Hace ya bastantes años, tenia una pareja algo mayor que yo que fue quien me introdujo en el show del placer y el morbo.
Uno de sus fetiches mas comunes era vendar mis ojos, haciéndome perder noción del tiempo, lugares y situaciones.
Para hablar de la primera vez que fui víctima de ese deseo, les cuento como me inició en este arte de lo desconocido.
Dos noches previas, enmedio de la cena, relatandonos fantasias, conté la de no saber quien pueda estar mirándome haciendo actos sexuales o incluso desconocer con quien y como era la escena de estar teniendo sexo.
Asi fue que, tras invitarme a un simple paseo y tomar un helado, Hector decidió en un banco de una plaza, ya pasada la medianoche, ve dar mis ojos y besarnos y acariciarnos un poco.
Claro, yo no tebia idea de lo que sucedía alrededor, solo dejaba mi alma a disfrutar el momento que Hector me estimulada y a obedecer sus reglas... No puedes quitarte las venda de los ojos, No puedes preguntar lo que oigas o sientas extraño a tu alrededor, solo debes liberarte a que dirija la acción y lo principal, no reprimas tu goce...
Todo ello me generó un río de emociones, desesperada por no saber si estaban observando, si alguien podría estar aprovechando vaya a saber que cosa pero segura con el cuidado y las palabras de Hector a mi lado.
Estremecía me dejé llevar por el momento, sin ver pero sintiendo el roce de los labios de Hector sobre los mios, sus manos recorriendo mi cuerpo y el cuidado de despejarme de parte de mis ropas.
Al rato de comenzar, sentía editada por sus caricias, sie to como su mano roza levemente mi ropa interior ya humeda del momento, algo no tan complicado teniendo en cuenta que al ser verano vestía un solero bien suelto. Sus dedos penetrante, sus caricias en mis pechos casi despejados de corpiño y expuestos a la brisa de la noche.
Al momento de escuchar sus susurros, pidiéndome que no busque sacar la venda de mis ojos y reiterando que solo esperaba no nos descubran, amenazando mi integridad relatando lo putita y mojada que estaba y como le excitaba oir mi jadeo de placer cada vez que introducir sus dedos dentro de mi concha empapada.
Déjate gozar, decía, y yo gemías de placer, jadeante secaba mi garganta mientras pedia me masturbándome mientras el solo aventaba el momento. Pregunte dos veces si había alguien cerca pero me prohibió consultar amenazando con violarme fuertemente y que continúe masturbándome con los pechos al aire y mis piernas bien abiertas tras quitarme toda la ropa interior.
Que puta eras reiterada,
Quien sabe si te observan cerca y tu tan caliente, seguía.
Eso sabía bien me evitaba y hacía volar la imaginación pero a la vez la verguenza.
Le pedí me penetrarte, quería sentirme cogida pero solo usaba sus manos. Hasta que otros sonidos llamaron mi atención.
Que pasa? Oigo murmullo... habrá alguien cerca? Le preguntaba...
Te dije que no preguntes, tienes prohibido hacerlo...
Te cogeré y solo disfrutarás...
Me empezó a penetrarte con fuerza, lo sentía desesperado y con mucha calentura, no pude abstenerse me gemir y de sentirme puta, sola con mi macho dando fuerte...
Sentí que aminorar su macha, capaz cansado, pero la sacó para ponerse mas cómodo, dijo, ya que estábamos en un banco de la plaza y arremetió nuevamente, como si su verga estuviera mas hinchada y como con mas grosor y dureza...
Acabé dos veces, casi sin darme cuenta y él solo derramó su leche sacándome de la concha y acabando sobre mi vestido cerca de las telas....
Pidió relajarnos y hasta senti como voces y jadeos, y a los pocos minutos sacó mi venda de los ojos y nos arreglamos y fuimos a casa a continuar sexo en la cama.
Cuantas dudas me habían quedado, pero quizás sería mejor continuarlas en un próximo relato...
