Lo que, en principio, siempre me había parecido imposible, ahora sé que puede pasar, solo hace falta que se den las circunstancias adecuadas. Nunca digas de esta agua no beberé.

Como introducción, ¿Qué pensaba por aquel entonces de mi hermano? Nada, no pensaba nada, ni bueno ni malo.

Aunque soy un poco mayor que él, la diferencia de mentalidad me parecía más acusada. Tampoco me voy a tachar de súper madura; la experiencia me ha demostrado que no era tan crío como parecía o yo ahora quiero creer que era diferente de los demás.

Como se puede ver, me estoy intentando justificar. Intento justificar lo injustificable a los ojos de la sociedad. ¿Pero ha vivido esa sociedad, censora de estas actitudes, lo que nosotros hemos pasado? No, no lo ha hecho y siempre, siempre, lo más fácil es condenar.

¡Si hasta me reprocho yo a mí misma! (Pero poquito)

Me enamoré de él. Sí, de mi hermano. Si me lo dicen de otras personas, diría que es imposible, ¿Cómo te puedes enamorar de un hermano? No lo sé, pero a mí me pasó. Lo que pude llorar, lo que pude maldecir… Solo Dios lo sabe.

Y todo por una estupidez, siempre es por estupideces, es cuando te pillan la guardia baja. Me explico:

Como uno de tantos fines de semana, prácticamente todos los del año, nos habían dejado solos; mis padres raramente están en casa. Mi hermano Andy aprovechaba estas ocasiones para traerse a alguna amiguita aquí, ver una peli y, naturalmente, echar un polvo. O varios.

No es que me importara demasiado, generalmente yo hacía lo mismo, llegando incluso a compartir cena y peli con él; con ellos, debería decir.

Andrés, 19 años, guapo a rabiar (siempre desde mi punto de vista). Tiene el pelo castaño, casi negro y los ojos muy azules, está bastante cachas, sin exagerar. Desde que le quitaron el aparato dental, tiene una sonrisa de ensueño, las vuelve loquitas a todas. Además, tiene labia el jodío y, aunque sea un cabroncete (en el buen sentido) pone unas caritas de bueno que te hacen el chichi pepsicola.

Yo soy… Bueno, me considero mona, tengo el pelo castaño pero me pongo mechas rubias, los ojos azules, pero no tienen la intensidad de color de los de mi hermano. Es que los de él son alucinantes. Me siento orgullosa de mi cuerpo, creo tener el culo y las tetas muy bien puestos, en la medida justa. No destaco nada en especial, pero creo que el conjunto es de nota alta.

A lo que iba, fin de semana sin padres, habitual, amigo que va a venir a casa, cenita y, ya que no están los jefes, aprovechar su habitación. Al hablar con Andy para preguntar sobre sus planes, los mismos que los míos y con la misma pretensión.

Acabamos echando a suertes la habitación paterna y tuve la fortuna de ganar. Es que, aparte de tele de plasma con 3D, dvd, disco duro con mogollón de pelis, cama tamaño extra, tiene un baño con jacuzzi de obra que ni los de Gran Hermano.

Vino mi amigo “con derecho a roce” Quique, un chico estupendo que me gustaba bastante. No tanto como para salir en serio con él pero sí para tener algún desahogo de vez en cuando.

Casi a la vez llegó Vanessa, Vany, medio novia de Andy. Yo lo siento, pero el nombre de Vanessa me pone de los nervios, ya empezaba mal con la chica esta. Pero resultó ser simpática, aparte de guapísima. Por lo menos, lo que tenía lo sabía explotar muy bien, no me extrañaba que mi hermano quisiera montárselo con ella.

Entre risas y cubatas, pasamos una tarde súper agradable los cuatro. Nos fumamos unos canutos y nos bebimos la ginebra y el ron del bar de mi padre. No había mayor problema, en la despensa había más; de alcohol, mi casa siempre ha estado muy bien surtida.

A la hora de hacer la cena, con un buen puntillo (o borracha perdida), me decidí por unos espaguetis con salsa de champiñones y huevo que me salen estupendos. Riéndome como todos, cubata en ristre, fui a la cocina a poner el agua a hervir en una cazuela y cebolla a pochar en otra para hacer la salsa.

Me empecé a enredar entre ollas y sartenes; siempre que entro en la cocina, si no es para menú diario, me lo tomo con interés, me gusta hacer las cosas bien. Además, mamá insiste en que el amor se conserva por el estómago, así que hay que saber cocinar (más vale prevenir).

Al cabo de un ratillo, todavía no había hervido el agua, llamé a Quique para que viniera a ayudarme, quería que batiera unos huevos en los que luego iba a echar los espaguetis. Desde el salón me dijo que no tenía ni idea de batir huevos, pero me lo soltó riéndose a tope. No me sentó muy bien, encima de que te pones a hacer la cena, que no te ayude ni tu pareja…

Sabiendo cómo soy con estas cosas, me cabreo muchísimo cuando me dejan tirada, apareció Andy a echarme una mano. Menos mal que, en el fondo, es un chico estupendo, otro hubiera pasado de todo y que le montara el pollo a Quique, que se lo merecía.

Estuve un poco mosqueada, pero mi hermano, con su sonrisa encantadora y sus ojos azulísimos (en ese momento, como yo digo, iba con los halógenos) consiguió hacerme reír y que se me pasara el cabreo.

Seguimos haciendo la cena, charlando muy animados, comentando de nuestras respectivas parejas mientras nos terminábamos los cubatas y nos fumábamos un peta que él preparó delante de mí. Es bueno tener un hermano así de apañadito.

Pensé entonces que ojalá Quique fuera cómo él. Sabía divertirse y sabía ser agradable. Quizás por el mosqueo, quizás por mi hermano, quizás por el pedo que tenía, en ese momento pasaba bastante del “amigo con derecho a roce”. Fue Andy, con sus gracias y sus chorradas el que me hizo recuperar el buen humor.

Cuando tuvimos todo listo, fuimos al salón con la fuente de espaguetis, la salsa, los platos y los cubiertos, además de una botella de vino bueno que había abierto mi hermano.

No tengo palabras para explicar cómo me sentí entonces. Vany y Quique estaban metiéndose mano en el sofá, ella con la camiseta en el cuello enseñando el sujetador, con el pantalón desabrochado, con la mano de mi pareja entre sus piernas, notándose perfectamente que la había metido debajo de la ropa interior, llegando hasta el coño. Ella le tenía agarrada la polla que le salía por la bragueta y se la meneaba de arriba abajo mientras ambos se comían los morros con frenesí.

A mí, Quique, me hacía gracia, pero Andy estaba bastante quedado de Vanessa. No sé si me dio más rabia por él que por mí; nos pusimos a gritar, a llamarles de todo.

-¡Puta! – Soltó mi hermano cogiendo a su pareja de malas maneras, levantándola del sofá.

-¡Y delante de mi cara, zorra! – Continuó -¿Te crees que puedes venir aquí y montártelo con otro? ¡Eres una guarra! ¡Puta de mierda!

