"Aunque entre el sueño y el papel algo se pierde
Y con los años duele más cuando me escucho
Fingiendo ser un estupendo viejo verde
Y lo de viejo, sintiéndolo mucho"
- J. Sabina

Siempre me dieron cringe los señores que van en el transporte viendo porno en su celular, o los que compran "El Gráfico" o "Metro" y van viendo, muy quitados de la pena, a las chicas semidesnudas mientras van al trabajo.
Creo que se necesita un nivel de valeverguismo muy cabrón y nada de vergüenza para andar morboseando morras en internet como si nada. Pero desde hace unos años Instagram cambio las reglas del juego. Ahora deslizamos el dedo sobre la pantalla y disfrutamos un desfile de imágenes eróticas como quien hojea un catálogo de zapatos.
Des-li-za-mos-el-de-do... ¡Seguro eso te gusta, puta! ¿Sientes mi dedo frontando sobre tu tanga? ¡Claro! hay una pantalla en el medio.
¡Díos, cómo me excita V! Me caga su indiferencia y que desaparezca por días, pero me estoy volviendo adicto a jalarmela releyendo nuestras fantasias. Cómo aquella en la que la despierto mamandole la concha, ella toma mi cabeza con fuerza, sus dedos se cierran jalando mi cabello y me presiona la cara contra su deliciosa y jugosa vagina.
¿Cuántas corridas más tendrán su nombre? Estoy pensando en hacerle un tributo. Quiero que responda, que me muestre foto de la ropita interior que está usando, sacarme la verga, comenzar a tocarla suave y delicadamente, imaginar que tengo su boquita perversa haciendo eso que me ha descrito que le gusta hacer, lo de los círculos con su lengüita sobre la cabeza de mi pene; quiero escribirme su nikname en el pito, tomarme una foto simulando penetrar la imagen de su culo entangado que me mandó y continuar masturbándome hasta venirme en la idea que tengo de ella.
"Me gustaría algo menos poético y más..." Eso fue lo que respondió sobre el relato que le hice.
Sucede que siempre me han dado cringe esos viejos que van por la vida con la verga parada y viendo porno en vía pública. Lo cagado es que ahora yo soy uno de esos que se la pasa viendo las fotos de V, releyendo conversaciones, escribiéndole fantasías textuales, con el pene tan erecto que en cualquier momento revienta el ziper de mis pantalones.
Y es que escribirle que quiero ponerla boca abajo en la cama de forma violenta, montarme sobre ella, sostener con mis manos sus muñecas extendidas sobre su cabeza, acomodar con mi pelvis mi pito justo en medio de sus nalgas, usar mis piernas para abrir las suyas, mientras le beso las orejas, el cuello, muerdo su nuca y escucho como comienza a jadear; eso me pone horny y mis compañeras de oficina ya comienzan a ver indiscretamente el bulto que se me está haciendo bajo el cinturón.
El desarrollo, climax y final feliz de esa fantasía textual tendrá que esperar a que V se conecte, se ponga cómoda, se sienta relajada y comience a tocarse la vulva llevando sus deditos húmedos hacia su rico culo para que juntos demos forma a nuestras más perversas ganas de cogernos.
Del Manual de Superación para Tramposos. 02/26
Y con los años duele más cuando me escucho
Fingiendo ser un estupendo viejo verde
Y lo de viejo, sintiéndolo mucho"
- J. Sabina

Siempre me dieron cringe los señores que van en el transporte viendo porno en su celular, o los que compran "El Gráfico" o "Metro" y van viendo, muy quitados de la pena, a las chicas semidesnudas mientras van al trabajo.
Creo que se necesita un nivel de valeverguismo muy cabrón y nada de vergüenza para andar morboseando morras en internet como si nada. Pero desde hace unos años Instagram cambio las reglas del juego. Ahora deslizamos el dedo sobre la pantalla y disfrutamos un desfile de imágenes eróticas como quien hojea un catálogo de zapatos.
Des-li-za-mos-el-de-do... ¡Seguro eso te gusta, puta! ¿Sientes mi dedo frontando sobre tu tanga? ¡Claro! hay una pantalla en el medio.
¡Díos, cómo me excita V! Me caga su indiferencia y que desaparezca por días, pero me estoy volviendo adicto a jalarmela releyendo nuestras fantasias. Cómo aquella en la que la despierto mamandole la concha, ella toma mi cabeza con fuerza, sus dedos se cierran jalando mi cabello y me presiona la cara contra su deliciosa y jugosa vagina.
¿Cuántas corridas más tendrán su nombre? Estoy pensando en hacerle un tributo. Quiero que responda, que me muestre foto de la ropita interior que está usando, sacarme la verga, comenzar a tocarla suave y delicadamente, imaginar que tengo su boquita perversa haciendo eso que me ha descrito que le gusta hacer, lo de los círculos con su lengüita sobre la cabeza de mi pene; quiero escribirme su nikname en el pito, tomarme una foto simulando penetrar la imagen de su culo entangado que me mandó y continuar masturbándome hasta venirme en la idea que tengo de ella.
"Me gustaría algo menos poético y más..." Eso fue lo que respondió sobre el relato que le hice.
Sucede que siempre me han dado cringe esos viejos que van por la vida con la verga parada y viendo porno en vía pública. Lo cagado es que ahora yo soy uno de esos que se la pasa viendo las fotos de V, releyendo conversaciones, escribiéndole fantasías textuales, con el pene tan erecto que en cualquier momento revienta el ziper de mis pantalones.
Y es que escribirle que quiero ponerla boca abajo en la cama de forma violenta, montarme sobre ella, sostener con mis manos sus muñecas extendidas sobre su cabeza, acomodar con mi pelvis mi pito justo en medio de sus nalgas, usar mis piernas para abrir las suyas, mientras le beso las orejas, el cuello, muerdo su nuca y escucho como comienza a jadear; eso me pone horny y mis compañeras de oficina ya comienzan a ver indiscretamente el bulto que se me está haciendo bajo el cinturón.
El desarrollo, climax y final feliz de esa fantasía textual tendrá que esperar a que V se conecte, se ponga cómoda, se sienta relajada y comience a tocarse la vulva llevando sus deditos húmedos hacia su rico culo para que juntos demos forma a nuestras más perversas ganas de cogernos.
Del Manual de Superación para Tramposos. 02/26
0 comentarios - Esa rutina deberia terminar en mi cara