Carlos y Marcela habían decidido pasar unos días en Bariloche ( Argentina) para festejar sus 20 años de casados. Carlos pisaba los 50 años, era de mediana estatura, canoso, ni gordo ni delgado. Marcela con 45 años, era una morena estilizada, 1,68 mts. de altura y con un buen cuerpo que parecía tener 10 años menos. Ya la rutina empezaba a ganarles la partida en su matrimonio, y esta escapada serviría para revitalizar el amor.

Fue llegar y de inmediato volver a tener el sexo de cuando eran adolescentes. Especialmente por la tarde, se encerraban en su habitación y hacían el amor con desesperación. Marcela se había soltado y estaba llegando a límites en el sexo que nunca había rozado. Y Carlos estaba admirado y excitado con su mujercita.

Pero como nada es perfecto, este exceso de sexo no acostumbrado, provocaba adicción. Cuanto mas relaciones tenían, mas ganas tenían.

Marcela fue la primera en sentir curiosidad por saber que pasaría si tenía relaciones con otros hombres. Nunca había sido infiel y no podía menos que preguntarse que sentiría de ser poseída por otra macho que no fuera el que legalmente le correspondía.

Carlos, en cambio, aunque fantaseaba con otras mujeres, descargaba su excitación con su esposa, y esas sesiones diarias de sexo lo tenían bastante satisfecho.

En el hotel donde paraban había un sector destinado a viajes estudiantiles. Era un ala separada, pero en los almuerzos y las cenas coincidían a veces con grupos de chicas y chicos que se movían en grupo.

***

Carlos estudiaba la reacción de los jóvenes, porque realmente le despertaban curiosidad. Las damitas de 18 años recién cumplidos tenían el atractivo de la juventud, pero algunas de ellas además, mostraban un desarrollo y una sensualidad apabullante, que lo habían sentir muy, muy viejo. Dentro del grupo se destacaba una rubiecita que mostraba un cuerpo espectacular. 1,70, hombros firmes, pechos duros y de buenas dimensiones, una cintura que podía rodearse con un solo brazo, unas caderas generosas con un culito repingón, y dos piernas que parecían columnas talladas . Siempre de jogging o shorts, era inevitable mirarla cuando pasaba y perderse detrás de ella.

Por otra parte, la otra cosa interesante era que todas las muchachas, estaban permanentemente en busca de hombres. Eran constantes las insinuaciones, y en los bailables, como había podido observar, se pasaban la noche buscando a quien llevar a los reservados, y rara vez podían concretar lo que buscaban. Y la razón era increíble.

Los jovencitos que debieran ser las parejas de estas chiquilinas insaciables, luego de la medianoche ya no estaban en condiciones de sostener ninguna relación. Los muy estúpidos se dedicaban a tomar, seguramente para darse ánimos, y terminaban totalmente borrachos, lo que alejaba toda posibilidad de que pudieran concretar algo mas allá de algunos besos y caricias, con lo que conseguían de las hembras quedaran aún mas calientes.

***

Marcela también observaba a los jóvenes que eran sus vecinos en el hotel. De pronto, todos esos adolescentes cargados de hormonas le resultaron particularmente interesantes. Notaba como la miraban, mas bien la desnudaban con la mirada, para luego esos grupitos cuchichear entre ellos y reírse como tontos. Seguramente se vanagloriaban de las cosas que le harían si la tuvieran en una cama. Marcela se divertía pensando cuantas pajas se habrían hecho pensando en ella.

Y no es que se considerara mas atractiva que las atractivas ninfas que pululaban por el hotel. Pero era evidente que la experiencia que ella podía ofrecer, contenía un desafío especial para estos muchachones.

En especial, un grupito formado por tres amigos, era quienes la miraban siempre que la encontraban. Dos morenos y un rubio. El rubio era más alto y atractivo. Los otros dos mostraban en cambio los cuerpos más trabajados por el gimnasio. Ella los ignoraba, pero notaba que cada vez que se cruzaban, las miradas de los jóvenes la seguían y luego los veía comentar entre ellos mientras la miraban.

***


- Ya estoy aburrida de que las noches sean todas iguales, comentó Belén mientras acomodaba su ropa.


- Es increíble que no podamos avanzar porque estos estúpidos están siempre borrachos, agregó Lorena tirada en su cama.


- Cierto, yo venía con la idea de tumbarme todas las noches un muñeco distinto, y resulta que apenas si conseguí algo la primera noche, y con un muchacho que se iba al día siguiente, agregó Mariana.


- Yo de esta noche no paso. Si no consigo nada hoy, voy a hacer algo drástico, dijo Lorena


- ¿ Qué puedes hacer de drástico? la alentaba Belén


- Soy capaz de cualquier cosa. Voy a salir a buscar a cualquier macho que encuentre, dijo decidida


- ¿ Y donde lo vas a encontrar?


- Aquí mismo. Me gustaría tirarme al viejito que encontramos en el comedor, agregó sonriendo.


- No seas loca. Podría ser tu padre, dijo Mariana.


- Pero no es, y por otro lado debe ser interesante hacerlo con alguien que tenga más experiencia.


- Si es que se le para, dijo Belén riendo.


- Conmigo se le va a parar, no tengas miedo.


