¿En qué me he metido..?
Ahora soy el novio de una chica a la que vi crecer y cuidé tantos años. Seguía pareciéndome extraño toda aquella situación, sin embargo, no podía evitar sentir cosquilleos en el estómago cada vez que pensaba en ella y lo feliz que le había hecho al corresponderle sus sentimientos.
¿Cuál es el siguiente paso en todo esto?
Hace mucho que no me pongo cursi con alguien... Me pregunto qué tanto puedo hacer o decir delante de los demás (sus amigas, familiares, vecinos y en especial sus padres). Sería extraño que de repente yo me acercase demasiado a su hija, volvernos más íntimos a vista de todos.
No era una opción echarme para atrás. Debía mantener mi palabra y hacer lo necesario para durar mucho tiempo juntos.
Los siguientes días fueron de puro entretenimiento y risas.
Todas las tardes nos reuníamos los chiquillos y yo para vagar por el barrio. Cada uno ya tenía su rol en el grupo; a mí me tocaba ser el callado, y yo lo acepté feliz.
Caminaba detrás de ellos, escuchando sus locuras y viéndolos empujarse. Mientras eso ocurría, Vane iba a mi lado, haciéndome compañía. La única que necesitaba.
Cruzábamos miradas, perdiéndonos un poco en la cursileria y verguënza. Al fin podía sonreír con naturalidad, si ella me contagiaba con su entusiasmo.
Varias veces rozamos nuestras manos, buscando entrelazar los dedos por el resto de la caminata. Pero no era posible.
En una ocasión, llegamos todos a un parque cerca al barrio. Estaba algo desolado y descuidado, con árboles y arbustos secos por doquier. Nos sentamos formando un círculo, sobre el pasto, y seguimos con las boberías. Vane no desaprovechó la oportunidad de sentarse justo entre mis piernas, apoyando todo su delgado cuerpo sobre mi pecho. Era una completa descarada.
Los chiquillos se nos quedaron viendo unos segundos, confusos. Veían algo gracioso y curioso en esto pero no dijeron nada.
Traté de aparentar frescura y desinterés. Me reposé con los brazos hacia atrás, queriendo distanciarme un poco de ella, pero esto solo hizo que se me arrimara más, pegando todo su trasero pequeño, y modesto, a mi entrepierna.
Felizmente Vane rompió el hielo continuando con la conversación. Les recordó aquella vez en la que...
...
Yo no estaba prestando atención. Lo único que pensaba era en el blandito y acolchado tacto de sus glúteos contra mí.
De vez en cuando ella se acomodaba ligeramente para seguir hablando o dirigirse hacia alguien del grupo; lo que presionaba aun más sus caderas con las mías.
Era inevitable... notaba cómo con cada segundo me iba creciendo el pene por debajo de los jeans. Y ella también lo sabía
Repetidas veces se levantaba para chocar las palmas con alguna amiga o chismear en susurros. Al hacer esto, quedaba de rodillas, inclinándose hacia ellas, mientras me ponía todo su culito al alcance de mi vista.
Quise no mirarle cuando esto pasaba, pero me resultaba imposible. Solo tenía ojos para las finas curvas de sus caderas y piernas, además de el marcado trasero por los leggins rosa que usaba esta tarde.
Por menos de un segundo me surgió el impulso de nalguearla ahí delante de los demás.
Gracias a dios que mantuve el control, y seguí haciéndome el aburrido ante esa charla de romances cursis y ligues de su clase.
Ella volvió a sentarse, pero esta vez lo hizo directamente sobre mi paquete abultado. Fue un impacto inesperado y algo doloroso para mis bolas. Por suerte nadie lo notó, excepto nosotros dos.
Ya que la tenía encima, decidí cruzar mis piernas para darle un mejor asiento. Ella se acomodó y nuevamente usó de respaldo mi pecho. Se le veía tan tranquila...
Conforme pasaba el tiempo, se fueron retirando algunos chiquillos a sus casas; hasta quedar solo nosotros y dos amigas suyas. El ambiente se había puesto un poco tenso, pues no dejaban de mirarnos y soltar risillas, intercambiando miradas pícaras.
Al anochecer, tuvimos que pararnos y regresar. Esas chicas iban delante nuestro, dándonos completamente la espalda, sin voltear a vernos ni una vez...
