo el día a puro sexo en la habitación, se puso un pareo y fuimos a desayunar.

El resto del día lo pasamos como una pareja normal, fuimos a la playa y caminamos por la orilla, muchos hombres se daban vuelta para ver a mí mamá pero, en vez de molestarme, paseaba y la mostraba con orgullo. En un momento paré repentinamente la tomé de la nuca y le di un beso en la boca mientras que, con la otra mano, le agarraba una nalga y la apretaba contra mí pelvis para que sintiera como me tenía. Luego de eso nos metimos al agua y jugamos un poco.
Ya se estaba haciendo la hora del almuerzo y, si bien en el hotel nos daban la comida, decidimos ir a buscar algún lugar medio típico para comer. Encontramos un restaurante familiar, parecía que hicieron el local en el garaje de la casa, la comida no podía ser más rica y casera. Con el estómago lleno decidimos salir a pasear y caminar por ahí. No se los voy a hacer mucho más largo, recorrimos las calles tomados de la mano como una pareja de enamorados. Al volver al hotel subimos a la habitación para bañarnos y después bajar a cenar pero esa ducha, a diferencia de la de nuestra casa, era especial. No sabría decir qué tenía pero aumentó nuestra libido sexual ya que, mientras me estaba bañando, ella entró en la ducha y comenzó a besarme.


Nos empezamos a acariciar mientras nuestras bocas tenían un combate de lenguas, rápidamente mí miembro se irguió y hacía presión contra la pelvis de mí progenitora quien, sin inmutarse, se arrodilló y comenzó a chuparmela. Luego de un tiempo la puse de pie y le separé las piernas para ahora ser yo quién se agache y le dé sexo oral. Liliana esbozó algunos gemidos suaves pero, aunque le gustaba lo que le estaba haciendo me dijo que le resultaba incómodo así que me paré, la volví a besar y ella, instintivamente, se dió vuelta dándome la espalda. Mí verga, toda dura, se incrustaba entre las nalgas de mí madre quien movía sus caderas para volverme más loco, yo la presioné contra mí y así poder manosearla mientras besaba su cuello. Los juegos solo hacían que nos desesperemos más. Mí mamá se inclinó hacia adelante poniendo las manos en la pared y levantando la cadera invitándome a ingresar nuevamente en ella. No desaproveché tal invitación y coloqué la cabeza de mí verga en la entrada de la cobcha de mí madre, la movía para hacer que la deseara más y, lentamente, fui introduciendo mí miembro en la vagina que años atrás me dió a luz. Fue una sensación rara ya que el agua quitaba un poco de lubricación de mí madre pero se sentía muy bien, el ruido de los chapoteos, que se generaban por el choque de mí pelvis con el culo de mí madre, solo eran opacados por sus gemidos. Mí mamá no pudo aguantar mucho y llegó al clímax, eso la aflojó, la sujeté de su cadera para que no se cayera y seguí penetrándola sin ningún tipo de compasión hasta que, no mucho después, comencé a bombear todo mí semen dentro de su útero. Volvimos a ser dos y nos besamos bajo la ducha mientras, de su vagina, salían gotas mí esperma recién depositado que recorrían sus muslos.





Nos terminamos de bañar, fue difícil sin volver a caer en la tentación pero lo conseguimos y, ya vestidos, fuimos a cenar. En el comedor preguntamos por algunos lugares para ir de noche, nos recomendaron algunos bares y lugares de espectáculos. Nos decidimos por un bar cercano para tomar algo y volvimos a nuestra habitación donde, obviamente, terminamos la noche con un último polvo, claro que este fue muy simple dado el día movido que tuvimos.
El día siguiente fue muy similar. Un mañanero, desayuno, playa, almuerzo, sexo, un poco más de playa, cena, bar, sexo y dormir. Ya el tercer día nos tocó una tormenta brutal así que no hubo playa, pero eso no detuvo nuestro festejo ya que nos la pasamos todo el día con el mete y saca en la habitación. Parábamos para descansar, dormir un poquito y recuperar fuerzas, para ir a comer o ir al baño. Bueno, claro que no fue solo sexo, hubo caricias, charlas y esas cosas.




