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El bully de mi hijo

Capitulo I: Deja de hacerme bullying

Juan tenía dieciocho años y cursaba el primer semestre de la universidad. Era el típico chico aplicado, algo friki, de cuerpo delgado y personalidad tímida. Esa tarde, casi a las seis, la universidad entregaba las calificaciones del primer parcial. Él no estaba preocupado por sus notas —eran excelentes—, sino porque por primera vez su madre iba a presentarse en el campus.
El bully de mi hijo

La campana de salida sonó. Juan salió lo más rápido que pudo, ansioso por llegar a casa, pero su paz se quebró de golpe cuando sintió un empujón en la espalda.
—Oye, imbécil —dijo una voz burlona— ¿qué andas pensando? ¿Con qué porno te la vas a jalar hoy? ¡Jajajaja!
Era Nelson. Diecinueve años, negro, atlético, alto y con esa mirada de quien sabe que domina. Un año mayor que Juan, vivo, manipulador y convencido de que las mujeres no eran más que objetos para usar y descartar.
—Otra vez tú… —Juan murmuró, sin mirarlo—. Déjame en paz.
—Ah, no te rebeles, pendejo. Solo paso por aquí —Nelson se rio y le dio una palmada en el hombro que casi lo hizo tropezar—. Hoy yo y mis compas nos vamos a agarrar a una puta blanquita bien culona. Si quieres te paso los videos para que aprendas algo, huevón. ¡Jajaja!
Imbécil… pensó Juan, apretando los dientes.
Mientras tanto, una mujer de treinta y ocho años corría por los pasillos de la universidad. Se llamaba Fabiola. Llegaba tarde. Había encontrado un recado de su hijo sobre la firma de las boletas y había salido a toda prisa del trabajo. Ser madre joven nunca había sido fácil. Trabajaba, cuidaba la casa y, aunque su esposo los mantenía económicamente, ella siempre había preferido tener su propio dinero. Además, con los constantes viajes de él, pasaba largas temporadas sola.
madre e hijo

Sabía que su hijo no era el más popular. De hecho, sospechaba que casi no tenía amigos. Por eso lo llenaba de cariño cada vez que podía.
De pronto lo vio al fondo del pasillo, hablando con un chico alto y de aspecto rudo. “Quizá sea su único amigo”, pensó con alivio.
Fabiola tenía el cuerpo de una mujer que cuidaba de sí misma: piernas firmes, busto generoso, caderas redondeadas y levantadas. El cabello rizado le caía sobre los hombros y, normalmente, ocultaba sus ojos cafés detrás de unas gafas de pasta roja. Esa tarde llevaba un vestido gris claro de rayas, cuello redondo, mangas tres cuartos y falda en corte en V. Debajo, mallas del mismo tono y botines cafés.
—Hola, bebé. ¿Cómo estás? —lo saludó con un beso en la mejilla—. ¿Me presentas a tu amigo?
—¡¡Mamá!! ¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías… Juan respondió nervioso, la voz casi quebrada.
Nelson se quedó a un lado, fingiendo seriedad, mientras sus ojos recorrían el cuerpo de la mujer de arriba abajo.
Puta… qué rica está esta perra. Qué cuerpazo de puta. Fácil debe ser una de esas que se dejan. Ufff, menudo polvo se va a pegar…
—Vine por tus boletas, pequeño —dijo Fabiola, dándole otro beso—. ¿Por qué no me avisaste? ¿Acaso reprobaste? —Miró a Nelson de pies a cabeza y le sonrió—. ¿Eres amigo de Juanito? —Extendió la mano sin soltar a su hijo—. Me llamo Fabiola, su mamá. Puedes decirme Faby.
—¿Fabiola? ¿Faby? Qué gusto —Nelson estrecho su mano con firmeza—. Soy Nelson, del mismo grupo que Juan. —Se giró hacia el chico y le dio un abrazo exagerado—. Vaya, Juan, nunca me hablaste de tu mami. Eres un pillo, amigo.
¿Qué le pasa a este? ¿Por qué de repente actúa como si fuéramos amigos? Menudo bully de mierda… siempre me jode. Seguro trama algo. Juan pensó, pero le siguió el juego más por miedo que por otra cosa.
—Qué bueno conocerte —Faby sonrió con ternura—. Me da gusto saber que este jovencito tiene un amigo. —Le revolvió el cabello a Juan—. ¿Sabes si este muchachón reprobó o por qué no me avisó de las boletas?
—Mamá, no me trates así… ya estoy en la universidad.
