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sexo, traición y mucho riesgo parte 1

me encontraba montados en un avión rumbo a Nepal para encontrarme a la persona más importante de mi vida. Su nombre es Chantal y fue mi cuñada. Ella es la hermana pequeña de Camille, para mí es muy difícil hablar de Camille, puesto que fue la mujer con la que fui más feliz, pero también la mujer que me destruyo completamente.
Camille y yo nos conocimos porque amábamos el mismo deporte la escalada, los dos emprendimos el camino para poder coronar la montaña de Mont Blanc con 4.810 de altura siendo la montaña más alta de Francia. Mi sueño siempre había sido coronar los catorce ocho miles y escalar el Mont Blanc sería una buena prueba para probarme a mi mismo si estaba listo o no. Camille era una de las pocas mujeres en haber llegado a la cima del K2 uno de los ocho miles más difíciles y peligrosos.
En esta expedición Camille haría de guía, no todos los que íbamos éramos Alpinistas profesionales y necesitaban un alpinista experimentado que les guiara para poder llegar a la cima. Mucha gente decía que Camille era una mujer altiva, pero tengo que reconocer que conmigo fue cercana y muy amable. Empezaba a pensar que la envidia hablaba por la boca de muchos. Por la noche la empresa patrocinadora hizo una fiesta a la que Camille y yo no asistimos, decidimos irnos a dormir pronto, puesto que la ascensión del día siguiente sería muy dura.
- Veo que eres el único Alpinista profesional aparte de mí–dijo aquella preciosa mujer– Me llamo Camille por cierto.
- Sé perfectamente quien eres, una de las pocas mujeres que habían alcanzado la cumbre del K2–conteste–. Mi nombre es Marc.
- Encantada Marc–dijo Camille–. Veo admiración en tus ojos, no estoy acostumbrada a que me admiren.
- He podido comprobar que no eres muy popular–conteste–. Veo mucha envidia por estos lados.
- Muchos de los que están dentro de esa carpa disfrutando de la fiesta piensan que el alpinismo es cosa de hombres–dijo Camille–. Y llevan muy mal que las guie una mujer.
- Pues yo tengo que decir que me siento mucho más tranquilo sabiendo que tú nos guiaras–conteste con una sonrisa.
Camille también sonrió, después de esta amena charla decidimos irnos cada uno a nuestra tienda para poder dormir y estar lo más descansados posible para el día siguiente. Tengo que decir que dormí como un tronco y después de desayunar ya tenía todo preparado para comenzar la ascensión. Nos pusimos en marcha hacia el Refugio de Tête Rousse para después pasar por el Grand Couloir un peligroso paso que le llamaban la bolera por la constante caída de rocas y ahí es donde todo se complicó.
Uno de los alpinistas inexpertos intentando impresionar a los demás empezó a cruzarlo sin que Camille hubiera dado el visto bueno. Las rocas empezaron a caer y justo cuando una de las rocas estuvo a punto de aplastarlo tiro de él salvándole la vida, pero al golpear la roca contra el suelo se hizo pedazos y uno de esos pedazos golpeo en el tobillo de Camille haciendo que esta cayera el suelo.
Tire de ella para que no fuera aplastada por las rocas, pero no podría seguir, su tobillo no tenía muy buena pinta. El socio de Camille decidió que él se encargaría de llevar a todos a la cumbre como guía de reserva mientras yo acompañaba a Camille al Refugio de Tête Rousse para que un médico le echara un vistazo a ese tobillo. Nos costó llegar, puesto que Camille no podía apoyar el pie en el suelo, desde el refugio llamarón a un médico que llegaría en helicóptero. A primera vista no lo tenía roto, pero el médico decidió que mejor trasladar a Camille en helicóptero a un hospital donde le harían placas para asegurarse.
Mientras viajábamos en el helicóptero Camille no paraba de mirarme.
- ¿Qué ocurre Camille?–pregunte.
- Lo siento mucho Marc–contesto Camille–. Por culpa de este percance te has quedado sin poder hacer cumbre.
- No te preocupes–dije–. Para mí es más importante que tú estés bien.
Los dos sonreímos mientras nos poníamos rojos, entre los dos empezaba a crecer un sentimiento que ninguno de los dos éramos conscientes en esos momentos. Una vez en el hospital le tuvieron dando vueltas mientras le hacían las pertinentes pruebas. Al final el golpe le había roto unas fibras de los músculos cercanos al tobillo así que tendría que llevar el pie con vendaje e intentar no apoyar el pie durante unas semanas, pero con lo movida que era lo veía difícil.