- Te apuesto un kg. de chocolate que no sos capaz de llevarlo a la cama. Recuerda que es casado y está con su esposa, le dijo Belén.


- Hecho. Si esta noche no consigo nada, mañana pongo en marcha el plan para cazar viejitos, dijo cerrando los ojos.

***

Los tres alrededor de la mesa, no podían quitar los ojos de la mujer que estaba 20 pasos mas allá.


- No es que esté tan buena, pero me imagino lo que debe hacer en la cama, comentaba Lucas.


- Te imaginas con la edad que tiene las vergas que se habrá comido, afirmaba Walter.


- Ni punto de comparación con las pendejas boludas que tenemos de compañeras, completó Hugo, mientras tomaba su gaseosa.

Lucas y Hugo eran morenos y fuertes, mientras que Walter era rubio, mas estilizado y sobre todo más atractivo.

- El asunto es que me parece que le gustamos, pero como está con el marido no nos da lugar para que avancemos.


- No estoy tan seguro. Me parece que se divierte a costillas nuestras pensando en la manera en que nos calienta


- Pues si me deja acercar un poco, le voy a mostrar la forma en que nos calienta, dijo Lucas, el más lanzado del grupo.


- Alguna noche los vi en los bailables donde estuvimos, comentó Walter.


- Si, yo también la vi con el marido.


- La cuestión es que no quiero terminar el viaje sin por lo menos haberle tirado los tejos a esta viejita. Cuando la encuentre sola me voy a arrimar, sentenció Lucas, y los demás asintieron con la misma decisión.

***

Esa noche Carlos y Marcela decidieron ir a bailar. Todavía le quedaban 3 días de estadía y en el hotel le ofrecieron dos vip para un boliche de onda, que agradecieron. El vip les permitía no estar en medio del bochinche, tomar algo tranquilos y bailar si les apetecía. Y allá fueron.

Al llegar nomas, ingresaron en forma preferente, mientras el resto hacía una larga cola. En esa cola estaba Lorena con las amigas y el trío de amigos que presentamos más arriba.

La pareja entró y se ubicaron en el sector preferencial. De inmediato les alcanzaron bebidas, así que se sentían muy cómodos.

La noche avanzó sin demasiados avatares. Una vez mas, las chicas se quedaron con un palmo de narices. Algunos jóvenes que se acercaban a ellas, al poco rato estaban totalmente ebrios y cualquier intimidad era imposible.

- Voy hasta el baño, dijo Marcela a mitad de la noche.

- No hay problema, contestó Carlos, te espero aquí.

Marcela salió del sector y le costó trabajo avanzar entre la cantidad de jóvenes que estaban parados o bailando. Los baños estaban uno en cada punta del local. El de hombres, saliendo del vip a la derecha y el de damas, hacia la izquierda. Entre los dos servicios, un sector con sofás y poca luz que servía de reservados para las parejitas. Fue al baño, hizo un rato de cola para entrar, y al salir, se dio de bruces con uno de los jovencitos del hotel.

- Ohh, pero que sorpresa, mi vecina de habitación... ¿ Cómo la estás pasando?, le preguntó tomándola del brazo, y acercando su cara para hacerse oír ante el ruido ambiente.

- ¿Qué tal? La estoy pasando bien, ¿ Y tú? Contestó

- Pues hasta ahora esto era una lágrima de aburrimiento. Me parece que la noche empieza a cambiar, le dijo al oido insinuante, sin soltarla del brazo.

- Te agradezco el cumplido, pero estoy acompañada y no puedo quedarme, le dijo tratando de poner distancia.

- Pues nada, que dame el gusto de conversar un rato conmigo. Me gustaría conocer algo más de ti y de tu esposo, dijo metiendo al marido en la conversación para darle seguridad.

- Pero si es que aquí no podemos hablar por el ruido, le dijo bien de cerca, mientras el aroma del jovencito invadía sus sentidos. Una extraña mezcla de perfume importado, transpiración, y sobre todo virilidad, que la sorprendió tratándose de poco mas que un niño.

- Ven conmigo, le dijo y arrastrándola del brazo la llevó hasta el sector de reservados, que como estaba entre paredes, se apagaba bastante el bullicio. Le costó trabajo caminar entre los sofás con tan poca luz, pero al fin el muchacho la hizo sentar en uno vacío y el se hundió a su lado.

- Vaya, vaya, aquí podemos conversar un poco, dijo, me llamo Lucas.

- Lucas, un placer, mi nombre es Marcela y mi marido se llama Carlos.

Si bien no había tanto ruido, de cualquier manera había que mantenerse muy cerca para conversar, y Lucas comenzó a hacerle preguntas sobre ella y su marido, lo que la obligaba a estar pegada a él para contestar. Lucas deslizó su brazo por encima de su hombro como una forma de mantenerse cerca inocentemente, y despacio su mano comenzó a acariciar el brazo opuesto mientras charlaban.

Al principio Marcela no lo notó, pero ese roce suave a contrapelo, comenzó a producirle un cosquilleo que la inquietaba. Se movió para que Lucas cesara con las maniobras, pero luego de unos segundos, otra vez esa mano estaba jugando con su piel.