Mi hermano estaba rojo de ira, parecía que en cualquier momento le podía dar una bofetada a la chica, así que, echando una mirada asesina a Quique, tenía ganas de estrangularle lentamente, intenté calmarle.

-Déjalo Andy, no merece la pena. No merecen la pena ninguno de los dos.

Pero el imbécil de Quique tuvo que joderlo.

-Que yo sepa, éstos no están saliendo en serio. Y tú y yo tampoco; si tu hermano deja sola a una pedazo de tía como Vany… Ya sabe a lo que se arriesga, tía. Aquí, el que no corre, vuela.

Evidentemente estaba muy colgado de alcohol y porros, su tono fue totalmente desafiante. Conociendo a Andy, Quique podía salir mal parado. Quizás, debería haber pasado, que se jodiera el imbécil este. Porque me estaba dejando a la altura del betún rebajándome ante esta fulana que apenas tendría 18 años.

Viendo el cielo abierto, la tal Vanessa se agarró al comentario de mi pareja.

-Mira tío – Le dijo a Andy -A una tía como yo no se la deja sola mucho rato. Que yo soy mucha tía, mucha tía para ti solo, capullo.

No me tiré a sus pelos de milagro. ¡No te jode la niñata! ¡Mucha tía para mi hermano! ¿Qué se había creído? ¡Vacilándonos en nuestra propia casa!

Andy, al borde de la congestión, se fue a por ellos, pero yo le paré poniéndome delante. Físicamente, Quique no tenía ni media hostia, mi hermano lo podía tumbar de la primera bofetada. Cogió el bolso de ella, su abrigo, la cazadora del imbécil y, abriendo la puerta, los tiró a la calle.

-¡Fuera! ¡Fuera de esta casa, hijos de puta! Y a ti – Dijo refiriéndose a Vanessa –Ni se te ocurra volver a llamarme en tu puta vida, zorra de mierda.

Cerró de un portazo, oímos sus voces al otro lado pero no entendimos nada. Nos quedamos hechos polvo en casa; una velada agradable y bien planificada que se iba a la mierda por culpa de dos impresentables. ¡Joder, que mierda!

A falta de nada mejor que hacer, mientras rumiábamos nuestro mal humor, Andy se sirvió un chupito de tequila ofreciéndome otro que no dudé en aceptar.

Al quinto chupito y segundo porro seguidos, estábamos riéndonos de todo y de todos mientras nos comíamos los espaguetis.

-Con vaya par de gilipollas nos hemos ido a enrollar. Son para mear y no echar gota – Me dijo riéndose – ¿Pero no van y se ponen a montárselo delante nuestro? Hay que ser puta. Y tu amiguito, vaya cabrón, te estaba poniendo unos cuernos del quince…

-Ya te digo. Pues no sé si acabará con tu Vany o no, pero conmigo, lo lleva claro. Tienes razón ¡Qué gilipollas! Aunque, a lo mejor, han sido los porros y los cubatas – Quise quitar hierro.

-¡Ya! ¡Cubatas y porros! Yo no te estaba metiendo mano ni comiéndote la boca como si me fuera la vida en ello. ¡Que es mucha tía! ¡Más mujer eres tú! Que se vayan a tomar por el culo, que les sodomicen los dioses por el camino.

Me hizo gracia la frase y me entró un ataque de risa. Mi hermano se contagió, pero no se dio cuenta o, mejor dicho, no me di cuenta de que acababa de plantar una semilla nada recomendable.

Tras calmarnos un poco, seguimos sentados cenando nuestros espaguetis hechos a medias. Nos habían salido de cine y la botellita de vino entraba de miedo. Tras haber puesto a parir a nuestros respectivos, nos dedicamos a hablar de cosas nuestras, con confianza, como si estuviéramos en una cita… ¡Joder! Me estaba haciendo sentir muy, muy cómoda.

Podría decir que la cantidad de alcohol y hierba consumida por ambos nos hacía estar mucho más relajados y empáticos, no faltaría a la verdad. Sin embargo, tenía que reconocer que si estuviera con Quique, es muy posible que no me encontrara igual.

Más excitada, sí. Las expectativas de hacer el amor con él me tenían más cachonda de lo normal, pero tampoco vamos a pasarnos, era una situación típica, no estaba deseando echar un polvo por encima de todo, sólo pasar una agradable noche de sábado, en casa, con un buen amigo y la compañía de mi hermano con su novieta.

Terminando de recoger los platos y cubiertos, los llevamos juntos a la cocina. Lavamos las cazuelas y satenes, metimos la vajilla al lavaplatos, inconscientemente me comportaba con Andy como si hubiera sido mi pareja. Le decía las cosas que hacer, qué fregar, donde guardar…

Él me miraba divertido, estoy segura de que sabía que me estaba portando así sin darme cuenta. Al final, entre risas me lo dijo.

-Oye Ana, ya sé que querías estar con Quique, pero yo soy tu hermano, ya sé donde se guardan las cosas y qué tengo que hacer en la cocina.

Me dejó un poco parada, me quedé mirando sus ojazos y, dándome cuenta de que tenía razón, colorada como un tomate me puse a reír.

-Es verdad, se me estaba yendo un poquito la cabeza. Tanto cubata y tanto chupito pegan lo suyo. No suelo ser muy bebedora y ahora tengo un ciego que te cagas.

-Ya, más la hierba que te has fumado. Porque bebedora no sé, pero fumadora…

Estalló en carcajadas viendo mi vergüenza.

-¡Vete a la porra! ¡Como si tú no hubieras fumado!

-No te enfades, era broma. Solo le estaba tomando un poquito el pelo a mi hermana mayor. – Me dijo con sorna.

-¡Oye, rico! ¡De mayor nada! Te llevo año y medio, nada más. ¿A ver si te vas a creer que estás aquí con tu abuela? – Contesté un poquito molesta.

Riendo, me dio un abrazo calmándome totalmente.

-No te enfades. Eres la chavala más guapa que conozco. Te lo he dicho cuando ese par de imbéciles se lo estaban montando, si no fuera tu hermano, estaría contigo, no con la golfa de Vany. Eso, si tú quisieras, claro, porque eres de las que puedes elegir a cualquiera y, a lo mejor, yo no soy tu tipo.

Porque me tenía abrazada, que si no… No creo que las amapolas fueran tan rojas como mi cara en ese momento. Me estaba dando un sofoco… tenía que contestar algo, tenía que romper ese abrazo, me estaba pasando algo raro y era mi hermano el que lo provocaba…

-A lo mejor no… O, a lo mejor sí ¿Quién sabe? – Contesté lo más calmada que pude, separándome de él.

Me dirigí al salón, me serví otro chupito, necesitaba alcohol fuerte para calmar un poquito los nervios que me había provocado Andy.

Vino detrás de mí, se sirvió otro mientras se sentaba en el sofá.

-¿Qué te apetece hacer? A mí me sigue apeteciendo ver una peli, pero solo tenía una porno para ver con Vanessa y no es plan. Vamos al cuarto de los papás y ponemos una en 3D?

Me quedé pensando un segundo ¿Ver una película con Andy en la cama de mis padres? Tal y como me sentía ahora, era un poco raro… Aunque, la verdad, me apetecía un montón.