Quizás era algo planeado, pues Vane en ese momento me tomó de la mano y no la soltó hasta antes de llegar. No dejaba de sonreír y dar pequeños saltitos, a la vez que balanceaba nuestros brazos.
Dejamos a esas muchachas frente a sus puertas y nos despedimos, yendo directamente a la casa de Vane. Afuera estaba un poco oscuro, las luces de las farolas habían estado fallando esa mañana y tuvieron que reemplazarlas con unas antiguas y menos potentes.
Apenas podía distinguir el rostro de ella en el umbral de su puerta principal, pero sé que seguía con esa sonrisa boba y risueña de siempre.
Estuvimos de pie, mirándonos frente a frente durante varios seguundos, parecía que había algo pendiente entre los dos.
-Bueno... nos vemos mañana. Cuídate! - dije, con el mayor de mis esfuerzos para sonar cortés.
En silencio, ella volvió a tomar mis manos. No quería que me vaya de ahí ¿Por qué..?
Quise adivinar lo que pasaba por su mente, leyéndole las expresiones del rostro, pero era complicado en la penumbra. Tal vez se estaba decidiendo a decirme algo, aunque la verguënza la estuviese consumiendo.
Lo que pasó después me sacó de onda.
-¿Eres un pajero total, eh? - su aguda voz tenía un tono burlón, dicho en susurros.
-Aaah... ¿Por qué lo dices? - quise hacerme el desentendido; evitando mirarla, aunque todo estuviese a oscuras.
-Te gustó tenerme sentada entre tus piernas, no? Me di cuenta que se te paró... jiji
Me acorraló.
Ya era inútil negarlo.
-Perdóname, es que entre tanto roce y presión... No quise incomodarte. Y... sí m-me gustó mucho sentir tu... - No terminé la frase, pero mi paquete comenzó a hincharse sin quererlo.- Y no deberías decir cosas como esa... peor si estamos en la calle.
-Ay. Hemos hecho cosas peores, no? Así son las parejas...
-Ya, pero... no deber-
-Y como soy tu novia, debo encargarme de esto... - Dejó de sostener mis manos para luego agarrarme con firmeza el bulto.
Me limiré a tragar saliva. Estaba sucediendo de nuevo... Le permití esa travesura, procediendo a entrar lentamente a su casa y cerrando la puerta con cautela. No había ningún foco prendido en toda la casa, quizás su familia había salido de compras o ido a alguna reunión de vecinos. Teníamos poco tiempo para lo que sea que fuese a pasar...
MIs manos torpes desabrocharon mi cinturón y pantalones, bajándomelos unos centímetros, dejando al descubierto mi bóxer.
Ella no esperó ningún segundo más, ya había puesto sus manos en mí. Su mirada estaba dirigida hacia mí, aunque no pudiésemos vernos, sabía que tenía esa sonrisa pícara. Sus delgados y cortos dedos recorrían con ansias el relieve de mi hinchado miembro bajo la prenda. Casi parecía que me haría una paja solo con eso, frotando su mano sobre la tela y estimulando con el roce.
Pero me ganó la lujuria...
Con los pulgares me bajé el bóxer hasta dejar expuesto mi creciente pene; tocando con la punta su pancita.
Vane había desviado la mirada hacia abajo, tratando de grabar bien en su memoria lo que estaba viendo ahora. Un poco difícil dada la penumbra.
Tuve la loca idea de sacar el celular y encender mi linterna. Lo haría para que se deleite mejor con su nuevo juguete...
Así lo hice, procurando alumbrar solo en esa zona.
-Aquí lo tienes... ¿Te gusta?
Su respuesta fue agarrar por los lados del tronco y comenzar a jalar.
No dudo que haya aprendido eso al charlar con sus amigos cuando recién descubriesen el porno. ¿También habrá visto videos..?
En medio de mis casi inaudibles jadeos, llevé mi mano derecha a su cabeza y la empujé sutilmente para abajo. Ella no opuso resistencia, fue arrodillándose hasta quedar frente a mi verga.
El corazón de ambos latía sin parar, pudiendo percibir su agitada respiración.
