De regreso a casa, una llamada telefónica de mi marido , hizo que s eme fuera un poco el enojo de esta mañana
-…. me ascendieron en la empresa,….. vamos a salir a festejar,…. fíjate de dejarle los nenes a tu mamá,…. que los tenga hasta mañana–
“¡Festejar! ¡Ya me imagino! Cena, los dos, en un restaurante elegante, volver a casa, sexo y a dormir. “pensé
Pero no, ese día no fue sólo alegre, festivo, de buen humor y de sexo “legal”
De regreso a casa, del trabajo, después de explicarme sus nuevas funciones en la empresa, me sorprendió, sugiriéndome que me produjese con esmero.
-No creas que la salida de hoy va a ser como siempre, tengo pensado algo distinto-
-¿Qué tenés in mente?-
-Hoy vino a felicitarme Raúl. Me ayudó bastante para que me dieran el ascenso. Vamos celebrar los cuatro: él, Nadia, su esposa y nosotros.-
Me produje para la ocasión (o sea para impresionar a Raúl y darle envidia a la esposa): maquillaje blusa de seda, semitransparente que dejaba entrever mis pechos, pollera ajustada a la mitad del muslo, que apenas conseguía cubrir el elástico de las medias negras y zapatos con taco aguja, muy alto.
Ya en el auto, parados al tercer o cuarto semáforo, se vino un muchacho limpiavidrios.
mi esposo iba a impedir que limpie el parabrisas, yo le dije:
-¡Dalee! Dejáselo hacer y que se gane unos pesitos!-
Le dijo que sí, con el pulgar hacia arriba, mientras me susurraba:
-Cuando esté de tu lado, levantá las piernas y mostrale la bombachita-
Recliné, un poco, el respaldo del asiento, doblé las piernas en las rodillas y se las mostré abiertas de par en par, al muchacho.
¡Otra que limpiar el vidrio! No quitaba la vista de mi entrepiernas. Sus ojos tenían escrito los que sus labios callaban.
Puse la mano sobre el bulto de mi marido
- Le gusta mirarme. Tal vez también a él, se le puso dura como a vos-
-¡Sos una puerca!-
-Poné primera y arrancá, que abrió el semáforo.-
En el restaurante, Raúl y Nadia se nos habían anticipado.
La cena trascurría agradable, con conversación amena, salpicada de elogios de ellos a nosotras.
cuando necasité ir al sanitario, localizado en nivel superior y accesible por dos escalera. Al salir, estaba Raúl, no para entrar en el baño de hombres. Me agarró la mejilla izquierda entre los dedos índice y pulgar y:
-¡Qúe linda que sosss!-murmuró sonriendo
Enseguida apoyó el índice, en mi teta izquierda:
-¡Si muyyy bonita!¡Y qué buena que estás!-
Le aparté la mano, apoyó ambas manos en mis brazos desnudos y las dejó caer hasta mi cintura, mientras acercó su boca para besarme. Giré la cabeza para impedírselo, me besó mejilla y cuello. Aparté sus brazos con los míos.
Seguimos él intentando besarme y levantarme la pollera, yo, rechazándolo y bajando la pollera, unos cuantos segundos. Hasta que cedí y su boca pasó de mi mejilla a mi boca y sus manos, levantada la pollerita, a mis nalgas.
Siguió un breve entrevero de lenguas y tocada de culo, piernas y concha. Nos separamos por el ruido de pasos subiendo la escalera.
Por la mirada y sonrisa burlona de la mujer que pasó hacia el baño, fue evidente que Raúl no me soltó lo suficientemente rápido.
Camino a la mesa:
-¡Estoy loco por vos!-
-Pará la mano, están tu esposa y mi marido-
-No hay drama. Carlos, si no me equivoco ya, se la debe haber levantado a Nadia –
-¡Pero…!-
-Nada de peros ni peras, vos déjame a mí. La vas, la vamos, a pasar bomba-
Nos sentamos. Reanudamos la conversación como si nada hubiese ocurrido. Aparentemente, porque semblanteando, cara a cara, los otros tres era fácil “ver” que compartían algo.
Mientras tomábamos el café, Raúl preguntó:
-¿Vos samanta manejás, cierto?-
-Si ¿Por?- contesté
-Es que yo no manejo, nunca aprendí y….. me vas a tener que llevar vos en tu auto-
-¡Perdónnn! El auto es mío, el suyo quedó en el garaje…..
-¿Dónde se supone que debo llevarlo a Raúl?- dije, simulando sorpresa
- A tu casa y Nadia lo lleva a tu marido a la nuestra,…. Si estamos todos de acuerdo- contestó Raúl.
Nadia y mi esposo asintieron con la cabeza.
-Ya veo que lo tenían arreglado- murmuré
Siguieron unos pocos minutos de charla intencionada, pagar la cuenta, acordar que la mañana siguiente, sábado, Nadia levaría a mi marido a nuestra casa y regresaría a la suya con Raúl, y dejamos atrás la playa de estacionamiento.
