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¿Que me llene toda cornudo? - Cap 4


¿Que me llene toda cornudo? - Cap 4

La habitación de ellos se dividía de dos formas: por un lado, una vez que ingresabas, a la derecha —más cerca del pasillo— dormía Martín; a la izquierda, cerca del placard, dormía Flor. Martín estaba acostado en el centro de la cama matrimonial, tenía puesto, apenas un bóxer viejo y se encontraba relajado, mirando una película, cuando le llegó el recuerdo de la situación que había tenido con Flor en el baño. Se preguntó si Flor tendría más ropa o si escondería algo entre sus cosas. Él sabía que ella no esperaría que buscara algo entre sus pertenencias, así que decidió intentarlo e invadir la intimidad de su novia. La idea de encontrar algo prohibido —una tanga aún más escandalosa, alguna foto quizás o algo de lencería— comenzaba a rondar por su cabeza.

Abrió el placard. Dentro, este se componía de varios cajones y una sección que hacía la función de perchero, el cual en su mayoría estaba ocupado por la ropa de Flor, entre vestidos de cuando era más chica hasta algunos tapados.

Abrió el primer cajón; en su mayoría todo era ropa interior de abajo del estilo sobrio que usaba Flor la mayor parte del tiempo: colores crema, negro, blanco, gris. «Especialmente para que no se note mucho con el ambo», pensó Martín.

El celular de Martín vibró. Eso podían ser solo dos cosas: su jefe o Flor. Al abrir el mensaje se encontró con lo segundo. Un mensaje de Flor a la 01:33 a. m. que decía simplemente:

» Verdad o reto

Martín sintió cómo se mareaba de tan solo pensar en las posibilidades que podría desatar Flor. Él sabía muy bien que ella podría estar con quien quisiera; era una cuestión de querer, y últimamente eso se vio cuestionado. Con la pija dura, algunos cajones abiertos y sin siquiera haberse tocado ni una vez, le respondió para seguirle el juego:

» Verdad

Flor no tardó en responder:

» ¿Es verdad que te calienta imaginarme con otros hombres?

A Martín se le hizo un nudo en la garganta. «¿Así?», pensó, «¿tan rápido me lo vas a preguntar, pedazo de puta?». Martín estaba entre caliente y frustrado por el atrevimiento de su novia.

» No te imagino a diario con otros hombres, Flor. No digas boludeces.

» Tu pija no decía lo mismo hoy…

Martín se sentó un momento, dejó el celular en la mesita de luz y meditó la situación unos breves minutos. Fue a la cocina, se abrió una cerveza, le dio un trago y, más sereno, llegó a la conclusión de que ser honesto sería lo mejor:

» Es la primera vez que me pasa algo así. La verdad que no sé por qué, pero esta vez me calentó mucho, algo me pasó por dentro. Creo que fue el conjunto de sorpresas y la calentura que todavía me generás.

Martín se fue hasta la cama y, antes de tocarla, le llegó otro mensaje de Flor, obviando por completo la confesión que había hecho Martín:

» Estoy con Caro y Cande. Caro me dijo que te muestre cómo le quedaron, a ver si así me pagás unas.

Y ese mensaje no venía solo. Al abrirlo, Martín se encontró con una foto de las chicas; parecían estar en una especie de club o boliche. Pero lo más impactante era la foto: Martín no podía creer lo que veían sus ojos. Era Caro, en el medio, con el escote abierto mostrando las tetas; a su derecha estaba Flor, chupando una de las tetas, y a su izquierda estaba Cande, chupando la otra, mientras Caro reía. Una auténtica escena de putas, listas para que se las cojan en grupo y por turnos el primer grupo de pibes facheros que se las cruce. «Eran unas putas borrachas y regaladas», pensó Martín.


