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Le partí la concha (literal) a la coloradita

Luciana es una pibita de 19 años que encontré en Instagram y empecé a chamuyarla. Hasta que un día luego de ir al shopping para conocernos, hicimos una relativa amistad.

Hasta que un día eso fue avanzando a un punto que no me hubiera imaginado, aunque fuese mi intención inicial, ella no parecía querer lo mismo. Estoy casi segura que una amiga de ella le dijo "cogetelo una vez y mándalo a cagar", pero, no quedó en una vez, por suerte.

Les cuento que la primera vez que tuve la oportunidad, fuimos a un hotel, bastante bien, prolijo, con las necesidades básicas cubiertas, sabiendo que por opciones económicas nos encontramos cosas del Inframundo, aunque coger es coger.

Luego de bañarnos, cada uno por su parte, veo que sale con una lencería de color negro impresionante, que contrastaba su piel blanca de colorada con pecas.

Dejamos que todo lo sexual lo haríamos ese día, por ende yo no la conocía desnuda y ni ella a mí tampoco. Por lo que la verga se me empezó a parar luego de verla así. Yo estaba sin remera pero con el boxer totalmente hinchado a punto de estallar.

Ella empezó a masajearme la zona de la verga sin sacarla del boxer, hasta que vio lo gruesa que era, ella me miraba y me decía "Esto no me va a entrar". Intentaba llevársela a la boca pero le resultaba casi imposible, por lo que empezó a masturbarme y a escupir la verga.

En ese intento, puse su concha hacia mi, haciendo un 69 algo incómodo producto de la diferencia de altura, pero totalmente necesario para ir aprontando el lugar. Cada movimiento de mi lengua, sentía el doble de fluidos, y ella veía como el líquido preseminal me salía al sentir sus gemidos. Intentaba meterle tres dedos en su concha y no podía de lo apretaba que estaba.

Ella me pedía que por favor la cogiera, por lo que se puso boca arriba. Quería ver su cara cuando mi verga la fuera atravesando. Y así fue.

Luego de pasarle mi cabeza por la puerta de la concha, y sentir el preservativo todo apretado (con unas ganas de sacarmelo a la mierda), fui escupiendo su entrada e intentando penetrar.

En cada intento fallido, le ponía mi verga por su vientre desde la entrada de la concha y le llegaba al ombligo. Era un gran desafío.

La respiración de ella aceleraba cada vez que se la intentaba meter, hasta que fui con un poco más de presión, empecé a sentir como el calor de su concha quemaba el forro y ella gritó demasiado fuerte. "Me está doliendo, me está matando, pero no la saques", decía la pendeja.

Entonces, comencé a subir la velocidad, mientras sacaba sus tetas firmes de pezones hinchados de color rosado por el costado, y la agarraba del cuello. Al principio le gustó pero luego me pidió que no la ahorcara, porque la estaba matando a vergazos.

Luego de un rato haciendo misionero, al intentar cambiar de posición, veo que en un costado de su concha, salía algo de sangre. Efectivamente, mi verga le había abierto tanto, que parte de su piel, se había rajado.

Envuelta en placer, no quería parar, por lo que en cuatro seguimos cogiendo fuerte. Cada vez que empujaba hasta el fondo, podía sentir casi que la pared del Útero. Por cada centímetro nuevo que llegaba en su interior, no paraba de gritar y de salirle lágrimas. "Me estás matando, pero me encanta", mientras se masturbaba con sus manos flacas y con la otra intentaba marcar distancia de mi cuerpo.

Estaba tan apretada esa concha que no duré mucho tiempo en sacarla del forro y llenarle todo el abdomen y el pecho, ella estiraba la lengua como queriendo sentirla en la boca. Así fue. Porque seguía demasiado caliente y una paja rápida con sus manos me hizo descargar por segunda vez en su boca, mientras aún con la otra mano, se repasaba toda mi leche por su cuerpo.

Con la sabana manchada de leche y algo de sangre, se fue al baño para ver bien lo que había pasado. Tuve que acompañarla al médico luego de eso.

Efectivamente el diagnóstico fue ese, le rompí la concha a la colorada.
Le partí la concha (literal) a la coloradita
linda concha

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