En un momento dado ella dejó de hablar y Lucas se acercó como para preguntar algo, pero en lugar de hablar se apoderó de su boca y la besó salvajemente. Marcela, sorprendida no atinó a reaccionar, hasta que Lucas estaba casi acostado encima suyo. Sus manos acariciaban sus tetas mientras su lengua recorría el interior de su boca. Con trabajo consiguió separarlo.

- ¿ Qué haces? Te vas a ligar una bofetada, insolente, le dijo y trato de levantarse. Pero Lucas la retuvo sentada y volvió a besarla, buscando esta vez con su mano, trepando por su pierna debajo del vestido y llegando hasta su sexo que estaba caliente y húmedo.

Esa mano entre sus piernas la paralizó. La sensación era muy agradable. Y máxime viniendo de un jovencito con toda la energía. Se dejó acariciar un momento y luego lo volvió a rechazar, y esta vez se levantó para irse.

Lucas se paró a su lado.

- Vete ahora, pero no me puedes negar que estas caliente. Mañana en el hotel veremos como sigue esto. No te imaginas las ganas que tengo de hacerte gozar como la hembra que eres, le dijo el joven acariciando su espalda.

Marcela salió de allí obnubilada

Volvió con su esposo.

- Te ves acalorada, ¿ Qué te pasó?

- Nada, que tuve que hacer cola en el baño, y luego ir y volver en medio de tanta gente es terrible, no se puede ni respirar, por eso me acaloré.

Pidieron otro trago y se quedaron allí hasta la madrugada. Al volver al hotel, tuvieron sexo. Una sesión intensa donde se notaba que ella estaba mucho mas excitada que él. Le hizo una fellatio de campeonato y luego se montó sobre él, hasta dejarlos seco. Ella no pensaba en su esposo, como pueden imaginar.

Al día siguiente, Carlos bajó a desayunar primero, mientras su esposa terminaba de acomodar las cosas en la habitación.

Allí estaba ella, con un camisón corto, acomodando ropa, cuando golpearon suavemente la puerta. La mucama hoy venía temprano, pensó con disgusto. Abrió la puerta y siguió con su tarea. Escuchó abrirse la puerta y luego cerrarse. Le extrañó que la mucama no se hubiera anunciado, cuando sintió que la abrazaban por la espalda. Atinó a gritar, pero una mano tapó su boca.

- Shhh, tranquila, no te asustes, dijo una voz a su espalda que reconoció de inmediato. Ahí estaba Lucas, su compañero de la noche anterior. Sintió como la mano libre del muchacho se internaba entre sus piernas y la obligaba a sacar su culito para atrás, donde era brutalmente apoyado por una dureza que no dejaba dudas sobre el estado del muchacho.

Consiguió desprenderse de él y cayó sentada sobre la cama.

- ¿ estás loco? Puede volver mi esposo, dijo asustada.

- Tu esposo está vigilado, no te preocupes, no volverá por un rato y necesito sentirte un poco más, dijo el joven avanzando hacia ella.

Ella lo miró con furia, tratando de controlarlo, pero vio con asombro que el muchacho abría su bragueta y sacaba una verga larga y dura que acercaba a su rostro. Ella se quedó quieta, y el joven comenzó a refregarle su herramienta por el cuello y la cara, tratando de obligarla a abrir la boca, mientras la sostenía de la cabeza.

- Vamos, dame el gusto, se buena, le decía, y ella tenía bien claro lo que él pretendía. Por otro lado estaba aterrorizada con que pudiera entrar su marido. Esto no podía prolongarse así que decidió acelerar todo lo que podía el proceso, y con decisión la tomó con su boca.

- Así, así, hmmmm, como me gusta, decía el adolescente con los ojos cerrados y temblando de pies a cabezas, ante el tratamiento que estaba recibiendo. Ella se fue abandonando también a las sensaciones. Hacía mucho que no tenía una verga tan dura y joven en su boca. Se esmeró en la tarea hasta conseguir enloquecer a su pareja.

- Siiiiiiii, dijo el joven entre dientes y ella sintió como de pronto el tamaño aumentaba de golpe, y un líquido caliente golpeaba su paladar. La sacó rápidamente de su boca y aceleró la masturbación para que terminara de derramarse sobre sus tetas.4, 5, 6 chorros al cual más abundante la regaron, y el placer era tan grande que estuvo a punto de acabar.

Rápidamente, cuando terminó de descargarse, ella lo volvió a sorber, lo limpió y sin darle tiempo a reaccionar, lo guardo rápidamente dentro de los pantalones y levantándose lo arrastró hasta la puerta. Antes que el joven pudiera decir nada, ya estaba en el pasillo y la puerta se cerró rápidamente

Carmen corrió al baño y se metió bajo la ducha, lavándose ella y la ropa que había sido rociada por el semen del muchacho.

Cuando terminó se vistió rápidamente, y bajó a desayunar. Apurada, antes que su esposo la echara en falta.

Carlos, sentado en el comedor, esperaba a su esposa. Las parejas adultas ya habían desayunado y se habían retirado, y los jóvenes aún dormían y no bajaban. Había quedado solo en el salón, y dudaba entre pedir el desayuno o seguir esperando a su esposa.

