Después de ese juego sucio y delicioso con mihermana, me metí en el
baño, así en bolas como estaba. Abrí la canilla caliente al mango. El
agua salió tibia primero, después hirviendo, y me metí debajo como si
pudiera borrar todo lo que había pasado en un rato. Me apoyé con las
manos en la cerámica, dejé que me cayera en la cabeza, en la nuca, que
me lavara la cara, el pecho, la ingle. Cerré los ojos. Respiré ese vapor
pesado que olía a cloro y a casa vieja.
Pensé en Luana, en lo que acabábamos dehacer. Al principio me sentí
frustrado, porque me hizo creer que me la iba a chupar y me dejó como un
idiota. Pero después nos masturbamos juntos, y encima nos ensuciamos las
caras con los flujos del otro. Ahora me daba cuenta de que todo eso era
en sí mismo algo extremadamente íntimo, más allá de que no me la había
cogido.
Entonces la puerta se abrió.
Luana entró sin pedir permiso, cerró con elpie y se quedó parada ahí,
totalmente en bolas. La luz blanca del baño la pegaba de lleno y parecía
una foto porno sacada de mis mejores pajas. El pelo castaño mojado ya
por el vapor se le pegaba a los hombros y a la espalda en mechones
oscuros. Las tetas —esas tetas perfectas, redondas, altas, con esos
pezones rosados que se le ponían duros con cualquier pavada— subían y
bajaban rápido porque venía agitada. La cintura fina, la panza plana con
esa marquita chiquita del piercing que se hizo el verano pasado, las
caderas sinuosas, la concha depiladita en triángulo perfecto, hinchada
todavía de haberse hecho la paja, brillosa, con los labios mayores un
poquito separados, como invitando. Las piernas largas, muslos firmes del
vóley. Todo mojado por el vapor, todo perfecto, todo prohibido.

Me quedé mirándola como un boludo. La pija yaempezaba a resucitar.
—Usá el lavamanos —le dije.
Luana me clavó los ojos azules —esos ojosiguales a los de mamá— y
esbozó una media sonrisa.
—No seas boludo, Lucio. La cara me la podríalavar acá, pero, ¿y la
concha?
Y sin esperar nada se metió en la duchaconmigo.

Así que ahí estábamos los dos, en la bañera,bajo el chorro de la ducha.
Bueno, en realidad yo solo estaba bajo el agua. Entonces Luana me empujó
con el hombro, fuerte, juguetona, para meter la cabeza debajo del agua.
—Corréte un cachito, egoísta de mierda.
—Pendeja de mierda, ¿tanto te costaba esperara que termine?
—¿Y me iba a quedar ahí en bolas, con tuleche en la cara? Qué poco
caballero, hermanito.
Me empujó de nuevo, esta vez con todo sucuerpo, hasta que me hizo dar
unos pasos atrás. Ella quedó de lado, mostrándome de perfil ese pomposo
orto que tenía. Ya empezaba a calentarme otra vez. Sabía que la pendeja
estaba haciendo eso para dejarme caliente de nuevo, pero eso no quitaba
que pudiera divertirme, como ya lo había hecho en el dormitorio.
Empezamos a pelear por el chorro como cuandoéramos chicos y nos
peleábamos por la Play. Ella me empujaba, yo la empujaba, nos
resbalábamos en la bañera, nos reíamos nerviosos pero ninguno aflojaba.
El agua caía entre los dos, salpicaba, nos mojaba la cara, el pecho, las
tetas de ella que se le movían con cada empujón.
Luana se agachó rápido a agarrar el jabón yyo se lo quité de la mano al
vuelo.
—Dámelo, pelotudo.
—No, ahora me toca a mí.
—Que me lo des —y me lo arrancó riéndose.
Se pasó el jabón por el cuello despacio, pordebajo de las tetas,
levantándolas un poco para que la espuma le corriera por los pezones.
Estos se le pusieron más duros todavía, rosaditos, brillando bajo el
agua. La espuma le bajó por la panza, se le metió en el ombligo, siguió
bajando hasta la concha. Yo miraba como idiota. La pija ya se me estaba
poniendo dura de verdad, pero todavía no del todo.
Ella lo notó, obvio. Bajó la vista un segundoy sonrió perversamente.
—Mirá qué fácil se te para, hermanito. Nopodés ser tan pajero —dijo.
—No es por vos —mentí.
Luana se dio vuelta rápido, me dio la espalday se metió debajo del
chorro entero. El agua le caía por la nuca, le bajaba por la espalda en
ríos, se le metía por la raya del culo y le chorreaba entre las piernas.
Se agachó un poco más, abrió apenas las piernas como si nada, y se pasó
el jabón por la concha despacio, de adelante para atrás, haciendo espuma
que le cubría los labios, que le chorreaba por los muslos. Yo veía todo:
cómo los labios se le abrían un poquito cuando pasaba la mano, cómo el
agua le pegaba en las tetas y le hacía saltar gotas de los pezones. Al
final me olvidé de la luchita y la dejé hacer, porque el espectáculo que
me regalaba valía la pena.
—Vení, ayudame a enjuagarme la espalda —medijo de repente, con voz
baja, caliente, pero todavía en tono de juego.
Me quedé pensando un rato, a ver si meconvenía seguirle la corriente, y
me dije que, siempre y cuando no me hiciera ilusiones, podía hacerlo.
Porque seguía pensando que Luana quería calentarme y dejarme con las
ganas, pero eso no quitaba que podíamos divertirnos.
Le pasé las manos por los hombros, le quitéla espuma, bajé por la
espalda y la cintura. Su orto estaba a solo unos centímetros de mis
manos. Pero froté la espalda un rato más, mientras mi verga terminaba de
endurecerse.
—Bueno, ahora me toca a mí —le dije, y lesolté una nalgada que resonó
en el baño.
—Esperá, nene, todavía no terminé —chillóella.
Entonces le hice cosquillas en la barriga.Pero ella, en vez de
apartarse, se encogió y resistió, a la vez que intentaba empujarme. Así
que yo la abracé por detrás, haciéndole sentir mi pija dura en el culo,
y empecé a hacerle cosquillas en la barriga y en las axilas.