Besos amores
Uno de sus fetiches mas comunes era vendar mis ojos, haciéndome perder noción del tiempo, lugares y situaciones.
Para hablar de la primera vez que fui víctima de ese deseo, les cuento como me inició en este arte de lo desconocido.
Dos noches previas, enmedio de la cena, relatandonos fantasias, conté la de no saber quien pueda estar mirándome haciendo actos sexuales o incluso desconocer con quien y como era la escena de estar teniendo sexo.
Asi fue que, tras invitarme a un simple paseo y tomar un helado, Hector decidió en un banco de una plaza, ya pasada la medianoche, ve dar mis ojos y besarnos y acariciarnos un poco.
Claro, yo no tebia idea de lo que sucedía alrededor, solo dejaba mi alma a disfrutar el momento que Hector me estimulada y a obedecer sus reglas... No puedes quitarte las venda de los ojos, No puedes preguntar lo que oigas o sientas extraño a tu alrededor, solo debes liberarte a que dirija la acción y lo principal, no reprimas tu goce...
Todo ello me generó un río de emociones, desesperada por no saber si estaban observando, si alguien podría estar aprovechando vaya a saber que cosa pero segura con el cuidado y las palabras de Hector a mi lado.
Estremecía me dejé llevar por el momento, sin ver pero sintiendo el roce de los labios de Hector sobre los mios, sus manos recorriendo mi cuerpo y el cuidado de despejarme de parte de mis ropas.
Al rato de comenzar, sentía editada por sus caricias, sie to como su mano roza levemente mi ropa interior ya humeda del momento, algo no tan complicado teniendo en cuenta que al ser verano vestía un solero bien suelto. Sus dedos penetrante, sus caricias en mis pechos casi despejados de corpiño y expuestos a la brisa de la noche.
Al momento de escuchar sus susurros, pidiéndome que no busque sacar la venda de mis ojos y reiterando que solo esperaba no nos descubran, amenazando mi integridad relatando lo putita y mojada que estaba y como le excitaba oir mi jadeo de placer cada vez que introducir sus dedos dentro de mi concha empapada.
Déjate gozar, decía, y yo gemías de placer, jadeante secaba mi garganta mientras pedia me masturbándome mientras el solo aventaba el momento. Pregunte dos veces si había alguien cerca pero me prohibió consultar amenazando con violarme fuertemente y que continúe masturbándome con los pechos al aire y mis piernas bien abiertas tras quitarme toda la ropa interior.
Que puta eras reiterada,
Quien sabe si te observan cerca y tu tan caliente, seguía.
Eso sabía bien me evitaba y hacía volar la imaginación pero a la vez la verguenza.
Le pedí me penetrarte, quería sentirme cogida pero solo usaba sus manos. Hasta que otros sonidos llamaron mi atención.
Que pasa? Oigo murmullo... habrá alguien cerca? Le preguntaba...
Te dije que no preguntes, tienes prohibido hacerlo...
Te cogeré y solo disfrutarás...
Me empezó a penetrarte con fuerza, lo sentía desesperado y con mucha calentura, no pude abstenerse me gemir y de sentirme puta, sola con mi macho dando fuerte...
Sentí que aminorar su macha, capaz cansado, pero la sacó para ponerse mas cómodo, dijo, ya que estábamos en un banco de la plaza y arremetió nuevamente, como si su verga estuviera mas hinchada y como con mas grosor y dureza...
Acabé dos veces, casi sin darme cuenta y él solo derramó su leche sacándome de la concha y acabando sobre mi vestido cerca de las telas....
Pidió relajarnos y hasta senti como voces y jadeos, y a los pocos minutos sacó mi venda de los ojos y nos arreglamos y fuimos a casa a continuar sexo en la cama.
Cuantas dudas me habían quedado, pero quizás sería mejor continuarlas en un próximo relato...
Besos amores
2 comentarios - El morbo de las vendas