Por lo que dijo el doctor la lesión debería estar curada en un máximo de cuatro semanas. Camille vivía junto a su hermana pequeña en la antigua casa de sus padres que era un cuarto piso sin ascensor, le dije que podía venir a mi hotel, pediría que me cambiaran a una habitación con dos camas y de esa manera no estaría sola, puesto que su hermana había salido al extranjero por trabajo y no volvería hasta final de mes.
Camille llamo a su hermana para comentarle el plan y esta parecía estar de acuerdo.
- ¿Qué te hace tanta gracia?– pregunté.
- Mi hermana–contesto Camille–. Quería saber si eres guapo.
- ¿Y tú que le has contestado?–volví a preguntar.
- Que si–contesto Camille roja como un tomate.
Me quedé sin saber que contestar hasta que estalle en una carcajada que alivio la tensión, esa mañana Camille se tumbó en la cama con el pie en alto mientras me contaba como su hermana y ella vivían solas después de la muerte de sus padres que también eran alpinistas. El padre murió congelado en el Balcón del Everest a 8.400 metros de altura. Su madre todavía estaba viva e intentaron salvarla, pero al poco de llegar al campamento base murió.
Me dijo que tenían las cenizas sobre la chimenea del salón y que era un foco de discusiones continuas, ya que su hermana quería llevarlas a donde se encontraba su padre para que los dos descansaran juntos y Camille no quería arriesgarse y prefería tenerlas ahí en el salón junto a ellas.
- ¿Tu hermana sabe escalar?– pregunté.
- Si–contesto Camille–. Es tan buena como yo, pero a ella no le obsesiona llegar a las cumbres de los ocho miles como a nosotros, ella prefiere utilizar todo lo que sabe para ayudar a otros.
Me gusto mucho lo que escuche sobre la hermana de Camille cuyo nombre era Chantal, algo me decía que me llevaría muy bien con ella. Una de las tardes Camille empezó a mirar la colección de películas y series en formato físico que siempre llevaba conmigo, estaba aburrida y quería ver si encontraba algo para ver en una pantalla mayor que la del portátil, mientras escudriñaba encontró mi colección de Anime y torció el morro.
- ¿A ti también te gusta esto?–pregunto Camille.
Camille tenía una de las series de anime que más me gustaba.
- No me creerás–conteste–. Pero yo antes también odiaba el Manga y el Anime. 
- ¿Y qué te hizo cambiar de opinión?–volvió a preguntar Camille.
- La muerte de mi hermana pequeña–conteste con tristeza.
- Lo siento–dijo Camille–. No pretendía…
- No te preocupes–conteste–. Un viernes por la noche quedamos que vendría a cenar a casa, pero termine de preparar la cena y todavía no había llegado, cuando me disponía a salir a buscarla me llamaron para decirme que había tenido un accidente y había fallecido.
Camille se quedó durante un rato mirando hacia una de las paredes sintiendo lo que sería recibir una llamada así.
- Empece a ver Anime y leer Manga como homenaje a ella–dije–. Y mira tú por donde me termino gustando.
Camille volvió a mirarme con una sonrisa en el rostro, después me pidió que me acercara para darme un abrazo.
- Harás un buen tándem con mi hermana–contesto Camille.
Esta conversación nos unió mucho, la verdad es que nunca había hablado de ello con nadie y al hacerlo con Camille fue como si me quitaran un peso de encima. Los días fueron pasando y Camille cada día se encontraba mejor con respecto a la lesión. Seguía sin poder apoyar el pie, pero ya se podía mover con la ayuda de unas muletas. Pasadas dos semanas le acompañé al médico para qué le harían el seguimiento del tobillo, la inflamación había empezado a remitir y pronto podría apoyar el pie de nuevo.
Me comento que en cuanto pudiera apoyar el pie volvería a su casa, no sé que cara debí de poner que poniendo su mano sobre mi rostro acerco sus labios a los míos y me dio un tierno poquito.
- Ya he abusado bastante de tu amabilidad–dijo Camille–. Además, te debo una muy gorda.
- No ha sido nada–conteste–. Para mí ha sido un placer ayudarte.
El rostro de Camille cada vez se acercaba más al mío mientras hablábamos y paso lo que tenía que pasar, nos besamos. El beso fue tan apasionado que los dos nos quedamos sin respiración, Camille empezó a desnudarse con cuidado de no empeorarse la lesión mientras yo casi me arranco la ropa, una vez estuvo desnuda pude observar su precioso cuerpo, su coñito estaba adornado con un fino hilo de vello que lo hacía más apetitoso si cabe.
Cogiéndola en brazos con cuidado la llevé hasta la cama posándola sobre esta, Camille adivino mis intenciones y abrió sus piernas todo lo que pudo sin hacerse daño, lo suficiente como para poder meter mi cabeza entre ellas. En el momento que mi lengua hizo contacto con el clítoris de Camille todo su bello se erizó y arqueo la espalda de tal manera que creí que se la iba a partir. Poso sus manos en mi cabeza para que no dejara de proporcionarle el placer que la estaba dejando sin respiración.