Ella se retorcía de risa, y con cadamovimiento de su cuerpo su carnoso
orto se frotaba una y otra vez con mi pija.
Entonces me dio un codazo en las costillasque me obligó a detenerme,
aunque sin soltarla aún. Luego giró y me empujó. Pero yo me aferré a sus
brazos, por lo que ambos nos resbalamos y terminamos en el piso. Sentí
dolor, pero el cuerpo desnudo de mi hermana encima del mío me hacían
olvidarme de eso.
Me paré después de un rato, preocupado por sila había lastimado. Ella
giró. Me mostró la concha de nuevo, y veía mi verga empinada desde
abajo. Extendí la mano y la ayudé a levantarse.
Nos quedamos quietos, frente a frente,jadeando. Luana me miró, yo la
miré, y sin decir nada nos empezamos a reír bajito, como lo habíamos
hecho muchas veces cuando éramos chicos, después de un juego que
empezaba a irse de nuestras manos, pero en un contexto totalmente
diferente.
—Bueno, ya está, boludo… turnémonos comopersonas civilizadas —dijo
ella, apartándose el pelo mojado de la cara con las dos manos.
Las tetas se le levantaron con el movimiento,pesadas, brillando, los
pezones duros como piedritas rosadas. Tragué saliva.
—Dale, lavate vos primero —le dije, y mecorrí un paso para atrás—.
Terminá de una vez.
Luana se metió debajo del chorro entero,cerró los ojos y dejó que el
agua le cayera en la cabeza, le bajara por el cuello, por el canal entre
las tetas, por la panza plana hasta perderse en el triángulo depiladito
de la concha. Se pasó las manos por el pelo, echándoselo para atrás, y
después agarró el jabón otra vez. Empezó por el cuello, despacio,
haciendo espuma que le chorreaba por los hombros, por los brazos. Se
enjabonó las tetas con calma, levantándolas una por una, pasándose el
jabón por debajo, por los costados, por los pezones que se le ponían
cada vez más duros con el roce. Yo miraba sin disimular ya.
Después bajó las manos por la panza, seenjabonó el ombligo, las
caderas, y se agachó un poco para pasarse el jabón por los muslos, por
las piernas largas. Se dio vuelta despacio, me miró por encima del
hombro y me sonrió con esa sonrisa de nena puta que me encantaba.
—Ahora vos —dijo, y me pasó el jabón.
Me metí debajo del chorro. El agua calienteme cayó en la nuca,
relajándome un segundo. Me enjaboné el pecho, los brazos, la panza. Ella
me miraba fijo, los ojos azules brillando, mordiéndose el labio de
abajo. Cuando llegué a la pija, la agarré con la mano llena de espuma y
me la pasé despacio, de la base a la cabeza, sintiendo cómo palpitaba.
Luana no dijo nada, pero se la notaba muy atenta a cada cosa que hacía.
—Date vuelta —me dijo de repente, con la vozronca.
Obedecí. Sentí sus manos en mis hombrosprimero, enjabonándome la nuca,
bajando por la espalda. Sus tetas se me apretaban contra los omóplatos,
los pezones duros rozándome la piel. Me enjabonó la cintura, las
caderas, y después se agachó un poco y me pasó las manos por el culo,
apretando apenas. Sentí la pija dar un salto, pegarse contra mi propia
panza.
—Listo, ahora yo otra vez —dijo, y se riobajito.
Se dio vuelta, y se puso de espaldas a mí.
—Pasame el jabón por la espalda, ¿dale? Noalcanzo bien.
—¿Otra vez? —pregunté.
Ella no dijo nada, pero entonces locomprendí. Nuevamente me estaba
provocando. Solo que ahora no estaba del todo seguro de que lo hacía
para dejarme con la pija dura. Fuera como fuese, pronto me enteraría.
Le pasé el jabón. Me acerqué más de lonecesario. Empecé por los
hombros, despacio, haciendo círculos. Ella suspiró, dejó caer la cabeza
para adelante, el pelo mojado pegado a la nuca. Bajé por la columna, por
la cintura angosta, sintiendo la piel suave, caliente. Llegué al culo y
no me detuve. Le pasé las dos manos por las nalgas, despacio, apretando,
abriendo apenas. Ese culo perfecto, redondo, duro de tanto jugar al
vóley, brillando bajo el agua. Se lo enjaboné entero, metiendo los dedos
por la raya, rozándole el agujerito apenas, sintiendo cómo se le ponía
la piel de gallina.
Luana no dijo nada. Solo suspiró más hondo yabrió un poquito más las
piernas. Me dejé llevar. Le apreté las nalgas fuerte, las separé, le
pasé el jabón por entre medio, rozándole la concha desde atrás. Estaba
empapada, no solo de agua. Sentí los labios hinchados, calientes,
abriéndose apenas con el roce. Metí la punta del dedo medio, solo la
yema, y ella gimió bajito, empujó el culo para atrás.
—Lucio… —murmuró.
Pero no terminó la frase, por lo que dedujeque no me iba a reprochar lo
que estaba haciendo, sino más bien todo lo contrario. Me estaba
invitando a seguir.
Le apreté más fuerte, le metí el dedo enterodespacio, sintiendo cómo se
cerraba alrededor. Estaba ardiendo. Le pasé la otra mano por debajo, le
toqué el clítoris, chiquito, duro, resbaladizo. Ella se mordió el labio,
empujó más, se dejó manosear como si lleváramos años esperando este
momento.
Y de repente me dio un codazo en lascostillas, fuerte, juguetón pero
seco.
—¡Boludo, no te zarpes —dijo riéndose, perola voz le temblaba.
Perdí el equilibrio de nuevo, me resbalé paraatrás y caí de culo al
piso, con un golpe que retumbó en todo el baño. Me quedé ahí sentado,
mirando para arriba, con la pija dura apuntando al techo, el culo
dolorido y la cara de pelotudo más grande del mundo.
Luana se dio vuelta, se tapó la boca con lamano para no reírse
demasiado fuerte, las tetas temblándole de la risa.
—Te lo tenías merecido, degenerado —dijo,pero los ojos le brillaban de
otra cosa.