En el trayecto, Raúl, fue calentando el ambiente: caricias y frases puercas, besos en los semáforos, piropos. Su desvergüenza, insolencia y atrevimiento hicieron que llegase a casa toda mojada y con “hambre” de verga.
De manera rauda, fuimos al dormitorio y reanudamos el “entrevero” donde lo habíamos dejado besos y manoseo ardientes.
Precipitadamente, perdí las prendas que llevaba puestas, vi como él se deshacía de las suyas y enseguida me ubicó con los pies en el piso, inclinada, las manos apoyadas en el colchón y me la puso, en la concha, por detrás. Me cogía con sus manos en mis tetas, para mantenerme en cuatro y no desparramarme en la cama, con cada entrada.
Me sorprendió la furia y la velocidad con que me cogió durante unos cuantos minutos, provocándome un placer sensual muy vivo y múltiples exteriorizaciones vocales de goce.
De pronto, sin mediar palabra, salió de dentro de mí, me acostó, se arrodilló en el colchón, me abrió las piernas me metió la verga en la concha y reanudó la cogida, él erguido, yo de espaldas, gozando
Me cogió con fuerza en esa posición un buen rato, luego reclinó la parte superior de su cuerpo sobre el mío y siguió cogiéndome en pose misionero.
Mientras mantenía el ritmo del entra y sale, me besó cuello, mejillas y boca y me susurró frases y palabras dulces. No sé cuánto, pero fue prolongado, tiempo me tuvo mete y ponga,
Esa primera revolcada sexual terminó, con Raúl acabando, dentro de mí, mientras me tenía con sus brazos, mis piernas abiertas y dobladas, casi con mis pies a la altura de mis orejas.
Antes de eyacular, me “pidió permiso”:
Nos duchamos y de regreso a la cama quise saber si, él y su esposa, eran swinguers. Me aseguró que no, que ese era su primer intercambio.
Agregó que la idea había surgido por parte de mi marido , que le habia contado lo que habia pasado hoy a la mañana , volvimos a coger y esta vez me acabo en mis tetas ,
Afortunadamente, y, fundamentalmente, gracias al amor mutuo que nos tenemos y a nuestros hijitos que adoramos, seguimos más juntos que nunca, recreos chanchos aparte.
Los dos, preferimos aventuras al comportamiento preestablecido.
Eso sí, el único punto fijo es (la pija de) Carlos, todo el resto debe ser casual y no repetitivo en el tiempo.
-…. me ascendieron en la empresa,….. vamos a salir a festejar,…. fíjate de dejarle los nenes a tu mamá,…. que los tenga hasta mañana–
“¡Festejar! ¡Ya me imagino! Cena, los dos, en un restaurante elegante, volver a casa, sexo y a dormir. “pensé
Pero no, ese día no fue sólo alegre, festivo, de buen humor y de sexo “legal”
De regreso a casa, del trabajo, después de explicarme sus nuevas funciones en la empresa, me sorprendió, sugiriéndome que me produjese con esmero.
-No creas que la salida de hoy va a ser como siempre, tengo pensado algo distinto-
-¿Qué tenés in mente?-
-Hoy vino a felicitarme Raúl. Me ayudó bastante para que me dieran el ascenso. Vamos celebrar los cuatro: él, Nadia, su esposa y nosotros.-
Me produje para la ocasión (o sea para impresionar a Raúl y darle envidia a la esposa): maquillaje blusa de seda, semitransparente que dejaba entrever mis pechos, pollera ajustada a la mitad del muslo, que apenas conseguía cubrir el elástico de las medias negras y zapatos con taco aguja, muy alto.
Ya en el auto, parados al tercer o cuarto semáforo, se vino un muchacho limpiavidrios.
mi esposo iba a impedir que limpie el parabrisas, yo le dije:
-¡Dalee! Dejáselo hacer y que se gane unos pesitos!-
Le dijo que sí, con el pulgar hacia arriba, mientras me susurraba:
-Cuando esté de tu lado, levantá las piernas y mostrale la bombachita-
Recliné, un poco, el respaldo del asiento, doblé las piernas en las rodillas y se las mostré abiertas de par en par, al muchacho.
¡Otra que limpiar el vidrio! No quitaba la vista de mi entrepiernas. Sus ojos tenían escrito los que sus labios callaban.
Puse la mano sobre el bulto de mi marido
- Le gusta mirarme. Tal vez también a él, se le puso dura como a vos-
-¡Sos una puerca!-
-Poné primera y arrancá, que abrió el semáforo.-
En el restaurante, Raúl y Nadia se nos habían anticipado.