Aún me lo sostenía con sus manos quietas, sin saber muy bien cómo seguir.
Era mi turno de guiarla en ello.
Con mi mano izquierda me agarré la verga, sacudiéndola de lado a lado frente a sus ojos. Queria provocarla un poco...
Luego, apoyé el glande sobre sus labios. Se sentían suaves y fríos. Le di unos golpecitos juguetones, animándola a darme unos tímidos besos en la punta.
Era lindo oírla dar piquitos... Ya estaba entrando en confianza.
Habiendo roto el hielo, pasé a frotarle mi olorosa pija por su carita tierna. La sujeté firme por detrás de su cabeza, moviendo mis caderas de atrás para adelante, restregándoselo por la nariz... labios... mejillas...
Sinceramente fui un poco rudo con eso, pero sus gemiditos no me permitían parar.
Poco a poco mi aroma fue penetrando en su mente, llenándole de pensamientos sucios...
Ahora tenía la boca semi abierta, exhalando aire caliente y no dejaba de jadear.
Después de un rato así, la separé para darle un descanso.
Noté que tenía un ligero mareo, lo que me preocupó un poco.
Sin embargo, aún no había terminado.
Se abalanzó de boca a mi pene, envolviendo la punta con sus labios. Era como un pez aferrado a un cebo.
Sus manitos ahora se apoyaban en mis piernas, preparándose para atacar de nuevo...
Solté una risilla de victoria y la tomé de la cabeza con ambas manos.
Lentamente fui penetrando, abriéndole su boquita lo más que podía. Su lengua daba una cálida y babosa bienvenida, estando por debajo del tronco. El glande ya tocaba el paladar, dirigiéndose al fondo de todo...
Noté que se le hacía cada vez más difícil aguantarlo, le daban breves arcadas y sus dedos rasguñaban mis muslos.
Me detuve cuando tenía más de la mitad de mi pene dentro, tocando fondo. Lo dejé así por unos segundos, oyendo los ahogados gemidos de Vane.
Finalmente tuve piedad y se lo saqué rápido. Ella tosió, haciendo mucho ruido, asustándome porque tal vez podría alertar a algún vecino.
-Hey... ¿Estás bien? - le susurré agachado.
Solo me asintió, mientras aspiraba grandes cantidades de aire. Pensé que algo como esto aún no era posible para ella, claro...
Aun así, se reincorporó de golpe, lista para un segundo round.
Esta vez era como tener una cachorrita lamiendo con esmero su juguete favorito. Daba pequeñas lamidas por aquí y por allá... masajeando de vez en cuando con sus palmas. Tenía un ímpetu nunca antes visto, unas ansias por saborearme al completo.
Su aliento era cálido y entrecortado, acompañado de leves jadeos. Posé una mano en su frente para tratar de bajar su ritmo, pero esto solo la aceleró más. Estaba decidida a babearme toda la verga en busca de su recompensa final... Sabía lo que hacía.
Hasta que llegó ese momento, el clímax. Pequeños espasmos desde mi cintura hasta los pies, avisando de la eyaculación inminente. Le di unas palmaditas en la cabeza a Vane y esta lo entendió.
Devoró nuevamente la cabeza y parte del tronco, atragantándose una vez más, esperando por su premio...
La sujeté con fuerza por el cabello con ambas manos y dejé salir todo en su boquita. No dejaba de palpitarme todo el cuerpo, estremeciéndola a ella también. Se notaba un poco agobiada por la falta de oxígeno, pero necia en tragarlo todo, hasta la última gota.
La descarga de semen fue potente, aunque corta. Con unos últimos espasmos, fui separando el miembro de ella, dejando caer gotas de su saliva. Su lengua chiquita descansaba fuera, como una cachorra, asimilando lo que había sucedido, testeando el sabor y recuperando el ritmo cardíaco normal.
-No creí que fueras a aguantar todo eso... Fuiste una buena chica... - Es lo único que se me ocurrió decirle.
La cogí por los hombros para levantarla y darle un abrazo. Pude sentir sus latidos acelerados al pegar nuestros torsos, además de un ligero temblor por todo su cuerpo. Debía calmarla y limpiar todo el desastre que hicimos ahí en la entrada de su casa.
Vane simplemente me abrazó con más ahínco. Demoramos unos minutos en levantarnos.