Me hubiera pasado todo el día degustando ese manjar, pero las convulsiones del cuerpo de Camille me avisaron de que estaba a puntito de correrse y me dispuse a recibir esa corrida sin dejar que se me escapara nada. El grito que pego fue ensordecedor, pero yo estaba demasiado ocupado intentando no atragantarme con la cantidad que soltó. Camille me dejo el rostro hecho un desastre, pero la verdad es que no me importaría volver a meterme entre sus piernas para seguir degustando el menú, pero esta vez era ella quien quería degustar el mío.
Subiéndome sobre la cama acerque mi polla hasta su rostro, de un movimiento Camille abrió la boca metiéndosela enterita, no es que tenga un pollón, pero sí que está por encima de la media y vi como desaparecía dentro de su boca mientras me proporcionaba un placer que hacía que todo mi cuerpo temblara. Intente aguantar todo lo que pude, pero la presión que ejercía su garganta sobre mi polla fue tan brutal que me corrí sin poder evitarlo entre gritos y convulsiones llenándole el estómago con mi corrida.
Estaba total y absolutamente asombrado, jamás me habían hecho una mamada así.
- ¿Te ha gustado? –pregunto Camille.
- Ha sido increíble–conteste.
- Pues esto no ha terminado–dijo Camille mientras se señalaba su hinchado y húmedo coñito.
Mire para abajo y me di cuenta de que mi soldadito ya estaba preparado para la siguiente escaramuza, con cuidado de no hacerla daño me sitúe sobre ella insertando mi herramienta dentro de su coñito estrecho y caliente. Camille tenía los ojos cerrados mientras reaccionaba por cada centímetro que entraba dentro de ella, una vez la tuve metida deje que se acostumbrara antes de empezar un mete saca lento, pero profundo que hizo que Camille empezara a gemir cada vez con más fuerza hasta que me pidió a gritos que le diera más fuerte.
Sus deseos eran órdenes para mí y empece a darle con todo lo que mis abdominales eran capaces de generar. Los dos estábamos empapados en sudor, pero en nuestras miradas se podía ver una inmensa felicidad. Como Camille no podía echarme las piernas por la espalda me rodeo con los brazos mientras me decía que me corriera dentro que quería sentir como mi corrida chocaba con las paredes de su gruta.
Fue increíble, aunque fue una insensatez lo que hicimos, no porque nos pudiéramos pegar algo, confiaba en Camille y ella también confiaba en mí, pero si corríamos el riesgo de que ella se hubiera quedado embarazada, no negaré que ser padre siempre había sido uno de mis deseos, pero era un tema que no habíamos tocado ni de lejos y ahora podía estar a punto de tocar la puerta.
- Tomo la píldora–dijo Camille–. Aunque veo en tus ojos que tampoco te desagrade la idea.
- No lo hace–conteste–. Pero eso sería ir demasiado deprisa, ¿no crees?
- La verdad es que si–dijo Camille.
Acto seguido los dos empezamos a reírnos, decidimos quedarnos tumbados en la cama. Mientras yo miraba al techo Camille se me quedo mirando tumbada de lado, era como si me estuviera escudriñando entonces abrió los ojos como platos.
- En el campamento base del Mont Blank no es la primera vez que no habíamos visto, ¿verdad?–pregunto Camille.
- La verdad es que no–conteste.
- Ahora me acuerdo–dijo Camille–. Tú eras el fotógrafo de aquella revista que nos hizo el reportaje el año pasado.
- Mira que te ha costado–conteste.
- Porque no me has dicho nada?–pregunto Camille.
- Quería ver si eras capaz de acordarte por ti misma–conteste–. Y aunque te ha costado, así ha sido.
Lo de que le costó se lo dije con rintintin mientras ella me tiraba la almohada golpeándome en la cara. 
- Pensé que eras alpinista profesional–dijo Camille.
- Lo soy–conteste–. La fotografía me gusta tanto como la escalada y este trabajo me permitía aunar ambas, así que puedo decir que tengo el mejor trabajo del mundo, a veces.
- ¿Por qué a veces?–pregunto Camille.
- En el último viaje nos tocó hacer un reportaje sobre una mujer que iba a escalar el monolito de hielo más alto del mundo–conteste–. Solo que ella lo haría en solo integral.
- ¿Me estás diciendo que no usaría cuerdas ni arnés?–pregunto Camille.
- Así es–conteste–. Los jefes pensaron utilizar drones, pero estos hacían demasiado ruido y eso podría desconcentrarla.
- Corriendo el riesgo de caerse–dijo Camille.
