Voy a comenzar a narrarles mis aventuras sexuales que he tenido desde que inicie mi vida universitaria, pues me considero una ninfómana en potencia.
Me llamo Cristina Mendoza y soy la tercera hija de un matrimonio de 5 hijos, soy bajita (mido 1.56 m aprox.) soy de tes morena clara, uso anteojos redondos con pequitas en mi cara, tengo unos senos generosos redondos con aureolas cafecitas. Desde que me inscribieron a clases de hawaiano (un tipo de baile muy sensual) en la preparatoria, empecé a sentir mucha calentura al verme en el espejo como se moldeaban y ensanchaban mis caderas, como mis nalgas se volvían más carnosas y bien torneadas. Aunque nunca tuve el placer que me desvirgaran, pues mi calentura me llevo a desvirgarme con un pepino italiano. Les contaré como el señor pepenador que colectaba el cartón de las tienditas me hizo su mujer, como me hizo gemir de placer con su vigor de toro reprimido, y nunca lo había sentido hasta ese momento.
Actualmente tengo 35 años, pero les contaré lo que sucedió cuando cursaba mi primer año de la licenciatura en psicología.
Todo comenzó un viernes de final de mes de julio, dos semanas antes de entrar al nuevo semestre en el Politécnico (un tipo de universidad técnica en la Ciudad de México) donde estudié psicología. Estaba en mi recamara en plena faena, viendo un video muy morboso; y yo, en la cama tallándome la pepita. Me encantaba verme en el espejo, situado a lado de la puerta de mi recamara; mirando mi reflejo, en cuatro patas como resbalaba mi cremita y colgaba como un moco viscoso desde mi chocho, mientras me daba mis tallones con mis deditos, cuando la voz de mi mamá me sacó del clímax.
—Hija, voy a comprar pan a la panadería. No están tus hermanas y quiero que me acompañes.—
Como si me hubiesen puesto un cerillo en el culo, me detuve en plena la faena, y toda frustrada, tomé mi papelito para limpiar mis mocos colgando del chocho. Me incorporé de mi posición de perrita en brama y, rápidamente encendí un incienso de aroma sándalo para disfrazar el olor de mi pepita en celo, pues al estar en mi periodo de ovulación, olía la recamara a combinación de culito sudado con cremita viscosa de vulva. Le respondí con voz entrecortada:
—Si ma, deja me pongo unos leggins y ya salgo.—Ella respondió:
—Te espero abajo.—
Me puse unas bragas en forma de V, de los que mis nalgas se comen al caminar, una playera y mis leggins negros. Bajé a la sala con una cara de insatisfacción, todavía caliente sentía el palpitar de mis labios vaginales al caminar. La panadería se ubicaba en la unidad habitacional vecina a la que yo vivo, y siempre debíamos pasar por un paso peatonal que conecta a ambas unidades habitacionales; como en la esquina de ese paso había una tiendita, un repartidor de refrescos no disimuló en recorrer mi cuerpo situando su mirada en mis nalgas, pues si su mirada tuviera manos, estoy segura, me hubiera metido las manos entre las nalgas para sacar mis bragas de entre mi culo, y olfatear mi sexo cachondo.
Caminamos unas cuadras y llegamos a la panadería. Esperé a mi madre afuera y con señas le apunté al pan que quería comer, me sentía muy deseada por que mi cuerpo sentía todas las miradas de varones queriendo empinarme y meterme todo su rabo —creo que mi estado de ovulación siempre atrae a los verdaderos machos—Y entonces de regresó a casa sucedió todo: Al pasar por la misma tiendita de la esquina ví al mismo señor pepenador, colectando el cartón, trabajando como desde hace tres años atrás que lo ubico; a mis hermanas y a mí nos daba un poco de miedo porque siempre que veía gente pasar comenzaba a reírse sin motivo alguno.
Pero ese día sucedió algo diferente, un calor interior comenzó a recorrerme por la espalda y un cosquilleo entre la zona de mi chocho y mi ano me comenzó a palpitar, así que de manera involuntaria comencé a contonear más mis caderas como para tratar de disfrazar el calorcito en mis senos y el palpitar de mi conchita. Como olisqueando el aire, el pepenador volteó a mirarme por donde pasaba y comenzó a reírse como de costumbre, pero esta vez no me dio miedo, sólo le sonreí y mi madre que venía de tras de mí me apresuró para que lo evitáramos.