—No, Juanito es un genio —Nelson soltó una carcajada—. Un niño modelo. Nunca reprobaría. —(De hecho por eso me hace las tareas… a cambio de no joderlo tanto, pensó). Sus ojos no dejaban de recorrer el cuerpo de Faby, aunque intentaba disimular—. Debe venir del trabajo, ¿verdad? Seguro está cansada.
—Qué bueno oír eso. Ya premiaré a mi muchachote —Faby siguió acariciando a Juan—. Un poco sí estoy cansada. ¿Nos vamos a casa, mi amor? Así descansas como te mereces. Además puedo hablar con tu papá para que te traiga un regalo de Suiza por tus buenas notas. ¿Te gustaría? —Se giró hacia Nelson—. ¿Vendrán por ti? ¿Quieres un aventón? Oye… ya se me ocurrió: ven a casa a comer con nosotros. Tú también debes estar cansado. ¿Qué dices?
—¿En serio? ¡Genial! De verdad, gracias. Me muero de ganas de comer en su casa… seguro cocina delicioso con esas manos. Debe ser toda una experta.
¿Por qué me pasa esto a mí, Dios…? pensó Juan, sintiendo un nudo en el estómago. Un mal presentimiento le recorrió la espalda: algo iba a cambiar para siempre.
—Qué cosas dices… —Faby se sonrojó ligeramente por los comentarios de Nelson y tomó de la mano a su hijo—. Vamos. Serás bienvenido en nuestra casa. Todo amiguito de mi bebé es bienvenido.
Camino al auto —un Peugeot 208 azul marino— Faby no dejaba de darle besitos y cariños a Juan.
—Pueden ir atrás juntos si quieren —dijo mientras se metía al asiento del piloto.
Juan estaba a punto de sentarse adelante cuando Nelson se le adelantó.
—Oye, déjame sentarme adelante, amigo. No trates mal a tu invitado —dijo en tono medio burlón.
—Pero yo siempre voy delante…
—Eso es cierto —Faby miró a Nelson con severidad, aunque le sonrió después—. Juanito siempre va a mi lado. Es asiento reservado. No te molestes.
—Oh, ya entiendo. Claro, está bien —Nelson intercambió el lugar con una sonrisa que no llegaba a los ojos. Desde atrás no dejaba de mirar las piernas de Faby subir al auto. Joder, qué buena vista tiene este imbécil…
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—Umm… ¿a qué gym vas, Faby?
—¿Cómo sabes que voy al gym? —arrancó el auto—. Voy a uno cerca de la universidad… GymPlanet o algo así. Jaja.
—Lo adiviné. Yo también voy ahí, aunque seguro a otras horas. Se nota la energía que desprendes. ¿Qué ejercicios te gustan?
—Cardio, correr, un poco de natación, gimnasia y pesas básicas. ¿Tú?
—Full pesas. —Nelson extendió el brazo y flexionó un músculo negro y grueso—. Se ve lo grande que está, ¿verdad?
—Sí… ya veo —Faby abrió los ojos, sorprendida, y rio por el retrovisor—. Deberías llevar a Juanito contigo para que tome algo de forma.
Llegaron a una casa de dos pisos. Faby estacionó.
—Adelántense. Yo me quedo a pedir una pizza.
—No, qué va. Me está invitando a su casa… mínimo yo pido la comida. Quiero que coma rico. Que todos comamos rico.
—Ay, eres un sol, Nelson. Bueno, pídela entonces. Siéntete en casa. Bajen, yo voy por algo de beber.
Faby entró a la casa y los dejó solos.
En cuanto ella desapareció, Nelson sacó el celular y les mandó a sus amigos —una pandilla igual de negros y bravucones— varias fotos que había tomado de Faby sin que se diera cuenta. Luego pidió la pizza. Cuando quedó a solas con Juan, se acercó y le susurró:
—Vaya cuerpo el de tu mami…
—¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso?
—No oíste bien… o tal vez no lo dije correctamente. Vaya cuerpo el de la perra de tu madre. ¡Jajaja! Dios, está para un buen polvo. En serio.
—Deja de decirle así. Es mi mamá —Juan contenía las ganas de llorar.
—Cállate y sígueme el juego, idiota. Fácil te hago un hermanito —Nelson se rio a carcajadas.
Llegó el repartidor. Nelson pagó con el dinero que le cobraba a Juan a cambio de no joderlo en la universidad. Irónico.
—Vaya, Juan… parece que me estás ayudando a ligar con tu mamá —volvió a reírse.
Faby regresó con refrescos y botanas.
—¿Cómo van, niños? ¿Ya llegó la pizza?
—Sí, acá —gritó Nelson desde el comedor, haciendo comillas con los dedos frente a Juan—. Espero que le guste el “chorizo”.