- Así es–conteste–. Y para esto me contrataron, yo pude ir ascendiendo junto a ella a una distancia prudencial anclándome al hielo en puntos estratégicos para poder filmarla.
- Parece muy emocionante–dijo Camille.
- No te creas, un pequeño fallo y abríamos filmado su muerte–conteste–. Tardo cinco horas en ascender hasta la cima y fueron las cinco horas más duras y largas de mi vida.
Camille poco a poco fue mejorando hasta que ya pudo apoyar el pie, pero tendría que seguir ayudándose de las muletas para poder caminar. Tenía que empezar con la rehabilitación y me comento que una amiga tenía una clínica de fisioterapia cerca de su casa donde haría la rehabilitación.
Una vez tuvimos todo recogido bajamos con calma a recepción para devolver la llave, después metimos todo en mi coche y me dispuse a llevarla hasta su casa. Camille y Chantal vivieron en un pueblecito cercano al Mont Blanc así que desde mi hotel no tardamos mucho en llegar. La verdad es que subir cuatro pisos con muletas fue toda una odisea, pero por fin llegamos, Camille tuvo que sentarse, pues llego agotada.
A mí todavía me quedaba subir sus maletas así que me dispuse a ello, bajar se baja fácil, pero subir, eso ya es otra historia. Después de subir los cuatro pisos con las maletas fui yo el que tuvo que sentarse porque mis piernas ya no me sostenían. Camille se partía de risa mientras me veía resoplar.
- Me imagino que nos veremos en mucho tiempo–dijo Camille con una mueca de tristeza en el rostro.
- Desde que murió mi hermana no tengo un domicilio fijo–conteste–. Dependiendo del tiempo que tenga que estar en un sitio o vivo en hoteles o alquilo una casa.
- Que va a ser entonces, ¿casa u hotel?–dijo Camille.
- Eso dependerá de ti–conteste.
Cuando nuestros labios estaban a punto de tocarse escuchamos como se habría la puerta de la entrada y una persona decía Hola, era la hermana de Camille y tengo que decir que era tan hermosa como su hermana.
- Hermanita es todavía más guapo de lo que me dijiste por teléfono–dijo la hermanita–. Me llamo Chantal.
Me quedé petrificado y rojo como un tomate, fueron las risas de las dos hermanas lo que hizo que saliera de mi trance.
- Mi nombre es Marc–conteste–. Perdona, pero me has dejado fuera de juego.
Otra gran carcajada, pero en esta ocasión yo también les seguí a ellas, al final me quede a comer y la verdad es que Chantal me cayó muy bien, teníamos muchas cosas en común y cuando empezamos a hablar de Manga y Anime llego un momento que mire a Camille pensando que se estaría aburriendo, pero no fue así, nos miraba a los dos con una sonrisa.
- Lo siento Camille–dije–. Desde que mi hermana murió no tenía a mucha gente con quien hablar de este tema y me he emocionado.
- Estate tranquilo–contesto Camille–. A mi hermanita le pasa lo mismo y me alegro de que desde ahora en adelante tendrá con quien hablar.
- ¿Desde hoy en adelante?–pregunte.
- Claro–contesto Camille–. Tú no te me escapas.
Después de mirarnos durante un rato los dos terminamos en una gran carcajada, así dimos comienzo a nuestra relación, durante el siguiente año todo fue como la seda. Alquile un pisito pequeño cerca de donde vivían Camille y Chantal y de esa manera podía pasar todo el rato con mi nueva y flamante novia y también podía ver anime junto a mi flamante cuñada.
Camille no lo reconocerá, pero sé por su hermana que algunos animes que los dos veíamos le empezaban a gustar o por lo menos le hacían sentir curiosidad. Los dos nos las arreglamos para que las fechas de nuestros respectivos viajes por trabajo coincidieran y de esa forma podíamos utilizar el resto del tiempo para estar juntos.
Todo cambio una tarde que Pierre llamo a Camille para hablar con todos, llego a la hora que habíamos quedado acompañado de su novia Colette y esta traía una sonrisa de oreja a oreja junto a una grandísima noticia. Colette estaba embarazada, noticia que hizo muy feliz a las chicas y yo estreche la mano de Pierre para darle la enhorabuena, despumes abrace a la futura mama felicitándola por tan buena noticia.
Como era lógico Pierre le comento a Camille que ahora que iba a ser padre no podía arriesgar su vida en cada expedición para intentar que unos ricachones sin experiencia en alpinismo llegaran a las cumbres de las montañas más peligrosas del mundo, Camille lo entendió perfectamente, pero eso quería decir que necesitaban a alguien que supliera su puesto y solo había un alpinista con sobrada experiencia.