Botella en mano, nos dirigimos a la habitación principal, elegimos una peli del disco duro y bien repanchingados en la cama, nos dispusimos a verla. Mi hermano había seleccionado una totalmente de tíos, Transformers. No estaban mal los efectos especiales pero, para ser sincera, no me estaba enterando de nada.

Él disfrutaba, se le veía tenso en las escenas de acción de una especie de coches robot muy conseguidas. No recuerdo el nombre del actor, no me llamó mucho la atención, pero la chica era bastante mona…

Comentándolo con Andy, me dijo que sí, que le gustaba aquella actriz (tampoco sé cómo se llamaba).

-En cierto modo, se parece bastante a ti – Me dijo muy tranquilo.

-¿Esa? ¿A mí? – Me dejó un poco pasmada. No le veía el parecido ni en el blanco de los ojos.

-Sí, se da un aire, sobre todo en el tipo. De cara, eres tú más guapa.

Me quedé muda pues hablaba serio. Bueno, serio, serio… Hablaba viendo la película, sin mirarme a mí, más concentrado en lo que pasaba que en mi persona.

No quise insistir en el tema. Me apetecía preguntarle “¿Te parezco guapa?” Era evidente que sí, a no ser que me estuviera tomando el pelo. Me empezó a producir cierto desasosiego que mi hermano fuera capaz de evaluarme físicamente, ya era la segunda o tercera vez que me lo decía hoy.

No me quise comer más la cabeza, estaba un poco (o muy) colgada después de tanto beber y fumar. La película no me interesaba nada y, sin darme cuenta, me fui quedando dormida.

En un momento de la noche, me desperté con la boca como un estropajo, pidiendo a gritos un vaso de agua. Estaba un poco perdida, aquello no era mi cuarto, no era mi cama… Me di cuenta de donde estaba, mi hermano dormía a mi lado, encima del edredón, vestido únicamente con camiseta y bóxer de tela. Yo, en cambio, estaba tapada por una manta, debía de haber sido él al quedarme traspuesta. Había apagado la luz, la tele y, sabiendo que soy muy miedosa, había dejado encendida una lámpara en el pasillo.

¡Qué encanto!

Fui a beber al cuarto de baño y, de paso, hacer mis necesidades. Casi me meo encima. Todavía adormilada, me lavé en el bidé en vez de usar sólo papel higiénico. Al secarme me di cuenta de la bobada que acababa de hacer.

Tenía la cabeza pesada y me dolía por la resaca. Cogí un par de aspirinas, me las tomé y, sin pensarlo, volví a la habitación de mis padres como si fuera la mía.

Me quité el pantalón que llevaba, me quedé en camiseta y tanga, abrí las sábanas y tapando con la manta a Andy, me metí en ellas. No tardé ni dos segundos en quedarme dormida.

Al cabo de un rato, me pareció que mi hermano también se metía entre las sábanas, no sé si lo estaba soñando o fue real.

Tenía frio, había una fuente de calor un poco más allá. Me acerqué a ella y me pegué lo más posible, noté como estampaba mis tetas contra su espalda. Al cabo de poquito, estaba en la gloria, bien acurrucada haciéndole la cuchara. Sin embargo, estaba inquieta, di media vuelta, quedamos espalda contra espalda…

Estaba calentita y bastante a gusto pero… Su espalda estaba dura… Le di con el culo en el suyo esperando… Solo más comodidad. Sí, sólo eso.

Se dio media vuelta, se puso como yo antes, pegando su pecho a mí. Ahora sí estaba bien…

Cinco minutos después estaba histérica, me estaba echando el aliento en la nuca, me ponía frenética. Eché la cabeza hacia delante, sin separarme de él y conseguí quedarme más tranquila.

Medio desperté con cierto desasosiego, no entendía qué pasaba, algo me tocaba… Me tranquilicé al comprobar que sólo era la mano de Andy en mi pecho. Menos mal, creí que era otra cosa. Volví a quedarme frita con una sensación agradable y cierto runrun en la cabeza… Bah, tonterías mías

Algo volvía a pasarme ¿Por qué me despertaba? Estaba sintiendo otra cosa, me querían meter algo por mi chisme… ¿Quién? ¿Por qué? Estaba perpleja, no entendía nada…

Cuando mi mente fue capaz de interpretar con cierta coherencia, me encontré una polla enorme intentando taladrar mis entrañas. Antes de moverme, de reaccionar de alguna manera, tenía la mitad en mi interior y ya me llegaba al cuello de la matriz. ¡Vaya cacharro!

Me estaban mordiendo suavemente la nuca, me estaban sobando las tetas. Con sorpresa descubrí que las tenía durísimas, con los pezones como pitones de un miura, que me estaba encantando… Intenté relajarme, tenía que conseguir que la polla de mi amante entrara entera…

Mientras la mano que me sobaba el pecho iba bajando hasta frotarme el clítoris, fui subiendo la excitación al máximo, intentando relajar los músculos vaginales… Lo conseguí, noté su vello púbico en mis nalgas… ¡Qué dolor! ¡Qué gusto! ¡Cómo se movía! ¡Me estaba llevando al paraíso… Mi hermano era genial…

¡Hostias! ¡Mi hermano!

Soltándome como pude salté de la cama como si tuviera un resorte, dando un grito de espanto tremendo.

Encendió la luz, yo miraba horrorizada hacia la cama, unos ojos azulísimos y alucinados me miraban a mí…

Volví a gritar tapándome la boca con las manos, mirando aquel mástil enorme, Andy sólo balbuceaba excusas…

-Yo, yo, lo siento… Ana… Lo siento… No sabía… Yo creía que Vany…

Salí corriendo de allí, vestida solo con una camiseta, desnuda de cintura para abajo. Ni me acordé de buscar mi ropa interior. Me encerré en el cuarto de baño, estaba más allá del espanto. Me metí en la ducha, bajo el agua casi hirviendo, restregándome con un guante de crin hasta hacerme daño. Me lavaba el coño como una posesa, tenía que quitarme de encima toda evidencia de lo que había pasado.

Al salir del cuarto de baño, sólo vestida con mi albornoz, me lo encontré esperando fuera. Intentó acercarse, abrazarme, excusarse…

Antes de que me tocara, salté hacia atrás gritando.

-¡MO ME TOQUES!

Pareció como se le hubiera picado una avispa, se retiró dejándome paso, pidiendo disculpas

-Ana, lo siento, no sabía que eras tú, creía que era Vanessa…

-¿Me estás comparando con esa golfa? – Grité histérica

-No, no, no. Sólo que no me di cuenta de que eras tú. ¿No pensarás que lo estaba haciendo aposta? – Me dijo compungido.

No sabía que pensar, estaba de los nervios, mi propio hermano me había metido la polla ¡Vaya polla! No sabía hasta que punto había sido consciente porque yo lo supe desde el principio, sólo que no había sabido reaccionar. Me hizo sentir fatal, tan guarra como su amiga, peor incluso…

Salí corriendo otra vez hacia mi habitación donde me encerré con pestillo. Le oía al otro lado de la puerta

-Ana, perdóname. No quería decirte eso, eres maravillosa; sabes que nunca te haría daño. Perdón, por favor, perdóname.