Instintivamente, mi calentura se apoderó de mis pensamientos y le dije a mi mamá,
—Oye ma, se me antoja comer el pancito con un vaso de leche.—Rogando a que no hubiese en el refri, me dio un billete de 50 pesos y me dijo:
—Toma, para que compres un litro de leche para todos.—Ni corta ni perezosa, me dirigí otra vez a la tiendita, con el corazón latiéndome muy fuerte, esperando a encontrármelo todavía.
En efecto, todavía estaba acomodando el cartón que le regaló el tendero. Me acerque, con el corazón latiéndome a mil, y mientras me despechaba el tendero, el pepenador comenzó a reírse y me dijo:
—“Paisa, paisa…dime la hora por fa”. —Yo no tenía reloj de pulsera, pero tenía mi teléfono móvil entre mis manos. Dudé un poco en decirle, pero la calentura y el atrevimiento pudieron más, a lo que respondí en forma sumisa:
—Si, si señor, son las 6:25.—El tendero me entregó el litro de leche y al girarme para dirigirme al paso, me dijo el pepenador:
—¿Cómo se llama?, entre risas.—Yo avancé un poco para que el tendero no se percatara de mis intenciones y, como se entretuvo con otros clientes, me detuve y le dije con voz normal:
—Cristina, ¿cómo se llama usted?—Entre risas me respondió:
—“Salinaaaas”.—Por un momento, se me bajó la calentura, porque me pareció que el pepenador tenía algún tipo de problema mental. Pero, se volvió a activar el morbo, cuando en forma seria me dijo:
—¿Cuándo vuelves a comprar pan?—Esa oportunidad no la iba a desaprovechar, ese fin de semana tenía que probar a como dé lugar su rabo, pues estaba en mi periodo más receptivo de fertilidad, y respondí:
—Mañana en la mañana, ¿quiere acompañarme? O ¿por dónde va a andar?—Le preguntaba con cierta timidez pues no quería que algún vecino o persona conocida me escuchara cómo o se diera cuenta que andaba sedienta de macho. Salinas sonrió por primera vez, como si hubiese logrado una gran hazaña en su mediocre vida. Mientras iba pasando por la puerta del zaguán me dijo que me podría esperar en la preparatoria que recién construyeron en la unidad habitacional vecina. Fui apresurando el paso mientras llegaba a la cerrada donde vivía con mis padres y muy cortante le dije que mañana nos veríamos como a la 8:00 am.
Se quedó como niño regañado y sacado de onda en la entrada del zaguán, giré levemente y le guiñé el ojo lanzándole un besito, rápidamente me metí a casa con el litro de leche y una calentura que debía ser apagada antes de que fuera a dormir.
Pasaron las horas, cenamos mis dos hermanas y yo con mi mamá, pues mi padre siempre estaba ausente. Mi hermana mayor telefoneo a mi madre que no iba a llegar a dormir ese día, entonces la calentura se apoderó de mis pensamientos, la recamara la tenía para mi solita. Terminando de cenar aproveché el descuido de mi madre y tomé del refrigerador la zanahoria más gruesa disponible, de las que conservan su diámetro desde un extremo a otro. En cuanto subí las escaleras para encerrarme en la habitación nuevamente sentí ese cosquilleo en mi conchita y ano; así que no desperdicié tanto tiempo, entré a la habitación, y saqué de las cajoneras una faldita que siempre usaba en la secundaria, pero ahora que mis caderas se ensancharon y mis nalgas crecieron en volumen, se notaba como la típica puti falda que al estirarte se te sube hasta mitad del culo esperando a que alguien llegué a magrearte la concha. Apagué las luces, sólo iluminaba la recamara la luz del teléfono móvil, en el cual desesperadamente y con mi mano ansiosa estaba por sintonizar el video de mi actriz porno italiana favorita, dejé que empezara la reproducción, me quité las bragas y subí un poco la puti falda para iniciar la faena pendiente.
