La casa estaba en un silencio perfecto esa noche. Mis papás se habían ido temprano, bien vestidos, riendo con esa complicidad de aniversario que ya no disimulan. “No nos esperes despierta, Alejandrita”, me dijo mi mamá con una sonrisa pícara antes de cerrar la puerta. Sabía exactamente lo que iba a pasar en ese hotel bonito al que siempre van: cena cara, vino, y después se iban a comer a besos hasta que terminaban follando como si tuvieran veinte años otra vez.
Y yo… tenía la casa para mí solo.
Me duché lento, me depilé todo lo que pude, me puse el conjunto que más me prende: tanguita negra de encaje, ligas, medias hasta el muslo color carne, y un brasier relleno que me hace ver tetas decentes. Me pinté los labios de rojo puta, me puse peluca larga castaña y me miré al espejo del baño girando. “Puta, sí estoy rica hoy”, murmuré, ya sintiendo cómo se me ponía dura solo de verme.

Bajé las luces de la sala, puse una playlist suave de The Weeknd y me fui directo al cuarto. Saqué el dildo mediano que guardo en la caja de zapatos debajo de la cama, el de color carne con ventosa. Me puse a cuatro patas sobre la cama, mirando hacia el espejo grande que puse contra la pared hace meses justamente para esto. Me bajé la tanguita hasta los muslos, escupí en mis dedos y empecé a abrirme despacito el culo, gimiendo bajito mientras veía cómo mi agujerito se iba dilatando.

Cuando ya estaba lo suficientemente mojado y abierto, pegué el dildo al piso de madera (porque la alfombra no agarra bien), me senté despacio y lo dejé entrar hasta que sentí ese rico estiramiento que me hace poner los ojos en blanco. Empecé a subir y bajar, lento al principio, luego más rápido, agarrándome las tetas falsas, pellizcándome los pezones por encima del brasier, diciendo cochinadas en voz baja:
—Ay papi… métemela toda… rómpeme el culo, por favor…

No pasaron ni diez minutos y ya estaba temblando. Me vine sin tocarme la verga, solo con el dildo bien adentro, apretando fuerte mientras chorros calientes me salían por la puntita y caían sobre mis medias. Gemí como perra en celo, me quedé ahí jadeando, con el culo todavía latiendo alrededor del plástico.

Pero… terminé demasiado rápido. Me sentía insatisfecha, con ganas de más.
Me limpié un poco, me subí la tanguita empapada, dejé el dildo puesto en el suelo como trofeo y me tiré en la cama con el celular. YouTube, modo incógnito, playlist de ASMR porno al principio… pero luego empecé a scrollear sin rumbo. Hasta que vi el thumbnail: “Ritual real para invocar a Slenderman (funciona 2025) – No lo hagas solo”.
Me reí solo. “Pendejadas”, pensé. Pero estaba cachondo todavía, aburrido y con esa mezcla de adrenalina y morbo que me prende cuando estoy vestido. Entré al video.

El tipo explicaba todo muy serio: ocho páginas con el símbolo, bosque a medianoche, pero había una versión “casera” para los que no podían salir. Decía que bastaba con ocho hojas de cuaderno con el símbolo dibujado a mano, ponerlas en círculo en el cuarto, luces apagadas, espejo, repetir “Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo” dieciséis veces mirando el espejo.
Me dio risa… pero también me dio cosquilleo en la nuca.
Total, no tenía nada mejor que hacer.

Hice las ocho hojas con plumón negro, las pegué en el suelo formando un círculo alrededor de la cama. Apagué todo, solo quedó la luz del celular. Me senté en el centro, todavía con mi conjunto de zorrita, el culo sensible y húmedo, la verga medio dura otra vez dentro de la tanguita.
Empecé a repetir mirando mi reflejo en el espejo:
—Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo… Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo…
Dieciséis veces. Al terminar, silencio total. Ni un ruido. Me reí nervioso.
—Pinche mamada, obvio que no pasa nada…

Y entonces lo sentí.
Primero fue el frío. Como si alguien hubiera abierto la ventana en pleno invierno, pero todas estaban cerradas. Luego, el aire se puso pesado, espeso. El celular se me apagó solo. Oscuridad casi completa, solo un leve brillo azulado que no venía de ningún lado.