Mientras enterraba la cabeza en la almohada, sollozando, no fui capaz de contestar. Oí cómo se iba por el pasillo y me sentí peor aún. Había disfrutado y me hacía sentir culpable. Conociéndole, sabía que decía la verdad, no se había dado cuenta. Con lo que habíamos bebido y fumado…

¡Era eso! ¡Por eso no reaccioné! ¡Por el alcohol y la hierba!

Hipando, dejé de llorar logrando serenarme un poco. Muy nerviosa todavía, me acerqué a la habitación de mis padres, ahora vacía. Revolví los cajones de la mesilla de mi madre hasta encontrar una caja de Lexatin. Me tomé un par de pastillas y volví a la cama.

Hasta la mañana siguiente, no recuerdo nada. Con mucho reparo, no sabiendo realmente si había pasado o había sido un sueño, fui a la cocina a desayunar. Ya eran las doce del mediodía, me sentía algo resacosa y con mal cuerpo… Y allí lo encontré, bebiéndose una taza de café, con aspecto desaliñado, unas ojeras de escándalo y pinta de haber llorado.

¡Llorado él! Entonces debía de haber sido verdad lo sucedido anoche…

Se levantó nada más verme, avanzó hacia mí con cara de súplica, me quedé paralizada. Me abrazó mientras volvía a pedirme perdón, a excusarse, a pedirme que no rompiéramos esa relación fraternal tan buena que teníamos…

En pleno torbellino de pensamientos, apenas le oía, sin embargo notaba su aliento en mi cuello, mis tetas aplastándose en su pecho… Mis nervios a flor de piel, la histeria amenazando con desbordarme… Si seguía así iba a chillar.

Logré zafarme de su abrazo, volver la cara para que no viera mi agitación. Me serví un café con leche, disimuladamente me tomé otro ansiolítico…

-Vale Andy, no sé qué pasó anoche, estaba muy borracha. Sólo recuerdo que hubo algo que no debió pasar. Lo dejamos ahí ¿Vale? No quiero que volvamos a hablar del tema, no ha pasado nunca ¿De acuerdo?

-Por mí bien, Ana. No me perdonaría que por algo así, algo que no habría hecho nunca, nos enfadáramos. – Me dijo muy apenado.

-Vale, pues no se hable más. – Dije con decisión.

Sin embargo, nuestra relación cambió. Ni para bien, ni para mal. Simplemente fue distinta. A partir de ese fin de semana, Andrés ya no quedaba con amigas en casa, no compartíamos velada y cena con peli con nuestros respectivos compañeros. Si alguna vez venía con alguien, lo hacía ya muy tarde, yéndose directamente a su habitación.

Esos días, desgraciadamente, siempre estaba despierta, encerrada en mi cuarto, oyendo los gritos de placer que proferían las chicas que traía. Las debía de dar un tratamiento fabuloso, yo había sido testigo de un poquito de eso.

Si alguna vez, muy pocas, yo iba con algún chico a casa con ganas de algo, siempre acababa insatisfecha, ninguna polla se parecía a la de mi hermano, ninguna me llenaba y, aunque alguna vez alcanzara un tímido orgasmo, no me saciaba, no me sacaba a Andy de la cabeza.

Porque, cada noche, sola en mi habitación, recordaba aquello, recordaba cómo me sobaba las tetas, el clítoris… Cómo me penetró con esa herramienta alucinante… Es curioso porque, la mañana después de lo que pasó, apenas me acordaba. Ahora, parecía como si lo estuviera viviendo continuamente, cada vez era mejor, mi imaginación estaba magnificando el suceso hasta límites insospechados.

Andrés, cada vez era más cariñoso conmigo, supongo que buscaba su redención con su comportamiento. Pero, a la vez, era más distante, no se me acercaba, no me abrazaba… Y yo me estaba yendo, poco a poco, al pozo de la desesperación. Sólo él sería capaz de sacarme de este marasmo, pero sabía que entonces, ambos nos condenaríamos.

Cada vez me apetecía menos ir con chicos, ni con derecho a roce ni sin él. Cada noche acababa masturbándome pensando en Andy y cada noche lloraba, sintiéndome vacía y sucia, cada vez que alcanzaba un orgasmo.

Un día, mi madre, viéndome en un estado bastante regular; había adelgazado y siempre tenía ojeras; se acercó a charlar conmigo. Reconozco que no tenía ninguna gana, pero no tuve más remedio que sentarme con ella.

-Ana, hija mía, estoy muy preocupada. Aunque creas que no nos fijamos, tu padre y yo siempre estamos pendientes de vosotros. Ya sé que pensarás que es poco el tiempo que pasamos juntos, pero eso no significa que no nos preocupemos. Y a ti te pasa algo, algo que no nos quieres contar. Sabes que puedes confiar en tu madre ¿No?

Sí mamá, pensé, solo te quería contar que un día, sin querer, Andy me folló y ahora vivo obsesionada con eso, no soy capaz de pensar en otra cosa, ningún chico me satisface. ¿Qué debo hacer?

Hubiera tardado menos y nada en mandarme a un siquiátrico. Quizás era lo que necesitaba, pero no lo que quería. Sin embargo, sólo contesté.

-Tienes razón, mamá. Es por un chico. Me gusta mucho pero él no me hace ni caso, parece que le gustan otras o no se fija en mí por algo, no lo sé. Me estoy volviendo loca.

-Ay hija, por un chico. Con lo guapa que eres, dudo que haya alguno que se resista si realmente le quieres o te gusta. Cuando yo era como tú, no había chico que pudiera conmigo, si quería a alguno, siempre lo conseguía. No te preocupes, si realmente quieres, encontrarás la manera de engatusarle.

Me dio un beso en la frente y siguió con lo suyo.

¿Engatusarle? ¿Se trata de eso, mamá? No, no es eso, es que es mi hermano…

¿Y por qué no? Estoy que me llevan los demonios, vivo obsesionada ¿Por qué no voy a satisfacer mis ansias de estar con él?

Porque no se puede, no se puede, no se puede…

Estaba a punto de tocar fondo, mi madre intentó hablar conmigo un par de veces más e incluso mi padre intentó mediar y aplacar mi ánimo.

Era fin de semana, me encontraba bastante mal, no me apetecía nada salir. Como Andy se había ido a media tarde, me apalanqué en la habitación de mis padres a ver pelis románticas, de las que lloras un poquito y luego acaban bien. Son las más tontas pero las que más me gustan cuando mi estado de ánimo está bajo y, en esos momentos, estaba bajísimo.

No recuerdo qué película veía en ese momento cuando apareció Andrés. Venía solo y no eran ni las 12 de la noche. Me saludó normal, cariñoso, como siempre. Me preguntó por la película, le conté un poco el argumento. Puso cara de “buff”. Pregunté que cómo es que había venido a casa tan pronto, contestándome que simplemente no tenía plan con ninguna chica y no le apetecía lo que iban a hacer sus amigos.