Antes había tomado lubricante que mi hermana escondía entre sus cosas, e inmediatamente en cuanto ví en el video que la actriz abría sus cachetes para dar paso a un tolete negro y cabezón, mi chochito comenzó a lubricarse como piscina ya no aguantaba tanto calor en mi cuerpo, mi otra mano pellizcaba y magreaba mis tetas simulando que Salinas me estaba haciendo su mujer. Moje la zanahoria con lubricante y sin pensarlo la fui metiendo entre mis labios vaginales. Sentía como una corriente eléctrica atravesaba mi coxis, así que comencé con el mete-saca a mi ritmo, para que friccionara a mi gusto la bolita que se ensancha por dentro, justo arriba de la entrada de mi caverna. La zanahoria estaba empapada con mi cremita y mi excitación aumento al sentir como el moco de mi concha resbalaba por mi ano, aproveché ese juguito promiscuo para mijar la zanahoria y meterla por mi culo, está muy caliente y sin pensarlo comencé a gemir de tan sólo imaginar como Salinas me abría el ano de par en par, intenté hacer giros con la zanahoria dentro de mi culo y sin querer encontré una forma única de correrme.
Los giros de la zanahoria estimulaban mis paredes vaginales, que ya en sí mismas estaban muy encharcadas, comencé a retorcerme de placer pues sentía ese cosquilleo en el puente de mi ano y conchita, así que exploté como nunca dejando empapadas las sábanas de mi corrida. Como pude saqué de mi culito la zanahoria, la envolví en papel y la tiré a la basura, inmediatamente caí dormida.
A la mañana siguiente, mi concha estaba muy pegajosa y las sábanas empapadas con mis fluidos, antes de que se despertaran todas en casa, me apresuré a meter en la lavadora las sábanas. Una vez que las tendí para que se secaran, me puse mi ropa deportiva: una ombliguera, mis pesitas, una tanguita deliciosa que se comía mi culo y mis leggins del día anterior--Olfateé la entre pierna de mis leggins y me embriago el olor a culito combinado con mi concha sudadita.—Con muchas ansias me dirigí hacia la preparatoria; sin embargo, una sensación de insatisfacción atrapó mis pensamientos,—¿Y si me iba a dar plantón y yo toda caliente?, ¿Y si me veía algún conocido con Salinas?, ¿Y si nos atrapaban en plena faena?—Cuando me percaté ya estaba llegando al lugar, mi corazón palpitaba muy fuerte, pero no lo ví en las cercanías. Seguí caminando muy triste con una esperanza de que apareciera de la nada.
De pronto, recordé que frente a la entrada de la nueva preparatoria había una tiendita, me apresuré a llegar y tan pronto como doblé en la esquina, ahí lo ví, con su carrito lleno de cartón y él, de pie contando unas monedas que sacó de las bolsas de pantalón, que por cierto era café y un tanto mugroso de esos que mi madre dice que se levantan solos jejeje. Llevaba unos zapatos también sucios y una camisa amarillenta con las mangas dobladas hasta los codos. Con el corazón volcado me acerqué y le dije:
—Me acompañas guapo.—(guiñándole el ojo y mojando mi labio inferior). Él jamás se esperó que lo iba a buscar personalmente y me dijo con su típica risa involuntaria:
—“¿A dónde quiere que la acompañe?”—Caminé en dirección opuesta, en donde se encuentra la unidad deportiva de la zona. Cuando giré mi mirada, ni corto ni perezoso tomo su carretilla y comenzó a seguirme.
Tenía un poco de miedo pues la poca gente que pasaba se quedaba mirando como una chica mona estaba de acompañante de un viejo desarrapado y raro pues no paraba de reírse, pero mi calentura pudo más; sentía que sus ojos me comían todo mi cuerpo, un pensamiento volvió a surgir, presentía que le tendría qu enseñar como estar con una mujer, como un niño pequeño e inexperto. Finalmente llegamos a la entrada de la unidad deportiva, seguí avanzando, atravesando los campos de futbol soccer descuidados llenos de piedras y lodo. Volví a girar mi cabeza e inmediatamente me dijo:
—“Salinas, ¿a dónde quieres que vaya? ¿Qué quieres? Tengo que seguir trabajando.—Como esa zona de la unidad deportiva estaba sola sin un alma que importunar, deslicé mis leggins mostrándole mis nalgotas, incliné mi espalda, abrí mis cachetotes para que Salinas viera como mi culo se comía mi tanga.