...
Los días siguientes sucedieron sin nada fuera de lo común. Por unas horas me encerraba en mi cuarto para estudiar, y luego salía para sentarme en la banqueta, mirando al cielo o algún transeúnte.
Vane siguió viniendo a mí, platicándome de su día con esa alegría contagiosa que me endulzaba el alma.
A veces iba a su casa para ayudarle con algún deber o manualidad. No me preocupaba entrar, incluso con sus padres presentes; de hecho, era mejor así, pues podían ver el buen cambio que había logrado y lo comprometido que estaba.
Invertí mis días en hacerla reír y aconsejarle con temas de la vida que aprendí por las malas. Ella no dejaba de burlarse por sonar como su padre, diciéndome que pronto usaría pañales para ancianos o me saldrían canas. Y estuvo a punto de soltar algo inapropiado: "Que ya no se me pararía nunca más..."
Afortunadamente se detuvo a media frase, pues su madre estaba en la misma sala que nosotros.
Disimulamos lo ocurrido y solo pudimos intercambiar miradas de complicidad. Me guiñó un ojo, además.
Una tarde que la fui a ver a su casa, me abrió la puerta su vieja, doña Eva.
-¿Qué deseas?
-Vine a pasar el rato con Vane, quedamos en hacer figuritas de papel, Papiroflexia se le llam-
-No está. Salió hace rato a sus clases de Vóley. - Me cortó la puta vieja.
-Ah. Ella no me dijo...
-Recién la inscribí. Siempre había querido estar en eso, y apenas pude conseguir la plata para eso. Una pena que no puedas verla, será otro día...
-Claro. Gracias. - Me di media vuelta y fui a vagar por el barrio, terminando acostado en el pasto seco del parque aquel.
Tal vez mis tardes con Vane habían terminado. Pasaría una larga temporada hasta volver a coincidir ambos, o probablemente no sería así.
Desconocía su afición por ese deporte. ¿De verdad ella lo quiso, o fue su madre quien la apartó conscientemente de mí?
Fui demasiado obvio, tal vez...
Ahora soy el novio de una chica a la que vi crecer y cuidé tantos años. Seguía pareciéndome extraño toda aquella situación, sin embargo, no podía evitar sentir cosquilleos en el estómago cada vez que pensaba en ella y lo feliz que le había hecho al corresponderle sus sentimientos.
¿Cuál es el siguiente paso en todo esto?
Hace mucho que no me pongo cursi con alguien... Me pregunto qué tanto puedo hacer o decir delante de los demás (sus amigas, familiares, vecinos y en especial sus padres). Sería extraño que de repente yo me acercase demasiado a su hija, volvernos más íntimos a vista de todos.
No era una opción echarme para atrás. Debía mantener mi palabra y hacer lo necesario para durar mucho tiempo juntos.
Los siguientes días fueron de puro entretenimiento y risas.
Todas las tardes nos reuníamos los chiquillos y yo para vagar por el barrio. Cada uno ya tenía su rol en el grupo; a mí me tocaba ser el callado, y yo lo acepté feliz.
Caminaba detrás de ellos, escuchando sus locuras y viéndolos empujarse. Mientras eso ocurría, Vane iba a mi lado, haciéndome compañía. La única que necesitaba.
Cruzábamos miradas, perdiéndonos un poco en la cursileria y verguënza. Al fin podía sonreír con naturalidad, si ella me contagiaba con su entusiasmo.
Varias veces rozamos nuestras manos, buscando entrelazar los dedos por el resto de la caminata. Pero no era posible.
En una ocasión, llegamos todos a un parque cerca al barrio. Estaba algo desolado y descuidado, con árboles y arbustos secos por doquier. Nos sentamos formando un círculo, sobre el pasto, y seguimos con las boberías. Vane no desaprovechó la oportunidad de sentarse justo entre mis piernas, apoyando todo su delgado cuerpo sobre mi pecho. Era una completa descarada.
Los chiquillos se nos quedaron viendo unos segundos, confusos. Veían algo gracioso y curioso en esto pero no dijeron nada.