Se fue a su cuarto dejándome a mí con mi película. Pero el mero hecho de estar en la cama de mis padres, de saber que le tenía cerca, hizo que mi fantasía empezara a volar. Volví a rememorar, tal y como lo había idealizado, la noche famosa, me excité yo solita, mi mano se perdió entre mis piernas… Mis dedos frotaban mi clítoris, me los chupaba y hacía círculos en mi zona más sensible… Un dedo, luego dos, se perdieron en mi interior… Frotaba, metía sacaba… Andy, Andy, Andy… Estallé en un orgasmo tan espectacular como vacío, lloré de impotencia enterrando la cara en la almohada, llenándola de lágrimas de culpabilidad, de infelicidad, de amargura, de impotencia…

Esto no podía seguir así, me estaba destrozando yo sola.

Me lavé la cara, fui a la cocina a preparar algo para cenar, al pasar por delante de su puerta, le pregunté a mi hermano si quería tomar algo, más que nada por educación.

Me contestó que lo mismo que yo tomara. Me puse a hacer unos bocadillos, de salmón con queso, sabía que a Andrés le encantaban.

Y fue entonces cuando lo decidí, mientras le preparaba la comida, en ese momento , todo me importó una mierda, iba a ir a por él. Mamá me había dicho que ningún hombre se me resistiría si realmente estaba dispuesta a hacer lo que debía, Andy no iba a ser menos.

Pensé que él creía que yo era guapa, un punto a mi favor. Que estaba buena, segundo punto a mi favor. De los puntos en contra, ya me encargaría sobre la marcha. Tenía que vencer sus reticencias hacia mí, desde el famoso día, mucho mayores. Ahora no se me acercaba ni a un kilómetro de distancia.

Piensa, piensa, piensa, me dije. Tenía que hacer algo para que él se metiera en la cama conmigo…

Ponerle súper cachondo, eso lo primero. Pero tenía que ser sutil, no iba a ir a su habitación, desnudarme y decirle que hiciera el amor conmigo. Porque quería eso, hacer el amor, no follar. Para eso me valía cualquiera.

Se me encendió la luz, me pareció el plan perfecto.

Le invitaba a la habitación de mis padres a comernos los bocadillos y ver alguna peli que le apeteciera, no las que estaba viendo yo…

Si era un poco subidita de tono, mejor que mejor (porno me parecía muy descarado)…

Alcohol y hierba de la buena, para relajar el ambiente…

Si con una peli no vale, pongo otra hasta que tenga sueño…

Conseguir que no se vaya a su habitación a dormir…

¿Y cómo excitarle hasta el punto de que se lance a por mí? Porque para eso tiene que estar a punto de explotar…

Ya sé. Una viagra. ¿Y de donde pinto yo una viagra? De mi padre, seguro.

Dejando los bocadillos en la cocina, volví corriendo y sin hacer ruido a la habitación de mis padres. Estuve buscando en sus cajones, en el botiquín del baño, en cualquier sitio que se me ocurriera…

Al final, en su armario, escondida tras un montón de ropa, encontré lo que buscaba. Alguna vez había oído a mis padres hablar del asunto, no en público naturalmente, sino pensando que nadie les oía.

Con el botín en la mano, volví a la cocina. Me tomé un chupito a palo seco, para tranquilizarme, para convencerme de que no iba a hacer una locura. Tras unos minutos de respiraciones, conseguí convencerme de que obraba correctamente, iba a hacer lo que debía, estaba decidida, mi hermano era mi única salvación. Los tres pelotazos que me aticé ayudaron lo suyo, me iba a volver alcohólica…

Con las rodillas temblando, los bocadillos en una bandeja junto con una botella de tequila y dos vasitos, me acerqué a la habitación de Andrés.

-¿Andy? Traigo los bocadillos, abre.

Abrió la puerta, me miró sonriendo, sus ojos me hipnotizaban, me lo iba a notar…

-Oye – Le dije -¿Te apetece ver una peli conmigo? –Me dio la sensación de que no era mi voz, sonaba chillona, falsa.

Se le borró la sonrisa de la cara

-Mira Ana, no es que no me apetezca pero, no me fío de mí mismo. Prometimos no hablar del tema, pero la última vez que estuvimos en la habitación de los papás, mira lo que pasó. Por nada del mundo querría volver a repetirlo.

Estuve a punto de llorar. ¡Imbécil, si lo que quiero es que lo hagas! ¿No ves que te necesito? ¡Y todo por tu culpa! ¡Tú fuiste el que me dijo lo guapa que era, el que dijo que si no fuera su hermana estaría conmigo! ¡El que me metió la mejor herramienta que he probado en mi vida! ¡Yo soy la que te quiere!

-No pasa nada, tonto. Aquello está olvidado y no me apetece estar sola. Además, me fío totalmente de ti, sé que te comportarás como debes. – Esto lo dije con segundas.

-Ya sé que tú lo has olvidado, pero ya te he dicho que yo no y no me fío de mí mismo.

¡Joder! Esto iba a ser más difícil de lo pensado. ¿Por qué los planes perfectos se joden a la primera? Por favor Dios mío, haz que cambie de opinión.

-Venga, anda, que yo sí me fío. Si me haces esto, es que te sientes culpable o crees que no te he perdonado y sabes que sí. Sé que fue por la situación especial de aquella noche, el ver cómo Quique y Vany nos ponían los cuernos.

No quise hablar de la bebida y los porros porque formaban parte del plan.

-Oye, que me estoy cansando con la bandeja en la mano. ¡Que vengas, coño! Bueno, si quieres…

Al final, vino conmigo. Primera etapa conseguida. ¡Lo que me había costado!

Ofreciéndole uno de sus bocadillos preferidos, pareció relajarse bastante. Yo no tenía mucha hambre, es más, tenía un auténtico nudo en el estómago, así que dejé que él fuera comiendo. Me bebí otro par de chupitos (e iban cinco) dándole otros dos a él.

-¿Qué peli te apetece? Hay de todo, los papás han cargado más películas en el disco.

-No sé –Contestó –Pon lo que quieras. Bueno, de esas románticas no.

Ahora no recuerdo las películas que elegí. Sé que eran fuertecillas, una española que enseñaba tetas y coños casi continuos. Eso le tenía que hacer efecto.

Seguimos bebiendo, fumando hierba, relajándonos… Mi plan iba viento en popa (esperaba). Pero Andy parecía aguantar lo inaguantable, veía su paquete inflamado, seguramente la peli le estaba poniendo a tono. Había que ir un poco más lejos, forzar un poquito.

Yo estaba con una bata puesta, debajo el pijama… Así no valía, tenía que ser más atrevida. Me levanté un momento, iba a ir a mi habitación a cambiarme de ropa.

-¿Dónde vas? ¿La paro? –Se refería a la película.