—¡Yomi! —Faby sonrió—. Gracias. Debe estar deliciosa. Anda, Juan, trae platos y vasos. Siéntate, Nelson. —Se sentó a su lado—. ¿Tienes novia, Nelson?
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—¿Novia? No. La verdad, me parecen todas unas niñas. Prefiero una mujer de verdad… sensata, madura. Casi todas son egocéntricas y no saben valorar lo que tienen.
—Bueno… llegará la correcta. Hay muchas chicas buenas por ahí —Faby mordió un trozo de pizza con chorizo y queso, mirándolo sin mala intención—. Sirve que tú y Juanito encuentran una linda. Que sean amigas como ustedes. Sería cool, ¿no, amor?
—No sé… soy muy maduro para mi edad. A veces miro a Juan y me cae bien, como un hermano menor. Además le cubro la espalda de esos bullies de la universidad.
¡Menudo pelotudo! ¡Él es quien me hace bullying! Qué falso es este negro de mierda… pensó Juan, comiendo a la fuerza.
Cuando terminaron, Faby recogió la mesa.
—Qué lindo… —se acercó a Nelson y le sonrió cerca de la cara—. Eres un sol. Gracias por cuidar a mi Juanito. —Le plantó un beso cálido en la mejilla—. Son libres de hacer lo que quieran. Si necesitan algo, estaré en mi recámara. Nelson, cuando quieras irte, avísame y te llevo. —Se acercó a los dos y le dio tres besos a Juan —frente y mejillas— y dos a Nelson —frente y mejilla—. Diviértanse.
Subió las escaleras y desapareció.
—Uff… qué buena vista, ¿no, Juan?
—Menudo negro pendejo… ¿qué te has creído para hablar así de mi mamá en mi casa…?
Nelson le tapó la boca de golpe.
—Oye, pendejo de mierda, no te hagas el valiente conmigo. Mira, este es el rollo: tu mamá me gusta. Me la quiero coger. ¿Me entendiste? Y tú, si no vas a ayudar, simplemente no estorbes.
—¿Te quieres coger a mi mamá?
—Sí, imbécil. ¿Qué, recién te das cuenta? Dios, qué lento eres… —Nelson se rio y le apretó el hombro.
Arriba, Faby se quitó la ropa, echó llave y se quedó completamente desnuda sobre la cama.

Al fin nadie puede entrar… pensó, mirando el techo. Marcó a su esposo. Buzón. ¡Vaya mierda! aventó el teléfono. En fin… creo que solo dormiré un poco.
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Abajo, Nelson merodeaba por la sala y se detuvo frente a una foto de Faby con vestido de novia.
—Uff, joder… qué morbo. Vaya cuerpo el de tu mamá. Se mantiene en buena forma. Fácil le dan verga en el gym —se rio mirando a Juan.
—¿Bromeas, verdad? ¿En serio quieres tener sexo con mi mami?
—Sexo no, imbécil… solo hacerla mi puta. Eso es todo.
—¿Qué? ¿Tu puta?
En ese momento el teléfono de Faby volvió a sonar. Era su esposo, finalmente devolviendo la llamada.
—¿Bueno? —contestó adormilada—. Hola, amor… descanso un poco. ¿Y tú?
—Ay, amor, perdona. Estaba en una junta. ¿Qué pasa?
—Nada importante… solo que te extraño. Y ya sabes… ando ganosita —sonrió coqueta al teléfono.
—Ay, amor, no sabes las ganas que yo también traigo… pero no puedo ahora. Entro a otra reunión.
—Vaya decepción… Bueno, te dejo entonces. Te amo. Márcame cuando puedas.
Bueno… otro día sin nada de nada. A este paso seré más esposa del dildo que de él… rio para sí misma y tiró el teléfono otra vez.
Abajo, la conversación continuaba:
—Sí. La haré mi puta —dijo Nelson sin recato.
—No. Te equivocas. Mi mamá ama a mi papá. Ella nunca sería la puta de un negro como tú.
—Eso dices porque no sabes lo que siente una mujer… y menos una cuyo marido está lejos todo el tiempo. Fácil se masturba con dildos. Debe estar urgida. Y qué remedio mejor que una buena verga negra…
—No… no es cierto. Mi mamá no haría algo así.
—¿Estás muy seguro, eh? —Nelson sacó de la cartera unos mil pesos y se los extendió—. Mira, idiota. Sal y cómprame unos condones Vuelve en unas horas… y veremos si tu mamá es la puta que yo digo que es.
—¿Qué? ¿Para qué?
—Solo hazlo, pendejo. —Lo empujó hacia la puerta.