Volví a subir mis leggins, giré nuevamente mi cabeza para ver su expresión, y lo primero que noté fue un mástil que le quería reventar el pantalón, sus ojos ya eran de lujuria, sentía que sus manos querían arrancarme ahí mismo la ropa, por eso continué caminando justamente atrás de una construcción que los domingos usaban para jugar torneos de voleibol. Esa zona fue mi elección pues en ese momento no habría nadie, también que en ese momento eran como las 9:00 am. Al continuar caminando mi excitación y calentura iban en aumento sentía mi panochita completamente empapada, con esa picazón exquisita entre el puente de mi vulva y ano.
Por fin llegamos, era un reducto aledaño a la construcción que les mencioné, sin techo, pero completamente bardeado; se notaba que recientemente habían quemado algunos muebles viejos, a ninguno de los dos nos importó, le dije que, si me permitía bajar algunos de los cartones que llevaba en la carretilla, a lo cual sólo asintió (se notaba también muy nervioso, pero su erección no bajaba), tomé tres hojas grandes de cartón y las coloqué en al suelo de manera que al quitarme los leggins y arrodillarme no me lastimara las irregularidades del suelo.
Al ver su estado de petrificación le dije:--¿No te gusta lo que viste? Quiero ofrecerte mi culo, que apagues mi calentura por favor, todo mi cuerpo es para ti solito.—Su mirada cambió completamente y bajó la cremallera de su pantalón, dejando ver un rabo venoso, muy moreno y de buen tamaño. Le dije que se acercara a dónde puse los cartones, acerqué mi nariz a su rabote y noté que estaba un tanto cabezón, le desabroché el pantalón y cayeron a sus tobillos. fin del primer capitulo, parte 2 aqui en la red social del autor original:https://x.com/leonelly777/status/2096998637549019278
todos los derechos reservados para su creador original
Me llamo Cristina Mendoza y soy la tercera hija de un matrimonio de 5 hijos, soy bajita (mido 1.56 m aprox.) soy de tes morena clara, uso anteojos redondos con pequitas en mi cara, tengo unos senos generosos redondos con aureolas cafecitas. Desde que me inscribieron a clases de hawaiano (un tipo de baile muy sensual) en la preparatoria, empecé a sentir mucha calentura al verme en el espejo como se moldeaban y ensanchaban mis caderas, como mis nalgas se volvían más carnosas y bien torneadas. Aunque nunca tuve el placer que me desvirgaran, pues mi calentura me llevo a desvirgarme con un pepino italiano. Les contaré como el señor pepenador que colectaba el cartón de las tienditas me hizo su mujer, como me hizo gemir de placer con su vigor de toro reprimido, y nunca lo había sentido hasta ese momento.
Actualmente tengo 35 años, pero les contaré lo que sucedió cuando cursaba mi primer año de la licenciatura en psicología.
Todo comenzó un viernes de final de mes de julio, dos semanas antes de entrar al nuevo semestre en el Politécnico (un tipo de universidad técnica en la Ciudad de México) donde estudié psicología. Estaba en mi recamara en plena faena, viendo un video muy morboso; y yo, en la cama tallándome la pepita. Me encantaba verme en el espejo, situado a lado de la puerta de mi recamara; mirando mi reflejo, en cuatro patas como resbalaba mi cremita y colgaba como un moco viscoso desde mi chocho, mientras me daba mis tallones con mis deditos, cuando la voz de mi mamá me sacó del clímax.