En ese momento, la jovencita hermosa que cruzaba siempre en el hotel, entró al comedor. Miró para todos lados, y dudando se acercó a su mesa.

- Perdone, pero ¿ No ha visto a mis amigas? , le preguntó sonriendo con inocencia.

Rápidamente Carlos la miró de arriba a abajo. Era una verdadera belleza, y uno podía imaginarse lo que sería en un par de años cuando terminara de madurar. Iba a ser el sueño de muchos hombres.

- No, como verás estoy solo y no vi ningún joven de tu edad. A esta hora estamos nada más que los viejos, dijo sonriendo

- Que pena... pero bueno, Ud. no es viejo, le dijo la ninfa con un pícaro brillo en los ojos.

- Bueno, podría ser tu padre. Creo que eso me ubica en la categoría de viejo para ti.

- Podría ser pero realmente aprecio la madurez y la experiencia en los hombres, le dijo mirándolo fijamente.

- El problema es para los hombres entonces, ya que eres muy atractiva y sería un problema resistir tus encantos, le dijo insinuante.

- Puede ser, pero los que realmente me gustan no me hacen caso. Y los demás no me interesan, dijo.

- ¿ Y a mí en que categoría me pondrías? Preguntó como jugando.


- Entre los que no me hacen caso, por lo que veo, dijo fingiendo enojo.


- Nada me gustaría más que hacerte caso, te lo aseguro, pero en otras circunstancias, y en otra época. Hoy estoy con mi esposa, y tu eres una niña todavía.

- Mire, mis amigas hoy salen de excursión, después del almuerzo. Yo no iré porque estoy cansada. Pienso quedarme toda la tarde sola, en la habitación 403. Y no me gustaría aburrirme, le dijo, mientras se levantaba y meneando su culito se alejó por donde había venido.

Carlos quedó flipando. Estaba soñando, no podía haber oído aquello. Seguramente era una broma de adolescentes. Querían que fuera a esa habitación para reírse de un viejo calentón y libidinoso. Le habían visto la cara de baboso, seguramente. Y sin embargo........

Había quedado allí con la idea dando vuelta por su cabeza, cuando llegó su esposa. Se disculpó por la demora pero el le restó importancia. Su mente estaba subiendo la escalera hasta el cuarto piso: 403. Era el número mágico. Desayunaron y luego salieron a hacer algunas comprar para los familiares y amigos. Anduvieron toda la mañana, y regresaron al hotel para el almuerzo.

El comedor era una romería de gente. Los grandes y los jóvenes, todos estaban pugnando por conseguir las raciones de alimento. Se pusieron en la cola y fueron avanzando lentamente.

En una mesa Lorena estaba con sus amigas, cuando lo vio entrar al salón.


- Allí esta. No me digan que no es buen mozo, comentó


- Bueno, no está del todo mal, dijo Belén, pero está con la mujer.


- Y eso lo hace más atractivo. Les dijo que de hoy no pasa.


- No creo que se atreva


- Esta noche les cuento

Mas allá Lucas con sus dos amigos desnudaban con la mirada a Marcela.

- Hoy va a ser el día, comentó Lucas


- ¿ Y cómo lo harás?


- Déjenlo por mi cuenta, pero manténganse atentos porque esta tarde tendremos fiesta los 3. A esta hembra le gustan los muchachitos y se muere de ganas de participar de una verdadera orgía. Yo la llevo al dormitorio. Uds. estén preparados, les dijo mientras comían lentamente.

Por fin, Carlos y Marcela se sirvieron el almuerzo y ubicaron una mesa desocupada. Ya acomodados comenzaron a comer en silencio. Marcela veía al costado la mesa donde estaba Lucas con sus amigos. Trataba de no mirar, pero la atracción era mas fuerte. Disimulaba para tratar de que su esposo no sospechara. Lo ocurrido esa mañana la había dejado excitada y descontrolada. Mientras se duchaba se había masturbado y había conseguido un orgasmo rápido, que no la había tranquilizado. Todo lo contrario.

Carlos no podía dejar de mirar a Lorena, quien disimuladamente, le sonreía y jugaba con la llave de su habitación , mostrándole el número mientras la giraba. Carlos sentía que se iba excitando minuto a minuto. ¿ Y si era una broma? Pues, se reirían, pero no podía quedarse con esa duda ni perder esta oportunidad que seguramente sería la última que tendría de acostarse con una joven tan hermosa. ….......... Pero trataría de asegurarse, al menos.

Siguieron almorzando tranquilamente, o por lo menos simulando que estaban tranquilos, hasta que los guías del contingente juvenil entraron al comedor para anunciar la salida de la excursión. De inmediato todos los jóvenes se formaron y salieron, con excepción de Lucas y sus amigos que se quedaron sentados, y de Lorena que subió a su habitación alegando que no se sentía bien, mirándolo antes de reojo, para asegurarse que hubiera escuchado.

Carlos se levantó con la excusa de ir al baño, y en cambio fue hasta la puerta para asegurarse que efectivamente Lorena se quedaba en el hotel , no así sus amigas.

Ese fue el momento que aprovechó Lucas y se acercó a la mesa de Marcela.