Y se quedó parada arriba mío, con el aguacayéndole por el cuerpo
entero, mirándome desde arriba como una diosa mojada y prohibida.
Y entonces miró directo a mi pija.
—Pendejo degenerado… —dijo bajito, con unasonrisa torcida—. Mirá cómo
te ponés con tu hermana, enfermo de mierda.
No me dio tiempo a contestar nada. Se agachódespacio, apoyando las
rodillas a los lados de mis caderas, el agua salpicando cuando se movió.
Sentí sus muslos rozándome los costados, calientes, resbalosos. Me miró
fijo a los ojos, y se mordió el labio de abajo.
—Esto es lo que tanto querías, ¿no? —susurró,agarrándome la pija con
una mano. La apretó fuerte en la base, me hizo un movimiento lento hacia
arriba, como si me estuviera midiendo—. Bueno, vas a tenerlo. Pero yo
solo cojo cuando quiero. Yo te cojo a vos, no al revés. ¿Entendiste,
hermanito?

No pude ni asentir. Solo tragué saliva. Ellase levantó un poquito más,
se posicionó justo arriba de la cabeza de mi pija, y empezó a bajar
despacio, muy despacio.
Primero sentí la punta rozándole los labiosde la concha. Sentí el calor
húmedo, viscoso que salía de adentro de ella, como si me estuviera
esperando desde siempre. Luana soltó un suspiro largo, entrecerró los
ojos, y siguió bajando.
La cabeza entró de una. Despacio. Sentí cómolos labios se abrían
alrededor, cómo me chupaban, cómo me apretaban como si no quisieran
soltarme nunca. Fue un calor que me subió por la pija directo a la
panza, como si me metieran en un horno mojado y apretado. Era mi
hermana. Mi hermana mayor. La que jugaba conmigo cuando éramos chicos,
la que me defendía en el colegio, la que ahora me estaba comiendo la
pija con la concha sin ningún drama.
Bajó un poco más. Sentí cada centímetroentrando, la carne viva
apretándome, caliente, resbalosa, palpitando alrededor mío. Era como
meterla en terciopelo caliente que se cerraba solo. No era virgen,
obvio, pero estaba tan apretada que parecía que nunca la habían tocado.
—Uff… es más grande de lo que pensaba—murmuró, y siguió bajando—. No te
emociones, tampoco es que sea tan grande. Pero tenés un buen pedazo, eso
sí.
Cuando llegó a la mitad, se quedó quieta unsegundo. Me miró. Los dos
jadeábamos. El agua seguía cayendo, salpicándonos, pero yo ya no sentía
frío ni calor, solo sentía mi pija adentro de su concha, palpitando,
hinchándose más todavía. Ella cerró los ojos un segundo, y después bajó
del todo.
—¡Ay, la puta madre! —dijo—. Así que con estote cogiste a la tía.
Sentí las bolas pegarse contra su culo. Sentíla cabeza de la pija
chocando contra algo adentro, algo profundo, caliente, que se abrió
apenas para recibirme. Fue como si me tragaran entero. Como si la concha
de Luana me estuviera absorbiendo desde adentro. Un calor húmedo,
apretado, perfecto.
Luana soltó un gemido largo, bajo, casianimal.
—Esto… es… mío… —dijo entre dientes, y empezóa hamacarse.
Primero para adelante y para atrás, apenasmoviendo la cadera, con mi
pija en todo momento enterrada en ella.
Llevé las manos a sus caderas, sintiendo cadamovimiento que ella hacía,
hipnotizado en su rostro, en sus ojos, en su gesto de placer mientras me
montaba.
Era todo lento, hermoso, estético. Sus senosestaban duros, y un montón
de gotitas perlaban su cuerpo perfecto, dándole una aspecto de obra de
arte hiperrealista. Sus labios se separaban a cada rato, como si
estuviera rezando mientras se ensartaba la pija de su hermano mayor.
Me agarró las manos y se las puso en lacintura. Pero yo las seguí
subiendo, despacio, hasta agarrarle las tetas. Pesadas, firmes,
perfectas. Las apreté. Ella gimió más fuerte. Se inclinó para adelante,
me puso las tetas en la cara.
—Chupámelas —ordenó.
Obedecí. Le agarré una teta con las dosmanos, me la metí en la boca
entera, chupé el pezón como si fuera lo último que iba a hacer en la
vida. Lo mordí apenas. Ella se retorció encima mío, apretó más la
concha, me sacó un gemido que retumbó en el baño.
Después la otra. La lamí despacio, le pasé lalengua alrededor del
pezón, lo chupé fuerte. Ella empezó a hamacarse más rápido, aunque
seguía pareciendo que se estaba controlando, quizás para evitar que
alguien la escuchara gemir. Sentía la pija entrando y saliendo, cada vez
más mojada, más resbalosa, más caliente.
Y entonces me besó.
Se inclinó del todo, me agarró la cara conlas dos manos y me metió la
lengua hasta el fondo. Fue el primer beso de verdad. No de hermano y
hermana que se comen la boca como amantes. Su lengua caliente, suave,
con sabor a bronca y a deseo. La chupé, le mordí el labio, le metí la
lengua yo también. Nos comimos la boca mientras ella seguía hamacándose
encima mío, la concha apretándome la pija como un guante caliente.
Las manos mías bajaron solas al culo. Eseculo perfecto, duro, redondo.
Lo agarré fuerte, lo abrí, lo apreté mientras ella subía y bajaba.
Sentía los músculos del culo tensándose cada vez que se levantaba,
aflojándose cuando bajaba. Metí un dedo en la raya, rocé el agujerito.
Ella gimió en mi boca, apretó más fuerte, me clavó las uñas en los
hombros.
Subía y bajaba más rápido ahora, pero sinapurarse del todo. Se hamacaba
en círculos también, haciendo que la pija rozara todos los rincones de
adentro. Sentía la cabeza chocando contra el fondo, sentía el clítoris
rozándome la base. Estaba empapada. El ruido era obsceno: ploc ploc ploc
con cada movimiento, mezclado con el agua.
—Te querés coger a todas, degenerado —mesusurró al oído—. Pero… yo… te
… estoy… cogiendo… a… vos.
