You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Me cogí a la monitora

Aquella mañana de octubre nos despertamos en el sur de mi ciudad con un día soleado. Debían de ser las diez cuando entré en la piscina cubierta. Fui de los primeros en llegar pero la monitora, una rubia con cara simpática y grandes ojos estaba preparando todo para la clase. Cómo aún no había llegado nadie aproveché para meterme en el agua y nadar algún largo pero justo a unos metros de alcanzar la otra orilla la vi. Llevaba una camiseta sin mangas de hello Kitty y el pelo suelto. Canturreaba una canción que estaba escuchando por los cascos inalámbricos rosas que llevaba. Y lo que parecía normal acabó por dar un giro que no esperaba. Al agacharse a recoger un rulo vi que no llevaba parte de abajo. Le vi el culito firme y el conejito limpio y brillante. No se había percatado de mi presencia, estaba ahora a cuatro patas colocando lo que utilizaríamos para jugar... Le vi perfectamente el ano pequeñito pero que se notaba que había sido abierto muchas veces... Y los pechos pequeños pero firmes.
Me cogí a la monitora








Se movía con suavidad y alegría como si estuviese llena de alegría . Sin embargo yo me excitaba dentro del agua cada vez más. Hacia años que mi miembro no se endurecía tanto. Rubia, con la piel tostada del verano, y a solas con ella en la piscina, todo pintaba de maravilla, así que avance lentamente como un guepardo en la sabana relamiéndose ante un cervatillo precioso.
Todavía a cuatro patas contaba los objetos de colores y de vez en cuando se inclinaba aún mas mostrando su frágil y deseado cuerpecito.
Debía tener la música bien alta porque no sé percató de qué salía de la piscina sin bañador y con mi barriga caída y el mástil enfilando con rabia hacia ella.
Me iba acariciando mientras caminaba hacia su maravilloso y firme trasero que anhelaba penetrar con rabia.
Ya estaba a penas medio metro cuando cuatro compañeras que también superaban los sesenta años entraron y al ver la escena se quedaron extrañadas, yo con el dedo les indique que guardarán silencio. Noté que entendían la escena y se rieron e incluso me animaron a que prosiguiera
Alargué confiado la mano hacia su depilada vagina y la acaricié. Ella se asustó en un principio pero debió ser tanto el placer que la inundó que es estiró como si una descarga la hubiera atravesado la columna y comenzó a gemir.
Lo tuve claro.
Eres deliciosa. Dije justo antes de introducir suavemente mi ballesta entre sus delicados labios vaginales que me esperaban a cuatro patas
Senti una liberación inexplicable, un placer cegó mi ser y atravesándola me apoyé sobre ella dejando mi fea y peluda barriga reposar en su hermosa y firme espalda.
Dioxxxxxxx grité y empujé, retrocedí y volví a embestirla mientras ella con sus simpáticos cascos inalámbricos lanzando música de una cantante española gemía desesperada retorciendo su pequeño cuerpo buscando mi miembro cada vez con más ansia . Atrapada al placer del que no podía escapar por más de una ocasión que lo intentó. Pero le podía más lo que su cuerpo le entregaba como una zombi sin ser dueña, solo una herramienta como yo, de lo que el sexo nos estaba regalando.
Recuerdo la maldad en los ojos de aquellas mujeres que saboreaban de la escena como quien se planta ante un manjar de frutas y chocolate chorreando.
La acariciaban, la apretaban los senos, la cogían de los carrillos y la observaban con la mirada perdida, tan lejos allí donde el placer nos absorbe.
porno

0 comentarios - Me cogí a la monitora