Traté de aparentar frescura y desinterés. Me reposé con los brazos hacia atrás, queriendo distanciarme un poco de ella, pero esto solo hizo que se me arrimara más, pegando todo su trasero pequeño, y modesto, a mi entrepierna.
Felizmente Vane rompió el hielo continuando con la conversación. Les recordó aquella vez en la que...
...
Yo no estaba prestando atención. Lo único que pensaba era en el blandito y acolchado tacto de sus glúteos contra mí.
De vez en cuando ella se acomodaba ligeramente para seguir hablando o dirigirse hacia alguien del grupo; lo que presionaba aun más sus caderas con las mías.
Era inevitable... notaba cómo con cada segundo me iba creciendo el pene por debajo de los jeans. Y ella también lo sabía
Repetidas veces se levantaba para chocar las palmas con alguna amiga o chismear en susurros. Al hacer esto, quedaba de rodillas, inclinándose hacia ellas, mientras me ponía todo su culito al alcance de mi vista.
Quise no mirarle cuando esto pasaba, pero me resultaba imposible. Solo tenía ojos para las finas curvas de sus caderas y piernas, además de el marcado trasero por los leggins rosa que usaba esta tarde.
Por menos de un segundo me surgió el impulso de nalguearla ahí delante de los demás.
Gracias a dios que mantuve el control, y seguí haciéndome el aburrido ante esa charla de romances cursis y ligues de su clase.
Ella volvió a sentarse, pero esta vez lo hizo directamente sobre mi paquete abultado. Fue un impacto inesperado y algo doloroso para mis bolas. Por suerte nadie lo notó, excepto nosotros dos.
Ya que la tenía encima, decidí cruzar mis piernas para darle un mejor asiento. Ella se acomodó y nuevamente usó de respaldo mi pecho. Se le veía tan tranquila...
Conforme pasaba el tiempo, se fueron retirando algunos chiquillos a sus casas; hasta quedar solo nosotros y dos amigas suyas. El ambiente se había puesto un poco tenso, pues no dejaban de mirarnos y soltar risillas, intercambiando miradas pícaras.
Al anochecer, tuvimos que pararnos y regresar. Esas chicas iban delante nuestro, dándonos completamente la espalda, sin voltear a vernos ni una vez...
Quizás era algo planeado, pues Vane en ese momento me tomó de la mano y no la soltó hasta antes de llegar. No dejaba de sonreír y dar pequeños saltitos, a la vez que balanceaba nuestros brazos.
Dejamos a esas muchachas frente a sus puertas y nos despedimos, yendo directamente a la casa de Vane. Afuera estaba un poco oscuro, las luces de las farolas habían estado fallando esa mañana y tuvieron que reemplazarlas con unas antiguas y menos potentes.
Apenas podía distinguir el rostro de ella en el umbral de su puerta principal, pero sé que seguía con esa sonrisa boba y risueña de siempre.
Estuvimos de pie, mirándonos frente a frente durante varios seguundos, parecía que había algo pendiente entre los dos.
-Bueno... nos vemos mañana. Cuídate! - dije, con el mayor de mis esfuerzos para sonar cortés.
En silencio, ella volvió a tomar mis manos. No quería que me vaya de ahí ¿Por qué..?
Quise adivinar lo que pasaba por su mente, leyéndole las expresiones del rostro, pero era complicado en la penumbra. Tal vez se estaba decidiendo a decirme algo, aunque la verguënza la estuviese consumiendo.
Lo que pasó después me sacó de onda.
-¿Eres un pajero total, eh? - su aguda voz tenía un tono burlón, dicho en susurros.
-Aaah... ¿Por qué lo dices? - quise hacerme el desentendido; evitando mirarla, aunque todo estuviese a oscuras.
-Te gustó tenerme sentada entre tus piernas, no? Me di cuenta que se te paró... jiji
Me acorraló.
Ya era inútil negarlo.
-Perdóname, es que entre tanto roce y presión... No quise incomodarte. Y... sí m-me gustó mucho sentir tu... - No terminé la frase, pero mi paquete comenzó a hincharse sin quererlo.- Y no deberías decir cosas como esa... peor si estamos en la calle.
-Ay. Hemos hecho cosas peores, no? Así son las parejas...
-Ya, pero... no deber-
-Y como soy tu novia, debo encargarme de esto... - Dejó de sostener mis manos para luego agarrarme con firmeza el bulto.