Ahora, como si estuviera más colmada deplacer, empezó a dar saltitos
obre mí.
Subía casi hasta sacar la pija entera, dejabasolo la cabeza adentro, y
bajaba de golpe. Cada vez que bajaba sentía el choque en las bolas, el
calor apretado, el placer subiéndome por la columna. Ahora la montada se
había vuelto más violenta, y me encantaba.
Le agarré el culo más fuerte, la ayudé asubir y bajar. Ella se dejó,
pero sin perder el control. Se incorporó un poco, me puso las tetas en
la cara otra vez, y empezó a moverse más rápido. Las tetas rebotando,
los pezones rozándome la boca. Yo los chupaba, los mordía, los lamía.
Ella gemía más fuerte, la concha apretándome cada vez más.
Sentí que me venía. No podía más. La conchaapretaba demasiado, estaba
demasiado caliente, demasiado mojada, demasiado prohibida.
—Luana… voy a acabar… —jadeé.
—Adentro no, boludo… —dijo rápido, y selevantó justo a tiempo.
Me sacó la pija de un tirón. Me agarró con lamano, me pajeó dos veces
fuerte, y exploté.
El semen salió a chorros, blanco, espeso,cayendo sobre mi panza, mi
pecho, el piso de la ducha. Chorros largos, fuertes, que me dejaron
temblando. Luana me miró mientras eyaculaba, con una sonrisa de
ganadora, la mano todavía apretándome la pija, sacándome las últimas
gotas.
El agua se lo llevó todo. Los chorros blancosse diluyeron rápido,
bajaron por el desagote, desaparecieron como si nunca hubieran existido.
Luana se quedó ahí arriba mío un segundo más,jadeando, la concha
todavía rozándome la pija blanda. Después se levantó despacio, el agua
cayéndole por el cuerpo como si nada.
—Ahora sí estamos en paz, hermanito —dijo, yse metió debajo del chorro
otra vez, dejándome tirado en el piso como un pelotudo feliz y saciado.
Luana cerró la canilla con un giro seco. Elagua dejó de caer de golpe y
el baño quedó en un silencio húmedo, pesado, con el vapor flotando como
una nube baja. Ella se pasó las manos por el pelo, exprimiéndolo, y las
gotas le chorrearon por la espalda, por la raya del culo, hasta los
tobillos. Se dio vuelta despacio, me miró desde arriba con esa cara de
“ya te gané, hermanito”, y dio un paso hacia la puerta de la ducha.
No la dejé.
Desde el piso la agarré de la cintura con lasdos manos, fuerte, como si
fuera a escaparse para siempre. Ella soltó un “¡eh!” sorprendido, pero
no se resistió. La jalé hacia mí, la hice retroceder un paso, y le
planté la cara entre las nalgas sin pedir permiso.
Le abrí el culo con las manos, lo separé todolo que pude, y le metí la
lengua en lo más profundo. Lamí despacio, de abajo hacia arriba, por la
raya entera, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina. Ella se
quedó quieta, apoyó una mano en la pared, la otra en mi cabeza, pero no
me empujó. Al contrario: abrió un poquito más las piernas.
—Lucio… boludo… —susurró, pero la voz lesalió temblando.
No le contesté. Le mordí una nalga, despuésla otra, fuerte, dejando
marca. Le chupé la piel como si quisiera comérmela viva. Después bajé la
boca directo al centro. Le abrí más el culo con los pulgares y le metí
la lengua en el ano sin anestesia, sin aviso, sin vergüenza.
Entró fácil. Estaba relajada, caliente,todavía mojada de todo lo
anterior. La punta de la lengua se hundió en ese agujerito apretado y
sentí el sabor fuerte, prohibido, real. Ella soltó un gemido que retumbó
en las baldosas. Empujó el culo para atrás, se lo clavó en mi cara. Yo
no paré. Lamí en círculos, después adentro y afuera, después volví a
meter la lengua lo más hondo que pude, cogiendo ese culo con la boca
como un poseído.
Las manos mías le apretaban las nalgas tanfuerte que le debían estar
quedando marcas. Le abrí todo, le lamí desde la concha hasta el agujero,
después me quedé solo ahí, en el ano, chupando, mamando, metiendo y
sacando la lengua como si fuera una pija chiquita. Ella empezó a moverse
sola, a hamacarse contra mi cara, a gemir más fuerte.
—Ay… la puta madre… Lucio… —jadeaba, y setocaba la concha con una mano
mientras yo le comía el culo como un animal.
Sentía mi pija endureciéndose otra vez contrael piso frío. Palpitaba,
se hinchaba, se ponía dura como hierro solo de saborearla así, de tener
la cara enterrada en el culo de mi hermana. Era enfermo. Era perfecto.
Era lo más sucio y lo más rico que había hecho en mi vida.
Le metí la lengua hasta el fondo de nuevo, lechupé el borde del ano, le
metí la punta de la nariz también, le lamí todo alrededor. Ella
temblaba. Empujaba contra mí cada vez más fuerte, como si quisiera que
le metiera la cara entera. Yo no paraba. Le mordisqueé el agujerito, le
metí la lengua bien adentro y la dejé ahí, moviéndola en círculos,
sintiendo cómo se contraía y se aflojaba alrededor.
Y de repente se soltó.
Se dio vuelta rápido, me empujó la cabezapara atrás con las dos manos,
jadeando, roja, con los ojos brillando de calentura y de algo que
parecía enojo.
—Basta, loco… ya está —dijo, la voz ronca,temblorosa—. Ya tuviste
suficiente por hoy. Ya te dije que yo te cojo a vos, no al revés.
Además, es cuando yo quiera. Si no entendés eso, nunca lo vamos a volver
a hacer.
Se apartó, abrió la puerta de la ducha ysalió. Agarró la toalla, se
envolvió rápido, pero no antes de que yo viera cómo tenía la concha otra
vez hinchada, brillosa, abierta.
Salió del baño y cerró la puerta con un golpesuave.
Yo me quedé ahí tirado en el piso, la pijadura apuntando al techo,
respirando como si hubiera corrido una maratón.