—Saldré a comprarlos… pero no porque te tenga miedo —Juan contestó temblando, ya en la calle.
Mi mamá no es así… Ella nunca me traicionaría.
Arriba, Faby seguía mirando el techo de su recámara.
—¿Lo hago? —se preguntó en voz baja, frotándose suavemente la vagina—. No… aunque siempre que termino quiero más. Me falta esa vibra de sentir piel con piel. Maldito Beto… ¿por qué no puede trabajar aquí como todos? Llegar a casa y cogerme a su esposa. —Se tapó con la sábana, molesta—. En fin… supongo que de nuevo lo usaré y veré algo de porno. Pero en mute, para que no escuchen los chicos.
Buscó en internet, puso un video en la pantalla y sacó del cajón un dildo negro, grueso y duro. Empezó a frotarlo sobre su cuerpo.
De algo a nada… suspiró, resignada.
Abajo, la sala quedó en silencio. Nelson subió las escaleras en dirección al cuarto de Juan, pero de pronto escuchó ruidos provenientes de una habitación oscura. Se acercó, pegó el oído a la puerta y se emocionó con lo que oía: gemidos suaves.
Vaya… la guarra está de cachonda.
Apagó todas las luces del pasillo y del segundo piso. La casa quedó a oscuras. Escuchó cómo los gemidos se intensificaban. Con cuidado, forzó un poco la puerta. Cedió. La abrió despacio para ver el espectáculo.
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Vaya puta resultó ser… no pudo aguantar ni unas horas sin tener algo adentro.
Fabiola estaba sentada en el borde de la cama, metiéndose y sacándose el dildo con ganas, sin perder detalle de la porno: un negro que cargaba a una mujer contra la pared y la follaba sin piedad. Su vagina palpitaba mojada, sus tetas duras, los pezones erectos. Jadeaba sin parar.
—¡Más! ¡Más! ¡Más! ¡Beto, más! ¡Hasta dentro, bebé!
Cerró los ojos mientras el dildo la urgaba por dentro. Entonces olió algo. Un olor inconfundible, fuerte e intenso. Algo que no olía desde hacía mucho tiempo y que despertaba en ella un instinto profundo, animal.
Su cuerpo reaccionó por naturaleza. Abrió más las piernas, levantó un poco la cadera. Sacó la lengua llena de saliva.
—Extrañé esto mucho, amor… —soltó un chorro de corrida y dejó caer el dildo al suelo, completamente mojado—. Dámela ya, amor…
Sintió cómo algo entraba en su boca. Grande. Caliente. Negro. Piel.
—No se preocupe —susurró Nelson en voz baja—. Lo que pase aquí no saldrá de este cuarto… solo desahóguese como quiera.
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Agarró su cabello y empezó a meter y sacar su verga de la boca de Faby, que solo engullía más y más.
Ella abrió los ojos. Estaba más excitada que sorprendida. Al oír sus palabras solo asintió y siguió saboreando aquella verga venosa y gruesa, mucho más grande que la de su esposo. Masajeó los huevos mientras se atragantaba, escupiendo saliva con pequeños tosidos.
—Así… así… pfff… —Nelson le agarraba el cabello con fuerza, exactamente como en la porno. Notó lo recaliente que estaba y eso le dio más facilidad para usarla como le gustaba usar a las mujeres: como putas—. Así te gusta, ¿verdad? Es tuya… toda una verga negra para ti.
Con una mano le sujetaba el cabello rizado; con la otra le estiraba y manoseaba los pechos.
—Mmmmm…
Faby jadeaba con la verga en la boca. Sentía las tetas durísimas, pesadas; el clítoris duro y salido, vibrando; la vagina escurriendo de deseo. Miraba a Nelson a los ojos, completamente entregada.
—Cógeme, Nelson… —suplicó sin dejar de mamarle—. ¡Cógeme como una puta, por favor!
Hundió un dedo más, luego dos. Nelson metió también los suyos. La vagina de ella estaba húmeda y hambrienta.
Nelson sacó su verga de la boca de Faby —ella quiso seguir mamándola— y la agarró de ambas manos para voltearla y levantarle el culo.
—Si quieres que te coja como perra… entonces te trataré como una. —Le soltó una nalgada fuerte que resonó por la habitación—. Así que levanta esa cola, guarra.
Le metió tres dedos en el coño para masturbarla y, sujetando su miembro, lo apuntó hacia su entrada mojada. Sacó los dedos e introdujo el pene de un empujón, deslizándose hacia su útero.
—¡AHHHHHHHH!