- Como verás no me fui con el grupo. Te espero en la habitación 405. Te aseguro que la vas a pasar de película.

- Ni lo sueñes, aquí nomas se queda. No tengo manera de zafar de mi esposo, dijo Marcela decidida.

- Tu sabrás como zafas, pero esta oportunidad no la puedes perder, ni tu ni yo. No tendremos otra, le dijo dejándola sola. Y era verdad, pensó Marcela. Hubiera sido lindo hacerlo, salir de la rutina, pero era muy peligroso y complicado. No daba.

Su esposo volvió y luego de almorzar subieron a la habitación. Marcela se recostó diciendo que estaba cansada. Estaba segura que si podía dormir toda la tarde superaría la tentación. Además podía conseguir que su esposo le resarciera algo de lo que perdía. Un poco de sexo rutinario, era mejor que nada.

Pero Carlos tenía otra idea. Tenía que salir de allí solo, a cualquier precio.

- ¿ Porqué no vamos a caminar por el lago? Dijo con inocencia

- No, prefiero quedarme aquí, insistió Marcela.

- Pues yo voy a salir a caminar un rato, aunque sea una hora, insistió.

- Está bien, ve, yo me quedo aquí

- No. si vas a quedarte sola, entonces me quedo, ofreció

- No, está bien mi amor. Me recuesto un rato y si tengo ganas, mas tarde te alcanzo en el lago, ¿ quieres?

- Bueno, así si , dijo simulando inocencia. Le dio un beso en la mejilla y salió.

Tomó el ascensor hasta la planta baja, pero una vez allí, volvió a subir hasta el cuarto piso. Caminó por el pasillo hasta encontrar el cuarto 403. Se acercó a la puerta. Silencio total. Temió que fuera la broma que pensaba, pero sacando fuerza de flaqueza, golpeó suavemente.

La puerta se abrió suavemente. Lorena se asomó, y su rostro se iluminó al verlo. Abrió un poco más la puerta. La luz que entraba por una ventana semiabierta de la pared opuesta a la puerta, ofreció un espectacular contraluz de un cuerpo de mujer apenas cubierto con una remera de tirantes y una diminuta tanga. El sexo de Carlos respondió de inmediato .

- Pasa, dijo ella. Y el entró. Estaba quemando las naves. Ya no había retroceso.

Una vez adentro, se acercó a la ventana. Sobre el costado una cama de una plaza y dos cuchetas, indicaban lo espartano del alojamiento de los jóvenes viajeros.

- Ponte cómodo le dijo Lorena, sentándose sobre la cama.

- Bueno, no hay mucho lugar donde sentarse, dijo sonriendo

- No me refiero a eso, dijo ella, levantándose y comenzando a desabrocharle la camisa.

- Me parece que vas muy rápido, dijo Carlos sin ofrecer resistencia.

- No tanto como quisiera dijo ella, rozándole los labios con los suyos mientras completaba la maniobra y de un tirón sacaba la camisa de dentro del pantalón.

Carlos acarició su rostro y sus manos descendieron por la nuca hasta apoderarse de su cuello. Lo acarició suavemente, para luego descender por sus hombros, arrastrando los tirantes de la remera en la bajada. En segundos, dos pechos juveniles pero firmes, quedaron al descubierto. Ágilmente Lorena sacó los brazos de los breteles y comenzó a desabrochar su pantalón. Carlos bajó su cabeza y se apoderó de los pezones de la ninfa. Lorena comenzó a suspirar.

- hmmmm, que lindoooo

Carlos continuó su tarea mientras sentía como las manos de Lorena lo iban liberando de su ropa. Por fin, con un suave tirón, su pantalón cayó al suelo. Se sacó los zapatos y luego sacó sus piernas de ellos, dejándolos en el piso. Sintió como las manos de ella bajaban hasta acariciar su sexo por encima de su slip.

- Hmm, papito, está duro, le dijo ella al oído.

- No podía ser de otra manera, con lo caliente que me tienes, respondió el, mientras una de sus manos bajaba dibujando un surco en el cuerpo de ella, hasta llegar a su entrepierna y comenzar a marcar círculos con sus dedos por encima de su tanga. Instintivamente ella separó un poco sus piernas para facilitar la incursión del macho.

Por fin, la hembra bajó su slip y se apoderó directamente de su vara, comenzando a masturbarlo lentamente. Luego, lentamente, demasiado lentamente para la calentura del macho, se fue agachando mientras besaba su cuerpo hasta llegar a su verga y comenzar a besarla, lamerla y por fin chuparla con ganas. Esto lo hizo retrocediendo su cuerpo, sin arrodillarse, con lo que permitió que Carlos pudiera entrar con su mano por la espalda y metiéndose bajo su tanga comenzar a juguetear con sus labios vaginales, hasta terminar por introducirle el dedo medio dentro de su sexo, el cual estaba empapado, clara muestra de su excitación.

- Estás caliente, putita, muy caliente, dijo Carlos disfrutando de la fellatio.

Con su otra mano terminó de bajar su slip hasta el suelo y salió de él. Mientras Lorena no cejaba en su empeño por tragarse todo su pedazo, cosa que no conseguiría. Era muy joven y si bien no era una verga descomunal, 18 cm. era mas de lo que ella podía manejar.