Y sabiendo que esto recién empezaba.
baño, así en bolas como estaba. Abrí la canilla caliente al mango. El
agua salió tibia primero, después hirviendo, y me metí debajo como si
pudiera borrar todo lo que había pasado en un rato. Me apoyé con las
manos en la cerámica, dejé que me cayera en la cabeza, en la nuca, que
me lavara la cara, el pecho, la ingle. Cerré los ojos. Respiré ese vapor
pesado que olía a cloro y a casa vieja.
Pensé en Luana, en lo que acabábamos dehacer. Al principio me sentí
frustrado, porque me hizo creer que me la iba a chupar y me dejó como un
idiota. Pero después nos masturbamos juntos, y encima nos ensuciamos las
caras con los flujos del otro. Ahora me daba cuenta de que todo eso era
en sí mismo algo extremadamente íntimo, más allá de que no me la había
cogido.
Entonces la puerta se abrió.
Luana entró sin pedir permiso, cerró con elpie y se quedó parada ahí,
totalmente en bolas. La luz blanca del baño la pegaba de lleno y parecía
una foto porno sacada de mis mejores pajas. El pelo castaño mojado ya
por el vapor se le pegaba a los hombros y a la espalda en mechones
oscuros. Las tetas —esas tetas perfectas, redondas, altas, con esos
pezones rosados que se le ponían duros con cualquier pavada— subían y
bajaban rápido porque venía agitada. La cintura fina, la panza plana con
esa marquita chiquita del piercing que se hizo el verano pasado, las
caderas sinuosas, la concha depiladita en triángulo perfecto, hinchada
todavía de haberse hecho la paja, brillosa, con los labios mayores un
poquito separados, como invitando. Las piernas largas, muslos firmes del
vóley. Todo mojado por el vapor, todo perfecto, todo prohibido.

Me quedé mirándola como un boludo. La pija yaempezaba a resucitar.
—Usá el lavamanos —le dije.
Luana me clavó los ojos azules —esos ojosiguales a los de mamá— y
esbozó una media sonrisa.
—No seas boludo, Lucio. La cara me la podríalavar acá, pero, ¿y la
concha?
Y sin esperar nada se metió en la duchaconmigo.

Así que ahí estábamos los dos, en la bañera,bajo el chorro de la ducha.
Bueno, en realidad yo solo estaba bajo el agua. Entonces Luana me empujó
con el hombro, fuerte, juguetona, para meter la cabeza debajo del agua.
—Corréte un cachito, egoísta de mierda.
—Pendeja de mierda, ¿tanto te costaba esperara que termine?
—¿Y me iba a quedar ahí en bolas, con tuleche en la cara? Qué poco
caballero, hermanito.
Me empujó de nuevo, esta vez con todo sucuerpo, hasta que me hizo dar
unos pasos atrás. Ella quedó de lado, mostrándome de perfil ese pomposo
orto que tenía. Ya empezaba a calentarme otra vez. Sabía que la pendeja
estaba haciendo eso para dejarme caliente de nuevo, pero eso no quitaba
que pudiera divertirme, como ya lo había hecho en el dormitorio.
Empezamos a pelear por el chorro como cuandoéramos chicos y nos
peleábamos por la Play. Ella me empujaba, yo la empujaba, nos
resbalábamos en la bañera, nos reíamos nerviosos pero ninguno aflojaba.
El agua caía entre los dos, salpicaba, nos mojaba la cara, el pecho, las
tetas de ella que se le movían con cada empujón.
Luana se agachó rápido a agarrar el jabón yyo se lo quité de la mano al
vuelo.
—Dámelo, pelotudo.
—No, ahora me toca a mí.
—Que me lo des —y me lo arrancó riéndose.
Se pasó el jabón por el cuello despacio, pordebajo de las tetas,
levantándolas un poco para que la espuma le corriera por los pezones.
Estos se le pusieron más duros todavía, rosaditos, brillando bajo el
agua. La espuma le bajó por la panza, se le metió en el ombligo, siguió
bajando hasta la concha. Yo miraba como idiota. La pija ya se me estaba
poniendo dura de verdad, pero todavía no del todo.
Ella lo notó, obvio. Bajó la vista un segundoy sonrió perversamente.
—Mirá qué fácil se te para, hermanito. Nopodés ser tan pajero —dijo.
—No es por vos —mentí.
Luana se dio vuelta rápido, me dio la espalday se metió debajo del
chorro entero. El agua le caía por la nuca, le bajaba por la espalda en
ríos, se le metía por la raya del culo y le chorreaba entre las piernas.
Se agachó un poco más, abrió apenas las piernas como si nada, y se pasó
el jabón por la concha despacio, de adelante para atrás, haciendo espuma
que le cubría los labios, que le chorreaba por los muslos. Yo veía todo:
cómo los labios se le abrían un poquito cuando pasaba la mano, cómo el
agua le pegaba en las tetas y le hacía saltar gotas de los pezones. Al
final me olvidé de la luchita y la dejé hacer, porque el espectáculo que
me regalaba valía la pena.
—Vení, ayudame a enjuagarme la espalda —medijo de repente, con voz
baja, caliente, pero todavía en tono de juego.
Me quedé pensando un rato, a ver si meconvenía seguirle la corriente, y
me dije que, siempre y cuando no me hiciera ilusiones, podía hacerlo.
Porque seguía pensando que Luana quería calentarme y dejarme con las
ganas, pero eso no quitaba que podíamos divertirnos.
Le pasé las manos por los hombros, le quitéla espuma, bajé por la
espalda y la cintura. Su orto estaba a solo unos centímetros de mis
manos. Pero froté la espalda un rato más, mientras mi verga terminaba de
endurecerse.
—Bueno, ahora me toca a mí —le dije, y lesolté una nalgada que resonó
en el baño.
—Esperá, nene, todavía no terminé —chillóella.
Entonces le hice cosquillas en la barriga.Pero ella, en vez de
apartarse, se encogió y resistió, a la vez que intentaba empujarme. Así
que yo la abracé por detrás, haciéndole sentir mi pija dura en el culo,
y empecé a hacerle cosquillas en la barriga y en las axilas.