-Deja, sólo voy a beber agua – Le contesté

Fui rápidamente a mi cuarto, me quité la bata, el pijama, el sujetador que me había dejado puesto… Me puse una camisetilla de tirantes, unas braguitas bikini (sabía que mi hermano no era amante de los tangas), el pantalón del pijama y la bata. Corriendo volví con él, se me salía el corazón por la boca…

No sé si se fijó, con la bata encima no parecía que me hubiera cambiado. Ahora tenía que sacar la excusa del calor para quitármela y que viera que mis tetas apuntaban hacia arriba con los pezones bien excitados (me los había puesto así yo misma)

Me tomé otro par de chupitos, mi hermano hacía lo mismo sólo por acompañarme. Pero él había comido dos bocatas y yo estaba en ayunas. Me estaba cogiendo una…

Tenía que aprovechar antes de quedarme dormida.

-Andy ¿Por qué no traes unas rodajitas de limón? Con el tequila van mucho mejor.

Se me empezaba a trabar la lengua, me estaba emborrachando más de lo que hubiera querido.

En el momento que salió, rápidamente serví un chupito en el que introduje la viagra hecha polvo fino. Aún así, se notaba. Lo revolví como pude con el dedo, enturbiando la bebida. Me estaba entrando el cague, aquello no iba a salir bien…

Pero, caprichos del destino, llegó con el limón, lo chupamos y nos bebimos el tequila sin mirar.

¡Bien, coño, bien!

Ahora, ya estaba en situación de seguir, esto marchaba mejor. Dejé pasar el rato, tenía que hacerle efecto la pastilla. ¿Y si no funcionaba? ¿Y si se iba al notar que no se le bajaba la erección?

Pasado un poco de tiempo, serían ya cerca de las tres de la madrugada, la película estaba a punto de terminar. Veía que tenía su miembro intentando salir por cualquier sitio, pero llevaba vaqueros y esos aguantaban. Había que seguir forzando, pero con disimulo…

Terminó la peli, vi que se quería ir…

-Líame un canuto, anda. Me apetece seguir un rato – Se lo dije como si lo hiciéramos todos los días, de forma muy natural.

-Es que es un poco tarde, Ana. Además, ya hemos fumado mucho.

-¿Me vas a dejar tirada? Venga, Andy, sólo un ratito más, porfi – Dije con voz muy mimosa.

Claudicó, menos mal, casi se acaba yendo. Me quité la bata diciendo que estaba asada. No sé como sonó, pero Andy se revolvió inquieto al ver mi camiseta blanca, muy ajustada, en la que se notaban perfectamente las areolas y la excitación de los pezones.

Estoy segura de que quería salir pitando de allí, seguro que la polla no se le iba a bajar ni a tiros.

Tensé un poquito más la cuerda. Mientras nos fumábamos la hierba, dejando que él hiciera el mayor gasto, busqué una película que le hiciera lanzarse definitivamente.

Puse una porno, una de colegialas a las que se las cepillaba todo el mundo, empezando por los profesores. Se me quedó grabada una frase “meta su gran polla en mi pequeño coñito” le decía una de las alumnas a un profesor. Es que era justo lo que estaba pensando.

Apagué la luz, me quité el pantalón del pijama y me metí entre las sábanas. Andy no había perdido ojo de mis maniobras, no dijo nada pero creo que estaba a punto de caer.

Dos minutos después me hacía la dormida. Me estaba costando mucho porque me caía de sueño, si mi hermano no se lanzaba entonces, me iba a quedar con las ganas y una frustración tremenda. Me daba cuenta de que estaba jugando mis últimas bazas, si no caía en mis redes ¿qué iba a hacer? ¿Qué iba a ser de mí?

Durante un momento, me pareció todo una locura, había llevado mi delirio demasiado lejos, Andy era mi hermano y, por mucho que le quisiera, no lo podría tener nunca. Él me lo había dicho, no iba a equivocarse otra vez…

Desperté repentinamente, algo fallaba. Estaba a oscuras, sólo la luz del pasillo iluminaba tenuemente la habitación y, lo que es peor, estaba sola.

No encuentro adjetivos para describir cuánta amargura me invadió en ese momento. Estaba sola, Andy se había ido, mi plan no había funcionado, notaba cómo mi corazón se deshacía junto con mis esperanzas, iba a ser una desgraciada toda la vida.

¿Y si voy yo a su cuarto? ¿Y si me meto en su cama?

No era capaz, no podía hacer eso, no me atrevería nunca a ir a su encuentro.

Llorando mi pena, mi cobardía, renegando de Andy que me había dejado, me fui quedando dormida.

Un desasosiego repentino me hizo volver a la realidad, estando tumbada de lado, noté que me tocaban, mis braguitas habían desaparecido (qué habilidad), me habían separado un poco las piernas y me frotaban el clítoris, acariciaban la tripa, estimulaban mis pechos, excitaban mis pezones… Notaba ese aliento en la nuca y lloré otra vez, lloré de felicidad, lloré de gozo por mi hermano.

No quise ni moverme, sus caricias, tan deseadas, me hacían volverme loca de deseo, loca de placer… En un momento, ese miembro enorme estaba buscando el camino dentro de mi intimidad. Tuve un orgasmo increíble nada más introducirme su cabeza, grité de placer y se retiró. Sus manos me abandonaron, su gran herramienta me dejaba…

Horrorizada ante la perspectiva de volver a quedarme sola, antes de que él hiciera cualquier otro movimiento, eché mi mano hacia atrás y le sujeté del culo, no había llegado hasta aquí para quedarme a medias. Introduje la otra mano entre mis piernas buscando su virilidad. Cuando la cogí, la guié, tirando fuerte, venciendo su resistencia, hacia mi interior. En cuanto volvió a introducirse el glande, no hizo falta que yo siguiera, él mismo volvió a empujar, metió una mano bajo mi cuerpo y agarró mis pechos, yo le sujetaba la otra mano encima de mi nódulo de placer.

Se desató del todo, fue incrementando sus acometidas, cada vez más fuerte, hasta que consiguió estampar su pubis en mis nalgas. Al principio me dolió por dentro, era demasiado grande y él muy impetuoso, cada vez que me daba en el cuello del útero veía las estrellas y no de placer precisamente. Pero aguanté, por él, por mí… Hasta que, muchas acometidas después, ya no dolía, notaba cómo aquella barra de acero me llenaba más allá de lo que jamás hubiera imaginado…

Estaba totalmente empalada, el clítoris inflamado, casi me hacía daño cuando me lo frotaba, me lo iba a irritar…

-Andy, no frotes fuerte que me duele…

Me di cuenta de que le había llamado por su nombre, no había vuelta atrás, no habría un “me equivoqué” un “creía que era otro”…

-Perdona, Ana. Lo haré con cuidado…

Se revolvió un momento, casi se sale de dentro de mí, le iba a pedir, a gritar que siguiera… Sus dedos volvieron a mi intimidad pero mucho más suaves, ya no irritaban, todo lo contrario. Me di cuenta de que estaba usando algún lubricante…

-Dame un poco de eso – Le dije mientras me daba media vuelta separando nuestra unión. Ahora iba a saber quién era Ana…

Me lo echó en la mano, me lo froté bien por toda la vulva, la entrada de la vagina… Pedí más y le embadurné su tremenda herramienta. Le tumbé boca arriba, me puse encima, abrí los labios con una mano y con la otra guié aquella barra de amor hasta mis entrañas. Se deslizó como la seda y yo me sentí en la gloria.