Su nombre era Francesco, a sus cuarenta y cinco años ya había ascendido los catorce ocho miles y sin usar oxígeno. Eso le convirtió en el mejor alpinista del momento, pero también tenía una fama de ir a lo suyo priorizando sus necesidades a la de los demás y también las malas lenguas decían que era un mujeriego empedernido.
- Solamente hay un alpinista que podría cubrir mi puesto con garantías–dijo Pierre–. Pero no os va a gustar a ninguno.
- Hablas de Francesco, ¿verdad?– pregunté.
- Así es–contesto Pierre.
Chantal puso una cara de asco tremenda, mientras Camille me miraba preocupada. Hacía mucho que Francesco andaba detrás de las dos hermanitas francesas a las que siempre había querido hincar el diente, pero nunca había podido.
- Menuda cara habéis puesto todos–dijo Colette–. Ni que fuera el mismísimo diablo.
- No es eso Colette–contesto Chantal–. Si en su momento mi hermana eligió a Pierre por encima de Francesco aunque tuviera menos experiencia fue porque tu novio si era de fiar.
Camille no paro de mirarme con un rostro preocupado, si no tuviera un contrato que no podía romper con la revista sabia perfectamente que Camille me hubiera elegido a mí, pero eso quedada totalmente descartado. De romper el contrato podía meterme en un buen lío y tenía contrato para los siguientes diez años.
- No me queda otra–dijo Camille–. Aunque no me haga gracia, mañana hablaré con él.
Gracia no me hacía ninguna, pero confiaba en el amor que sentía Camille por mí y esperaba que ese merluzo se comportara de forma profesional y no dejara a mi novia tirada a medio camino por salvar su vida. El resto del día lo pasamos celebrando la próxima paternidad de Pierre y Colette y la verdad es que durante la celebración no volvimos a acordarnos de Francesco. Pero lo bueno se acaba pronto y llego al día siguiente donde Camille tuvo que hacer esa llamada que ninguno de los dos queríamos hacer.
Nunca había sido celoso, pero tengo que reconocer que esta situación si me daba miedo, en mi vida me había enamorado de ninguna mujer como lo había hecho de Camille o por lo menos no había sentido lo mismo. Francesco acepto como era previsible y por fin llego la primera expedición que dirigirían entre los dos, la verdad es que los dos teníamos miedo, ella porque Francesco actuara de manera egoísta y yo tenía miedo por lo mismo que temía Camille, pero sobre todo porque Francesco fuera capaz de crear un muro entre ella y yo.
Por muy poco que se fiara Camille de Francesco también era verdad que lo admiraba mucho como alpinista. Francesco era una de las veinte personas que habían conseguido alcorzar la cumbre de los catorce ocho miles sin llevar oxígeno. Parece que son muchas personas, pero si tenemos en cuenta las miles de personas que lo han intentado en la historia del montañismo el número se queda muy pequeño.
La expedición fue muy bien, llegaron a la cumbre sin ningún percance, Camille me lo contó cuando llego al campamento base y pudo llamarme. Yo me encontraba en Alaska pelado de frío grabando una serie donde un escalador escalaría distintos monolitos emblemáticos de Alaska tanto en hielo como en roca. Eran trabajos duros, puesto que la climatología no ayudaba nada, pero estaban bien remunerados y escuchar la voz de Camille también ayudaba mucho.
Por lo que me contó Francesco fue muy profesional, la verdad es que dijo que fue mucho más profesional de lo que ella recordaba. También me contó que intento meterla fichas, pero Camille fue tajante con él cortando el asunto de raíz y después de eso Francesco no volvió a sacar el tema. Eso me dejo más tranquilo, no me gustaba sentir celos, eso significaba que desconfiaba de Camille y si no empezaba a controlarlos podía hacer que nuestra relación descarrilara.
Así fue pasando el tiempo hasta que llego nuestro segundo aniversario, tengo que decir que durante este segundo año no sentí ningún cambio en Colette, ni en la vida diaria ni en la cama. En cuanto a mí también tenía éxito con el género femenino, pero siempre deje claro desde el principio que tenía pareja y más haya de una amistad no quería nada más, de hecho era a Chantal a la única que dejaba acercarse más, pero porque ella era mi cuñada.
Después de terminar mi trabajo como cámara para la serie la productora que nos contrató iba a dar una fiesta en un pueblo de montaña donde había una estación de esquí con las mejores vistas de todo Italia. Invite a Camille, Chantal, Pierre y Colette que ya habían sido padres y está sería su primera escapada desde entonces. Según nos contaron los abuelos de la criatura estaban encantados que quedarse con su nieta durante todo un fin de semana.