Ella se retorcía de risa, y con cadamovimiento de su cuerpo su carnoso
orto se frotaba una y otra vez con mi pija.
Entonces me dio un codazo en las costillasque me obligó a detenerme,
aunque sin soltarla aún. Luego giró y me empujó. Pero yo me aferré a sus
brazos, por lo que ambos nos resbalamos y terminamos en el piso. Sentí
dolor, pero el cuerpo desnudo de mi hermana encima del mío me hacían
olvidarme de eso.
Me paré después de un rato, preocupado por sila había lastimado. Ella
giró. Me mostró la concha de nuevo, y veía mi verga empinada desde
abajo. Extendí la mano y la ayudé a levantarse.
Nos quedamos quietos, frente a frente,jadeando. Luana me miró, yo la
miré, y sin decir nada nos empezamos a reír bajito, como lo habíamos
hecho muchas veces cuando éramos chicos, después de un juego que
empezaba a irse de nuestras manos, pero en un contexto totalmente
diferente.
—Bueno, ya está, boludo… turnémonos comopersonas civilizadas —dijo
ella, apartándose el pelo mojado de la cara con las dos manos.
Las tetas se le levantaron con el movimiento,pesadas, brillando, los
pezones duros como piedritas rosadas. Tragué saliva.
—Dale, lavate vos primero —le dije, y mecorrí un paso para atrás—.
Terminá de una vez.
Luana se metió debajo del chorro entero,cerró los ojos y dejó que el
agua le cayera en la cabeza, le bajara por el cuello, por el canal entre
las tetas, por la panza plana hasta perderse en el triángulo depiladito
de la concha. Se pasó las manos por el pelo, echándoselo para atrás, y
después agarró el jabón otra vez. Empezó por el cuello, despacio,
haciendo espuma que le chorreaba por los hombros, por los brazos. Se
enjabonó las tetas con calma, levantándolas una por una, pasándose el
jabón por debajo, por los costados, por los pezones que se le ponían
cada vez más duros con el roce. Yo miraba sin disimular ya.
Después bajó las manos por la panza, seenjabonó el ombligo, las
caderas, y se agachó un poco para pasarse el jabón por los muslos, por
las piernas largas. Se dio vuelta despacio, me miró por encima del
hombro y me sonrió con esa sonrisa de nena puta que me encantaba.
—Ahora vos —dijo, y me pasó el jabón.
Me metí debajo del chorro. El agua calienteme cayó en la nuca,
relajándome un segundo. Me enjaboné el pecho, los brazos, la panza. Ella
me miraba fijo, los ojos azules brillando, mordiéndose el labio de
abajo. Cuando llegué a la pija, la agarré con la mano llena de espuma y
me la pasé despacio, de la base a la cabeza, sintiendo cómo palpitaba.
Luana no dijo nada, pero se la notaba muy atenta a cada cosa que hacía.
—Date vuelta —me dijo de repente, con la vozronca.
Obedecí. Sentí sus manos en mis hombrosprimero, enjabonándome la nuca,
bajando por la espalda. Sus tetas se me apretaban contra los omóplatos,
los pezones duros rozándome la piel. Me enjabonó la cintura, las
caderas, y después se agachó un poco y me pasó las manos por el culo,
apretando apenas. Sentí la pija dar un salto, pegarse contra mi propia
panza.
—Listo, ahora yo otra vez —dijo, y se riobajito.
Se dio vuelta, y se puso de espaldas a mí.
—Pasame el jabón por la espalda, ¿dale? Noalcanzo bien.
—¿Otra vez? —pregunté.
Ella no dijo nada, pero entonces locomprendí. Nuevamente me estaba
provocando. Solo que ahora no estaba del todo seguro de que lo hacía
para dejarme con la pija dura. Fuera como fuese, pronto me enteraría.
Le pasé el jabón. Me acerqué más de lonecesario. Empecé por los
hombros, despacio, haciendo círculos. Ella suspiró, dejó caer la cabeza
para adelante, el pelo mojado pegado a la nuca. Bajé por la columna, por
la cintura angosta, sintiendo la piel suave, caliente. Llegué al culo y
no me detuve. Le pasé las dos manos por las nalgas, despacio, apretando,
abriendo apenas. Ese culo perfecto, redondo, duro de tanto jugar al
vóley, brillando bajo el agua. Se lo enjaboné entero, metiendo los dedos
por la raya, rozándole el agujerito apenas, sintiendo cómo se le ponía
la piel de gallina.
Luana no dijo nada. Solo suspiró más hondo yabrió un poquito más las
piernas. Me dejé llevar. Le apreté las nalgas fuerte, las separé, le
pasé el jabón por entre medio, rozándole la concha desde atrás. Estaba
empapada, no solo de agua. Sentí los labios hinchados, calientes,
abriéndose apenas con el roce. Metí la punta del dedo medio, solo la
yema, y ella gimió bajito, empujó el culo para atrás.
—Lucio… —murmuró.
Pero no terminó la frase, por lo que dedujeque no me iba a reprochar lo
que estaba haciendo, sino más bien todo lo contrario. Me estaba
invitando a seguir.
Le apreté más fuerte, le metí el dedo enterodespacio, sintiendo cómo se
cerraba alrededor. Estaba ardiendo. Le pasé la otra mano por debajo, le
toqué el clítoris, chiquito, duro, resbaladizo. Ella se mordió el labio,
empujó más, se dejó manosear como si lleváramos años esperando este
momento.
Y de repente me dio un codazo en lascostillas, fuerte, juguetón pero
seco.
—¡Boludo, no te zarpes —dijo riéndose, perola voz le temblaba.
Perdí el equilibrio de nuevo, me resbalé paraatrás y caí de culo al
piso, con un golpe que retumbó en todo el baño. Me quedé ahí sentado,
mirando para arriba, con la pija dura apuntando al techo, el culo
dolorido y la cara de pelotudo más grande del mundo.
Luana se dio vuelta, se tapó la boca con lamano para no reírse
demasiado fuerte, las tetas temblándole de la risa.
—Te lo tenías merecido, degenerado —dijo,pero los ojos le brillaban de
otra cosa.