No recuerdo si fue el cuarto, quinto o sexto día donde Liliana me despertó con una chupada de pija hermosa. Pero, a diferencia de otros días, está vez sólo lo hizo para despertarme dado que ella ya tenía su bikini puesto. Me dejó con la verga a media asta, no erguida y dura ni pequeña y flácida, me ordenó que me vista y vayamos a desayunar, que se nos hacía tarde. Yo no entendía nada, mí mamá solo me decía que tenía una sorpresa para mí. Terminamos de desayunar y nos fuimos a la playa. Luego de tomar un poco de sol, mientras mirábamos el paisaje, mí madre me propuso ir a caminar, a lo cual no me opuse. Íbamos de la mano como un matrimonio común y corriente, bajamos al agua y comenzamos con juegos (tirarnos agua, ver quién pasaba mejor las olas, esas cosas). De repente mí madre me abrazó y comenzó a besarme, seguíamos siendo como dos adolescentes enamorados pero más parecíamos una pareja recién casada. Mí mujer no se separaba de mí, al contrario, estaba cada vez más pegada y, como dice el dicho “entre beso y beso, se asoma la sin hueso”. Mí miembro estaba erectándose y mí mamá lo sentía. Liliana sonrió, miró alrededor y al ver que no había nadie cerca metió su mano en el agua para liberar mí pene ya duro y se me subió como un koala aferrándose con sus piernas. En un movimiento de caderas, que desconozco, mí madre hizo que mí pene entrara en su vagina para comenzar con el coito. Como estábamos en el agua el peso era menor así que pude sostener el cuerpo de mí madre rebotando en mí pelvis.
La sensación es muy distinta al sexo en la piscina o bañera ya que el agua es salada y vuelve un poco más áspero todo pero la situación era muy excitante. Luego de unos minutos mí madre me dijo al oído “sos lo mejor que me pasó en la vida, te amo Nahu, no me dejes nunca”, fue entonces cuando mis manos apretaron más sus nalgas y presionaron para que su pelvis no se separe de la mía haciendo que descargue todo mí semen dentro del útero de la mujer que me había dado la vida. Mí madre se aferró bien fuerte a mí, tanto que clavó sus uñas en mí espalda. Con los huevos vacíos y la vagina de mí madre llena nos fuimos soltando, el agua ayudó a que no sea una caída sino un suave descenso. Ella se acomodó su bikini mientras yo me acomodaba mí short para salir del agua y caminar un poco más por la arena.
Seguimos un poco más por la costa hasta llegar a unos médanos, allí, más en privado, volvimos a besarnos y amarnos. La arena hacía que el tacto fuera diferente pero eso no impidió que nos besáramos con locura, aún estábamos un poco húmedos por el “chapuzón” de hacía rato así que los granos de arena se nos iban pegando en varias partes de nuestros cuerpos. Nada de eso nos iba a detener, teníamos nuestros deseos a flor de piel, jamás me había pasado algo tan fuerte y creo que a ella tampoco. Por las dudas que alguien nos pueda ver no nos desvestimos, hicimos como en el agua, con la diferencia que, en esta ocasión, mí mamá continuó con el trabajo que empezó al despertarme, bajó a mí entrepierna y me hizo una chupada de pija hermosa, quería acabar y llenarle la boca de sus “nietos” pero ella me pidió que no, que aguante un poco más. Me tendí en la arena y mí progenitora, corriendo la parte inferior de su bikini se sentó encima de mí introduciéndose mí pija por completo. Mí madre me cabalgaba como una profesional del amor, bufaba y se mordía los labios para no hacer tanto ruido. Yo no me resistía y le masajeaba las tetas, le pellizcaba los pezones, estaba en éxtasis, no sabía qué más hacer hasta que llegó el momento. La tomé fuerte de la cadera y presioné contra mí pelvis para que, en un engaño de instintos, mí verga entrara más en mí madre y depositara más profundo mí semen. Ella, por su parte, tuvo unos espasmos por su orgasmo. Al finalizar se desplomó sobre mí y nos abrazamos, aún unidos por nuestros genitales, quedándonos dormidos. Minutos después nos despertamos y, luego de unos besos, nos separamos y acomodamos nuestros trajes de baño para volver al hotel pero antes nos detuvimos en un parador a almorzar frente al mar.

Continuará...
13 comentarios - Más allá de los Lazos VI
Gracias por seguirme y comentar.
Me alegra que te haya gustado.
Ni bien lleguemos al objetivo subo la continuación!