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Faby levantó las nalgas, con la cara contra la cama, mirando cómo se la metía. Sentía cómo aquella enorme verga negra la abría.
—¡Sí, Nelson! ¡Cógeme como una puta perra! ¡Quiero ser tu perra! ¡Tu puta! ¡¡¡DIOS!!! ¡¡¡QUÉ VERGOTA TIENES!!! Nunca me habían metido algo así… empújala, Nelson, empújamela toda. ¡Hazme jadear como perra! ¡Gritar como puta para ti! ¡Uffff!
Su cuerpo temblaba. La vagina brillaba de humedad. El clítoris jamás se había puesto tan duro y salido. Las tetas hipersensibles rozaban la cama con cada embestida, excitándola aún más.
Sintió cómo el ariete penetraba y abría sus labios externos e internos, cómo se iba abriendo y quemando a la vez. La fricción la rompía cada vez más. Llegó hasta la mitad… y entonces Nelson retrocedió para meterselo de golpe completo.
—Así, puta… así quieres una buena verga negra dentro de tu coño.
Con una mano en su culo y la otra agarrándole el cabello, empezó a montarla como si fuera una perra. Era una imagen brutal: un negro de diecinueve años follándose a una blanquita madura de treinta y ocho años.
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—¡ERES UNA DIOSA! … Eres mi diosa, Faby. Mía y solo mía, ¿entendiste? De ahora en adelante eres mía. ¡PERRA! ¡Y YO TU AMO!
Le empezó a nalguear el culo mientras su verga penetraba la vagina húmeda.
—¡AAHHHHHHHHH!
Faby, completamente empinada y desnuda sobre la cama, recibía gustosa la dura penetración. Soltaba jadeos y gemidos de placer, mirándolo cómo empujaba aquella enorme verga dentro de ella, haciéndola suya en cada metida. Incluso ella empujaba el culo contra él de forma rítmica.
—¡¡¡Más!!! ¡¡¡Más!!! ¡¡¡Más!!! ¡¡¡Nelson, más!!! —temblaba, sudorosa, el cuerpo emanando feromonas—. ¡¡¡Sí, mi amor!!! ¡¡¡Dios!!! Soy tuya, toda tuya… tu puta, tu guarra, tu perra… lo que quieras, pero ¡¡¡tuya!!! Solo no dejes de cogerme con esa vergota tan rica que tienes… ¡¡¡empújamela toda!!!! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!
—Entonces serás mi puta… de ahora en adelante —dijo Nelson entre risas, excitado—. Porque te marcaré como puta. —La sujetó del cabello rizado y le pegó la cara contra la cama para que alzara más el culo—. Eres solo una puta ahora y para siempre… eres de mi propiedad. Algo que puedo usar y desusar a mi mero placer y conveniencia. ¡Eres esclava de mi verga! … Y te la tragarás todas las veces que yo quiera, donde y con quienes yo quiera.
Aumentó la velocidad. Fabiola sentía cómo la verga de Nelson entraba y salía más rápido, hasta el punto de que sus tetas rebotaban y se escuchaba el choque de la pelvis contra su culo.
—¡SIIIIIIIIIIII! —gritó de placer, entregada—. ¡¡¡Seré lo que me pidas, amor!!! ¡¡¡Úsame y trátame como quieras!!! ¡¡¡Esta perrita es solo para ti!!!!
—Eso me gusta oír. Ahora, puta… —Nelson sacó su verga del coño, que botaba fluidos viscosos y calientes, y se echó a un lado de la cama—. Cabalga, puta. Ahora te toca a ti cabalgar mi verga… y quiero unos buenos sentones con ese rico culo. Quiero ver cómo se mueve.
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Ay, Juanito… me das tanta pena. El muy idiota me permitió entrar en su casa y, todavía más idiota, me dejó a solas con su madre… Jajaja. Ay, Juan, si estuvieras aquí… TU MAMÁ FUE TAN FÁCIL. TAN FÁCIL.
Faby, excitada, se puso encima de él dándole las nalgas, sujetándose de sus piernas. Se movió con la punta de la verga de Nelson en su vagina, la frotó sin meterla, dejó que su vagina mojada la lubricara y se movió en círculos sobre ella. Al sentir el clítoris salido, lo talló en la cabeza de la verga. Era una sensación tan deliciosa que tembló de placer. Poco a poco se fue clavando la verga, sintiendo cómo se abría su vagina húmeda y caliente.
Cuando se la enterró toda, se quedó quieta un momento, sonriéndole, y empezó un sube y baja suave, acelerando de a poco, dejando que sus tetas rebotaran con el vaivén.