Y se quedó parada arriba mío, con el aguacayéndole por el cuerpo
entero, mirándome desde arriba como una diosa mojada y prohibida.
Y entonces miró directo a mi pija.
—Pendejo degenerado… —dijo bajito, con unasonrisa torcida—. Mirá cómo
te ponés con tu hermana, enfermo de mierda.
No me dio tiempo a contestar nada. Se agachódespacio, apoyando las
rodillas a los lados de mis caderas, el agua salpicando cuando se movió.
Sentí sus muslos rozándome los costados, calientes, resbalosos. Me miró
fijo a los ojos, y se mordió el labio de abajo.
—Esto es lo que tanto querías, ¿no? —susurró,agarrándome la pija con
una mano. La apretó fuerte en la base, me hizo un movimiento lento hacia
arriba, como si me estuviera midiendo—. Bueno, vas a tenerlo. Pero yo
solo cojo cuando quiero. Yo te cojo a vos, no al revés. ¿Entendiste,
hermanito?

No pude ni asentir. Solo tragué saliva. Ellase levantó un poquito más,
se posicionó justo arriba de la cabeza de mi pija, y empezó a bajar
despacio, muy despacio.
Primero sentí la punta rozándole los labiosde la concha. Sentí el calor
húmedo, viscoso que salía de adentro de ella, como si me estuviera
esperando desde siempre. Luana soltó un suspiro largo, entrecerró los
ojos, y siguió bajando.
La cabeza entró de una. Despacio. Sentí cómolos labios se abrían
alrededor, cómo me chupaban, cómo me apretaban como si no quisieran
soltarme nunca. Fue un calor que me subió por la pija directo a la
panza, como si me metieran en un horno mojado y apretado. Era mi
hermana. Mi hermana mayor. La que jugaba conmigo cuando éramos chicos,
la que me defendía en el colegio, la que ahora me estaba comiendo la
pija con la concha sin ningún drama.
Bajó un poco más. Sentí cada centímetroentrando, la carne viva
apretándome, caliente, resbalosa, palpitando alrededor mío. Era como
meterla en terciopelo caliente que se cerraba solo. No era virgen,
obvio, pero estaba tan apretada que parecía que nunca la habían tocado.
—Uff… es más grande de lo que pensaba—murmuró, y siguió bajando—. No te
emociones, tampoco es que sea tan grande. Pero tenés un buen pedazo, eso
sí.
Cuando llegó a la mitad, se quedó quieta unsegundo. Me miró. Los dos
jadeábamos. El agua seguía cayendo, salpicándonos, pero yo ya no sentía
frío ni calor, solo sentía mi pija adentro de su concha, palpitando,
hinchándose más todavía. Ella cerró los ojos un segundo, y después bajó
del todo.
—¡Ay, la puta madre! —dijo—. Así que con estote cogiste a la tía.
Sentí las bolas pegarse contra su culo. Sentíla cabeza de la pija
chocando contra algo adentro, algo profundo, caliente, que se abrió
apenas para recibirme. Fue como si me tragaran entero. Como si la concha
de Luana me estuviera absorbiendo desde adentro. Un calor húmedo,
apretado, perfecto.
Luana soltó un gemido largo, bajo, casianimal.
—Esto… es… mío… —dijo entre dientes, y empezóa hamacarse.
Primero para adelante y para atrás, apenasmoviendo la cadera, con mi
pija en todo momento enterrada en ella.
Llevé las manos a sus caderas, sintiendo cadamovimiento que ella hacía,
hipnotizado en su rostro, en sus ojos, en su gesto de placer mientras me
montaba.
Era todo lento, hermoso, estético. Sus senosestaban duros, y un montón
de gotitas perlaban su cuerpo perfecto, dándole una aspecto de obra de
arte hiperrealista. Sus labios se separaban a cada rato, como si
estuviera rezando mientras se ensartaba la pija de su hermano mayor.
Me agarró las manos y se las puso en lacintura. Pero yo las seguí
subiendo, despacio, hasta agarrarle las tetas. Pesadas, firmes,
perfectas. Las apreté. Ella gimió más fuerte. Se inclinó para adelante,
me puso las tetas en la cara.
—Chupámelas —ordenó.
Obedecí. Le agarré una teta con las dosmanos, me la metí en la boca
entera, chupé el pezón como si fuera lo último que iba a hacer en la
vida. Lo mordí apenas. Ella se retorció encima mío, apretó más la
concha, me sacó un gemido que retumbó en el baño.
Después la otra. La lamí despacio, le pasé lalengua alrededor del
pezón, lo chupé fuerte. Ella empezó a hamacarse más rápido, aunque
seguía pareciendo que se estaba controlando, quizás para evitar que
alguien la escuchara gemir. Sentía la pija entrando y saliendo, cada vez
más mojada, más resbalosa, más caliente.
Y entonces me besó.
Se inclinó del todo, me agarró la cara conlas dos manos y me metió la
lengua hasta el fondo. Fue el primer beso de verdad. No de hermano y
hermana que se comen la boca como amantes. Su lengua caliente, suave,
con sabor a bronca y a deseo. La chupé, le mordí el labio, le metí la
lengua yo también. Nos comimos la boca mientras ella seguía hamacándose
encima mío, la concha apretándome la pija como un guante caliente.
Las manos mías bajaron solas al culo. Eseculo perfecto, duro, redondo.
Lo agarré fuerte, lo abrí, lo apreté mientras ella subía y bajaba.
Sentía los músculos del culo tensándose cada vez que se levantaba,
aflojándose cuando bajaba. Metí un dedo en la raya, rocé el agujerito.
Ella gimió en mi boca, apretó más fuerte, me clavó las uñas en los
hombros.
Subía y bajaba más rápido ahora, pero sinapurarse del todo. Se hamacaba
en círculos también, haciendo que la pija rozara todos los rincones de
adentro. Sentía la cabeza chocando contra el fondo, sentía el clítoris
rozándome la base. Estaba empapada. El ruido era obsceno: ploc ploc ploc
con cada movimiento, mezclado con el agua.
—Te querés coger a todas, degenerado —mesusurró al oído—. Pero… yo… te
… estoy… cogiendo… a… vos.