Me limiré a tragar saliva. Estaba sucediendo de nuevo... Le permití esa travesura, procediendo a entrar lentamente a su casa y cerrando la puerta con cautela. No había ningún foco prendido en toda la casa, quizás su familia había salido de compras o ido a alguna reunión de vecinos. Teníamos poco tiempo para lo que sea que fuese a pasar...
MIs manos torpes desabrocharon mi cinturón y pantalones, bajándomelos unos centímetros, dejando al descubierto mi bóxer.
Ella no esperó ningún segundo más, ya había puesto sus manos en mí. Su mirada estaba dirigida hacia mí, aunque no pudiésemos vernos, sabía que tenía esa sonrisa pícara. Sus delgados y cortos dedos recorrían con ansias el relieve de mi hinchado miembro bajo la prenda. Casi parecía que me haría una paja solo con eso, frotando su mano sobre la tela y estimulando con el roce.
Pero me ganó la lujuria...
Con los pulgares me bajé el bóxer hasta dejar expuesto mi creciente pene; tocando con la punta su pancita.
Vane había desviado la mirada hacia abajo, tratando de grabar bien en su memoria lo que estaba viendo ahora. Un poco difícil dada la penumbra.
Tuve la loca idea de sacar el celular y encender mi linterna. Lo haría para que se deleite mejor con su nuevo juguete...
Así lo hice, procurando alumbrar solo en esa zona.
-Aquí lo tienes... ¿Te gusta?
Su respuesta fue agarrar por los lados del tronco y comenzar a jalar.
No dudo que haya aprendido eso al charlar con sus amigos cuando recién descubriesen el porno. ¿También habrá visto videos..?
En medio de mis casi inaudibles jadeos, llevé mi mano derecha a su cabeza y la empujé sutilmente para abajo. Ella no opuso resistencia, fue arrodillándose hasta quedar frente a mi verga.
El corazón de ambos latía sin parar, pudiendo percibir su agitada respiración.
Aún me lo sostenía con sus manos quietas, sin saber muy bien cómo seguir.
Era mi turno de guiarla en ello.
Con mi mano izquierda me agarré la verga, sacudiéndola de lado a lado frente a sus ojos. Queria provocarla un poco...
Luego, apoyé el glande sobre sus labios. Se sentían suaves y fríos. Le di unos golpecitos juguetones, animándola a darme unos tímidos besos en la punta.
Era lindo oírla dar piquitos... Ya estaba entrando en confianza.
Habiendo roto el hielo, pasé a frotarle mi olorosa pija por su carita tierna. La sujeté firme por detrás de su cabeza, moviendo mis caderas de atrás para adelante, restregándoselo por la nariz... labios... mejillas...
Sinceramente fui un poco rudo con eso, pero sus gemiditos no me permitían parar.
Poco a poco mi aroma fue penetrando en su mente, llenándole de pensamientos sucios...
Ahora tenía la boca semi abierta, exhalando aire caliente y no dejaba de jadear.
Después de un rato así, la separé para darle un descanso.
Noté que tenía un ligero mareo, lo que me preocupó un poco.
Sin embargo, aún no había terminado.
Se abalanzó de boca a mi pene, envolviendo la punta con sus labios. Era como un pez aferrado a un cebo.
Sus manitos ahora se apoyaban en mis piernas, preparándose para atacar de nuevo...
Solté una risilla de victoria y la tomé de la cabeza con ambas manos.
Lentamente fui penetrando, abriéndole su boquita lo más que podía. Su lengua daba una cálida y babosa bienvenida, estando por debajo del tronco. El glande ya tocaba el paladar, dirigiéndose al fondo de todo...
Noté que se le hacía cada vez más difícil aguantarlo, le daban breves arcadas y sus dedos rasguñaban mis muslos.
Me detuve cuando tenía más de la mitad de mi pene dentro, tocando fondo. Lo dejé así por unos segundos, oyendo los ahogados gemidos de Vane.
Finalmente tuve piedad y se lo saqué rápido. Ella tosió, haciendo mucho ruido, asustándome porque tal vez podría alertar a algún vecino.
-Hey... ¿Estás bien? - le susurré agachado.