—Así, perrita… así me encantas, amor… quiero verte así, desatada, deseosa, golosa… Conmigo no necesitas usar ese disfraz de madre puritana. Solo déjate llevar. Déjame enseñarte todos los placeres que tu cuerpo te puede dar… cada centímetro de tu cuerpo es una bendición.
Ese hedor quedará marcado para siempre también en tu cuerpo… como señal de tu nuevo dueño, Fabiola.

—¡Ahhhhhh sííí sííí! —Faby se movía con ganas, clavándose la enorme verga. El cuerpo sudoroso le temblaba; la lengua le salía escurriendo saliva. Apretaba las tetas entre los brazos mientras se sostenía de las rodillas de Nelson—. ¡Méteme más verga! ¡¡¡Nelson, métemela más!!! ¡¡¡Qué placer!!! ¡¡¡Qué puta me tienes!!!!
—Sí, así bebé… me gusta que seas puta. De seguro a ti también. No hay nada de malo en serlo, en serio… si una mujer lo decide, puede serlo. De hecho, ¡YO NO TE PROHÍBO NADA!
Jajaja… puta estúpida… jajajaja.
—¡Ahhhhh sííí sííí! ¡Quiero ser tu puta, Nelson! ¡¡¡Tu puta caliente!!! —gritó extasiada, subiendo y bajando con más ganas. Se escuchaban sus nalgas rebotar contra los huevos duros de Nelson. Las tetas le bamboleaban duras y excitadas—. ¡¡¡Me encanta! ¡¡¡Me encanta ser tu puta!!! ¡¡¡Dios!!!!
—Bien, putita… así me gusta. Así, Dios… ¡¡¡joder!!! ¡¡¡Quiero venirme en mi nueva puta!!! ¡¡¡Te quiero estrenar!!! —la agarró, se sentó con ella encima y le susurró al oído—. Dime, Faby… ¿lo has tragado antes?

—¡Aaahhhh! —lo besó, jadeando—. Sí, pero… me encantará probar tu leche, Nelson.
—¡BIEN, PERRA! … Abajo. Quiero que me la chupes… quiero ver cómo mi leche se desliza por tu garganta. Y hazlo rico. Quiero ver a mi puta trabajar bien.
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Ummm… ahora que lo pienso… fácil puede trabajar de eso. Una milf madura sin marido, libre en casa a todas horas… jajajaja. No creo que haya algo de malo en que sea una emprendedora y lo dé todo para salir adelante… trabajando bien duro.
Fabiola se sacó la verga de Nelson, lo recostó contra la pared de la cama y se puso en cuatro. Empezó a meterse lento y rico la verga dura y negra, saboreándola, mirándolo mientras lo hacía, haciendo que sintiera su lengua y sus labios en toda la longitud caliente.
—¡ASÍ! ¡ASÍ, PERRITA! Qué buena puta tengo… mastúrbala así… ¡¡¡así!!! ¡¡¡Aaahhhh!!! ¡¡¡Aaahhh!!! ¡¡¡Dios, qué rica estás!!! ¡¡¡Joder!!!
Nelson le acariciaba el cabello mientras la miraba a los ojos. Esos ojos de vicio que ya no parecían de una madre, sino de una puta viciosa.
Mientras tanto, Juan regresaba a casa. En el camino se encontró con unos conocidos de la universidad: Víctor y Carlos, amigos de Nelson. Ambos de diecinueve años, negros, fornidos y de la misma altura que Juan, pero mucho más viriles.
—¡Oye, Juan! ¿Qué haces? ¿Has estado yendo a comprarle condones a Nelson? —soltó Víctor con una carcajada, codeando a su compañero.
—Oye, Juan… sin molestar, ¿sabes quién es esta chica? —Carlos le mostró una foto de una madura bien guapa—. Dice Nelson que es una nueva puta… es que quiero vaciarme.
El bully de mi hijo

Juan se quedó mudo. Maldito… esa foto era de mi mamá cuando la vio en el auto. Dios, qué pendejo… Entró en pánico.
—No tengo tiempo para sus cosas. Me tengo que ir.
Echó a correr hacia su casa mientras Víctor y Carlos se quedaban cuchicheando entre ellos.
¿Nelson les habrá dicho que es mi mamá? Si lo hubiera hecho ya se estarían mofando de mí… así que todavía no lo hizo.
Mientras tanto, en la habitación de Fabiola:
—Mmmmm… —ella no dejaba de mamarle a Nelson su verga negra y dura, mirándolo como una perrita en celo esperando su recompensa—. Dame lechita, amor… dámela toda…
Seguía mamando con ganas e incluso se metía dos dedos en la vagina para mojarse a la par.