Ahora, como si estuviera más colmada deplacer, empezó a dar saltitos
obre mí.
Subía casi hasta sacar la pija entera, dejabasolo la cabeza adentro, y
bajaba de golpe. Cada vez que bajaba sentía el choque en las bolas, el
calor apretado, el placer subiéndome por la columna. Ahora la montada se
había vuelto más violenta, y me encantaba.
Le agarré el culo más fuerte, la ayudé asubir y bajar. Ella se dejó,
pero sin perder el control. Se incorporó un poco, me puso las tetas en
la cara otra vez, y empezó a moverse más rápido. Las tetas rebotando,
los pezones rozándome la boca. Yo los chupaba, los mordía, los lamía.
Ella gemía más fuerte, la concha apretándome cada vez más.
Sentí que me venía. No podía más. La conchaapretaba demasiado, estaba
demasiado caliente, demasiado mojada, demasiado prohibida.
—Luana… voy a acabar… —jadeé.
—Adentro no, boludo… —dijo rápido, y selevantó justo a tiempo.
Me sacó la pija de un tirón. Me agarró con lamano, me pajeó dos veces
fuerte, y exploté.
El semen salió a chorros, blanco, espeso,cayendo sobre mi panza, mi
pecho, el piso de la ducha. Chorros largos, fuertes, que me dejaron
temblando. Luana me miró mientras eyaculaba, con una sonrisa de
ganadora, la mano todavía apretándome la pija, sacándome las últimas
gotas.
El agua se lo llevó todo. Los chorros blancosse diluyeron rápido,
bajaron por el desagote, desaparecieron como si nunca hubieran existido.
Luana se quedó ahí arriba mío un segundo más,jadeando, la concha
todavía rozándome la pija blanda. Después se levantó despacio, el agua
cayéndole por el cuerpo como si nada.
—Ahora sí estamos en paz, hermanito —dijo, yse metió debajo del chorro
otra vez, dejándome tirado en el piso como un pelotudo feliz y saciado.
Luana cerró la canilla con un giro seco. Elagua dejó de caer de golpe y
el baño quedó en un silencio húmedo, pesado, con el vapor flotando como
una nube baja. Ella se pasó las manos por el pelo, exprimiéndolo, y las
gotas le chorrearon por la espalda, por la raya del culo, hasta los
tobillos. Se dio vuelta despacio, me miró desde arriba con esa cara de
“ya te gané, hermanito”, y dio un paso hacia la puerta de la ducha.
No la dejé.
Desde el piso la agarré de la cintura con lasdos manos, fuerte, como si
fuera a escaparse para siempre. Ella soltó un “¡eh!” sorprendido, pero
no se resistió. La jalé hacia mí, la hice retroceder un paso, y le
planté la cara entre las nalgas sin pedir permiso.
Le abrí el culo con las manos, lo separé todolo que pude, y le metí la
lengua en lo más profundo. Lamí despacio, de abajo hacia arriba, por la
raya entera, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina. Ella se
quedó quieta, apoyó una mano en la pared, la otra en mi cabeza, pero no
me empujó. Al contrario: abrió un poquito más las piernas.
—Lucio… boludo… —susurró, pero la voz lesalió temblando.
No le contesté. Le mordí una nalga, despuésla otra, fuerte, dejando
marca. Le chupé la piel como si quisiera comérmela viva. Después bajé la
boca directo al centro. Le abrí más el culo con los pulgares y le metí
la lengua en el ano sin anestesia, sin aviso, sin vergüenza.
Entró fácil. Estaba relajada, caliente,todavía mojada de todo lo
anterior. La punta de la lengua se hundió en ese agujerito apretado y
sentí el sabor fuerte, prohibido, real. Ella soltó un gemido que retumbó
en las baldosas. Empujó el culo para atrás, se lo clavó en mi cara. Yo
no paré. Lamí en círculos, después adentro y afuera, después volví a
meter la lengua lo más hondo que pude, cogiendo ese culo con la boca
como un poseído.
Las manos mías le apretaban las nalgas tanfuerte que le debían estar
quedando marcas. Le abrí todo, le lamí desde la concha hasta el agujero,
después me quedé solo ahí, en el ano, chupando, mamando, metiendo y
sacando la lengua como si fuera una pija chiquita. Ella empezó a moverse
sola, a hamacarse contra mi cara, a gemir más fuerte.
—Ay… la puta madre… Lucio… —jadeaba, y setocaba la concha con una mano
mientras yo le comía el culo como un animal.
Sentía mi pija endureciéndose otra vez contrael piso frío. Palpitaba,
se hinchaba, se ponía dura como hierro solo de saborearla así, de tener
la cara enterrada en el culo de mi hermana. Era enfermo. Era perfecto.
Era lo más sucio y lo más rico que había hecho en mi vida.
Le metí la lengua hasta el fondo de nuevo, lechupé el borde del ano, le
metí la punta de la nariz también, le lamí todo alrededor. Ella
temblaba. Empujaba contra mí cada vez más fuerte, como si quisiera que
le metiera la cara entera. Yo no paraba. Le mordisqueé el agujerito, le
metí la lengua bien adentro y la dejé ahí, moviéndola en círculos,
sintiendo cómo se contraía y se aflojaba alrededor.
Y de repente se soltó.
Se dio vuelta rápido, me empujó la cabezapara atrás con las dos manos,
jadeando, roja, con los ojos brillando de calentura y de algo que
parecía enojo.
—Basta, loco… ya está —dijo, la voz ronca,temblorosa—. Ya tuviste
suficiente por hoy. Ya te dije que yo te cojo a vos, no al revés.
Además, es cuando yo quiera. Si no entendés eso, nunca lo vamos a volver
a hacer.
Se apartó, abrió la puerta de la ducha ysalió. Agarró la toalla, se
envolvió rápido, pero no antes de que yo viera cómo tenía la concha otra
vez hinchada, brillosa, abierta.
Salió del baño y cerró la puerta con un golpesuave.
Yo me quedé ahí tirado en el piso, la pijadura apuntando al techo,
respirando como si hubiera corrido una maratón.
Y sabiendo que esto recién empezaba.
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