—Hija, voy a comprar pan a la panadería. No están tus hermanas y quiero que me acompañes.—
Como si me hubiesen puesto un cerillo en el culo, me detuve en plena la faena, y toda frustrada, tomé mi papelito para limpiar mis mocos colgando del chocho. Me incorporé de mi posición de perrita en brama y, rápidamente encendí un incienso de aroma sándalo para disfrazar el olor de mi pepita en celo, pues al estar en mi periodo de ovulación, olía la recamara a combinación de culito sudado con cremita viscosa de vulva. Le respondí con voz entrecortada:
—Si ma, deja me pongo unos leggins y ya salgo.—Ella respondió:
—Te espero abajo.—
Me puse unas bragas en forma de V, de los que mis nalgas se comen al caminar, una playera y mis leggins negros. Bajé a la sala con una cara de insatisfacción, todavía caliente sentía el palpitar de mis labios vaginales al caminar. La panadería se ubicaba en la unidad habitacional vecina a la que yo vivo, y siempre debíamos pasar por un paso peatonal que conecta a ambas unidades habitacionales; como en la esquina de ese paso había una tiendita, un repartidor de refrescos no disimuló en recorrer mi cuerpo situando su mirada en mis nalgas, pues si su mirada tuviera manos, estoy segura, me hubiera metido las manos entre las nalgas para sacar mis bragas de entre mi culo, y olfatear mi sexo cachondo.
Caminamos unas cuadras y llegamos a la panadería. Esperé a mi madre afuera y con señas le apunté al pan que quería comer, me sentía muy deseada por que mi cuerpo sentía todas las miradas de varones queriendo empinarme y meterme todo su rabo —creo que mi estado de ovulación siempre atrae a los verdaderos machos—Y entonces de regresó a casa sucedió todo: Al pasar por la misma tiendita de la esquina ví al mismo señor pepenador, colectando el cartón, trabajando como desde hace tres años atrás que lo ubico; a mis hermanas y a mí nos daba un poco de miedo porque siempre que veía gente pasar comenzaba a reírse sin motivo alguno.
Pero ese día sucedió algo diferente, un calor interior comenzó a recorrerme por la espalda y un cosquilleo entre la zona de mi chocho y mi ano me comenzó a palpitar, así que de manera involuntaria comencé a contonear más mis caderas como para tratar de disfrazar el calorcito en mis senos y el palpitar de mi conchita. Como olisqueando el aire, el pepenador volteó a mirarme por donde pasaba y comenzó a reírse como de costumbre, pero esta vez no me dio miedo, sólo le sonreí y mi madre que venía de tras de mí me apresuró para que lo evitáramos.
Instintivamente, mi calentura se apoderó de mis pensamientos y le dije a mi mamá,
—Oye ma, se me antoja comer el pancito con un vaso de leche.—Rogando a que no hubiese en el refri, me dio un billete de 50 pesos y me dijo:
—Toma, para que compres un litro de leche para todos.—Ni corta ni perezosa, me dirigí otra vez a la tiendita, con el corazón latiéndome muy fuerte, esperando a encontrármelo todavía.
En efecto, todavía estaba acomodando el cartón que le regaló el tendero. Me acerque, con el corazón latiéndome a mil, y mientras me despechaba el tendero, el pepenador comenzó a reírse y me dijo:
—“Paisa, paisa…dime la hora por fa”. —Yo no tenía reloj de pulsera, pero tenía mi teléfono móvil entre mis manos. Dudé un poco en decirle, pero la calentura y el atrevimiento pudieron más, a lo que respondí en forma sumisa:
—Si, si señor, son las 6:25.—El tendero me entregó el litro de leche y al girarme para dirigirme al paso, me dijo el pepenador:
—¿Cómo se llama?, entre risas.—Yo avancé un poco para que el tendero no se percatara de mis intenciones y, como se entretuvo con otros clientes, me detuve y le dije con voz normal:
—Cristina, ¿cómo se llama usted?—Entre risas me respondió:
—“Salinaaaas”.—Por un momento, se me bajó la calentura, porque me pareció que el pepenador tenía algún tipo de problema mental. Pero, se volvió a activar el morbo, cuando en forma seria me dijo:
—¿Cuándo vuelves a comprar pan?—Esa oportunidad no la iba a desaprovechar, ese fin de semana tenía que probar a como dé lugar su rabo, pues estaba en mi periodo más receptivo de fertilidad, y respondí:
—Mañana en la mañana, ¿quiere acompañarme? O ¿por dónde va a andar?—Le preguntaba con cierta timidez pues no quería que algún vecino o persona conocida me escuchara cómo o se diera cuenta que andaba sedienta de macho. Salinas sonrió por primera vez, como si hubiese logrado una gran hazaña en su mediocre vida. Mientras iba pasando por la puerta del zaguán me dijo que me podría esperar en la preparatoria que recién construyeron en la unidad habitacional vecina. Fui apresurando el paso mientras llegaba a la cerrada donde vivía con mis padres y muy cortante le dije que mañana nos veríamos como a la 8:00 am.