—¡¡Aahh!! Ok, puta… —Nelson le agarró la cabeza y apuntó su verga a la boca de ella—. Así… así… ¡¡aaahh!!
Empezó a soltar chorros de esperma que caían por la cara de Fabiola y dentro de su garganta. Mientras se vaciaba en ella, no podía dejar de pensar en Juan.
Siento lástima por lo que te haré, Fabiola…
—¡¡Aaaaaahhhh!! ¡¡Aaaaaahhhh!! Dios… anda, perra, quiero ver mi semen en tu garganta antes de que te lo tragues.
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Faby levantó la cara y le mostró con la boca abierta el semen rebosando, a punto de tragárselo, esperando que Nelson se lo permitiera.
—Qué bien, putita… así me gusta —Nelson le acarició el cabello y la mejilla con ternura, como a una niña buena que se toma todo su desayuno—. Trágatelo, amor.
—Mmmm…
Ella se lo tragó mirándolo agradecida y se recostó a su lado, masturbándolo con las manos para seguir sintiendo aquella dura verga negra.
—Ufff… qué rico, ¿no, Fabiola? —Nelson seguía acariciándola—. ¿Cómo se sintió, amor? Liberarse… soltarse después de tanto tiempo… Tu cuerpo lo urgía. Se notaba que no te atendían, cariño.
La abrazó. Ya sentía que ella era su hembra y la trataría como tal.
—Fue demasiado rico… —Faby no le soltaba la verga y lo besaba con lengua, con mucho deseo—. Quisiera más…
Se agachó para chupársela de nuevo, mirándolo con ganas de más.
—Jaja… así me gusta, perra. Pero eso será para después. —Nelson se reincorporó. Ya era su puta; ahora solo debía disciplinarla—. Bien, Faby… mientras tu hijo esté presente serás una madre modelo como siempre, devota de él… pero cuando YO LO DIGA O QUIERA, serás mi PUTA PRIVADA. ¿Bien, amor? Eso significa que podré hacer contigo lo que quiera, cuando, como y con QUIENES ME PLAZCA. ¿Me oíste, amor?
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Le decía todo eso mientras le acariciaba el cabello con dulzura. Ella afirmaba con la cabeza, mirándolo y comiéndole aún la verga dura.
—Como digas, Nelson… —respondió Fabiola, saboreando su verga entera y bajando a chuparle los huevos—. Puta a solas y mamá buena con Juanito.
—Puta cuando yo diga… y Juan seguirá siendo tu bebito. —ordenó Nelson con firmeza. (Por ahora… hasta que me deje de ser útil.) Pensó, sonriente, formando un plan cada vez más depravado en su mente—. Más bien, amor… vístete. Tu hijo no tardará en venir. Se moriría si viera que su amigo negro se folló a su mamá. Jajaja.
Ella, en un último intento, le hizo una garganta profunda con la esperanza de que se corriera otra vez, haciendo un gesto con el dedo para pedirle más leche en la boca.
—Vaya guarra eres… —exclamó Nelson mirándola—. Pero ahora quiero que te vistas, putita. Andale, obedece a tu papi.
La tomó del cabello, le plantó un beso húmedo en la boca, jugueteando con sus lenguas, y salió de la cama para vestirse.
—Vaya follada, amor… ufff. Esto no es nada. Tendrás más sexo del que nunca has tenido en tu vida.
—Oki, amor…
Ella se paró con él y se vistió a su lado, metiendo su tanguita en el bolsillo del pantalón de Nelson mientras lo besaba de lengua con ganas.
—Justo eso te iba a pedir, perra. Qué intuitiva eres. Estas bragas son mías ahora.
Nelson fue al baño de la recámara a lavarse la cara. Mientras lo hacía, ambos escucharon cómo se abría la puerta de la calle.
—Jajaja, joder… tu hijo ya vino, Faby. Apura.
—Ya estoy, papito. Corre, sal de aquí.
Ella lo sacó del cuarto y cerró la puerta, pensando en cómo ponerse de forma sexy pero discreta para él… quizás como un acto de agradecimiento.
Nelson bajó victorioso a la sala, con las bragas de Faby en el bolsillo, y vio a Juan, que parecía muy molesto.
—¡Nelson! Subiste las fotos de mi mamá al grupo del salón —reclamó Juan sin titubear.
—No te hagas… ¿a poco no está súper guapa? Ufff… te imaginas unas fotos de ella cabalgando una polla negra… —respondió Nelson de forma burlona, riéndose y recordando que pudo haberlas tomado así si hubiera querido.