Pierre y Colette tuvieron una preciosa niña a la que le pusieron el nombre de Anne como su abuela materna, en cuanto Francesco fue invitado por una de las marcas deportivas que lo patrocinaba y también patrocino la serie. El lugar era de ensueño, pero yo tenía una gran preocupación, era el único que no sabía esquiar y además me daba mucho miedo. Sé que tenía guasa, más cuando me solía colgar a cientos de metros de altura para grabar a un escalador mientras ascendía por la pared y que esto tenía mucho más riesgo, pero era superior a mí.
Preparamos todo y nos dispusimos a ir al aeropuerto, Camille, Chantal, Pierre, Colette y yo iríamos en turista, mientras que Francesco iría en un avión privado. Tentó a Chantal y Camille para ir con él, a Colette no le dijo nada viendo la mirada que le echo Pierre. Tanto Chantal como Camille le dijeron un categórico no mientras las dos se reían de la cara que puso, pero desde un tiempo a esta parte empezaba a ver que la familiaridad y la confianza entre Francesco y Camille había aumentado.
Tampoco era tan extraño, llevaban un año trabajando juntos, pero las inseguridades volvían a perturbarme como viejos fantasmas. Tengo que decir que el viaje se hizo corto, puesto que me hicieron contarles todas las peripecias que tuvimos que vivir en Alaska mientras grabábamos la serie. Una vez en la estación de esquí no pude más que admirar el lugar, las vistas todavía eran más impresionantes de lo que se podía ver en las fotografías.
Una vez allí nos instalamos en las habitaciones de hotel, Camille, Chantal y yo reservamos dos habitaciones contiguas de esas que tiene una puerta donde puedes pasar de una a otra sin tener que salir al pasillo. Pierre y Colette reservaron la que estaba justo en frente de las nuestras, Francesco reservo la suite, más bien la marca que lo patrocinaba.
Por fin había llegado el momento que más temía, había llegado el momento de hacer el ridículo. Chantal y Camille habían decidido hacer snowboard al igual que Francesco. En cuanto a Pierre y Colette decidieron hacer esquí al igual que yo, bueno al igual que yo no porque yo tuve que dar clases primero para no matarme y solo podía usar las pistas de principiantes. Serian pistas de principiantes, pero yo durante aquella mañana estuve más tiempo en el suelo que esquiando.
A todos les pareció muy divertido, pero yo clavé los esquís a un lado de la cafetería y me metí a tomarme un café con leche bien calentito, al rato llegaron los demás para ir a comer. Por la tarde decidí quedarme en la habitación descansando puesto me dolía todo el cuerpo y si quería sobrevivir un día más, más me valía dejar los esquís quietecitos. Camille estuvo conmigo hasta que Chantal, Pierre y Colette vinieron a buscarla.
Le dije que se fuera tranquila que me quedaría descansando después de tomarme un ibuprofeno para el dolor. La verdad es que el antiinflamatorio hizo su trabajo y pude descansar un rato, al despertarme no sabía cuantas horas había estado durmiendo así que abrí la ventana viendo que todavía era de día y al mirar el móvil me di cuenta de que había dormido unas dos horas. Me iba a quedar en la habitación viendo un poco la tele, pero después de pensármelo decidí darme una ducha e ir a la cafetería a tomarme un buen café y esperar a todos estos pues sabia que habían quedado en esa misma cafetería en una hora más o menos.
Después de ponerme mis botas y un plumífero calentito salí del hotel de camino a la cafetería de las pistas. El día que llegamos descubrí que cerca de la cafetería había una especie de casetas que en el pasado utilizaban de almacén, pero que ahora los habían acondicionado para que la gente se pudiera resguardar si en algún momento empezaba una ventisca. Dicen que la curiosidad mato al gato y yo estaba a punto de descubrirlo.
Al acercarme me di cuenta de que en la entrada de una de esas casetas se encontraban dos tablas de snowboard clavadas en el suelo. Al principio pensé que tal vez alguno había tenido algún accidente y se habían metido allí para curar las heridas o para llamar a un médico, pero según me acercaba pude ver perfectamente que una de esas tablas era de Camille. El dibujo de esta era muy característico y se diferenciaba de todas las demás.
Al saber que esa tabla era de Camille me preocupe y acelere el paso hasta que llegue a la entrada. Desde allí tuve claro lo que estaba pasando mientras apretaba mis puños hasta hacerme sangre, entonces escuche lo que hablaba Camille con su amante mientras seguían follando con voces entrecortadas.
- Esta es la última vez Francesco–dijo Camille–. Amo a Marc y no pienso seguir poniendo en riesgo mi relación.
- Siempre dices lo mismo–contesto Francesco–. Yo vuelvo a decirte lo mismo que te digo siempre, esto es sexo, no tengo intención de entrometerme en vuestra relación.
- ¿Esto no es entrometerse?–pregunto Camille.
- Mientras no se entere no–dijo Francesco–. Además de los dos la persona que le debe fidelidad eres tú.