Solo me asintió, mientras aspiraba grandes cantidades de aire. Pensé que algo como esto aún no era posible para ella, claro...
Aun así, se reincorporó de golpe, lista para un segundo round.
Esta vez era como tener una cachorrita lamiendo con esmero su juguete favorito. Daba pequeñas lamidas por aquí y por allá... masajeando de vez en cuando con sus palmas. Tenía un ímpetu nunca antes visto, unas ansias por saborearme al completo.
Su aliento era cálido y entrecortado, acompañado de leves jadeos. Posé una mano en su frente para tratar de bajar su ritmo, pero esto solo la aceleró más. Estaba decidida a babearme toda la verga en busca de su recompensa final... Sabía lo que hacía.
Hasta que llegó ese momento, el clímax. Pequeños espasmos desde mi cintura hasta los pies, avisando de la eyaculación inminente. Le di unas palmaditas en la cabeza a Vane y esta lo entendió.
Devoró nuevamente la cabeza y parte del tronco, atragantándose una vez más, esperando por su premio...
La sujeté con fuerza por el cabello con ambas manos y dejé salir todo en su boquita. No dejaba de palpitarme todo el cuerpo, estremeciéndola a ella también. Se notaba un poco agobiada por la falta de oxígeno, pero necia en tragarlo todo, hasta la última gota.
La descarga de semen fue potente, aunque corta. Con unos últimos espasmos, fui separando el miembro de ella, dejando caer gotas de su saliva. Su lengua chiquita descansaba fuera, como una cachorra, asimilando lo que había sucedido, testeando el sabor y recuperando el ritmo cardíaco normal.
-No creí que fueras a aguantar todo eso... Fuiste una buena chica... - Es lo único que se me ocurrió decirle.
La cogí por los hombros para levantarla y darle un abrazo. Pude sentir sus latidos acelerados al pegar nuestros torsos, además de un ligero temblor por todo su cuerpo. Debía calmarla y limpiar todo el desastre que hicimos ahí en la entrada de su casa.
Vane simplemente me abrazó con más ahínco. Demoramos unos minutos en levantarnos.
...
Los días siguientes sucedieron sin nada fuera de lo común. Por unas horas me encerraba en mi cuarto para estudiar, y luego salía para sentarme en la banqueta, mirando al cielo o algún transeúnte.
Vane siguió viniendo a mí, platicándome de su día con esa alegría contagiosa que me endulzaba el alma.
A veces iba a su casa para ayudarle con algún deber o manualidad. No me preocupaba entrar, incluso con sus padres presentes; de hecho, era mejor así, pues podían ver el buen cambio que había logrado y lo comprometido que estaba.
Invertí mis días en hacerla reír y aconsejarle con temas de la vida que aprendí por las malas. Ella no dejaba de burlarse por sonar como su padre, diciéndome que pronto usaría pañales para ancianos o me saldrían canas. Y estuvo a punto de soltar algo inapropiado: "Que ya no se me pararía nunca más..."
Afortunadamente se detuvo a media frase, pues su madre estaba en la misma sala que nosotros.
Disimulamos lo ocurrido y solo pudimos intercambiar miradas de complicidad. Me guiñó un ojo, además.
Una tarde que la fui a ver a su casa, me abrió la puerta su vieja, doña Eva.
-¿Qué deseas?
-Vine a pasar el rato con Vane, quedamos en hacer figuritas de papel, Papiroflexia se le llam-
-No está. Salió hace rato a sus clases de Vóley. - Me cortó la puta vieja.
-Ah. Ella no me dijo...
-Recién la inscribí. Siempre había querido estar en eso, y apenas pude conseguir la plata para eso. Una pena que no puedas verla, será otro día...
-Claro. Gracias. - Me di media vuelta y fui a vagar por el barrio, terminando acostado en el pasto seco del parque aquel.
Tal vez mis tardes con Vane habían terminado. Pasaría una larga temporada hasta volver a coincidir ambos, o probablemente no sería así.
Desconocía su afición por ese deporte. ¿De verdad ella lo quiso, o fue su madre quien la apartó conscientemente de mí?
Fui demasiado obvio, tal vez...
1 comentarios - Mi única amistad es la adorable hija del vecino. ep7