Se quedó como niño regañado y sacado de onda en la entrada del zaguán, giré levemente y le guiñé el ojo lanzándole un besito, rápidamente me metí a casa con el litro de leche y una calentura que debía ser apagada antes de que fuera a dormir.
Pasaron las horas, cenamos mis dos hermanas y yo con mi mamá, pues mi padre siempre estaba ausente. Mi hermana mayor telefoneo a mi madre que no iba a llegar a dormir ese día, entonces la calentura se apoderó de mis pensamientos, la recamara la tenía para mi solita. Terminando de cenar aproveché el descuido de mi madre y tomé del refrigerador la zanahoria más gruesa disponible, de las que conservan su diámetro desde un extremo a otro. En cuanto subí las escaleras para encerrarme en la habitación nuevamente sentí ese cosquilleo en mi conchita y ano; así que no desperdicié tanto tiempo, entré a la habitación, y saqué de las cajoneras una faldita que siempre usaba en la secundaria, pero ahora que mis caderas se ensancharon y mis nalgas crecieron en volumen, se notaba como la típica puti falda que al estirarte se te sube hasta mitad del culo esperando a que alguien llegué a magrearte la concha. Apagué las luces, sólo iluminaba la recamara la luz del teléfono móvil, en el cual desesperadamente y con mi mano ansiosa estaba por sintonizar el video de mi actriz porno italiana favorita, dejé que empezara la reproducción, me quité las bragas y subí un poco la puti falda para iniciar la faena pendiente.
Antes había tomado lubricante que mi hermana escondía entre sus cosas, e inmediatamente en cuanto ví en el video que la actriz abría sus cachetes para dar paso a un tolete negro y cabezón, mi chochito comenzó a lubricarse como piscina ya no aguantaba tanto calor en mi cuerpo, mi otra mano pellizcaba y magreaba mis tetas simulando que Salinas me estaba haciendo su mujer. Moje la zanahoria con lubricante y sin pensarlo la fui metiendo entre mis labios vaginales. Sentía como una corriente eléctrica atravesaba mi coxis, así que comencé con el mete-saca a mi ritmo, para que friccionara a mi gusto la bolita que se ensancha por dentro, justo arriba de la entrada de mi caverna. La zanahoria estaba empapada con mi cremita y mi excitación aumento al sentir como el moco de mi concha resbalaba por mi ano, aproveché ese juguito promiscuo para mijar la zanahoria y meterla por mi culo, está muy caliente y sin pensarlo comencé a gemir de tan sólo imaginar como Salinas me abría el ano de par en par, intenté hacer giros con la zanahoria dentro de mi culo y sin querer encontré una forma única de correrme.
Los giros de la zanahoria estimulaban mis paredes vaginales, que ya en sí mismas estaban muy encharcadas, comencé a retorcerme de placer pues sentía ese cosquilleo en el puente de mi ano y conchita, así que exploté como nunca dejando empapadas las sábanas de mi corrida. Como pude saqué de mi culito la zanahoria, la envolví en papel y la tiré a la basura, inmediatamente caí dormida.
A la mañana siguiente, mi concha estaba muy pegajosa y las sábanas empapadas con mis fluidos, antes de que se despertaran todas en casa, me apresuré a meter en la lavadora las sábanas. Una vez que las tendí para que se secaran, me puse mi ropa deportiva: una ombliguera, mis pesitas, una tanguita deliciosa que se comía mi culo y mis leggins del día anterior--Olfateé la entre pierna de mis leggins y me embriago el olor a culito combinado con mi concha sudadita.—Con muchas ansias me dirigí hacia la preparatoria; sin embargo, una sensación de insatisfacción atrapó mis pensamientos,—¿Y si me iba a dar plantón y yo toda caliente?, ¿Y si me veía algún conocido con Salinas?, ¿Y si nos atrapaban en plena faena?—Cuando me percaté ya estaba llegando al lugar, mi corazón palpitaba muy fuerte, pero no lo ví en las cercanías. Seguí caminando muy triste con una esperanza de que apareciera de la nada.