- Que fácil es decir eso mientras me barrenas mi coño con tu polla–contesto Camille.
Todo mi ser me gritaba que entrara para acabar con esa escena que tanto daño me estaba haciendo, pero ni una sola fibra de mi ser fue capaz de moverse. Entonces una pregunta surgió dentro de mí, pararlo para que, ¿acaso cambiaría algo el resultado?, la respuesta estaba clara y era un rotundo no. Nada cambiaría que mi relación con Camille había saltado en mil pedazos.
Me di media vuelta y me obligué a ir a nuestra habitación de hotel, por suerte Chantal, Pierre y Colette seguían esquiando, de esa manera no tendría que dar ninguna explicación. No tarde mucho en hacer mi maleta y sentándome sobre la cama la espere, la decisión de romper nuestra relación y marcharme ya estaba tomada, pero quería darle la oportunidad de explicarse.
Camille no tardo en entrar en nuestra habitación con los pelos alborotados y una prisa enorme para entrar en el baño. Me imagino que seria para ducharse y así poder limpiar las pruebas del delito, pero para su desgracia su mirada se cruzó con la mía después de mirarnos durante un rato Camille miro la maleta y tuvo claro que la había pillado con el carrito del helado.
- Nos has visto, ¿verdad?–pregunto Camille.
- Así es–conteste de forma serena–. ¿Desde cuándo me engañas con Francesco?
Camille cerro los ojos y tomo una gran bocanada de aire.
- Francesco y yo ya follábamos antes de que tú y yo nos conociéramos–dijo Camille–. Nadie lo sabía, ni tan siquiera mi hermana.
- Cuando te conocí corte todo contacto con él–volvió a decir Camille–. Pero al empezar a trabajar los dos juntos sabía que seria cuestión de tiempo, aunque le costó más de seis meses conseguir derribar mis defensas.
- Tengo claro que me has amado–conteste–. ¿Cuándo has dejado de amarme?
- Esto nada tiene que ver con el amor Marc, te sigo amando como el primer día–dijo Camille–. El problema es que Francesco es un maestro sabiendo tocar las teclas correctas para poder salirse con las suyas y las mías las conoce muy bien.
- Si tanto riesgo había, ¿por qué asociarte a él?–pregunte.
- Mi empresa tiene una reputación–contesto Camille–. Una vez Pierre dejo de ser mi socio, necesitaba un socio de garantías para mis clientes y no había nadie con mejor reputación en el alpinismo que él.
- Entiendo–dije.
Me sentía derrotado, sentía que mi desempeño sexual no había sido suficiente y eso le había dejado la puerta abierta a Francesco para colarse y destruir nuestra relación, pero Camille fue capaz de adivinar lo que estaba pensando.
- No, no lo entiendes–contesto Camille–. Francesco no es mejor que tú en la cama, lo que le diferencia de ti es que sabe como tenerte a todas horas con las bragas encharcadas y eso termina convirtiéndose en una droga que te atrapa y te destruye.
- ¿Qué quieres decir?–pregunte.
- Que no es culpa tuya–contesto Camille–. Nuestra relación se ha destruido por mi propia debilidad y sé que lo lamentaré el resto de mi vida.
Hasta ese momento Camille se mantuvo serena, pero ya no pudo aguantar más y estallo en un llanto incontrolable mientras me pedía que la perdonara. Mi primer instinto fue abrazarla, pero no podía hacerlo tenía que ser fuerte y salir de esa habitación, coger un avión y volver a casa. Si sucumbía a ese abrazo lo más probable era que terminara perdonándola de verdad convirtiendo nuestras vidas en un infierno repleto de rencor y desconfianza y ninguno de los dos merecíamos una vida así.
Me levanté y cogiendo mi maleta me dispuse a salir de esa habitación y del hotel, durante el tiempo de espera había cancelado mi anterior billete de avión comprando uno nuevo, tenía el tiempo justo de llegar al aeropuerto y cogerlo. Al salir por la puerta del hotel me encontré con Chantal, Pierre y Colette, no había podido tener peor suerte. Intente disimular, pero era imposible que hubiera podido engañar a Chantal que solo le basto mirarme a los ojos para saber que algo muy malo había pasado entre su hermana y yo.
Para empeorarlo todo Camille también apareció en la puerta del hotel sin poder contener el llanto. Aproveche que Chantal se acercaba donde su hermana para seguir caminando con la intención de marcharme de esa estación de esquí de una vez por todas. Pierre y Colette entendieron la situación y no intentaron detenerme, lo único que me dijeron fue que si necesitaba algo ya sabia donde encontrarlos.