La cena trascurría agradable, con conversación amena, salpicada de elogios de ellos a nosotras.
cuando necasité ir al sanitario, localizado en nivel superior y accesible por dos escalera. Al salir, estaba Raúl, no para entrar en el baño de hombres. Me agarró la mejilla izquierda entre los dedos índice y pulgar y:
-¡Qúe linda que sosss!-murmuró sonriendo
Enseguida apoyó el índice, en mi teta izquierda:
-¡Si muyyy bonita!¡Y qué buena que estás!-
Le aparté la mano, apoyó ambas manos en mis brazos desnudos y las dejó caer hasta mi cintura, mientras acercó su boca para besarme. Giré la cabeza para impedírselo, me besó mejilla y cuello. Aparté sus brazos con los míos.
Seguimos él intentando besarme y levantarme la pollera, yo, rechazándolo y bajando la pollera, unos cuantos segundos. Hasta que cedí y su boca pasó de mi mejilla a mi boca y sus manos, levantada la pollerita, a mis nalgas.
Siguió un breve entrevero de lenguas y tocada de culo, piernas y concha. Nos separamos por el ruido de pasos subiendo la escalera.
Por la mirada y sonrisa burlona de la mujer que pasó hacia el baño, fue evidente que Raúl no me soltó lo suficientemente rápido.
Camino a la mesa:
-¡Estoy loco por vos!-
-Pará la mano, están tu esposa y mi marido-
-No hay drama. Carlos, si no me equivoco ya, se la debe haber levantado a Nadia –
-¡Pero…!-
-Nada de peros ni peras, vos déjame a mí. La vas, la vamos, a pasar bomba-
Nos sentamos. Reanudamos la conversación como si nada hubiese ocurrido. Aparentemente, porque semblanteando, cara a cara, los otros tres era fácil “ver” que compartían algo.
Mientras tomábamos el café, Raúl preguntó:
-¿Vos samanta manejás, cierto?-
-Si ¿Por?- contesté
-Es que yo no manejo, nunca aprendí y….. me vas a tener que llevar vos en tu auto-
-¡Perdónnn! El auto es mío, el suyo quedó en el garaje…..
-¿Dónde se supone que debo llevarlo a Raúl?- dije, simulando sorpresa
- A tu casa y Nadia lo lleva a tu marido a la nuestra,…. Si estamos todos de acuerdo- contestó Raúl.
Nadia y mi esposo asintieron con la cabeza.
-Ya veo que lo tenían arreglado- murmuré
Siguieron unos pocos minutos de charla intencionada, pagar la cuenta, acordar que la mañana siguiente, sábado, Nadia levaría a mi marido a nuestra casa y regresaría a la suya con Raúl, y dejamos atrás la playa de estacionamiento.
En el trayecto, Raúl, fue calentando el ambiente: caricias y frases puercas, besos en los semáforos, piropos. Su desvergüenza, insolencia y atrevimiento hicieron que llegase a casa toda mojada y con “hambre” de verga.
De manera rauda, fuimos al dormitorio y reanudamos el “entrevero” donde lo habíamos dejado besos y manoseo ardientes.
Precipitadamente, perdí las prendas que llevaba puestas, vi como él se deshacía de las suyas y enseguida me ubicó con los pies en el piso, inclinada, las manos apoyadas en el colchón y me la puso, en la concha, por detrás. Me cogía con sus manos en mis tetas, para mantenerme en cuatro y no desparramarme en la cama, con cada entrada.
Me sorprendió la furia y la velocidad con que me cogió durante unos cuantos minutos, provocándome un placer sensual muy vivo y múltiples exteriorizaciones vocales de goce.
De pronto, sin mediar palabra, salió de dentro de mí, me acostó, se arrodilló en el colchón, me abrió las piernas me metió la verga en la concha y reanudó la cogida, él erguido, yo de espaldas, gozando
Me cogió con fuerza en esa posición un buen rato, luego reclinó la parte superior de su cuerpo sobre el mío y siguió cogiéndome en pose misionero.
Mientras mantenía el ritmo del entra y sale, me besó cuello, mejillas y boca y me susurró frases y palabras dulces. No sé cuánto, pero fue prolongado, tiempo me tuvo mete y ponga,
Esa primera revolcada sexual terminó, con Raúl acabando, dentro de mí, mientras me tenía con sus brazos, mis piernas abiertas y dobladas, casi con mis pies a la altura de mis orejas.
Antes de eyacular, me “pidió permiso”:
Nos duchamos y de regreso a la cama quise saber si, él y su esposa, eran swinguers. Me aseguró que no, que ese era su primer intercambio.
Agregó que la idea había surgido por parte de mi marido , que le habia contado lo que habia pasado hoy a la mañana , volvimos a coger y esta vez me acabo en mis tetas ,
Afortunadamente, y, fundamentalmente, gracias al amor mutuo que nos tenemos y a nuestros hijitos que adoramos, seguimos más juntos que nunca, recreos chanchos aparte.
Los dos, preferimos aventuras al comportamiento preestablecido.
Eso sí, el único punto fijo es (la pija de) Carlos, todo el resto debe ser casual y no repetitivo en el tiempo.
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