Giré la cabeza despacio.
Estaba ahí.
Al lado del clóset. Más alto de lo que imaginaba, la cabeza lisa, blanca, sin rostro. Traje negro impecable. Brazos larguísimos colgando inertes… y entre ellos, colgando también, una verga imposible. Gruesa, pálida, venosa, más larga que mi antebrazo, con una cabeza gorda y oscura que goteaba algo brillante. No estaba completamente dura todavía… pero ya era monstruosa.

Me quedé congelado. El corazón me latía en la garganta. Quise gritar, pero no salió nada.
Slenderman ladeó la cabeza, como si me estudiara.
Y entonces habló. No con voz. Directo en mi mente. Grave, calmado, vacío.
—Te vestiste para mí.

Tragué saliva. Mi verga se puso dura al instante dentro de la tanguita solo de escuchar eso.
—No… yo… solo estaba…
No terminé la frase. Uno de esos brazos interminables se estiró. No caminó. Simplemente se alargó hasta que la mano blanca, dedos largos y huesudos, me agarró del mentón y me obligó a mirarlo.

—Enséñame cuánto quieres jugar.
No sé en qué momento me puse de rodillas. Creo que ni me di cuenta de moverme. Solo sé que estaba frente a él, con la cara a centímetros de esa verga aberrante que ya se había puesto completamente dura, apuntándome directo a la boca. Olía raro… como ozono mezclado con algo dulce y podrido.

Abrí la boca temblando. La cabeza apenas entraba. Tuve que abrir la mandíbula al máximo. Sentí cómo me estiraba las comisuras de los labios. Empecé a chupar, torpe al principio, luego con más hambre. Él no se movía. Solo me dejaba. Pero cada vez que tragaba más profundo, sentía como si me estuviera llenando la cabeza de estática, de imágenes mías siendo usado de mil formas distintas.

De pronto sus manos me agarraron de la cintura. Me levantó como si no pesara nada y me puso boca abajo sobre la cama, con el culo en pompa. La tanguita desapareció en un movimiento que ni vi. Sentí la punta fría y húmeda presionando contra mi agujero ya sensibilizado.
—No te voy a preparar —dijo en mi mente—. Ya estás listo para mí.
Y empujó.

Grité. No de dolor exactamente… era demasiado, pero también era perfecto. Me abrió entero. Sentí cómo me llegaba hasta el estómago. Cada centímetro que entraba hacía que mi verga goteara sin parar sobre las sábanas. Empezó a moverse lento, profundo, sacándola casi completa y volviendo a meterla hasta que sus caderas huesudas chocaban contra mis nalgas.
Yo solo podía gemir, babear, suplicar mentalmente:
—Más… por favor… rómpeme…

Y él obedecía. Cada embestida más fuerte. Los tentáculos que no había visto antes empezaron a salir de su espalda, enrollándose en mis muñecas, tobillos, cuello. Uno grueso se metió en mi boca, follándome la garganta mientras el otro me follaba el culo sin piedad.
Perdí la cuenta de cuántas veces me vine. Cada orgasmo era más intenso, más vacío, más suyo.

Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí un chorro interminable, caliente, espeso, que me llenó tanto que empezó a salirse por los lados, escurriendo por mis muslos. Mi vientre se hinchó un poco, como si me hubiera preñado.

Me dejó tirado sobre la cama, jadeando, temblando, con el culo abierto y goteando. Se quedó mirándome un rato largo.
Luego, en mi cabeza, solo una frase:
—Volveré cuando vuelvas a vestirte para mí.

Y desapareció.
Quedé solo otra vez. Con el círculo de hojas todavía en el suelo. El dildo olvidado. El culo palpitando. La tanguita hecha jirones. Y una sonrisa idiota en la cara. Porque ya estaba pensando en qué ponerme la próxima vez que mis papás salgan.

Si vos te querés unir a un grupo lleno de femboys y gordos sin vida social, te puedes unir a mis grupos de WhatsApp, aceptamos a literalmente cualquier persona, y digo literalmente cualquiera, nos hace falta integrantes, los grupos está cada vez más en decadencia.
Grupo futanari:
Grupo encuentros CDMX:
Grupo orgía:
Un espacio seguro y respetuoso para parejas y personas interesadas en explorar y discutir temas relacionados con el cuckold y la relación abierta. En este club, fomentamos la comunicación abierta y el respeto mutuo, y ofrecemos un entorno seguro para compartir experiencias y conectarse con otros que comparten intereses similares.
Grupo NTR:
Pero bueno, eso es todo por hoy, síganme, den puntos, favoritos, comenten y todo eso, recuerden que subo post CASI todos los viernes. Nos vemos en el siguiente post, adiós.
Sobre los grupos de Whats, que mucha gente me ha estado preguntando, creo que Poringa ya no me deja publicarlos, pero si quieren unirse, pueden mandarme mensaje directo
Y yo… tenía la casa para mí solo.
Me duché lento, me depilé todo lo que pude, me puse el conjunto que más me prende: tanguita negra de encaje, ligas, medias hasta el muslo color carne, y un brasier relleno que me hace ver tetas decentes. Me pinté los labios de rojo puta, me puse peluca larga castaña y me miré al espejo del baño girando. “Puta, sí estoy rica hoy”, murmuré, ya sintiendo cómo se me ponía dura solo de verme.