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Martín estaba muy caliente y los pensamientos en su cabeza comenzaron a chocar entre sí. Por un lado nada lo calentaba más; estaba seguro de que si se tocaba dos veces podría acabar ahí mismo. Había mucha sorpresa en aquella reacción; «parecía volver a su adolescencia», pensó. Hace tiempo que nada lo calentaba de esta forma. Y por el otro lado estaban los miedos y la incertidumbre. No podía negarlo, esto lo prendía fuego y Flor lo notó, pero perdería poder, pensó. «¿Y si Flor ya no me ve de la misma forma? ¿Y si algún día me arrepiento de todo esto… y si Flor se enamora de otro en estos juegos?».

Martín comenzó a sudar en el borde de la cama. Su vida sexual había sido relativamente estable y continua a lo largo de los años, pero nunca con grandes cambios o con muy pocos sexos realmente memorables. Hasta ahora. La paja en la ducha, improvisada, pintada con la voz dulce de puta provocadora que pone Flor cuando coje, hablando de cosas prohibidas, de repente se había convertido en un sexo memorable.

«Prohibidas», pensó, «¿será eso? ¿Quiero que se cojan a mi mujer?».

El teléfono vibró una vez más. Martín abrió el chat con Flor y este decía:

» ¿Ya te estás haciendo una paja?

» Verdad o reto, putita.

Flor no tardó en responder:

» Sii, juguemos. Reto, mi amor.

» Te reto a bailar con otro tipo.

» Re faaacil, jajaja. ¿Solo bailar?

A Martín le molestó un poco la reacción de su novia y, en un intento para no perder poder, le recordó:

» Sí, pedazo de putita, solo bailar. No te olvides que tenés novio todavía.

» Tengo un novio que se calienta cuando me imagina con la pija de otro, me parece… ¿Seguro que solo bailar?

» ¿Qué más sino? Te estás pasando, Florencia, yo te aviso.

» Jajaja, no me mientas, gordo, estoy segura de que después de la foto que te mandé no te dormís más. ¿Viste cómo le quedaron? Capaz bailando le consigo uno a Caro para que se las deje brillosas.

» Terribles putas tus amigas. De Caro me sorprende, cuando estaba en pareja no me daba esa impresión.

» Caro es la peor del grupo, a su novio lo vivía engañando. Tenía un compañero de trabajo que se la cogía 20 minutos antes de salir del laburo. Caro me llegó a contar que llegaba al departamento con la leche caliente del otro adentro; al principio se bañaba y con el tiempo le empezó a gustar la idea de que Fede, su novio, la descubra. A tal punto que una vez se lo cogió sin que Fede se dé cuenta, con la leche del otro adentro. Terrible puta; ese año, en el asado que hacemos con las chicas, salió votada la más puta del grupo, jajajaja.

A medida que Martín leía el mensaje y lo releía, dejaba de tocarse, pues ya no aguantaba la calentura en su cuerpo. No tenía ni idea de todas estas cosas, mucho menos de que en ese grupo fueran tan trolas. Todo era muy nuevo y otra vez aparecieron las dudas. «¿Será Flor igual a sus amigas?», pensó.

Martín le respondió:

» ¿Y vos, cómo saliste los otros años?

» Shh, ahora no, vi uno que me gusta. Te lo pregunto una vez más: ¿solo bailar?

» Sí, putita, solo bailar.

Flor no contestó. Así pasaron los siguientes minutos: pesados, lentos, con el corazón acelerado y la pija dura como un hierro. Pasaron diez, luego veinte, y Martín no lo soportó más.

» Qué onda.

Nada. Otros veinte, y ya eran cuarenta minutos. «¿Tanto iba a bailar? ¿Qué estaría haciendo esta puta?», se preguntó. Pasó la hora y por fin llegó un mensaje de Flor; un mensaje que le hizo dar un vuelco al corazón de Martín:

» Amor, no te podés enojar. ¿Sí? Prometeme eso.

» Contame, ya.

» Bueno, pero no te enojes.


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Escrito por Tatiana Herrera.
Escritora y Hotwife a tiempo completo. 💋

Historia basada en un testimonio real.
Nombres y detalles modificados por discreción.

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