Por fin, lo soltó. Lo miró, se pasó la mano por la boca sacándose la saliva y el líquido preseminal que la embadurnaba, y se sentó en la cama. Se corrió hasta el medio, y con sensuales movimientos se quitó la remera.







Marcela, pasó un rato acostada, y por su cabeza comenzó a dar vueltas lo que había conversado con Lucas. Se revolvió en el lecho. De pronto notó que comenzaba a excitarse de sólo pensar en ese muchachito. La verdad, necesitaba un cambio aunque más no fuera por una tarde. Su vida luego podía seguir como siempre. Nadie se enteraría. No volvería a verlo mas luego de este viaje. Lentamente se levantó, se duchó, se arregló, se vistió con un jogging negro,y salió como si fuera a caminar. Bajó al lobby del hotel, salió hasta la puerta, y desde allí observó el lago. No se veía a su esposo por ninguna parte. Evidentemente se había alejado, lo que le permitiría a ella justificar que no se encontraran tan rápido. Volvió al ascensor y marcó el cuarto piso.

Una vez arriba, llegó a la habitación 405 y golpeó. La puerta se abrió y Lucas tomándola del brazo la hizo pasar, rápidamente.
- Disculpa la brusquedad, pero no me gustaría que te vieran entrar y esto te causara algún problema, le dijo. Tenía puesto también un pantalón deportivo, aunque el torso desnudo. Se veía su cuerpo sin nada de grasa, tan diferente al de su esposo, y esto la calentaba aún mas.

- Vine simplemente para decirte que no puedes perseguirme. Soy casada y me vas a causar un problema.

- No es esa mi intención, dijo el joven acercándose a ella y abrazándola suavemente. Al pegarse sus cuerpos, ella pudo sentir la herramienta del joven. No tenía nada debajo del pantalón y se sentía como su verga latía contra su cuerpo.

Se quedaron allí abrazados. Ella disfrutaba del contacto. De pronto el joven se separó de ella. Ante su sorpresa, se quitó los pantalones y así totalmente desnudo se sentó en la cama,sin dejar de mirarla a los ojos. Lentamente comenzó a masturbarse con movimientos rítmicos y sensuales. Al principio ella se sorprendió, pero luego, como hipnotizada no podía quitar sus ojos de esa verga.

Estaba allí paralizada, sin saber que hacer. Nunca le había pasado.


- Vamos, desnúdate y dame argumentos para esta paja, le dijo Lucas.

Como una autómata, sin poder dejar de mirar la escena que tanto la calentaba, rápidamente se sacó la ropa quedando totalmente desnuda frente al muchacho.


- Como me calientas. Para que veas que no quiero aprovecharme de ti, simplemente voy masturbarme mirándote. Tu decidirás si te conformas con verme derramarme en el suelo, le dijo Lucas, mientras continuaba con su paja.

Marcela estaba totalmente salida. Siempre le había parecido muy erótico ver a un hombre tocarse y masturbarse. No sabía por qué. Era evidente que Lucas disfrutaba la situación. Por fin, cuando era evidente que el joven no iba a cortar con su plan, ella se acercó y se arrodilló frente a él, deteniendo la masturbación, para hacerse cargo de la vara con sus manos. Lo miró a los ojos y lentamente se la tragó. Estaba caliente y húmeda y ella al contacto, casi llega al clímax, tal era el grado de excitación que tenía.




***

En la habitación de al lado, mientras tanto, el duelo iba resolviéndose según lo imaginado. Carlos acostado encima de Lorena la besaba y acariciaba por todo el cuerpo. Por fin, decidió que era el momento para completar el encuentro.


- Espera, le dijo la joven, dándose cuenta, toma un preservativo, le dijo sacando un forro del cajón de la mesita de luz.

- Pónmelo tú, le dijo Carlos, y giró sobre la cama.

La jovencita abrió el envoltorio, lo sacó, tomó su verga la descabezó y lentamente lo encapuchó.


- Ahora sí, dijo volviendo a acostarse

Carlos volvió a tomar el dominio del encuentro. Separó las piernas de la ninfa y apoyó la cabeza de su verga a la entrada de su sexo. Lentamente avanzó hasta que la cabeza se acomodó entre sus labios separándolos. La jovencita lo tomaba de los hombros, invitándolo a sumergirse. Y Carlos lo hizo, lentamente, hasta que sus cuerpos se fundieron. Un gemido de Lorena acompañó la penetración. Se sentía llena, completa, distendida. Carlos comenzó a besarla mientras la poseía, y luego de un rato comenzó a moverse lentamente, saliendo y entrando del cuerpo de la hembra. Ese movimiento y la situación, hicieron que la jovencita comenzara a acabar de inmediato. Carlos sentía como el sexo de Lorena se contraía y le apretaba la verga, mientras gozaba. Con un esfuerzo sobrehumano se contuvo, tratando de aprovechar al máximo esta situación que estaba seguro no volvería a repetirse en su vida. Ralentó sus movimientos hasta poder controlarse, y una vez fortalecido, pudo volver a acelerar sus embestidas llevando a la hembra de orgasmo en orgasmo, teniéndola siempre al filo del clímax para caer en el. Los gemidos de placer demostraban que estaba cumpliendo bien la tarea.