No había dado ni diez pasos cuando escuche como le cruzaban la cara a alguien, tenía claro que esa había sido Chantal, pero no me detuve, estaba demasiado roto como para preocuparme de nada más, entonces note como alguien corría hacia mí y me abrazaba desde atrás.
- No puedo perderte Marc–dijo una Chantal sin poder contener las lágrimas–. No eres consciente de lo importante que eres para mí.
No la estaba mirando a los ojos, pero fue la forma que tuvo de decirlo lo que me hizo darme la vuelta para mirarla, sabía que era una persona muy importante para Chantal, pero nunca imagine que lo fuera tanto.
- No me vas a perder Chantal–dije–. Pero ahora necesito un poco de tiempo para digerir lo que me ha ocurrido y de esa manera pasar el duelo.
Chantal secándose las lágrimas asintió con la cabeza y me volvió a abrazar con tanta fuerza que me dejo sin respiración. Una vez rompimos el abrazo podía ver en su mirada que quería acompañarme, pero decidí que el camino de vuelta lo tenía que hacer solo. El dueño del hotel de manera muy amable me dijo que el mismo me llevaría hasta el aeropuerto, no hablamos nada en todo el viaje hasta que me dejo en el aeropuerto y se despidió de forma muy amable.
El vuelo fue horrible, pero todavía lo fue peor entrar en mi casa, las paredes me comían y no sabía lo que iba a hacer. Tenía un contrato firmado para cinco años y no creo que el dueño quisiera desprenderse del generoso alquiler que le pagaba por el piso, pero como suele decirse los tontos tenemos suerte y el móvil empezó a sonar.
Era mi jefe para decirme que tenía un trabajo perfecto para mí con una duración de tres meses, tres meses donde las únicas preocupaciones que tendría sería anclarme bien a una pared vertical de mil metros de altura y hacer buenas tomas del último ganador del mundo de escalada. La verdad es que en tío era un genio, pulverizo todos los récord con tan solo catorce años, proclamándolo el ganador más joven de la historia.
La verdad es que durante esos tres meses no tuve tiempo prácticamente para pensar en la traición de Camille y el poco tiempo que tenía era para hablar con Chantal. Hablábamos todos los días y todos los días hacía que terminara sonriendo por alguna de sus ocurrencias. Sabía que ella tampoco lo estaba pasando muy bien, pero no me saco ni una sola vez el tema de su hermana. Después estaban Pierre y Colette con los que hablaba por lo menos una vez a la semana, aunque eran amigos de Camille, no me dejaron de lado.
Los tres meses habían pasado y mi trabajo estaba hecho, la verdad es que me pase casi todo el vuelo dormido habían sido días de muchas horas de trabajo seguidas y muy poco descanso. Una vez en la puerta de mi casa el cansancio seguía siendo tan grande que abrí la puerta y me fui directo al sofá. Necesitaba una ducha, pero estaba demasiado cansado para andar hasta ella, entonces sonó el timbre de la puerta.
Maldije ese maldito timbre, pero si no me levantaba y abría la puerta con esos timbrazos iba a terminar por despertar a media vecindad, al abrir me lleve una gran sorpresa.
- ¿Chantal?– pregunté–. ¿Cómo te has enterado de que llegaba hoy?
- Me lo dijiste tu el otro día–contesto Chantal riéndose–. Sí que has llegado hecho polvo para que se te haya olvidado.
- Podías haber venido a recogerme al aeropuerto–dije con una sonrisa.
- Podría haber ido–contesto Chantal–. Pero de haberlo hecho no hubiera podido ir a recoger esta delicatessen.
La muy cabrona había traído sushi como para un batallón, era la comida que más nos gustaba a los dos y eso solíamos cenar cuando solía venir a casa a ver anime.
- Se te ha ido la mano–dije–. Has traído suficiente sushi como para dar de cenar a todo el edificio.
- No te creas–contesto con una sonrisa–. Mira lo que he traído.
Trajo la colección de anime que yo le regale a ella, esa colección que en su día compre para mi hermana y jamás pude dársela al morir antes de que fuera su cumpleaños.
- ¿No lo has abierto?– pregunté–. Pensé que ya te abrías visto todos los episodios.
- Esta colección de anime es muy importante–contesto Chantal–. Fue el último regalo que le compraste a tu hermana y tenía claro que solo le quitaría el envoltorio de plástico para verlo a tu lado.
- Gracias Chantal, significa mucho para mí–dije.
- Esta serie estaba descatalogada, me volví loca intentando encontrarla incluso en el mundo de la segunda mano–contesto Chantal–. Cuando le quite el papel no solo no era de segunda mano, estaba sin estrenar y traía mucho simbolismo con él.
- Sabes que estuve a punto de no aceptarla, ¿verdad?–volvió a decir Chantal.
- ¿Por qué?–pregunte.
fin parte 1

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