Me movía de delante a atrás, frotando mi parte más sensible contra su cuerpo. Me quité la camiseta y, antes de soltarla, ya tenía sus manos en mis pechos. Me amasaba ambas tetas a la vez, circundaba mis areolas con los pulgares, pellizcaba mis pezones…

Para entonces, me había corrido dos veces entre grandes gemidos, jamás había sentido nada parecido, jamás había querido tanto a alguien, deseado tanto esto…

En medio de mi locura, de otro orgasmo divino, busqué sus labios, busqué su lengua, busqué sus orejas, su cuello… Y lo encontré todo, lo encontré y me encontraron. Rodamos por la cama, cambiamos de postura para hacerle ver el uno al otro lo que disfrutábamos, lo que sentíamos y lo que sabíamos hacer sentir… Cuando, sacando su miembro utilizó su boca en mi intimidad, me volví a ir en una serie de orgasmos que no había sentido nunca, ni siquiera soñado en que se podían sentir así, seguidos, uno encima de otro, haciéndome chillar, soltando una cantidad de flujo como jamás me había pasado.

Me comió entera, me corrí una cantidad ingente de veces, incluso creo que me meé, estaba al borde del colapso. Yo le había chupado y comido entero, su polla apenas me cupo en la boca, intenté de todo con las manos, con la boca, con la vagina sobre todo…

Cuando no pude más, Andrés se corrió dentro de mí, me llenó con una cantidad enorme de leche haciendo que tuviera un último orgasmo dentro de otro orgasmo, más espectacular que ninguno.

Totalmente derrengada, me tumbé en la cama con la cabeza sobre su pecho. Oía cómo su corazón debía de estar a más de doscientas pulsaciones, parecía el retumbar de un tambor, era el sonido del éxtasis, de mi felicidad, esperaba que de la suya…

Poquito tiempo después, Andy se levantó de la cama, justo en el momento en que le iba a pedir que nos tapáramos, que hacía algo de frío.

Fue al baño de la habitación a preparar el jacuzzi, al estar listo, vino a por mí que prácticamente no podía moverme. No me apetecía nada, sólo quería dormir. Me introdujo en el agua caliente, había echado sales relajantes y aromáticas… Dos minutos después, acunada por las burbujas, estuve a punto de ahogarme en el fondo de aquel artilugio.

Riendo, con los ojos achispados, de un azul tan intenso que me hipnotizaban, me levantó para no ahogarme. Me puso entre sus piernas, tumbada de espaldas sobre él, haciendo de colchón para mí. Recosté la cabeza en su pecho, disfruté del calor del agua, de las sales, de las divertidas burbujas…

A puntito de quedarme dormida, sus manos fueron a mis pechos, ahora estaban relajados, blanditos por el agua caliente… Sus dedos hacían virguerías con mis pezones, se me inflamaban las areolas… Iba a decirle que estaba hecha puré; no pude, después de lo que había pasado, no quería renunciar a ningún momento con él, a ninguna caricia.

De los pechos, una de sus manos bajó por mi vientre, un profundo relax se había apoderado de mí, sentía sus caricias como un masaje relajante, sin connotaciones sexuales, sin buscar el último fin.

Cuando tocó mi botón de placer, di un respingo, esto no relaja, pensé, estaba un poco irritada, no me produjo una sensación placentera… Insistió, intenté aguantar… El agua, el gel, las sales, todo ayudó a que superara esa primera sensación.

Dejándome llevar, en poco tiempo sus tiernas caricias lograron lo que pretendían, mi excitación despertó e intenté volver la cabeza para besar sus labios. Antes de darme cuenta me estaba aupando con dos dedos metidos en mi interior que, sin previo aviso, fueron sustituidos por su fabulosa herramienta que, suavemente, sin violencia, sin fuertes empellones, fue llenando hasta el último rincón de mi dilatada vagina.

Todo fue suave, despacio, sin estridencias. Sus movimientos pélvicos eran lentos, tanto que me permitieron acostumbrarme a su tamaño sin el más mínimo dolor, todo fueron sensaciones agradables haciendo que mi amor por este hombre se desbordara en lágrimas de felicidad.

Seguía acariciándome el pecho y el clítoris con su cosa encajada del todo en mi interior, sentía cosas en sitios dentro de mí que no sabía ni que tuviera… No esperaba que fuera así, menos intenso pero mucho más largo, me parecieron horas, mi éxtasis no acababa nunca… Si antes había alucinado con los orgasmos desconocidos que había logrado, ahora, otra nueva experiencia me hizo llegar a comprender que era una ingenua, una auténtica inexperta, que con la persona indicada y adecuada podía llegar a conocer cotas de placer ni siquiera imaginadas.

Tras ese orgasmo largo, largo, largo vino otro; fue demasiado, mi cuerpo no podía aguantar estas sensaciones… Al llegar el tercero, prácticamente encadenado al anterior, me desmayé, todo pudo más que yo.

Mirando el reloj despertador de la mesilla, era un poco más tarde del mediodía, estaba en la cama, estaba desnuda, molida y feliz. La sensación de satisfacción que me embargaba la podría comparar con la felicidad completa, detrás de mí, Andy respiraba tranquilo.

Ni me moví. Después de meses de tensión, desesperación y amargura, deseaba disfrutar todo el tiempo posible de esta situación maravillosa. Lo que había vivido esa noche, lo que sentí… Inimaginable. No sabía de nadie que hubiera pasado por una experiencia tal, esos orgasmos, ese amor, esa sensación de plenitud…

Abstraída en mis pensamientos, no presté atención a los manejos de mi hermano, me parecieron cosas normales el que me acariciara, me besara la nuca, estimulara mis senos, mi botón de placer… Cuando me levantó un poco la pierna izquierda empecé a darme cuenta de lo que realmente pasaba y, antes de poder decirle que estaba machacada, su tremenda virilidad se abría camino en mi interior.

Estaba tan sensible, tan receptiva, pensando tanto en la noche, en el amor, en la felicidad que, antes de haberla metido entera, me corrí. Naturalmente que disfruté del orgasmo, pero ya era demasiado, me iba a reventar, grité como una posesa en una mezcla de placer y paroxismo.

Andy siguió, yo estaba obnubilada, incapaz de reaccionar, desmadejada entre sus brazos. En un momento de lucidez, pensé en que la pastilla que le había dado no había sido una buena idea, también que sin ella probablemente no estaría aquí, con él, sintiendo lo que estaba sintiendo…

Me sentí agradecida, a mi hermano el primero, a mi plan… Y dejé que Andrés siguiera penetrándome tanto como quisiera, aguantaría por él lo que hiciera falta. Lo malo es que después del tercer orgasmo, de estos tan alucinantes que era capaz de producirme, volví a perder el conocimiento.

Al volver a despertar, pasadas las tres de la tarde, tenía la vagina que no sabía si era mía o del vecino, apenas pude rozarla con los dedos. Tenía semen seco entre los muslos, las sábanas estaban húmedas… Pero era feliz.

Cuando volví la cara a mirar a mi hermano, no estaba y, por un momento, sentí el pánico del abandono. Sólo el segundo que tardó en aparecer por la puerta con una bandeja en las manos, con un desayuno en el que no faltaba nada.