***

Marcela en cuclillas rendía su devoción a esa vara de carne que llenaba su boca. Lucas tiernamente acariciaba su cabeza, dejándola trabajar. La concentración hizo que ella no notara que otros dos jóvenes habían entrado silenciosamente al cuarto, y desnudándose en la entrada, habían llegado al costado de la cama detrás de Marcela, exhibiendo sus poderosas armas en plenitud. Lucas les hizo seña de que se quedaran callados. Tomó un preservativo y se lo dio a Marcela.

- Vamos, colócalo en su lugar, le instó.

- Mira que nada vamos a hacer, le dijo ella

- No importa, voy a acabar y no quiero manchar nada, le dijo Lucas

Rápidamente, el condón cubrió la vara. Cuando estuvo terminado, Lucas se levantó y la obligó a arrodillarse sobre la cama. Marcela trató de resistir, pero la resistencia era simplemente formal. Se arrodilló y cuando Lucas parado al borde de la cama se acercó, sintió como la herramienta del joven se metía entre sus piernas. Sin darse cuenta metió su mano entre las piernas y jugueteó con la verga y con los huevos del joven encontrando un aparato totalmente inflamado y caliente. Así estuvo un buen rato.

- ¿ La quieres?, preguntó Lucas, pregunta cuya respuesta no era necesaria.

- ¿ La quieres? Volvió a preguntar mientras su mano dirigía la verga hasta situarla en posición.

Por toda respuesta, Marcela separó sus piernas y bajó su cabeza hasta que apoyó en la cama. Se quedó así, con los ojos cerrado y la respiración entrecortada, tratando de imaginar lo que estaba pasando.

Lucas miró a sus amigos y con el pulgar hacia arriba les indicó que todo estaba bajo control. Tomó su verga y la frotó arriba y abajo sobre el sexo y el culo de la hembra. Por fin en una de las pasadas, con la cabeza separó los labios vaginales, y cuando volvió a la posición, simplemente se dejó ir hasta el fondo, penetrándola por completo.

- ¡¡¡¡Ahhh, que placer!!!!!, gritó cuando se encontró adentro de la hembra, y de inmediato comenzó a sacudirla como si tuviera un percutor mecánico. Hacía mucho que Marcela no se sentía poseída de esa manera tan animal, y la sensación le gustaba. El golpeteo de la cama señalaba a las claras la violencia del encuentro.

En ese momento los amigos de Lucas encapucharon sus vergas con sendos preservativos, y acercándose al amigo, le indicaron que se retirara. Lentamente Lucas lo hizo, y su lugar de inmediato fue ocupado por otro joven que en la misma posición, también poseyó por completo a Marcela, continuando con el bombeo salvaje. Fue en ese momento que Marcela tuvo su primer orgasmo, ruidoso y brutal.




En el cuarto contiguo, Lorena y Carlos oyeron el primer grito y sintieron en la pared resonar la cama , lo que los calentó aún mas, imaginándose lo que estaba pasando vecino a ellos.


- Hmmm, escucha como la clavan, dijo Lorena


- Si, como yo te estoy clavando a vos, contestó Carlos

Cuando los gritos del orgasmo de la hembra llegaron, hicieron que Lorena también se corriera.


- ¡¡¡Me corro, me corro!!!! gritó sin poder contenerse.


El segundo de los amigos dejó lugar al tercero, y en ese momento, Lucas se sacó el condón y dando la vuelta la tomó a Marcela de los cabellos obligándola a levantar la cabeza y en esa posición le hundió su verga en la boca. El estado de confusión de Marcela no le permitió al principio entender lo que pasaba y se limitó a chupar, pero en unos segundos, sus ojos se abrieron como platos, y trató de retirarse, pero estaba empalada por ambos lados.

- Tranquila perra, que te has convertido en el centro de atención de tres machos calientes que te van a usar por todos los agujeros, relájate y goza, le dijo Lucas

- ¡¡¡Que locura!!!! me saca cogerla mientras te la chupa, gritó el que la estaba montando.


- Es una fiesta, dijo Lorena, hay varios hombres con una mujer, le dijo a su domador.

- Si, hay putas para todo, pero ahora querida te vas a dar vuelta y te voy a montar como una perrita, le dijo Carlos levantándose.

Lorena se dio vuelta y le mostró su hermoso trasero, lentamente se apoyó en las rodillas y dando vuelta la cabeza lo miraba con excitación. Carlos se acercó por detrás y de inmediato volvió a poseerla por completo. Cuando entró en ella, se dio cuenta que no podría aguantar mucho mas.




Mientras Marcela, disfrutaba de lo inevitable. El que la cabalgaba comenzó a acelerar sus embestidas.


- !!! Te lleno puta¡¡¡¡¡, dijo cuando empezó a vaciarse, si no fuera por el forro te hacía trillizos, mamita

- Apura que yo también la quiero regar, dijo el otro mientras se sacudía la verga.