—No es chistoso —rezongó Juan. De pronto se percató de que Nelson bajaba del cuarto de su mamá. Tragó saliva con miedo y se le puso la cara pálida—. ¿Nelson…? ¿Qué pasó?
—¿Qué pasó de qué? Pues nada… tenías razón. Tu mami es una puritana, devota de su hijito —respondió Nelson fingiendo decepción.
—De… de… de verdad… ¿espera? ¿En serio intentaste ligar con mi madre?
—Sí, pero ella es muy recta. Qué te puedo decir… tienes razón. Y no te molestaré según lo pactado… bueno, no tanto. —Nelson le tomó del hombro y se rio divertido, tratando de ocultar su victoria.
Faby bajó vestida con un vestido blanco con estampados azulados al frente, una diadema azul y blanca sujetando su cabello rizado, un par de botas blancas y una sonrisa de oreja a oreja.
—¿De qué hablan, chicos? —preguntó a ambos mientras besaba a Juanito en la frente—. ¿Me compraste algo de la tienda, tesoro?
—¡Mamá! No me trates así… tengo dieciocho —Juan no pudo evitar ponerse rojo. Su mamá estaba vestida de blanco, algo que solo hacía cuando estaba alegre y con energía. Hacía tiempo que no la veía tan contenta y, además, se había arreglado bastante bonita—. Vaya, mami… estás linda. Bueno, siempre lo eres, pero ahora estás más.
—Huy, sí, Faby… estás bien linda… y parece que estás feliz… será por algo —dijo Nelson sarcástico, sabiendo exactamente qué la tenía de tan buen humor.
—Gracias, mi amor —respondió Fabiola al halago de su hijo, besándole la mejilla y dejándole el labial rojo impreso—. Y gracias, Nelson, eres muy amable. La verdad es que descansé bien… y tu padre y yo tuvimos una larga charla, amor —dijo mirando a Juanito, que sonrió, mientras le guiñaba disimuladamente un ojo a Nelson—. Dime, Nelson… ¿quieres que te lleve a tu casa?
—No, no te preocupes. Más bien… yo me voy. Unos amigos están afuera esperándome para ir a jugar fútbol. Bueno… te cuidas, Juan… y tú también, Faby. Nos vemos luego.
—Ok. Bueno, antes de irte pásame tu número. Quiero marcarte y saber que estás bien, ¿vale? ¿Quieres ir con él, Juanito?
—Claro. —Nelson escribió su número en un papelito y se lo entregó. Luego miró a Juan y le jugueteó la melena—. No, Faby… más bien que descanse tu hijito. Tendrá un duro día de acá en adelante. —Se rio como un niño travieso, le regaló una última sonrisa a ella y salió de la casa más que feliz.
—Cuídate, Nelson —respondió ella. Lo tomó del brazo, lo acercó a sus labios y le besó la mejilla, dejándole también el labial.
—Umm… mamá, ¿estás bien? —Juan titubeó al preguntarle. Hacía tiempo que no la veía tan linda y contenta—. Te veo muy alegre.
—Sí, mi amor, todo bien. Solo que me hacía falta descansar… y como te dije, tu papi y yo tuvimos una buena charla —mintió Fabiola a su hijo, recordando cuando se daba de sentones encima de Nelson y cuando la hizo tragarse su leche. Su cara se iluminaba, pero obviamente Juanito no podía saber eso. Además, él sabía que cada vez que su mamá hablaba con su padre se ponía de buen humor—. En fin… ¿qué quieres de cenar?
—Pues nada… creo que estoy cansado —respondió el joven, que todavía tenía los condones que Nelson le hizo comprar y pensaba tirarlos al basurero en cuanto viera uno—. Y… ¿cómo te va en tu trabajo, ma? Estabas muy estresada por eso.
—Vale pues, nene, vete a dormir. Si no te importa me haré un café y veré una peli. —Quedó pensativa—. Creo que renunciaré, amor. Es demasiado trabajo, poca paga… así no funciona. Ya veré qué hago. —Se acercó a su hijo, le acomodó la ropa y le dio un beso en cada mejilla y en la frente para mandarlo a dormir—. Descansa.
Y se fue a la cocina a preparar su café.
Juan se dirigió a su cama. Tiró los condones en el basurero de su cuarto y se quedó pensando en lo alegre que se ponía su mamá cuando hablaba con su padre. Seguro que, ahora que dejaba ese trabajo tan estresante, podrían pasar más tiempo juntos. Además, al día siguiente era fin de semana… serían días para ellos solos, sin la intervención de Nelson.
O al menos eso él creía.
— Fin del Capítulo I —

1 comentarios - El bully de mi hijo

luisferloco
excelente historia. Esperemos que sea bastante extensa