Bajé las luces de la sala, puse una playlist suave de The Weeknd y me fui directo al cuarto. Saqué el dildo mediano que guardo en la caja de zapatos debajo de la cama, el de color carne con ventosa. Me puse a cuatro patas sobre la cama, mirando hacia el espejo grande que puse contra la pared hace meses justamente para esto. Me bajé la tanguita hasta los muslos, escupí en mis dedos y empecé a abrirme despacito el culo, gimiendo bajito mientras veía cómo mi agujerito se iba dilatando.

Cuando ya estaba lo suficientemente mojado y abierto, pegué el dildo al piso de madera (porque la alfombra no agarra bien), me senté despacio y lo dejé entrar hasta que sentí ese rico estiramiento que me hace poner los ojos en blanco. Empecé a subir y bajar, lento al principio, luego más rápido, agarrándome las tetas falsas, pellizcándome los pezones por encima del brasier, diciendo cochinadas en voz baja:
—Ay papi… métemela toda… rómpeme el culo, por favor…

No pasaron ni diez minutos y ya estaba temblando. Me vine sin tocarme la verga, solo con el dildo bien adentro, apretando fuerte mientras chorros calientes me salían por la puntita y caían sobre mis medias. Gemí como perra en celo, me quedé ahí jadeando, con el culo todavía latiendo alrededor del plástico.

Pero… terminé demasiado rápido. Me sentía insatisfecha, con ganas de más.
Me limpié un poco, me subí la tanguita empapada, dejé el dildo puesto en el suelo como trofeo y me tiré en la cama con el celular. YouTube, modo incógnito, playlist de ASMR porno al principio… pero luego empecé a scrollear sin rumbo. Hasta que vi el thumbnail: “Ritual real para invocar a Slenderman (funciona 2025) – No lo hagas solo”.
Me reí solo. “Pendejadas”, pensé. Pero estaba cachondo todavía, aburrido y con esa mezcla de adrenalina y morbo que me prende cuando estoy vestido. Entré al video.

El tipo explicaba todo muy serio: ocho páginas con el símbolo, bosque a medianoche, pero había una versión “casera” para los que no podían salir. Decía que bastaba con ocho hojas de cuaderno con el símbolo dibujado a mano, ponerlas en círculo en el cuarto, luces apagadas, espejo, repetir “Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo” dieciséis veces mirando el espejo.
Me dio risa… pero también me dio cosquilleo en la nuca.
Total, no tenía nada mejor que hacer.

Hice las ocho hojas con plumón negro, las pegué en el suelo formando un círculo alrededor de la cama. Apagué todo, solo quedó la luz del celular. Me senté en el centro, todavía con mi conjunto de zorrita, el culo sensible y húmedo, la verga medio dura otra vez dentro de la tanguita.
Empecé a repetir mirando mi reflejo en el espejo:
—Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo… Slenderman, Slenderman, ven a jugar conmigo…
Dieciséis veces. Al terminar, silencio total. Ni un ruido. Me reí nervioso.
—Pinche mamada, obvio que no pasa nada…

Y entonces lo sentí.
Primero fue el frío. Como si alguien hubiera abierto la ventana en pleno invierno, pero todas estaban cerradas. Luego, el aire se puso pesado, espeso. El celular se me apagó solo. Oscuridad casi completa, solo un leve brillo azulado que no venía de ningún lado.

Giré la cabeza despacio.
Estaba ahí.
Al lado del clóset. Más alto de lo que imaginaba, la cabeza lisa, blanca, sin rostro. Traje negro impecable. Brazos larguísimos colgando inertes… y entre ellos, colgando también, una verga imposible. Gruesa, pálida, venosa, más larga que mi antebrazo, con una cabeza gorda y oscura que goteaba algo brillante. No estaba completamente dura todavía… pero ya era monstruosa.