Los ruidos de la habitación de al lado, fueron demasiado para el poco control que le quedaba a Carlos. Aguanto un nuevo orgasmo de Lorena y por fin, se vació por completo. Pensó que iba a darle un ataque de tan profundo que fue su orgasmo, y Lorena llegó a pensar que el macho iba a matarla por la forma en que empujaba dentro de su cuerpo acompañando cada chorro de semen que iba llenando el condón. Cayó sobre la ninfa y quedaron despatarrados sobre la cama, sin moverse, tratando de recuperar el aire, y atentos a lo que ocurría al lado.

Cuando descabalgó a Marcela , el otro amigo ocupó su lugar y antes de que la hembra pudiera decir nada, ya estaba otra vez empalada hasta el fondo, y el pistoneo seguía como al principio. Marcela sentía su sexo en carne viva, tan brutal había sido el tratamiento que le habían dado, pero solo podía aguantar y rogar porque el nuevo jinete durara poco. Y así fue. En cuestión de minutos , los gemidos del macho le indicaron que se estaba vaciando totalmente.

- Ahora me vas a ordeñar, putita, le ordenó Lucas, y Marcela siguió chupando con devoción.

Los otros jóvenes se sacaron los condones y se sentaron en el suelo a ver la escena.

- Oye Lucas, me estoy calentando de nuevo. Me parece que la ración de leche va a ser doble, dijo uno de ellos.

- Triple querrás decir que yo también ya la tengo dura, dijo el otro mientras comenzaba a masturbarse.

- Tranquilos que hay para todos. Por lo pronto hay te va mi leche perra, dijo y un alarido acompañó el primer chorro de semen que golpeó la garganta de la hembra.

Lorena recuperada, gateó sobre la cama hasta llegar a la fláccida verga de Carlos y se la metió en la boca. Carlos la dejó hacer disfrutando de las sensaciones, y escuchando como se resolvía el encuentro en la habitación de al lado.

Marcela nunca había recibido tanta cantidad de semen en la boca, y nunca, hasta ese día lo había tragado. Siempre que su esposo le acababa en la boca, ella iba al baño y lo escupía, pero hoy no había esa posibilidad, así que simplemente tragó y tragó.

- ¡Pues que la perra se lo ha tomado todo!!, bien, ahí voy yo, dijo otro ocupando el lugar de Lucas. Fue solo metérsela en la boca para comenzar a eyacular como un poseso y Marcela nuevamente a tomar todo sin dejar escapar una gota.

- Vaya, pudo contigo también. Pues hoy te llevas la ración completa, mamita, toma mi mamadera, dijo el tercero introduciéndose en su boca.

La verga de Carlos, increíblemente se había endurecido. Hacía mucho que no le pasaba y cuando Lorena comenzó a sobarle los testículos, sintió que un fuego subía por su vara. Cuando los gritos le indicaron que el tercer macho le estaba dando su elixir a la hembra de al lado, el también le entregó el suyo a Lorena, la que trató de tragar, pero hizo un par de arcadas y tuvo que escupirlo. Ahora sí, estaba totalmente terminado. Y se quedó acostado llegando a dormirse. Habían pasado unos 15 minutos cuando Lorena lo despertó.

- Papito, tienes que irte que mis amigas volverán en cualquier momento, le dijo la joven besándolo tiernamente.

- ¿ Los de al lado terminaron?

- Si, hace unos diez minutos que sentí abrir la puerta y ya no se escucha a nadie.

- ¿ Quienes están aquí al lado?, pregunto Carlos con curiosidad.

- 3 niñatos que se creen la gloria. Nos han perseguido a mi y a mis amigas durante todo el año, pero nunca les dimos oportunidad. Parece que aquí en Bariloche han conseguido una ramerita fácil. Mira que cogerse a los tres. Hay que ser bien puta, comentó Lorena.

- Muy puta, y muy aguantadora, la verdad. Bueno , me voy antes que mi mujer sospeche. Has estado maravillosa nena. Nunca viví algo así, dijo honestamente.

- Tu tampoco has estado nada mal. Evidentemente los años sirven para mejorar algunas cosas. La pasé de maravillas, dijo la joven.

Carlos se vistió, la besó y salió, sin intentar establecer ningún compromiso posterior. Ambos sabían que eso era imposible fuera de ese lugar y ese momento.

Salió a la calle, tratando de que nadie lo viera y se dirigió al lago, pensando que le iba a decir a su mujer cuando la encontrara. Sin embargo pasó un buen rato para que se encontraran. Cuando lo hicieron notó que su esposa estaba recién bañada y aún con el cabello mojado.

- Perdona Carlos, pero me quedé dormida y para despabilarme me pegué una ducha, y por eso me demoré, le dijo inocentemente.

- No hay problemas Marce. Total yo simplemente estuve caminando sin rumbo. Ahora vamos a tomar un café, y tomándola de la mano fueron a una cafetería irlandesa que había allí cerca.

Al llegar el lugar estaba invadido de adolescentes. Les costó trabajo encontrar una mesa.

Una vez sentados, Carlos miró a su alrededor.

- No hay dudas. Bariloche es de los jóvenes, pensó en voz alta.

- Puede ser, pero los mayores, también podemos disfrutarlo, dijo su mujer sin poder contenerse.

Los dos quedaron en silencio. El ruido del ambiente fue tapando sus recuerdos y sus pensamientos. La rutina volvía lentamente a envolverlos.....