Nunca, nadie, me había traído el desayuno a la cama. Me incorporé y él depositó la bandeja en mi regazo.

Me besó suavemente los labios, cogió una taza para él y, con parsimonia, tomó un café. Yo tenía bollos, zumo, tostadas, café….

-Gracias Andy – La voz se me quebró y no pude decirle nada más. Volví a llorar de felicidad. Si él se diera cuenta de cómo me había transformado, de lo feliz que me había hecho…

-Gracias a ti, Ana. Hoy me siento feliz, no por esta noche maravillosa, por esta misma mañana. Me siento feliz porque eres tú la que lo ha producido, porque la persona a la que más quiero me ha demostrado más amor del que podría haber imaginado nunca.

No es que estuviera alucinando. Esperaba que dijera algo sobre lo que habíamos hecho, que se sentía culpable, o feliz, pero nunca hubiera sospechado que me quisiera, que me quisiera como yo a él.

-Pero, Andy. Desde cuando… ¿Desde cuando me quieres? Yo no sabía nada, nunca has dicho nada…

-Porque lo primero es el respeto. No sabes lo que sentí cuando te lo falté, la famosa noche en la que creí estar con otra chica y pasó aquello. Casi me muero. Entonces sólo eras mi hermana mayor, la chica más guapa que conocía y prácticamente te violé… Pero después… Algo me hiciste, algo pasó. Estaba con otras y no me satisfacían; cuando me di cuenta de que eras tú la causa, solo intenté distanciarme, respetarte, no podía romper la confianza que tenías en mí.

-Pero…

-Sí, me dirás que hasta hoy. No sé que me ha pasado, estaba contigo, te habías quedado dormida y yo, no sé porqué, estaba todo el tiempo empalmado. Habíamos bebido y fumado y estuve a punto de hacer otra locura. Al principio, reaccioné a tiempo y me fui a mi habitación. Me tuve que hacer una paja y sólo pensaba en ti. Seguía empalmado, supe que era por ti, te necesitaba, necesitaba volver a sentir tus pechos, tu cuerpo, tu intimidad…

-¿Mi intimidad? Qué fino te has vuelto.

-Sí, contigo es intimidad, con otras es coño. ¿Ves la diferencia? Bueno, déjame seguir. La cuestión es que seguía con mi cosa a tope, no se me pasaba, solo pensaba en ti hasta que no pude más. Pensaba que con lo que habías bebido estarías más que frita, así que volví aquí y, bueno, lo demás ya lo sabes. Sólo que cuando gritaste, me asusté, te habías despertado y pensé que la había cagado, que no me volverías a querer ver en la vida. Tu reacción fue una sorpresa, muy agradable por cierto.

-Mi reacción… Eso… Realmente, para qué te voy a mentir, te estaba esperando. El grito fue un orgasmo, no la sorpresa. Por cierto, me has dejado reventadita, no sabía que se pudieran tener tantos orgasmos seguidos, creía que lo de los multiorgasmos eran una leyenda urbana, pero no, puedo constatar que no.

-Bueno, para mí también ha sido una sorpresa. Normalmente, nadie ha tenido quejas de mí, pero anoche fue tremendo, aguantaba y aguantaba lo que quería. Supongo que fueron los porros y los chupitos.

Me acerqué, sujetando el desayuno, a darle un besito en los labios. ¡Qué tierno era!

-Por cierto –Volvió a hablar –Tú no me has dicho por qué me esperabas. Me pareció un poco raro que quisieras ver conmigo unas pelis porno, pero como últimamente te veía a dos velas, pensé en que buscabas un poquito de satisfacción, no a mí.

Le acaricié la cara ¡Qué guapo era!

-Andy, Andy, Andy. Si supieras lo que provocaste en mí la noche de Vanessa. Me parece que aquella equivocación trajo consecuencias para más de uno.

Se inclinó y volvió a besarme, no en los labios, en uno de mis pezones que mostraba desafiantes. Casi se me cae la bandeja de la impresión.

-Para, para. Me tienes que dejar descansar una temporada. No te puedes imaginar cómo estoy, tengo los nervios a flor de piel, me has hecho pasar en una noche más de veinte veces lo que he vivido hasta ahora. No me puedes ni tocar. Y no porque no quiera, es que estoy al límite de mis fuerzas.

-Bueno, sí. Ya me extrañó que te desmayaras anoche. Y esta mañana otra vez. Lo siento, no sé que me pasa contigo. Es mirarte y desearte, querer hacer el amor contigo, no me canso de ti, te he esperado tanto…

-Vale, vale. Pero con calma. Primero desayunamos, luego me ducho, luego descanso, tengo que ponerme pomada en mi cosita si quieres que la tenga lista para ti. Y luego, ya veremos…

E hicimos lo previsto. Nunca pude imaginar, una vez pasada la primera impresión, que la continuación fuera aún mejor. Recuerdo las palabras de mi madre “tienes que engatusarle” Pues ya está engatusado. Y yo engatusada. No me canso de él. Los días que mis padres están en casa, me subo por las paredes, estoy que no aguanto y veo que él también. Menos mal que casi siempre estamos solos. Aunque estamos pensando en irnos a vivir juntos, mis padres tienen pelas, nos podrían comprar un pisito… ¡Qué fantasía mas bonita!

Pero si conseguí a Andy, conseguiré el pisito de mi padre. Estoy segura.

La única pega que veo a todo esto es que soy muy celosa, Andy prácticamente nada. El otro día le monté una bronca tremenda porque una chica de la facultad estuvo coqueteando con él y el pobre no hizo nada. Para cuando entré en razón, ya le había montado el pollo y él estuvo dos días sin hablarme.

Imaginaros como le tuve que pedir perdón. Otra sesión súper tremenda. Bueno, como lo son casi todas.

Me tengo que replantear este asunto, los celos son malos consejeros. Voy, poco a poco, mejorando, poniendo una sonrisa enorme a cualquier chica que se acerca a mi hermano. Sé que él me lo agradece

Y no me canso de estar con él, estoy acostumbrada a él, hemos vivido juntos desde que nació. ¿Por qué tengo que separarme de mi hermano? No tenemos roces, las discusiones son idiotas y las solucionamos enseguida. Somos capaces de transigir en lo que verdaderamente nos importa a cada uno porque nos conocemos de sobra.

Amo a mi hermano. Y lo repito, le quiero, le amo, le quiero…

Y ya sé el camino a seguir. En breve, papá nos va a comprar el pisito, no soy yo nadie convenciendo. Hasta mi madre está de acuerdo ¡Qué cosas!

Viviremos juntos, nos amaremos, eternamente. Juro que siempre le seré fiel porque nadie me conoce como él y, después de haberle probado, nunca nadie podrá llenarme. Sé que él también lo será, ni se plantea lo contrario, y ya que mi hermano lo es todo para mí, yo seré para Andy lo que todo hombre quisiera y casi nadie tiene (según mi madre):

Una señora en el salón, una chef en la cocina y una puta en su cama.

Para Andy, con todo mi amor.

Ana.