De pronto, recordé que frente a la entrada de la nueva preparatoria había una tiendita, me apresuré a llegar y tan pronto como doblé en la esquina, ahí lo ví, con su carrito lleno de cartón y él, de pie contando unas monedas que sacó de las bolsas de pantalón, que por cierto era café y un tanto mugroso de esos que mi madre dice que se levantan solos jejeje. Llevaba unos zapatos también sucios y una camisa amarillenta con las mangas dobladas hasta los codos. Con el corazón volcado me acerqué y le dije:
—Me acompañas guapo.—(guiñándole el ojo y mojando mi labio inferior). Él jamás se esperó que lo iba a buscar personalmente y me dijo con su típica risa involuntaria:
—“¿A dónde quiere que la acompañe?”—Caminé en dirección opuesta, en donde se encuentra la unidad deportiva de la zona. Cuando giré mi mirada, ni corto ni perezoso tomo su carretilla y comenzó a seguirme.
Tenía un poco de miedo pues la poca gente que pasaba se quedaba mirando como una chica mona estaba de acompañante de un viejo desarrapado y raro pues no paraba de reírse, pero mi calentura pudo más; sentía que sus ojos me comían todo mi cuerpo, un pensamiento volvió a surgir, presentía que le tendría qu enseñar como estar con una mujer, como un niño pequeño e inexperto. Finalmente llegamos a la entrada de la unidad deportiva, seguí avanzando, atravesando los campos de futbol soccer descuidados llenos de piedras y lodo. Volví a girar mi cabeza e inmediatamente me dijo:
—“Salinas, ¿a dónde quieres que vaya? ¿Qué quieres? Tengo que seguir trabajando.—Como esa zona de la unidad deportiva estaba sola sin un alma que importunar, deslicé mis leggins mostrándole mis nalgotas, incliné mi espalda, abrí mis cachetotes para que Salinas viera como mi culo se comía mi tanga.
Volví a subir mis leggins, giré nuevamente mi cabeza para ver su expresión, y lo primero que noté fue un mástil que le quería reventar el pantalón, sus ojos ya eran de lujuria, sentía que sus manos querían arrancarme ahí mismo la ropa, por eso continué caminando justamente atrás de una construcción que los domingos usaban para jugar torneos de voleibol. Esa zona fue mi elección pues en ese momento no habría nadie, también que en ese momento eran como las 9:00 am. Al continuar caminando mi excitación y calentura iban en aumento sentía mi panochita completamente empapada, con esa picazón exquisita entre el puente de mi vulva y ano.
Por fin llegamos, era un reducto aledaño a la construcción que les mencioné, sin techo, pero completamente bardeado; se notaba que recientemente habían quemado algunos muebles viejos, a ninguno de los dos nos importó, le dije que, si me permitía bajar algunos de los cartones que llevaba en la carretilla, a lo cual sólo asintió (se notaba también muy nervioso, pero su erección no bajaba), tomé tres hojas grandes de cartón y las coloqué en al suelo de manera que al quitarme los leggins y arrodillarme no me lastimara las irregularidades del suelo.
Al ver su estado de petrificación le dije:--¿No te gusta lo que viste? Quiero ofrecerte mi culo, que apagues mi calentura por favor, todo mi cuerpo es para ti solito.—Su mirada cambió completamente y bajó la cremallera de su pantalón, dejando ver un rabo venoso, muy moreno y de buen tamaño. Le dije que se acercara a dónde puse los cartones, acerqué mi nariz a su rabote y noté que estaba un tanto cabezón, le desabroché el pantalón y cayeron a sus tobillos. fin del primer capitulo, parte 2 aqui en la red social del autor original:https://x.com/leonelly777/status/2096998637549019278
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