Me quedé congelado. El corazón me latía en la garganta. Quise gritar, pero no salió nada.
Slenderman ladeó la cabeza, como si me estudiara.
Y entonces habló. No con voz. Directo en mi mente. Grave, calmado, vacío.
—Te vestiste para mí.

Tragué saliva. Mi verga se puso dura al instante dentro de la tanguita solo de escuchar eso.
—No… yo… solo estaba…
No terminé la frase. Uno de esos brazos interminables se estiró. No caminó. Simplemente se alargó hasta que la mano blanca, dedos largos y huesudos, me agarró del mentón y me obligó a mirarlo.

—Enséñame cuánto quieres jugar.
No sé en qué momento me puse de rodillas. Creo que ni me di cuenta de moverme. Solo sé que estaba frente a él, con la cara a centímetros de esa verga aberrante que ya se había puesto completamente dura, apuntándome directo a la boca. Olía raro… como ozono mezclado con algo dulce y podrido.

Abrí la boca temblando. La cabeza apenas entraba. Tuve que abrir la mandíbula al máximo. Sentí cómo me estiraba las comisuras de los labios. Empecé a chupar, torpe al principio, luego con más hambre. Él no se movía. Solo me dejaba. Pero cada vez que tragaba más profundo, sentía como si me estuviera llenando la cabeza de estática, de imágenes mías siendo usado de mil formas distintas.

De pronto sus manos me agarraron de la cintura. Me levantó como si no pesara nada y me puso boca abajo sobre la cama, con el culo en pompa. La tanguita desapareció en un movimiento que ni vi. Sentí la punta fría y húmeda presionando contra mi agujero ya sensibilizado.
—No te voy a preparar —dijo en mi mente—. Ya estás listo para mí.
Y empujó.

Grité. No de dolor exactamente… era demasiado, pero también era perfecto. Me abrió entero. Sentí cómo me llegaba hasta el estómago. Cada centímetro que entraba hacía que mi verga goteara sin parar sobre las sábanas. Empezó a moverse lento, profundo, sacándola casi completa y volviendo a meterla hasta que sus caderas huesudas chocaban contra mis nalgas.
Yo solo podía gemir, babear, suplicar mentalmente:
—Más… por favor… rómpeme…

Y él obedecía. Cada embestida más fuerte. Los tentáculos que no había visto antes empezaron a salir de su espalda, enrollándose en mis muñecas, tobillos, cuello. Uno grueso se metió en mi boca, follándome la garganta mientras el otro me follaba el culo sin piedad.
Perdí la cuenta de cuántas veces me vine. Cada orgasmo era más intenso, más vacío, más suyo.

Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí un chorro interminable, caliente, espeso, que me llenó tanto que empezó a salirse por los lados, escurriendo por mis muslos. Mi vientre se hinchó un poco, como si me hubiera preñado.

Me dejó tirado sobre la cama, jadeando, temblando, con el culo abierto y goteando. Se quedó mirándome un rato largo.
Luego, en mi cabeza, solo una frase:
—Volveré cuando vuelvas a vestirte para mí.

Y desapareció.
Quedé solo otra vez. Con el círculo de hojas todavía en el suelo. El dildo olvidado. El culo palpitando. La tanguita hecha jirones. Y una sonrisa idiota en la cara. Porque ya estaba pensando en qué ponerme la próxima vez que mis papás salgan.

Si vos te querés unir a un grupo lleno de femboys y gordos sin vida social, te puedes unir a mis grupos de WhatsApp, aceptamos a literalmente cualquier persona, y digo literalmente cualquiera, nos hace falta integrantes, los grupos está cada vez más en decadencia.
Grupo futanari:
Grupo encuentros CDMX:
Grupo orgía:
Un espacio seguro y respetuoso para parejas y personas interesadas en explorar y discutir temas relacionados con el cuckold y la relación abierta. En este club, fomentamos la comunicación abierta y el respeto mutuo, y ofrecemos un entorno seguro para compartir experiencias y conectarse con otros que comparten intereses similares.
Grupo NTR:
Pero bueno, eso es todo por hoy, síganme, den puntos, favoritos, comenten y todo eso, recuerden que subo post CASI todos los viernes. Nos vemos en el siguiente post, adiós.
Sobre los grupos de Whats, que mucha gente me ha estado preguntando, creo que Poringa ya no me deja publicarlos, pero si quieren unirse, pueden mandarme mensaje directo
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